EL CARNAVAL
Nicomedes Febres Luces
Cuando niño mi madre me disfrazó algunas veces durante el carnaval y de testimonio quedan por allí algunas fotos donde apenado aparezco de príncipe con jubón negro como a los seis años y otra disfrazado de vaquero con mi primo hermano, más hermano que primo Diego Nuñez, hoy flamante médico norteamericano y magallanero. Recuerdo vagamente los desfiles de carroza por la avenida Bolívar en tiempos de Pérez Jiménez donde se recibía el papelillo y los caramelos. Pero siempre me ha parecido el carnaval poco interesante por lo que acostumbraba aprovechar los días de asueto para ir a Ocumare de la Costa y Cata con mis mejores amigos de juventud y hacer pesca submarina. Un par de veces me fui al baile de carnaval del Hotel Tamanaco en plan de cacería erótica con una negrita. Diría que no tengo ningún apego a las fiestas báquicas de esta época anual y cuyo origen son las bacanales de la antigüedad para celebrar el fin del invierno y la llegada de la primavera cuando había que volver a la siembra y el trabajo, época de laboriosidad que nuestra religión transformó en cuaresma, período de abstinencia por los excesos del carnaval o fiestas de Baco. Lamentable es que nunca se haya escrito un texto serio sobre el carnaval venezolano y de hecho con el material que poseo escribí un anexo sobre el carnaval aparecido al final de mi libro de las putas. Desde el carnaval colonial cuando la ciudad quedaba en manos de la escoria social que tomaban las calles para ofender a los transeúntes con sustancias nocivas de almagre y azulillo, hasta los gloriosos días del carnaval gomecista y el perezjimenista, los mejores desde los tiempos del Ilustre Americano el general Guzmán Blanco. Eso es lo malo de la gente seria que nunca escribe divertido. Asocio el carnaval de mi juventud a Daniel Santos y Felipe Pirela, mis cantantes favoritos. Pero el carnaval también tuvo una época hermosa llena de ingenuidad cuando era importante en la vida social a comienzos del siglo XX y tengo fotos de los templetes de entonces y de los concursos de reinas de carnaval entre las muchachas bonitas de cada parroquia caraqueña y cada candidata movilizaba a sus seguidores para ser la reina del carnaval. La gente consignaba por escrito su voto ante la junta de carnaval del año y muchos vecinos acomodados abrían las puertas de sus casas para invitar a sus bailes.
Como prueba de lo anterior muestro una postal de 1905 de un vecino llamado Felix V. Guedez consignando su voto en una postal romántica de época a favor de la señorita Manuela Mujica, seguramente en el concurso de la reina del carnaval de ese año. Además las elecciones de las reinas del carnaval de Caracas fue el semillero que dio origen a los concursos de belleza entre las mujeres venezolanas en la década de 1940 o 1950.
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LLUEVE Y ESCAMPA
Nicomedes Febres Luces
Conozco a gente muy inteligente, diría incluso brillante de quienes me he considerado buen amigo y basta con citar un par de nombres para sentirme orgulloso de nuestra amistad y pienso en Pedro León Zapata y Rafael Cadenas, nuestro poeta mayor. Y un rasgo de esas personas es la sencillez, casi la humildad pese a estar rodeado siempre de admiradores. Se debe ser casi un genio para poder ser humilde, que es una virtud cardinal. Todo lo contario es la vanidad sin razón o fundamento y mucho peor es la borrachera que induce el poder político. Nombre usted a un cuñado, o un adulador de un dirigente político en un alto cargo y vera la transformación de personalidad que le sucede. Así sean feos se sienten bellos, se vuelven distantes y si antes eran conversadores, con el poder se vuelven silenciosos, simulando sabiduría, mutismo y reflexión, chasqueando los labios antes de opinar como doctos, como emanando un aire de superioridad que ofende. De golpe y porrazo se sienten inteligentes, astutos, enigmáticos. Claro, el poder tiene algo de afrodisíaco para muchas mujeres y para gente de naturaleza servil, que luego de la caída del poderoso serán sus peores críticos cuando antes eran sus adulantes porque todos sabemos que al final solo son unos pendejos alzados. Detrás de todo adulante siempre hay un traidor y lo conversaba hace muchos años con mi querido amigo Edecio La Riva, que era vicepresidente social cristiano y cuando en largos viajes en carro hicimos juntos la campaña presidencial de 1968. Edecio, que era muy sencillo y siempre se hacía pasar por pendejo y campuruso, era un experto en el tema que luego recopiló en un libro titulado Elogio de la Adulancia. Lo digo a cuenta de las declaraciones de dosdado luego que le quitaron por ahora la sede de El Nacional a Miguel Henrique Otero. Actuó como un fanfarrón y un perdona vidas, como olvidándose de una norma central del poder, cuando todos sabemos que en política llueve y escampa como decía mi abuelo Chiche que había visto a sus noventa años a muchos muertos cargando basura. O como nos preguntaba cuando hacíamos apología de alguien: Y…. ese señor ha mandado en este país? Así se conoce la naturaleza verdadera de la gente. Sí señor, llueve y escampa.
La foto del día es en el Concejo Municipal el público esperando la designación de la mejor carroza y comparsa del carnaval de 1909. A comienzos de siglo era muy importante las carnestolendas en Caracas y se designaba una junta promotora del mismo que laboraba un año para darle realce a las fiestas. Algunos de los presidentes de la junta de carnaval de Caracas fueron gente como el viejo William H. Phelps o el doctor Henrique Pérez Dupuy que eran tan austeros y excelentes administradores que devolvían buena parte del presupuesto asignado por el concejo para las fiestas y templetes porque había sobrado gran parte del dinero. Toda comparación es obvia. Ver menos
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Nicomedes Febres Luces
A nuestra edad uno tiene una perspectiva distinta de la vida y del futuro y deseamos que las futuras generaciones no cometan los mismos errores que la nuestra. He tratado de investigar el país civil que fuimos y me asombra lo poco que conocemos de nuestro pasado, al revés de un pueblo como el judío que ha sido errante la mayor parte del tiempo y se mantiene unido por el afán de reconocerse. Lean la vieja historia de la humanidad y verán pueblos extinguidos uno tras otro, unos destruidos o exterminados, otros asimilados a pueblos diferentes, usualmente como esclavos. Cuánto quedará de la venezolanidad producto de este desastre causado por los militares y sus aliados, los otros enemigos de la patria; desde los socialistas hasta los saqueadores capitalistas criollos y extranjeros? Cuanta venezolanidad quedará entre los que emigraron por razones personales y cuyos hijos ignorarán hasta el Alma Llanera, o de Venezuela solo oirán de pasada de las playas de Margarita, el Salto Ángel o la Historia de Simón Bolívar? Mientras más indago en nuestra historia más me asombra lo que ignoramos. Hemos gastado nuestro tiempo en la diatriba política menor, en los intereses pequeños, en la vanidad pendeja de estar más pendientes de parecer que de ser, y en la banalidad superlativa. Cuanto talento produjo el petróleo para nuestra nación, mucho, gran parte ido ante las dificultades actuales, que además se irritan cuando uno les echa en cara su ingratitud y deslealtad.
En mis archivos no hay fotos de los presidentes más allá de las que me han regalado, o conseguido por casualidad y el noventa por ciento son fotos del pasado lejano y de mujeres de todo tipo pese a que he puesto énfasis en los humildes, los indios, los negros, el hombre de a pie que aparece al borde la foto. Me interesé en especial en la historia ignorada, en la historia femenina y la historia civil que han sido los más desasistidos, en los paisajes de aquella Venezuela rural de hace más de un siglo, he encontrado muchos fotógrafos desconocidos del siglo XIX cuya obra he seguido y estudiado, desde Juan José Benzo, acaso el más grande fotógrafo caraqueño del siglo XIX o Bernardo Díaz Báez, el carupanero que lo hizo todo y bien, y realizó como aficionado las primeras fotos estereoscópicas en vidrio en Venezuela y que murió de Chagas en 1931 y cuyo libro publique, pero gran parte de esa edición se perdió por el descuido de los interventores del Banco Canarias que los dejaron sin protección en una inundación. Algo insólito es aquella época que fotografió Díaz Báez y cuyo archivo adquirí de un amigo, excelente persona que me los cedió por lo que había comprado el archivo. En mis archivos hay muchos héroes civiles desconocidos que debo promover, incluso en esta época nona y triste de la república.
En la foto la imagen de la sala del botiquín Petroria que no sé dónde quedaba en Caracas, pero se llamó así por los años de la guerra de los Boer en Suráfrica pues los nombres que aparecían en la prensa provocaba que muchos locales comerciales de la ciudad tomaran esos nombres.
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LA MEMORIA
Nicomedes Febres Luces
Admiro las personas que se han dedicado a rescatar nuestra memoria común para preservarnos como sociedad, hacen un gran trabajo y merecen el reconocimiento colectivo. Constituyen grupos de miles de seguidores que comparten imágenes privadas y locales del país que fuimos y eso constituye un gran esfuerzo contra el olvido como lo desea el chavismo que en su ignorancia cree que el pasado debe comenzar con ellos. Parte de esta lucha contra la ignorancia y contra el olvido es esto de traer esas imágenes del pasado, mucho más gloriosos y dignos que este ominoso presente, canalla, ruin y digno de la mediocridad que es este régimen. Lo mío es distinto, por cuanto reconstruyo el pasado que nos antecedió porque en aquél viejo país no había ni los medios ni la conciencia ni la valoración de la conveniencia de cuidar los testimonios del pasado y conservar la memoria común. A veces uno lee la diatriba sobre el accionar de Pérez Jiménez sobre Caracas que la cambió en una década como lo hizo en la vieja ciudad colonial el general Guzmán Blanco en el siglo XIX. La negligencia democrática fue tanta que ni siquiera existe un museo de la ciudad de Caracas como lo trataron de construir durante la gestión de Domínguez Sisco cuando presidente del cabildo caraqueño en los años sesenta. Hay que construir instituciones culturales al margen de la democracia, que tolera incluso que llegue al poder la ignorancia como es el chavismo que prefirió la destrucción del legado fotográfico de Luis Felipe Toro, antes que hacer varias copias de seguridad financiada por el suscrito, que a cambio conservaría una.
Pero igual sucede con un fenómeno tan significativo como lo es la publicidad, donde solo nos alumbra el libro seminal y perfectible de Antonio Olivieri sobre la Historia de ella en nuestro país. La publicidad es un reflejo de la realidad y en si misma es un fenómeno cultural. Me he dedicado a buscar imágenes publicitarias de la vieja ciudad como parte de mi indagación y hay maravillas entre los afiches y los volantes que se repartían en las calles de Caracas entre los transeúntes y pacientemente he reunido más de un centenar. Por ejemplo, acaso sabemos de todos los movimientos musicales de óperas y conciertos realizados en Venezuela en el siglo XIX ? Hay maravillas y basta ver los humildes folletos publicados con la música y la letra de óperas famosas publicadas aquí por editoriales como la de Valentín Espinal o en la imprenta de Mariano de Briceño o de Alfredo Rothe como editor en mil ochocientos y tanto.
Hace un par de años compré un conjunto de viejas cajetillas de cigarrillos vacías seguramente guardadas por un señor que se dedicó a coleccionarlas hace un siglo largo como está llamada La Lucha que nos remonta por el logotipo a la famosa fábrica de fororo, maíz cariaco y otros productos del viejo país
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CONVERSACIONES
Nicomedes Febres Luces
Ayer hablé con una vieja amiga, que fue mi alumna en la Facultad de Medicina y una vez graduada de médico la pretendí y tuvimos amores al punto de estar cerca de casarnos, pero para bien o para mal no lo hicimos, y es una mujer que siendo tan bella, es también una mujer de una gran integridad personal. Ella además de psiquiatra está dedicada a terapias alternativas de las cuales es fervorosa creyente y me contaba de los desastres morales de algunas autoridades sanitarias de este régimen cuando comenzó, que pretendieron aplicar operación colchón a muchas profesionales jóvenes prevalidos de su poder. Hoy nos une una sincera amistad, pese a que hablamos pocas veces, pero me lo contó porque los acusados eran mis amigos de la juventud con los cuales tuve militancia política en los años sesenta, cuando eran jóvenes pudorosos y decentes que estuvieron a mi lado en nuestras refriegas juveniles contra la insurrección castro comunista. Eran tan pudorosos que se fueron a la Izquierda Cristiana y luego en el MAS aterrizando al final en el chavismo. Confieso que me asombró la acusación por ser un acto tan infame y degradante. Tratar de aplicar operación colchón sobre cualquier mujer me parece despreciable y es un acto vergonzoso para cualquier hombre que se precie de serlo y más prevalido del poder. Solo que haberse degradado hasta pertenecer al chavismo hace de esa acusación un acto creíble, investigable y punible. Trabajé en altos cargos administrativos en el aparato del Estado solo al final de la primera presidencia del doctor Caldera y siendo entonces tan joven e influyente recibí muchas insinuaciones las cuales decliné caballerosamente y miren que me gusta la guachafita, pero el poder siempre debe hacerse respetar. Cuando hubo el cambio del régimen con el primer gobierno de CAP, decidí, pese a que el nuevo gobierno quiso que siguiera en el cargo, renunciar para dedicarme a mi profesión médica y a la docencia de mi especialidad en la Cátedra junto con el doctor Oscar Agüero y en la Policlínica Caracas con el viejo Domínguez Sisco, mi gran maestro. Dos hombres con un magistral sentido del poder usado con rectitud e integridad. Que Dios me los tenga en su gloria.
Entre las fotos antiguas que tenemos en la colección algunas trasmiten mi visión de la mujer y de lo femenino. Una de esas fotos es la que aparece en la imagen del día. No conozco el nombre ni ningún dato de la fotografiada, pero transmite una gran paz y belleza espiritual. Una venezolana de hace un siglo.
Fuente:
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