Mostrando las entradas con la etiqueta 4-F. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta 4-F. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de febrero de 2025

Ecosonograma

ALGUNAS COSAS QUE POCOS SABEN DL 4F

Gehard Cartay Ramírez 

De las muchas lecturas que se han hecho sobre la intentona golpista del 4 de febrero de 1992 -que está cumpliendo ya por estas fechas 33 años- la mayoría ha insistido en sus aspectos meramente militares, políticos o anecdóticos, faltando, sin embargo, un análisis más profundo sobre sus repercusiones ideológicas, abiertamente antidemocráticas, las cuales rebrotaron luego de que, en mala hora para este país, su jefe único fuera electo presidente en 1998, apenas seis años después, y como si buena parte de quienes votaron por él ignoraban quién era el personaje.

En cuanto al sustrato ideológico a que hacemos referencia hay que señalar que definía claramente aquella logia golpista como un movimiento militarista, fascista y autoritario en una primera etapa, aunque posteriormente adquirió un carácter castrocomunista, una vez llegado al poder. Por cierto, no hubo ningún cambio, pues, al final, resultaron lo mismo.

Ese supuesto cambio de ropaje no les resultó muy difícil, pues ya se sabe que, a pesar de los esfuerzos que siempre hacen los comunistas para negarlo, por lo general son más las coincidencias entre ellos y los nazifascistas, tal vez porque que las tres corrientes descienden de un mismo tronco común, en este caso el socialismo.

Más allá de lo meramente ideológico, la sicopatología de sus funestos líderes (Hitler, Stalin y Mussolini, por ejemplo, o figuras menores que se les parecen, como Castro o Chávez) los asemejan también y, tal vez por ello, son indisimulables sus similares actuaciones desde el poder, al que siempre han concebido como un instrumento totalitario, de opresión y dominación.

Volviendo a la intentona golpista de febrero de 1992, bastaría ahora releer los libros de Kléber Ramírez (La historia documental del 4F) y de Alberto Arvelo Ramos (El dilema del chavismo: una incógnita en el poder) para conocer los planes dictatoriales de los conspiradores de entonces.

El libro de Ramírez, ya fallecido, contiene los proyectos de decretos, elaborados precisamente por él -entonces principal ideólogo, fallecido luego- cumpliendo órdenes del jefe golpista, y que debían ser promulgados por el Consejo General Nacional para la Dirección Política y Administrativa de la República de Venezuela, máxima autoridad que se impondría con motivo del golpe del 4 de febrero de 1992, si este hubiera tenido éxito, para sustituir al gobierno de entonces. A su vez, este Consejo General Nacional todopoderoso nombraría al Presidente de la República y a los demás Poderes Públicos.

El primer decreto, por ejemplo, eliminaba al Congreso de la República; el segundo a las Asambleas Legislativas; el cuarto a las gobernaciones; el quinto a las Alcaldías y los Concejos Municipales; el sexto destituía a la Corte Suprema de Justicia y al Consejo de la Judicatura. Y todavía hay más: el decreto No. 12 eliminaba el Consejo Supremo Electoral y el No. 18 a todos los gremios sociales, sindicales y profesionales. También se designaban nuevos Fiscal General y Contralor General. Se trataba, ni más ni menos -insisto-, de instaurar una dictadura.

Tales decretos, a pesar de destacar que “el principal deber de este Gobierno de Emergencia Nacional es el de profundizar la democracia”, marcaban una clara discriminación para participar en el nuevo proceso, lo que, a juicio de Arvelo Ramos, creaba una suerte de “extranjeros en su propia tierra”, según lo afirmó en su citado libro. Esta aseveración surgió debido a la proyectada inhabilitación para desempeñar funciones públicas de todos aquellos “que sean responsables directos o indirectos de los males que han empobrecido la nación”, o hayan sido señalados como partícipes “de la profundización del caos en que cayó el país”, o “incursos en manejos impropios” o como “personas de mala reputación” (Decretos Nos. 4, 5 y 6).

El problema estribaba, entonces, en quiénes pudieran haber tenido en todos estos casos la capacidad para imputar tales faltas, pues con esos mecanismos cualquier ciudadano podía haber sido despojado de sus derechos políticos. Por lo demás, como ya se anotó antes, el proyecto de Decreto No. 1 declaraba cesante el Congreso, autorizando al propio Consejo General para asumir “de pleno derecho” sus funciones legislativas y, por otra parte, el proyecto de Decreto No. 6 destituía a la Corte Suprema de Justicia y designaba sus nuevos magistrados, con lo cual un sólo poder público -el Ejecutivo- asumía la total conducción del país, quedando los demás subordinados a aquél.

Más grave aún lo era la constitución de un Comité de Salud Pública (Decreto No. 7) que actuaría “como la personificación de la conciencia pública nacional” (¡!), lo cual no es otra cosa que “totalitarismo pleno”, pues “ya no se limita a los asuntos de gobierno y a los asuntos de Ley”, al decir de Arvelo Ramos, agregando que “resuena en este modo de pensar, en este fundamentalismo mesiánico, una empobrecida concepción del hombre…

Como bien lo señalara el mismo autor, tales decretos seguramente fueron objeto de discusión y análisis durante algún tiempo, pues debe recordarse que la preparación del golpe de Estado del cuatro de febrero de 1992 llevaba más de una década, de manera que “el gran número y la extensión de estos decretos es un indicio de que el sistema político en ellos expuesto no fue diseñado apresuradamente, en una madrugada laboriosa”.

Sin embargo, Chávez y su logia militar justificaron aquella acción golpista con el falso disfraz de una sentida defensa de la Constitución de 1961 y de la democracia como sistema de equilibrios y contrapesos entre sus Poderes Públicos. Un día antes de su felonía, el 3 de febrero de 1992, el jefe de los facciosos escribió su propio manifiesto para alegar las razones que lo impulsaban a intentar un golpe de Estado.

Leído ahora, aquello que denunciaba entonces hoy resulta un fidedigno retrato del régimen que él encabezó hasta su muerte y ha proseguido su sucesor: “El inmenso grado de corrupción que plaga todas las esferas de nuestro país, la gran cantidad de privilegios con que cuentan algunos, la falta de castigo a las personas que todos sabemos culpables de haber tomado indebidamente dineros públicos, las políticas económicas que colocan en posición deplorable a los venezolanos más sencillos, la venta a consorcios extranjeros de nuestras empresas fundamentales, la imposibilidad que tiene la gran mayoría de los venezolanos para satisfacer sus necesidades básicas, la ineficiencia del sistema y de todos los servicios públicos, y en fin el desconocimiento de nuestra soberanía en todos los terrenos, nos fuerzan a tomar una acción destinada a reivindicar la democracia”.

Alguien podría decir, no sin cierta razón, que una vez que los conspiradores de 1992 tomaron la vía electoral para acceder al poder morigeraron sus planteamientos autoritarios y neototalitarios, lo cual no es cierto a estas alturas del tiempo. En todo caso, con tales antecedentes, era muy difícil no haber percibido la carga de autoritarismo y totalitarismo que animaba a aquella logia militarista y sus jefes.

Lo que ha sucedido desde entonces resulta una clara muestra de que el régimen iniciado en 1999 siempre ha seguido en esa dirección. Sólo que la gran mayoría de los venezolanos no se han entregado sin luchar y menos de manera tan rápida como los cubanos en 1959. Su lucha contra el proyecto totalitario en marcha ha continuado en todo este tiempo, entre avances y retrocesos, pero siempre constante y tenaz.

04/02/2025:

https://www.lapatilla.com/2025/02/04/gehard-cartay-ramirez-algunas-cosas-que-pocos-saben-del-4f/#google_vignette

Fotografía: LB. 

lunes, 3 de febrero de 2025

Dispositivo simbólico

4-F: LA SUBLEVACIÓN DE CALDERA

Luis Barragán

Trillados hasta el hartazgo, pareciera y sólo pareciera ocioso retomar los acontecimientos del 4 de febrero de 1992 (4-F), sofocados por la interesada versión oficial impuesta en el presente siglo.  Empero, beneficiados por la perspectiva histórica, luce pertinente ponderar brevemente el discurso pronunciado por Rafael Caldera en la sesión plenaria del Congreso de la República, celebrada responsablemente el mismo día.

Tres décadas atrás, otro fue el escenario institucional para un discurso que trascendió por encima de los más encendidos, los prudentes y también los panfletarios que anegaron el hemiciclo, reflejados fielmente en los resultados electorales del año siguiente. Tratamos del otrora órgano del Poder Público, convincentemente plural y deliberante que actuó inmediatamente después de conocidos los hechos, en el contexto de las más amplias libertades públicas: la alineación de las fracciones parlamentarias dependía de la controversia sostenida internamente, en correspondencia con las posiciones discutidas por la dirección nacional del partido, por lo menos, a juzgar por aquellos que fueron realmente complejos; luego, una mínima, libre y sostenida polémica, derivó en el desarrollo de un conflicto agonal respecto a la conducción de las principales organizaciones y al propio gobierno que soportaban, un signo de madurez luego despreciado; y, como ocurriera con el debate de la nacionalización petrolera, la senaduría vitalicia fue una aportante y útil fórmula constitucional, ejemplificada de nuevo por el líder yaracuyano a través de un discurso de 1992,  pronunciado independientemente del partido de formal adscripción.

Respecto al orador en cuestión, más allá del decreto de Suspensión de las Garantías, profundizó en la naturaleza política de los sucesos y sus consecuencias, tildó de “deplorable y doloroso [el] incidente de la sublevación militar”, siendo el golpe “censurable y condenable en toda forma”, y siendo “ingenuo pensar que se trata solamente de una aventura de unos cuantos ambiciosos que por su cuenta se lanzaron precipitadamente y sin darse cuenta de aquello en que se estaban metiendo”. En definitiva, estimó, “hay un entorno, hay un mar de fondo, hay una situación grave en el país y si esa situación no se enfrenta, el destino nos reserva muchas y muy graves preocupaciones”, constituyendo el pasaje más célebre de la alocución: “Es difícil pedirle al pueblo que se inmole por la libertad y por la democracia, cuando piensa que la libertad y la democracia no son capaces de darle de comer y de impedir el alza exorbitante en los costos de la subsistencia, cuando no ha sido capaz de poner un coto definitivo al morbo terrible de la corrupción, que a los ojos de todo el mundo está consumiendo todos los días la institucionalidad. Esta situación no se puede ocultar”. E importa acotar, por una parte, la ratificación de la postura asumida ante los eventos del 27 y 29 de febrero de 1989 (27-F), pidiéndole al presidente de la República que rectifique en relación al paquete de medidas económicas, motivo o pretexto de los que deseaban “destrozar, romper, desarticular el sistema democrático constitucional del que nos sentimos ufanos”; por otra, “la  dirigencia política ha de darle sepultura (SIC)  a los antagonismos y diferencias en aras del interés común y el fortalecimiento de la institucionalidad, la profesionalización de las Fuerzas Armadas, la apertura del empresariado para reconocer el progreso y los derechos de los trabajadores”; y, luego, constatando que “el pueblo no tiene el mismo entusiasmo y fervor para defender la democracia”, apunta al grave problema de la corrupción, el alto costo de la vida, la infuncionalidad de los servicios públicos, la privatización, la inestabilidad del orden público, y la inseguridad personal.

Del escenario social daban también cuenta los más variados estudios de opinión, extendiéndose un sentimiento catastrofista que desembocó en un antipuntofijismo militante, culpando a los partidos de su propia existencia, como pieza magistral de un discurso público, en buena medida artificioso, trastocado en el dispositivo simbólico que adquirió la sociedad civil para tomar consciencia de sí y de su ilusa independencia, en los términos de Claude Lefort. Derrotada la consabida insurrección de los años sesenta, volvieron los movimientos y las individualidades que la auspiciaron, y, madura la política de infiltración de las Fuerzas Armadas, tardó demasiado tiempo en saberse de la verdadera estirpe política e ideológica de la oficialidad golpista del 4-F, cuya popularidad se hizo patente con el desafiante disfraz militar de los niños en la siguiente semana de carnaval, ignorando que los inauditos actos de violencia se extenderían hasta 1993 en el intento de sabotaje de la transición liderada por Ramón J. Velásquez, añadido el nivel de abstención electoral de una población que juró vivir la más trágica e insólita etapa de su vida republicana, sin intuir siquiera la que advendría en la presente centuria.  

Demasiado poco, o nada se sabía de los alzados el 4-F, e, incluso, el entonces senador Caldera llamó la atención en torno al señalamiento de un magnicidio más aún, cuando no se sabía que los indiciados hubieren rendido declaraciones para admitirlo, en un guiño de ingenuidad que contrastó con el resto del discurso. La falta de antecedentes públicos de la oficialidad capturada, contribuyó a la creencia de un golpe convencional que los partidarios del sistema evidentemente subestimaron, pero al galope de las horas iniciales del día, quizá por la juventud y rango de sus promotores, alcanzaron una popularidad inimaginable al cabo de varias semanas compaginándose con el sentimiento en boga.

Y es que hubo un intento de golpe y sus desconocidos golpistas para el 4-F, correspondiéndole ciertamente  a Caldera sublevarse desde el Congreso de la República, sin que éste tuviere relación alguna o noción de la específica existencia de aquellos; si bien las minorías parlamentarias que rápidamente simpatizaron con el evento, trataron de dar y probar con una determinada  interpretación y contenido, las mayorías ensayaron con la tradicional defensa del sistema democrático, como sucedió el 27-F, dejando libre el espacio político y simbólico para una severa y radical exigencia de cambio al mismo tiempo que reivindicación de las bondades de un sistema en el que sobraba la institucionalidad partidista, según la prédica. Inteligente y sagaz, el expresidente se hizo de ese espacio pivoteándose con una particular comprensión del momento, porque “hay un mar de fondo”: los hechos,  agravados por la fracasada asonada de finales de 1992, apuntaron a una “noción del lugar del poder como lugar vacío”, afrontando la sociedad la “prueba de una pérdida del fundamento” de acuerdo a Lafort y “La invención democrática” de 1990, sintiéndose libérrima con la disolución de las viejas certezas en procura de las más novedosas, o pretendidamente novedosas; siendo más o menos similares los planteamientos esgrimidos por los congresistas, la auctoritas del yaracuyano le confirió toda la eficacia política para darle expresión a muy amplios sectores sociales sumergidos en una peligrosa incertidumbre.

En la fecha aniversaria de aquellos y muy envejecidos sucesos, bastará con comparar la Venezuela de 1992 y la de 2025, por lo menos, en relación a los problemas aquí enunciados, para arribar a una conclusión correcta.  Y, si no le fuese suficiente al amable lector, contrastar los resultados de la gestión “revolucionaria” a la luz de un título de Kléber Ramírez Rojas, “Historia documental del 4 de febrero” (2006).

Fotografía: LB (tienda de IPFA, CC). 

Fotografía: RC, tomada de: https://elestimulo.com/venezuela/2016-02-04/fotos-el-caos-del-4f/

04/02/2025:

https://www.elnacional.com/opinion/4f-la-sublevacion-de-caldera/

Cfr. Discurso RC, 04/02/1992: https://www.youtube.com/watch?v=KeFXmd3Ty00

martes, 6 de febrero de 2024

La prestancia de los casilleros

EL MUNDO NO SE ACABA EN 2024

Luis Barragán

“Se dice usualmente que, si en un barril de

manzanas una de ellas está podrida, se pudren

en consecuencia todas las demás. En este caso

es al revés: todas las manzanas están podridas,

menos una. Podridas de falsedad” 

Sergio Ramírez

("El caballo dorado", Alfaguara, Barcelona, 2024: 179)


Por estos días febreristas, resulta inevitable evocar los hechos del 4 de 1992, en lugar de la gesta de los seminaristas y cursantes universitarios en la consabida batalla de 1814, o de la cada vez más olvidadas protestas populares de 1936. El país siente todavía la hondura de una puñalada cuartelaría que lo dislocó y confundió, celebrándola paradójicamente en las vecindades carnestolendas al principiar la década de los noventa que nos condujo finalmente a un siglo harto diferente del soñado; por cierto,  muy después consternados y arrepentidos por el craso error facilitado por la llamada antipolítica que marcó un serísimo precedente e irradió, legitimándola, su poderosa influencia al resto del continente.

Huérfanos de una adecuada y suficiente explicación ajena a la moralina, la decencia y las buenas costumbres que apuntaron a un agotamiento del debate ideológico, los más avezados apelaron a la teoría del cisne negro, en boga al abrir sus puertas la otra centuria, creyendo los hechos del 4-F como absolutamente impredecibles y radicalmente sorpresivos. No obstante, además de los informes de inteligencia que advirtieron la posibilidad y proximidad de los nefastos acontecimientos, enterados luego de la existencia del general Carlos julio Peñaloza, la literatura especializada y divulgativa de entonces esbozaba la tragedia, como el célebre estudio de los valores de Roberto Zapata, los comentarios mensuales de Miguel Ignacio Purroy para el Centro Gumilla, incluyendo las fundadas advertencias hechas por los liberales Aníbal Romero y María Sol Pérez Schael que tanto y sísmicamente impactaron al lector de una profunda y sostenida formación socialcristiana, como la del suscrito: cada habitante de la nación petrolera, trastocado el crudo en existencia e identidad, reclamaba ardoroso la cuota de la renta que el otro y los otros descaradamente le robaban, por encima de cualesquiera otras consideraciones.

Hacia 1998, deseamos y obtuvimos el irrepetiblemente limpio triunfo electoral de una cara nueva y de oficio militar, para más señas, respondiendo a una vieja mentalidad que no es rural, como se presume, sino de cuño positivista que compite y también convive con el leninismo, más allá del marxismo, como el más sólido e inamovible sedimento cultural que aún nos negamos a reconocer y cuestionar. Convertidos en un espectáculo de perpetuo estremecimiento, característica de un largo y único gobierno al que lo fatigan las propias tensiones que genera, Chávez Frías y sus elencos, envejecidos todos en el poder, expusieron como secreto de una infinita pureza ética y castidad política la inexperiencia: curioso, sólo aprendieron a sostenerse en Miraflores, burlándose de las otras previsiones que nos hubiesen llevado por un sendero diferente al XXI, como el plan estratégico de PDVSA que bregó por la posible la producción de cinco o seis millones de barriles diarios en una industria sana y transparente en las adyacencias de 2020, sometida a los más severos controles públicos.

Siendo contadas las excepciones, todo el liderazgo político de los siglos precedentes fue conocido por el país desde muy temprana edad, como ocurrió lo propio con la dirigencia al interior de cada organización de la sociedad civil. E, incluso, omitidos deliberadamente los nombres de pila, nos valemos del ejemplo de Caldera, Betancourt, Villalba, Fuenmayor y Machado, a quienes ya de avanzada edad se les pedía cuenta de sus actuaciones en los tiempos de juventud, porque trillaron el camino de la política prematuramente y  desde las más modestas posiciones, expuestos como ninguno de los cuatro-febreristas dedicados antes a los privilegiados estudios castrenses y un no menos privilegiado como seguro desempeño profesional.

Cierto, certísimo, hay que trabajar con lo que tenemos a sabiendas que el régimen ha intentado esquilmar a la oposición venezolana, lográndolo no pocas veces, pero es necesario romper con la interesada, latosa y perniciosa creencia tan sustancial a los eventos y protagonistas del 4-F: la improvisación del dirigente político que ni siquiera sospecha de una vocación y mentalidad de Estado, sumergido en una suerte de barril del oportunismo que va rodando a ver si la pega. Contamos hoy con personas de trayectoria, convicción y experiencia, formación y destreza, vivencia y conocimiento, agregándole inspiración estratégica y talento táctico, poco o muy conocidas en la opinión pública,  capaces de conducir el barco hacia una exitosa, corajuda y exigente transición democrática, cuya principal credencial ha de ser una humildad quizá parecida a la del promedio de nuestro histórico liderazgo político que luchó por la independencia y un régimen de probadas libertades para Venezuela.

Apreciamos  a los jóvenes de acción, propulsados por un sentimiento y compromiso con un futuro diferente para una Venezuela distinta, que viven las escenas de 1814, camino a La Victoria, dibujadas novelísticamente por Arturo Uslar, o se adentran con habilidad en las reflexiones de Luis Salamanca con la vista puesta en 1936. Y también estimamos a los más adultos que piensan y actúan, conscientes que el mundo no se acaba en 2024.

Casi un año atrás, lo más cercanos que hemos estado de una instalación militar,  estuvimos en las oficinas del SAIME, ubicadas en el centro comercial Los Próceres (antiguo IPSFA), como igual se puede ir a las oficinas equivalentes en el club de la Guardia Nacional de El Paraíso, y nos llamó la atención la oferta de un busto de 800 dólares de Chávez Frías al lado de un médico santificador y de un prócer militar que siguen vigentes al inicio de cualquier juego. Y siendo un poco más que una, las manzanas verdaderas prosiguen en el tablero.

Fotografía: LB (CCS, 05/1172023).

06/02/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/el-mundo-no-se-acaba-en-2024/

07/02/24:

https://www.eastwebside.com/luis-barragan-la-prestancia-de-los-casilleros.html

lunes, 5 de febrero de 2024

Ritual de siglo

DEL HARTAZGO FEBRERISTA

Luis Barragán

Certísimamente, en todo el presente siglo ha fracasado el intento de equiparar los consabidos eventos del 4 de febrero de 1992 (4-F), a una magna gesta de la patria.  Todo el poder material y simbólico del Estado se ha invertido para que la población lo acepte e internalice como un acontecimiento y  valor imborrable e imprescindible, y, faltando poco, se haga manifestación cabal de nuestra propia identidad nacional.

Desde principios del presente régimen, buena parte del esfuerzo propagandístico y publicitario consistió en resaltar la intentona golpista y sus actores, e, igualmente, consciente e inconscientemente, compararla con las jornadas históricas del 23 de enero de 1958 (23-E), suponiéndolas largamente superadas.  Fecha ésta, muchísimo más arraigada y que, ya se había integrado al calendario histórico como una conmemoración rutinaria, resurgió como un aniversario movilizador de la ciudadanía opositora que el antecesor y el sucesor intentaron e intentan atajar inútilmente.

En efecto, el problema del oficialismo estuvo en neutralizar infructuosamente el símbolo y la movilización que suscitaba, sabiendo cuan imposible era que la monopolizara, generando contradicciones entre sus más fervientes seguidores. Los festejos del 4-F, por muy de Estado que fuesen los actos, no calaban suficientemente, por lo que debían administrar una y otra ocasión lo mejor posible frente a los adversarios.

Además, es demasiado evidente el contraste entre la producción historiográfica que un fenómeno ha motivado ante el otro, guardadas las proporciones temporales. En el más distante, hay una riqueza de hechos y de consecuencias que no tienen equivalente en el más cercano, reducido inexorablemente a un hecho de fuerza que amalgamó a la izquierda marxista de entonces, militarizándola, y la condujo entusiastamente a la estafa de 1998.

El entonces senador vitalicio Rafael Caldera en su celebérrimo discurso del 4-F, se resistió a creer en el la tentativa de magnicidio, pero todo apuntó al hecho con el ataque a La Casona y el asedio constante a la familia presidencial al mismo tiempo que el presidente Pérez subía desde Maiquetía  hacia Miraflores. Un reciente testimonio de la señora Carolina Pérez revela la profundidad de un evento doloso que muy pocos antecedentes tuvo en nuestro historial republicano, si es que lo hubo alguno (https://www.youtube.com/watch?v=OcfTsyGs_Us).

No constituye, porque nunca constituyó, un sostenido sentimiento nacional de profundo calado. Provocó – eso, sí - una enorme confusión que prontamente disipó el gobierno inicial de Chávez Frías, transcurrido año y tanto, apagado el descontento con plomo y candela.

Ayer, Maduro Moros cumplió con un ritual de escasa asistencia (por ejemplo: https://twitter.com/jesusmedinae/status/1754186019841212576), porque hay tedio con cualesquiera motivos que invoqueel régimen dizque para legitimarse. Van muchísimos años de hartazgo frente al 4-F, en comparación con un 23-E actualizador de metas y propósitos al que tanto le temen.  

Fotografías: LB: Vidriera del CC Los Próceres (antes, IPSFA), Caracas, 31/01/2023; y oferta de bustos de bronce, CC Los Próceres, 05/11/23.

05/02/24:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/40696-del-hartazgo-febrerista

domingo, 4 de febrero de 2024

Contra-fórmula: hacer, haciendo

DE LA ÉPICA FALSARIA

Luis Barragán

El modelo rentista-petrolero, severamente amenazado por entonces, ejerció una feroz resistencia a cualesquiera modalidades de reformas así fueran parciales y graduales, orientadas a la apertura de los mercados. Afectada estructuralmente nuestra economía, ya por década y media, sufrió las más violentas reacciones hacia principios de 1989 y en el curso de 1992.

Específicamente,  tal día como hoy, 32 años antes, asistimos a uno de esos eventos violentos, increíblemente violentos no sólo en un sentido material, sino simbólico de irradiaciones prolongadas hasta el presente.  Asombroso, el estallido gozo de una inmediata y extraordinaria popularidad que convirtió la intentona de golpe de Estado en un mito, epopeya, épica, leyenda y cuento chino de una falsedad tal que nos redujo luego e inexorablemente al sojuzgamiento, a una crisis humanitaria compleja y al desplazamiento de millones de venezolanos que buscan refugio allende las fronteras.

Desde los inicios intempestivos del presente régimen con un cuarto de siglo a cuestas, se veía venir el resultado. No quisieron aceptarlo los consabidos y ahora relegados protagonistas del 27 de noviembre, comprometida una oficialidad de mayor graduación en otra asonada indudablemente más compleja y manipulada por los beneficiarios de muy larga data de aquél acto febrerista que cazó a demasiados incautos.

Al principio, extremadamente confusa, la pretendida gesta tuvo por pretexto una defensa arriesgada de la democracia y el fiero combate contra la corrupción, que, más tarde, descubriremos como una conspiración muy bien articulada y, en definitiva, asociada a los intereses cubanos. Por cierto, huelga comentar hasta dónde ha llegado esa defensa y combate. Empero, mientras tanto, e, incluso, a la vuelta de muy pocos años de iniciado el gobierno del barinés, fue que descubrimos la falsedad de una épica que no sólo ha enmascarado la realidad, sino que se tradujo en un formidable retroceso del sentido y modo de hacer política en Venezuela, incluidos los caricaturizados sectores de la izquierda marxista que aún queman incienso en los altares del poder establecido.

El régimen enfermizamente auto-tributado, por muchos monumentos discursivos que levante para sí mismo, está desenmascarado, pero es necesario advertir que otra épica artificial y artificiosa no ha de reemplazarlo para reforzar el círculo vicioso. Y, algo mucho más urgente,  asumir que hay otro sentido y forma de hacer política: ¡haciéndola!

Fotografías: LB, CC Los Próceres, antiguo IPFA (CCS, 05/11/2023). 

04/02/2024:

sábado, 11 de marzo de 2023

¿Radio Caracas TV?

EL NACIONAL - Domingo 11 de Marzo de 2012     Opinión/10

EL ALUDIDO MANUEL HEINZ AZPÚRUA

Milagros Socorro

Heinz Azpúrua, que era jefe de la Disip, estuvo detrás de mí como cinco años. Y cada vez que terminaba el interrogatorio, me decía: "Puedes irte, Chávez, un día cometerás un pecadillo. Yo te agarro algún día". Después del 4 de febrero, Heinz me dijo: "Lo felicito, Chávez, no pudimos detener esto". "Es que no lo iban a detener, mi general --le dije yo-- ni que me hubieran arrestado a mí o a Arias o al otro. Esto no lo paraba nadie".

Este es un fragmento de la cadena audiovisual que hizo el presidente Chávez el pasado 23 de febrero, antes de viajar a Cuba. Con la transcripción, pedí al general de división (Ej.) Manuel Heinz Azpúrua que comentara las afirmaciones del Presidente.

­Transcurridos veinte años --dijo el Gral. Heinz--, Chávez cuenta una historia diferente de lo que realmente fue su relación conmigo. En verdad, no estuve cinco años siguiéndolo (esta actividad hubiera correspondido al DIM) y la única vez que le interrogué informalmente no proferí esa amenaza cursi, que parece extraída de una novelita policial barata, ni mucho menos usé esa palabra, de muy poco uso en nuestra manera criolla de expresarnos: "pecadillo".

Tal como recuerda el aludido, la primera vez que tuvo conocimiento de la existencia de Chávez fue en octubre de 1986 (cuando Heinz era director de Inteligencia del Ejército) y se comprobó la actividad conspirativa del llanero, al frente de un pequeño grupo de oficiales subalternos en Guárico y Apure. En esa oportunidad, informado el presidente Lusinchi de la grave irregularidad, éste instruyó a la DIM, a cargo del almirante Rodríguez Citraro, para que realizara las investigaciones del caso. Tal como cuenta el general Heinz, Chávez fue removido del cargo de comandante del Escamoto Farfán, en Elorza, y destinado al de director de la Granja Militar Santa Rosa, en el Alto Apure, donde permaneció un año, hasta que en agosto de 1987 el comandante del Ejército, general Ítalo Alliegro, lo envió a San Juan de los Morros como ayudante del general Rodríguez Ochoa, funciones que ejerció hasta que en diciembre de 1989 se detectó una nueva conspiración, esta vez de mayores, para neutralizar al Cuerpo de Generales del Ejército en su reunión mensual.

Por instrucciones del ministro de Defensa, general Filmo López, Chávez y los otros oficiales fueron convocados a una entrevista individual con el general Heinz, entonces inspector general del Ejército. "Hice preguntas --recuerda el aludido-- pero no fue formalmente un interrogatorio". En esta ocasión, Chávez fue pasado a auxiliar de Asuntos Civiles en la Brigada de Cazadores en Maturín. "En verdad, Chávez nunca fue sometido a una medida restrictiva de libertad antes del 4 de febrero de 1992, cuando fue detenido y confinado en la DIM".

Al preguntarle qué pasó después del 4 de febrero, cuando, según dijo Chávez, el general Heinz Azpúrua lo felicitó por el golpe de Estado, el aludido niega de manera tajante que haya formulado semejante expresión. Lo que en verdad ocurrió, según el entonces director de la Disip, en el encuentro de dos horas con Chávez, a lo largo del cual los dos hombres se fumaron una caja de cigarrillos, fue que Chávez mostró "repetidamente y con mucho énfasis, su gran admiración por Arturo Uslar Pietri. Para Chávez, Uslar podía ser el líder moral, intelectual y político que condujera las riendas del nuevo poder instalado".

A partir de ese encuentro con Chávez, el general Heinz Azpúrua asoció la veneración del golpista por Uslar con el protagonismo que el escritor había desplegado al frente de los llamados Notables, "la mayoría de cuyas exigencias al presidente Carlos Andrés Pérez fueron incorporadas al proyecto de decretos, coordinado por Kléber Ramírez y Douglas Bravo, entre otros, que emanarían de la Junta de Gobierno a ser instalada de haber tenido éxito la intentona golpista de febrero de 1992, cuyo probable jefe sería Uslar".

­Mi firme sospecha --remata el general Heinz Azpúrua-- se vio reforzada por el hecho de que, en la madrugada del 4 de febrero, el único equipo televisivo que se encontraba apostado frente al Palacio de Miraflores era el de RCTV, que captó las primeras imágenes del frustrado intento de toma del Palacio. ¿Casualidad? No lo creo.

Además, fue en RCTV donde los sublevados difundieron el video, previamente grabado en un estudio propiedad de un hijo del "flaco" Prada Barazarte, entonces militante en el movimiento político de Douglas Bravo, Tercer Camino, por cierto, vinculado con los movimientos Bandera Roja de Gabriel Puerta y el Frente Patriótico de los Notables.

Ilustración: Ugo.

jueves, 23 de junio de 2022

Memorandum

EN CLAVES: 4 DE FEBRERO A 26 AÑOS DE UNA REBELIÓN

Hoy, se cumplen 26 años de aquel 4 de febrero de 1992, fecha que gracias a la rebelión de la juventud militar, permitió un quiebre de la historia venezolana y despertó la fuerza popular. Seis años más tarde, abrió paso a la Revolución Bolivariana, así lo afirmó el líder del movimiento, teniente coronel Hugo Chávez.

El alzamiento denominado Operación Ezequiel Zamora inició el día 3 y estalló esa noche, durante la llegada del presidente Carlos Andrés Pérez. Los responsables de la insurrección eran miembros de una agrupación clandestina de las Fuerzas Armadas, conocida como Movimiento Bolivariano MBR-200. Cinco estados del país sirvieron para dirigir la operación militar.

La toma de Caracas fracasó, y las fuerzas leales al presidente Carlos Andrés Pérez recuperaron el control del país. Chávez y sus compañeros fueron encarcelados en el Cuartel San Carlos, en Caracas, y posteriormente trasladados a la cárcel de Yare, en Valles del Tuy.

Pasaron siete años de aquel momento. Y Chávez con tan sólo dos días de haber tomado juramento como Presidente de la República, el 4 de febrero de 1999, dijo: “He venido aquí lleno de un inmenso sentimiento, he venido aquí, incluso, delante de todos mis compañeros, mis hermanos de las Fuerzas Armadas Venezolanas, los que están en situación de actividad, los que están en situación de retiro. Esa gran familia a la que ingresamos igual que yo, todos los muchachos del 4 de febrero y del 27 de noviembre, hemos venido aquí y yo recojo el sentimiento de todos, y lo primero que me sale del alma en este sitio (…), Lo primero que me sale de lo más profundo del alma, hermanos, es pedir perdón (…). Perdón por los dolores, perdón por lo que quedó atrás, perdón por las ausencias, por los hijos, por el alma, pero ustedes saben en el fondo del fondo, que alguien tenía que hacerlo y nos tocó a nosotros hacerlo; pero sin embargo, perdón”.

DesdeLaPlaza.com te explica En Claves qué sucedió el 4 de febrero de 1992:

1. Antecedente: El 27 y 28 de febrero de 1989, la insurrección popular conocida como El Caracazo, dieron origen a la rebelión militar del 4F.

2. Argumentos: Surge en rechazo a la corrupción interna de la Fuerza Armada Nacional, situación económica del país y la exclusión social.

3. Propósito: Poner fin al Puntofijismo.

4. Inspiración: Los principios ideológicos de la gesta estuvieron centrados en los pensamientos de pedagogía liberadora de Simón Bolívar, Ezequiel Zamora y Simón Rodríguez.

5. Estrategia: La rebelión programó controlar las principales unidades militares y se distribuyeron las tareas por estados. El control del Distrito Federal lo tuvo Hugo Chávez, desde el Museo Histórico Militar de La Planicie. Por el estado Zulia, estuvo al frente Francisco Arias Cárdenas, quien logró tomar la casa del gobernador.

6. Estados: Los puntos focales de la insurrección fueron los estados: Aragua, Carabobo, Miranda, Zulia y el Distrito Federal (actual Distrito Capital).

7. Líderes: Cinco Tenientes Coroneles integrantes de la Promoción Simón Bolívar (1975): Hugo Chávez Frías, Francisco Arias Cárdenas, Joel Acosta Chirinos, Jesús Urdaneta Hernández y Jesús Ortiz Contreras

8. La cifra: Alrededor de 2mil 362 hombres participaron en operación Ezequiel Zamora.

9. La frase: «Por ahora», fue pronunciada por el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías, se convirtió en la esperanza del pueblo venezolano que estaba inconforme con el mandato de Pérez.

10. El resultado: Aunque los objetivos de la rebelión fueron infructuosos, surgió un quiebre de la historia venezolana y un despertar de la fuerza popular.

04/02/2018: 

https://www.desdelaplaza.com/poder/en-claves-4f-24-anos-de-una-rebelion

domingo, 19 de junio de 2022

Noticiero retrospectivo



- Oscar Silva. "Carlitos González: Un espectáculo ante el micrófono" (Entrevista).  27/01/1980.

- Luis Beltrán Prieto Figueroa. "Pido la palabra:  Salom Meza sobre el tapete". El Nacional, 04/10/77.

- Jesús Sanoja Hernández. "Una larga noche hacia el golpe" (4-F). Economía Hoy, Caracas, 09/07/99.

- Alberto Arteaga Sánchez. "¿Delitos en el fútbol?".  Economía Hoy,  29/06/98.

Reproducción: "Pedro Padrón Panza, de La Guaira,  quiere que le igualen los ´musiúes´ con el Caracas".  Élite, Caracas, nr. 2493 del 06/07/ 1973 (Director, Pedro Ramón Romera; Jefe de Redacción: Ciro Medina). 

jueves, 3 de febrero de 2022

Boína (de) colorá

4-F: SEMPER ET IN AETERNUM?

Guido Sosola

Treinta años convertidos en siglos para los venezolanos, incluyendo a aquellos que tanto celebraron el 4 de febrero. Quedan los que juran una devoción que no sienten, por siempre y para siempre, porque el proceso, como se le llamó al iniciar el XXI, atraviesa otra etapa que no sabe ni sabrá  de Yoel Acosta Chirinos, Jesús Urdaneta Hernández, Francisco Arias Cárdenas y, cada vez más diluido, convertido  sólo en un artificio de legitimación,  Hugo Chávez Frías.

            De aquellos acontecimientos de 1992, silba a los lejos el imaginario social del cual no queda nada: las cosas no estaban buenas, pero tampoco era el puntofijismo terribilísimo que nos pintaron. Y el mesianismo uniformado que tan lejos llegó, disfrazando de soldados paracaidistas a los propios niños, en los días de carnaval, ha transmutado única y peligrosamente en desencanto.

            Libérrimos tiempos de discusión pública, el presidente Pérez no incurrió en la masiva represión de sus críticos, imponiendo la censura de prensa por un breve tiempo, al producirse los eventos del 27 de noviembre, porque nada fue inocente.  En todo caso, lo visto y padecido en esta centuria ha resultado peor: jamás huyeron, en toda nuestra historia colonial y republicana, los millones de venezolanos de ahora, por ejemplo, susceptibles de cualesquiera deportaciones. ¿Cuándo se había visto algo semejante?

            En la amena e informada crónica acostumbrada por  Jesús Sanoja Hernández que nada, por cierto, le debía al esquemático “tal día como hoy”, seguramente – hoy - hubiera privilegiado alguna faceta llamativa del día 4, poniendo de relieve nuevamente la advertencia a tiempo que hizo Carlos Julio Peñaloza y la persistente negación de Fernando Ochoa Antich de alguna complicidad con los hechos. O hubiera comentado el libro que un político profesional, como Gustavo Tarre Briceño,  publicara al poco tiempo de lo acontecido, “El espejo roto 4F 1992”, aunque el periodista cuidó siempre de no aceptar El Caracazo, como un fenómeno suficientemente planificado y fríamente urdido, como es la convicción de un sector de lo que ya queda de la opinión pública en términos habermasianos.

            Golpeada la vida académica e inexistente el mercado editorial, los golpes de febrero y noviembre de 1992, quedando al garete de la propaganda oficial y, por supuesto, interesada, a pesar de lo que generaron, están esperando por los investigadores. Empero, temen mucho publicar y, además,  el esfuerzo de hacerlo, no compensa tantos sacrificios, por lo que deben buscar el pan a través de otros oficios o desempeños. Acotemos, los burócratas, metidos en alguna nómina,   suelen pasar agachados: esa devoción ya no la saben por siempre y para siempre, temiendo que el régimen mismo cambie internamente y no haya mecenas que los salven.

Fotografía: Andrés Parra en el papel de Hugo Chávez (https://www.eluniversal.com.mx/articulo/espectaculos/television/2016/12/10/retratan-con-frialdad-

hugo-chavez)

04/02/2022:

https://www.lapatilla.com/2022/02/04/4-f-semper-et-in-aeternum-por-guido-sosola/amp/

https://newstral.com/es/article/es/1214247316/4-f-semper-et-in-aeternum-por-guido-sosola

Una y otra fecha

LA SIGNIFICACIÓN DEL 23 DE ENERO DE 1958 Y EL 4 DE FEBRERO DE 1992 EN EL ACONTECER HISTÓRICO VENEZOLANO (I)

Fernando Ochoa Antich

Mucho se ha hablado, escrito y debatido sobre los hechos ocurridos en cada una de estas fechas, quiénes fueron sus protagonistas, las causas que los originaron y sus consecuencias. Sin embargo, creo que, a pesar de todos esos esfuerzos, no ha quedado clara la significación cualitativa y los efectos que cada uno de esos hechos produjeron para beneficio o perjuicio de Venezuela y sus ciudadanos. La confusión es tal, que algunos los consideran similares a la luz de que sus principales actores pertenecían a las Fuerzas Armadas Nacionales. Mi intención, en este y en el próximo artículo, es tratar de aclarar, principalmente para las generaciones más jóvenes, la justificación, y el bien o el mal, que cada uno de esos movimientos produjo en la vida y en el desarrollo de nuestro país. Comenzaré esta entrega con el derrocamiento de la dictadura presidida por el general Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958, cuyo régimen se había iniciado, en 1950, después del asesinato del teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud, quien, a su vez, había encabezado un golpe militar para derrocar, en 1948, al presidente constitucional don Rómulo Gallegos y constituir una Junta Militar de Gobierno.

No obstante haber participado en los golpes que derrocaron a los presidentes constitucionales general Isaías Medina Angarita y don Rómulo Gallegos, el teniente coronel Carlos Delgado Chalbaud, uno de los oficiales más brillantes de las Fuerzas Armadas de la época, comenzó a tener discrepancias con el teniente coronel Marcos Pérez Jiménez sobre la necesidad, que el primero planteaba, de un acuerdo nacional para poner fin al régimen de facto, mediante la convocatoria de una elección presidencial y la entrega del poder al candidato triunfador. Vale decir que el propio Delgado Chalbaud se perfilaba como un posible candidato con posibilidades de triunfo, dadas las simpatías que generaba en importantes sectores sociales. Sin embargo, su intempestivo asesinato, ocurrido en noviembre de 1950, aún no esclarecido, condujo al cambio de la Junta Militar por una Junta de Gobierno presidida por el doctor Germán Suárez Flamerich, quien ejercía el cargo de embajador en el Perú. Posteriormente, la Junta Superior de las Fuerzas Armadas irrespetó el resultado de las elecciones de 1952, en el cual fue electo presidente constitucional de Venezuela el doctor Jóvito Villalba; disolvió dicha Junta de Gobierno; designó a Marcos Pérez Jiménez presidente provisional por unos pocos meses, hasta  que, en 1952, fue electo presidente constitucional de la República por una írrita Asamblea Nacional Constituyente.

El gobierno de Marcos Pérez Jiménez, llamado gobierno de las Fuerzas Armadas, se caracterizó en lo económico por un apreciable progreso, en virtud de una importante disponibilidad de recursos provenientes del petróleo y de grandes inversiones de empresas, tanto nacionales como extranjeras, así como la realización de grandes obras de infraestructura, que le permitían presentarse como símbolo de desarrollo a los ojos del mundo. También estableció un plan de inmigración, principalmente desde la Europa de la postguerra, lo cual se tradujo en el ingreso al país de un gran contingente de mano de obra calificada que en gran medida contribuyó a la modernización de Venezuela, principalmente en su capital y en su región central. Sin embargo, en medio de esa imagen de progreso, se practicaba una creciente corrupción a gran escala, mediante la cual se enriquecían obscenamente, empresarios y amigos del gobierno. Para silenciar las críticas a tantos desafueros e impedir la acción política de las organizaciones partidistas y de la sociedad civil, se creó, desde el principio de su gobierno, un eficiente aparato de represión, la Seguridad Nacional, con tentáculos que alcanzaban hasta el exterior de la República, conculcándose las libertades políticas. La existencia de la Guerra Fría, en pleno desarrollo, también lo favoreció ampliamente.

Tantas arbitrariedades y desafueros, así como su ilegitimidad, generaron progresivamente un elevado nivel de rechazo en diferentes sectores de la sociedad, tales como el estudiantil,  el eclesiástico, el sindical, el empresarial, en fin  toda la sociedad, incluyendo la Institución Armada. Fue así como el primero de enero de 1958, se produjo la rebelión protagonizada por miembros de las Fuerzas Armadas, la cual fue respaldada  masivamente por la ciudadanía, en manifestaciones de protesta en todo el territorio nacional, incluyendo una huelga general el día 21, que condujeron, finalmente, a que en la madrugada del 23 de enero de 1958, Marcos Pérez Jiménez abandonara el país con una  inmensa fortuna, producto del saqueo del erario nacional. Sin embargo, fue posteriormente extraditado y juzgado por los tribunales nacionales. Definitivamente, al hacer un balance de su obra de gobierno, se puede afirmar que el legado de Pérez Jiménez, si bien pudo haber dejado una obra de infraestructura importante, su conducta totalitaria y corrupta, opacan totalmente cualquier juicio favorable que se quiera hacer de su gestión.

En cambio, la rebelión del pueblo venezolano, el 23 de enero de 1958, en unidad con sus Fuerzas Armadas, dio origen a un régimen de libertades, de imperio de la Constitución y las leyes, de apego a la institucionalidad, de progreso en todos los aspectos de la vida nacional, de reconocimiento y respeto por parte de la comunidad internacional, que duró cuarenta años y que permanecerán en la historia como uno de los grandes logros republicanos en contra de la opresión y la tiranía al restablecer la anhelada democracia, que un día, muy seguramente, recuperaremos, una vez más, con el concurso de todos. Hoy, cuando celebramos un aniversario más de esa hermosa gesta, renovemos nuestra fe y esperanza en que lo volveremos hacer, con la ayuda de Dios y nuestros esfuerzos.

23/01/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/significacion-del-23-de-enero-de-1958-y-el-4-de-febrero-de-1992-en-el-acontecer-historico-venezolano-i/

LA SIGNIFICACIÓN DEL 23 DE ENERO DE 1958 Y EL 4 DE FEBRERO DE 1992 EN EL ACONTECER HISTÓRICO VENEZOLANO (II)

Fernando Ochoa Antich 

A escasos días de cumplirse un aniversario más del 4 de febrero de 1992, conviene, es para beneficio de la memoria histórica recordar lo que significaron los hechos ocurridos ese día y sus funestas consecuencias para Venezuela y su pueblo. Esa fecha permanecerá en la mente de la inmensa mayoría de los venezolanos y será reseñado por nuestra Historia como el día en el cual un grupo de militares, liderado por sus comandantes, traicionaron su juramento de “defender la Patria y sus instituciones hasta perder la vida y no abandonar jamás a sus superiores”. Su acción retrotrajo al país a la barbarie, que creíamos superada, al utilizar las armas de la República para intentar conquistar el poder, derrocando al gobierno que los ciudadanos se habían dado en democráticas y libérrimas elecciones. Igualmente, a pesar de que la asonada militar fue derrotada contundentemente por la inmensa mayoría de profesionales y tropas leales a la Constitución y las leyes, ese hecho puso en entredicho la disciplina interna, la unidad de mando, el espíritu de cuerpo y la  subordinación al poder civil logrados durante cuarenta años de democracia. Además del lamentable daño institucional causado por la insurrección, la actitud irresponsable de su protagonistas enlutó los hogares de 35 venezolanos entre soldados, policías y civiles, que cayeron víctimas de un absurdo enfrentamiento. Todos conocemos la historia de esos sucesos y a sus principales responsables. Sin embargo, no cabe la menor duda de que el principal culpable y beneficiario de esa tragedia fue el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías.

Nadie podría negar los cambios ocurridos en el país después de que fuera derrocada la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, en términos de democratización. Hechos como la alternancia republicana, el equilibrio entre los poderes del Estado, el respeto a los derechos humanos y civiles, el importante fortalecimiento de la infraestructura de salud, educacional y vial, junto a otros importantes hechos de modernización de nuestra sociedad. Muy importante es resaltar la optimización del profesionalismo y la subordinación al poder civil de la institución militar. Tampoco se puede negar que durante el período democrático se cometieron irregularidades, como generalmente ocurren en cualquier sociedad. Sin embargo, esas irregularidades fueron debidamente denunciadas, investigadas y corregidas, de conformidad con las leyes. Otro aspecto que resalta de la etapa democrática fue la amenaza a la que ella estuvo sometida en sus inicios, primero por las asonadas militares causada por la infiltración de la ultraizquierda en los cuarteles, y posteriormente por la aparición del movimiento guerrillero auspiciado por el castro-comunismo. Ambas situaciones fueron exitosamente enfrentadas por la inmensa mayoría de la sociedad venezolana y particularmente por las propias Fuerzas Armadas, lo cual les permitió ostentar siempre un privilegiado lugar entre las instituciones más prestigiosas del país.

Desafortunadamente, todo el progreso y los logros alcanzados en cuarenta años de democracia empezaron a verse amenazados por una logia conspirativa, inspirada por una gran ambición de conquistar del poder por el poder mismo, instigada por la izquierda no democrática e inexplicablemente apoyada por estudiantes, algunos medios de comunicación e incluso respaldada por dirigentes de los propios de partidos políticos, supuestos defensores de la democracia. Lamentablemente, los esfuerzos por preservar el régimen democrático no impidieron que  ocurriera la intentona del 4F y un movimiento civil para que, ante la derrota del golpe, lograr destituir al presidente Carlos Andrés Pérez, quien lideraba quizá el mejor gobierno de la etapa democrática, en términos de progreso y libertades ciudadanas. Esa felonía generó un ambiente de inestabilidad, manejado con honestidad y eficiencia por los gobiernos de Ramón J. Velásquez y Rafael Caldera. Sin embargo, a pesar de la derrota militar del golpe de Estado, surgió un pernicioso fervor por una de las principales figuras de la asonada militar, Hugo Chávez, quien contó con una masiva campaña de propaganda, resultando vencedor en la elección presidencial de 1998. Desde esa fecha y hasta el presente, nuestro pueblo y el mundo han visto y experimentado el final de 40 años de progreso y de vida democrática, para sumirlo en la terrible calamidad que vive actualmente. No cabe duda de que el 4 de febrero marcó el inicio del fin de lo alcanzado el 23 de Enero de 1958.

A mis apreciados lectores: luego de veintiocho años de escribir todos los domingos un artículo en los medios de comunicación, he decidido dejar de publicar, con la regularidad que lo hacía, por las dificultades que han surgido en Venezuela para obtener información veraz sobre temas nacionales e internacionales. Le he pedido a El Nacional que me permita continuar en sus páginas cuando los temas de interés lo ameriten.

30/01/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/la-significacion-del-23-de-enero-de-1958-y-el-4-de-febrero-de-1992-en-el-acontecer-historico-venezolano-ii/

Cfr.

Fernando Ochoa Antich. "Mi verdad sobre el 4 de febrero"http://lbarragan.blogspot.com/2020/05/cuan-extemporaneo-es-el-asunto.html

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY