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martes, 18 de junio de 2024

Ventanales

LA VENEZUELA DEL TOBOSO

Luis Barragán

Cada vez más, resulta difícil a los sectores oficialistas, beneficiarios inmediatos de la situación generada en todo el presente siglo, edulcorar la catástrofe aún frente a los grupos subalternos que tienen por único mandato y posibilidad el de sobrevivir a través del ejercicio represivo y encubridor, excepto huyan al extranjero. Caso éste en el que preferirían no colaborar más con el régimen, aunque el oficio pudiera alcanzar otras dimensiones allende las fronteras, en circunstancias más promisorias para las minorías domiciliadas en los paraísos fiscales.

El libreto electoral del régimen ha sido por siempre el mismo, poblado de eufemismos que juran darle visos de novedad a la versión idílica que tienen del país en los numerosos eventos plebiscitarios que ha acumulado para romper sus marcas ante otros regímenes afines. Aquella envejecida consigna inaugural de la Venezuela que ahora es de todos, doblada por lemas semejantes y acordes a los estudios de opinión, aterrizan en una interpretación del país feliz y agradecido, dispuesto al combate en defensa del socialismo que las grandes mayorías descubrieron, padeciéndolo, como una radical experiencia desigualadora que contrasta radicalmente con los tiempos en los que, al menos,  hubo libertades para quejarse.

Valga el ejemplo, la data levantada en mayo del presente año, por el Observatorio Venezolano de Seguridad Alimentaria y Nutrición (OVSAN), revela una realidad que el lenguaje del poder oculta, banalizándola, representada por el ya clásico emblema mesocrático del profesor de una extraordinaria formación técnica y académica con un precario y lastimoso ingreso real que lo obliga a incursionar en la muy ruda y competida – mas no competitiva - economía informal de preservar una mínima condición física para ello. Y es que la muestra en cuestión, ilustra los varios rubros del retroceso y las disparidades sociales en relación al aumento de las enfermedades graves entre 2022 y 2024, la obvia disminución del consumo de agua de acueducto a favor de la hervida por encarecimiento de la mineral, la disminución y postergación de las remesas, el muy superior consumo de carbohidratos en lugar de proteínas y frutas, el descenso de las bolsa CLAP/gobierno como fuente principal de 80% en 2022 a 36% en 2024; y esto, evidenciado por las llamadas reglas de afrontamiento que consiste en la búsqueda de otras alternativas – agregaríamos – urgidas e improvisadas de sostenimiento familiar, como la menor ingesta de los adultos en beneficio de los menores de edad en los hogares, la venta de los electrodomésticos y el préstamo garantizado por bienes muebles que ha significado el regreso triunfal de las casas de empeño, las antiquísimas formas de cooperativismo entre vecinos y compañeros de labores, la ya exhausta solidaridad familiar, y otras fórmulas de supervivencia que se prefieren lícitas y legítimas, algo muy necesario de subrayar.

Todos los comunicadores que sirven al sector público, se esfuerzan y mucho por una narrativa resueltamente paradisiaca de la realidad antojada como la Dulcinea capaz de asegurarles la quincena, forzados los servidores del sector privado a disimularla, esquivarla, adjetivarla y asumirla de un modo tal que no peligre la concesión radial y televisiva, o el suministro de papel periódico; no en balde, existen términos de prohibido uso como “régimen”, “dictadura”, “sanciones internacionales”, etc. A lo sumo, el reconocimiento de algún problema y gravedad de la índole que fuera, obliga a todo oficialista y oficioso que se precie a apelar al manido bloqueo y a tantear una escena de heroica resistencia.

La atípica y breve campaña electoral en curso, no renueva la acostumbrada estrategia oficialista de una cínica reiteración de las antiguas promesas de rápida redención, animada por la amenaza y persecución de una oposición constitucionalista. Y es que, con ella, pacífica y transparente, luce poco fácil emular los combates de Playa Girón.

Entonces, desde las cumbres del poder establecido, la lírica es todavía redentora para los suyos y persistentemente retadora para los críticos, aunque el cuestionamiento no parta siquiera de los propósitos, metas y objetivos inalcanzados que trazaron las diferentes ediciones del denominado Plan de la Patria, sino de la inmediata, concreta y específica realidad social y económica derivada. La que, por cierto, asoman los ventanales del edificio viejo de la Corte, en pleno centro histórico y estratégico de la ciudad capital, sirviendo de dormitorio para los más vulnerables, desfavorecidos, desiguales entre desiguales.

El aparato propagandístico y publicitario del Estado, exhibe un desgaste únicamente compensado por las limitaciones impuestas a una oposición censurada, pero exponente de una esperanza que tiene por principal imaginario el de la unidad y su genuina reconstrucción.  Ésta, ha de vivir la realidad, contándola y transformándola.

Fotografías: LB, vieja sede de la Corte Suprema de Justicia (CCS, 24/04/2024). 

