Mostrando las entradas con la etiqueta Rómulo Betancourt. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Rómulo Betancourt. Mostrar todas las entradas

martes, 18 de agosto de 2026

De la orquestación cívica

EVOCACIÓN DEL LIDERAZGO DE ANTICIPACIÓN

Luis Barragán

Reconozcamos una habilidad frecuentemente inadvertida del régimen que conceptualmente lo es, a pesar de la irritación que suscita el término en el oficialismo: además de reprimir y excluir, desde principios del presente siglo promovió a determinadas individualidades y grupos de oposición, algunos noveles u otros ajenos al oficio, alcanzando una cierta selección artificial del liderazgo alternativo. Así, logró efectivamente neutralizar a aquellos de probada experiencia, a los que poco resistieron el nuevo orden de cosas, como muy pocos consiguieron sobrevivir al rudo modelo que se impuso para el desempeño público. Sin embargo, ahora, el agotamiento ha dado alcance a los tozudos elencos del poder, de obscuros intereses ya expuestos a la intemperie, y la perspectiva histórica apunta a la necesidad de fuerzas emergentes consecuentes con una tradición republicana, capaces de concebir, idear y hacer la política de un modo diferente.

Por ello, es necesario mirar aún más atrás para dar el salto más adelante todavía respecto a lo que podemos llamar el liderazgo de anticipación, pues lo hubo en reiteradas ocasiones en la centuria anterior: dirigentes políticos de pensamiento y acción —caras de una misma faceta— capaces de percibir el agotamiento o la insuficiencia de un orden cuando todavía no constituía una conciencia predominante, denunciarlo y esforzarse por implementar un proyecto histórico concreto para superarlo, llegasen o no a la dirección del Estado. Anticipaban, precisamente, porque no se limitaban a responder a la crisis una vez instalada: la advertían, procuraban darle sentido y se preparaban políticamente para el cambio que ella anunciaba, aun cuando no tuviesen asegurado el acompañamiento social ni la certeza de un desenlace inmediato.

La caída de la dictadura perezjimenista devolvió al escenario público a los actores políticos que hicieron posible una transición, evitando la regresión que constituye el riesgo inherente a todo proceso de cambio que se respete. Nos referimos a un liderazgo sistémico que produjo el relevo necesario, con una década y media de amargo aprendizaje que no cabría hoy en una pantalla, por inteligente que fuese el teléfono, incubado antes en liceos y universidades.

Solemos apreciar los sucesos de 1958, por ejemplo, desde una cómoda perspectiva histórica, como si aquella agitación tras agitación hubiera respondido a un libreto previo, libre de cualquier acertijo y angustia. Ni siquiera llegó al mes el consabido derrumbe dictatorial cuando volvieron al país para recorrerlo, salieron de la cárcel o de la clandestinidad para hacerse de la calle, los dirigentes partidistas que no tuvieron garantía alguna de su libertad, seguridad e integridad personal, afrontando un largo 1958 que produjo —hasta nuevo aviso— dos serísimos intentos de golpe de Estado, uno de ellos sangriento.

Aquella transición recaló en una crisis definitivamente existencial con la insurrección armada que, lejos del convencional desempeño como simples operadores, obligó a las —por entonces— nuevas generaciones de todo signo a realizar un intenso trabajo de articulación política con arraigo social, en defensa de una concepción de la persona, el mundo y las cosas que aportó a la consciencia ciudadana. Los hubo rebeldes aun tratándose  curiosamente del mismo espacio político e ideológico compartido con los más adultos, con clara vocación por el debate escenificado igualmente en el propio terreno social, con peso propio: líderes estudiantiles que multiplicaron a sus sucesores y, haciendo de la trinchera un aula (y viceversa), elevaron la capacidad sistémica al servicio de la libertad y de la democracia, así fuesen escasos los medios disponibles e incierto el desenlace de todos sus sacrificios.

Útil metáfora, la dirección de orquesta muestra la dimensión sistémica del liderazgo más allá de suscitar grandes emociones, colocar el acento personal y ponderar los límites de la ejecución. Décadas atrás, el conductor de una firme batuta reconocía el talento de los ejecutantes, no era celoso de su protagonismo, sabía que no había cupo para sus adulantes y sospechaba de toda crítica y de la audiencia, complacientes.

El liderazgo inconfundiblemente político, importa subrayarlo, consiguió la debida relación y correlación de espacios sociales, generacionales e ideológicos: anticipaba problemas, bregaba por respuestas, las defendía en cualquier terreno y rectificaba si era preciso. Le dio alcance un realismo capaz de generar confianza porque las convicciones eran demostradamente fuertes: una sabia orquestación política de la que las circunstancias actuales, si aspiran a un genuino e inequívoco cambio histórico, tienen todavía enormes lecciones que extraer.

Reproducciones procesadas por ChatGPT: 

Vicente Emilio Sojo, el Orfeón Lamas y la Orquesta Sinfónica Venezuela:

https://lbarragan.blogspot.com/2020/05/la-batuta-historica.html

Jóvito Villalba, Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, llegando a la plaza aérea del Centro Simón Bolívar para un mítin unitario. El Universal, Caracas, 10/02/1958.

18/08/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/08/evocacion-del-liderazgo-de-anticipacion/

domingo, 26 de julio de 2026

Noticiero retrospectivo



- Alberto Müller Rojas. “Felicitaciones a Herminio (Fuenmayor)”. El Globo, Caracas, 05/10/1992.

- Jorge Maldonado Parilli. “Valores tachirenses: El Dr. Tulio Chiossone”. El Mundo, Caracas, 30/05/84.

- Tarcisio Jáñez. “La personalidad revolucionaria de Santo Tomás”. Resumen, Caracas,N° 45 del 16/09/74.

- Rómulo Betancourt asalta el cuartel San Carlos. Qué Pasa en Venezuela, N° 59 del 01/04/65.

- Burnham pide la unidad para enfrentar a Venezuela. El Diario de Caracas, 08/07/81.

Reproducción: Graduación en la Escuela Militar, tomada de la prensa de sin fecha precisa, procesada IA. 

domingo, 12 de abril de 2026

Noticiero retrospectivo

 

- Álvaro Carrera. “Tribuna de la prisión: El sionismo en la DISIP”. Tribuna Popular, Caracas, 07 al 13/02/86.

- Juan Liscano. “Prisma: Televisionando (1)”. El Nacional, Caracas, 14/10/90. Papel Literario.

- Valmore Acevedo Amaya. “Los abusos del Estado” (Proyecto de Ley de Precios, Costos y salarios”). El Nacional, 02/07/83.

- “Barrio El Amparo: Cuando la policía se dedica al terror”. Tribuna Popular,10 al 16/03/89.

-Isbelia Segnini. “Mérida y el XX aniversario de su Instituto Geográfico”. El Nacional, 17/08/70.

Reproducción: Rómulo Betancourt con los presidentes de estados. Élite, Caracas, N° 1128 del 17/05/1947. 

domingo, 8 de febrero de 2026

Riesgos

VUELTA A LA PATRIA

Luis Barragán

Inmediatamente después de las consabidas jornadas del 23 de enero de 1958, salieron confiados de la peligrosísima clandestinidad y retornaron del amargo exilio, numerosos venezolanos. Por supuesto, conocedores de la historia, hoy los juramos no sólo confiados, sino superoptimistas y dispuestos a conquistar el mundo. Sin embargo, tratando de ubicarnos en aquella ya lejana coyuntura, sospechamos que hubo elementos para la desconfianza, la permanente vigilia, los reiterados riesgos, las inminentes amenazas.

No pasaron muchos días y se hizo multitudinario como festivo, el recibimiento de la dirigencia proveniente del exilio, por ejemplo. Todo parecía indicar que la situación estaba controlada, aunque sobraron los indicios de un retroceso sorpresivo, de un zarpazo inesperado, de una reacción calamitosa de las fuerzas y sectores desplazados del poder.

Para la primera quincena de febrero del citado año, ya habían pasado por Maiquetía Rafael Caldera, Jóvito Villalba y Rómulo Betancourt. La prensa de entonces, da noticias de un recibimiento popular extraordinario de aquellos que había llegado a un acuerdo unitario y unitarista en Nueva York, por cierto, discrepantes una década atrás.

A juzgar por el tormentoso año, en cualquier momento podía aflorar y afloraron las conspiraciones y, así, que se sepa, en julio y en septiembre de 1958 se alzó el ministro de la Defensa y un grupo de oficiales que produjeron una balacera terrible al pretender tomar a Miraflores respectivamente. Cualquier cosa y en cualquier momento podía ocurrir algo, dado el ambiente de continua agitación que tuvo un momento estelar y desafortunado con la visita de Nixon.

De modo que ese liderazgo no tenía ni podía tener póliza alguna de seguro, corriendo un riesgo gigantesco. Sencillamente, se vino, bregó, reconstruyó las instituciones. Y la coincidencia de Caldera y Villalba para recibir a Betancourt en el aeropuerto internacional, como lo refleja una gráfica de El Universal de aquellos días, le dijo muchísimo a la ciudadanía.

Reproducciones: El Universal, Caracas, 1° y 10/02/1958.

08/02/2025:

https://lapatilla.com/2026/02/08/luis-barragan-vuelta-a-la-patria/

domingo, 17 de agosto de 2025

Noticiero retrospectivo

- “Cómo habló en la Plaza Bolívar de Valencia el Presidente de la Junta Revolucionaria”. La Esfera, Caracas, 01/04/1946.

- Enrique Prieto Silva. “¿Militares o civiles?”. El Globo, Caracas, 07/02/2000.

- José Ramón Díaz. “36 militares del 27-N leyeron sus actas procesales”. El Globo, 30/03/1994.

- Luis Felipe Ramón y Rivera. “Trabajo para nuestros artistas”. El Nacional, Caracas, 20/10/1965.

- Radamés Larrazábal. “La oposición neoliberal a Caldera”. El Globo, 12/10/95.

Reproducción: Jesús Sanoja Hernández según Luis Noguera. El Globo, Caracas, 14/02/2000.

miércoles, 30 de abril de 2025

Data

LA PRIMERA DIVISIÓN

Eleazar Díaz Rangel  

1944 fue un año decisivo en la II Guerra Mundial. La Alemania nazi estaba acorralada por las fuerzas soviéticas en el Este, y las estadounidenses por el Oeste. Parecía inminente el segundo frente, la invasión a Francia ocurrió el 6 de junio. Once meses después tendrán que rendirse, Hitler se suicida.

Entre tanto, aquí se organizaban la Asociación Juvenil Venezolana (de AD), y la Confederación de Jóvenes de Venezuela (PCV), y la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV) es dividida por la derecha que forma la Unión Nacional de Estudiantes, con Caldera al frente. En cambio, el movimiento sindical hacía esfuerzos por unificarse. En febrero se instala la Comisión Organizadora de la Convención Obrera, aunque la presidía Augusto Malavé Villalba y lo acompañaban José González Navarro, Francisco Olivo, etc, dominaban los comunistas con Jesús Faría, Luis Miquilena, Manuel Taborda, Francisco J. Arrieti, Luis Felipe Ojeda. El PCV era mayoría en los sindicatos. En esos días viene Vicente Lombardo Toledano, presidente de la Central de Trabajadores de América Latina, su discurso en el Nuevo Circo fue un impulso a la unidad y combatividad de clase. También hablaron Andrés Eloy Blanco, Faría, el ministro Julio Diez, y Ramón Quijada, dirigente campesino.

El 10 de marzo se instala en el Nuevo Circo, con delegados de 150 sindicatos, de los cuales 106 dirigidos por comunistas y 44 por adecos. El 24 fue convocada la sesión de clausura en el Teatro Olimpia, donde debía elegirse la directiva de la nueva central sindical nacional, y ésta quedaría constituida. Llegado a este punto, los comunistas proponen que la directiva sea electa proporcionalmente, según sus fuerzas, mientras Quijada, por AD, propone que sea alguien independiente. Interviene Juvenal Marcano, se declara comunista y que siendo mayoría pueden decidirlo solos. Los sindicalistas de AD, después de acusar de comunistas a esa mayoría, se retiran, como lo habían acordado. Según versión de P. B. Pérez Salinas, en 1948 primer presidente de la CTV, también fue tema controversial un proyecto de acuerdo contra la revista “Selecciones” del Readers Digest.

En esa época estaba vigente la Constitución de 1936, cuyo artículo 32, inciso VI, establecía: “Se consideran contrarios a la independencia, a la forma política y a la paz social de la nación, las doctrinas comunistas y anarquistas; y los que las proclamen, propaguen o practiquen, serán considerados como traidores a la patria y castigados conforme a la ley”.

Imagínense ustedes esa disposición.

Ese mismo día levantan el acta de quienes se quedaron, y posteriormente, la Gobernación del Distrito Federal, dicta un decreto disolviendo la Convención e ilegalizando los 93 sindicatos y las tres centrales que permanecieron.

Políticamente, nadie le encontraba explicación, toda vez que el PCV apoyaba al gobierno del presidente Medina Angarita y AD era su más férreo opositor. Esta decisión generó una histórica polémica entre Rómulo Betancourt y Miguel Otero Silva.

¿Hubo influencia de la embajada de EEUU? ¿Fueron los sectores más reaccionarios del gobierno, incluidos militares, los que presionaron? Como sea, ha marcado la historia del sindicalismo.

Tales sucesos impidieron que se celebrara el 1º de mayo y estaba vigente el decreto del presidente López Contreras declarando el 24 de julio día de los trabajadores, en homenaje a Bolívar. Comenzó un largo proceso de lucha por la legalización de los sindicatos disueltos, y entre tanto, AD agrupaba la mayoría sindical, inesperadamente, con apoyo del gobierno.

Todos los esfuerzos posteriores por la unidad de la clase obrera fracasaron, ese período se alargó durante todos los años de la dictadura (1948-1958); derrocada, fue posible reunir un tercer Congreso de donde surge una CTV unitaria, con amplio predomino adeco. Esa unidad se rompió poco después. Y como es usual decirlo, pese a los esfuerzos hechos, sigue siendo una materia pendiente de la clase obrera venezolana que adolece de unidad y de conciencia de clase.

El jueves habrá otra celebración dividida, como se ha hecho, ¿inevitable?

9 yaracuyanas

Estuve en San Felipe en Semana Santa, y me traje estas breves impresiones:

1 No encontré hoteles ni posadas, estaban full. Nos salvaron Argenis y Gladys.

2 Tampoco había guarimbas ni nada parecido. Yaracuy es uno de los estados que no figura en el mapa del guarimbeo. Las pocas protestas son pacíficas.

3 La vialidad en buen estado, pero faltan señales advirtiendo curvas peligrosas, que las hay, en la carretera a Nirgua.

4 En la feria del buñuelo, en Cocorote, era más fácil encontrar churros que buñuelos. Pero lo mejor eran las arepas con chigüire.

5 Un mensaje que le transmito al gobernador Julio Heredia: una mayor atención al parque Leonor Bernabó, que, remodelado, podría convertirlo en otra atracción turística.

6 El mejor sitio para comer es el restaurante de granja Momento. Y para desayunos criollitos: búsquelos con Adelaida Martínez (96 años), en la calle 8 con Avenida 10. ¡Tiene 50 años preparándolos!

7 Los constructores de centros comerciales deben ignorar que en San Felipe no hay salas de cine y que un significativo porcentaje de la población, hace sus compras en los C.C de Barquisimeto.

8 Los aficionados al fútbol de duelo: a Yaracuyanos lo bajaron a segunda. Es un problema de billetes. Supongo.

9 Como hace unos 80 años, en estos días se celebran las Ferias de Mayo, en homenaje a San Felipe, patrono de la ciudad.

Apartando la amnistía que decretó el presidente Hugo Chávez, en la historia contemporánea no aparece otro antecedente. Cuando gobernaban los adecos (Betancourt y Leoni: 1959-1964) hubo centenares de presos políticos, y demandas de amnistía, particularmente en épocas de Navidad y ambos gobiernos fueron inflexibles, aunque hubo decretos parciales de sobreseimiento de juicios y de indultos. Quien la reclama hoy como condición para que el diálogo avance, es Henry Ramos Allup, secretario general de AD. ¿Qué pensaba él cuando se pedía una amnistía que favoreciera, entre otros a Pompeyo Márquez y a Teodoro Petkoff, a quienes se les acusaba de rebelión militar, pero no de la muerte de alguien? En AD hubo partidarios de esa ley, pero HRA era de la línea dura.

Vargas Llosa debió aclarar a cuáles estudiantes saludó, porque de los 2.600.000 universitarios, ni 3% participa en protestas.

Uno se pregunta si el rendimiento de Alex Cabrera en nuestra temporada, cuando ganó la triple corona y batió el récord de jonrones de Baudilio Díaz, estuvo estimulado por el uso de anabolizantes, como acaba  de ocurrir en México, donde no podrá jugar nunca más.

Henri Falcón declara  que “las protestas pacíficas  y constitucionales no se pueden limitar”. Ningún derecho ciudadano  es absoluto e ilimitado.  El art. 68 contempla límites  en “los requisitos que establezca la ley”.

27/04/2014:

https://www.aporrea.org/actualidad/a187090.html 

Ilustraión: Gosia Herba.

martes, 11 de marzo de 2025

La diáspora útil y comprometida (parábola histórica)

PLAN DE BARRANQUILLA, O EL OTRO MODO DE HACER POLÍTICA

Luis Barragán

La situación política y existencialmente planteada para los venezolanos del presente siglo, reclama la recuperación de una mínima, sobria y perfectible tradición política que le dio soporte a nuestras más exitosas experiencias institucionales; ejemplificada por el tratamiento consciente de los problemas, la fijación necesaria y pública de sendas estrategias que  desmiente toda la secretísima y mesiánica confidencialidad de su elaboración, remite a una experiencia de indispensable valoración. Valga la parábola histórica, el inmediato posgomecismo encontró a una oposición enfermiza, quebrada y agotada, dando ocasión para la paciente emergencia de un liderazgo luego condensado en las corrientes socialdemócrata, socialcristiana y comunista, atascada la respuesta liberal, por aquellos años; y, para la discrepancia y la coincidencia, surgieron documentos que provocaron una dura polémica de décadas, incluso, cercanos al centenario, como el que nos ocupa en esta oportunidad, demostrando – valga el énfasis -  la existencia de un exilio político realmente comprometido y útil.

Publicado el 22 de marzo de 1931, el Plan de Barranquilla (PB) fue inicialmente suscrito por los exiliados Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Pedro Juliac, Valmore Rodríguez, Ricardo Montilla, César Camejo, Pedro Rodríguez Barroeta, Simón Betancourt, Rafael Ángel Castillo, José Joaquín Palacios, Carlos Peña Uslar y Mario Plaza Ponte. Al abordar el período histórico, Elena Plaza caracterizó y catalogó los diferentes liderazgos de oposición que Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez conocieron, siguiendo cercanamente a Ramón J. Velásquez: todos tradicionales, excepto el representado por los jóvenes que se dieron a conocer a raíz de los consabidos acontecimientos de 1928, cuyo principal rasgo de modernidad parte con la conformación de sendas organizaciones políticas que consagraron el deslinde al fundarse el Partido Comunista de Venezuela (PACOV) y la Agrupación Revolucionaria de Izquierda (ARDI), ambos de 1931 [PLAZA, s/f.: 42].

ARDI tendrá por inspiración y sustento el citado plan de una indiscutible trascendencia que, no faltaba más, marcaba la diferencia y suscitaba la amarga disputa entre los revolucionarios y los reformistas [LENGRAND-SOSA, 1981: 182-187], sustitutiva de la más antigua entre los liberales y los conservadores. Se ha dicho y mucho del referido PB, por lo que creemos en la necesidad de dejar que el propio documento hable, intentando en lo posible una perspectiva diferente; al respecto, por una parte, adoptamos la metodología sugerida por [PUERTA BAUTISTA, 2023], revindicando, por otra, la elaboración y divulgación de un documento político, herramienta que fue común y cotidiana en el diario ejercicio político-partidista venezolano y, con mayor razón, al incursionar en la opinión pública; y, además, demostrativo de un diferente modo de hacer la política, hipótesis con la que abordamos el PB.

Agreguemos, prácticamente se ha generalizado la idea de la política en nuestro país como un fenómeno que nació con el ascenso de Hugo Chávez al poder si no, con su primera aparición ante las cámaras de televisión tras el fracaso del golpe de Estado que lo estelarizó. A pesar de representar un insólito salto a la premodernidad, se ha confiado en la denostación que hizo concretamente del puntofijismo, por lo que el desconocimiento histórico - todavía interesado – constituye una característica ineludible del régimen, quizá corroborado una diferencia: “Si a los políticos del pasado les gustaba lanzar sabias advertencias sobre la necesidad de conocer los límites de nuestro propio conocimiento, a los miembros de la actual élite en el poder les gusta más bien mostrar su solidaridad con la gente corriente haciendo gala de una ignorancia compartida” [SALECL, 2023: 32 s.].

1.- Aspectos fundamentales de un documento político

A nuestro juicio, el siglo XX heredó del anterior las grandes y también improvisadas proclamas políticas de frecuente invocación de las glorias patrias, degenerando paulatinamente en un estilo panfletario y simplemente coyuntural de acuerdo al caudillo de turno y los amanuenses disponibles, hasta que irrumpe el PB, contrastando por su lenguaje y la naturaleza de los planteamientos de una clara inspiración marxista y, específicamente, leninista de la época; por ejemplo, la invocación del imperialismo y de la lucha de masas, constituye una novedad por entonces. De fondo, estructura importantes aspectos (contextualización, diagnóstico y pronóstico), que concitan o aspiran a concitar un compromiso político de ruptura más allá de las circunstancias para una definitiva transformación histórica del país: siendo la política un término equívoco, convengamos en un modo alternativo de hacerla, como “un acervo de conocimientos tocantes a la realidad social y la aplicación de ellos a situaciones concretas”, yendo juntas y relacionadas la teoría y la praxis, ejerciendo una conducción que motive, induzca, estimule, y consensue acciones específicas tras una meta [BORJA, 1997: 767]. Por ello, concluimos con Manuel Caballero, en su estudio preliminar: “… Este Plan es el primer documento de la modernidad en Venezuela. Hasta entonces, las proclamas de los diversos caudillos no hacían más que repetir las gastadas consignas del liberalismo, con su invocación de una libertad abstracta” [PLAN, 2007: 61].

El documento en cuestión, tiene también por contexto a América latina (SIC), importante porque las numerosas dictaduras padecidas desde la centuria anterior, superado el conflicto independentista, aislaron al país de la suerte continental, salvo determinadas situaciones, como la del bloqueo a nuestros puertos en 1902, u otras anteriores en las que igualmente se diligenciaba el apoyo y protección de Estados Unidos, al confrontarnos con Gran Bretaña a propósito del Esequibo; y podríamos sumar la idea de reconstruir la llamada Gran Colombia o, al menos, con Cipriano Castro, procurar una sólida alianza de las fuerzas liberales neogranadina y venezolana. Además, como lo señaló Caballero, hubo inquietudes y un ambiente de agitación en este lado del mundo por aquellos años [PLAN, 2007: 7 s.], entendiéndonos en el marco de la crisis generalizada del capitalismo a partir de 1929.

En relación al proceso de discusión entre los jóvenes suscriptores del PB, como alude Plaza, no fue nada sencillo siendo obvio el “debate intenso y agresivo” al calor de las lecturas y las experiencias por entonces acumuladas [PLAZA, s/f: 41], teniendo por principal diagnóstico político la inevitable decrepitud de Juan Vicente Gómez y el consiguiente conflicto interno del poder en torno a la sucesión [PLAN, 2007: 65]. No obstante, como lo observara Caballero, sin enemigo externo al cual combatir, las Fuerzas Armadas cumplen funciones de policía nacional, “hecha más para la represión interna” [Ibidem: 41], resolviendo e imponiendo su solución según las inmediatas circunstancias que produjo la muerte de Gómez.

Los firmantes del PB, pronostican un “pronto y decisivo conflicto” entre las masas populares y el gobierno de los Gómez, por varios “factores concurrentes”, como la insurgencia latinoamericana que levanta vuelo a partir de 1929, la crisis económica, el saturado descontento de las masas, la anarquía de los seguidores del régimen con “imposibilidad de acordarse para la sucesión”, provocando el triunfo de la “voluntad nacional” por una “rigurosa lógica histórica” [PLAN, 2007: 65]. Nos parece fundamental el ejercicio, porque los rumores en torno a la salud de Gómez se intensificaron en los últimos tres años de su existencia [PLAZA, s/f.: 43], y, aunque parezca hoy demasiado obvio el desenlace de la dictadura gomecista, por entonces era inmensa la interrogante, esforzándose los noveles dirigentes políticos en acertar con un escenario en el que concursaban nociones novedosas como “masas populares”, “lógica histórica” y “voluntad nacional”, en el lenguaje político.

2.- Voluntad de ruptura

Contrastante con los manifiestos de la época, el PB destaca por las distintas medidas enunciadas, como el período preconstitucional o de la transición protagonizada por la civilidad, propugnando la desmilitarización de la administración pública, la inmediata utilización de los bienes expropiados a los Gómez en beneficio del pueblo, la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente para generar las leyes necesarias y reforzar al gobierno provisional, ensayando un nuevo sistema que va más allá del cambio constitucional. La oposición que expresa la modernidad rompe con el caudillismo, esgrime una voluntad de ruptura con la movilización de las clases medias, la emergencia de partidos modernos y otras organizaciones de masas, bajo el influjo del materialismo histórico, teniendo por principal escenario el medio urbano [PLAZA, s/f.: 36 s.].

En el orden institucional, el PB propone la construcción de un Estado garantista, con libertad de expresión, asociación, reunión, libre tránsito, etc. Y el establecimiento de un Tribunal de Salud Pública, capaz de procesar los delitos ordinarios, la corrupción y la violación de los derechos humanos por los prohombres y beneficiarios del régimen.

La alfabetización, o el término tan particular como “desanalfabetización” que implica o sugiere una acción perversa y deliberada del régimen a deponer, es puntero indispensable junto a la formación técnico-industrial y agrícola. Sentidos los ecos de la llamada revolución de Córdoba, es natural que los firmantes del documento, pivoteados por las aulas, respalden y realcen la autonomía universitaria.

E, igualmente, natural que planteen otro y decisivo modelo económico, con la revisión de las inversiones extranjeras, la atención a los servicios públicos estratégicos en manos del Estado y del municipio, la nacionalización de la caída de las aguas, la política de no más endeudamientos. Por lo demás, adelantándose al que anunció y aplicó López Contreras más tarde para sorprender al país y a sus propios aliados, el PB lanza un programa mínimo, orientado a edificar el consenso de las fuerzas progresistas y modernizadoras que, en las próximas décadas, sabrá de una importante adaptación, ampliación y desarrollo, agotándose con el cumplimiento del llamado Acuerdo de Puntofijo, como lo ha señalado Caballero; acotemos, deslindará a las nuevas generaciones políticas, posterior a la fundación en México del Partido Revolucionario Venezolano (PRV), influido por la vieja política y los viejos políticos: “Es a partir de 1931 cuando se da el verdadero vuelco. Los jóvenes del 28 abandonan las ilusiones ´revolucionarias´ cuando se dan cuenta de que los jefes de las tales nada tienen de revolucionarios, en el sentido que esa palabra tiene en el siglo veinte” [CABALLERO, 1997: 53].

3.- Conclusiones

El PB renueva o genera una tradición propia del otro modo de hacer la política en Venezuela, entendida ésta como experiencia simultánea del pensamiento, la acción y la emoción, fundada en un firme, perseverante y trascendente compromiso. Para la coincidencia y la discrepancia, el documento también le concedió identidad a un grupo de jóvenes venezolanos, dándole claridad a sus convicciones, perspectivas e iniciativas, en contraste con las ya agotadas prácticas panfletarias del medio convencional.

Por lo demás, por muchas décadas, no se entendió la política, incluyendo su formulación al interior de los propios partidos para los más variados casos y niveles, sin una formulación racional, susceptible de corrección y profundización. El documento político, herramienta esencial de toda conducción colegiada, inherente a la política misma que se entienda por democrática, ha desaparecido desde mediados o finales del siglo XX, como ahora el análisis político (realmente análisis, realmente político), en la era digital.

El anatematizado PB, comprensible por la muy acalorada controversia de la inmediata transición posgomecista que produjo, se nos antoja como una importante referencia para las nuevas generaciones en tanto ejercicio, procedimiento, método, o técnica para tramitar sus más profundas convicciones, constataciones y pareceres. Nada baladí la ejercitación del pasado para prever – interpretándolo – el presente mismo como anuncio del futuro.

Nada gratuita la ignorancia activa y crecientemente compartida de la historia, a favor de las versiones más disparatadas y anecdóticas. Perfectibles, los venezolanos supimos de distintas y limpias modalidades para pensar, hacer y sentir la política.

Referencias:

BORJA, Rodrigo (1997) “Enciclopedia de la política”. Fondo de Cultura Económica, México.

CABALLERO, Manuel (1998) “Las crisis de la Venezuela contemporánea (1903-1992)”. Monte Ávila Editores Latinoamericana - Contraloría General de la República, Caracas.

LENGRAND, Eloi – SOSA, Arturo (1981) “Del garibaldismo estudiantil a la izquierda criolla. Los orígenes marxistas del proyecto de A.D. (1928-1935)”. Ediciones Centauro, Caracas.

PLAN de Barranquilla, 1931. Análisis histórico” [Estudio preliminar: Manuel Caballero] (2007) Fundación Rómulo Betancourt, Caracas.

PLAZA, Elena (s/f) “Los regímenes de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez (1899-1935)”. XI Diplomado de Historia de la Venezuela Contemporánea. Fundación Rómulo Betancourt – Universidad Pedagógica Experimental Libertador,11/03/2025: Caracas.

PUERTA BAUTISTA, Lorena (2023) “Metodología para el análisis de documentos históricos”. XI Diplomado de Historia de la Venezuela Contemporánea. Fundación Rómulo Betancourt – Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Caracas.

SALECL, Renata (2023) “Pasión por la ignorancia”. Paidós / Planeta, Barcelona.

Fotografías: 

Inicial, ©ArchivoFotografíaUrbana, cuenta facebookeana de Tomás Straka; de izquierda a derecha: German Tortosa, Raúl Leoni, Jóvito Villalba y Horacio Cabrera Sifones (Bogotá, 1937). Posterior, tomada de la red, el exilio de 1937. 

11/03/2025:

https://www.elnacional.com/opinion/plan-de-barranquilla-o-el-otro-modo-de-hacer-politica/

12/03/2025:

https://www.costadelsolfm.org/2025/03/12/luis-barragan-el-plan-de-barranquilla-o-el-otro-modo-de-hacer-politica/

domingo, 1 de diciembre de 2024

Noticiero retrospectivo

- Caremis. "Cuando Gómez viajaba a La Carlota y almorzaba en La Casona". El Diario de Caracas, 09/12/85. 

- Héctor Valecillos. "Desaparición del campesinado en Venezuela". El Globo, Caracas, 08/03/97. 

- "Eduardo Fernández designado jefe de la fracción parlamentaria de COPEI". El Nacional Caracas, 05/02/74. 

- Oropeza Ciliberto. "La nación. Revelación de un secreto: Los planes de Betancourt". Elite, Caracas, N° 1990 del 16/11/63. 

- Carlos Canache Mata. "Breve biografía de COPEI". Resumen Caracas, N°  62 del 12/01/75. 

Reproducción: El Universal, Caracas, 09/07/1935. 

lunes, 23 de septiembre de 2024

Parábola histórica

RÓMULO BETANCOURT, ESTRATEGA

Luis Barragán

La vida política requiere de itinerarios capaces de traducir los principios y valores en propósitos concretos, metas y objetivos de corto, mediano y largo plazo de un cumplimiento que reivindique las tácticas apropiadas para una determinada dimensión estratégica adoptada. Ésta, fundamentalmente requerida de un sentido más que de una elaborada concepción imposible de discutir y revisar académicamente en el curso de los acontecimientos, expone al liderazgo a extraordinarios desafíos, sobre todo con el predominio relativo o absoluto del desconcierto, la deslealtad militante hacia las reglas constitucionales, la violación sistemática de los más elementales derechos y garantías, entronizados determinados intereses de una retórica soporífera e insoportable.

A Rómulo Betancourt le correspondió actuar en el marco de las más variadas, duras y también sorpresivas dictaduras, o, restablecidas las libertades públicas, para evitarlas con terquedad y coraje; y, esto,  fue posible no sólo por la claridad de un ideario, sino por el diagnóstico y la certeza de una realidad que acepta un franco reajuste, permitiéndole distinguir - valga la nota escolar - entre táctica y estrategia, recursos materiales y simbólicos disponibles, publicidad y genuina correlación política, probables escenarios y desempeño de los actores. Respetada la muy específica identidad de la estrategia política, logró, en las más disímiles ocasiones, contar con un equipo entendido y consistente, corroborando aquello de Léo Hamon: “El estratega – y no sólo el estratega militar – nunca está aislado, y debe, por consiguiente, tener en cuenta, en su acción, la presencia del otro” (“Estrategia contra la guerra”,  Ediciones Guadarrama, Madrid, 1969: 60); convengamos, la ineludible cita pone de relieve dos circunstancias: la una, que Betancourt no fue el narcisista que igualmente abundó por épocas remotas, y, la otra, que los rusos también juegan para hacer caso de una sentencia futbolística que se ha hecho hoy popular.

El líder guatireño afrontó numerosas coyunturas que exigieron de una fortísima convicción, templanza y determinación que nos permitimos ilustrar con el segundo ascenso al poder, a través de unos comicios ganados por la correcta interpretación del contexto y la capacidad de trabajo que no previeron – increíble – los adversarios que le satanizaron hasta el hastío. O el propio sostenimiento en el poder que se equiparó al de la naciente democracia representativa, finalidad estratégica que celebró Ambrosio Oropeza con la transmisión del mando presidencial a Raúl Leoni, en 1964, según el texto de una curiosa antología de sugestivo título: “El general Betancourt y otros escritos” (Ediciones Centauro, Caracas, 1970: 99 ss.).

El atentado de Los Próceres, las insurrecciones muy armadas de derecha e izquierda, no lo amilanaron, e, incluso, aguardó con entereza a la más evidente de las flagrancias con el tristemente célebre atentado de El Encanto, para detener a los parlamentarios implicados que no pudo someter con anterioridad, respetuoso de sus inmunidades y de la composición de las cámaras, aunque – transcurrido el tiempo – ellos admitieron el compromiso subversivo prácticamente asumido desde inicios del período presidencial. Empero, a la vez, el legítimo ocupante de Miraflores efectivamente gobernó al país, con el desarrollo de sendas políticas (y obras) públicas de innegable trascendencia.  

Atinó con una apreciación lo más correcta posible de la realidad política y la de sus particulares protagonistas cual eximio exponente de la teoría de juegos, confundiendo a sus talentosos, ocurrentes y feroces antagonistas, pues, por ejemplo,  Manuel Caballero reseñó la extrañeza que provocó alguien con tan acusada fama de sectario y absorbente, favoreciendo a COPEI para el temprano montaje del bipartidismo (“Rómulo Betancourt”, Ediciones Centauro, Caracas, 1977: 114 ss.), a pesar de la avanzada experiencia de Puntofijo, o, mejor, de los pactos que hicieron posible el puntofijismo.  Centenares de artículos de prensa después, contrastando con el antiguo e ingenuo maquiavelismo, el historiador refiere el despliegue de las habilidades del hombre de poder, a partir de 1959, y reconoce que “no hacerlo sería suicida, porque está rodeado de enemigos” (“Rómulo Betancourt, político de nación”, Alfadil-Fondo de Cultura Económica, Caracas, 2004: 132, 305).

Recomendable una reflexión más elaborada, la tentación puede apuntar a la consideración de los supuestos de Carl von Clausewitz, André Beaufre, Basil Liddell Hart, o de la importante obra divulgativa de Lawrence Freedman, aunque nuestra intención es la de esbozar y resaltar el instinto, la pulsión,  o la intuición estratégica con la que se nace, y, por ello, la parábola histórica. Corremos el riesgo de simplificar radicalmente la vida política fundada en un cúmulo soterrado de prejuicios y banalidades, donde la estrategia y lo estratégico deviene capricho meramente incidental y accidental frente al único gobierno que hemos tenido en el siglo XXI, concibiendo la actividad opositora como algo cercana al nazi-fascismo, “mucho más un instrumento de combate político que un pensamiento sustantivo sobre la realidad socio-política” de acuerdo a una magnífica obra didáctica de Aníbal Romero  (“Aproximación a la política”, Universidad Simón Bolívar, Caracas, 1990: 125).

Por cierto, no es necesario ser adeco para escribir sobre Betancourt. Es más, luce mejor no serlo para calibrar adecuadamente.

Fotografías de portada: "A.D.", Caracas (mayo, agosto, octubre y diciembre de 1958). 

24/09/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/romulo-betancourt-estratega/

https://morfema.press/opinion/romulo-betancourt-estratega-por-luis-barragan-luisbarraganj/

26/09/24:

https://www.eastwebside.com/luis-barragan-romulo-betancourt-estratega.html

S/f:

https://doralvoice.com/romulo-betancourt-estratega-por-luis-barragan/

domingo, 11 de agosto de 2024

Noticiero retrospectivo

- José Jesús Salcedo Figueroa. “Filtros del lenguaje: Estudio de las palabras borracho y ebrio”. El Universal, Caracas, 17/11/1963.

- Pedro Díaz Seijas. “El legado de las generaciones”. El Nacional, Caracas, 19/06/61.

- “Aumenta nuestra mendicidad”. La Esfera, Caracas, 24/04/37. 

- Carlos Canache Mata. “AD: Elecciones y Unidad”. El Nacional,  01/03/75.

- Argenis Rodríguez. “Rómulo Betancourt”. El Nacional, 03/03/78.

Reproducción: "En libertad procesados civiles y militares". Fotografía de Quijano,  "el Teniente (R) Héctor Fleming Mendoza, abandona el Cuartel San Carlos, donde se encontraba detenido.  Lo acompaña su madre y una tía".  El Nacional,  Caracas, 26/12/1969.

viernes, 21 de junio de 2024

Entomología, tuberculización y la Negra Josefina

MARIO VARGAS LLOSA CHARLA CON UN VIEJO ZORRO: RÓMULO BETANCOURT (1977)

Estaba alistando maletas para partir de Caracas cuando me avisaron que Rómulo Betancourt quería verme. El intermediario, por lo demás, me hizo saber que el expresidente, representante de Venezuela en la comisión que hace las invitaciones anuales para ocupar la cátedra Simón Bolívar, en Cambridge, había votado mi nombre. Pero no solo fui a su casa por una razón de cortesía, sino sobre todo por curiosidad: las figuras políticas me han producido siempre una fascinación entomológica (y, al mismo tiempo, una especie de alegría).
Su casa, la Quinta Pacairigua, en un barrio residencial, no es demasiado lujosa para los niveles sauditas venezolanos. Me sorprendió el numeroso servicio de guardaespaldas, en el interior y el exterior. Además de su hija Virginia, sencilla y muy simpática, estaba allí su esposa, una exprofesora, creo, que habló de libros con soltura, y había también periodistas y fotógrafos. Betancourt lleva bastante bien sus setenta años. Hace algunos meses corrieron rumores sobre una enfermedad gravísima, pero él dice que el peligro se ha disipado: se trató apenas de una intoxicación causada por los remedios. Se siente ahora, repite, como nuevo.
«Usted sabrá que, en la época de las guerrillas, yo fui uno de los hombres más odiados y atacados en América Latina», es una de las cosas que le oí decir en la hora y media que pasé con él. Por supuesto que lo sabía. Su Gobierno me pareció también a mí, como a tantos en América Latina, represivo y con ribetes autoritarios. Pero lo que ha ocurrido luego en el continente, y el contraste entre ello y el caso de Venezuela, me ha llevado a revisar ese juicio. El Gobierno de Betancourt reprimió duramente a quienes se alzaron en armas y no hay duda de que, en esa lucha, cometió abusos y violaciones de la legalidad y de los derechos humanos.
Pero es cierto, también, que su régimen sentó las bases de un sistema democrático que viene funcionando sin interrupciones y que parece hoy (toquemos madera) bastante sólido. Es lo que dice a Betancourt el ensayista francés Jean-François Revel –el autor de La tentación totalitaria– en una carta que aquel me enseña: «Es usted el único dirigente político sudamericano que encontró la manera de enrumbar a su país por un sendero democrático». Hay una pregunta, sin embargo, que surge cada vez que uno observa el caso venezolano: ¿la bonanza económica, esa prosperidad que golpea al forastero desde el aeropuerto, no ha sido el elemento decisivo para que las instituciones democráticas resultaran allí operantes?
Varias de mis preguntas a Betancourt se refieren a este asunto: ¿Por qué en su país los militares respetan el poder constitucional y en otros no ocurre lo mismo?
Su respuesta es larga y elaborada, y no tengo más remedio que abreviarla. Nosotros (es decir, su partido, Acción Democrática), dice, desde 1945 trabajamos con un grupo de oficiales jóvenes, constitucionalistas, partidarios de reformas profundas en la estructura del país. Ellos, a la caída de Pérez Jiménez, se convirtieron en la espina dorsal de la reforma de las Fuerzas Armadas, que pasó a retiro a los elementos golpistas y se empeñó en hacer del Ejército un cuerpo esencialmente técnico y educado de manera sistemática en el respeto del orden legal.
El momento crítico, prosigue Betancourt, sobrevino al estallar el movimiento guerrillero contra mi Gobierno. La lucha contra la guerrilla no la dirigió el Ejército; la dirigí yo. Mi Gobierno no abdicó de esa responsabilidad, como hicieron otros Gobiernos civiles en América Latina, por cautela política, prefiriendo que fueran los militares quienes se ensuciaran las manos. Aquí fue el Gobierno civil quien, desde el primer momento, asumió esa tarea, arrostrando la impopularidad y a pesar de la feroz campaña internacional en contra nuestra. Los militares respetan a quienes saben mandar. (No hay duda que él sabe y que le gusta hacerlo: al decir estas cosas, gesticula con energía).
Veo sus manos con las cicatrices de las quemaduras del atentado que preparó contra él un comando enviado por el generalísimo Trujillo (que lo odiaba, dicen, más que a Fidel Castro). He oído contar la historia de su comportamiento en esas circunstancias, y él me la reseña de nuevo: cómo habló por la radio estando herido y cómo se hizo llevar al palacio presidencial de Miraflores («el símbolo del poder», dice) para mostrar al país que la jefatura del Gobierno se mantenía en pie.
Está escribiendo ahora sus memorias y cuenta que haber leído, hace poco, la autobiografía de Arthur Koestler lo ha inducido a cambiar todo su plan. Al principio había decidido escribir un libro puramente político, dejando de lado lo que fuera personal e íntimo. Ahora, en cambio, hablará también de su vida privada. ¿Hasta qué extremos llegará la confidencia? Durante la charla, deja ver algunos cabos sueltos. De joven escribió cuentos, inspirados en ciertas lecturas, como Emile Zola. Su esposa lo refuta con convicción: la influencia ostentosa, le asegura, es la de Anatole France, Él habla de uno de esos relatos con melancolía y burla. Se llamaba (horriblemente) «Maritza la nómada» y la musa que lo estimuló a escribirlo era una españolita de ese nombre de la que estaba enamorado, Se empeña en hablar de literatura, en tanto que yo trato de empujarlo hacia el terreno político (en el que lo supongo mucho más competente). Se entusiasma recordando la autobiografía de Trotski, una novela («de 1.400 páginas») sobre la fundación del estado de Luisiana y me cita algunas tradiciones de Ricardo Palma. Durante mucho tiempo se ganó la vida escribiendo artículos, de manera que se siente también, en cierta forma, periodista. Ha pasado veinte años en el exilio, cinco en la cárcel y a fin de año celebrará medio siglo de actividad política.
Durante buena parte de la hora y media me pareció hablar con espontaneidad. Solo en un momento tuve la impresión de que (lo que me ha ocurrido siempre con todos los políticos que he entrevistado) pronunciaba un discurso. Una tirada algo solemne sobre la vocación rebelde y heroica del pueblo venezolano, que es, afirma golpeando el brazo del sillón, quien ha hecho la verdadera revolución en América Latina: la democrática. «¿Por qué cree usted que se fueron esos hombres detrás de Bolívar hasta el Titicaca?». Cree que el mestizaje generalizado y precoz que experimentó la sociedad venezolana creó ese tipo audaz y combativo. «Aquí nos mezclamos todos muy pronto, no ocurrió lo que en el Perú», dice. Y me cuenta una anécdota. En los años treinta estuvo en Lima, con una delegación, y lo impresionó mucho una entrevista que tuvo, en el diario El Comercio, donde él y sus compañeros fueron recibidos «por dos caballeros con monóculo, que se llamaban, uno, Miró Quesada y, el otro, Manzanilla». Uno de ellos le habría preguntado: «¿Qué raza es la que predomina en su país?». «Los mulatos como yo, señor». «Ajá», habría respondido, pensativamente, uno de los caballeros. Mientras el otro comentaba: «¿Sabía usted que aquí en el Perú se le decía a Bolívar el Zambo Bolívar?».
Me asegura que hay una carta del Libertador, firmada en la Magdalena, pidiéndole a un amigo de Caracas que enviara mulatos a socorrerlo, pues las impetuosas limeñas lo estaban tuberculizando.
Pese a la abundancia de dictaduras en el continente, se muestra optimista respecto al futuro de América Latina. Piensa que la política del presidente Carter de los derechos humanos ha creado una dinámica muy fuerte a favor de la instalación de gobiernos constitucionales. «Hasta Stroessner se ha visto obligado a hablar de dejar el poder», bromea. Se refiere con elogio al movimiento cívico en Brasil, a los manifiestos intelectuales («presidido por nuestro amigo Jorge Amado»), de periodistas, de profesionales, «hasta de futbolistas» pidiendo la transferencia de poder a los civiles mediante elecciones. Está convencido de que en pocos años puede ocurrir lo que al finalizar la Segunda Guerra Mundial: una oleada democrática por todo el continente. Respecto al acercamiento diplomático entre Cuba y Estados Unidos, se limita a comentar:
«Por el momento el acercamiento se reduce a que Cuba mandará a Washington dieciséis agentes del G-Dos y Washington a La Habana dieciséis agentes de la CIA».
Como voy a perder el avión, tengo que despedirme precipitadamente. En la puerta de calle, me regala una especie de estampa que no tengo tiempo de ojear. Aquí, en el largo vuelo trasatlántico, descubro que es la historia de una estatuilla que he visto en su escritorio. La Negra Josefina, una vagabunda de las calles de Caracas que asaltaba a los transeúntes pidiendo «un mediecito»; hace unos treinta años, sirvió de modelo al autor de la obra, Santiago Poletto Lamberti. Se trata de una mulata, por supuesto.
Sobre el Atlántico, sept. 77
Fuentes: 
Sobre el Atlántico / Publicado en noviembre de 1977. Tomado de sus Obras completas IX. Piedra de Toque I (1962-1983), 2012, pp. 655-659.
WordPress «Lo Afirmativo venezolano» de GUILLERMO RAMOS FLAMERICH:
17/06/2024:

martes, 28 de mayo de 2024

Llegar a las raíces del mal

DENSIDAD POLÍTICA Y TRANSICIÓN

Luis Barragán

Más que un inevitable tránsito, como el que intenta el actual régimen pretendiendo algunas correcciones que le garanticen su esencial continuidad, la transición política ganará en acepciones dependiendo de sus propósitos,  características y alcances. Tentada,  frustrada o consumada,  jamás la experiencia será exactamente igual a otras relativamente recordadas, aunque el pasado frecuentemente reporta importantes y útiles orientaciones necesarias para el debate.

Luego, obviamente, la transición en sí misma no se justifica ensayada desde el derrumbe sencillo o complejo,  seguro o inseguro, repentino o pausado de los regímenes de fuerza y el de sus más connotados actores. Horoscopales, los transitógrafos de ocasión no reparan en las densidades políticas que adquiere al sincerarse el juego de las realidades y sus urgencias, surgiendo las demandas aún más inverosímiles; las ambiciones e intereses que suelen contrastar con un relato de heroísmo también de no pocos impostores, y, en definitiva, en un tenso balance entre el testimonio verídico y continuo de entrega y sacrificio de la dirigencia que ahora debe lidiar con los oportunistas de variada ralea. Sin embargo, en el caso venezolano, se evidencia un aspecto posiblemente inédito: radicalmente sufrido, desconocemos cuán hondo llegan las raíces del mal, y públicamente ignoramos las más vitales series estadísticas, faltando a lo constitucionalmente pautado, siendo difícil a los especialistas acceder a las variables indispensables que hacen y explican las políticas públicas, por lo menos, las más sensatas y convincentes; huelga un mayor comentario respecto a la consabida pandemia, huérfanos los médicos y  toda la opinión nacional del más elemental boletín epidemiológico.

Un gobierno de transición, legitimado por las mayorías ciudadanas, encontrará no pocas sorpresas al empeñarse en la reconstrucción del país, porque – a modo de ilustración – sospechamos de una grave o gravísima situación en el área petrolera que la (auto)censura no permite apreciar hoy en su justa dimensión. Por supuesto, habrá medidas que inmediatamente respondan a una extraordinaria emergencia social y económica, pero el propio, más adecuado e impostergable diagnóstico requerirá de sendos mecanismos de concertación entre los factores decisivos y representativos de la oposición que rápidamente dejarán de serlo al conducir al Estado que deben redescubrir, valga el detalle, esperando toda suerte de (in)justificados y (des)medidos ataques.

Mecanismos sumados a los de ejecución y evaluación que darán cuenta de una tarea ciclópea que, al mismo tiempo, significará la delicada o ruda administración de las diferencias para la prioritaria reinstitucionalización de todo el país y la recuperación del tan vulnerado Estado.  Acotemos, la reapertura de una sociedad fuertemente sojuzgada por más de dos décadas, generará altos niveles de conflictividad espontáneos y naturales al lado de los más calculados y artificiosos, obligando a una buena dosis de realismo, prudencia y pragmatismo de los decisores del proceso.

Varias son las veces que nos confunden los antecedentes históricos, pues, salvadas las distancias, ya le es tarde al actual régimen para emular a Pérez Jiménez con un largo tránsito hacía sí, como el ocurrido entre 1952 y 1957; o el de creer en el blindaje automático del consenso para la inmediata postdictadura, olvidando circunstancias como la temprana salida de URD de la coalición gubernamental, en 1960, organización que no entendió en su momento la trascendencia de Puntofijo, perfeccionado con el pacto institucional de finales de la década. Añadimos, la ya por siempre  inminente caída del segundo gobierno de Betancourt que, paradójicamente, cubrió todo el período constitucional, capaz de tentar a otros protagonistas de la época con notables posiciones institucionales para reemplazarlo, gracias a una sutil artimaña.  

Consideremos que la superación del gomecismo la encabezaron aquellos que lo integraron, pero no ocurrió así con la sustitución de la dictadura por 1958, aunque – en una y en otra transición – contaron con el orden, preservación y difusión de una básica data que facilitó la posterior actuación del Estado en múltiples ámbitos. Y, nos permitimos agregar, una mínima discusión pública a juzgar también por la crítica velada de sostenidos opinantes, como D.F. Maza Zavala o Adriano González León, quienes encontraron espacio en la prensa escrita, todavía incierta la caída del régimen, para versar en torno a la precursora medida proteccionista de la industria del calzado o el lanzamiento del Sputnik I.

Distinta coyuntura la del extendido presente, porque no sabemos cuáles sorpresas deparará la muy escondida realidad económica y social, cuyas consecuencias sentimos y padecemos, tendiendo a empeorar sus causas, excepto que la dirigencia política avenga en un diagnóstico acertado, perfilando alternativas viables y eficaces de corto y mediano plazo. Esto es, conviniendo que el esfuerzo más importante de la transición democrática es alcanzarla, sobresale una tarea y una responsabilidad política indelegables que fuerzan a explorar las temidas profundidades de la crisis y- asimismo – conquistar determinados y calificados segmentos de la población dispuestos a comprometerse en un esfuerzo muy concreto que es de salvación del país en el mismo país de nuestras angustias.

Fotografías: LB (CCS, 04/02/2024).

28/05/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/densidad-politica-y-transicion/

domingo, 10 de marzo de 2024

Noticiero retrospectivo

-    Betancourt visita los cuarteles. Elite, Caracas, nr. 1807 del 14/05/1960.

-    Caso Semtei-Schmidt. El Diario de Caracas, 07/03/86.

-    Gonzalo Albornoz sobre la crisis de COPEI. Momento, Caracas, nr. 772 del  02/05/71.

-    Edith Guzmán reporta la huelga de hambre de AVADE (artistas), encabezada por Néstor Zavarce.  Momento, Caracas, nr. 507 del 03/04/66.

-    Nota sobre la tercera demolición de la Plaza "Diego Ibarra", Caracas: la primera fue "durante el mandato del demoledor de El Conde, señor Enrique Velutini", y, la segunda, en la gestión de Gustavo Rodríguez Amengual al frente del Centro Simón Bolívar. Momento, Caracas, nr. 718 del 19/04/70.

Reproducción: El capitán Roberto Rivero Pérez, indiciado por la muerte de su esposa Decia Morelia Paradisi, ingresa a la Cárcel Modelo de Caracas. El Nacional, Caracas, 16/10/1965.

domingo, 3 de marzo de 2024

Noticiero retrospectivo


 
-    Cecilia, Luis Rafael y Francisco Pimentel (Job). Reportaje de Emilio Santana. Momento, Caracas, nr. 74 del 13/12/1957.

-    Fotografía de Fernando Mir. Presa del Guri, jira (SIC) de Rómulo Betancourt. Momento, Caracas, nr. 395 del 09/02/64.

-  José Bardina y Marina Baura, "Lucecita". Momento, Caracas, nr. 626 del 14/07/68.

-    Arturo Hernández Grisanti habla en la Cámara. Resumen, Caracas, nr. 22 del 07/04/74.

-    Arístides Beaujón con su comando femenino: Ligia Toro, Eva de Villasmil, Céfora Contreras, Milagros Valentino y  Esther Merecuana. Momento, nr. 782 del 11/07/71.

Reproducción: MAR, en Izquierda, Caracas, n° 1 del 13/05/1960.

"La honra de ser político"

CARLOS D´ASCOLI, TANQUISTA DE PENSAMIENTO

Luis Barragán:

Solemos olvidar que los partidos políticos fueron una magnífica escuela del pensamiento necesario para el desempeño democratizador del país, si se quiere, palabras éstas de edulcoración para aludir a una difícil, larga, dura y también sangrienta experiencia a favor de las libertades públicas reales y concretas por estos predios. Faltando expertos en distintas áreas, por entonces, las organizaciones partidistas propendieron a reclutarlos o a formarlos militantemente; e, importa decirlo, numerosísimas individualidades pudieron enriquecerse con el exclusivo ejercicio privado de la profesión, pero optaron por el servicio público, una casa a pagar por largos años, la inversión prioritaria en la educación de la prole y un retiro decoroso, como modesto; por supuesto, huelga comentar, hubo excepciones que confirman la regla.

Nos tienta reflexionar en torno a la política y a la academia, la suerte corrida en la Venezuela contemporánea y las toneladas de prejuicios que, ahora, más que nunca, conviniendo infinitamente al régimen, caracterizan esa relación. Sin embargo, deseamos referirnos a un caso emblemático que espera por los estudiosos, respecto al partido-tanque de pensamiento, como el de Carlos D´Ascoli, al igual que pudiéramos versar en torno a aquellos otros líderes liberales, socialdemócratas, socialcristianos, marxistas y de toda la variedad ideológica que se nos ocurra, cuyo pensamiento se explicaba a través de la acción, y viceversa.

D´Ascoli fue un destacado y, por cierto, longevo tanquista adeco que cursó estudios de  economía, derecho y ciencia política,  en las universidades de Columbia y París. Dirigente estudiantil de proyección latinoamericana, y, luego, profesor en varias casas de estudios, regresó a Venezuela a mediados de la ruda década de los treinta del veinte, propulsando las entidades que precedieron a Acción Democrática que también lo tuvo por fundador.

Insuficiente la información dada por las redes digitales, fue ministro de Hacienda entre 1945 y 1947. Nada improvisado, ya daba clases en la Facultad de Ciencias Económicas en la UCV, ejerciendo la presidencia de la Sociedad de Estudios Económicos, al irrumpir la llamada Revolución de Octubre y, más tarde, resultó aventado del país con el golpe de 1948.

Partamos del supuesto demasiado obvio de la reconstrucción del país, toda vez que dejemos atrás al actual régimen. ¿No significa igualmente impulsar la tarea de reconstruir a los partidos decidida y genuinamente democráticos? ¿Qué llevó a D´Ascoli a comprometerse por el resto de la vida con un ideario que pudiera servir de inspiración al futuro liderazgo obligadísimo a superarlo? ¿Cómo antes pudieron coexistir dirigentes de la más diversa gama de talento, vocación, oficio y convicción? ¿Se dejará a la academia todo el peso de reflexionar al país, como a los partidos el de ejercer la política? ¿Saldremos adelante a punta de inteligencia artificial, activando exclusivamente en las redes digitales?

Pudiera argumentarse que D´Ascoli fue un adeco de los más pesados y de una enorme influencia, caída la dictadura de Pérez Jiménez, pero no tenemos noticias de una conducta reñida con la ética, protagonizando algún escándalo o desvarío. Ya octogenario, es que se convierte en individuo de número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, y si bien es cierto que fue senador principal durante 25 largos años por su estado natal, Sucre, no menos lo es que el parlamento y su partido contaron con sus conocimientos y experiencias de una sorprendente continuidad, credenciales éstas sin ningún equivalente en la Asamblea Nacional a lo largo del presente siglo.

Otra faceta inadvertida, hubo referentes políticos de mucho timbre en Venezuela que escasamente, o nunca, ocuparon altas posiciones ejecutivas, destinados principalmente a brillantes funciones legislativas, partidistas, y hasta edilicias, dependiendo del criterio de selección del mandatario nacional y a su particular coyuntura.  Criterio muy quizá influido por alguna simpatía o antipatía personal, u otra predisposición,  tendían a no predominar las relaciones primarias, y, en el caso concreto de D´Ascoli, quien no fue ministro del segundo Betancourt, no cabe duda de la relación de amistad y afecto entre ambos: nada casual, en una de las áreas de trabajo de la que fue residencia de Betancourt (Pacairigua), está expuesta una estupenda fotografía de Carlos, por lo demás, empleada a finales de los cuarenta para las nos de  prensa (por ejemplo, El Heraldo, Caracas: 15/10/1947).

Convengamos, mucho antes de convertirse en los formidables partidos de masas que fueron, comprobada la condición aún fuera de Miraflores, tempranamente los caracterizaban aquellas relaciones de una importante y, a veces, inasible complejidad. La perspectiva histórica permite descubrir, incluso, en términos de poder interno, las más variadas y también sorprendentes circunstancias que modelan el escenario e iluminan u opacan a sus actores.

Tanquista por excelencia, Carlos D´Ascoli publicó libros de su especialidad, sin abandonar jamás los artículos de opinión que ejemplifican la propia existencia del debate público, como ahora no lo imaginan las nuevas generaciones. Ojalá sepamos pronto de una compilación de las columnas, esperando encontrar y leer un libro-homenaje, publicado por el BCV en 1990 de elocuente título: “La honra de ser político”.

Reproducciones: El Heraldo, Caracas, 15/10/1947; y LB, Pacairigua (Caracas, 29/02/2024).

03/03/2024:

https://www.lapatilla.com/2024/03/03/luis-barragan-carlos-dascoli-tanquista-de-pensamiento/

Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...