lunes, 6 de abril de 2026

La palabra comprometida

DE LA HOMILÍA VENEZOLANA ACTUAL

Luis Barragán

Algunos años atrás, visitamos una localidad interiorana que estaba de aniversario fundacional. Además de las actividades proselitistas que nos condujeron también a un foro sobre el problema universitario, tuvimos ocasión de asistir a la misa católica dominical en la que el párroco desarrolló una estupenda homilía alusiva a la festividad.

Le comentamos al presbítero la importancia de difundir sus homilías por las redes, incluyendo la letra impresa. Empero, se disculpó de no hacerlo frecuentemente, porque las prefería espontáneas para la feligresía asistente, por supuesto, bajo la inspiración del Espíritu Santo.

Por aquella época, acá, estuvimos empeñados en grabar al sacerdote oficiante en la capilla de habitual concurrencia y, nos parece, llegamos a publicar varias intervenciones en un canal de Youtube creado a tales efectos para que no se confundiese con nuestras actividades parlamentarias y políticas. Muy antes, tomamos nota disciplinadamente cada domingo, durante tres años, en la Iglesia de San Francisco de Caracas, respecto a lo referido por los distintos celebrantes que, por cierto, significó nuestro regreso definitivo a la Eucaristía semanal a mediados de la primera década del siglo.

Gracias a Dios, hoy, las redes digitales también se hacen litúrgicas y podemos sintonizar la misa por la previsión y el esfuerzo voluntario de cada comunidad. Extraordinaria tarea, aunque aún lo creemos insuficiente a objeto de transmitir la valiosa reflexión que puede hacer el celebrante, cada vez más urgida la ciudadanía de una bocanada de inspirada sensatez que contraste con la cultura dominante.

Inexperto en la materia, presumimos que la meditación dominical de la palabra antes exigía una cuidadosa preparación como – sospechamos – no se tiene ahora. Varias son las causas, dada las apremiantes circunstancias sociales y económicas compartidas, sin que abundemos en el clima prevaleciente de (auto)censura, pero lo cierto es que falta un poco más de densidad.  

Podemos conjeturar sobre la calidad de esa meditación, como reflejo de una formación académica que se ha visto ahora resentida, pues, a la escasez de seminaristas quizá la haya también de profesores y prelados que tuvieron oportunidad de cursar estudios igualmente en el exterior que ya no tienen los jóvenes. Y también suponer que la creciente desescolarización de la población inexorablemente se refleja en una comunidad en la que no le parece tan obvia una catequesis mínima, intensamente agobiada por el absurdo discurso del poder establecido en todo el presente siglo.

Impresión personal la nuestra, la homilía urbana tiende a parecerse o a versionar una cierta literatura de auto-ayuda y, raras veces, alude a nuestras vicisitudes inmediatas y actuales. Digamos que se cuida de no herir susceptibilidades, aunque extrañamos algún tratamiento teológico básico por el temor de la incomprensión porque nuestro pensamiento se ha hecho cada vez menos complejo, más esquemático, simplista y banal como obsceno y (auto)degradante.

Sentimos que luce indispensable una masiva recatequización de la feligresía y que, al elemento teológico, sumen una adecuada interpretación de nuestra vida rutinaria en lo personal, familiar y social, orientada al compromiso trascendente. Es fácil escribirlo en la sociedad de una mera supervivencia que conjuga la pobreza material con la espiritual, pero hay que empujar el barco con fuerza, determinación y esperanza que, igualmente, esperan los no creyentes confiados en los valores y principios occidentales.

Porque llevamos una sección regular del blog personal sobre las homilías (apuntaje.blogspot.com), constatamos un error demasiado recurrente en las misas venezolanas publicadas: no colocan la fecha, no etiquetan las lecturas, no señalan al o los celebrantes, no hay un registro técnico de las personas que colaboran y de la locación. Los operadores digitales a lo mejor son muy jóvenes y creen que, por muchos años, la gente tendrá la memoria intacta del evento: todo sabemos que no será así, e, independientemente de la profundidad y alcance de la homilía, siempre será útil registrarla al aspirar que trascienda por lustros y décadas; preocupante, porque cuentas como la de la Arquidiócesis de Caracas, por lo menos, en Youtube, falla al respecto y, a veces, apenas coloca la fecha.

Por último, permítannos observar que la anomia social llegó también a la Iglesia y es importante una campaña pedagógica sobre la correcta conducta de las personas en la misa. Esperamos un mínimo de urbanidad y también de consciencia católica, pues, hasta los hay quienes se colean camino al confesionario.

Nos parece fundamental que la recuperación de la vida y de la vivencia comunitaria tenga un ejemplo vivo en las comunidades religiosas, como no la tiene ni tendrá en el comunalismo que ha la ha falsificado, partidizándola hasta la saciedad. Y la palabra cotidiana y orientadora de la Iglesia Católica puede realizar grandes aportes, seamos o no creyentes.

Fotografía: LB, procesión del Viernes Santo, Iglesia de kla Coromoto (Caracas, 03/04/2026).

Oistración: LB / ChatGPT.

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