18/06/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/la-venezuela-del-toboso/

martes, 9 de abril de 2024

Lombrosianos

TRANSGREDIR EL LENGUAJE

Luis Barragán

Considerado un reduccionismo por la otrora intelectualidad podemista española, corroboramos que la lucha de clases no es el motor de la historia ni el partido leninista su principal propulsor.  Agravada exponencialmente la herencia venezolana de la centuria anterior,  no otra que la de un agotado rentismo petrolero que todavía no consigue una fuente alterna de supervivencia, real y concreta, todo lo explica o dirá explicarlo el más obsceno estereotipo fundado en el resentimiento social por motivos económicos, étnicos, corporales, partidistas,  o de cualquier otra invención que incluye la personificación caprichosa del victimario y el consiguiente e inapelable escarmiento.

El conflicto es el de los imaginarios sociales que ahora requieren de una atrevida actualización, según convenga al poder establecido urgido de evadir su responsabilidad sobre esta ya perpetua calamidad nacional, traspapelándose en medio de las circunstancias reales o artificiales, eso sí: armado y armamentista. No obstante, el asunto no está en las limitaciones o inexistencia de una normativa que, además, se dio tempranamente, añadida la práctica e interpretación forense correspondiente, sino en una narrativa capaz de validar todo planteamiento, estratagema y acción continuista.

Dos rutas conducen hacia la presunta renovación de un lenguaje de y del poder en las vísperas de unos comicios que desinhibida y directamente ha administrado, evitando en lo posible un error de cálculo semejante al de 2015. De un lado, reservado para sus adeptos más cercanos un apasionado sectarismo que apuesta a la simultánea salvación de todos, negando la posibilidad de que la haya selectiva o individualmente, deja para las masas o lo que queda  de las clases subalternas el lenguaje patriótico, encubridor del apoliticismo que, por cierto, les visó el ascenso a la dirección del Estado un cuarto de siglo atrás; y, de otro, la celeridad que el régimen le ha imprimido en su tránsito hacia una definitiva criminalización de la oposición, ideando tipos o subtipos penales que esperan también por la opinión de los especialistas, pues, no sólo a los dirigentes políticos o a los opinantes de oficio les concierne una materia que ha de prometer y escarbar en una distinta criminología y criminalística.

Hay quienes suponen que el llamado a una discusión semejante, con el concurso de los académicos,  nos distraerá de un modo contundente respecto a la muy específica coyuntura electoral que nos convoca, acaso, desconfiando del sentido común de la gente y aceptando la transgresión del lenguaje mismo que permite y permitirá increíblemente reglamentar el antifascismo desde actitudes o posturas que son fascistas. La sola lectura de un autor marxista de creadora flexibilidad, como Antonio Gramsci, por ejemplo, contribuye a una perspectiva de análisis cada vez más necesaria en torno a la amarga experiencia  suficientemente padecida, en lugar de las manías panfletarias que le restan profundidad al mensaje.

Ocho años atrás, dijimos del propósito oficial de forzar y modelar artificialmente una oposición fascista, como siempre ocurrió u ocurre con el socialismo real (https://www.youtube.com/watch?v=XQccTBfwrR8&t=325s), subestimada toda polémica. Hoy, el ensayo es el de una inaceptable caracterización lombrosiana que aspirará a hacerse el idioma político por excelencia en el paradójico esfuerzo de despolitización de los venezolanos.

Composiciones gráficas: LB.

09/04/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/transgredir-el-lenguaje/

lunes, 20 de marzo de 2023

Olvido

Del asalto al Congreso, 1848: una representación social  perdurable (breve ejercicio histórico)

Luis Barragán

En una exposición virtual de fecha 21/01/23, Tomás Straka llamó la atención sobre la Venezuela comprendida entre 1830 y 1858, “de lejos” (SIC) más institucional y pacífica que el resto de la América Latina cundida de los más variados conflictos y guerras.  El nuestro era un país de difícil integración geográfica (zonas de paludismo, ríos desbordados, montañas intransitables, etc.), económica (con qué competir, según el modelo agro-exportador), y política (cuál proyecto en el que todos cupieran). Un período histórico que supo de un hecho de extraordinario impacto, como fue el llamado asalto al Congreso, en 1848,  ofrecido como una excepción en un marco de estabilidad institucional y paz de compararlo con la realidad del continente. Y ha perdurado la versión sanguinaria de un parlamento violentado hasta que ya - simple y lisamente - nadie recuerda el hecho, en el presente. Luego de exponer los sucesos, siguiendo un texto de divulgación de  [NAZOA, 2017], haremos algunas consideraciones sobre la versión que perduró en el imaginario popular, empleados medios televisivos y radiales a través de una muy sucinta muestra.  

1.- Los hechos

El proceso electoral de 1846 fue demasiado turbulento, instalándose el Congreso de mayoría conservadora, en enero de 1847, que ratifica el triunfo presidencial del general José Tadeo Monagas, quien pudo dominar la insurrección campesina encabezada por Ezequiel Zamora. El nuevo presidente de la República experimentó un viraje respecto a los intereses que le impulsaron, conmutando las penas de muerte recaídas sobre Zamora y Antonio Leocadio Guzmán, entre otras iniciativas que dieron origen a una solicitud de inhabilitación por ante la cámara de Representantes para ser enjuiciado por la Corte Suprema en manos de sus adversarios, esperándose que en enero de 1848 se materializara el reemplazo a favor del general José Antonio Páez.

La bancada goda, como se le conoce, celebra reuniones confidenciales destinadas a planificar la convocatoria y celebración de las sesiones parlamentarias para la destitución de Monagas (impeachment), incluyendo la posibilidad de trasladarlas a Puerto Cabello. No hubo quorum el día 23 de enero de 1848 y, al alcanzarlo, se aprueba el traslado en la cámara baja, debiendo ir al Senado para su tramitación, tardando tanto que se reúnen los representantes en la sede caraqueña del convento de San Francisco, disponiendo de 200 hombres armados a las puertas, por lo que el gobierno ordena la movilización de las milicias a sus alrededores.  Después de protestar el Ejecutivo por el exceso de hombres armados,  se redujo la guardia al anochecer y, al día siguiente, con una multitud de personas a sus puertas, a las dos de la tarde se abre la sesión para escuchar el mensaje anual bajo la responsabilidad del ministro del Interior, Tomás Sanabria, quien finalizó y trató de dirigirse a la cámara alta para repetir el mensaje, pero fue impedido para que rindiera cuenta de otros asuntos, llegando el rumor a la muchedumbre.

Elementos armados partidarios del gobierno, intentaban derribar las puertas y tres milicianos cayeron muertos, por lo que irrumpieron en las instalaciones parlamentarias violentamente, aunque otros autores niegan la especie, anarquizada la situación con un saldo de ocho muertos, cuatro de ellos diputados, añadido Santo Michelena a los pocos días fallecido en la legación británica.  Aumentan el número de muertos y mal heridos, cuando los diputados deciden salir para calmar la situación, profundizándose la reyerta.

Al día siguiente, Monagas intenta pacificar las relaciones con el Congreso, diligenciando una nueva sesión, aunque un conservador se niega con palabras que se hicieron históricas: "Decidle al general Monagas que mi cadáver lo llevarán (al Congreso), pero que Fermín Toro no se prostituye".  La mayoría accede y se regularizarán las sesiones, cumpliendo el Congreso con su período constitucional.

2.- Lo creído

Solemos recordar los hechos en cuestión, gracias al aula escolar y de secundaria que, por lejana que fuese, nos remite a una acción violenta contra el parlamento con un saldo lamentable de muertos y malheridos en un país no menos violento;  internalizada la versión, parte del conocimiento de sentido común, aunque cada vez más inexacto,  mediado por símbolos determinados de integración social: “… El concepto de RS (representación social) alude tanto a procesos cognitivos como a procesos simbólicos de cómo un sujeto, en interacción con otros sujetos y por la interiorización de producciones socioculturales, conoce la realidad y cómo este conocimiento se convierte en productos que circulan, conoce la realidad y cómo este conocimiento se convierte en productos que circulan y permiten interpretar, pensar la realidad y actuar sobre ella”; además, “por diferentes canales de comunicación se trasmite conocimiento previamente establecido y perteneciente al acervo sociocultural e histórico”, remitiendo a un sistema de valores, normativo e integrador [CASADO G., 2001: 69, 71]. Amén  de representarnos escolarmente el siglo XIX como expresión de todos los desmanes, al llegar la noticia de un atentado contra la institución parlamentaria, únicamente nos circunscribimos a lo acaecido el 24 de enero de1848 (24-E) y a la culpabilidad de José Tadeo Monagas que, por una parte, unos la niegan [NAZOA, 2017], aunque ya hay consenso en relacion a la pérdida de la autonomía parlamentaria por varios años a raíz del 24-E [ARRÁIZ LUCCA, 2007: 47]; y, por otra, olvidamos que hubo acontecimientos semejantes, como en los tiempos de  Raimundo Andueza Palacio [OLIVAR, 2016], . No obstante, superada la etapa escolar, tendemos socialmente a representarnos tan impactantes eventos mediante los aportes bibliográficos o historiográficos, la prensa convencional o digital, la radio o televisión.

Indudable, la aparición y éxito editorial de “Guzmán: elipse de una ambición de poder”, suscrito por Ramón Díaz Sánchez, en 1949, reforzó la vieja tesis de la responsabilidad de Monagas respecto al  24-E, aunque observemos la perspectiva de Gíl Fortuol que apeló al delito colectivo y a la psicología de las turbas: “Cualquiera sea el criterio con que se juzgue el conflicto de 1848 entre el poder ejecutivo y el legislativo, resulta siempre que en él tomaron raíz ciertos vicios políticos que iban a retardar el progreso nacional. Por largos años, bajo los gobiernos de Monagas, la independencia del parlamento fué (SIC) imposible, las agrupaciones opositoras perdieron toda confianza en las propagandas pacíficas, y ambas cosas determinaron, en parte principal, el sistema de gobierno personalista y el sistema de oposición revolucionaria” [GÍL FORTUOL, 1956: 380]. Empero, hacia 1958, apareció “La historia de una silla. ¿Quiénes fueron los Guzmán?”, de Héctor Mujica, asegurando que “Monagas – en aminoramiento de sus pecados – no es el responsable de los sucesos del 24 de enero”, pues, “toda la culpa de lo acaecido la tienen los políticos conservadores [que] no midieron las consecuencias de su provocación no sólo al Presidente y al Ejecutivo, sino al pueblo, que venía de sufrir la más violenta represión por parte de un Gobierno conservador”, declarada la fecha en 1849, Día de Fiesta Nacional para recordar “la jornada en que el propio pueblo aniquilaba al conservatismo legislador” [MUJICA, 1958: 109,111].

Podrá argüirse que la polémica no trascendió de los círculos intelectuales, aunque hubo atención de la prensa convencional, e, incluso, digital de años relativamente recientes al caso, perturbando la representación social que tenemos del 24-E, permitiéndonos “enfrentar lo desconocido” para integrar “lo novedoso y extraño a lo que es conocido y familiar” [CASADO G., 2001: 95]. Referido por [NAZOA, 2017], la tendencia aparentemente dominante es la de señalar la responsabilidad de Monagas en un asalto sangriento de la corporación legislativa, pero – sobretodo, en los períodos políticamente más críticos de nuestra contemporaneidad – utilizar la fecha para equiparar el lamentable acontecimiento con las agresiones de Rómulo Betancourt al  Congreso [SANOJA HERNÁNDEZ, 2001].

La noción de representación  social, es distinta a la opinión, los estereotipos o las creencias que también logra estructurar  [CASADO G., 2001: 73], y, acaso, por su alcance, más importante que la edición del libro ya citado de Díaz Sánchez, fueron sus charlas televisivas, como la del 24 de enero de 1961, aunque la industria probablemente no era tan poderosa y extendida como lo fue después, reiterando su conocido enfoque [DÍAZ SÁNCHEZ, 1989:  243-252].  En la radio, la versión se mantienen pie [MONASTERIOS, 1999], y, ya en el curso del presente siglo, está complemente olvidado el 24-E, incluyendo a la Asamblea Nacional en la que, en años recientes, a pesar de la violencia ejercida por el régimen, hicimos un esfuerzo infructuoso porque le dedicara una sesión especial al Día del Parlamentario, acordado así en los noventa del veinte por el Congreso,

3.- Conclusiones

Larga e imperturbable fue la representación social de los eventos ocurridos el 24-E, aunque ya ni siquiera los más variados medios de comunicación los aluden,  a pesar de los reiterados hechos de violencia que ha sufrido la oposición en la Asamblea Nacional a lo largo del presente siglo.  Extremadamente remoto, a lo sumo, es una curiosidad que ha dado paso a otros estigmas.

Posiblemente, el rechazo al parlamento que fuertemente se evidenció en las postrimerías de la centuria anterior y en el curso de la presente, tiene por origen el desprecio  anidado en 1848. Queda intacto un prejuicio que, por siempre,  beneficia al titular del Ejecutivo, algo suficientemente comprobado.

REFERENCIAS:

ARRÁIZ LUCCA, Rafael (2007) ”Venezuela: 1830 a nuestros días. Breve historia política”. Editorial Alfa. Caracas, 2013.

CASADO G., Elsa (2001) “La teoría de las representaciones sociales”, en: CASADO, Elisa – CALONGE, Sary (2001) “Conocimiento social y sentido común”. Fondo Editorial de la Facultad de Humanidades y Educación – Universidad Central de Venezuela, Caracas: 57 – 105.

DÍAZ SÁNCHEZ, Ramón (1989) “La historia y sus historias”: Editorial Panapo, Caracas.

GÍL FORTUOL, José (1956) “Obras completas”. Ministerio de Educación. Caracas, volumen IV.

MONASTERIOS, Rubén (1999) “La Constitución sirve para todo”, en: https://lbarragan.blogspot.com/2013/01/para-quienes-todavia-no-llega-la-noticia.html.

MUJICA, Héctor (1958) “La historia en una silla. ¿Quiénes fueron los Guzmán?”. Ediciones de la Biblioteca – Universidad Central de Venezuela, 1982.

NAZOA, Leonardo (2017) “El ´asesinato´ del Congreso e 1848: Un ataque de pánico entre la oligarquía conservadora”, en:  https://lbarragan.blogspot.com/2017/07/precedentes.html.

OLIVAR, José Alberto (2016) “Monagas no fue el único”, en: https://lbarragan.blogspot.com/2016/10/parece-un-lugar-comun.html.  

SANOJA HERNÁNDEZ, Jesús (2001) “Fechas históricas y fechas antihistóricas”, en: https://lbarragan.blogspot.com/2014/05/breve-rompecabezas.html.

Reproducción: https://www.caracaschronicles.com/2019/01/24/the-storming-of-congress-on-january-24-1848/ 

20/03/2023:

https://opinionynoticias.com/opinionhistoria/39010-del-asalto-al-congreso-1848-una-representacion-social-perdurable

Breve nota LBObviamente, no es el Capitolio Federal posteriormente construido por Guzmán Blanco, pero las inmediaciones sirvieron para convertir el lugar en sede del Congreso Nacional.    Escenifica el asalto al parlamento del 24 de enero de 1848.  No sabemos del autor de la ilustración.  Ahora bien, la inquietud está en que la citada sede, quedó al lado de la Iglesia de San Francisco (frente a la que es hoy la fachada sur del Capitolio), entre esquinas de San Francisco y La Bolsa.  Suponemos que una extensión del Convento de San Francisco a la derecha, se convirtió en zona rental.   En la prensa de la época, hemos visto pocos anuncios de locales equivalentes a tiendas, cafeterías …., y, por supuesto, más grandes, los que ocupaba el Congreso, seguramente un salón para el Senado y, otro, para los Representantes, y un par de oficinas para directivos y secretarios.  He indagado, sin conseguir un plano de los cuarenta.  Imaginamos locales ubicados en profundos pasillos que daban a la otra calle. Y, después, expropiados los espacios, Guzmán los convirtió en lo que después o muy después serían la sede de la Universidad y la de la exposición internacional. ¿Estaré en lo correcto? Consultada la imagen en Caracas en Retrospectiva II, Mariel David coloca un grabado y comenta: "Esta imagen tiene una identificación diferente a la que usted menciona, en cuanto a lugar y fecha". Jerjes Meléndez Núñez, observa: "Luis, el templo que se ve en el grabado es la demolida Iglesia de San Pablo (hogar primigenio del Nazareno de San Pablo), donde después se construyó el Teatro Guzmán Blanco (hoy Teatro Municipal) y la escena corresponde a la famosa ´Sampablera´..."  (https://www.facebook.com/photo/?fbid=10225795631532070&set=gm.10160488420453544&idorvanity=24371473543).

viernes, 30 de diciembre de 2022

Ideología de escape

EL NACIONAL, Caracas, 17 de diciembre de 2014

LA REVOLUCIÓN DEL BUEN SALVAJE

Aníbal Romero

Esta pasada semana el presidente venezolano aseveró que las nuevas tecnologías de explotación del petróleo van a producir un terremoto en Estados Unidos. Afirmó además que pronto todas las escuelas y liceos del país serán equipados con sus respectivos “huertos escolares”, en los que diligentes alumnos cultivarán hortalizas y recibirán los beneficios de la presencia de una vaca y de numerosas gallinas, siempre listas para suministrar leche y huevos a las nuevas generaciones revolucionarias. No suficientemente contento con estas fábulas, el cada día más extraviado líder socialista confirmó que su revolución agrícola implica el retorno al cultivo en los llamados “conucos”, es decir, pequeñas parcelas en las que se espera que felices familias, comprometidas con la preservación del medio ambiente, producirán sus vegetales; todo ello en función del avance del hombre nuevo y mientras se entretienen cantando loas al Che Guevara y al “comandante eterno”, Hugo Chávez.

Traigo a colación estos pronunciamientos para destacar un punto que ha sido en otras oportunidades señalado, pero que merece reconsideración. El proceso político que ha experimentado Venezuela estos quince años ha estado impregnado, entre otros aspectos, por la confusa pero palpable visión de una utopía arcaica, por el impulso hacia un pasado imaginario en el que se conjugan el ansia de reivindicar al buen salvaje latinoamericano, personaje que se vislumbra como siempre oprimido por diversos enemigos foráneos y domésticos, con la ambición de recuperar una sociedad cuasi-primitiva, cerrada, autárquica y amurallada frente a un mundo al que se percibe ajeno y hostil.

Sería un error subestimar el papel de lo que acá denominaré la “ideología del escape”, que junto a la del buen salvaje ha influido en el desarrollo del proceso político venezolano los pasados tres lustros. Me refiero al escape con respecto a la modernidad.

En efecto, como en su momento apuntó Popper, el socialismo en general es un proyecto regresivo, anti-moderno, anclado en el colectivismo de ancestrales períodos tribales de la historia. Para Carlos Marx, soñador sin escrúpulos, el socialismo se ubicaba más bien como punto culminante de un rumbo de cambios hacia adelante, en los que el más avanzado capitalismo cedería su lugar a un paraíso de ilimitada abundancia. En el caso venezolano, el grupo de izquierda radical –guiado por Cuba– que tanta influencia ha ejercido en la conducción de la revolución bolivariana, ha puesto de manifiesto el verdadero rostro regresivo del socialismo, entremezclado con el elemento propiamente latinoamericano del buen salvaje. En lugar de la quimérica abundancia socialista de Marx nuestros revolucionarios visualizan una sociedad de pobres.

En modo alguno, insisto, debe subestimarse el peso del factor ideológico sobre lo que acontece en Venezuela. Lo que Nicolás Maduro expresa en sus grotescos discursos constituye un ingrediente fundamental de un proceso con honda raigambre en las tradiciones, mitos, cultos, sueños y fantasías de una parte significativa de la izquierda en América Latina. La izquierda delirante que actualmente predomina en Venezuela, combina una amplia ignorancia sobre las realidades del mundo actual con el apego a una fantasía descabellada, a una utopía gaseosa y destructiva cuyo efectivo logro sólo puede concretarse mediante una permanente violencia.

A todo lo anterior se suma la más sólida incapacidad por parte de nuestros revolucionarios para entender las implicaciones de lo que dicen y hacen, o para realizar la más mínima autocrítica sobre los resultados de sus pesadillas. Para sólo indicar otro caso ilustrativo del delirio, hace también pocos días Elías Jaua, el “ministro de Comunas” del gobierno bolivariano, sostuvo con total desparpajo que el pueblo venezolano “tiene resueltos los problemas básicos de alimentación, educación y salud”, y ello en un país donde la escasez de alimentos y medicinas constituye el pan de cada día, donde escuelas y liceos generan lástima por su condición deplorable, y donde cunden sin control enfermedades tropicales que se creían eliminadas hace décadas.

La utopía arcaica del buen salvaje y la ideología del escape son elementos cruciales de la ecuación que resume el caos, retroceso y tragedia en que se ha transformado la vida de la sociedad venezolana. La nueva víctima de la utopía arcaica es el IVIC, el cincuentenario Instituto de investigaciones científicas del país, que ahora los revolucionarios aspiran convertir en un ente “cercano a los pobres”, lo que sin duda significará la destrucción de lo logrado en el pasado, el abandono de cualquier empeño académico razonable, el imperio de la mediocridad y la búsqueda quimérica de una “ciencia popular”, sustentada en lo que algunos presumen es la “genuina esencia del pueblo”.

La revolución del buen salvaje incluye la ideología del escape. Por un lado, esta ideología presenta a ese imaginario buen salvaje, que es desde luego el pobre en nuestras sociedades, como un ser eternamente expoliado, engañado y vilipendiado por algún malvado imperialista y oligarca de turno. Por otro lado, esta ideología se basa en una crasa ignorancia acerca del contexto internacional y las fuerzas externas que de un modo u otro repercuten en la conducta de todos los países, conformando el marco en que toman sus decisiones. En tal sentido, es evidente que Maduro y sus colaboradores fueron tomados de sorpresa por las nuevas realidades del mercado petrolero mundial, realidades que han clavado una daga en las entrañas del régimen. Y esto no es lo peor, pues las sorpresas son comunes en ese ámbito. Lo peor es que el gobierno revolucionario no comprende las implicaciones profundas de las transformaciones en el panorama energético global, y pretende repetir las ya agotadas maniobras dentro de la OPEP, maniobras que pertenecen a épocas y relaciones de poder que no retornarán.

La estrechez mental y enciclopédica ignorancia de la izquierda delirante, así como la depredación castrista, están empujando a Venezuela a un dramático destino. La geopolítica de nuestros gobernantes consiste en quejarse por las consecuencias de sus desatinos, de su ceguera, de su patética incompetencia, de su entrega y subordinación a los intereses de Cuba, sin jamás considerar siquiera la posibilidad de que sus desgracias no sean el producto de una conspiración de quienes les adversan, sino de sus ideas absurdas, de su incapacidad, corrupción e incurable resentimiento.

¿En qué punto dejan a Venezuela la revolución del buen salvaje y la ideología del escape? Explorar una respuesta exige cierto contexto. Avanzaré citando lo que en una entrevista de hace pocos días, sostuvo el presidente de una de las empresas encuestadoras establecidas en Venezuela. Según esta persona, “en Venezuela durante 15 años han gobernado las palabras y las emociones… durante 15 años en Venezuela hubo un discurso muy poderoso del liderazgo del presidente Chávez que cambió la identidad nacional cultural. Ha surgido un nuevo repertorio de significaciones, nociones, metáforas, contenidos, símbolos y gramáticas que en este momento atraviesan a los todos sectores sociales. Hoy el país es chavista aunque no vote por Chávez, porque las ideas que durante 15 años fueron comunicadas de manera incesante y permanente cambiaron los significados culturales de la sociedad venezolana en general”.

Estas afirmaciones son muy discutibles. A mi manera de ver, en Venezuela no ha habido un cambio de la cultura política anterior a Chávez, sino una profundización de los peores rasgos de la cultura política ya vigente previamente a Chávez, y caracterizada por la creencia en que Venezuela es un país inmensamente rico debido tan sólo a sus recursos naturales, por la ruptura del vínculo entre trabajo y bienestar, por la dependencia con respecto al Estado, el populismo y el caudillismo. No tenemos una “nueva” cultura política, sino una predominante cultura política aún más distorsionada y fracasada de la que ya teníamos, una cultura política de izquierda populista que impide a los venezolanos entender la realidad que les rodea, y lo que se requeriría para prosperar en el mundo actual. De allí que ni siquiera Chávez y Maduro se hayan atrevido a aumentar el precio de la gasolina, que las llamadas “misiones” se hayan convertido en programas permanentes para la dependencia de millones, y que hoy tantos se pregunten por qué, si somos tan ricos, Venezuela se encuentra sumida en el foso de subdesarrollo en que de hecho la vemos.

En síntesis, la revolución del buen salvaje y la ideología del escape dejan tras de sí una nación postrada y en última instancia controlada por la Cuba comunista, una sociedad perpleja que no logra armonizar las fantasías transmitidas durante años de propaganda oficial con las realidades ante las que choca a diario, y un sistema político invertebrado, en el que los poderes públicos escenifican una perenne pantomima en medio de la invertebración del Estado. La sociedad venezolana se asoma al que podría ser un año decisivo de su evolución histórica con sus energías vitales disminuidas, sus recursos morales desgastados, y sus fuerzas políticas democráticas dispersas pero no finalmente destruidas. De allí que, a pesar de todo, sigo apostando a que llegará el amanecer para Venezuela. No queda otra opción.

domingo, 16 de octubre de 2022

Imaginario

DE LA NO-POLÍTICA

Luis Barragán

"Los señores políticos, supuso, llegarían

más tarde para hacerse cargo de todo.

Sin duda andaban preparando, en el

comité oficial de recepción del

Palacio Nacional, sus discursos,

sus demagogias y sus ambiciones"

Arturo Pérez Reverte [*]

Principiando el presente siglo, los adjetivos ayudaban a amortiguar las intenciones reales de Chávez Frías: la revolución pacífica, por ejemplo, gozó de buena cotización, al igual que otros términos, como proceso constituyente. En los  tiempos inaugurales del régimen, los simplificaron e insistieron más en el “proceso” que en la “revolución” para darle identidad y sentido a los acontecimientos propulsados.

            E, igual, todo ascenso burocrático reclamaba la condición de “chavista” antes que de “revolucionario” para el aspirante.  Sin embargo, comenzando por el confiscador de Miraflores, en las más altas esferas se vieron a sí mismos como irremediables rebeldes y novedosos inconformes, capaces de cualesquiera sacrificios para mantener siempre firme el ideario y combatir decididamente al oponente.

            Para reforzar cierto imaginario social originado en los tempranos sesenta del siglo pasado, quizá para la cautela o el disgusto de Luis Miquilena y Luis Alfonzo Dávila, incinerados políticamente con prontitud, luego de asumir el rol de altísimos funcionarios, Chávez Frías se confesó como un subversivo irreductible, versionando sus antiguos deberes militares, y, sabiéndolo, en la entrevista que le hiciera, José Vicente Rangel lo satisfizo con un título que lo juraba el mismo subversivo entre la cárcel de Yare y el palacio de gobierno.

            E, incluso, la postrera publicación de los discursos de Willian Lara por la Asamblea Nacional, la intitularon “discursos insurgentes”. Por cierto, aunque respondiese lealmente como una sucursal del Ejecutivo,  a la larga resultó el más serio y el más parlamentario del oficialismo, pues, al menos, procuró guardar un poco más las formas al presidir la corporación.

            Por supuesto, sobre todo en el período asambleario entre 2010 y 2015, con absolutas libertades en el hemiciclo frente a la minoría opositora de entonces, los oficialistas se autodenominaban fundamentalmente como chavistas, maduristas, patriotas y revolucionarios, y, desde el PSUV, una que otra vez se identificaron abiertamente como comunistas.  Quizá, ahora importa menos las definiciones y, como de intereses consolidados y emergentes se trata, se dirán “zoneros” (clásicos del Caribe), en el caso de ganarse el premio de regentar una zona económica especial que, vaga acotar,  no arranca con las dimensiones prometidas en la ilegítima Asamblea Nacional.

            Las cómodas autodefiniciones comenzaron a relevarlos a la vuelta de década y media de hacer  la antipolítica que los llevó,  al poder que no es otra cosa que hacer política versionando el desprecio hacia los partidos, entre otros factores, un fenómeno continental que muy bien se expresó en las largas dictaduras militares arrastradas desde el siglo XIX. El caso está que, por esa disyuntiva schmitteriana de amigo y enemigo, el régimen manipula, simula negociaciones con la oposición, o invierte y se crea una su medida, aplastando toda seria disidencia. Vale decir, niega la política, a favor del espectáculo.

            El mayor de los peligros es el de su descomposición, pues, por una parte, paulatinamente, Miraflores asume y presume que cada vez menos ha de entenderse hacia el interior del movimiento y, así como muelen a Elías Jaua que ha de padecer en silencio, el poder brutalmente ejercido se siente entre los más antiguos camaradas, comenzando por los cuadros del PCV; y, por la otra, los círculos palaciegos celebran literalmente el espectáculo, aplaudiendo in situ a actores y cantantes que, luego, confiesan sus honorarios, en clara burla al país. El poder establecido se basta a sí mismo, decide fechas comiciales, distribuye privilegios, reconoce y desconoce ejemplarizantemente, pero los prohombres del régimen se sienten rebeldes, subversivos, o insurgentes, dándole la espalda a toda articulación política y arraigo social, siendo otros los demagogos y ambiciosos.

[*] "Revolución. Una novela", Alfaguara, Barcelona, 2022: 283

Ilustración: Ganduz Aghayev.

17/10/2022:

https://guayoyoenletras.net/2022/10/17/de-la-no-politica/

jueves, 14 de abril de 2022

La identidad por asalto

LANZAN UN MISIL AL IMAGINARIO CARAQUEÑO

El Concejo Municipal de Libertador, Distrito Capital, ha dictado una Ordenanza de los Símbolos con el objetivo de fortalecer el sentido de pertenencia, gentilicio e identidad de acuerdo con el artículo 2 de la Gaceta Municipal número 4801 de fecha 13 de abril del presente año.

Para el diputado Luis Barragán,  dirigente nacional de Encuentro Ciudadano, es un hecho grave que no puede pasar inadvertido.

“Nada extraña que la municipalidad resultante de las espurias elecciones del 21 de noviembre próximo pasado, bajo la más completa hegemonía oficialista, haya tomado por asalto el sentido de identidad de los caraqueños, distorsionando la memoria histórica, con el cambio radical y arbitrario del himno, el escudo y la bandera, precisamente, en medio de la Semana Santa, con demasiada saña y alevosía”.

Argumentó el parlamentario que la normativa pretende alterar y destruir los referentes históricos y simbólicos de una ciudad que estuvo a la cabeza del proceso independentista de la América Hispana: “Caracas estuvo a la vanguardia de la liberación continental en el siglo XIX, como lo estará en el XXI en la tarea de superar al régimen socialista que la ha hundido, metropolitanizando el deterioro y la miseria. Por ello, la previsión de cambiar la simbología de la ciudad capital, confundiéndola con la del propio partido y discurso de la usurpación, porque – en última instancia – el esfuerzo es el de confundirnos al extremo, borrando la memoria histórica para quedar a la merced del Estado Criminal y de sus intereses circunstanciales, formando parte de la guerra no convencional de la que somos víctimas”.

Alertó que el cambio de símbolos viene adelantándolo el régimen desde hacen un buen tiempo, “pero esta guerra psicológica se va a extender aún más en todas las regiones y localidades del país al que pretenden forzarle una identidad absolutamente artificial, sin raíces históricas ciertas, teniendo como único motivo de pertenencia la ciega militancia en el partido de gobierno”.

Comentó el dirigente del partido azul marino que “es evidente la mala intención que caracteriza la Ordenanza que va a generalizarse en Venezuela, dictada en Semana Santa, a juzgar por las sanciones que contempla y al hecho mismo que no fue debidamente consultada, como dijo el concejal Goyo Cariba, ni siquiera a los académicos de  la historia”.

Finalmente acotó: “Es y será muy legítima la resistencia de los capitalinos ante esa suerte de misil lanzado al imaginario social y, desde ya, Encuentro Ciudadano de Caracas, adoptará las iniciativas necesarias, orientada a salvaguardar un gentilicio que no es otro que el de la libertad por la que bregamos desde 1810”.

14/04/2022:

http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacionales/37031-imaginario

lunes, 28 de febrero de 2022

Las máscaras del poder

EN DEFENSA DE LA REALIDAD

Luis Barragán

Culminan las carnestolendas que ha recuperado el régimen, recordando que cerramos el siglo anterior reducidas a una sencilla festividad escolar. En días semejantes,  por 1992, los propulsores del golpe supieron que había calado profundamente en el imaginario popular al exhibirse los niños que imitaron a los felones paracaidistas con la particular vestimenta.

            Los histriones que antes denunciaban el poder de las máscaras y las máscaras del poder, callan vergonzosamente. El Estado, o lo que queda de él, se ha convertido en una gigantesca maquinaria de falsificación de la realidad que, padecida amargamente, por supuesto, es indomable.

            Cual oasis hacia el oeste de la gran ciudad que ahora lo llaman centro (solo)  histórico, las escaleras de El Calvario, concurridas e iluminadas, se dicen copia de la nocturnidad de Las Mercedes que sólo pocos celebran, nadando en una extravagancia de privilegiados bajo  perpetua sospecha, o en el disfraz del tal Superbigote que varios consejos comunales distribuyeron en Caracas. En uno y otro lugar, similar a varias calles de una excepcional Catia limpia y alumbrada,  parece que no hay riesgo alguno de asalto a mano armada o desarmada,  y ni siquiera el hábil empujón del carterista, compartido un plato exquisito o la   pequeña bolsa de cotufa de viejas y gratas prestancias.

          Los terraplanistas del socialismo del siglo XXI tampoco logran esconder esa realidad de los especialistas que, al fin y al cabo, cuentan con la teoría y las herramientas para hundir el bisturí  en la triste experiencia que nos embarga, señalando causas y consecuencias. Aquellos se ven obligados a esconder todas las cifras habidas y por haber, desde el Banco Central hasta el Instituto Nacional de Estadísticas, pasando por los cuerpos policiales, para evitar cualquier indicio o pista, asomando la punta del hilo de nuestras calamidades que los economistas, sanitaristas o criminólogos puedan halar para desmontar esta inmensa falacia que jura explicarnos.

            Así como los que creen a pie juntillas que la tierra es plana, no logran desmentir el discurso – al menos – matemático que dice lo contrario, los burócratas del régimen no pueden con los economistas que, a modo de ilustración,  pueden probar (y deben hacerlo) que el mundo gira y, más temprano que tarde, será inevitable superar a un régimen que nos coloca en un peligro existencial. De modo que, en defensa de la realidad, suponemos que un conjunto de probados economistas de trayectoria, sólo cumplieron con una formal solicitud para que Maduro Moros autorice la publicación de los números, faltándoles mucho que hacer todavía.

Fotografía: LB (Caracas, 24/02/2022),

Martes de carnaval, 01/03/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/en-defensa-de-la-realidad/

Breve nota LB: J,R, Herrera, siempre tan generoso al igual que William Anseume.

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY