DISFRAZADOS DE SÍ MISMOS
Luis Barragán
¿Cuán
distintas las circunstancias y condiciones electorales que hicieron posible el
triunfo irrepetible, limpio y
transparente de Chávez Frías para cerrar el siglo? Acumulada una importante
experiencia histórica, desenfundamos toda nuestra mejor buena fe para enmendar
el propósito y acertar en la celebración de los más convincentes eventos
comiciales, comenzando por los altos niveles del Estado para sanear con el
ejemplo los más modestos de una sociedad civil que recuperaba o dijo recuperar
sus espacios naturales.
Digamos que no
hubo necesidad de crear un órgano más e independiente del Poder Público para
garantizar la más absoluta probidad electoral, como tampoco ocurrió con otro
para procesar judicialmente a un mandatario o presidente de la República en
funciones que, faltando poco, renunciara y se quedara en el país, como en
efecto ocurrió. Cursaba la era perfectible de la descentralización reabriendo
las puertas del multipartidismo en la búsqueda ordenada y sensata de las nuevas
definiciones que tuviesen un real alcance histórico, a pesar de los diferentes
calibres de la antipolítica que encubrió el rentismo sociológico y de
sedimentación militarista que no logró ni logrará detener el descenso del
económico y del más exactamente petrolero.

Guardando las
proporciones, constatamos el superior desempeño del Ministerio Público tan
parecido al del propio organismo electoral, en la pasada centuria, sin necesidad
de la acrobática reingeniería constituyente. Otra evidencia y desvarío, creímos
que la constitucionalización de PDVSA impediría por siempre su destrucción,
tocándole ahora al mito del CNE tan cuidadosamente cultivado en las reyertas
iniciales de la enfermiza plebiscitación.
Semejante a lo
sucedido con la sala correspondiente del TSJ que completa el circuito de un
extraordinario blindaje político, juraron la radical imparcialidad de los
nominados y, luego, integrantes del CNE, privilegiado el camino de la omisión
legislativa, estuvieron aparentemente libres de toda sospecha porque nunca antes fueron funcionarios
del régimen. Cumplida la tarea, pronto destaparon su verdadera militancia para
ocupar las otras y más elevadas funciones públicas, nada ruborizados,
traicionando aquella imagen de ciudadanos impolutos que mantenían a raya a los
ocupantes de Miraflores.

Sobrevivía una
cierta cultura de la sinceridad, propagada desde finales del los noventa del
veinte, gracias a la convicción, prédica y realización de las reformas legales
pertinentes que impulsaron los partidos democráticos, a objeto de despartidizar
todas las instancias electorales, nada más y nada menos, para sorpresa de los más ingenuos seguidores
del actual régimen. Cumpliendo la más confiada transición del CSE al CNE y, a
modo de ilustración, un importante vocero parlamentario, como el socialcristiano
Orlando Contreras Pulido, señalaba que “los
partidos deben salir de cuajo del CNE”, o denunciaba que “los partidos se
apropiaron de las juntas parroquiales”, apuntando hacia un pulcro y amplio
consenso del que arteramente se aprovechó el llamado chavismo de entonces. Sin
embargo, el madurismo, la consiguiente etapa de un rentismo obstinado, carece
de todo pudor al modificar el rectorado ceneísta
en los términos consabidos y desenfadadamente descarados.

Excepto la abierta
y rápida sustitución que hizo Pérez Jiménez de la cabeza del organismo
electoral con la constituyente de 1952,
la entidad jamás exhibió la tan ostensible ultrapartidización de ahora.
Al revés de las maniobras y engañifas acostumbradas por estas dos décadas, Maduro
Moros ahora deja constancia demasiado expresa de la trayectoria y lealtad de la presidencia
del ente comicial en un acto de extraordinaria e inequívoca franqueza.
Luego, en el
CNE se disfrazan de sí mismos, acaso,
como las viejas casetas telefónicas de la ciudad capital que exponen un paisaje
de sedicente ruindad. A pesar del
pintoreteo de los artistas urbanos, espontáneos o tarifados, la ciudadanía sabe
de la chatarra que sigue siendo mona aún por las varias capas de seda que
tengan.
Referencias: Orlando Contreras Pulido, El Globo, Caracas, 15 y 29/06/1997.
Fotografías: LB, La Candelaria (CCS, 01/09/2023).
05/09/2023:
https://www.elnacional.com/opinion/disfrazados-de-si-mismos/