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jueves, 21 de diciembre de 2023

Algo más que circunstancial

DE LA MILITARIZACIÓN DEL MARXISMO

Luis Barragán

Puede aseverarse que Chávez Frías tuvo por oficio y concepción del mundo, la violencia y, en consecuencia, fue inevitable el ejercicio de la política desde la perspectiva del autoritarismo, camino al poder, y, en definitiva, su consagración, una vez conquistado.  Sin embargo, a modo de ilustración, un oficial de alta graduación como Larrazábal Ugueto jamás hubiese impulsado una transición hacia la democracia, en 1958, por lo que luce imposible generalizar la fórmula.

Curiosamente, el sucesor, Maduro Moros, nunca tuvo por profesión las armas, sino la agitación política que lo llevó a perfeccionarse en los cursillos de Cuba, pero es heredero de un militarismo del que cuida muy bien en cultivar acaso cual factor de legitimación. Digamos, el Comandante en Jefe de la Fuerza Armada, propulsor de un socialismo militarista que no es exactamente equivalente al militarismo socialista y, en exacta propiedad y correspondencia, heredero de un específico desarrollo teórico y práctico de cuño leninista, así no lo sepa.  

Aníbal Romero nos orienta en torno a la militarización del marxismo que le concedió una extraordinaria relevancia a las categorías militares, equiparó la lucha política a la guerra militar y se esmeró en provocar las condiciones para la violencia insurreccional, ponderando también los aportes de Gramsci y Mao, como se infiere del extraordinario capítulo alusivo de un libro necesario de leer y releer: “Tiempos de conflicto (Ensayos político-estratégicos)” (Ediciones de la Asociación Política Internacional, Caracas, 1986: 131 ss.). Partiendo del inevitable contraste con la perspectiva de Clausewitz, salvando las obvias distancias de tiempo, modo y lugar, la obra nos impone de la necesidad de reflexionar sobre el curso adquirido por el régimen actual, por cierto, declarada la consabida guerra de Israel contra Hamas,  en un contexto harto diferente de la Guerra Fría que canalizó la confrontación entre el capitalismo y el comunismo, reducido a la de una más directa rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética (128 ss.), remitiéndonos a un presente que sella la alianza entre los intereses comunistas y los fundamentalismos religiosos, versus la civilización occidental.

Nada casual, en este siglo XXI venezolano jamás se ha dicho o predicado en torno a la lucha de clases, al menos, desde las más altas esferas del poder establecido, sino que, negando en todo lo posible la política y la ciudadanía, aunque no hemos llegado literalmente a la guerra civil, pareciera y muchísimo que somos víctimas de ella, por el miedo internalizado en la población, la crisis humanitaria y la diáspora, entre otras evidencias. El elemento insurreccional ha sido una constante (100), gracias a los factores y sectores oficialistas que pugnan por sobrevivir permanentemente, diferenciándose de los enemigos, preferiblemente los del pasado político que se le resisten o dicen resistírsele, traspasando los límites de la reinvención de los actores de la oposición, además, considerados objetivos militares inmediatos por pedir o insinuar la aplicación del TIAR.

Los ultraizquierdistas en el poder, formados al ritmo de las bonanzas petroleras de la anterior centuria, aunque en ésta tuvieron ocasión de disponer de la más jugosa de todas las que hemos tenido en la historia, sólo se declaran y entienden como marxistas en el sentido del leninismo militarizante y, no por casualidad, tienen en la imputación del delito de traición a la patria, uno de sus mejores armas que les ahorra alguna mediana argumentación.

Quizá la única manera de compaginar a los cívicos y a los militares de la alianza que sustituye a las antiquísimas de carácter obrero-campesinas, los fuerza a la militarización de un socialismo tan indefinido, como el miraflorino,  capaz de ser cualquier cosa dejando solo como saldo las bayonetas.  Por ello, el ensayo de Romero es un magnífico incentivo para actualizar una aproximación a la dimensión militar de un régimen que, a diferencia de la vieja polaridad, actúa en el marco de una peligrosa multipolaridad que el autor previó “signado de un mayor desorden, y por inéditas pero aguda manifestaciones de conflicto, en un mundo intensamente competitivo y sujeto a una más aguda confrontación, por recursos escasos y calidad de vida”; acotemos, cita ésta tomada del magnífico aporte destinada originalmente a la formación de los cadetes de la Academia Militar, principiando los noventa del veinte (“Aproximación a la política”, Universidad Simón Bolívar, Caracas, 1990: 229).

Creído un régimen absolutamente circunstancial, ya tiene  un cuarto de siglo a cuestas y, a su deliberada falta de profundidad doctrinaria e ideológica, esto es, argumentativa y legitimadora, se suma la de sus críticos, supuestos adversarios y acérrimos opositores.  Por ello, Romero es pertinente hoy.

16/10/2023:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/40154-de-la-militarizacion-del-marxismo

domingo, 10 de diciembre de 2023

Noticiero retrospectivo

- Argelia Bravo. Crisis del capitalismo dependiente y democracia burguesa militarizada". Ruptura, Caracas,  n° 81 de  07/1978.

 - Jesús María Aguirre (SJ). "Iglesia y TV: ¡Basta ya de lamentaciones!": El Nacional, Caracas, 25/03/90. 

- Alejo Torres. "Los grandes problemas de las masas y los líderes amaestrados". Tribuna Popular, Caracas, 03/07/69.

- Arturo Uslar Pietri. "Pizarrón: El arte del vino". El Nacional, 31/01/82.

- Guillermo Morón. "El general en su laberinto" (Gabriel García Márquez). El Nacional, 08/04/89.

Reproducción: José Bardina, Ada Riera y Néstor Zavarce. Momento, Caracas, n° 902 del  28/10/1973. 

martes, 2 de mayo de 2023

Halar la punta del hilo

DESALARIZACIÓN Y DEVALUACIÓN DE LAS DEMÁS INSTITUCIONES FUNDAMENTALES DEL DERECHO DEL TRABAJO

Luis Barragán

Abusadas las expectativas más recientes, cualesquiera sean los porcentajes de aumento nominal decididos tan presidencialmente, las consecuencias serán las mismas en el esfuerzo de sojuzgar a la población mayoritariamente buscadora de empleo, mientras el resto hace de la precariedad un oficio al figurar en las vastas nóminas públicas. El sector privado prácticamente no existe, salvo que lo autorice la generosidad de los estamentos oficiales que le imponen a la postre el elevado riesgo de una por siempre sospechosa naturaleza de sus negocios.

Reiterado el drama por más de dos décadas, en propiedad, no existe el salario y mucho menos las prestaciones sociales en Venezuela, entre otras de las instituciones fundamentales del derecho del trabajo que ha experimentado tan descomunal retroceso. Hay, eso sí, una hiperinflación también verbal, porque las previsiones constitucionales y legales quedan únicamente como piezas publicitarias que no logran ocultar la cruel realidad en curso.

Acaso, en provecho de una recóndita mentalidad rentista de la que crecientemente nos percatamos, sobre todo si de cruzar las fronteras para sobrevivir se trata,    los días de asueto que el régimen multiplica, entendiendo que los ingresos no alcanzan para sufragar el diario transporte público, incluso, convertido en costumbre desde antes de la consabida pandemia, no debemos confundirlo con la disminución de la jornada laboral en otras latitudes avalada por un importante desarrollo económico y un desafiante contexto tecnológico.

Son varios los carretes sueltos en torno a las libertades sindicales, la aparente estabilidad del trabajo, o, en el ámbito estatal,  el subsidio de las tareas milicianas, por llamar así la premiación de los colectivos más comprometidos, con depósitos bancarios u otros beneficios en especies que probablemente no están presupuestados, ni les da alcance a todos los empleados públicos que dejaron muy atrás el pago de las horas extras para redondear la quincena.  Además, por encima del ministerio de adscripción, siendo esenciales y decisivas las inspectorías para forzar una paz laboral que sólo luce como el congelamiento artificial de una peligrosa conflictividad que sirve de extorsión política de los oficiantes del poder, difícilmente encontramos una solución jurisdiccional porque resulta costosa y ociosa, por sus inejecutables sentencias.

Muy bien podemos halar la punta del hilo, descubriéndolo como una cuerda cada vez más gruesa, capaz de clarificarnos respecto al trabajo como valor y, asimismo, tragedia en nuestro país: el llamado sistema Patria que se alza como un reto frente al derecho del trabajo y al administrativo, es aplicable al sector privado de la economía reforzando el control estatal; una radical flexibilidad laboral escondida en los pliegues de una normativa ornamental, ha de ser el único atractivo a reportar por las zonas económicas especiales, impleméntense o no; y la comunalización del trabajo para una economía de mera subsistencia, puede llevar a su milicianización, o franca militarización. En los cauces del socialismo del siglo XXI, ¿es posible otear un distinto horizonte?

Fotografía: LB (Cs).

02/05/2023:

lunes, 30 de enero de 2023

Las nuevas trincheras

MILICIAS UNIVERSITARIAS

Luis Barragán

Todo parece indicar que entraremos en un ciclo de anuncio, convocatoria y celebración de las elecciones universitarias, bajo el eufemismo de la reinstitucionalización, pendiente por demasiado tiempo la renovación de las autoridades. Situación que luce auspiciosa para el régimen, por una parte, adelantándose al venidero año, le ayudará a generalizar un ambiente engañoso de democratización, creyéndolo suficiente para honrar la Constitución respecto a la selección del presidente de la República, manteniéndose atenta la oposición; y, por la otra, contribuirá a quebrar la resistencia ofrecida en nuestras casas de estudios, trastocado el entusiasmo en franca evasión de las realidades, como la deshonra del artículo 109 constitucional, y la propia existencia y vigencia de la IV Convención Colectiva Única de Trabajadores del Sector Universitario, suscrita por el sector oficial consigo mismo a través de la Federación de Trabajadores y Trabajadoras Universitarios de Venezuela (FTUV), un artificio que arrolló toda la estructura y variedad de los gremios aún de larga tradición que todavía no acusan recibo de la novedad.

La citada Convención Colectiva que se jura cabal expresión del artículo 96 constitucional y del Convenio 98 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), suscrita por Venezuela, por cierto, releva al madurato de imponer una distinta Ley de Universidades, por lo menos, hasta nuevo aviso. Demasiado obvio, incumplido el contrato en relación al salario y la protección social, por mencionar un par de aspectos, mantiene en pie la determinación de impulsar la universidad comunal esperando por el mejor momento para megafonearlo, pues, mientras tanto, nada les aconseja nombrar la soga en la casa del ahorcado. Sin embargo, importa hacer una breve consideración en torno a la cláusula 10, referida a la “Seguridad y defensa integral de las IEU [Instituciones de Educación Universitaria]”.   

En efecto, fórmula repetida tan incansablemente, la doctrina de guerra popular de resistencia encuentra cupo directo en el aula universitaria con la creación de las Brigadas Universitarias Integrales para la Seguridad y Protección de la Patria, a cargo de la FTUV con funciones de control y seguimiento; y de los Cuerpos Combatientes de los Trabajadores Universitarios, bajo la dirección de la Comandancia General de la Milicia Nacional Bolivariana. No ha bastado el compromiso que todo ciudadano tiene de contribuir a la defensa de la patria en los términos claros e inequívocos recogidos por la Constitución, sino que, partidizándolo, lo caracteriza arbitrariamente en el ámbito universitario, confiriéndole funciones policiales a una entidad que se dice sindical, y ordenando la inmediata conformación y supeditación a la Fuerza Armada Nacional en tanto corporación académica; vale decir, militarizando definitivamente a la universidad – además - comunal, como se veía venir desde finales de  2019, cuando alguien filtró el borrador de lo que resultó la IV Convención, y tuvimos ocasión de denunciar desde la Asamblea Nacional.

León Trotsky, como varias veces lo señaló Isaac Deutscher, vinculó la milicia con las sociedades capitalistas altamente desarrolladas, confiriéndole el sello de eficiencia a una tarea que, además, suele concebirse como voluntaria, complementaria y susceptible de no prestar, en el caso que fuese obligatoria, por alguna comprobada objeción de consciencia. Consabido, con el socialismo real del siglo XX y, huelga comentarlo, del XXI, la noción misma ha sufrido de una infinidad de distorsiones que simulan el carácter intimidado y forzado de la prestación del servicio tenido crecientemente como una actividad principal, necesitada de un sistemático entrenamiento, resueltamente profesional; acotemos, tratando de fulminar el poderoso mito del tren blindado, José Stalin desarmó el Ejército Rojo y, escaso de recursos, echó las bases de lo que después sería una formidable maquinaria militar, incursionando en la guerra mundial, con combatientes mal uniformados y también descalzos de escasa formación para la pelea que ganaban su fusil de caer muerto un compañero que contara con  la fortuna de tenerlo, o pudiera arrebatarlo al enemigo.

Antes, alertamos sobre la universidad que no se defiende, perece; ahora, perdiéndola, ha de convertirse en trinchera, abriéndole paso al estudiante, profesor, obrero y empleado trastocado en soldado. Ineludible problema, los comicios a realizarse en cada casa de estudios deben apuntar a una actualización del drama y a sus más urgidas respuestas. 

31/01/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/milicias-universitarias/

martes, 1 de noviembre de 2022

Militarización

EL SOCIALISMO CAMPAMENTAL Y LOS RECIENTES SUCESOS DE TUMEREMO

Luis Barragán

Avanzada la presente centuria, con el agotamiento de la  amplia alianza política y social que lo llevó al triunfo electoral de 1998, evadiendo una contundente definición ideológica,  gracias al programa constituyente, Chávez Frías allanó el camino hacia la reforma constitucional de 2007, sincerando su profesión de fe marxista, o, mejor, castrista; no obstante, como lo refirió, por ejemplo, en un programa radiotelevisivo del 13 de agosto de 2005, celebrándolo litúrgicamente al calor de la experiencia cubana, en el marco del XVI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, el llamado Socialismo del Siglo XXI – advirtió – ha de depender de las “reestructuraciones permanentes que hay en el proceso bolivariano”.   Más allá de la consigna, una versión tan tercamente acomodaticia del socialismo, suscitó una hondo y significativo impacto en el ámbito militar, pues, dejando constancia de su afiliación, el general Raúl Isaías Baduel, al cumplir su tránsito ministerial, en fecha 18 de julio de 2007,  incurrió en el muy quizá ingenuo llamado a su actualización, implicando “la necesidad imperiosa y urgente de formalizar un modelo teórico propio y autóctono”, agregando: “Hay que admitir, que este modelo teórico —hasta los momentos—, ni existe, ni ha sido formulado y estimo que mientras esto sea así, persistirá la incertidumbre en algunos de nuestros grupos sociales. Como he dicho, en otro lado, debemos inventar el socialismo del siglo XXI, sí, pero no de manera desordenada y caótica, sino valiéndonos de las herramientas y el marco de referencia que nos da la ciencia”, invocando  más tarde el “mandato claro” del artículo 328 de la Constitución y los principios del Código de Bushido, la “guía moral de la mayoría de los samuráis”.

            Herencia celebrada por Maduro Moros, añadiendo el martirio del general que lo salvó junto a todo un régimen por 2002, la ausencia de políticas públicas, imposible de sustituir por las llamadas misiones cuales campamentos militares puntuales y provisorios, deriva en respuestas cortoplacistas, sobrevenidas, provisionales y meramente operativas, en relación a los problemas fundamentales que los prohombres del poder por siempre denunciaron (y denuncian), impuestas por la fuerza, sin mediar jamás una adecuada rendición de cuentas, frecuentemente explicadas por la coyuntura electoral. Tienen por ventaja la conveniente abstracción de la promesa socialista, dependiente de las tácticas políticas marcadas por las meras circunstancias, difícil de concederle una definición no sólo a la luz del bolivarianismo, sino desde la propia perspectiva de la denominada militaridad que trata de una suma de elementos simbólicos, inherentes al Estado, auspiciando la sumisión al exagerar las condiciones en las que heroicamente deben intervenir la Fuerza Armada Nacional para la salvación de todos.

            Luego, el socialismo campamental,  el del irreductible esfuerzo de la improvisación, agitación y provocación, al que ya se le hace difícil el financiamiento de la movilización de masas, tiene por única solución el acto militar y  militarizador que trasciende la simple metaforización del empleo de la fuerza bruta.  No importa cuán insensato sea, e, incluso, que no se sepa de su empleo en su más exacta dimensión, como ha ocurrido a finales de octubre del presente año con la militarización de Tumeremo, con la consiguiente denuncia de allanamientos ilegales y atropellos, afectando a los trabajadores de la localidad de Imataca, pidiendo explicaciones los voceros de las juntas comunales por el feroz ataque contra los mineros bajo  un espectacular  despliegue armamentístico, como lo ha reseñado FundaREDES (https://twitter.com/FundaREDES_/status/1586098001205919747),   en el marco de una generalizada censura de prensa.

            Los habitantes de Tumeremo, municipio Sifontes del estado Bolívar, protestan el ataque y la presencia militar para el desalojo y huida de más de mil mineros de Imataca que incluyó la quema de la Iglesia, aislando a la entidad, bajo el argumento de un desempeño ilegal de grupos considerados como “armados y terroristas”, aunque – negando la calificación – los trabajadores refieren una actividad legal que tributa a la Corporación Venezolana de Minería (CVM) por concepto de extracción. Los comerciantes del lugar elevaron sus protestas por un operativo de tamaño calibre que afectó a toda la municipalidad, al congregarse valientemente en la calle en demanda de un pronunciamiento del alcalde,  según a las escasas fuentes noticiosas.

            Es demasiado evidente que el socialismo da para todo, justificando cualesquiera decisiones que afecten a las personas más inocentes, sin que haya una instancia administrativa y, mucho menos, judicial que pueda poner un mínimo de orden y sosiego en el territorio nacional, como bien lo ejemplifica lo acaecido recientemente en tan importante localidad guayanesa que se explica en el contexto de toda una irresponsabilidad: la del Arco Minero, como espacio de la explotación indiscriminada de nuestros recursos naturales, urdido un enjambre de intereses que en tiempos de la prensa y del parlamento libres, no hubiese sobrevivido. Apenas, las autoridades militares solamente refieren al desalojo de los mineros ilegales, pero no dan cuenta de los excesos y las violaciones de los derechos humanos y tampoco podrían darla en torno a una política pública ausente que no les compete concebir, ejecutar ni evaluar en relación a la minería.

            Respecto al terrorismo, el territorio nacional está infestado de grupos y fuerzas irregulares que lo definen, impidiendo – además – el derecho constitucional al libre tránsito de los venezolanos en suelo propio, de acuerdo a las noticias lamentables y ya viejas que se han recibido de estados como Apure, tan desafortunadamente emblemático. El municipio Sifontes de acaudalados problemas de supervivencia (de seguridad personal, alimentarios, sanitarios, educativos, etc.), es el escenario dramático de una intervención bélica, como la califican los propios tumeremenses, y, a la vez, testigo de un importante campamento militar que, cumplida la misión, será levantado más temprano que tarde  para que todo siga igual, o peor, caracterizando y adjetivando al socialismo mismo del siglo que nos ha robado.

            El socialismo campamental, únicamente se apega a las formalidades legales, apelando a una básica racionalidad, cuando pugnan intereses muy bien representados en las altas esferas del poder establecido, recurriendo a los tribunales que pacíficamente puedan dirimirlos, preservando el status quo, pero que, en nada,  responden al resto de la sociedad por más urgida que se encuentre de solventar sus problemas y conflictos.  Para esta sociedad, e, igualmente, para aquellos obscuros intereses que se les salga la rueda de la carreta con pretensiones de un predominio no pactado con antelación, está la fuerza bruta, los símbolos del Estado y el lenguaje cuartelario.

Referencias:

https://twitter.com/800Noticias_/status/1586106842559631360

https://twitter.com/FundaREDES_/status/1586098001205919747

https://efectococuyo.com/la-humanidad/fundaredes-denuncia-que-tumeremo-fue-militarizada-con-aviones-de-combate-y-tanquetas/

https://talcualdigital.com/fundaredes-denuncio-militarizacion-y-arresto-de-mineros-en-tumeremo-estado-bolivar/

https://correodelcaroni.com/region/sucesos/habitantes-de-tumeremo-protestan-contra-militarizacion-desplegada-por-la-fanb/

01/11/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/el-socialismo-campamental-y-los-recientes-sucesos-de-tumeremo/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY