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domingo, 22 de febrero de 2026

Noticiero retrospectivo

- Luis Cipriano Rodríguez. “Guerra es guerra” (Filmo López, general ministro de la defensa acata el fallo de la Corte marcial: en El Amparo hubo un enfrentamiento armado y no una masacre). Tribuna Popular, Caracas, 04/05/1990.

- J. R. Núñez Tenorio. “En América Latina: Crisis del marxismo” (y II). Últimas Noticias, Caracas, 09/07/95. Suplemento Cultural.

- Pedro Galán Vásquez. “COPEI ¿Crisis o división?”. Últimas Noticias, 21/02/82.

- “La pepsidemocracia: Grupo Cisneros”. Resumen, Caracas, N° 560 del 05/08/84.

- Luis B. Prieto F. “Pido la palabra: ¿Hay una justicia militar?”. El Nacional, 06/12/88.

Reproducción: Aquiles Monagas, Marisabel de Urbina, Marisabel Urbina de Arocha y el reportero. “´Está comprobado que mi esposo nodisparó contra Delgado Chalbaud: tengo que encontrar su cadáver y averiguar quién le dio muerte´”. El Universal, Caracas, 11/02/1958.

Noticiero retrospectivo 1

Noticiero retrospectivo 2

domingo, 28 de septiembre de 2025

Noticiero retrospectivo

- Graciela Schael Martínez. “En El Guaire se bañaban grupos nudistas”. El Universal, Caracas, 31/07/1983. Estampas.

- Aníbal R. Martínez y los 60 años de la primera Ley de Hidrocarburos. El Nacional, Caracas, 22/06/80.

- Enrique Ochoa Antich. “El 18 de octubre, ¿golpe democrático?”. El Nacional, 22/10/79.

Rodolfo Quintero. “Marxismo y antimarxismo” (China). El Nacional, 04/01/85.

- José M. Serna. “Ciudadanía y pacto fiscal” (IVA). Economía Hoy, Caracas, 28/09/89.

Reproducción: Jesús Olivo Monteverde, secretario de Organización, y Nerio Nery Mago muestran los archivos del Frente Democrático Nacional (FDN), según Carlos Flores para un reportaje de Luis Eloy Gámez sobre el partido. Elite, Caracas, N° 2208 del 20/01/68.

martes, 9 de abril de 2024

Lombrosianos

TRANSGREDIR EL LENGUAJE

Luis Barragán

Considerado un reduccionismo por la otrora intelectualidad podemista española, corroboramos que la lucha de clases no es el motor de la historia ni el partido leninista su principal propulsor.  Agravada exponencialmente la herencia venezolana de la centuria anterior,  no otra que la de un agotado rentismo petrolero que todavía no consigue una fuente alterna de supervivencia, real y concreta, todo lo explica o dirá explicarlo el más obsceno estereotipo fundado en el resentimiento social por motivos económicos, étnicos, corporales, partidistas,  o de cualquier otra invención que incluye la personificación caprichosa del victimario y el consiguiente e inapelable escarmiento.

El conflicto es el de los imaginarios sociales que ahora requieren de una atrevida actualización, según convenga al poder establecido urgido de evadir su responsabilidad sobre esta ya perpetua calamidad nacional, traspapelándose en medio de las circunstancias reales o artificiales, eso sí: armado y armamentista. No obstante, el asunto no está en las limitaciones o inexistencia de una normativa que, además, se dio tempranamente, añadida la práctica e interpretación forense correspondiente, sino en una narrativa capaz de validar todo planteamiento, estratagema y acción continuista.

Dos rutas conducen hacia la presunta renovación de un lenguaje de y del poder en las vísperas de unos comicios que desinhibida y directamente ha administrado, evitando en lo posible un error de cálculo semejante al de 2015. De un lado, reservado para sus adeptos más cercanos un apasionado sectarismo que apuesta a la simultánea salvación de todos, negando la posibilidad de que la haya selectiva o individualmente, deja para las masas o lo que queda  de las clases subalternas el lenguaje patriótico, encubridor del apoliticismo que, por cierto, les visó el ascenso a la dirección del Estado un cuarto de siglo atrás; y, de otro, la celeridad que el régimen le ha imprimido en su tránsito hacia una definitiva criminalización de la oposición, ideando tipos o subtipos penales que esperan también por la opinión de los especialistas, pues, no sólo a los dirigentes políticos o a los opinantes de oficio les concierne una materia que ha de prometer y escarbar en una distinta criminología y criminalística.

Hay quienes suponen que el llamado a una discusión semejante, con el concurso de los académicos,  nos distraerá de un modo contundente respecto a la muy específica coyuntura electoral que nos convoca, acaso, desconfiando del sentido común de la gente y aceptando la transgresión del lenguaje mismo que permite y permitirá increíblemente reglamentar el antifascismo desde actitudes o posturas que son fascistas. La sola lectura de un autor marxista de creadora flexibilidad, como Antonio Gramsci, por ejemplo, contribuye a una perspectiva de análisis cada vez más necesaria en torno a la amarga experiencia  suficientemente padecida, en lugar de las manías panfletarias que le restan profundidad al mensaje.

Ocho años atrás, dijimos del propósito oficial de forzar y modelar artificialmente una oposición fascista, como siempre ocurrió u ocurre con el socialismo real (https://www.youtube.com/watch?v=XQccTBfwrR8&t=325s), subestimada toda polémica. Hoy, el ensayo es el de una inaceptable caracterización lombrosiana que aspirará a hacerse el idioma político por excelencia en el paradójico esfuerzo de despolitización de los venezolanos.

Composiciones gráficas: LB.

09/04/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/transgredir-el-lenguaje/

martes, 26 de marzo de 2024

¿Aforismo o fórmula?

BREVÍSIMO TRÁNSITO GRAMSCIANO

Luis Barragán

De tardía recepción y quizá despedida en Venezuela, por su flexibilidad y relativa novedad entre nosotros, la perspectiva de Antonio Gramsci constituye un aporte válido y consistente para interpretar el proceso devenido revolución socialista en un país que dijo no esperarla, aparentemente resignado a sus nefastas consecuencias. Nociones tan relevantes como hegemonía social, bloque histórico, consejo de fábrica, intelectual orgánico, príncipe moderno, entre otras, están – acaso, mecánicamente – integradas a la jerga de quienes, por un lado, respaldándolo, o, por el otro, adversándolo, explícita o implícitamente, pactaron en no debatir jamás en torno a la profunda vocación, propósito y sentimentalidad marxista de un proceso que dislocó el curso del presente siglo.

Mucho menos, ahora, en los inicios de una extravagante campaña electoral, sin las mínimas condiciones que digan autorizar un evento genuinamente competitivo, que promete la extrema banalización de las diferentes opciones oficialistas que redunde en el triunfo esperadísimo de la que genuina y ventajistamente lo es.   La metamorfosis del rentismo petrolero que todavía busca una generosa y estable fuente de ingresos, mediante las llamadas zonas económicas especiales, ha significado la emergencia de una lumpemburguesía cónsona con la lumpemproletarización de Venezuela, y, apelando a la expresión del autor sardo en torno al fascismo, útil para constatar el “resultado organizado de una descomposición social”.

Imposible concebir una hegemonía social y la consiguiente conformación de un sólido bloque histórico de cara a la realidad de los últimos años, cuando se evidencia un abierto y, faltando poco, argumentado rechazo frente al continuismo gubernamental, en todos los ámbitos; sólo existe un férreo y obsceno monopolio estatal de los medios de comunicación social, u ocho millones de venezolanos inconformes están fuera de su país, por citar algunos ejemplos. Predominando el uso de la violencia,  perdido el carácter de partido-dirigente de un oficialismo reminiscente de los antiguos y circunstanciales consensos que generó, mediante la polarización artificial e intensiva, la travesía gramsciana es por los parajes de un simple régimen de fuerza.

E, igualmente, el periplo advierte una debilidad creciente del liderazgo político en el poder, agotado, cansado y exasperado, al mismo tiempo que de la auténtica oposición que ha soportado los mil y un embates de las fuerzas obscurantistas también desesperadas por empujarla a los predios del fascismo. Por cierto, ésta es la respuesta que estimula el actual régimen en el entendido de que, si se jode, nos jodemos todos, según el aforismo que perdería garbo con una vanidosa traducción al latín.

Signo de los tiempos, demandamos vocación y destreza, talento y experiencia, para una convincente articulación política con arraigo social en la construcción de los nuevos consensos, aunque también exigimos la más adecuada y, en lo posible, acertada interpretación de las realidades en movimiento que desembocarán en otras ojalá distintas. Por ello, sepamos, que el intelectual orgánico no es precisamente el panfletario de conjuras y conjeturas que baña las redes saltando con garrocha de noticia en noticia, infundada.

Gráficas: LB (CCS, 24/03/2024).

26/03/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/brevisimo-transito-gramsciano/

jueves, 22 de febrero de 2024

A pie juntillas

SER SOCIALISTA HOY

José Rafael Herrera 

A mis distinguidos compañeros del Instituto de Filosofía y Teoría Política “Heinz Sonntag” del CEDES

Las cosas, como dice Aristóteles. se conocen por sus orígenes. Y los orígenes, es decir, los fundamentos históricos y conceptuales del ideario socialista son de hechura occidental. De hecho, forman parte inmanente de su ser y de su conciencia, de su hacer, de su pensar, de su decir. Es el hijo rebelde de la Ilustración francesa, de la economía política inglesa y del Idealismo alemán. De ahí que el socialismo represente la continuación y el resultado de las ideas y valores de las grandes conquistas sociales y políticas alcanzadas por Occidente, después de los ensayos republicanos hechos por la antigüedad clásica (Grecia y Roma), el Renacimiento italiano, el proceso revolucionario francés y las luchas por la Independencia en América, esa Artemisa de Occidente. Pero ese Frühsozialismus, heredero de la inteligencia liberal europea, el de Saint-Simon, Owen, Fourier, Cabet o Marx, nada tiene que ver con su versión y consecuente deformación despótica.

A diferencia de la civilización oriental, cuya característica esencial presupone una representación milenariamente autocrática del poder, la cultura occidental fue capaz de construir una sólida base civil de sustentación de sus instituciones, con base en la cual el consenso -y no la coerción- terminó por imponerse como la conditio sine qua non de la organización del Estado, su base real, el fundamento de las sobrestructuras jurídicas y políticas.

Maquiavelo, en Il Principe, da cuenta de esta diferencia sustancial entre Oriente y Occidente: “Los ejemplos de estas dos diversidades de gobierno son, en nuestro tiempo, el Turco y el Rey de Francia. Toda la monarquía del Turco está gobernada por un señor. El rey de Francia está puesto en medio de una antigua multitud de señores reconocidos por sus súbditos y amados por ellos”. Esta diferencia fue advertida por Gramsci, al dar cuenta de las razones por las cuales el socialismo en Occidente no podía ser, en ningún caso, autoritario ni estar gobernado por un “Turco”, es decir, por un déspota. “En Oriente el Estado lo es todo, la sociedad civil es primitiva y gelatinosa; en Occidente, entre el Estado y la sociedad civil existe una justa relación y en el trepidar del Estado pronto se percibe la robusta estructura de la sociedad civil”.

El “socialismo” oriental es un morbo, una suerte de Frankenstein que, en los últimos tiempos, ha mostrado su más genuino rostro: el de ser una organización criminal, un gansterato. Es, en el mejor de los casos, la praxis de una contradicción en sus propios términos. Es verdad que Lenin, Mao Tse-tung o Kim Il-sung, durante sus respectivas instancias en Occidente, llevaron a Oriente las ideas socialistas. Pero, al implementarlas, era inevitable que se impusiera el peso de sus milenarias tradiciones históricas y culturales. Marx fue revestido con la casaca de un zar, o con la toga de seda de los emperadores chinos. El socialismo se hizo “Turco”, diría Maquiavelo, autocrático, ajeno a las libertades civiles. En una expresión, dejó de ser socialismo, por lo menos tal como lo habían concebido sus fundadores europeos.

Hay algo patológico en quienes persisten en la ignorancia. En Alemania e Italia se intentó consolidar un modelo político autocrático, totalitario, de clara ascendencia orientalista. Se le denominó “nacional-socialismo”. Occidente tembló, y vino la guerra. Hubo sangre, sudor y lágrimas. Al final, el desquicio llegó a su fin, pero la amenaza de una renovada batalla de las Termópilas se hizo inminente.

En nuestros días, América Latina ha sido infestada por ese totalitarismo orientalista. Detrás de las baratijas chinas se ocultan estrategias y propósitos bien definidos. Por fortuna, en los últimos años, la sensatez se ha venido imponiendo. Y a pesar de la siembra populista, que solapa al despotismo, poco a poco se percibe el rechazo a las pretensiones de transmutar el quehacer político en un negocio de sindicatos criminales. En la historia, camino de la libertad es un pesado calvario.

Definir “lo que es” es la tarea principal de la filosofía. Parmenides, el penetrante filósofo de la antigua Grecia y primer exégeta del Ser, lo definió mediante lo que él no es. El Ser no nace ni muere; dice el eleata. No fue ni será; no tiene ni antes ni después; nada se puede pensar ni decir de él que ya no sea; no es divisible, ni heterogéneo, ni indefinido. Así, el ser se define en su identidad con el pensar por medio de su negación, dado que el Ser es en cuanto que el no-Ser no es. Siguiendo el ejemplo parmenídico, tal vez convenga intentar, por una vez, una redefinición del significado del Ser del socialismo por medio de lo que él no es.

Un ejemplo, quizá, permita comprender este entramado ontológico. Es natural pensar que no-Ser de izquierda es Ser, lógicamente, de derecha. Cuestiones de mera tautología, se dirá, o de exquisiteces lingüísticas. Pero, en realidad, no-Ser de izquierda es Ser intolerante, no concebir respeto ni por la diversidad ni por el disentimiento. No-Ser de izquierda es ser inflexible, rígido como las piedras, disecador profesional de ideas o, más bien, la negación misma de toda idea. De ahí su constante deseo de querer que nada cambie, su reaccionaria añoranza de la permanencia, su irrefrenable inclinación por el conservatismo y por los cuadernos cuadriculados, como reflejo fidedigno de sus disecadas bóvedas craneanas.

No-Ser de izquierda es creer que la justicia y el derecho los dicta -lo impone- el sagrado interés del jefe-único, indiscutible y absoluto, ya que Él y sólo Él es la expresión del poder en cuanto tal, la sustancia-atributo devenida persona, el sujeto-objeto resurrecto, el ungido en carne y sangre. Ni el consenso, ni la democracia, ni la pluralidad, ni la participación cuentan, a menos que semejantes derechos sean decretados -¡oh!- como un acto caritativo, una gracia de su suprema majestad, lo que para toda tiranía resulta insostenible.

Decía Octavio Paz que “las cosas estarían mejor si Marx hubiera leído a Hölderlin”. Sin duda, el gran poeta alemán fue un hombre de progreso. En su Hyperión, Hölderlin hace afirmar a uno de sus personajes: “¡que cambie todo a fondo!”. El cambio, no la forzada quietud –y aquí cabe pensar más en Heráclito que en Parménides- es sinónimo del “Ser de izquierda”. Muchos creen serlo, a pie juntillas. Pero, como dicen las Escrituras, “por sus hechos los conoceréis”.

22/02/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/ser-socialista-hoy/

jueves, 21 de diciembre de 2023

Algo más que circunstancial

DE LA MILITARIZACIÓN DEL MARXISMO

Luis Barragán

Puede aseverarse que Chávez Frías tuvo por oficio y concepción del mundo, la violencia y, en consecuencia, fue inevitable el ejercicio de la política desde la perspectiva del autoritarismo, camino al poder, y, en definitiva, su consagración, una vez conquistado.  Sin embargo, a modo de ilustración, un oficial de alta graduación como Larrazábal Ugueto jamás hubiese impulsado una transición hacia la democracia, en 1958, por lo que luce imposible generalizar la fórmula.

Curiosamente, el sucesor, Maduro Moros, nunca tuvo por profesión las armas, sino la agitación política que lo llevó a perfeccionarse en los cursillos de Cuba, pero es heredero de un militarismo del que cuida muy bien en cultivar acaso cual factor de legitimación. Digamos, el Comandante en Jefe de la Fuerza Armada, propulsor de un socialismo militarista que no es exactamente equivalente al militarismo socialista y, en exacta propiedad y correspondencia, heredero de un específico desarrollo teórico y práctico de cuño leninista, así no lo sepa.  

Aníbal Romero nos orienta en torno a la militarización del marxismo que le concedió una extraordinaria relevancia a las categorías militares, equiparó la lucha política a la guerra militar y se esmeró en provocar las condiciones para la violencia insurreccional, ponderando también los aportes de Gramsci y Mao, como se infiere del extraordinario capítulo alusivo de un libro necesario de leer y releer: “Tiempos de conflicto (Ensayos político-estratégicos)” (Ediciones de la Asociación Política Internacional, Caracas, 1986: 131 ss.). Partiendo del inevitable contraste con la perspectiva de Clausewitz, salvando las obvias distancias de tiempo, modo y lugar, la obra nos impone de la necesidad de reflexionar sobre el curso adquirido por el régimen actual, por cierto, declarada la consabida guerra de Israel contra Hamas,  en un contexto harto diferente de la Guerra Fría que canalizó la confrontación entre el capitalismo y el comunismo, reducido a la de una más directa rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética (128 ss.), remitiéndonos a un presente que sella la alianza entre los intereses comunistas y los fundamentalismos religiosos, versus la civilización occidental.

Nada casual, en este siglo XXI venezolano jamás se ha dicho o predicado en torno a la lucha de clases, al menos, desde las más altas esferas del poder establecido, sino que, negando en todo lo posible la política y la ciudadanía, aunque no hemos llegado literalmente a la guerra civil, pareciera y muchísimo que somos víctimas de ella, por el miedo internalizado en la población, la crisis humanitaria y la diáspora, entre otras evidencias. El elemento insurreccional ha sido una constante (100), gracias a los factores y sectores oficialistas que pugnan por sobrevivir permanentemente, diferenciándose de los enemigos, preferiblemente los del pasado político que se le resisten o dicen resistírsele, traspasando los límites de la reinvención de los actores de la oposición, además, considerados objetivos militares inmediatos por pedir o insinuar la aplicación del TIAR.

Los ultraizquierdistas en el poder, formados al ritmo de las bonanzas petroleras de la anterior centuria, aunque en ésta tuvieron ocasión de disponer de la más jugosa de todas las que hemos tenido en la historia, sólo se declaran y entienden como marxistas en el sentido del leninismo militarizante y, no por casualidad, tienen en la imputación del delito de traición a la patria, uno de sus mejores armas que les ahorra alguna mediana argumentación.

Quizá la única manera de compaginar a los cívicos y a los militares de la alianza que sustituye a las antiquísimas de carácter obrero-campesinas, los fuerza a la militarización de un socialismo tan indefinido, como el miraflorino,  capaz de ser cualquier cosa dejando solo como saldo las bayonetas.  Por ello, el ensayo de Romero es un magnífico incentivo para actualizar una aproximación a la dimensión militar de un régimen que, a diferencia de la vieja polaridad, actúa en el marco de una peligrosa multipolaridad que el autor previó “signado de un mayor desorden, y por inéditas pero aguda manifestaciones de conflicto, en un mundo intensamente competitivo y sujeto a una más aguda confrontación, por recursos escasos y calidad de vida”; acotemos, cita ésta tomada del magnífico aporte destinada originalmente a la formación de los cadetes de la Academia Militar, principiando los noventa del veinte (“Aproximación a la política”, Universidad Simón Bolívar, Caracas, 1990: 229).

Creído un régimen absolutamente circunstancial, ya tiene  un cuarto de siglo a cuestas y, a su deliberada falta de profundidad doctrinaria e ideológica, esto es, argumentativa y legitimadora, se suma la de sus críticos, supuestos adversarios y acérrimos opositores.  Por ello, Romero es pertinente hoy.

16/10/2023:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/40154-de-la-militarizacion-del-marxismo

domingo, 7 de mayo de 2023

Noticiero retrospectivo

 


- "Temen secuestro de (Rómulo) Betancourt por presencia de Máximo Canales en Berna". El Universal, Caracas, 06/08/1968.

- Arturo Uslar Pietri. "Pizarrón: La tentación de la violencia". El Nacional, Caracas, 29/03/92.

- Carlos Canache Mata. "¿Qué hacer?" (Partidos). El Nacional, 21/07/90.

- Alejandro García Maldonado. "Mirador de Piedra: La crítica fílmica". El Nacional, 07/01/56.

- Carlos Blanco. "¡Cuidado con el marxismo!". El Nacional, 13/07/80. Papel Literario.

Reproducción: Escandaliza a Caracas el desnudo de Héctor Myerston interpretando a Eduardo II en la obra de Antonio Constante, Ateneo de Caracas. Momento, Caracas, nr. 716 del 05/04/1970. 

miércoles, 3 de mayo de 2023

Más acá y más allá

¿SERÁ POSIBLE REVALUAR EL DISCURSO LABORAL DE OPOSICIÓN?

Guido Sosola

Inevitable referirse al anuncio laboral (y económico), hecho por Nicolás Maduro recientemente.  Es obvio que, en nada, contribuye a mejorar la situación que él mismo ha agravado.  Empero, el asunto está en que solemos atascarnos en lo incidental, en lugar de permitirnos desarrollar un discurso opositor más complejo que el de las cuatro paredes que han diseñado los estrategas oficiales.

Más acá, siendo tan excepcional el planteamiento,  es importante vincular la noticia con la evolución misma del derecho laboral venezolano, disciplina que ha retrocedido extraordinariamente a la luz de los acontecimientos.  Hace poco, un amigo demostró que la tendencia de finales de los noventa del veinte, frustrada por Hugo Chávez y sucesor,  fue la de convertir el bono en salario, y, por consiguiente, reivindicar las prestaciones sociales desaparecidas en la cruda realidad ya de varios lustros.

Ocurre que los dirigentes sindicales, o sus equivalentes, poco o nada dicen al respecto, entre otras razones, porque el promedio carece  de la debida formación doctrinaria y política en una materia tan indicadora del curso socialista.  No por casualidad, en los días que corren, la vocería gremial universitaria es más importante en la materia,  porque ha desaparecido la otrora dirigencia sindical que, con todas sus fallas, fueron tan experimentadas.

Más allá,  lo ideológico no encuentra cauce bajo un régimen que profesa el marxismo, vaya usted a saber de tamaña paradoja.  El debate público nada sabe, ni le interesa, inducidos todos a banalizar el tema, aunque,  la otra paradoja, parece que la llamada justicia social encuentra mejor asidero en los países capitalistas que, empezando por ahí,  tienen que distribuir.

Tememos que, al pasar los anuncios del 1° de mayo, volveremos resignados a la rutina y, en lugar de una estrategia que puede incluir también la calle, grupitos aislados se prestarán a mover a cuatro gatos de acuerdo a lo que le conviene al régimen, dizque para protestarlo.  El discurso, el mismo de siempre, ya devaluado. ¿Será posible revaluarlo?

Anexo: El Globo / Economía, Caracas, 1997.

viernes, 24 de marzo de 2023

Noticiero retrospectivo



- "Temen secuestro de (Rómulo) Betancourt por presencia de Máximo Canales en Berna". El Universal, Caracas, 06/08/1968.

- Arturo Uslar Pietri. "Pizarrón: La tentación de la violencia". El Nacional, Caracas, 29/03/92.

- Carlos Canache Mata. "¿Qué hacer?" (Partidos). El Nacional, 21/07/90.

- Alejandro García Maldonado. "Mirador de Piedra: La crítica fílmica". El Nacional, 07/01/56.

- Carlos Blanco. "¡Cuidado con el marxismo!". El Nacional, 13/07/80. Papel Literario.

Reproducción: El Nacional, Caracas, 04/09/1948.

domingo, 12 de junio de 2022

Una rosca política

DE LA UNIVERSIDAD DE IZQUIERDA

Luis Barragán

Paradójicamente, sucumbe la universidad venezolana bajo un régimen muy antes creído como su mejor garante, a pesar de la amarga experiencia cubana. Sus integrantes se hicieron defensores a ultranza de la autonomía que, ahora, desde el poder, pisotean, por lo que no basta que se les niegue el carácter mismo de izquierda.

            Recordamos que acudimos con reservas a un foro celebrado en la escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela (UCV), tiempo atrás, con algunas reservas,  ya que en los tiempos juveniles eran espacios vedados a quienes no éramos militantes marxistas, irrumpiendo varias veces a golpes.  En la sala llamada “Simón Sáez Mérida”, increíblemente, disertamos con toda tranquilidad, quizá porque las aulas ya están abiertas a otras tendencias ideológicas, quizá porque se mantiene intacta la herida del asalto violento que hizo el chavismo de esos lugares.

            Oportuno y necesario, circula el título digital de Anderson Ayala Giusti, “La universidad de izquierda” (CEDICE, Caracas, 2022). Tesis de grado  ordenada y paciente, teóricamente bien fundamentada, que da cuenta de la propagación del marxismo en y desde la Universidad Central (UCV), en nada diferente a lo que ocurrió con el resto de nuestras casas de estudios.

            Tamaña influencia tiene correspondencia “al menos durante la única etapa democrática que se ha podido forjar en el país” (205), constituyendo la otra paradoja.  Inevitable que el autor deseé saber si ha ocurrido algo semejante en las universidades de La Sorbona de París, la Complutense de Madrid o la de Buenos Aires.

            Pocos arriesgan con un novedoso trabajo de grado, frecuentemente convertido en un dolor de cabeza que posterga innecesariamente el licenciamiento, pero bien acota Andrés Guevara, tutor y prologuista: “ … Las tesis de grado que realizan los estudiantes no son meros trámites burocráticos o administrativos para obtener un título, sino que bien llevadas, hechas con empeño y tesón, pueden transformarse en obras que perduren en la posteridad”. Así ha pasado con Ayala Giusti, marcando una importante línea de investigación para el futuro.

PRODUCCIÓN DE LIBROS

Entrada la presente centuria, aún podía encontrarse en los remates de libros, antiquísimos y numerosos ejemplares universitarios dedicados al marxismo, sin que asomaran otra opción. Incluso, todavía conservamos la edición de un título italiano dedicado al cine de mediados de los ´60 del ´XX, traducido a tiempo, intensamente marxista, que siguió ofertándose abundantemente muy después.

            Tempranamente, notábamos que unos docentes eran publicados, mientras otros no gozaban del favor de la imprenta universitaria por razones que supusimos estrictamente políticas e ideológicas. De pronto, un insigne lector de la prensa del siglo XIX, pasaba de cronista a historiador por el prestigio que, ciertamente,  como refiere Ayala Giusti, daba el sello ucevista (69, 105).  

            Siendo distintos y también farragosos los caminos para probar la influencia marxista, el tesista empleó uno que, por demasiado obvio, nadie se percató de su eficacia. Así, la producción editorial de la casa de estudios condujo a una prueba irrefutable de la hipótesis (55).

            El capítulo VI da cuenta de las entregas de las Ediciones de la Biblioteca de la UCV, Fondo Editorial de Humanidades y Educación,  Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, y Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. Un elevado porcentaje de títulos y autores, directa e indirectamente, versa sobre el marxismo, reducidas o inexistentes otras alternativas.

            El testimonio de varios amigos que transitaron el aula en tiempos de la consabida subversión armada,  nos lleva a un sectarismo e intolerancia hoy inimaginable respecto a las fuerzas que dominaban la Ciudad de Villanueva. De modo que tampoco pudo hablarse de libertad de cátedra en varias escuelas, anegadas también de un discurso panfletario.

COLONIZACIÓN

Negada la pluralidad y el pluralismo (46), es necesario precisar qué se entiende por marxismo y, a la vez, sin que constituya su principal propósito, objetarlo.  E, igualmente, delimitar el trabajo para evitar los extravíos a los que puede dar lugar:  “La Universidad Central de Venezuela (sujeto), sobre todo desde mediados del siglo XX en adelante (contexto), ha difundido a través de sus publicaciones (canal) el conocimiento, las ideas y la información producidos (mensaje) en el seno de la propia institución, puestos así a disposición de la sociedad venezolana (receptor), con la intención de democratizar su acceso (intenciones) y contribuir con el desarrollo del país por medio de su aplicación práctica (efectos que se persiguen)” (69).

            Asistimos a un fenómeno que es el de la transmisión oral y bibliográfica, con proyectos de investigación, trabajos de ascensos y tesis de (post) grado, redondeado por la noción de hegemonía cultural, siendo indispensable  Gramsci para el desarrollo del trabajo. Ha significado el refuerzo de valores e intereses, inscrito en la perspectiva y cosmovisión marxista (77), aunque también con las fallas de un egresado que aspiraba al mercado de trabajo sin haber visto la teoría de costos (129).

            Hegemonía que se expresa en una colonización o, mejor, una ocupación previa, descarada y brutal, porque la UCV conoció etapas de franca violencia interna, como puede apreciarse en la prensa más antigua, desde el impedimento por la fuerza de un homenaje postrero a Mariano Picón Salas en 1965, o la del indiscutible Herbert Marcuse, acusado como agente de la CIA. El llamado movimiento de renovación constituye una experiencia de marxización  (39, 58, 131), sin que uno de sus albaceas – Néstor Francia - diga de su destino y del destino mismo del país, en medio de esta dolorosa travesía iniciada por Chávez Frías al que apoyó tan entusiastamente.  

            Todavía la queja es simplista, maniquea e interesada en relación al allanamiento de la universidad que decidió el entonces presidente Caldera (41 ss.), ejemplificada por varios y dispersos comentarios, recientemente dispensados durante una sesión de la ilegítima Asamblea Nacional (https://www.youtube.com/watch?v=Rcj4bzOE8lI&t=5566s).   Correctamente enfocada por Ayala Giusti, tratamos de una cultura de izquierda desinhibidamente anacrónica.

            Por prematuro que parezca, muchos – añadida la dirigencia estudiantil y profesoral – desean olvidar el allanamiento de Maduro Moros (141 s.).  Por cierto, bastante particular respecto a la remodelación masiva que también hemos denunciado ante el legítimo parlamento.

UNA ROSCA POLÍTICA

Apenas,  faltando dos títulos referidos al movimiento estudiantil, el tesista en cuestión emplea nueve de Orlando Albornoz, equivalente a un merecido tributo al sociólogo que ya pocos refieren tan injustamente. De la universidad, hoy, no se habla en profundidad y ya está vedada la fuente periodística especializada, como nunca antes se había visto.

            Hemos pasado de la izquierda victimizada,  por siempre, a la cínicamente victimaria, y disentimos de quienes ven un interés académico antes que una deliberada penetración (99)    de las fuerzas que representaban el marxismo de entonces, alzado en armas y que, después, quedó burocráticamente entronizado; no fue casual que jamás pudiera impartir clases Guillermo Morón en la escuela de Historia bajo un absoluto control de la rosca marxista, por ejemplo (https://elestimulo.com/cultura/2020-04-23/guillermo-moron-aqui-no-pasa-nada-todos-son-unos-imbeciles). Además, que apenas fueran tres los rectores clara y abiertamente militantes del marxismo, obviando a decanos de facultad y directores de escuela, no significa que otros no hayan permitido y abonado a la penetración y entronización, pues, todavía esperamos por estudios que den cuenta del rol jugado por Jesús María Bianco, pretendido defensor de la autonomía universitaria, cuyo lenguaje público varió esencialmente de compararlo con el - por supuesto -  joven diputado que fue en los años cuarenta del veinte.

            Camarillas que pelean con los libros o las armas, contra el sistema (58), siendo crucial el dominio del gremio estudiantil (105), conforman el poderoso  status quo universitario, reconfigurado al superar el allanamiento realizado a principios del primer gobierno de Caldera. Confrontado con el bipartidismo que gira sobre el fortalecimiento exagerado del Estado (47),  cuenta con el presupuesto público universitario, y un conjunto de profesores, investigadores y, muy importante,  líderes de opinión que lo convierten, a nuestro juicio, en una suerte de  partido o para-partido, junto a las Fuerzas Armadas. Valga acotar, creído como involuntario, Ayala Giusti ha cometido un error al señalar a Víctor Giménez Landínez, como profesor marxista o filo marxista (110).

            Por mostrar una faceta, la ausencia de sendos concursos de oposición, ayudó a la conformación de la rosca política, en principio de marcado fundamentalismo marxista (23, 128), cuyo sector más ortodoxo ha ejercido el poder (104, 138), abandonando los espacios universitarios que luego desea humillar y doblegar.  Otra faceta, hubo voceros del mundo universitario muy calificados en la opinión pública que nos llevan a otra paradoja: Héctor Mujica fue un prominente marxista-leninista,  defensor  de las libertades en un tiempo en el que hizo una férrea oposición, primer presidente de un Colegio Nacional de Periodistas, cuyo hijo ejerce hoy la representación diplomática de Maduro Moros en Francia; gremio ahora perseguido e impedido de realizar sus libérrimas elecciones.  Huelgan los comentarios.

            Finalmente, no sabemos si el libro llevará al estrellato a Ayala Giusti y a su tutor-prologuista, pero lo cierto es que marca un hito (15), como bien lo intuyó.  El respaldo editorial de CEDICE ayudará a su promoción y, ojalá, lectura de los sectores universitarios y partidistas, aunque en nada les interesará a aquellos que gestionan un tal diálogo social con Miraflores.

Fotografías: LB,  UCV (Caracas, 08/02/2022),

13/06/2022:

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/37404-de-izquierda

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY