Mostrando las entradas con la etiqueta Fernando Botero. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Fernando Botero. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de septiembre de 2023

Una parábola que se las trae

Mt 20, 1-16

LA JUSTICIA DE DIOS

José Enrique Galarreta

Es una característica parábola paradójica, cuya fuerza reside sobre todo en lo sorprendente del relato, y su peligro en que entendamos el cuento como mensaje y no como soporte del mensaje. Nos viene muy bien para mejorar nuestro conocimiento del género parabólico.

El relato está perfectamente ambientado en las costumbres de la época, en su planteamiento. Naturalmente, a todo el mundo le va extrañando que mande obreros a la viña cada vez más tarde, y a última hora. Esto forma parte de "la intriga" del relato, que va captando la atención del auditorio.

Cuando llega la hora de pagar, viene la sorpresa. Ciertamente, no se hace injusticia a nadie, pero hoy diríamos que se hace un "agravio comparativo". Hasta aquí, solamente hay relato: Dios no hace injusticias, pero tampoco agravios comparativos; el mensaje no va por ahí.

El final de la parábola nos puede dar una pista para entender el mensaje; la cuestión de "últimos y primeros", es decir, la cuestión de nuestras maneras de juzgar y valorar, y las maneras de juzgar y valorar de Dios mismo.

Los que para nosotros son los últimos, los de la última hora, quizá sean para Dios los primeros. Los que para nosotros son los primeros, los de la primera hora, quizá sean para Dios últimos.

Las dos aplicaciones que los contemporáneos podían sacar inmediatamente de la parábola, una vez superada la sorpresa, serían sin duda:

Una interpretación "inmediata", la sorpresa, incluso el rechazo, tan típicos del impacto que las parábolas producían, y tan acordes con lo que pretendía el mismo Jesús: sus parábolas empiezan por algo conocido, razonable, aceptable, y de pronto dan un giro y sorprenden, incluso escandalizan.

Quizás algunas buenas personas pensaron: "¡menos mal!, esos pobres desgraciados podrán llevar pan a sus familias esa noche, porque el amo es generoso". Pero sin duda la mayoría pensarían: "no hay derecho, debería pagar más a los primeros".

Y ahí está precisamente el mensaje de Jesús, en esa sorpresa, porque el Reino no es simplemente razonable, porque "mis pensamientos no son vuestros pensamientos".

Una segunda aplicación, muy en consonancia con el mensaje de Jesús: los últimos en llegar son los gentiles, que van a ser igualados con Israel en la Iglesia y en el Reino. No olvidemos que este es un fragmento de Mateo, y que el evangelio de Mateo se escribe para una comunidad de procedencia judaica, en la que sin duda podría haber resistencias fuertes a la equiparación de judíos y gentiles para incorporarse a la Iglesia. (No hay paralelo a este pasaje en los otros evangelistas).

Y, por encima de lo que aquéllos entendieran, lo que podemos entender nosotros: la incorporación al Reino y la relación con Dios no es cuestión de méritos ni de justicia, es cuestión de que "el amo es bueno". Todos reciben, sin duda, pero el Reino es un don que no se merece. Ni el conocimiento de Dios ni el perdón se merecen ni se pagan.

La relación con Dios se basa en que Dios ama, es decir, obra muy por encima de la justicia; y nosotros amamos, es decir, nos movemos muy por encima de la justicia, del mérito, la culpa, el premio o el castigo.

Nuestros caminos y nuestros planes: violencia, predominio del más fuerte, marginación del débil, instalación en la comodidad de esta vida, disfrutar de lo presente...

Razonando un poco más humanamente llegamos hasta pensar en justicia, socorrer algo a los necesitados (sin perder nuestro status), moderar las comodidades con un poco de austeridad, disfrutar de cosas más sencillas...

Y, más allá, Jesús, sus caminos y sus planes. "El Reino de Dios se parece..." empezaba la parábola. Es decir, no se parece a nada de lo que piensa la humanidad en general, y muy poco a lo que nosotros pensamos. Desde luego, no se parece a la violencia, pero ni siquiera a nuestra justicia. No se parece al lujo, pero ni siquiera al moderado disfrute de esta vida. No se parece a ganar, triunfar, destacar, ser famoso... Todas esas cosas no son primeras; son últimas, muy últimas, en el Reino de Dios.

El que vive en el Reino de Dios está por encima de la justicia, en sus relaciones con Dios y en sus relaciones con los demás. Si manejamos aún los viejos conceptos de pecado como culpa, virtud como mérito, premio-castigo, justos y pecadores... estamos aún lejos del Reino. Dios no piensa así, no son esos sus pensamientos.

Si juzgamos a los demás, les damos para que nos den o porque nos dan, amamos a los que nos aman, perdonamos solamente a algunos, damos solo dinero y de lo que nos sobra... estamos aún lejos del Reino.

Si pensamos que nosotros, la iglesia, somos los primeros en el Reino, y los que no conocen a Jesús ni a Dios son últimos; si pensamos que el Papa, los Obispos, los sacerdotes, los que vamos a misa los domingos... somos primeros en el reino; si miramos a los niños, a los discapacitados, a los menos dotados, como últimos, como menos personas...

Si pensamos que los que van de cooperantes al tercer mundo van como salvadores, a dar lo que los otros no tienen, si pensamos que Occidente es el Bien y el Maestro...

Si seguimos creyendo que los bienes materiales son signo de la bendición de Dios, si miramos las enfermedades como castigo o como prueba, si nuestra oración consiste en pedir a Dios que colabore a que se haga nuestra voluntad por encima de la suya...

Si todas o algunas de estas cosas pasan por nuestro espíritu, o son la tónica de nuestro espíritu, estamos lejos del Reino.

Lo malo es que en el fondo de nuestro espíritu no hemos tragado aún que somos nosotros los últimos del Reino, aunque conozcamos a Jesús o quizá precisamente por eso. La más inquietante de las frases de Jesús es sin duda: "Las prostitutas y los publicanos os llevan ventaja en el Reino de Dios". Porque, confesándolo o no, nosotros nos sentimos antes que toda esa gente en el Reino de Dios.

LOS VIÑADORES DE LA HORA UNDÉCIMA

José Enrique Galarreta

A usted y a otras muchas personas se les ha atragantado siempre esta parábola. Hay dos parábolas de Jesús que suelen atragantarse: la del administrador infiel, porque algunos piensan que Jesús está recomendando que hagamos trampas, y ésta, la de los viñadores de la última hora, porque el comportamiento del dueño de la viña nos parece evidentemente injusto.

¿Cómo puede estar bien que se pague lo mismo a los que han aguantado todo el día en la viña, sudando y agotándose, que a los que llegaron al caer el sol y casi ni rompieron a sudar? ¿Qué clase de justicia tiene Jesús en la cabeza?

La historia, que empezó siendo normal, se iba volviendo cada vez menos creíble. No es normal que un amo esté todo el día mandando obreros a la viña, la gente empezaría a sorprenderse... pero luego, a la hora de pagar, ¡resulta que a todos les paga lo mismo! Y ahora sí que la gente se identificaría mucho con los que trabajaron todo el día y protestaron.

Y no les convencería nada la explicación del amo: "Quedé contigo en un denario, ¿no?, pues ahí lo tienes, Si quiero darle a este otro un denario, a ti no te hago injusticia: ¿vas a ser tú envidioso porque yo soy generoso?". Ni los trabajadores de la primera hora, ni la gente que escuchó a Jesús, ni usted están muy de acuerdo con esta solución Y esto es lo que quería Jesús, exactamente esto: que la gente se sorprendiera, que usted se sorprenda.

Jesús no está diciendo que esta actuación es justa, no; Jesús sabe muy bien lo importante de ser justo en la retribución del trabajo. Él mismo ha sido un trabajador manual, probablemente también a sueldo. Sabe que la hermandad de los trabajadores se funda en la justicia, en que el vago no cobre, en que el que trabaje más cobre más. Jesús no es un ingenuo, sabe de qué habla; Jesús sabe que el dueño de la viña no ha actuado justamente.

También en la parábola del administrador tramposo sabía perfectamente que su comportamiento no estaba nada de bien. En aquella parábola no estaba recomendando que hiciéramos trampas, y en esta no está recomendando que seamos injustos en los salarios, ¡estaría bueno! Pero sí está intentando sorprendernos, para que entendamos algo más importante aún.

Jesús no está hablando de los oficios, de los sueldos, de los obreros: Jesús está hablando de Dios, y de cómo es el Reino de Dios. En los oficios, en el trabajo, en los sueldos, la justicia es muy importante. En el Reino, también: pero no basta con la justicia: hay más, hay mucho más que la justicia. También es normal que creamos que Dios es justo: pero Dios es más, muchísimo más que justo.

Nuestras enseñanzas sobre Dios siempre han entendido que Dios es justo y misericordioso. Es decir, ante todo justo, pero con cierta tendencia a la benevolencia. Es todo lo que podemos imaginar de un juez bondadoso. Pero al aplicarlo a Dios, esto se queda corto. Dios es justo porque es misericordioso, Dios es misericordioso porque es justo.

Lo más justo que hace Dios es perdonar, porque sabe de qué barro estamos hechos, porque sabe que no somos culpables sino víctimas del pecado. Dios no es verdugo de culpables, sino médico de enfermos.

El médico no castiga, se esfuerza por curar: ésa es la justicia de un buen médico, curar. Jesús no castiga a los endemoniados que gritan y muerden y rompen, los libera de sus demonios. Jesús no aplica a los leprosos la justa Ley que manda apartarse de ellos. Rompe la ley y se acerca y los toca, para curar. Sí, Jesús no es justo porque cumple la Ley, sino porque es compasivo.

El amo de la viña era también generoso, y compasivo: le dieron pena aquellos desgraciados a los que nadie había contratado y se iban a marchar a casa con cuatro perras, sin poder comprar ni pan para sus hijos: y les dio más, porque su corazón era generoso y los otros estaban muy necesitados. Si los otros trabajadores fuesen inteligentes, se alegrarían: quizá otro día ellos mismos serían los de la última hora; es bueno saber que hay buena gente por el mundo, que no vive de la seca justicia.

En todos estos temas, entenderemos mucho mejor el mensaje si nos situamos en un punto de vista correcto. Piense en lo de la adúltera, el buen ladrón, Pedro, esta misma parábola.

En el caso de la adúltera, a los legistas sin duda les pareció mal: si usted fuera uno de ellos, le parecería mal. Pero si usted fuese la mujer, ¿cómo se sentiría?

El caso del buen ladrón es escandaloso: un perdón gratuito, sin pagar nada por sus delitos... si usted fuese la madre del buen ladrón ¿qué le parecería?

Lo mismo en el caso de Pedro, lo mismo en la parábola de hoy. Si usted fuese un viñador que ha sudado todo el día, a lo mejor se va a su casa lleno de rencor. Pero si usted fuese la mujer, o los hijos, de los de la hora undécima, que esperaban al caer el sol a ver si ese día podrían comer... ¿qué le parecería?

Y es que Jesús está diciendo que Dios piensa y siente como la madre del condenado a muerte, como la mujer del viñador tardío... Jesús está hablando de cómo es el corazón de Dios.

Y usted, y yo, nos alegramos de saber cómo es Dios: Dios es mucho más que simplemente justo. Dios es como el padre del hijo pródigo, que no hizo justicia, no exigió restitución, no actuó sensatamente; se volvió loco de alegría porque había recuperado al hijo que ya daba por muerto.

Y usted, y yo, que en nuestra vida cotidiana nos vemos obligados a vivir en el ámbito de la seca justicia, y que incluso tantas veces echamos de menos que haya justicia en el mundo, que no la hay, descubrimos que Jesús va aún más allá: la justicia es necesaria... pero es solo los cimientos del Reino.

Más allá está el mundo soñado por Jesús, en el que reina la fraternidad, que es infinitamente superior a la justicia. Porque Dios es así, porque solo Él es justo.

Ilustración: Fernando Botero. 

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/760-la-justicia-de-dios.html

Reflexiones Padre Peraza: https://www.facebook.com/arperaza/videos/324297340277163

Misa Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=6zJmdcR40O8&t=346s

domingo, 17 de abril de 2022

Noticiero retrospectivo

- "Manuel Pérez Vila. "El Maracaibo de (Ambrosio) Alfínger". El Nacional, Caracas, 09/09/79.

- Luis Herrera Campíns y la unidad de COPEI. Entrevista de Pedro Eloy Labrador. El Nacional, 09/06/68. 

- "Eleazar Pinto le mintió al Congreso". Resumen, Caracas, nr. 441 del 18/04/82. 

-  Presidente Pérez inauguró exposición de Fernando Botero en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. El Nacional, 05/04/89.

-  Raúl S. Estévez. "Era una joya y se cayó: Templo Colonial de Los Guayos". Bohemia, Caracas, 5 al 11/06/78. 

Fotografía:  Iglesia La Candelaria y su Plaza en 1901, Caracas.  Aporte de Juan Manuel Fuentes Ramajo para Caracas en Retrospectiva (https://www.facebook.com/photo/?fbid=10151419450653491&set=oa.10151313075262039). 

domingo, 20 de febrero de 2022

Grados del amor

AMAR A LOS ENEMIGOS

Diálogos sobre el Evangelio del Domingo
(Especialmente para radio)
“Amen a sus enemigos” (San Lucas 6, 27-38)
José Martínez de Toda, S.J.
Caracas, 20 febrero 2022

Pregunta 1 – ¿Cómo debo tratar a los demás? ¿Cómo me traten? ¿Con reciprocidad? ¿Es decir: si me tratan bien, los trato bien; y si me tratan mal, los trato mal?
Esta era la norma y la práctica de la antigüedad. El Código de Hammurabi (del siglo XVIII a. C.) especificaba el ojo por ojo y el diente por diente: “Haz a los demás lo que te hagan a ti”. Pero hay quienes se adelantaban: "Haz antes a los demás lo que te quieran hacer a ti”.
Algunos llaman a esto “Justicia”. Pero es ‘venganza’. Jesús nos dice que este tipo de reciprocidad no es un comportamiento del Reino de Dios. Así como Dios va más allá de la justicia a la misericordia, debemos hacer lo mismo, pero solo a través de la gracia de Dios.
Pregunta 2 – ¿Cómo explica Jesús el fin de la reciprocidad?
El evangelio de hoy trata cuatro puntos sobre este tema:
1 - ¿Qué hacer con personas que nos maltratan?
Jesús comienza esta sección diciendo: "Ama a tus enemigos", y pone tres y tres ejemplos: En el primer set: “Haz el bien a los que te odian” (v. 27b), “bendice a los que te maldicen” (v. 28a), “ora por los que te maltratan” (v. 28b).
En el segundo set de tres, él dice: “Al que te hiera en la mejilla, ofrece también el otro” (v. 29a), “al que te quite la capa, no te guardes el abrigo” (v. 29b), y “Dale a todos los que te lo pidan, y no le preguntes quién te quita tus bienes para devolverlos” (v. 30).
Los ejemplos que Jesús proporciona para ilustrar la palabra "amor" no están dirigidos a los sentimientos sino a las acciones. No significa que debamos tener sentimientos cálidos y confusos hacia quienes nos maltratan. En cambio, debemos actuar de manera calculada para beneficiar a la otra persona, para hacer que el bienestar de esa persona sea nuestra preocupación.
No debemos permitir que personas de principios menores establezcan la agenda. Debemos tomar la iniciativa amando, haciendo el bien, bendiciendo y orando. Jesús lo demostró en la cruz: no maldijo a sus enemigos, sino que oró por su perdón.
Y termina con la Regla de Oro: “Traten a los demás como quieran que les traten a Ustedes” (v. 31). Algunos la interpretan en plan negativo. Philo dijo: "Lo que odias sufrir, no le hagas a nadie más". Los estoicos dijeron: "Lo que no deseas que te hagan a ti mismo, no lo hagas a ningún otro" (Barclay, 77).
Jesús la amplía en plan positivo. No solo debemos evitar comportamientos que no quisiéramos experimentar, sino que debemos practicar comportamientos que nos gustaría experimentar. Esto es mucho más proactivo y dinámico.
Pregunta 3 – ¿Cuáles son los otros tres puntos?
El segundo es: ¿Qué hacer con las personas que nos tratan bien?
Aquí Jesús nos alerta. Dar el bien por el bien es simplemente reciprocidad, y la reciprocidad no es el comportamiento del Reino de Dios. Incluso las personas que no siguen a Cristo dan bien por bien. Como discípulos de Cristo, debemos dar bien, si hemos recibido bien o mal. No debemos estar motivados por deudas que le debemos a otras personas o que nos deben a nosotros.
El tercero es: ¿Cómo debemos ser misericordiosos con los enemigos?
Aquí Jesús nos da los fundamentos teológicos de la conducta no recíproca. Debemos amar, hacer el bien y actuar con generosidad, porque "seremos hijos del Altísimo".
“Sean, pues, misericordiosos, como también su Padre es misericordioso” (v. 36)
El último es: Jesús nos recomienda no juzgar de pronto a los demás.
Somos inclinados a juzgar mal a los demás. Jesús nos previene de eso.
Debemos ser capaces de identificar el bien y el mal. Esto implica el discernimiento ignaciano de los Ejercicios Espirituales.
Pregunta 4 – ¿Cómo podemos medir el amor que Jesús nos pide?
He aquí una posible clasificación de los niveles del amor exigido por Jesús de menor a mejor nivel, como si fueran los pisos de un edificio:
1er piso – Debemos ser justos, respetando los derechos de los demás.
2º piso – Amar a los demás, quitando el odio.
3er piso – “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Esta es la verdadera igualdad entre todos, que no supone ‘primero yo y los míos’.
4º piso – Opción preferencial por los pobres. Los papás quieren a todos sus hijos, pero tienen como una ‘opción preferencial’ por el enfermo? A Dios le ocurre lo mismo.
5º piso – “Amen a los enemigos”. En la cruz dijo. “Perdónales, que no saben lo que hacen!”. Paso siguiente: Reconciliación.
6º piso – “Ámense como yo les he amado”, hasta morir en cruz.
Pregunta 5 - ¿Podemos establecer diversos Grados de Amor [EE 164-168]
1er Grado de Amor: Cumplo con lo mandado, con mi obligación, lo mínimo. Como enfermera que cuida a desconocido, hasta que termine su horario de trabajo.
2º Grado de Amor: Me da igual pobreza que riqueza, vida larga que corta, honor que deshonor. Indiferencia (Principio y Fundamento). Pero si se me pide, lo hago.
3er Grado de Amor: Quiero lo que prefiere Jesús. Me identifico con Él. Aunque sea igual gloria de Dios, quiero y elijo pobreza y oprobios por imitar a Jesús, que prefirió ser pobre. Éste es el culmen de la Civilización del amor.
Pregunta 5 - ¿Quiénes son los preferidos de Jesús?
Los pobres y necesitados. Hay una serie de textos, que nos orientan en su respuesta: Vida Oculta de Jesús, Sinagoga de Nazaret, Pobre Lázaro y Epulón, Joven rico, Fariseo y Publicano, Bienaventuranzas, “Si no se hacen como niños”, Los últimos los primeros, Juicio Final: “Tuve hambre” (A mí me lo dieron. Yo soy el pequeño, el que tiene hambre). Jesús tiene un amor preferencial por los necesitados, se identifica con ellos. “Siempre que lo hicieron con uno de estos pequeños, conmigo lo hicieron”. (Mt 25, 31-46).
Dios eligió lo necio (1Cor 1, 27-28), Se humilló (Filipenses 2, 5-7). Ignacio se hace peregrino: sólo y a pie. Textos clave para esta semana (Ver Huarte 2014: 207-208).
Punto 3: La vida oculta (Ver en Huarte 2014: 208-209: lunes). [EE 134, 271]. Jesús vivió 30 años en Nazaret. Imaginar un día cualquiera de Jesús en Nazaret. Vivió como un vecino más. Nos enseñó el valor del ejemplo, de lo pequeño y del estar cerca de la gente. ¿Por qué la vida corriente vale tanto a los ojos de Dios? (Huarte 2014: 209,6). Cómo debe ser mi vida? Austera, Sin afecciones desordenadas, “En todo amar y servir”, Humilde (como el hijo del carpintero).
Fuente: Correo electrónico.
Ilustración: Fernando Botero.
Cfr.

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY