Javier Argüello
(“El día que inventamos la realidad. El largo viaje de
la conciencia desde el big bang hasta la IA”, Debate, Barcelona, 2025: 11)
Ilustración: Egle Plytnikaite.
Javier Argüello
(“El día que inventamos la realidad. El largo viaje de
la conciencia desde el big bang hasta la IA”, Debate, Barcelona, 2025: 11)
Ilustración: Egle Plytnikaite.
Richard
Flanagan
(“La
pregunta 7”, Libros del Asteroide, Barcelona, 2025: 149)
Ilustración: Iness Rychlik.
- Jorge Villalba. “Las juventudes políticas enjuician:
Donald Ramírez”. El Universal, Caracas, 14/03/79.
- Marcel Roche. “La ´realidad´”. El Diario de Caracas,
18/07/83.
-Eduardo Fernández. “Perspectivas: El Congreso y las
Fuerzas Armadas”. El Universal, 06/11/75.
- “El violento fin de Pancho López”. Élite, Caracas,
N° 2072 del 12/06/65.
Reproducción: Renny Ottolina: "Un día con los genios del cine". Momento, Caracas, nr. 342 del 03/02/63.
Jennifer Dawson
("Al pie del muro", Rara Avis Alba, Barcelona, 2025: 111)
Ilustración: Andrej Mashkovtsev.
LA REALIDAD LABORAL Y LA CANDIDATURA DEL CONSENSO NACIONAL
Luis Barragán
Un cuarto de
siglo después, vivimos largamente peor. La Venezuela de las libertades públicas
por las que había que luchar día tras día, fue también la de las legítimas
movilidades sociales y mejor calidad de vida; e, incluso, instituciones
educativas, como el INCE, preparaban para el desempeño de un oficio inmediato y
la calificación de otros convertidos en una profesión digna y rentable.
Prometida
hasta la saciedad una definitiva redención del pueblo, en una gesta inaudita y enfermiza
del nefasto populismo despilfarrador de la renta, desde tempranas horas, el
obrero calificado no tuvo empresa a la cual trabajarle, acreditada y confiable,
y, mucho menos, ocasión de crear la propia, ingresando a los sectores
marginales de toda ciudad y pueblo que alguna vez tuvieron pretensiones de gran
metrópoli. Excepto las anchas veredas del delito que conducen a una apuesta
macabra por la propia vida y la de los más cercanos, fuere o no de cuello
blanco, sólo queda el camino de la buhonería irremediablemente masiva para
realizar la mercadería legal e ilegal por la que seguramente rivalizarán los
capitostes de un socialismo afincado en los eufemismos de oportunidad: el
“emprendimiento”, sagaz consigna,
contribuye a ocultar las cifras reales del desempleo al mismo tiempo que
asoma otras tareas tradicionales de aristas novedosas.
Desde hace
relativamente poco tiempo, el llamado colector del transporte público
superficial es una pieza indispensable para el conductor que muy antes podía
sólo en las urbes congestionadas y
violentas del país. Además de cobrar el pasaje, hace de copiloto ideal para las
acrobacias del movimiento y frenado, lidiando con otros competidores que incluye
a los fieros motorizados; vocea constantemente la ruta, como todo un tribuno
del asfalto caliente; saca provecho del espacio vehicular disponible, llevando
a los pasajeros casi en el techo; impone orden y concierto en la unidad,
batiéndose en duelo rápido con el que ose malandrearlo;
conoce a los vendedores de golosinas de la ruta, exentos de multa; cohíbe a los
potenciales asaltantes y ayuda a cubrir cualquier emergencia mecánica, afanado
en ganar tiempo y pasajeros. Empero, impresiona
el repertorio de maromas que lo autoriza para despachar desde la puerta de la
buseta, subir o bajar aún con el carro en marcha y no soltar jamás los billetes
que empuña con la otra mano, despuntando las más asombrosas destrezas en una
dura faena que es la de una muy literal supervivencia.
Acaso, uno de
los más elaborados productos del socialismo en curso, el colector no dispone de
mecanismo alguno de seguridad vial, porque se le requiere de mucha soltura para
desplazarse rápidamente dentro y fuera de la unidad, siendo unos más cotizados
que otros por la rapidez de sus acciones.
Hablamos de personas de cualquier edad y sexo (hemos visto a niños muy
avispados), que perciben alrededor de quince dólares por todo el día para las rutas
cortas y medianas, llegando a 25 en el caso de las largas, aunque se nos ha
dicho que, a veces, mala la jornada, chofer y colector reparten por partes iguales los pocos bolívares conseguidos.
Hemos dado
alcance a algunos de los comentarios facilitados por el tedioso tráfico
automotor, donde el tripulante de cabina,
a veces, apenas bachiller, u, otras, reminiscente de su viejo y estable empleo,
agradecen que, por lo menos, haya la posibilidad de acometer una actividad para
ganarse unos realitos pa´la casa, advirtiendo que no se meta el gobierno para imponer condiciones irrealizables que, faltando
poco, siendo su mayor ventaja, no tiene que ocuparse de nosotros. Un
muchacho bastante locuaz para sus catorce años, lo razonó así: si la policía se pone muy cómica con la
edad, yo no tengo dónde trabajar y tampoco dónde aprender a hacer algo, o me meto en la bandita del barrio que ya
está llena o busco chamba en un colectivo.
En verdad, el
gobierno de la transición que iniciará Edmundo González, encontrará una
situación laboral de franco retroceso por el promedio de los ingresos reales
del venezolano, la ficción de empleo, la
inexistencia de sindicatos independientes, la desinversión productiva, la
deplorable ambientación y condiciones para el trabajo, entre otras facetas que
habrá constatado la misión de la OIT que, entendemos, permanece todavía en
Venezuela. Todo apunta a una ya antigua y radical flexibilidad laboral en la práctica, la sostenida práctica de un
socialismo que la exhibe como un incentivo para las llamadas zonas económicas
especiales también fracasadas.
Son varias las
medidas urgentes a implementar en la materia en los cien días iniciales de la
transición, pero nada se hará sin el enérgico y diligente reordenamiento del
ministerio del ramo, y el llamado a la unidad y al diálogo social que haga
posible afrontar una dura y compleja realidad que pega en el fondo del alma y de la
cual – calculan y aspiran perversamente sus creadores – la futura oposición antidemocrática
pueda sacar un magnífico y veloz provecho. Tengamos en mente al joven colector
de la buseta necesitado de iniciativas específicas y concretas que le permitan
llevar el pan a casa con la prontitud que clama a los cielos, y, por ello, González, el candidato del consenso nacional,
encabeza un inmenso desafío de características históricas.
Collage y fotografías: LB (CCS, 29/04/22 y 08/05/24).
16/07/2024:
https://www.elnacional.com/opinion/realidad-laboral-y-candidatura-del-consenso-nacional/
EJERCICIO PREPARATORIO
La hora se vacía.
Me cansa el libro y lo cierro.
Miro, sin mirar, por la ventana.
Me espían mis pensamientos.
Pienso que no pienso.
Alguien, al otro lado, abre una puerta.
Tal vez, tras esa puerta,
no hay otro lado.
Pasos en el pasillo.
Pasos de nadie: es sólo el aire
buscando su camino.
Nunca sabemos
si entramos o salimos.
Yo, sin moverme,
también busco -no mi camino:
el rastro de los pasos
que por años diezmados me han traído
a este instante sin nombre, sin cara.
Sin cara, sin nombre.
Hora deshabitada.
La mesa, el libro, la ventana:
cada cosa es irrefutable.
Sí,
la realidad es real.
Y flota
-enorme, sólida, palpable-
sobre este instante hueco.
La realidad
está al borde del hoyo siempre.
Pienso que no pienso.
Me confundo
con el aire que anda en el pasillo.
El aire sin cara, sin nombre.
Sin nombre, sin cara,
sin decir: he llegado,
llega.
Interminablemente está llegando,
inminencia que se desvanece
en un aquí mismo
más allá siempre.
Un siempre nunca.
Presencia sin sombra,
disipación de las presencias,
Señora de las reticencias
que dice todo cuando dice nada,
Señora sin nombre, sin cara.
Sin cara, sin nombre:
miro
-sin mirar;
pienso
-y me despueblo.
Es obsceno,
dije en una hora como ésta,
morir en su cama.
Me arrepiento:
no quiero muerte de fuera,
quiero morir sabiendo que muero.
Este siglo está poseído.
En su frente, signo y clavo,
arde una idea fija:
todos los días nos sirve
el mismo plato de sangre.
En una esquina cualquiera
-justo, onmisciente y armado-
aguarda el dogmático sin cara, sin nombre.
Sin nombre, sin cara:
la muerte que yo quiero
lleva mi nombre,
tiene mi cara.
Es mi espejo y es mi sombra,
la voz sin sonido que dice mi nombre,
la oreja que escucha cuando callo,
la pared impalpable que me cierra el paso,
el piso que de pronto se abre.
Es mi creación y soy su criatura.
Poco a poco, sin saber lo que hago,
la esculpo, escultura de aire.
Pero no la toco, pero no me habla.
Todavía no aprendo a ver,
en la cara del muerto, mi cara.
Con la cabeza lo sabía,
no con saber de sangre:
es un acorde ser y otro acorde no ser.
La misma vibración, el mismo instante
ya sin nombre, sin cara.
El tiempo,
que se come las caras y los nombres,
a sí mismo se come.
El tiempo es una máscara sin cara.
No me enseñó a morir el Buda.
Nos dijo que las caras se disipan
y sonido vacío son los nombres.
Pero al morir tenemos una cara,
morimos con un nombre.
En la frontera cenicienta
¿quién abrirá mis ojos?
Vuelvo a mis escrituras,
al libro del hidalgo mal leído
en una adolescencia soleada,
con brutales violencias compartida:
el llano acuchillado,
las peleas del viento con el polvo,
el pirú, surtidor verde de sombra,
el testuz obstinado de la sierra
contra la nube encinta de quimeras,
la rigurosa luz que parte y distribuye
el cuerpo vivo del espacio:
geometría y sacrificio.
Yo me abismaba en mi lectura
rodeado de prodigios y desastres:
al sur los dos volcanes
hechos de tiempo, nieve y lejanía;
sobre las páginas de piedra
los caracteres bárbaros del fuego;
las terrazas del vértigo;
los cerros casi azules apenas dibujados
con manos impalpables por el aire;
el mediodía imaginero
que todo lo que toca hace escultura
y las distancias donde el ojo aprende
los oficios de pájaro y arquitecto-poeta.
Altiplano, terraza del zodíaco,
circo del sol y sus planetas,
espejo de la luna,
alta marea vuelta piedra,
inmensidad escalonada
que sube apenas luz la madrugada
y desciende la grave anochecida,
jardín de lava, casa de los ecos,
tambor del trueno, caracol del viento,
teatro de la lluvia,
hangar de nubes, palomar de estrellas.
Giran las estaciones y los días,
giran los cielos, rápidos o lentos,
las fábulas errantes de las nubes,
campos de juego y campos de batalla
de inestables naciones de reflejos,
reinos de viento que disipa el viento:
en los días serenos el espacio palpita,
los sonidos son cuerpos transparentes,
los ecos son visibles, se oyen los silencios.
Manantial de presencias,
el día fluye desvanecido en sus ficciones.
En los llanos el polvo está dormido.
Huesos de siglos por el sol molidos,
tiempo hecho sed y luz, polvo fantasma
que se levanta de su lecho pétreo
en pardas y rojizas espirales,
polvo danzante enmascarado
bajo los domos diáfanos del cielo.
Eternidades de un instante,
eternidades suficientes,
vastas pausas sin tiempo:
cada hora es palpable,
las formas piensan, la quietud es danza.
Páginas más vividas que leídas
en las tardes fluviales:
el horizonte fijo y cambiante;
el temporal que se despeña, cárdeno,
desde el Ajusco por los llanos
con un ruido de piedras y pezuñas
resuelto en un pacífico oleaje;
los pies descalzos de la lluvia
sobre aquel patio de ladrillos rojos;
la buganvilla en el jardín decrépito,
morada vehemencia…
Mis sentidos en guerra con el mundo:
fue frágil armisticio la lectura.
Inventa la memoria otro presente.
Así me inventa.
Se confunde
el hoy con lo vivido.
Con los ojos cerrados leo el libro:
al regresar del desvarío
el hidalgo a su nombre regresa y se contempla
en el agua estancada de un instante sin tiempo.
Despunta, sol dudoso,
entre la niebla del espejo, un rostro.
Es la cara del muerto.
En tales trances,
dice, no ha de burlar al alma el hombre.
Y se mira a la cara:
deshielo de reflejos.No he sido Don Quijote,
no deshice ningún entuerto
(aunque a veces
me han apedreado los galeotes)
pero quiero,
como él, morir con los ojos abiertos.
Morir
sabiendo que morir es regresar
adonde no sabemos,
adonde,
sin esperanza, lo esperamos.
Morir
reconciliado con los tres tiempos
y las cinco direcciones,
el alma
-o lo que así llamamos-
vuelta una transparencia.
Pido
no la iluminación:
abrir los ojos,
mirar, tocar al mundo
con mirada de sol que se retira;
pido ser la quietud del vértigo,
la conciencia del tiempo
apenas lo que dura un parpadeo
del ánima sitiada;
pido
frente a la tos, el vómito, la mueca,
ser día despejado,
luz mojada
sobre tierra recién llovida
y que tu voz, mujer, sobre mi frente sea
el manso soliloquio de algún río;
pido ser breve centelleo,
repentina fijeza de un reflejo
sobre el oleaje de esa hora:
memoria y olvido,
al fin,
una misma claridad instantánea.
Octavio Paz
(https://hellopoetry.com/poem/1978988/ejercicio-preparatorio/
EJERCICIO PREPARATORIO
Luis Barragán
Extraordinario ha sido el retroceso en términos de cultura política en el presente siglo, demostrando cuán engañosa ha sido la llamada democracia participativa y protagónica, por ejemplo. O, al menos, podemos aseverar que los únicos participativos y protagónicos han sido y son los que monopolizan la dirección indivisa del Estado, por más de dos décadas.
Una somera revisión de la vieja y libre prensa, evidencia una variedad y complejidad de situaciones e interpretaciones que contrasta con el férreo control ejercido ahora en esta aldea monotemática en la que prevalece y permea con obvia facilidad la versión oficial de una realidad que sigue siendo real, gravitando constante y sonante sobre cualesquiera instantes que le sirven de soporte, retomando una muestra de Octavio Paz y su “Ejercicio preparatorio”. El poder establecido ha impuesto un obsceno culto a la simplicidad haciéndonos creer que no sólo somos víctimas de un caprichoso bloqueo imperial, sino también culpables en casa, nada más y nada menos en casa de no cubrir la cesta básica de alimentos en momento alguno, bajo la ilusión óptica de nuestra incompetencia ante una mayoría que disfruta de la buena vida con los bolsillos llenos de dólares.
La miseria, el hambre y la enfermedad, una realidad sólida y punzopenetrante, golpea inmisericorde ahí mismo, donde ellos juran felicidad. La intuimos, pero no la sabemos quiebra de la industria petrolera, saqueo del erario público, demolición infinita del Estado depredador, y, muchísimo menos, prestos al debate, avistamos como solución una economía libre y competitiva en el marco de un convincente Estado Constitucional capaz de salvaguardar la dignidad de toda persona humana.
En días pasados, en una conexión virtual que tenía tanto de académica como política, nos vimos forzados a polemizar desmintiendo la aseveración de dos de los numerosos opinantes de la jornada que sostuvieron, palabras más, palabras menos: “¿Para qué hablar de zonas económicas especiales, si nadie las entiende?”, concluyendo que, en todo caso, prometer su extensión “será la mejor manera de poner en jaque al gobierno”. De nuevo nos percatamos del inaudito prejuicio de que nadie es capaz de comprender su propia realidad, una realidad que urge de un honesto abordaje y de una correcta interpretación, sin que la tarea política remita a una bastarda sobresimplificación convencida de la estupidez del resto de los mortales. Y esto, porque hay sectores dirigentes de la oposición que emplean el lenguaje mismo del régimen y, en última instancia, tampoco entienden esa realidad por enorme, sólida y palpable que fuere, suponiéndola por siempre ajena.
Todo parece indicar que, en los días de superación del régimen socialista, será tan reciente el nuevo orden de cosas que tendremos que darles un nombre para no señalarlas con el dedo, como en los inicios del Macondo de García Márquez, aunque debemos anticiparnos. Y esto significa que todo dirigente político que se tenga por tal, ha de esforzarse por actuar y pensar en profundidad de acuerdo a un ineludible mandato histórico: el de rehacer la vida republicana sobre valores y principios distintos que tenga como eje la ciudadanía activa.
16/04/2023:
https://www.lapatilla.com/2023/04/16/luis-barragan-ejercicio-preparatorio/
Luis Barragán
Pasando por un
tecnicismo de ocasión, la crisis humanitaria compleja lamentablemente existe en
la Venezuela que todavía es petrolera, aunque produzca muchísimo menos de lo
oficialmente reportado. No tratamos de
una ocurrencia verbal de la oposición, sino de una realidad que sigue
insobornablemente su curso en demanda de la claridad y franqueza que ha perdido
muy a pesar de sus profundas y demenciales laceraciones.
Literalmente, las grandes mayorías
no tenemos lo suficiente para comer ni para la medicación, prohibidas
cualesquiera intervenciones quirúrgicas por los costos que acarrean, e, imposibles
de cubrir con la venta de una casa o apartamento que alguna lejana vez nos ató
a un crédito hipotecario, ya no es motivo de vergüenza, ni tiene que serlo, el
empleo de las redes digitales para pedir ayuda a quienes tampoco conocemos de
vista, trato o comunicación. La diaria protesta social que busca el inevitable
abanderamiento político que la haga eficaz, no la apaga un bono irrisorio tan
estridentemente anunciado por Maduro Moros que no cuenta con los grandes
recursos para neutralizarla, ahorrando lo indispensable para soltarlos con el
espectáculo electoral que trama para el año venidero, el que podemos convertir
hábilmente en un episodio esencial para su desplazamiento, o esperando consumar
la extorsión frente a la comunidad internacional que nos sabe rehenes de su
régimen.
De esa desgraciada realidad, pocas
veces, o quizá nunca, hablan los críticos más acerbos de la oposición a la que
acierto y bondad alguna le consiguen, entendida como una radicalísima
experiencia de falsedad y falsificación, con todos los justos y pecadores bien
adentro y revueltos. Convertida la
simulación a ultranza en materia de fe, no atisban ninguna solución táctica o
estratégica en sus peroratas, algo imperdonable para todo general que mira la
guerra allende la mar y juzga toda refriega de la que es completamente
ajeno, convertido en falsólogo
de oportunidad y oficio.
Todavía estamos en el curso de una
catástrofe humanitaria, cuyas consecuencias más nefastas se agigantarán de continuar el actual orden de
cosas emponzoñado en una infancia a la que también tributarán los terapeutas, si es que tiene la fortuna del
diván dentro de dos o tres décadas. En
diciembre próximo pasado, los vecinos de El Junquito fueron sorprendidos con el
descubrimiento de una caja abandonada y contentiva de un recién nacido,
asegurando la prensa que más de veinte han corrido igual suerte desde 2020,
cifra admitida por las autoridades, para no abundar sobre los neonatos
fallecidos en varios centros hospitalarios en un serial de los últimos tiempos
que no debemos olvidar.
Niños que han sido confiados a los
abuelos por padres que trabajan en el exterior, incluyendo a los caídos en la
selva del Darién, por ejemplo, constituyen un tormento para los jueces
especializados que identifican muy bien al culpable por excelencia del drama,
pero callan intentando sortear la propia situación personal. Nuestros expertos
advierten que la desnutrición crónica es un problema va más allá de la pobre
alimentación, mientras que las agencias y socios humanitarios de las Naciones
Unidas ya no actualizan las cifras de los infantes venezolanos hambrientos y
desnutridos, como lo acostumbraba bimestralmente, además, reseñando
postreramente la atención de 274.850 menores de cinco años de edad por la
Oficina para Asuntos Humanitarios en Venezuela, entre enero y octubre de 2022.
Otra faceta de la catástrofe que atravesamos
y nos atraviesa, remite a los padres que prefirieron suicidarse
acá, por añadidura, ultimando a la prole, con o sin pandemia, según las
noticias que lograron perforar el espeso muro del bloqueo informativo y la
(auto) censura. Huelga un mayor comentario en torno al incremento mismo de los
suicidios tentados, frustrados o consumados entre los jóvenes que no encuentran
alternativas para administrarse entre la desesperación y la exasperación,
imposibilitados de costear la ruta hacia el exterior, acaso, con una prematura
y extrapesada carga familiar.
De imposible falsificación, la
realidad adquiere plena manifestación a través de una niñez que sufre con un
escandaloso silencio, duramente siniestrada por el régimen del socialismo
bolivariano que ha hecho de la propaganda y de la publicidad literalmente un
negocio muy rentable para sus propulsores y contratistas de insospechado
soporte, pues, se le tiene como rutina
lógica en la trama de todo poder. Empero, no depende únicamente del
mandamás, sino se explica a través del concurso de sujetos e intereses en un
constante ejercicio de simulación que entraña, por una parte, “una conducta
mañosa, caracterizada por la astucia y no por la violencia, e integrada por una
serie de actos intelectuales, generalmente documentarios, de límpida apariencia
y cómoda perpetración”, siguiendo al maestro Luis Muñoz Sabaté (“La prueba de
la simulación. Semiótica de los negocios jurídicos simulados”, Bogotá, 1980:
151); por otra, en razón de sus perniciosos efectos, ya no versamos sobre una
natural tarea de (auto) promoción gubernamental, internándonos en el peligroso
y movedizo terreno de la guerra psicológica; y, finalmente, al fallar el
esfuerzo de dislocación de la realidad, la usurpación de nuevo se sincera pretendiendo
reprimir violentamente la legítima protesta de la población que desespera y
exaspera.
Fotografía: María Cecilia Peña.
17/01/2023:
https://www.elnacional.com/opinion/una-realidad-desenmascarada-por-la-ninez/
Luis González-Carvajal Santabárbara
("Los cristianos del siglo XXI. Interrogantes y retos pastorales ante el tercer milenio", Sal Terrae, Cantabria, 2000: 79)
Ilustración: Matthew Wong.
UNA FANTASÍA CINEMATOGRÁFICA: LA UNIVERSIDAD
Luis Barragán
La ofensiva
pausada y sostenida, pero eficaz contra el aula superior en Venezuela
únicamente puede sorprender a los más ingenuos, o los que se hacen tales, siendo
los más peligrosos evasores de una realidad que a todos nos acongoja. El profesorado de un más largo desempeño, a
caballo entre un siglo que se fue y otro que no aún no llega, sabe muy bien de
la histórica defensa de la universidad y de su autonomía, convertida en una
tradición de luchas que visó la propia vida republicana y dio alcance a un
régimen de libertades porque se bregaba a diario, por lo que luce
incomprensible que no haya sido suficientemente dada la lección fundamental a
las nuevas generaciones por estos tiempos, restándole fuerza y fortaleza moral
a la enseñanza.
Una mera táctica de supervivencia
explica que el promedio de las autoridades universitarias y la dirigencia
gremial de todo ámbito, sea tan indiferente ante lo que ocurre en las universidades
públicas, añadidos los aspirantes a administrar los despojos que van quedando
de una institución que dio testimonio de rebeldía creadora para fundar la
democracia y aportar al liderazgo nacional. Poco ha importado que, so pretexto
de las remodelaciones, el régimen socialista haya violentado el recinto y la
autonomía universitaria y, lo que es peor, tenga uno que otro vocero
estudiantil la osadía de pedirle a la
usurpación que haga las reparaciones que faltaron en la ciudadela de Villanueva.
En la Universidad de Los Andes (ULA), un grupo de muchachos tuvo el coraje de elevar un pendón de protesta contra la opresión, repudiando la visita de una figura emblemática del poder central, como lo ha hecho de un modo u otro con diferentes y afines visitantes a la región. Y la respuesta ha sido a la medida de la vocación usurpadora, atacando ferozmente los colectivos armados para arrancarle literalmente las uñas a las jóvenes que todavía siguen demostrando un sobrado ímpetu que no dudamos en calificar de histórico, ya que marca otro hito frente a los opresores y sus colaboracionistas.
Las autoridades de la universidad merideña no han dicho nada a estas alturas hasta que sepamos, y los gremios estudiantiles y profesorales del resto del país guardan silencio ante un hecho que juzgan muy distante, entendiéndolo como toda una ficción cinematográfica, como lo es la cámara misma con la que dicen mirar la realidad tan falseada, urgida de redescubrir e interpretar. Significativo, jóvenes mujeres denuncian lo acaecido en la casa de estudios del occidente montañoso, o, creyendo dirigirse únicamente a los suyos, profesores y condiscípulos, lo hizo la graduando al país para denunciar en solemne acto académico la realidad de la Universidad Simón Bolívar (USB), cuya asociación profesoral también ha estado en pie de lucha.
Por supuestísimo, el minpopo de
Educación Superior nada dice ni dirá, porque lo suponemos pendiente de las
elecciones en las principales universidades públicas del país: las estrictamente
necesarias. Parece prácticamente inútil realizar la consulta en aquellas casas
en las que, más o menos, recientemente designaron las autoridades vinculadas al
oficialismo de un modo directo, arbitrario e incontestable.
Incontables los problemas de la universidad venezolana, juzgamos decisivos dos de los más graves: de un lado, el cumplimiento del artículo 109 constitucional o, desmentido, el acatamiento a la sentencia 0324 del TSJ; y, del otro, afectada la calidad de la educación superior venezolana, ha de reflejarse en una suerte de geopolítica del saber en la región apuntando a un interesado y dramático retroceso de nuestro país. En nuestras modestas intervenciones parlamentarias (puede verse el siguiente hilo: https://twitter.com/luisbarraganj/status/1589617870648266752), hemos dado cuenta de una realidad que muchos aún no desean ver, añadidos los que gestionan una audiencia en Miraflores por obra de una dudosa habilidad política.
El discurso autocontemplativo no tiene paradero alguno en estas horas tan obscuras, obedeciendo a un contexto del que la universidad no puede ni podrá escapar, minimizándose comunalmente de acuerdo al convenio colectivo que el régimen contrajo consigo mismo, contando con sus exclusivos sindicatos, convirtiendo en ornamental una posible ley oficialista para el sector. Por cierto, la universidad está hoy más cerca que el resto de la sociedad civil organizada para aproximarse al rol de “Solidaridad” en Polonia, complementando o superando a los partidos establecidos de la oposición, a menos predomine el reino de las fantasías diligenciando unas visitas palaciegas.
Fotografías:
LB (Caracas, 1/06/2022), y actividad de la ULA (https://twitter.com/Angelica_Angelh/status/1589324435466907648).
08/11/2022:
https://www.elnacional.com/opinion/una-fantasia-cinematografica-la-universidad/
EN DEFENSA DE LA REALIDAD
Luis Barragán
Culminan las
carnestolendas que ha recuperado el régimen, recordando que cerramos el siglo
anterior reducidas a una sencilla festividad escolar. En días semejantes, por 1992, los propulsores del golpe supieron que
había calado profundamente en el imaginario popular al exhibirse los niños que
imitaron a los felones paracaidistas con la particular vestimenta.
Los histriones que antes denunciaban
el poder de las máscaras y las máscaras del poder, callan vergonzosamente. El
Estado, o lo que queda de él, se ha convertido en una gigantesca maquinaria de
falsificación de la realidad que, padecida amargamente, por supuesto, es
indomable.
Cual oasis hacia el oeste de la gran ciudad que ahora lo llaman centro (solo) histórico, las escaleras de El Calvario, concurridas e iluminadas, se dicen copia de la nocturnidad de Las Mercedes que sólo pocos celebran, nadando en una extravagancia de privilegiados bajo perpetua sospecha, o en el disfraz del tal Superbigote que varios consejos comunales distribuyeron en Caracas. En uno y otro lugar, similar a varias calles de una excepcional Catia limpia y alumbrada, parece que no hay riesgo alguno de asalto a mano armada o desarmada, y ni siquiera el hábil empujón del carterista, compartido un plato exquisito o la pequeña bolsa de cotufa de viejas y gratas prestancias.
Los terraplanistas del socialismo del siglo XXI tampoco logran esconder esa realidad de los especialistas que, al fin y al cabo, cuentan con la teoría y las herramientas para hundir el bisturí en la triste experiencia que nos embarga, señalando causas y consecuencias. Aquellos se ven obligados a esconder todas las cifras habidas y por haber, desde el Banco Central hasta el Instituto Nacional de Estadísticas, pasando por los cuerpos policiales, para evitar cualquier indicio o pista, asomando la punta del hilo de nuestras calamidades que los economistas, sanitaristas o criminólogos puedan halar para desmontar esta inmensa falacia que jura explicarnos.
Así como los que creen a pie
juntillas que la tierra es plana, no logran desmentir el discurso – al menos –
matemático que dice lo contrario, los burócratas del régimen no pueden con los
economistas que, a modo de ilustración,
pueden probar (y deben hacerlo) que el mundo gira y, más temprano que
tarde, será inevitable superar a un régimen que nos coloca en un peligro
existencial. De modo que, en defensa de la realidad, suponemos que un conjunto
de probados economistas de trayectoria, sólo cumplieron con una formal solicitud
para que Maduro Moros autorice la publicación de los números, faltándoles mucho
que hacer todavía.
Fotografía: LB (Caracas, 24/02/2022),
Martes de carnaval, 01/03/2022:
https://www.elnacional.com/opinion/en-defensa-de-la-realidad/
Breve nota LB: J,R, Herrera, siempre tan generoso al igual que William Anseume.
“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...