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domingo, 28 de septiembre de 2025

Posibilidad de plenitud

EPULÓN Y LÁZARO

(San Lucas,16: 19-31)

Fray Marcos [Rodríguez]

Por última vez, después de una insistencia machacona, nos habla Lc de la riqueza. Yo también tengo claro que en materia de riqueza no haremos caso ni aunque resucite un muerto. La parábola va dirigida a los fariseos. Acaba de decir el evangelista: “Oyeron esto (no podéis servir a dos amos) los fariseos, que son amigos del dinero, y se burlaban de él”. Jesús apoyándose en las creencias que ellos aceptaban, quiere hacerles ver que, si de verdad creyeran lo que predican, no estarían tan pegados a las riquezas.

Esta parábola es clave para entender algo de lo mucho que nos dice el evangelio sobre las riquezas. No se puede hablar de ellas en abstracto y la parábola nos obliga a pisar tierra. El rico no tiene en cuenta al pobre y sin esa toma de conciencia nada tiene sentido. Lo único negativo del relato es que, mal interpretada, nos ha permitido utilizarla como opio para el pobre. Aguanta un poco, hombre, que aunque te parezca que el rico disfruta, espera al más allá y le verás freírse en el infierno, mientras tú encontrarás la dicha más completa.

Esta parábola nos dice lo mismo que (Mt 25,34-46) “Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber...” Las dos hay que entenderlas dentro de una visión mitológica del más allá: premio y el castigo más allá, como solución de las injusticias del más acá. Utilizar estos textos para seguir hablando de un premio para los pobres y un castigo para los ricos en el más allá, no tiene sentido alguno; a no ser que se busque la resignación de los pobres para que no se revelen contra la injusticia y poder así seguir disfrutando los ricos de sus privilegios.

Para comprender por qué el rico, que comía y vestía de lo suyo, es lanzado al “hades”, debemos explicar el concepto de rico y pobre en la Biblia. Para nosotros “rico” y “pobre” son conceptos que hacen referencia a una situación social. Rico es el que tiene más de lo necesario para vivir y puede acumular bienes. Pobre es el que no tiene lo necesario para vivir y pasa necesidades vitales. En el AT la perspectiva es siempre religiosa. Fueron los profetas, sobre todo Amós, los que levantaron la liebre y denunciaron la maldad de la riqueza. Su razonamiento es simple: la riqueza se amasa siempre a costa del pobre.

Pobres, en el AT, sobre todo a partir del destierro, eran aquellos que no tenían otro valedor que Dios. Se trataba de los desheredados de este mundo, que no tenía nada en qué apoyar su existencia; no tenían a nadie en quien confiar, pero seguían confiando en Dios. Esta confianza era lo que les hacía agradables a Dios, que no les podía fallar (Lázaro, -´el´azar en hebreo- significa Dios ayuda). No existe en el AT concepto puramente sociológico de rico y pobre, porque nada se podía desligar del aspecto religioso.

Ahora comprenderéis por qué el evangelio da por supuesto que las riquezas son malas sin más matizaciones. No se dice que fueran adquiridas injustamente ni que el rico hiciera mal uso de ellas, simplemente las utilizaba a su antojo. Si Lázaro no hubiera estado a la puerta, no habría nada que objetar. Pero es precisamente el pobre, el que con su sola presencia, llena de maldad el lujo y los banquetes del rico. Tampoco Lázaro se propone como ejemplo moral de pobre, sino como contrapunto a la opulencia del rico.

Para comprender que no es fácil descubrir el verdadero sentido del evangelio, basta ver el comportamiento de Jesús. Sin duda ninguna, Jesús manifiesta una predilección por todos los que necesitaban liberación, entre ellos los pobres; pero también admitió la visita de Nicodemo, era amigo de Lázaro, aceptó la invitación de Mateo, acogió con simpatía a Zaqueo, fue a comer a casa de un fariseo rico, etc. No es fácil descubrir las motivaciones profundas de la manera de actuar de Jesús. Jesús descubrió que la riqueza acumulada y no compartida, impide entrar en el Reino de los cielos; así lo predicó sin contemplaciones. Pero su actitud no fue excluyente, sino abierta y de acogida para con los ricos.

El mensaje del evangelio no pretende solucionar un problema social sino denunciar una falsa actitud religiosa. Una correcta actitud religiosa solucionaría la injusticia social. El evangelio está a años luz del capitalismo, pero también del comunismo. Jesús predica el “Reino de Dios”, que consiste en hacer de todos los hombres una comunidad de hermanos. La diferencia es sutil, pero sustancial. El comunismo reparte los bienes, pero mantiene al pobre en su pobreza para seguir justificándose. Jesús propone compartir como fruto del amor que nos une. La consecuencia sería la misma, que los ricos dejarían de acaparar y los pobres dejarían de serlo, pero el camino recorrido humanizaría tanto al rico como al pobre.

Seguramente que el rico de hoy hacía favores e invitaría a comer a sus hermanos y a los amigos ricos como él. Esa actitud no garantiza humanidad alguna. Elamor cristiano solo está garantizado cuando hago algo por aquel que no va a poder pagármelo de ninguna manera. El amor que pide Jesús nunca se puede desligar de la compasión. Amor sin compasión es interés. Un niño no tiene compasión por su madre, por eso lo que siente por ella no es “amor” sino interés radical, porque en ello le va la vida. La inmensa mayoría de las relaciones que calificamos como amor, no superan el listón del interés egoísta.

Ahora podemos entender por qué refugiarse en la incapacidad de cada uno para solucionar el hambre del mundo no puede ser excusa para no hacer nada. Vuelvo a recordarlo, la denuncia no es de un problema social, sino religioso. Nuestra pasividad está demostrando que la religión no es más que una tapadera que intenta sumar alguna seguridad espiritual a las seguridades materiales que nos tranquilizan. Jesús no te está pidiendo que soluciones el hambre del mundo, sino que salgas de tu error al confiar en la riqueza como salvación. No se te pide que salves el mundo, sino que te salves tú. Ahora bien, si los ricos dejásemos de acaparar bienes, inmediatamente llegarían a los pobres.

Me daría por satisfecho si todos nosotros saliéramos de aquí convencidos de que la pobreza no es un problema que alguien tiene que solucionar, sino un escándalo en el que todos participa­mos y del que tenemos la obligación de salir. No es suficiente que aceptemos teóricamente el planteamiento y nos dediquemos a criticar las injusticias que se están cometiendo hoy en el mundo. Es lo que hacemos todos. Se trata de descubrir que aunque yo esté dentro de la más estricta legalidad cuando acumulo bienes materiales, eso no garantiza que mi relación con los hombres, y por lo tanto con Dios, sea la correcta.

No basta con que los ricos sean despojados de su riqueza, porque los ahora pobres ocuparían inmediatamente su lugar. Eso ha pasado en todas las revoluciones sociales. La única solución es la que propone Jesús y pasa por superar todo egoísmo para hacer un mundo de hermanos. Es verdad que los ricos no se consideran hermanos de los pobres, pero no es menos cierto que los pobres tampoco se consideran hermanos de los ricos. El evangelio va mucho más allá de la solución de unas desigualdades sociales, pero también esas injusticias quedarían superadas con un verdadero amor-compasión.

No podemos desarrollar nuestra religiosidad sin contar con el pobre. Nuestra religión, olvidando el evangelio, ha desarrollado un individualismo absoluto. Lo que cada uno debe procurar es una relación intachable con Dios. La moral católica está encaminada a perfeccionar esta relación. Pecado es ofender a Dios y punto. El evangelio nos dice algo muy distinto. El único pecado que existe es olvidarse del hombre que me necesita. Mi grado de acercamiento a Dios es el grado de acercamiento al otro. Todo lo demás es idolatría.

Meditación-contemplación

“Tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen”.

No hay peor sordo que el que no quiere oír.

Los que han tenido una experiencia de humanidad, nos lo advierten;

Pero solo escuchamos las sirenas del hedonismo.

......................

Intenta ir un poco más allá de los instintos.

Satisfacer las necesidades biológicas no es malo, pero es insuficiente.

Solo las exigencias de tu verdadero ser te llevarán a la plenitud.

No debes renunciar a nada sino elegir lo mejor para ti, aquí y ahora.

..............

Abandona la perspectiva de un premio o de un castigo.

Dios te está dando siempre una posibilidad de plenitud.

No desarrollar esa potencialidad, es la verdadera condenación.

Tú solito estás malogrando tu existencia.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/8013-epulon-y-lazaro.html

Ilustración:  Jacopo Bassano, “Lazarus and the Rich Man" (Cleveland Museum of Art).

Padre Peraza: https://www.facebook.com/arperaza/videos/25619403830982006

Padre Martín: Dicasterio para los Obispos:

https://www.youtube.com/watch?v=XNZQH8CPFHI

Papa León a los catequistas (27/09/25): https://www.youtube.com/watch?v=fHnZLbmf2kA

Papa León (28/09/25): https://www.youtube.com/watch?v=TtrH84rQIuc

Padre S. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=QACFGnjRAEg


Padre J. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=3QPUcKaDMc0

domingo, 7 de mayo de 2023

Camino, verdad, vida

San Juan 14, 1-12
¿SIGUES ESPERANDO VER A DIOS, COMO FELIPE?
Si no lo descubres en el hombre, nunca lo verás.
Marcos Rodríguez
Hoy podríamos desarrollar, no una homilía, sino todo un tratado desde cada una de las lecturas.
En la primera, descubrimos cómo los ministerios (diaconado) no fueron instituidos directamente por Jesús, sino que surgieron como exigencias de una comunidad que crece y tiene que organizarse.
"Escoged a siete de vosotros... y les encargaremos de esa tarea." (Hch 6,1-7)
En la segunda, nos encontramos con la idea del sacerdocio de los fieles, recuperada por el Vaticano II, pero escamoteada por los que han venido después.
“Vosotros sois: raza elegida, sacerdocio real, nación consagrada, pueblo de su propiedad...” (1 Pe 2,4-9)
Quiere decir que, como cristianos, cualquier simple fiel y Benedicto XVI, en lo esencial, son idénticos.
Todo cristiano es esencialmente sacerdote, porque participa del sacerdocio de Cristo. La diferencia con el sacerdocio ministerial es accidental, aunque sea importante. No se trata de quitarle importancia, pero no debemos establecer diferencias substanciales entre cristianos. Los ministros ordenados no son más ni menos cristianos.
El evangelio, aunque es una pequeña parte del discurso de despedida que Juan pone en boca de Jesús en la última cena, se trata de reflexiones pascuales. Lo que en el discurso es futuro, es ya presente para el que escribe y el que lee. Pero este presente deja entrever un nuevo futuro que el Espíritu irá realizando.
Se percibe la dificultad que tiene la comunidad de expresar su experiencia de salvación. Esta vivencia está anclada en la presencia de Jesús, del Espíritu y del Padre. El ambiente es de inquietud: la traición de Judas, el anuncio de la negación de Pedro, el anuncio de la partida. Todo es inquietante. Está justificada la invitación a la calma y a la confianza.
El tema central de este capítulo 14 es el Padre. La clave del mensaje de Jesús es su relación con el Padre y la de sus discípulos.
“Mantened vuestra adhesión a Dios y a mí” (pisteuete eis...). Juan utiliza esta construcción 30 veces, dirigida a Jesús. En 12,44 y aquí pone como término a Dios, indicando la identidad de ambas adhesiones.
Está en juego la relación de los discípulos con Dios. La opción por él y la opción por Dios son la misma cosa. Si de verdad buscan a Dios, están en el buen camino, porque están con él. No hay diferencia entre la adhesión a Dios y la adhesión a Jesús. Esta es la razón por la que no tienen nada que temer.
“En el hogar de mi Padre, hay sitio para todos”. “Oikia” = casa, pero también familia, intimidad. “Monai pollai” = muchas moradas. “Mone” se deriva de “ménô” = permanecer.
Significa la presencia del Padre en Jesús y de Jesús en el Padre. Jesús va al Padre, para procurarles un tipo de relación con Dios, similar a la suya.
No hay diferencia de rango en las moradas, sino multiplicidad. No se trata de un lugar, sino del ámbito del amor de Dios. En el corazón de Dios, todos tienen cabida. También podía traducirse: en la familia de Dios hay sitio para todos.
Todos los seres humanos están llamados a recorrer el mismo camino de Jesús, para entrar a formar parte de la familia (ámbito) del mismo Dios. Como Jesús está “en el seno del Padre”, así todo cristiano puede llegar allí.
La incomprensión de Tomás, es recurso literario, y da al autor  la oportunidad de aclararse.
Yo soy el camino, la verdad y la vida. Estamos ante uno de los textos más densos, referidos a la realidad de Jesús. La meta es el Padre. Él es el camino, pero también la verdad y la vida.
El concepto de “camino” presupone un término. El concepto de “verdad” presupone un contenido. El contenido es él. De los tres términos, el único absoluto es “vida”. Porque Jesús posee la Vida, es verdad y es camino.
Yo soy camino. Jesús es un proyecto realizado, porque recorrió el camino que le llevó a la plenitud humana. El camino es el amor hasta la muerte. El don total de sí mismos les realizará plenamente y hará brillar en ellos la presencia de Dios. Pero además de recorrer ese trayecto, me hago camino para que tú puedas recorrerlo también. En el Antiguo Testamento el camino era la Ley. Jesús sustituye la Ley, no con otra ley, sino con su persona.
Yo soy verdad, es decir, soy lo que tengo que ser, soy yo mismo, soy auténtico. No se trata de la verdad lógica, (la adecuación de un predicado a un sujeto), sino verdad ontológica que hace referencia al ser, no al conocer. Quiere decir que Jesús es plenamente hombre, autentico y verdadero. Es lo que tiene que ser un ser humano. Es verdad, porque la trayectoria de su vida es la que tiene que recorrer todo hombre. Lo contrario sería ser lo que no eres, ser falso, engañoso, pura apariencia, no ser uno mismo.
Yo soy vida, es decir, lo verdaderamente importante de mi ser está en la energía que hace que sea lo que soy. Recordad: "El Padre que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me coma, vivirá por mí." Está hablando de la misma Vida de Dios, que se le ha comunicado a él y que, a través de él, se nos comunica a nosotros.
“Nadie se acerca al Padre...” En el capítulo 6 había dicho: “nadie viene a mí si el Padre no lo atrae”. Las dos ideas se complementan. Para el que nace del Espíritu, el Padre no es alguien lejano, su presencia es inmediata. Hacerse hijo es hacer presente al Padre. La identificación con Jesús, hace al discípulo participar de la misma vida de Dios.
Si llegáis a conocerme del todo, conoceréis también a mi Padre. Una vez más se refleja el “ya, pero todavía no” de la primera comunidad. El seguimiento de Jesús es un dinamismo constante. No se trata de progresar en el conocimiento, sino en la comunión por amor. El conocimiento vivencial de Jesús, hará que el Padre se manifieste en el discípulo. Lo que pide Felipe es una teofanía como las narradas en el Antiguo Testamento. Piensa que Jesús es un representante de Dios, no la presencia misma de Dios.
Quién me ve presente a mí, ve presente al Padre. ¿Cómo dices tú, muéstranos al Padre? Esta queja, puesta en boca de Jesús, es una clara reflexión pascual de los discípulos. En su vida pública no entendieron ni jota de lo que era realmente Jesús. Felipe sigue separando a Dios del hombre. No ha descubierto el alcance del amor de Dios ni su proyecto sobre el hombre. No se han enterado de que Dios sólo es visible en el “hombre”. Desde esta perspectiva, Jesús podía decir: quien me ve a mí, ve a mi Padre. Y al mismo tiempo: si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre porque el Padre es más que yo.
“Las exigencias que yo os propongo...” Las obras son la manifestación de que Dios está en Jesús. ¡Ojo a este dato! La presencia de Dios en Jesús es dinámica. El Padre ejerce su actividad creadora a través de Jesús. Él, a partir de su propia experiencia, propone las “exigencias” que Dios le pide a él.
A través de sus obras realiza el designio creador. El criterio para descubrir si el Padre está en Jesús serán siempre las obras. Lo que dice tendrá siempre un valor relativo. Lo verdaderamente válido son las obras. Si lo tenemos claro, descubriremos a Dios en las obras de Jesús a favor del hombre.
Pero la manifestación de Dios en las obras de Jesús no es una exclusiva suya. Dios actúa en él y seguirá actuando en todo aquél que siga sus pasos. Liberar al hombre será siempre obra de Dios, sea a través de Jesús sea a través de los seguidores. “Hará obras aún mayores”.No se trata de milagros, sino de la manifestación del amor en favor del hombre. La obra de Dios no termina en Jesús, empieza en él y se continuará siempre.
Meditación-contemplación
Yo soy camino, yo soy verdad, yo soy vida.
Ésta es la profunda experiencia de los cristianos de finales del siglo I.
En Jesús descubrieron, no sin dificultades, la presencia de Dios.
Mi tarea es descubrir también ese Dios de Jesús.
...................
Para encontrar ese Dios en Jesús, tengo que abandonar mis ídolos.
Dioses que tengo muy arraigados en lo más hondo de mí,
de los que no me quiero desprender porque son fabricación mía
y con los que me encuentro muy a gusto
porque responden a mis deseos.
..................
El Dios de Jesús, por ser amor, me exige amar.
Y eso es precisamente lo más contrario a mis deseos egoístas.
Para llegar al verdadero Dios sólo hay un camino:
el que recorrió Jesús amando hasta el extremo.
Ilustración: Rembrandt Harmenszoon van Rijn.
Fuente:

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY