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lunes, 29 de abril de 2024

Lecciones

DE LAS CIRCUNSTANCIAS DE CORINA YORIS

Luis Barragán

Diez mil quinientas cosas para un mismo día y, apenas quedó postergada una diligencia, cercanos, nos escapamos para la Academia de la Historia a objeto de despejar un dato hemerográfico que nos intrigaba. En poco tiempo lo obtuvimos y, al salir, algo apurados, entraban al Palacio de las Academias, Genny, César y Guillermo, e, inmediatamente, disparamos: - ¿… No digan que es hoy el acto de incorporación de Corina Yoris?

Algo recurrente, confundimos fechas, pero ya esperaba la otra y efectiva reunión de trabajo y, además, el acto también requería de una vestimenta formal que el calor prohíbe para los trámites de una urbe anarquizada. Ojalá muy pronto, podamos leer el discurso de incorporación y su contestación.  No obstante, brevemente reparemos en tres circunstancias.

La una, cada vez son más escasos los eventos afines, requeridos y hasta urgidos de una mayor sobriedad, certeza y credibilidad en el resto de los escenarios públicos y sociales. Sin duda alguna, una perversa pedagogía ha ejercido el poder establecido y sus protagonistas, en todo el presente siglo, banalizando cualesquiera actos políticos que encuentran sus inadvertidos equivalentes en las faenas académicas, forenses, deportivas, registrales, nupciales y otras parecidas de la vida civil.

La otra, ciertamente, padecemos el tiempo de los simulacros, añadida una literal ficción de democracia y de libertades, con instituciones del Estado que simulan serlo, pero también de un poderoso e inmenso prejuicio en clara defensa de lo banal, efímero y grotesco. Esta vez, el país de las más recientes generaciones relativamente se enteró de la existencia de la Academia de la Lengua y del ingreso sustentado en los méritos irrefutables de Corina Yoris-Villasana, presidenciable por varias y tensas semanas.

Finalmente, algo que valoramos extraordinariamente,  el coraje cívico y aleccionador de la profesora Yoris-Villasana, a quien conoce el país de las aulas superiores por añales y, ahora, ha conocido y celebrado el país sufriente del régimen socialista que desgraciadamente ha impuesto como prototipo al dirigente improvisado, irresponsable, ignorante, pendenciero, vanidoso, megalómano, y “sobraote”. Ella, ha sido una bocanada política de oxígeno, desde su firme actuación en la Comisión Nacional de Primaria, convertida en una voz referente, sensata, seria, confiable del liderazgo opositor.  

Fotografía: Tomada de la cuenta facebookeana de Luis Beltrán Franco. 

29/04/2023:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/41147-de-las-circunstancias-de-corina-yoris

lunes, 11 de diciembre de 2023

Del obrar político

CONVICCIÓN Y MENTALIDAD DE ESTADO

Luis Barragán

Veinticinco años de un diario e intenso aprendizaje, no es poca cosa. El discurso del poder ha permeado eficazmente en todos los sectores dirigentes, monopolizados los medios más accesibles de comunicación pública que no permiten contrarrestarlo suficientemente, añadidas las insólitas limitaciones culturales para ensayar un contradiscurso fuera del obsesivo spot publicitario, las hueras consignas, o las frases digitalmente laboratorizadas.

Tendemos a sospechar del complejo tratamiento de los problemas hasta por una congénita incomprensión del resto de los mortales, resueltos y decididos a cultivar una cómoda banalidad así ostentemos medianas o altas responsabilidades políticas. Además, asistimos al fenómeno opositor que un amigo señala como el de una megalomanía sin poder, por una parte, despreciando las prácticas, el procedimiento, la operatividad y, en definitiva, el obrar político macerado por muchos años, sin ofrecer alternativas; y, por otra, actuando cual secta religiosa afianzada por relaciones primarias de simpatía o antipatía personales.

La presuntamente imparable desinstitucionalización de la vida política, únicamente favorece a quienes detentan formalmente el poder, pero –  librándolos de responsabilidades – la ya arraigada creencia de que solo el derribamiento inmediato, repentino y, por supuesto, espectacular, nos releva o dice relevarnos mientras tanto de la denuncia profunda de los problemas que nos aquejan, y el planteamiento de soluciones que vayan más allá de las meras circunstancias capaces de ocultar otras y más perniciosas aristas. Un balance de las más disímiles columnas de opinión sobre el asunto esequibano, en los dos últimos meses, nos muestra un porcentaje muy mínimo de aportes creativos de legos y entendidos que seguramente concitaron la atención de los curiosos lectores,  en contraste con una mayoría contundente de aquellos que trillaron el tema por moda, deslizándose una que otra nota escolar que, por supuesto, no obedecía a ejercicio pedagógico alguno.

Pensar hoy con la urgida convicción y mentalidad de Estado que ojalá fuese vocación en última instancia histórica, significa reintegrar al obrar político una dimensión que se hizo característica y tradición en la Venezuela del siglo anterior, y que, a modo de ejemplo,  no por casualidad, hubo líderes que igualmente adquirieron una extraordinaria experticia en materia petrolera y laboral al mismo tiempo que recorrieron incansablemente todos los municipios y parroquias del país. Poco o nada haremos si a las habilidades tácticas, las destrezas comunicativas y demás que son propias del activismo en el mundo real o virtual, no sumamos una poderosa intuición, un indispensable conocimiento y un inspirado sentido estratégico para ir más allá de la punta de la nariz.

Nos cautiva la situación observada en las postrimerías del gomecismo con el destino del ejército y otros componentes afines, porque nadie podía asegurarles la continuidad en los términos que prodigó la larga dictadura al crear la Academia Militar, pero que también la eliminó cuando lo juzgó conveniente y necesario. Así, sorprende la atención dispensada a una realidad completamente inédita por dirigentes que no llegaban a la treintena de edad y, desde la más activa oposición, principiando 1936, fueron capaces de descubrir y reivindicar la institucionalidad castrense y de augurarle un destino democrático, a través de un manifiesto seguramente leído y comentado a viva voz en las incansables tertulias de un país predominantemente analfabeto.

Por estos tiempos, está consagrado un peligroso oficio de supervivencia, como el de los colectores del transporte público urbano, hombres y mujeres, mayores y menores de edad, cuya brega es diversa y cotidiana, urgida y angustiosa, apacible y violenta. En nada debe perjudicarlos plantear sus problemas a la luz del derecho del trabajo y sus instituciones, como de la radical flexibilidad laboral encubierta por una retórica populista, dejando por sentado que ellos jamás lo comprenderán y que la dirigencia política democrática que se atreva tampoco encontrará audiencia, por lo menos, hasta que ocupe la correspondiente cartera ministerial y tome todo su tiempo en la designación de una copiosa burocracia.

La realidad actual está ahí, al frente, intacta, interminablemente padecida, para ser escrutada, interpretada y superada, aunque – pueriles – nos resignemos a la versión del socialismo no menos real de esta centuria, confiados en el solo milagro de un derrumbe que autorice el estudio y la determinación de transformarla. Convengamos, resignación inaceptable trastocada la trivialidad en una pereza militante e incapaz de cuestionar el mundo, gustosa de los oropeles del poder establecido.

Fotografía: LB (CCS, 06/12/2023).

12/12/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/conviccion-y-mentalidad-de-estado/

Flechado

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