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sábado, 20 de septiembre de 2025

De los bienes de arriba y de los bienes de abajo

 LA VENTAJA DE ROBARLE A DIOS

(San Lucas, 16: 1-13)

José Luis Sicre

Jesús cerró el periódico y miró al grupo:

‒ Voy a contaros una historia. Un partido político tenía un administrador que aprovechaba las donaciones para aumentar su cuenta personal en Suiza. Enterado de que sospechaban de su gestión, se dijo: “Me van a echar del partido, incluso es posible que me denuncien. En la oposición no me darán trabajo, los bancos tampoco. ¿Qué puedo hacer? Iré anotando en una libreta todos los datos que puedan inculpar a los jefes del partido, amenazaré con publicarlos en la prensa, y ante el miedo de que se conozcan me dejarán tranquilo. Luego me iré a una isla del Caribe a disfrutar el resto de mi vida.

Se les quedó mirando y les preguntó.

‒ ¿Qué os parece ese administrador?

‒ Que es un…

Pedro se cortó a tiempo, pero era claro lo que seguía.

‒ Depende del partido al que robase ‒ comentó irónico Bartolomé.

‒ Eso lo hacen casi todos ‒ opinó Tomás.

‒ ¿Alguien está a favor del administrador?

Ninguno parecía de acuerdo y Jesús continuó.

‒ Voy a contaros ahora otra historia, pero esta vez de un terrateniente. Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: "¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido." El administrador se puso a echar sus cálculos: "¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa." Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi amo?" Éste respondió: "Cien barriles de aceite." Él le dijo: "Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta. Luego dijo a otro: "Y tú, ¿cuánto debes?" Él contestó: "Cien fanegas de trigo." Le dijo: "Aquí está tu recibo, escribe ochenta."

Jesús hizo una pausa y les preguntó:

‒ ¿Sabéis cuál fue la reacción del terrateniente?

‒ Lo denunció para que lo metieran en la cárcel. Los ricos son unos…

‒ Te equivocas, Felipe. Alabó lo astuto que había sido.

Felipe lo miró incrédulo.

‒ ¿Y a ti te parece bien?

‒ Me parece estupendamente. Es un ejemplo para todos.

Pedro se rascó la cabeza y comentó escéptico.

‒ ¿Quieres que nos dediquemos a robar?

‒ Quiero que os dediquéis a utilizar el dinero con astucia. ¿Por qué hizo el administrador esas trampas? ¿Qué pretendía?

‒ Encontrar trabajo cuando lo echaran ‒ sugirió Sara.

‒ Algo parecido ‒ respondió Jesús‒. Cuando os conté la historia usé una expresión distinta: lo que quiere es que alguien me reciba en su casa. ¿Os dais cuenta de por dónde voy?

‒ No.

Jesús suspiró hondo. No acababa de acostumbrarse a la poca inteligencia de sus discípulos.

‒ Vosotros sois como el administrador. Más pronto o más tarde, tendréis que dar cuenta de cómo habéis administrado el dinero.

‒ El dinero, no. Nuestro dinero ‒ se atrevió a corregir Leví.

‒ Vuestro dinero, no. El dinero de Dios. Todo lo que tenemos es de Dios, y nos lo confía para que lo administremos. Podemos derrocharlo alegremente, y nos pedirá cuentas por ello. Y podemos darlo a otros, como el administrador del terrateniente, y nos ganaremos amigos que nos paguen un viaje al Caribe.

‒ El Caribe es el cielo, ¿verdad? ‒ bromeó María.

‒ Efectivamente. Y para pagar ese viaje no se puede ahorrar. Al contrario, hay que gastarse el dinero entregándolo al que lo necesita.

‒ Yo prefiero pagarme el viaje por mi cuenta.

‒ Imposible. Son otros los que tienen que pagar por ti.

‒ Lo que yo no entiendo ‒cortó Felipe‒ es eso de que el dinero no es mío. La panadería le costó a mi padre muchos años de trabajo y sacrificio.

‒ La panadería de tu padre, la furgoneta de Judas, todo, son cosas pequeñas, sin valor. Lo verdaderamente valioso es disfrutar de una habitación en el hotel del Caribe. Pero si no administras bien los bienes que te encomiendan en esta vida, no se fiarán de ti, y no te permitirán entrar en el hotel.

Pedro se acarició la barba.

‒ Muy complicado todo eso, maestro.

‒ ¿Es que no lo entiendes, o que no quieres entenderlo?

La ironía de la parábola

La segunda de las dos parábolas anteriores, que reproduce literalmente el texto del evangelio de Lucas, escandaliza a mucha gente porque Jesús termina alabando al administrador sinvergüenza. Pero las dificultades para entenderla parten de otros presupuestos en los que se basa Jesús, y que van en contra de nuestra forma de ver:

1. Nosotros no somos propietarios sino administradores. Todo lo que poseemos, por herencia o por el fruto de nuestro trabajo, no es propiedad personal sino algo que Dios nos entrega para que lo usemos rectamente.

2. Esos bienes materiales, por grandes y maravillosos que parezcan, son nada en comparación con el bien supremo de “ser recibido en las moradas eternas” (el hotel del Caribe).

3. Para conseguir ese bien supremo, lo mejor no es aumentar el capital recibido sino dilapidarlo en beneficio de los necesitados.

La ironía de la parábola radica en decirnos: cuando das dinero al que lo necesita, tú crees que estás desprendiéndote de algo que es tuyo. En realidad, le estás robando a Dios su dinero para ganarte un amigo que interceda por ti en el momento decisivo.

La idolatría del dinero

El evangelio de este domingo termina con unas palabras muy famosas: Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.

Jesús no parte de la experiencia del pluriempleo, donde a una persona le puede ir bien en dos empresas distintas, sino de la experiencia del que sirve a dos amos con pretensiones y actitudes radicalmente opuestas. Es imposible encontrarse a gusto con los dos. Y eso es lo que ocurre entre Dios y el dinero.

Estas palabras de Jesús se insertan en la línea de la lucha contra la idolatría y defensa del primer mandamiento ("no tendrás otros dioses frente a mí"). El AT es en gran parte una condena de los dioses paganos y de los ídolos, que aparecían como rivales del único Dios verdadero. Al principio, los israelitas pensaban que los únicos rivales de Dios eran los dioses de los pueblos vecinos (Baal, Astarté, Marduk, etc.). Pero los profetas les hicieron caer en la cuenta de que los rivales de Dios pueden darse en cualquier terreno, incluido el económico. Para Jesús, la riqueza puede convertirse en un dios al que damos culto y nos hace caer en la idolatría.

Naturalmente, ninguno de nosotros acude a un banco o una caja de ahorros a rezarle al dios del dinero, ni hace novenas a los banqueros. Pero, en el fondo, podemos estar cayendo en la idola­tría del dinero. Según el Antiguo y el Nuevo Testamentos, al dinero se le da culto de tres formas:

1) mediante la injusticia directa (robo, fraude, asesinato, para tener más). El dinero se convierte en el bien absoluto, por encima de Dios, del prójimo, y de uno mismo. Este tema lo encontramos en la primera lectura, tomada del profeta Amós.

2) mediante la injusticia indirecta, el egoísmo, que no hace daño directo al prójimo, pero hace que nos despreocupemos de sus necesidades. El ejemplo clásico es la parábola del rico y Lázaro, que leeremos el próximo domingo.

3) mediante el agobio por los bienes de este mundo, que nos hacen perder la fe en la Providencia.

Unos casos de injusticia directa: Amós 8, 4-7

Amós, profeta judío del siglo VIII a.C. criticó duramente las injusticias sociales de su época. Aquí condena a los comerciantes que explotan a la gente más humilde. Les acusa de tres cosas:

1) Aborrecen las fiestas religiosas (el sábado, equivalente a nuestro domingo, y la luna nueva, cada 28 días) porque les impiden abrir sus tiendas y comerciar. Es un ejemplo claro de que “no se puede servir a Dios y al dinero”.

2) Recurren a trampas para enriquecerse: disminuyen la medida (el kilo de 800 gr), aumentan el precio (el paso de la peseta al euro fue un ejemplo que pasará a la historia) y falsean la balanza.

3) El comercio humano, reflejado en la compra de esclavos, que se pueden conseguir a un precio ridículo, “por un par de sandalias”. Hoy se dan casos de auténtica esclavitud (como los chinos traídos para trabajar a escondidas en fábricas de sus compatriotas) y casos de esclavitud encubierta (invernaderos de Almería; salarios de miseria aprovechando la coyuntura económica, etc.).
Fuente:
Ilustraciones:

Padre S. Martín: León XIV, homosexualidad, polarización:

Padre Peraza:


Monseñor Biord: 



sábado, 17 de septiembre de 2022

Somos también administradores

Domingo 25C TO18 septiembre 2022

“Ustedes no pueden servir a Dios y al dinero”(Lc 16, 1-13)

 

(Diálogo sobre el Evangelio de hoy; El administrador corrupto)

José Martínez de Toda, SJ. 

                                                      

Hay una parábola, en la que Jesús alaba a un administrador deshonesto. ¿Cómo es posible eso?

Todas las parábolas de Jesús son desafiantes, pero ésta es seguramente la más difícil.  

La parábola podemos resumirla así:

<Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo:

¿Qué es lo que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.

El administrador se puso a echar sus cálculos: “Y ahora, ¿qué voy a hacer? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que alguien me reciba en su casa”.

Y fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y les fue rebajando sus deudas:

  El que debía  cien barriles de aceite, pagaría sólo la mitad.

-        El que debía cien fanegas de trigo, entregaría sólo "ochenta".

Y el amo felicitó al administrador injusto por la astucia con que había procedido.>

Pero, ¿es que nosotros somos también administradores?

Así es. Dios ha puesto toda su creación en nuestras manos como sus administradores.

Tenemos un pequeño sueldo, un cuerpo, unas cualidades intelectuales y espirituales, una familia que cuidar. Pronto o tarde seremos llamados para rendir cuenta de cómo hemos invertido y administrado nuestros recursos.

Además Jesús nos confía el reino de Dios – el reino de amor, de justicia y de paz. A todos nosotros nos encarga establecer la paz y la armonía, y la renovación de todo en Cristo. Nuestra misión, como seguidores de Jesús, es ayudar a traer el reino de Dios, comenzando por nosotros mismos. Ésa es nuestra misión individual y colectiva.

Y a todos nosotros se nos han dado los recursos necesarios para hacer esto. Estamos equipados con la verdad de la fe. Hemos sido empoderados por el Espíritu Santo, que habita en nuestros corazones, y nos han dado tiempo para ello.   

¿Cuál es la recomendación principal de esta parábola?

            Jesús nos recomienda ser honestos y buenos administradores de lo propio y de lo ajeno, que nos hayan confiado: aunque sea poco.

El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado.

Si ustedes no fueron de fiar en el vil dinero, ¿quién les confiará lo que vale de veras?

Jesús nos llama a ser fieles en las cosas pequeñas. En realidad, la mayor parte de la vida está hecha de cosas pequeñas. Pocos de nosotros podemos hacer grandes cosas, pero podemos ser cumplidores de nuestro deber ordinario y común: cumplir con el trabajo que tenemos, llevar nuestros negocios honestamente, visitar a una persona en un hospital o en una prisión, ayudar a un vecino en su aflicción.

¿Por qué felicita el amo a aquel administrado deshonesto?

            El amo felicitó al administrador injusto por la astucia con que había procedido.

No se puso a llorar, no se desesperó, no se quedó con los brazos cruzados. Buscó rápidamente solución a su problema. Fue hábil. Al hacer a los deudores los beneficiarios, se ha protegido a sí mismo de cualquier acusación de robo, al mismo tiempo que hace nuevos amigos, obligándoles a ayudarle en el futuro. 

¿Qué conclusiones saca Jesús?

            Jesús saca consideraciones y conclusiones: Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

            Los malos son habilidosos saben cómo funciona el mundo y lo utilizan para su beneficio, y así nos va.

En cambio los ‘hijos de la luz’ actúan según las reglas de juego del reino de Dios. 

¿Cuáles son las reglas de juego del reino de Dios?

Por ejemplo, el dinero puede servir para conseguir ganancias en el cielo, y la compasión por los empobrecidos en esta vida nos acercará a recompensas eternas.

Jesús nos recomienda imitar al mal administrador en el uso del dinero:

< Gánense amigos con el dinero injusto, para que, cuando les falte, les reciban en las moradas eternas.>

            Esto lo podremos lograr ayudando a los demás, especialmente a los más necesitados.

Nuestra generosidad en esta vida formará la base para la futura recompensa (Mateo 25:14-30). Esta es la norma espabilada para prosperar en el reino de Dios. 

En el Reino de Dios los generosos y desprendidos tendrán preferencia y podrán dar la bienvenida a sus hogares eternos a los que les ayudaron en sus necesidades. 

Dios es la única fuente de bendiciones, y Él sabrá si hemos cuidado a los pobres, enfermos, y vulnerables. Dios sabrá si hemos utilizado nuestros recursos para ayudar. Dios verá si utilizamos nuestro “dinero sucio” para ayudar a los necesitados. Aun la gente pobre puede ayudar a los demás.  Los mismos necesitados a menudo son más generosos que los ricos, porque han experimentado la pobreza y están motivados a ayudar. 

¿Cuál es la última recomendación?

"No se puede servir a Dios y al dinero". Es como si Jesús nos dijera: ‘No pueden caminar a la vez hacia el este y hacia el oeste’.  No hay caminos neutros: o se sigue a Jesús o se sigue un camino contrario al de Él. Todo creyente debe discernir para elegir.

Para muchos el dinero es el único negocio, el único dios, el gran ídolo, la prioridad absoluta. El dinero nos atrae mucho, es como un imán, que nos amenaza a jalar de nosotros, alejándonos de Dios. Pero el ambicionar tener, como el ambicionar poder, es peligroso.

En cambio, el gran negocio es el amor a Dios, la salvación de Dios. Todo lo demás es efímero, no da la paz ni la felicidad ni la salvación.  

Fuente: Correo electrónico (Román Mendoza). 

Ilustración: Gary Hume, 

Misa Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=efP-lOVOWsc



Reflexión Padre Peraza; https://www.facebook.com/arperaza/videos/1120829888640551

Breve nota LB:  Inevitable, las lecturas de hoy tienen un sentido político actualizador de cara a la Venezuela sojuzgada : Amós 8, 4-7; 1Timoteo, 2, 1-8; y San Lucas, 16, 1-13. Hablamos del régimen corrupto, de la #Inflación, y elevemos nuestras oraciones para superarlo en forma pacífica.

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY