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lunes, 30 de septiembre de 2024

Especialidad y partido

J.M.SISO MARTÍNEZ

Guido Sosola

Fuese académica, artística, deportiva o gremial, se ha afianzado la idea de que todas las especialidades son incompatibles con la militancia partidista. Acotemos, algo muy distinto a cuidar y profesar la independencia política individual, convalidada por el rechazo a todo oportunismo, viveza e improvisación, por lo demás, características muy acusadas de la cultura petrolera.

La aparición, configuración y vigencia de los partidos en medio del oleaje de la modernización venezolana del siglo anterior, obligó a sus fundadores a la paciente captación y formación de la dirigencia a todo nivel que incluyó a juristas, educadores, entrenadores deportivos, economistas, literatos, expertos petroleros, etc. Parecía lógico, aunque  todavía no es tan obvio, por aquello de aspirar a la dirección del Estado que fuerza a montar gobierno y contar con voces calificadas para ello; por distintas circunstancias y asombrosas convicciones, los partidos surgidos en la presente centuria, objetivamente están anclados en la premodernidad.

La fundación del Partido Comunista y, al poco tiempo, la de Acción Democrática constituye un buen ejemplo de nuestra premisa en torno a la modernización política del siglo XX. Empero, la experiencia más consumada es la de los adecos que replicaron pronto los urredistas y copeyanos ya extinguidos en el XXI. La clave estuvo en la condición policlasista que les permitió un mayor desarrollo, aunque la consabida preponderancia del Estado y sus riquezas, impidió acercar y comprometer al liderazgo empresarial con el ideario y entidad partidista.

Valga el dato histórico y sociológico, el modelo betancurista de partido que no, aprista (según dijera Carlos Rangel), como en otras áreas, exhibió sendos referentes en el campo educativo, como Luis Beltrán Prieto Figueroa, Mercedes Fermín, Luis Manuel Peñalver, Ruth Lerner de Almea,  José Manuel Siso Martínez, entre otros, quienes tuvieron por oficio el aula y, al mismo tiempo, sostuvieron una inequívoca responsabilidad partidista que los llevó a ocupar altas posiciones de Estado. Hablamos de un largo y macerado proceso resueltamente cívico que arrojó resultados positivos; ahora, quebrantado, nos da una noción cierta de los inmensos desafíos que están pendientes en una Venezuela muy distinta.

Una tarde, transitando las calles céntricas de la ciudad capital, conseguimos un puesto informal de venta de libros usados, donde estaban expuestos dos de los títulos de Siso Martínez bajo el sello de la Editorial Yocoima que fundó con Humberto Bártoli, destacado referente urredista, en el exilio mexicano, según el diccionario histórico de la Fundación Polar. Proveniente de Upata, egresó simultáneamente del Instituto Pedagógico Nacional como profesor de ciencias sociales y de la Universidad Central de Venezuela como doctor en ciencias políticas y sociales, esto es, abogado; e impresiona la larga trayectoria laboral y política, añadido el periodismo y el parlamento.

Llama la atención que fuese director de la escuela de Historia de la citada universidad, entre 1959 y 1964, en tiempos de la inaudita insurrección leninista que anidó y también se acuarteló en la casa de estudios. Tratamos de imaginar la escuela de un arrogante fanatismo marxista y  tan sensible al ánimo subversivo, quizá harto conflictiva, dirigida por un connotado adeco.

Luce interesante el caso del especialista que incursionó en un partido político, sin ambages. Entendemos, le prestó un gran servicio al país, por lo que es injusto olvidarlo.

Fotografía: LB (CCS, 02/05/2023).

30/09/2024:

https://www.lapatilla.com/2024/09/30/guido-sosola-j-m-siso-martinez/

domingo, 3 de diciembre de 2023

Caza de citas

"Los nuevos videntes no escrutan las entrañas de las ocas, como los arúspices de la Antigua Roma, sino las tripas de Big Data. Nos dicen qué empleos se verán abocados a desaparecer en un futuro próximo y, al mismo tiempo, nos tranquilizan arguyendo que la inteligencia artificial se ocupará mejor de ciertas tareas. Cabe preguntarse si, al presentar como inevitable la precarización de las condiciones laborales, algunos expertos no hacen sino coadyuvar a una profecía autocumplida. Sobra decir que el conocimiento no puede ser una prerrogativa de especialistas. La creciente especialización del conocimiento lleva al repliegue cívico; este, atizado por el auge de la antipolítica, a la anomia. La convicción ilustrada de que el saber nos libera encuentra hoy su opuesto: vivir aherrojados por las cadenas de un conocimiento tan especializado que nos oprime"

Jorge Freire

("La banalidad del bien", Editorial Páginas de la Espuma, Madrid, 2023:  75)

Ilustración: Franck Gerard. 

domingo, 3 de julio de 2022

Comentarios

DE UNA NECESARIA POSDATA

Luis Barragán

La semana pasada versamos un poco sobre el desempeño político y la especialidad que tienta y hasta se cultiva, aunque la responsabilidad pública va más allá de un determinado ámbito del pensar y el quehacer social. O quizá sea una añoranza inadvertida en torno a los tiempos del político ilustrado o moderno que contrasta con el actual, tan posmodernamente caracterizado por el culto hacia sí mismo.

            Nuestra modesta nota suscitó algunos comentarios que mucho agradecemos, siendo uno de ellos, el del apreciado José Rafael Herrera, quien apunta hacia la perspectiva gramsciana del intelectual orgánico.  En alguna ocasión intentaremos el abordaje, aunque no encontramos todavía una cierta novedad que ensayar al respecto, evitando la repetición escolar, excepto pretendamos un desarrollo sobre el intelectual inorgánico que sirve de mera pieza propagandística,  devenido burócrata o fetiche para el régimen que solo se sirve de su nombre de pila.

            Incorporado el texto a Instagram, nuestra querida Iruña Urruticoechea llamó la atención sobre Manuel Fraga Iribarne, la personalidad española que nos sirvió de ejemplo: abofeteó a Sofía Ímber en el curso de una entrevista televisiva realizada en Caracas, y, aunque no hemos dudado de su testimonio, porque ella misma lo vio, lo creyó propio del franquista que fue, y – nos aventuramos - alguna explicación y reparación tendría un hecho tan grave. Hay todavía evidencia en las redes de un incidente verbal que provocó cierta consecuencia política en España, a propósito de la bandera vasca (“Ikurriña”), negada o  zaherida por el entrevistado en el programa de Sofía y Carlos Rangel  de mayo de 1976 (http://cic1.ucab.edu.ve/cic/php/buscar_1reg.php?Opcion=leerregistro&Formato=w&base=imber&cipar=imber.par&Mfn=1155&Expresion=_(!BFraga_Iribarne,_Manuel).

            Siempre tan acucioso, el estimado Ramón Escovar León nos remitió una fotografía de juventud e hizo varios comentarios alrededor de Fraga Iribarne, incluyendo una anécdota: obsequiado con numerosos libros, el autor tuvo que hacer alguna gestión en la línea aérea, porque al venezolano no le alcanzaba para pagar el sobrepeso del equipaje con destino a Maiquetía.  Y convalidando nuestra hipótesis sobre el oficio político y la especialidad,  Escovar León considera que Fraga es un constitucionalista que está a la altura de Manuel García Pelayo.

            Nos satisfizo tocar el tema, además, por otros comentarios recibidos a favor y en contra del líder gallegos, añadida – se nos dijo -  la gran amistad que tuvo con Fidel Castro, pero . finalmente -  apuntemos, por una parte, que la entrevista citada es todavía una formidable muestra del nivel de formación, información y lenguaje del entrevistado y de los entrevistadores para la emisión rutinaria de una televisora de señal abierta que las nuevas generaciones ni siquiera imaginan; y, por otra, destacamos la referencia democrática que fue Venezuela, digna de imitar, y la negación de Fraga Iribarne sobre el enriquecimiento indebido del franquismo. Dato éste importante, porque suscribimos el texto luego de culminar la lectura de Joaquim Bosch en torno a la corrupción ibérica (“La patria en la cartera” (Ariel, Barcelona, 2022), y apenas comenzada la novela de Fernando Aramburu sobre ETA  (“Patria”,  Tusquets, Barcelona, 2016). 

04707/2022:

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/37530-posdata

domingo, 26 de junio de 2022

De una faceta radicalmente humana

DEL OFICIO POLÍTICO Y LA ESPECIALIDAD

Luis Barragán

Forzados a hacerlo periódicamente, aunque sarna con gusto no pica, según la expresión venezolana, surgió del reacomodo de libros y papeles en casa, uno de los títulos que guardamos con gran cariño al representar una etapa lectora de la vida, así como una canción delata alguna remota etapa sentimental.  De título justiciero, diserta el viejo líder gallego para la coincidencia y la discrepancia, como pocos ahora suelen hacerlo, quizá porque la banalidad y el espectáculo se hicieron del oficio, o, siendo lo mismo, la posmodernidad lo ha teñido por completo: “El cañón giratorio. Conversaciones con Eduardo Chamorro” de Manuel Fraga Iribarne (Argos Vergara, Barcelona, 1982).

            Consumado constitucionalista al que le correspondió jugar también roles estelares para abrir y mantener a España en una transición sostenida, el entrevistador lo acusó de tener  el Estado en la cabeza, después de ejercitar la cátedra y publicar varios libros de la especialidad.  No obstante, extendiéndonos en las citas, expresó: “Yo creo que la creación humana en política asciende, más bien, de la dificultad permanente, de que no siempre lo que es real es racional, y de que intentar racionalizar la realidad es una empresa muy difícil  […] Porque pensar que el problema de la relaciones entre el poder civil y el poder militar se arregla con leyes es una equivocación. Se arregla con grandes decisiones políticas, se arregla con el prestigio y con la autoridad” (15, 83).

Siguiendo a Fraga Iribarne, podemos profundizar en el fenómeno militar, dominarlo al extremo,  suscribir los más sesudos ensayos, y elaborar magníficas leyes, siendo lo aconsejable, mas no, lo imprescindible, ya que lo crucial reside en el acierto de las decisiones adoptadas, materia prima irreemplazable de la política y de toda política aún capaz de negarse a sí misma. Por supuesto, existe la tentación de cultivarla como una de las bellas artes, pero no es posible ocultarla como una de las facetas más crudas y radicalmente humanas: aceptarlo, facilita el reto de hacerla éticamente eficaz.  

            Significa que el oficio político tiene una naturaleza que le es muy propia y, a la vez, no está reñida con alguna disciplina que lo complemente, le dé soporte, e, incluso, e permita cubrir un vacío en la sociedad. Así, ciertamente numerosos, recurrimos a un par de ejemplos: Rómulo Betancourt se hizo experto en materia petrolera en el país que no los tenía en los partidos, ni en la opinión pública; y Rafael Caldera lo fue en el derecho del trabajo, en tiempos desconocedores de la misma clase trabajadora.

            Por ello, hoy, hacer la política es también repensarla en el contexto de una sociedad castigada por la ignorancia que deliberadamente irradia el poder establecido, por lo que no entendemos al dirigente que, combatiéndolo, simultáneamente no se entere y denuncie con fundamento, los apagones, porque conoce con determinada profundidad de la industria eléctrica; la inseguridad alimentaria que nos embarga, enterado a fondo del mundo agropecuario; o la violación de los derechos humanos, porque sabe de los derechos fundamentales y sus dimensiones procesales, dentro y fuera del país. Vale decir, el conocimiento al servicio de la acción impostergable que legítima la política, lo políticos y a los políticos.

27/06/2022: 

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/37483-oficio

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY