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domingo, 5 de octubre de 2025

Noticiero retrospectivo

 - Federico Brito Figueroa. “El aula en la calle: Los pobres y el actual gobierno”. Últimas Noticias, Caracas, 08/08/1978.

- Pedro Berroeta. “El chiste premonitorio”. El Nacional, Caracas, 01/10/89.

- Juan Nuño. “La fama y la lana”. El Nacional, 11/05/94.

- J. F. Reyes Baena. “Perfil de la universidad contemporánea”. El Nacional, 14/12/69.

- Gobernador Rodolfo José Cárdenas: “No he renunciado ni renunciaré” (Caso Olavarría). El Diario de Caracas, 24/03/83.

Fotografía de 1947. De izquierda a derecha:Subteniente Manuel Ojeda Guía (uniforme de diario), Teniente Coronel Oscar Mazzei Carta (1927, uniforme de faena), Mayor Balda Cantisani, Germán. (1947, uniforme de diario), Capitán Tomás Pérez Tenreiro (1940, uniforme social), Dr. José Giacopini Zárraga (sentado al centro). Tomada de la cuenta facebookeana de Ramón Alberto Rivero Blanco.     

Breve nota LB: Nunca antes había visto esta gráfica que, no es de extrañar, publica nuestro amigo Ramón Alberto Rivero Blanco. Todavía José Giacopini espera por un ensayo histórico que pondere muy bien se experticia en las relaciones con el medio castrense de las cuales queda constancia en la fotografía. Empero, susceptible del adecuado tratamiento académico, es válido preguntarse hasta qué punto fue un mito, yendo más allá de sus roles de negociador.  Muy bien por RARB, cuyo archivo debo conocer algún día (la visita decembrina a su casa, tiene años de postergación). Por supuesto, abierta, confesa y descaradamente, con o sin armas, me robo la fotografía, aunque nótese que hay una mínima ética del latrocinio digital, pues, en mi blog daré el crédito merecido al curador.

jueves, 8 de mayo de 2025

Lumpanario

DE LA HISTORICIDAD DE LA POBREZA

José Rafael Herrera

No siempre la verdad coincide con la certeza ni el tiempo histórico con el tiempo cronológico.  La Scienza Nuova, de Giambattista Vico, da cuenta de esta inadecuación de verdades y tiempos, a consecuencia de la cual, ubicados dentro de un mismo período de la historia; sin embargo, existen sociedades que presentan retardo respecto de otras. Unos viven a la altura de su tiempo. Otros muestran la disposición de alcanzarla. Pero hay otros que se mantienen en lo que Vico caracteriza como la barbarie ritornata, esa suerte de vuelta atrás -o ricorso– que afecta a las sociedades en su devenir histórico, que las hace retroceder objetivamente, no solo respecto de otras sino, incluso, respecto de sí mismas. Todo lo cual permite comprender el hecho de que el actual tiempo histórico venezolano no coincida con su tiempo cronológico y, más aún, que el uno y el otro hayan ido lenta y progresivamente disociándose sin que la mayor parte de sus actores cotidianos se hayan percatado de ello, porque el inicio de toda elaboración crítica, de toda autoconsciencia, resulta de lo que realmente se es. El socrático “conócete a ti mismo” es producto de la comprensión del proceso de la propia historia.

Mucha agua -¡y mucha sangre!- ha corrido desde los tiempos de “la gran Venezuela” de los años setenta, la del dólar “a 4,30” y la del “’tá barato”. Durante buena parte de esa década, en efecto, Venezuela vivió, si no su mayor época de esplendor, por lo menos, una de sus épocas de mayor gloria. Fue en aquellos años que se consolidó la clase media profesional y técnica venezolana. Por primera vez en la historia del país, una enorme cantidad de jóvenes ingresaron a los liceos, institutos tecnológicos y universidades. Miles pudieron hacer sus posgrados en el extranjero, en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, entre otros países. Los venezolanos se profesionalizaron masivamente y se especializaron como nunca antes en su historia. Se multiplicaron los que tenían un segundo y hasta un tercer idioma. 

No pocos se casaron en el exterior y regresaron con sus parejas al pujante país de las oportunidades. Venezuela se fue volviendo cosmopolita. El empleo creció, tanto como las urbanizaciones, la vialidad, la industria automotriz, las escuelas, los liceos, las universidades, los centros hospitalarios. El teatro, el cine, la danza clásica y la contemporánea, la plástica, la buena música -la clásica, el rock, el jazz, el blues o las manifestaciones de una música nacional y caribeña de vanguardia y ciertamente creativa-, las galerías de arte, las librerías especializadas y los cafés -también las cervecerías y los “centros nocturnos”- tuvieron su época de gloria. Profesores universitarios de las más variadas disciplinas, provenientes de otras latitudes, llegaban por docenas para formar el futuro del país. En fin, la envidia de una América Latina impotente, quebrada y militarizada, tradicionalmente acostumbrada a mirar con resentimiento al “Imperio” y sus “vástagos lacayos”. Venezuela se presentó ante el mundo como “un país para querer” y como “el más bello secreto del Caribe”. La Venezuela democrática se encaminaba a la conquista de la coincidencia viquiana de tiempo histórico y tiempo cronológico. País, por lo demás, tolerante, sin prejuicios, de mezclas y contrastes, con un solo, único e histórico antagonismo esencial: la ya casi centenaria rivalidad de Leones del Caracas y Navegantes del Magallanes. La diferencia como sujeto y objeto de celebración. La democracia in der Praktischen.

Hasta que, a mediados de los años ochenta, con la abrupta caída de los precios del petróleo y el subsiguiente “viernes negro”, las momias de la barbarie decimonónica comenzaron a salir de sus tumbas bajo el ropaje de populismo. Su mirada siempre estuvo puesta sobre un grueso sector de la población: los habitantes de los marginados “cinturones de miseria” que, rezagados en relación con la pujante clase media “en ascenso”, anhelaban la llegada de un “vengador” para asaltar las instituciones y saquear el país. Manipulados primero y desencantados después, con ellos fue, poco a poco, creciendo el odio, el resentimiento social, las “ganas” contra aquellos a los que llamaban “los burguesitos”. Los desaciertos políticos de los “cogollos”, las ambiciones personalísimas, la prepotencia no exenta de zancadillas y golpes bajos, la imposición de “modelos” económicos absolutamente abstractos -llevados de la mano por la fe ciega en la ratio instrumental-, ajenos al contexto histórico, social, y cultural del país así como el amenazante crecimiento de la corrupción administrativa, sirvieron de gran “telón de fondo” de lo que terminó explotando aquel aciago 27 de febrero de 1989, al son del estribillo de «Por estas calles». El ricorso apenas iniciaba.

La mesa estaba servida para el resurgimiento de la peste militarista, esta vez entrelazada con el más primitivo y reaccionario de los izquierdismos, alimentado por el stalinismo y el maoísmo, es decir, por la negación del propio marxismo, dada la marcada inclinación totalitaria y autocrática que tanto le repugnaba al Marx de los Manuscritos de París, del Manifiesto o del XVIII de Brumario. Supieron, no obstante, aprovechar el momento de crisis. Estaban dadas las “condiciones” para capitalizar el descontento no solo del lumpen, sino también de una clase media decepcionada que veía, no sin desparpajo, cómo se hundían sus deseos de ascenso social. Una necesidad de ascenso rota que ahora se identificaba con el lumpen iracundo. Las fallidas intentonas golpistas del 4 de febrero y del 27 de noviembre acrecentaron los deseos de liquidar el ejercicio democrático y mostraron a los golpistas como un grupo de enviados del cielo, como Ángeles en rebelión. Una vez más, el mito del “hombre fuerte” que iba a enderezar el camino y acabar con la corrupción, la inmoralidad y las “malas prácticas” de “los políticos”, se hizo carne viviente. Finalmente, el Robin Hood de Sabaneta fue electo por una mayoría contundente, sedienta de venganza social y de “mano dura”: “¡Que la tortilla se vuelva!”, dice una vieja canción suramericana, atravesada de cabo a rabo por el resentimiento transmutado en evangelio. Pues bien, los resultados están a la vista de todos.

De hecho, la “tortilla” se ha hecho una inmensa “torta”, y efectivamente fue volteada. La tripleta “caudillo, ejército y pueblo” de Ceresole devino lumpen armado: gansterato. La distancia entre el tiempo histórico y el cronológico presenta las características de abismo. El lado ‘crudo’ de la “tortilla” convirtió en carbón al lado ‘cocido’. Se “vive” para el día, amenazados por la barbarie ritornata descrita por Vico. Hoy por hoy, la creación, la producción, el “hacer”, son los “enemigos”. La estética que ahora impera carece de colorido y vivacidad. Es la del miserable ladrillo, el zinc y el reguetón. La verdad se confunde con la ficción y la moral es la venganza -la “culebra” del barrio-, inmanente a la malandritud de un abierto predominio lumpen-fascista. Una relación dialéctica, como se podrá observar, muy poco dialéctica, si por esta se comprende la oposición que, necesariamente y tras la cruenta confrontación, conquista el recíproco reconocimiento. En efecto, no lo hay. La dialéctica de «señorío y servidumbre» no consiste, como suele representarse el maniqueísmo, en que el señor se transforme en siervo y el siervo en señor, sino que tanto el uno como el otro sean “señor del señor y del siervo”. La “dialéctica de la tortilla” terminó por arrinconar a la “clase media en ascenso” hasta echarle en cara el epíteto zahiriente de “marginal”. La clase media ya no lo es y cada vez se extingue más. La actualmente exigua, sobreviviente, desesperanzada y moribunda clase media ha devenido evidencia patente de la inadecuación del presente con la historia.   

08/05/2025:

https://www.elnacional.com/opinion/de-la-historicidad-de-la-pobreza/

Ilustración: Adrian Gruszecki}.

jueves, 9 de febrero de 2023

Del otro medinismo

EL CESARISMO O DE LOS ORÍGENES DE LA POBREZA DE ESPÍRITU 

José Rafael Herrera

Nadie puede poner en duda el hecho de que Isaías Medina Angarita no solo fue un buen hombre sino también un buen presidente de la República. A diferencia de los militares cuarteleros, era educado y estaba bien formado. Quizá plenado por un excesivo sentimiento de buena fe hacia sus compatriotas. Además, y como ya lo habían hecho sus antecesores -Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras-, Medina supo rodearse de gente culta y competente, de intelectuales y técnicos bien preparados y capaces, que no pocos aciertos -objetivamente visibles- le dejaron a una Venezuela petrolera, en crecimiento y hacia su modernización. Se puede decir que, hasta Medina, el país había sobrevivido a duras penas, presa del más profundo desgarramiento material y espiritual, víctima del paludismo corporal y espiritual, de la mayor miseria, sometido por sus caudillos (los “amitos”) y sus infinitas ansias de poder absoluto. A fin de cuentas, eran ellos los herederos de las glorias de la Independencia, por lo que no les bastaba con ser parte del festín, con autoproclamarse como los “taitas”, los “coroneles” de una determinada región de la nación. Era menester hacerse del festín completo y ejercer el poder totalitaria y despóticamente, no solo de las provincias, de las regiones en las que ya mandaban, sino de todo el país, desde la anhelada ciudad Capital. Y, entre zarpazo y zarpazo, en nombre de “la revolución”, era propicio ejercer la heteronomía absoluta, pues considerando a los venezolanos como un pardaje de “infantes” o, al decir de Vico, como sus “fámulos”, ellos, los “auténticos herederos” de la gesta independentista, los “padres libertadores de la patria”, estaban llamados a conducir a su prole por el camino trazado por ellos, el único camino posible: el de la obediencia ciega, la lealtad y el sacrificio. Después de todo, la era de “los héroes” es la era de las infamias. Este es, por cierto, el origen histórico de aquella deleznable consigna devenida fe positiva, naturaleza enajenada: “Con hambre y sin empleo...”.

Respecto de ese pasado aterrador, Medina representó un esfuerzo de autosuperación de la propia tendencia cesarista de la que fuera legítimo heredero, al punto de que hubo quienes, en su momento, lo identificaran de plano con Mussolini. No obstante ello, es decir, a pesar de llevar a cuestas el pesado fardo del despotismo sobre sus hombros, sería una insensatez no reconocer que con el gobierno de Medina tuvo sus inicios la libertad de prensa, la legalización de los partidos, la liberación de los presos políticos, la implementación del seguro social obligatorio, la fijación del salario, la cedulación, entre otras virtudes ciudadanas. Fue Medina quien legalizó los sindicatos en Venezuela y quien, por decreto presidencial, hizo posible la celebración del día internacional de los trabajadores. Con él, y por primera vez en la historia del país, una parte de la logia militar tradicional junto a los llamados “notables” y los dirigentes comunistas, comenzaron a coincidir en los mismos propósitos. Y se figuraron, juntos, un país hecho a su imagen y semejanza.

Pero los adecos de Gallegos y Betancourt, de Leoni, Prieto y Barrios, tenían otros planes y concebían otras figuraciones muy distintas -abiertamente democráticas y autónomas- a las ideadas por la alianza de los herederos del cesarismo democrático y el bolchevismo. Y es que, a fin de cuentas, a pesar de su mesura, Medina seguía siendo el representante de los intereses de un gomecismo que se negaba a desaparecer, y que tal vez nunca haya desaparecido del todo dentro del imaginario político nacional. Los bigotes del bagre stalinista los lleva puestos Maduro. En el fondo, a un gomecista tout court no le podría resultar del todo extraña la concepción leninista del Estado. Las figuras que conforman la experiencia de la conciencia histórica difícilmente desaparecen. Más bien, se reciclan, asumen nuevas formas, incluso las más barbáricas y corruptas. Medina nunca hubiese podido imaginar que el viejo caudillismo nacional, resentido por tantas derrotas consecutivas, terminaría por transmutar en la peor de las pestes que ha venido azotando a Venezuela inmisericordemente durante los últimos veintitrés años, al punto de conducirla al mayor de los precipicios. Como advirtieran los teóricos de la Escuela de Frankfurt en su momento, justo de la mayor ilustración puede surgir el morbo del totalitarismo barbárico y gansteril, dado que lo lleva en sus entrañas. La doctrina positivista no es, por cierto, inocente en estos asuntos.

No debe olvidarse que los primeros comunistas convencidos fueron los hijos, los sobrinos o los nietos de los señores latifundistas, precisamente de los “coroneles”, bien conservadores o bien liberales -da lo mismo-, quienes formados en las universidades, primero escolásticas, luego iluministas y más tarde positivistas, ahora, freudianamente, asumían como una consecuencia incuestionable que el marxismo sovietizado era el “salto cualitativo” de la teología a la metafísica y de la metafísica a la verdadera ciencia. Por ejemplo, las inexorables “leyes científicas” de la historia mostraban con “meridiana claridad” que el paraíso se encontraba a la vuelta de la esquina y que sólo se trataba de apresurar el paso para darle vuelta a “la tortilla”. Advertía Marx que cuando la historia llega a repetirse deja de ser objeto de la tragedia para devenir objeto de la comedia. Esa es la historia del cesarismo de las segundas veces, de las “segundas partes”. Tal pareciera ser el signo distintivo de la barbarie ritornata, el ricorso de la actual Izquierda bonapartista y corrupta. Parafraseando a Lenin, podría decirse que la “fase superior” del actual izquierdismo es el gansterismo, el cual, en los últimos tiempos, ha resurgido de los escombros de los escombros de lo que alguna vez fuera un movimiento sincera y genuinamente comprometido con la transformación política y social inspirada en la filosofía de Marx, cuya traducción al breviario, al manual y a la esquematización la degeneraron hasta convertirla en una doctrina hueca, de frases altisonantes que en nada contribuyen con el pensamiento. El producto de esa comedia está a la vista. Y no necesita anteojos. Si el medinismo surgió de los escombros del cesarismo, el gansterismo del presente surgió de los escombros del medinismo. Fue, acaso sin tener plena conciencia de ello, la semilla de la pobreza espiritual del presente.

Reproducción: Ascenso al grado de General en Jefe de Eleazar López Contreras. Élite, Caracas, nr. 1963 del 11/05/1963.

09/02/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/el-cesarismo-o-de-los-origenes-de-la-pobreza-de-espiritu/

lunes, 7 de marzo de 2022

Los cañones de la pobreza

LAS VIGAS DE UNA ECONOMÍA QUE YA NO DICE DE SÍ

Luis Barragán

El insustancial incremento salarial recientemente  anunciado, preámbulo  de la seguidilla característica de todos los años, constituye una afrenta para el venezolano del que se burlan incansablemente, aunque está muy consciente de una medida que sólo agrava su situación.  Siendo éste el propósito, huelga comentarlo, se extiende la soporífera retórica constitucional y legal que contrasta con una radical flexibilidad laboral ya en los confines del Estado Criminal que levanta sus cañones por doquier, con desprecio de la economía y de sus oficiantes.

            El deliberado ocultamiento de la realidad, la temeraria tipificación penal que ensaya para dar cuenta de quienes logren apenas decodificarla, incluye la sospecha de todo esfuerzo académico, sistemático, coherente y profundo de reflexión que, además, sea útil para la vida cotidiana.  De modestas o extraordinarias dimensiones,  el comerciante, industrial o banquero deberá navegar a perpetuidad por aguas inciertas, sin noción  de las más elementales cifras oficiales, o el exitoso demandante en materia laboral tendrá que esperar ad infinitum por la información requerida al Banco Central sobre la tasa de inflación, haciendo inejecutable la sentencia,  recorriendo el circuito absurdo de las mafias que se tienen por científicas ellas mismas.

            Así como prácticamente no los hay en términos políticos, carecemos cada vez más de un pensamiento y un discurso económicos, faltando poco,  alternativos.    Atrás quedan los periodistas especializados en la fuente, como los propios economistas que solían publicar sus columnas y conceder largas entrevistas en los medios impresos, sin complejo alguno por los términos empleados: al menos, antes, aún en los mercados municipales, se escuchaban expresiones como  crawling peg, intentando refutar el vendedor al comprador que se le resistía con un cierto gesto de corredor de bolsa, por cierto, tan socialmente cotizado por entonces.

            No contamos con una industria editorial que ancle determinados temas en la opinión pública, engavetadas centenares de tesis de (post) grado y de ascensos, por siempre, presumidas como novedosas. Por airadamente marxista que se diga el régimen, la escuela vive su peor y quizá postrera etapa, reinventándose galáctica: ni siquiera el investigador puede recurrir a los registros y notarías para identificar a la augusta y actual oligarquía del dinero, como alguna vez lo hizo Domingo Alberto Rangel, por lo que debemos esperar al reporte esporádico de la banca internacional (v. gr. Credit Suisse), víctima de las filtraciones o de la llamada inteligencia de código abierto, trastocado el socialismo en un asunto exclusivamente criminológico y criminalístico.

Esta centuria es la de una pobreza inaudita que asoma distintos cañones, como las vigas visibles de una casa de barriada, en la carretera vieja de Caracas a Los Teques, eternamente en construcción, esperando por más habitaciones para alquilar, dejando atrás la parcela por la que pagaron, quemaron y limpiaron sus dueños  para el rancho precursor. O las invisibles que se suman al insólito tráfico inmobiliario en las áreas marginales, hechas por todos los ministros de hacienda o finanzas, incluso,  de nombres olvidados, algunos seguramente esperando por regresar al país en reclamo de sus luchas contra un régimen al que tanto contribuyeron a estructurar, empobreciéndonos moralmente aún más.

Fotografía: LB (15/02/2022).

08/03/2022: 

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY