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sábado, 11 de marzo de 2023

Calor

Domingo 3A Cuaresma  12 marzo 2023 

“El agua que yo le daré salta hasta la vida eterna” (Jn 4, 5-42)

 (Diálogo sobre el Evangelio de hoy: La samaritana)

 José Martínez de Toda, SJ. 

¿Has pasado alguna vez bastante sed?

Eran las 12 del mediodía. Hacía calor. Los discípulos con Jesús van llegando al Pozo de Jacob. Es un pozo que se llena por un arroyo subterráneo; tiene 31 metros de profundidad y una circunferencia de algo más de dos metros.

Los discípulos deciden ir a Sicar, un pueblo vecino de Samaria, a buscar comida, mientras dejan a Jesús solo descansando en la frescura del pozo bajo los árboles.

De pronto se va acercando una samaritana con un cubo para subir agua del pozo.

Jesús la ve y le pide de beber, pues no tenía cubo.

Junto al pozo de Jacob conversa Jesús con esa mujer desconocida, samaritana y, por lo tanto, despreciable para los judíos, que viene al pozo a mediodía, quizá para no encontrarse con las otras mujeres del pueblo, que se ponían de acuerdo para venir juntas y conversar en la mañana o en la tarde. Para ellas era casi más importante el hablar entre sí que recoger agua.

La mujer queda sorprendida por la petición de Jesús. Y le recuerda:

¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

¿Qué le responde Jesús?

Es un modelo de diálogo, el más largo de los cuatro evangelios. Jesús no quiere entrar en polémicas ni en diferencias ancestrales y culturales entre ellos. Le responde directamente:

"Si conocieras el don de Dios, si conocieras quién te pide de beber, tú le habrías pedido a él y él te habría dado agua viva, agua que salta hasta la vida eterna.” 

¿Cuál es esa agua viva, que salta hasta la vida eterna?

El agua es una metáfora común en el Antiguo Testamento para la satisfacción de necesidades espirituales.  “Junto a aguas de reposo me pastoreará” (Salmo 23:2). 

El ‘agua viva’ de Jesús es el Espíritu, que Él nos envía, una fuerza de vida espiritual que reside dentro de nosotros, alimentándonos y renovándonos desde dentro.

La mujer no entiende esto de ‘agua viva’. Por eso Jesús le cambia la conversación: “Anda, llama a tu marido… aunque has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido”.

Ésta es una mujer con sed afectiva, que la hace ir alocadamente de hombre en hombre hasta encontrarse actualmente abandonada por todos.

Pero Jesús no la condena, no la amenaza ni la intimida. Todo lo que Él hace es invitar (v. 7), desafiar (v. 10) y reafirmarla (v. 17) tratando pacientemente de aclarar sus dudas.

La mujer maravillada le pregunta: “Señor, veo que tú eres un profeta. A ver qué me dices de esto: Nuestros padres dieron culto en este monte, y Ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén. ¿Quién lleva la razón?”

Efectivamente los samaritanos se separaron de los judíos, aumentando su relación con los no judíos. Por ejemplo, se comenzaron a casar con ellos. Más adelante, construyeron su propio templo en el Monte Moriah, donde Josué construyó un altar (Deut. 27:4...) y donde Dios mandó a Abrahán sacrificar a su hijo Isaac. (Gen. 22:2; cf. Gen 12:6) y que fue después destruido por el rey judío Juan Hyrcanus en el 128 (a. C.). Pero el lugar del templo en Moriah permaneció el centro de veneración samaritana, particularmente como lugar para observar la Pascua.

En definitiva, ¿dónde se debe adorar a Dios?

Jesús responde: “Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalén se adorará al Padre. Dios es Espíritu; y los que quieran adorarlo, lo pueden adorar en cualquier sitio en espíritu y en verdad” (v. 24). Es decir, como espíritu, Dios no está restringido por la geografía y, por lo tanto, puede estar presente en todos los lugares. 

La mujer se pone curiosa con este judío que la conoce tan bien, sin haberla visto antes, y que responde tan sabiamente a sus preguntas. Y ahora sí amigablemente le suelta el tema del Mesías, en que coincidían judíos y samaritanos, y que llenaba de curiosidad a todos. Y le dice: “El Mesías nos dirá todo”.

¿Qué le responde Jesús?

Yo soy el Mesías, el que habla contigo” (v. 26). El “Yo soy” recuerda a Dios hablando desde la zarza con Moisés: “Yo soy el que soy. Así dirás a los hijos de Israel: ‘Yo soy’ me ha enviado a ustedes.” (Éxodo 3:14). 

Jesús se revela completamente a esta mujer marginada.

Mientras tanto, los discípulos van llegando, y le insistían: “Maestro, come”. Jesús les explica: Yo tengo por comida un alimento, que ustedes no conocen. Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. Los campos están ya dorados para la siega. Unos sembraron, otros segaron y recogieron la cosecha. Todos se alegran lo mismo”.

La mujer queda asombrada por todo lo que ve y oye, y cae en la cuenta de que está ante el esperado Mesías. Se olvida del cántaro y sale corriendo al pueblo para anunciar lo que ha visto y oído.

Ella, que ha sido una vergüenza para todos, cumple ahora con un ministerio importante para la comunidad: anunciar la llegada del Mesías.

Y éste la rehabilita tratándola con el mayor respeto y hablando con ella por largo rato. 

¿Cómo reacciona la gente del pueblo?

La gente sale a escuchar a Jesús, se lo llevan entusiasmados al pueblo, creyeron en Él y le invitaron a que se quedara con ellos unos días. Y le decían a la mujer:

Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído, y vemos que él es el Salvador del mundo.”

  Ésta es la más fuerte confesión cristológica encontrada en el Evangelio.

  Era algo increíble que los samaritanos trataran tan bien a un maestro judío, y que éste aceptara quedarse con ellos un par de días. Tan increíble también como que el judío Jesús escogiera un samaritano para ser el héroe de una de sus más importantes parábolas: la del Buen Samaritano.

La historia de la samaritana se pone en Cuaresma. Nos recuerda que la Cuaresma no es sólo el tiempo en que nosotros pecadores nos ponemos en camino hacia Dios. La Cuaresma es el tiempo en que Dios sale a nuestro encuentro, como Jesús salió con su trato al encuentro de la samaritana marginada.

Fuente: Correo electrónico (Román Mendoza).

Ilustración: Vincenzo Catena.

Padre Peraza: https://www.facebook.com/arperaza/videos/589811619705231/

Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=PKsNbNe1lSo

sábado, 26 de noviembre de 2022

Adviento

Domingo 1A Adviento    27 diciembre 2022 

“Estén siempre preparados, porque a la hora que menos piensan, viene el Hijo del Hombre” (Mt 24, 37-44)

 

(Diálogo sobre el Evangelio de hoy: Estar en vela)

José Martínez de Toda, SJ

¿Cómo fue la gran inundación?

“Los vecinos de Noé comían, bebían, se casaban…”, sin pensar para nada en que su fin se acercaba. Le llevaría a Noé mucho tiempo construir y aprovisionar el arca.  Le verían trabajar, y le habrían preguntado sobre ello. Ciertamente, él les diría que se arrepintieran de sus pecados, para que ellos, también, fueran salvados. Sin embargo, no le hicieron caso, y pensaban que Noé era un fanático religioso.

            Y cuando las aguas empezaron a subir, los vecinos se sorprendieron y comenzaron a preocuparse. Al ver que el agua se acercaba a sus casas, se pusieron más ansiosos. Al ver que el agua continuaba subiendo, empezaron a tener miedo. Al ver que el agua se llevaba todo, se pusieron histéricos.  Cuando se espabilaron lo suficiente para hacer algo, era demasiado tarde.  La hora de preparación ya había pasado. El diluvio arrasó con todo.

¿Qué otra comparación pone Jesús?

Describe a la gente llevando una vida ‘normal’ en el campo, en el molino… No hay ninguna indicación de que hoy será diferente al de ayer o al día anterior.  La vida sigue. Pero de pronto uno muere y el vecino sobrevive. La venida de la muerte será rápida y sorpresiva.

Esas dos situaciones, descritas por Jesús, eran muy parecidas a las de hoy.  Hay quienes avisan de esa posibilidad (de emergencia), pero pocos los toman en serio. Jesús concluye: “Así será también con la venida del Hijo del hombre”. Se encontrarán sin preparar. 

Jesús en este evangelio habla de su futura venida. ¿Pero no vino ya en Belén?

            Jesús viene a nosotros en muchas formas:

            Viene en Navidad, viene cada día cuando escuchamos su Palabra en el Evangelio, cuando lo recibimos en la comunión, cuando viene en la persona de un amigo que te ayuda, de un necesitado que me necesita…

            Pero hay otras venidas imprevistas en momentos de tensión, de persecución, de enfermedad, a la hora de la muerte, al final del mundo…

 

Hay algo en lo que no queremos ni pensar: cómo moriremos.

La muerte nos puede venir de repente o poco a poco.

Puede ser un accidente de carro, de bus, un terremoto. No estás seguro en ningún sitio, ni en las Torres Gemelas. Sin embargo, hasta la gente que tiene trabajos peligrosos (bomberos, policías, soldados) encuentra difícil imaginarse su propia muerte. 

También puede ser que muramos poco a poco de alguna enfermedad o de viejos; en este caso, tendremos la oportunidad de prepararnos espiritualmente mejor.

A la hora que menos lo pienses, vendrá el Hijo del Hombre, te encontrarás con Él.

Cada domingo, en el Credo, lo recordamos: "Y de nuevo vendrá con gloria a juzgar"…

Y hoy, en Adviento, hacemos un paréntesis para reflexionar también en esta venida del Señor en su parusía (o presencia) del último día.

¿Todo será negativo al fin del mundo?

Abundan en la Biblia imágenes positivas que expresan que todo lo bueno del mundo conocido quedará y será transformado en “el cielo nuevo y la tierra nueva donde habitará la justicia” (2 Pedro 13). Son innumerables los textos proféticos que describen el futuro con símbolos de alegría y de fiesta. (Isaías 60, 1-22; 62 1-12; Amós 9, 11-15; Miqueas 4, 1-5; Sofonías 3, 14-20; Apocalipsis 21, 1-8; 22, 1-21).

El fin del mundo fue también comparado en la Biblia a un parto. Para que un nuevo ser nazca son necesarios tiempo, amor, paciencia, esperanza, y en el momento decisivo, en las horas finales, se necesita esfuerzo y paciencia para los dolores tremendos.

Según S. Pablo, en este parto ya ha asomado el niño, ya ha nacido la cabeza del hombre nuevo, que es Jesús. La humanidad, que es el cuerpo, nacerá tras él (Efesios 1, 22; 1 Corintios 12, 12 y 27). Ése es nuestro deber: ayudar a ese nacimiento.

¿Qué debemos hacer? ¿Cómo podemos estar listos?

Una clara respuesta de Jesús se encuentra más adelante en este evangelio, en el Juicio Final. Allí, cuando Jesús dice que actividades como dar de comer a los pobres, dar de beber a los sedientos, dar la bienvenida a un desconocido, vestir a los desnudos, y visitar a los prisioneros serán, como si las hubiéramos hecho por Cristo mismo (Mt 25:31-46). 

Entonces, más nos vale estar listos. Y así podemos dejar el resto en manos de Cristo.

            La persona que vive en constante compañía con Jesús no será amenazada por su repentina aparición de Jesús.  En cambio, la venida de Jesús será una ocasión para alegrarse, muy parecida a lo que sentimos cuando vemos a un ser querido después de mucho tiempo sin verle – o como la alegría que siente una persona perdida al ver que alguien viene a rescatarle.

¿Cómo debemos esperar al Señor?

<Cuando un amigo tiene que hacer un regalo o tomar una decisión en nombre de otro, piensa: ¿qué le gusta, qué haría él? Intenta ponerse en su lugar, meterse en su piel para acertar. Esto supone vivir una relación de intimidad, confianza y amor.> Es lo que se llama ‘empatía’.

S. Pablo nos aconseja: "Revístanse del Señor Jesús", es decir, pongámonos en su lugar: ¿Qué haría Jesús en esta ocasión? Así mejoraremos nuestro estilo de vida de una forma determinada y concreta. Y no puedo acertar si no tengo una relación de confianza y de amor con Él.

Revestirse del Señor Jesús es soñar con el profeta Isaías en una vida en la cima de la montaña donde el Reino de Dios es luz, paz y justicia.

Revestirse del traje de Jesús es tener el deseo y el sueño de vivir para la justicia y el amor y que ese sueño nos posea y nos impulse a luchar contra toda injusticia y todo odio.

El vestido de Jesús viene en una sola talla para todos. Y no tiene precio, es un regalo de Dios. Pero hay que llevarlo con dignidad. Hay que llevarlo en la lucha por la justicia.

Hay que vigilar para no perderlo. Hay que amarlo hasta dar la vida por él.   

Fuente; Correo electrónico (Román Mendoza).

Ilustración: Liviu Dumitrescu.

Misa Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=BAa9oOuSAsc

Reflexiones del Padre Peraza:https://www.facebook.com/871245462/videos/1192345694698578

Homilía Padre Martín: https://www.youtube.com/watch?v=zN49fPFJk6E

Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...