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martes, 2 de enero de 2024

De la imposible degustación

LA REBELIÓN DEL PALADAR

Luis Barragán

Frecuentemente reducidas al modesto testimonio hogareño, culminan las festividades decembrinas con las consabidas limitaciones que harán de los días de enero ocasión para los más obvios y terribles presagios económicos. La inflación y el correlativo desahorro, cual plaga de langostas, se ha enseñoreado en un país forzado al vil libreto de los bienestares públicos llevando todos, la procesión por dentro.

Sobran los comentarios en torno a la cruel imposibilidad de cubrir la canasta básica de los alimentos (y medicamentos), al mismo tiempo que inadvertidamente sufrimos la pérdida de viejos y gratos sabores.  Como niños resignados a la cucharada sopera del indisimulado aceite de hígado de bacalao, por una lejana época tan común entre nosotros, tragamos grueso  importando más llenar el estómago que calibrar la alcabala gustativa de la que no va quedando  memoria alguna.

El paladar de los venezolanos ha cambiado paulatina e imperceptiblemente en más de una década, entre otros motivos, gracias a la muy dudosa calidad de los productos de consumo masivo que hacen la ilusión de una sana alimentación. La amplia comercialización de numerosos rubros lícita y, sobre todo, ilícitamente importados, reporta el desconocimiento de sus valores nutricionales, controles  de calidad, composición y peso real.

De macerado gesto anti-imperialista, quienes se quejaban de la comida-chatarra de franquicias de conocido origen y abundante publicidad,  aceptan y celebran la literal chatarrización de ahora, masiva y obscena, anegando las calles de colesterol, bacterias y parásitos. La oferta de los emblemáticos carros hamburgueseros y de perro-calientes, con sus mesas invasoras de  los espacios públicos, entre el polvo y los gases de la urbe, tiende a habituarnos a la inexistencia de sabores con una copiosa y variada textura que repleta la boca: además de acostumbrarnos a comer en la calle, prefiriendo a hacerlo vez de un adecuado lugar cerrado con agua y servicio sanitario, confrontamos un problema gastroenterológico que es algo un poco más que gastronómico.

Jurándose expresión de nuestra identidad urbana y símbolo de una venezolanidad por siempre reminiscente,  las hamburguesas, perro-calientes, pepitos, enrollados, cachapas y cualesquiera otras ocurrencias pendientes con harina de trigo o maíz,  tienen tan de todo que no saben exactamente a nada, y constituyen  - siendo indispensable y oportuno el término – un mierdero para la lengua esa miniatura de proteína hundida en un tremedal de vegetales mal lavados, las contrastantes salsas confundidas para un temerario sabor de abundante aceite de motor, con papas diminutas y tostadas, un queso rayado con la misma mano enguantada que cobra y limpia los restos de la parrilla, trasegada la bebida gaseosa de marca incierta.  Un cheff del patio que goza de una bien justificada fama en las redes digitales, Andrés de Oliveira,  recientemente imitó, preparó y probó la llamada hallaca operada, festejada como otro gran hallazgo de nuestra mesa callejera, propinando la justísima sentencia: “!Una cagada!”, dijo (https://www.tiktok.com/@andrescooking/video/7308900688598240543).

De lo poco que hay o queda, cobra un inmenso valor los aliños en el esfuerzo inaudito de darle una mínima dignidad al plato. Las especias increíblemente encarecidas y los más variados modos de preparación, adquieren una extraordinaria importancia cotizándose las recetas ya clásicas que aguzan el ingenio de no pocos cocineros que hacen resistencia a la coyuntura demasiado prolongada.

Todavía recordamos la magnífica degustación de inicios del mes pasado, añadido el grato contexto artístico, en apoyo económico a las empobrecidas escuelas de matemáticas y de comunicación social de la UCV. Nos impuso de una rebelión necesaria frente al socialismo de los desmanes: la del paladar, por pésimas que sean las circunstancias actuales,  recuperando la intimidad de sanos sabores que, en verdad,  lo sean.

Composiciones fotográficas: LB.

02/01/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/la-rebelion-del-paladar/

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Paladar

COCINA NAVIDEÑA

Luis Barragán

El país aquejado por una crisis humanitaria compleja que, faltando poco, tiene alrededor de ocho de millones de los suyos literalmente expulsados del territorio nacional, pocas ilusiones se hace en torno a la mesa decembrina. Los pocos, o muy pocos, tiene la fortuna de repletarla con productos asaz encarecidos para libar los licores que se les antoja; a los muchos, o muy muchos,  no pueden cubrir siquiera la canasta básica alimentaria.

Obviamente, los sabores no son los de antes, y, de ellos, darán cuenta aquellos que reciben la bolsa del CLAP con las importaciones de dudosa calidad, dando testimonio de sus frecuentes malestares estomacales. Salvando los extravagantes niveles de consumo masivo de las viejas bonanzas petroleras, infaltable el whisky con los platos más sofisticados, el régimen del sabor se mantuvo sustancialmente por más de cien años, tras la consagración del pan de jamón, al parecer, invento caraqueño, y el perfeccionamiento de la hallaca en una variedad de versiones locales y regionales que elevan su prestancia.

Hemos aprendido a comer mal, y demasiado mal, cruzando esta larga tempestad socialista del presente siglo que tampoco ofrece mejores opciones respecto a las golosinas.  Lo refería días atrás una joven que probó en el exterior un chicle de afamada marca que fue rutina venezolana de tiempos ha: “Nada que ver con la bazofia de contrabando que nos calamos aquí”, indicó.

La inflación ha afectado el precio de especias, aceites, y los más variados y sanos aliños que ayudan al paladar.  Hay quienes hacen milagros con sus preparaciones, aunque las porciones sean evidentemente modestas, a veces, aportando novedades culinarias.

Al desearles a todos los amables lectores una feliz Navidad y un mejor año nuevo, igualmente hacemos votos porque haya una mesa respetable en cada uno  de los hogares, por la generosidad de gustos que desafíen las duras circunstancias actuales. Requerimos de ingenio para la cocina pobre en cantidades, pero rica para las papilas.

Fotografía: LB (2023). 

20/12/2023:

https://guayoyoenletras.net/2023/12/20/cocina-navidena/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY