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lunes, 23 de febrero de 2026

Desenredar la situación

LA TRANSICIÓN QUE TODAVIA NO ES

Luis Barragán

De una sólida fundamentación académica, el libro de Luis Manuel Marcano Salazar constituye esencialmente un aporte a la literatura política que ciertamente extrañamos en el país, a pesar de la larga crisis existencial que padecemos. Recientemente puesto en circulación, “Venezuela 2026: La transición que necesitamos” (Editorial Torres del Paine, Santiago de Chile), aboga por el reconocimiento de una realidad irrenunciable de la que conocemos poco en un contexto caracterizado por cifras económicas, delincuenciales y hasta epidemiológicas precariamente difundidas e interpretadas.

La sobriedad conceptual de la exposición le devuelve la dignidad que alguna vez ostentó la controversia pública, ahora afectada por una degradación semántica, pues asume decididamente la transición como un problema a resolver porque aún continúa intacto el aparato represivo; no hay una reconstrucción jurídica, como lo confirma la novel Ley de Amnistía, ni fractura alguna del poder establecido en trance de reacomodo. El autor, forzado a un injusto exilio, opta por el enfoque institucional-estructuralista combinado con el del autoritarismo resiliente, a juzgar por los autores expresamente trabajados, en clara defensa de la transición como un hecho estructurador verificable en lugar de las infladas expectativas que tienden a imponerse dada la escasa calidad de una polémica asociada a las consignas de ocasión, la improvisación y la anécdota.

Hacer la transición – ante todo – verificable, pacífica, libre, democrática y, añadimos, independiente, significa el cumplimiento de los hitos, mecanismos y procesos inspirados en los principios y valores constitucionales que sean los que cuenten con una arquitectura institucional como condición previa y no como consecuencia del cambio semejante a otras transformaciones materiales, jurídicas y coercitivas, que son las que autorizan una nueva fase histórica. Dado que la crisis política es, por elemental definición, la de su lenguaje, observamos la interesada desinstitucionalización de la palabra compartida a favor de las más pueriles consignas, la pérdida creciente de precisión y significado que Luis Manuel remite a un sostenido daño antropológico y a una hábil polarización de toda inquietud, evento, planteamiento, noticia y quejumbre.

Respecto a la crisis autoritaria administrada desde Washington y que podría convertirse estructuralmente en una transición, nuestro autor procura dar con una naturaleza exacta del proceso, intentando suscitar, jerarquizar y reorganizar un debate de urgencia en la materia. La lectura incluso ofrece una dimensión operativa ya que establece criterios iniciales de evaluación de la experiencia ganada y de la que está por ganarse (monopolio coercitivo, fractura de la coalición dominante, restitución efectiva de la juridicidad, ejercicio legítimo del poder), contribuyendo con elementos y variables para los más adecuados escenarios que todo decisor está en el deber de considerar.

Luce sensata la necesidad de una etapa de estabilización institucional y de recuperación económica, porque no sabemos cuán profunda es la crisis, y cuán traumático es el drama, si estamos dispuestos a definir y consensuar una transición sustentable de la que se conjetura con sorprendente facilidad. Por lo visto, se trata de desactivar a corto plazo una poderosa bomba política de cableaje extendido y confuso, semejante a la desactivación a mediano plazo de una bomba social ejemplificada por la conducta  excesiva y prepotente de los motorizados como activos agentes de la anomia dominante.

Ilustración: Angel Boligan.

24/02/2025:

https://www.elnacional.com/2026/02/de-la-transicion-que-todavia-no-es/


domingo, 22 de febrero de 2026

La mirada política

DE LA LITERATURA POLÍTICA: LA TRANSICIÓN

Luis Barragán

Experiencia universal, hemos pasado de la cultura tipográfica a la digital de la cual se ha beneficiado también la reflexión política más densa, selectiva y variada. Sin embargo, en el caso venezolano, los problemas políticos gozaron mucho más de los favores de la imprenta antes que ahora supuestamente ganados por la masiva interconectividad.

Por supuesto, nuestro caso tiene una mayor relación con la saturación polarizante y la banalidad escapista, condensado en el ya inexplicable desprestigio de la política, lo político y los políticos. Asunto paradójico el nuestro, cuando se le quiere hacer resistencia al autoritarismo, por decir lo menos, con ganas de superarlo, por decir lo más.  

Un libro de reciente factura, nos coloca en el camino de reivindicación de la literatura política: “Venezuela 2026: la transición quenecesitamos” (Editorial Torre del Paine, Santiago de Chile), suscrito por Luis Manuel Marcano, académico de extraordinarias credenciales, magistrado del TSJ forzado al exilio y también poeta.  Contrario a la vieja bibliografía relacionada con voces más periodísticas y literarias que adentraban el bisturí en nuestros problemas fundamentales, esta vez, el lenguaje académico relativamente accesible es el que permite abordar una materia imposible de resumir en las redes digitales y que amerita de un extenso y profundo planteamiento, como ocurre en otros países al amparo de la democracia liberal: asunto que solemos evadir, pues, hay mercado editorial y autores capaces de dar campanadas siendo o no políticos de oficio o profesión, en otras latitudes.

La transición es el dolor de cabeza de los días que corren y son muchos los que nos juran en medio de ese proceso por razones proselitista, por una descarada improvisación, o por simple necedad. De modo que los argumentos del autor venezolano resultan pertinentes e indispensables para la discusión pública y, en el caso de no compartirlos, se puede y debe alegar absolutamente lo contrario en las conversaciones cotidianas, en las reuniones formales e informales de cualesquiera entidades políticas y grupos de presión, en las numerosas entrevistas de las redes, en el terreno que se desee, dentro y fuera del país.

El primer logro seguro hacia una transición para quienes la desean o la niegan, es que sea parte de la controversia inherente a toda iniciativa, esfuerzo, tarea, inquietud, gesto y desplante de naturaleza política. Un preciso manual de discusión lo ofrece Luis Manual para que los que coincidan o desmientan, pues, luce recurrente, la tentación común es la de hablar de transición y de transiciones, haciéndolo realmente de otra cosa – incluso – ajena para enredar más la cuestión.

Ilustración: Toni Tasco.

23/02/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44034-de-la-literatura-politica-la-transicion

La cuadratura del círculo (y viceversa)

SOBRE LA IDEA DE VENEZUELA 2026 (*)

Luis Barragán

Hay algo profundamente latinoamericano —casi un rasgo de carácter— en la manera en que cada coyuntura política se ve rodeada, de pronto, por una multitud de expertos sobrevenidos, doctos de la noche a la mañana en las materias más complejas y disímiles. En ese coro estridente, las voces más genuinas —las de los legos atentos y las de los entendidos serios que día a día construyen la opinión pública— deben abrirse paso entre improvisados que decretan transiciones donde no existe asomo alguno, o apenas indicios de un largo y arduo camino por recorrer. Actúan como médicos temerarios: diagnostican una enfermedad grave a partir de un síntoma menor y prescriben, con gesto grandilocuente, una cura improvisada que promete milagros inmediatos.

Por ello resulta especialmente valioso el aporte de Luis Manuel Marcano al debate que suscita el caso venezolano. Su intervención permite combatir una confusión tan generalizada como interesada: la idea de que existe una transición en marcha cuando, en rigor, se trata apenas de una transición sospechada, intuida, deseada, pero que sencillamente no ha comenzado. Ese equívoco no es inocuo. Inyecta desencanto y desesperación en una ciudadanía que espera un cambio auténtico, trascendente, definitivo e histórico, y que corre el riesgo de ver frustrada su esperanza por el abuso del lenguaje y la ligereza del diagnóstico político.  

Cuenta con las herramientas teóricas, la mirada acuciosa, la capacidad de reflexión, el talante político y el sentimiento profundo para un ensayo orientador, preciso y contundente. Calificado académico, corajudo magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, tan injusta y largamente condenado al exilio por el régimen venezolano, aborda con un enorme sentido de responsabilidad un asunto que siempre será novedad mientras no deje de palpitar la vocación por la libertad en este lado del mundo, llevándonos a una conclusión clara: las transiciones se hacen haciéndolas, más allá del anuncio.

El texto no ofrece consuelos fáciles ni proclamas vacías. Se inscribe, más bien, en una tradición seria del pensamiento político latinoamericano que desconfía de las palabras solemnes cuando no están acompañadas de actos fundacionales reales. En ese sentido, Venezuela 2026: la transición que necesitamos no es un ejercicio de futurología ni un manifiesto de ocasión, sino una advertencia lúcida: sin decisiones, sin rupturas verificables y sin construcción institucional sostenida, la transición seguirá siendo un espejismo retórico.

La lección final es tan sobria como exigente. No basta con nombrar la transición para que exista, ni con desearla para que ocurra. Las transiciones no se proclaman: se edifican. Y solo cuando ese proceso comience de verdad, Venezuela podrá decir que ha dejado atrás la larga noche y ha comenzado, ahora sí, a escribir una página distinta de su historia.

(*)  Presentación del libro de Luis Manuel Marcano Salazar: “Venezuela 2026: la transición que necesitamos”, Editorial Torres del Paine, Santiago de Chile, 2026.

Cfr. https://www.elnacional.com/2026/01/la-transicion-que-necesitamos/

Ilustración: Ralph Steiner.

22/03/2026:

https://lapatilla.com/2026/02/22/luis-barragan-sobre-la-idea-de-venezuela-2026/

jueves, 8 de mayo de 2025

Dos notas esequibanas

NO ES DIPLOMACIA, ES DERECHO INTERNACIONAL: SOBRE LAS ELECCIONES EN EL TERRITORIO ESEUIBO

Luis Manuel Marcano

El fundamento judicial y doctrinal por el cual la Corte Internacional de Justicia (CIJ) puede ordenar que Venezuela no realice elecciones ni ejerza actos administrativos en el territorio Esequibo se basa en principios firmemente asentados en el derecho internacional público, particularmente en materia de disputas territoriales. El Esequibo es un territorio en disputa entre Guyana y Venezuela, bajo la competencia de la CIJ, lo que significa que hasta que haya una resolución definitiva ninguna de las partes puede ejercer actos de soberanía sobre ese territorio. Esto es central: no es solo que Venezuela no puede administrar el Esequibo, sino que tampoco Guyana puede realizar actos que consoliden unilateralmente su posición. El derecho internacional establece que, durante un proceso judicial pendiente sobre la titularidad de un territorio, las partes están obligadas a abstenerse de realizar actos que puedan agravar o extender la disputa. Este principio ha sido desarrollado y afirmado en múltiples ocasiones por la CIJ y por la doctrina internacional. El fundamento de esta regla es evitar que la parte en mejor posición de hecho (generalmente la que ya tiene control administrativo) consolide su posición, o que la parte reclamante trate de alterar el statu quo creando hechos consumados.

Las medidas provisionales, previstas en el artículo 41 del Estatuto de la CIJ, tienen como objetivo principal preservar los derechos de las partes mientras el tribunal se pronuncia sobre el fondo del asunto. Dichas medidas son vinculantes, y este punto fue claramente afirmado por la CIJ en el caso LaGrand (Alemania c. Estados Unidos, 2001). En ese asunto, Alemania alegó que Estados Unidos había violado sus obligaciones internacionales al no notificar a dos ciudadanos alemanes condenados a muerte sobre su derecho a asistencia consular bajo la Convención de Viena. Alemania solicitó medidas provisionales para detener la ejecución mientras se resolvía el fondo del litigio, y aunque Estados Unidos argumentó que dichas medidas eran solo recomendaciones, la CIJ estableció categóricamente que las medidas provisionales tienen carácter vinculante. Esta conclusión es crucial para entender que, si la Corte ordena a Venezuela abstenerse de realizar elecciones en el Esequibo, no se trata de un consejo diplomático, sino de una obligación jurídica que debe cumplirse para no incurrir en responsabilidad internacional.

La razón de ser de estas medidas es evitar un perjuicio irreparable y asegurar que la decisión final pueda ser aplicada de manera efectiva. En el caso concreto del Esequibo, si Venezuela organiza elecciones, actos censales, despliegue de fuerzas, concesión de licencias, entre otros, estaría ejerciendo actos soberanos sobre un territorio cuya soberanía aún no ha sido determinada, lo que contraviene el principio de no agravación del litigio (non-aggravation). Este principio busca que las partes no cambien unilateralmente la situación mientras el tribunal resuelve. Ninguna de las partes tiene derecho a administrar el territorio como si ya fuera suyo. Hacerlo violaría la igualdad procesal y la buena fe (bona fides), ya que alteraría las condiciones bajo las cuales el tribunal debe decidir. Incluso si Guyana, que actualmente administra el Esequibo, realiza actos que excedan una administración neutral y se conviertan en actos de soberanía no permitidos, también estaría violando estos principios.

Desde el punto de vista del derecho internacional de la responsabilidad estatal, cualquier acción unilateral que viole una obligación internacional (como las medidas provisionales de la CIJ o las obligaciones de abstención en territorios disputados) constituye un acto internacionalmente ilícito. Según los Artículos sobre Responsabilidad del Estado por Hechos Internacionalmente Ilícitos, elaborados por la Comisión de Derecho Internacional (CDI), este tipo de conducta da lugar a responsabilidad, sin necesidad de que haya daño material: basta con la infracción de la obligación. El acto ilícito internacional tiene ciertos elementos comunes que lo asemejan a un acto ilícito en derecho interno. Por ejemplo, si en un litigio sobre la titularidad de una propiedad privada una de las partes decide instalarse en la casa o alquilarla a terceros mientras el juez aún no decide, está violando el principio de respeto al proceso judicial y afectando los derechos potenciales de la contraparte. En términos de derecho internacional, es el equivalente a alterar el statu quo, lo cual es inadmisible mientras la CIJ delibera.

Mientras un territorio esté en disputa, ninguna de las partes puede ejercer actos de soberanía plena. Esto no significa que se suspendan automáticamente todos los actos administrativos de rutina (por ejemplo, actos necesarios para la vida cotidiana de los habitantes bajo la administración práctica del momento), pero sí significa que no se pueden realizar actos que impliquen afirmación de soberanía ni consolidación unilateral de derechos. La CIJ y la doctrina reconocen la diferencia entre actos meramente administrativos (para la gestión cotidiana del territorio) y actos soberanos (como realizar elecciones, aprobar leyes específicas para la región, desplegar fuerzas armadas, construir instalaciones gubernamentales, etc.). El primero puede tolerarse bajo el principio de administración neutral (neutral administration), mientras que el segundo está estrictamente prohibido porque cambia las condiciones de la disputa.

Otro aspecto que refuerza la prohibición de realizar actos soberanos en el Esequibo es la protección de la función jurisdiccional de la CIJ. Según la doctrina, las medidas provisionales no solo protegen los derechos de las partes, sino también la integridad del propio proceso judicial. Si durante el proceso Venezuela (o Guyana) realiza actos que tornen inefectiva o irrelevante la sentencia final, se estaría menoscabando el valor de la decisión judicial. La Corte ha afirmado que tiene competencia no solo para resolver la disputa, sino para asegurar que su sentencia tenga efecto práctico. El principio de efectividad de las decisiones judiciales internacionales es un componente esencial del sistema jurídico internacional, pues sin él las decisiones de los tribunales internacionales serían meramente simbólicas y carecerían de fuerza vinculante.

Para ilustrar mejor esta situación, puede compararse con el derecho interno, donde existe el principio de litigios pendentes nihil innovetur (no innovar mientras hay litigio pendiente). Si dos personas disputan un terreno ante un juez, ninguna de las partes puede realizar actos que impliquen apropiarse de hecho del bien, alterarlo, venderlo, arrendarlo, ni tomar decisiones que perjudiquen la posición de la otra parte. En derecho interno, estos actos suelen considerarse como violaciones al deber de lealtad procesal y pueden derivar en medidas cautelares, sanciones por desacato, o incluso acciones penales por usurpación. El objetivo es garantizar que el proceso judicial tenga sentido y que la sentencia pueda ejecutarse de manera efectiva. Del mismo modo, en derecho internacional, las partes deben abstenerse de realizar actos que puedan frustrar el objeto del litigio. Si Venezuela realiza elecciones en el Esequibo, estaría generando un cambio en la situación del territorio que, aunque pueda parecer administrativo, tiene claras implicaciones de soberanía. Esto constituiría un acto ilícito porque vulnera obligaciones internacionales específicas: la de respetar las medidas provisionales de la CIJ y la de abstenerse de agravar la disputa.

El fundamento judicial y doctrinal detrás de la prohibición a Venezuela de realizar elecciones en el territorio Esequibo se asienta en varios principios centrales del derecho internacional público: la preservación del statu quo durante los procesos judiciales internacionales, el principio de buena fe en la conducta de los Estados, la prohibición de crear hechos consumados que perjudiquen la solución judicial del conflicto, el carácter vinculante de las medidas provisionales dictadas por la CIJ, como fue afirmado en el caso LaGrand, y la protección de la efectividad de la decisión final del tribunal. Este enfoque evita que una parte se aproveche de la situación procesal para consolidar unilateralmente derechos sobre el territorio en disputa. El territorio Esequibo, al estar bajo controversia, no puede ser administrado políticamente ni por Venezuela ni por Guyana en términos de actos soberanos, aunque Guyana siga administrando aspectos cotidianos bajo el principio de neutralidad administrativa. Así, desde una perspectiva de derecho internacional, cualquier acto de Venezuela que implique una afirmación de soberanía sobre el Esequibo —incluyendo elecciones— constituye un acto internacionalmente ilícito y vulnera las obligaciones asumidas por Venezuela en el marco del proceso judicial.

05/05/2025:

https://www.elnacional.com/opinion/no-es-diplomacia-es-derecho-internacional-sobre-las-elecciones-en-el-territorio-esequibo/

MI OPINIÓN SOBRE EL ESEQUIBO

Gustavo Coronel

Guyana pidió a la Corte Internacional de Justicia para impedir que Venezuela lleve a cabo elecciones en la región en disputa del Esequibo.

Tengo una opinión que reconozco minoritaria sobre los conflictos territoriales. Son aquellos conflictos entre naciones limítrofes generados por el deseo de uno o ambos países en pugna por adquirir nuevo territorio, es decir, ser más grande en dimensión geográfica, lo cual no es sinónimo de grandeza nacional. Si la extensión geográfica fuera determinante en el progreso, la felicidad y el máximo bienestar de sus habitantes, la India, China y Rusia serían los tres países más felices y de mayor calidad de vida en el planeta, mientras que Finlandia, Suiza, Noruega y Holanda estarían en la cola del atraso y serían cunas de sufrimiento para sus habitantes.

Y, sin embargo, es todo lo contrario. Es de una evidencia aplastante que el progreso y la calidad de vida en un país no son proporcionales a su tamaño. Sin embargo, millones de personas han muerto y han sido cruelmente desplazadas de sus hogares debido al deseo, la codicia de líderes políticos mundiales por lograr más territorios para sus países.

En este momento de nuestra historia se desarrollan varios ejemplos trágicos de esta insensatez. La India está expulsando a todos los pakistaníes por causa de un viejo conflicto territorial relacionado con la provincia de Kashmir. Cuando Inglaterra abandonó la India dividió de manera arbitraria el territorio para crear a Pakistán, dejando conflictos por zonas pobremente delineadas, los cuales se han visto aumentados por el deseo de control total de esas zonas. Esto ha sido la causa de innumerables conflictos, muertes y tragedias.

Entre Israel y Palestina existe desde hace mucho tiempo una situación de guerra permanente, la cual ha causado la muerte de niños, ancianos, gente inocente de lado y lado, un conflicto inhumano que debe avergonzar a sus protagonistas. Desde hace varios años Rusia desarrolla contra Ucrania una trágica invasión, perpetrada por las huestes de Putin, ayudadas por Corea del Norte. En otras regiones pueden verse múltiples casos latentes y activos, como si fueran volcanes, de tensión entre países limítrofes. Por alguna razón misteriosa los habitantes de estos países desconfían los unos de los otros y siempre están a punto de irse a las manos. Ese ha sido el caso de Chile y Argentina, de Bolivia y Chile o de Venezuela y Colombia.

En nuestro caso venezolano existe desde hace más de 100 años un conflicto con Guyana por el territorio del Esequibo, de unos 160.000 kilómetros cuadrados de tamaño. Tan grande es este territorio que representa casi la mitad de la república de Guyana. Este conflicto viene desde que un arbitraje le diera a Gran Bretaña el territorio que Venezuela alegaba le pertenecía, por ser territorio adscrito a la Capitanía General de Venezuela, antes de que Gran Bretaña y otros países europeos entraran a ocuparlo.

No es mi intención hablar de los méritos legales de nuestra posición en este litigio porque lo que opino sobre este conflicto no está basado en quien posee la verdad sobre el litigio. No tengo por qué dudar que seamos nosotros quienes tenemos la razón, aunque sí pienso que –si queremos ser puristas– quizás los verdaderos y únicos dueños de ese territorio son los descendientes de los nativos, los indígenas que lo habitaban antes de que España tomara posesión por la fuerza de su conquista.

Mi opinión, la cual –repito– es minoritaria y hasta arriesgada al ser expresada públicamente, dada la carga emocional que el conflicto representa para ambos países, generado en buena parte por el alto grado de politización que se le ha inyectado. Sin embargo, creo conveniente comentarla porque la situación geopolítica actual, la situación del ambiente en el planeta y la misma realidad venezolana, le confieren a este conflicto una fisonomía que va más allá de un simple conflicto legal sobre un territorio en disputa, para entrar en el campo de la geopolítica, de la energía y de la ética.

Opino lo siguiente.

1) Desde el punto de vista geopolítico considero imposible que Venezuela pueda hacer valer sus derechos sobre el Esequibo. Ello equivaldría a la cesión de casi la mitad de su territorio por parte de Guyana. Lo que fue cierto en una época ya no lo es. Venezuela lucía ante el mundo como el país débil, ante una potencia europea, Inglaterra. Hoy es al revés. Venezuela luce como una potencia, con actitudes agresivas, frente a un país pequeño y más débil. Estas consideraciones configuran un clima de opinión mundial casi unánimemente favorable a Guyana frente a nuestras demandas. La inmensa mayoría de los países del planeta, si no todos, apoya a Guyana.

2) Desde el punto de vista económico no me parece coherente que nuestras demandas, por muy largo tiempo adormecidas, solo se hayan reavivado debido al descubrimiento de yacimientos petrolíferos en la costa afuera de Guyana, en aguas que estarían parcialmente dentro de la zona en disputa. Estos descubrimientos han generado maniobras patrioteras del dictador Maduro, a fin de ganar simpatías con ejercicios en demagogia entre un pueblo que lo detesta. Lo cierto es que Venezuela tiene inmensas reservas probadas de petróleo, tanto livianas como pesadas y las tiene sin desarrollar, por lo cual mucho de ese petróleo probablemente se quedaría para siempre bajo tierra. En esta materia Venezuela es como un Romeo de pacotilla que no atiende a sus deberes conyugales pero que trata de conquistar a la vecina.

3) Desde el punto de vista ético pienso que nuestro país carece de autoridad moral para exigir mayores territorios por haber destruido el que tiene. En efecto, nuestros 912.000 kilómetros cuadrados de territorio venezolano están profundamente degradados, algunos más allá del rescate, debido a la negligencia de nuestro liderazgo político, tanto los dictatoriales como muchos de los democráticos. Nuestros dos lagos principales son un basurero, ya casi perdidos. El Sur del Orinoco parece una zona víctima de un bombardeo nuclear. En los años treinta del siglo pasado Henri Pittier hablaba ya de Venezuela como un deplorable caso de tragedia ambiental.

Hay mucho más que hablar sobre este grave asunto, incluidas posibles soluciones que le podrían dar prestigio moral a Venezuela y lograr hacer del territorio del Esequibo un ejemplo de responsabilidad ambiental/ecológica para todos los países. Incluso, creo posible negociar una solución que le dé a Venezuela parte del petróleo que pueda existir en la zona en disputa y que le dé autoridad conjunta con Guyana y organismos internacionales en el manejo racional de parte del territorio Esequibo para beneficio de la humanidad. Sé que no será fácil dejar la emoción patriótica a un lado para hablar del Esequibo en términos de un óptimo resultado para la humanidad y no para satisfacer nuestras ambiciones territoriales, pero creo sinceramente que este sería el camino correcto.

03/05/2025:

https://www.elnacional.com/opinion/mi-opinion-sobre-el-esequibo/

domingo, 7 de abril de 2024

Tejidos de circunstancias

EL RETORNO DE ANDRÉS

Luis Barragán

A Luis Manuel Marcano

Continua, extendida y prolongada, la diáspora venezolana no ha suscitado todo el debate que merece dada la profundidad y trascendencia del drama. Pendiente, como otros, el régimen está diseñado para obstaculizarlo, contaminarlo, confundirlo, enrarecerlo, y, por ello la importancia de una data avalada y aportada por instituciones muy serias que sobreviven a la actual situación.  

Lucen variados los aspectos de la migración internacional que ha llamado la atención del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB, en atención a su consabida y esperada radiografía social de Venezuela: ENCOVI 2023, de reciente circulación.  Por ejemplo, ahora tenemos una menor concentración de nuestros paisanos en Colombia y Perú, a favor de España y Estados Unidos, siendo Chile el tercer país receptor; la preeminencia del migrante masculino, o la moderada disminución de las remesas en relación a 2021.

Llama la atención el aumento del flujo migratorio de personas con educación media completa o menos, en contraste con el período dominado por aquellas de un alto perfil educativo (2012-2017).  Faceta que, en sí misma, generaría también una polémica de fondo sobre el futuro venezolano, por citar un caso,  que ya es cada vez más difícil conseguir plazas para el desempeño profesional de la medicina en el extranjero, forzados también los galenos al ejercicio de otros oficios.

Envejecen los nuestros por distantes la latitudes, predominando aquellos que están entre 30 y 49 años de edad, en contraste con 2017, entre 15 y 29 años. Además, siendo tan bajo el porcentaje de los planes concretos de retorno (18%), claro está, debido a la permanencia del régimen socialista, además de los familiares, tememos por quienes definitivamente se queden afuera, sean o no amigos personales; aún más, los que no regresan debido a la persecución y la represión.

Un tejido interminable de circunstancias, puede prolongar más esa estancia que supusimos provisional, y, como le ocurrió a Andrés Bello, después de tantas necesidades y vicisitudes que no le permitieron volver a Venezuela, siguió de largo junto a la familia, contratado por el gobierno de Chile. Y huelga comentar todos los extraordinarios aportes que hizo al gran país del sur, motivo de orgullo los venezolanos.

Y es que caminando hacia el salón en el que se celebró el otorgamiento del doctorado honoris causa a Virginia Betancourt, en la sede de la UPEL, nos detuvimos por un instante frente al busto de Bello, aunque no encontramos el nombre del autor de la pieza.  Pensamos en los coterráneos que hoy están por allá, en Chile, y que, así lo quieran, no pueden   regresar por ahora. 

Fotografía: LB, UPEL (CCS, 29/02/2024). 

07/04/2024:

https://www.lapatilla.com/2024/04/07/luis-barragan-el-retorno-de-don-andres/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY