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lunes, 13 de julio de 2026

Íes y puntos

EL ESCOMBRO Y LA ESPERANZA: LA SOCIOLOGÍA DE UN PAÍS QUE APRENDIÓ A SALVARSE A SÍ MISMO

Vanessa Carolina Rodríguez Lupo / MiamiNews24

El reciente desastre natural que sacudió a Venezuela no solo ha dejado una huella física imborrable en el territorio, sino que ha desnudado, con una claridad casi brutal, la anatomía de una sociedad que, ante el colapso de sus instituciones, ha aprendido a reconfigurarse orgánicamente. Lejos de la parálisis que el caos suele inducir, el país vivió una respuesta colectiva inédita: una coreografía de voluntades que actuaron con precisión, sin manuales ni directrices estatales.

Para comprender este fenómeno desde el rigor académico, conversamos con el profesor Samuel J. Pérez Hermida, sociólogo, docente de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Jefe del Departamento de Análisis Histórico Social de la Escuela de Sociología de la FaCES-UCV, y Representante Profesoral Principal ante el Consejo de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCV. Su análisis nos invita a ver este despliegue de solidaridad no como un hecho anecdótico, sino como un objeto de estudio clásico de la sociología de la crisis y la acción colectiva.

El orden emergente: La sociedad como nodo decisorio

Contrario a la creencia popular de que el desastre desencadena el descontrol, el profesor Pérez Hermida señala que fuimos testigos de la «emergencia de la comunidad altruista». En un contexto, donde la estructura institucional estuvo ausente, el sistema social no se detuvo; simplemente cambió su lógica de jerárquica a reticular. El especialista sostiene que el venezolano ha desarrollado un habitus de autogestión tras años de convivir en la incertidumbre. “Ante la ausencia de un mando central, la sociedad activó lo que denomina capital social compensatorio». Es decir, «cuando los ciudadanos sienten que el Estado ha dejado de proveer seguridad o dirección, se activa el capital social de la comunidad», explica el académico.

En este sentido, destaca que, en esta dinámica no existió un «gran plan», sino miles de micro-planes coordinados por la necesidad y una identidad compartida donde cada individuo se transformó en un nodo decisorio. La legitimidad, en esos días aciagos, no provino de cargos oficiales, sino del reconocimiento práctico de la utilidad de la acción en el terreno.

Solidaridad global: Venezuela dejó de ser un país lejano

La respuesta ante la tragedia trascendió las fronteras, logrando una movilización de ayuda internacional y de rescatistas voluntarios que superó las expectativas. Según Pérez Hermida, esto fue resultado de una convergencia de factores: la diáspora y la globalización de la empatía.

Por un lado, la migración masiva ha funcionado como una red transnacional de «embajadores sentimentales». La tragedia no llegó a un país abstracto, sino a un territorio que el mundo ya reconoce gracias a los millones de venezolanos que hoy forman parte del tejido social en otras latitudes. Asimismo, el ruido político de las últimas décadas situó a Venezuela en el radar global, facilitando que el sufrimiento fuera comprendido de inmediato.

En la era del conocimiento en tiempo real, la distancia física ha cedido ante un imperativo ético cosmopolita donde la viralización del dolor se traduce, inevitablemente, en acción solidaria.

La fe como refugio cuando todo se derrumba

En medio de la devastación, una frase se volvió omnipresente: “gracias a Dios”. No como resignación, sino como afirmación de vida. Incluso quienes perdieron familiares, casas o medios de subsistencia encontraron en la fe un punto fijo en un mundo que se volvió líquido.

Pérez Hermida lo llama teodicea de la supervivencia: la fe como mecanismo cognitivo para sostener el sentido cuando la realidad amenaza con destruirlo. «Dar gracias a Dios en medio de la calamidad es una forma de declarar que, a pesar de la destrucción, el sentido de la existencia del individuo no ha sido aniquilado». Es un acto de resistencia cognitiva. En un entorno donde las instituciones racionales y políticas han fallado constantemente, la fe se ha erigido como el lenguaje capaz de articular la esperanza.

La religión opera aquí como un capital social de consuelo, donde las comunidades de fe suplen las carencias de un Estado desarticulado, convirtiéndose en redes de contención fundamentales.



Los pilares que sostuvieron al país: la red global y la fe local

La síntesis del sociólogo es clara: Venezuela sobrevivió gracias a dos fuerzas simultáneas.

La red global, activada por la diáspora y la solidaridad internacional, que sostuvo la supervivencia material.

La fe, que sostuvo la supervivencia emocional y espiritual.

Para el académico, ambas surgieron porque el país lleva años viviendo en desinstitucionalización profunda. Cuando el Estado no provee futuro, la sociedad se inventa uno. Sin embargo, destaca que quedan preguntas abiertas: “¿Qué pasará con este ethos de sobrevivencia cuando la emergencia pase?”, y “¿Esta capacidad de articularse en redes globales y refugiarse en la fe será el cimiento de una nueva institucionalidad, o viviremos en un estado de excepción permanente?”. La respuesta no está escrita. Venezuela demostró que puede sostenerse sola. La pregunta es si podrá reconstruirse sin que esa sobrevivencia se convierta en destino.

En tal sentido, el terremoto reveló algo que estaba allí, escondido bajo años de crisis: la capacidad de los venezolanos para autogobernarse cuando las estructuras formales fallan. La emergencia mostró que el país tiene músculo social, inteligencia colectiva y una resiliencia que desafía cualquier teoría.

La reconstrucción dependerá de si ese músculo se convierte en institución o si seguirá siendo la respuesta permanente a un Estado ausente.

Fotografía: Mario Flores (Miamio News 24). 

Video: LB, Las Fuentes (CCS, 10/07/26). 

13/07/2026:

https://www.miaminews24.com/2026/07/13/entre-el-escombro-y-la-esperanza-la-sociologia-de-un-pais-que-aprendio-a-salvarse-a-si-mismo/

lunes, 9 de marzo de 2026

Noticiero retrospectivo







- Rafael Caldera en el estado Falcón: “No es fácil quedarse en la sombra”. El Diario de Caracas, 20/10/1986.

- Juan Toro. “Las dos caras de Irene (Sáez)”. Economía Hoy, Caracas, 21/11/92.

- Ignacio Burk. “Sociología de la sexualidad”. El Nacional, Caracas, 02/09/81.

- “VIASA: Las expectativas son buenas”. Reporte Económico, Caracas, 10/08/90.

- Juan Liscano. “Entrevista ambulante con Rafael Monasterios”. El Nacional, 05/09/43.

Reproducción: El concejal Juan Manuel Mayorca enciende un cigarrillo a Margot Boulton de Bottome, ambos pertenecientes a la bancada de COPEI de la municipalidad del Distrito Federal. Élite, Caracas, N° 1162 del 10/01/1948.

Noticiero retrospectivo 1

martes, 2 de abril de 2024

Noticiero retrospectivo



- Orlando Albornoz. “El futuro de la sociología”. El Nacional, Caracas, 15/12/1969.

- Texto y fotografía de Paco Ortega: “El Convento Mayor de Maracaibo: tres siglos de historia derrumbada”. Élite, Caracas, N° 2059 del 13/03/65.

- Luis Alvarez Marcano. “La novelística de (Rómulo) Gallegos por TV”. El Nacional, 11/09/58.

- Roberto Hernández Montoya. “Cómo matar a un estudiante”. El Nacional, 26/03/95. 

- Armando Reverón y sus tres modelos. Colección Inocente Palacios. El Farol, Caracas, N° 209 de abril-junio/65.

Reproducción: Monseñor Doctor Felipe Rincón González, Arzobispo de Caracas.  Aniversario de la consagración episcopal. La Esfera, Caracas, viernes 28/10/1927.

domingo, 13 de agosto de 2023

Noticiero retrospectivo

- Rházes Herández López. "Sonido, hermano del alma: (Darius) Milhaud y (Tulio) Cremisini". El Nacional, 28/01/79.

- Esteban Emilio Mosonyi. "La sociología frente a la crisis". El Nacional, 27/06/93.

- Dossier: Ética de la discusión. Últimas Noticias, Caracas, 23/10/94.

- Armando Sánchez Bueno. "El mítin del Poliedro". EL Nacional, 05/06/78.

- Dossier: Militares y democracia. Últimas Noticias, Caracas, 24/01 y 08/02/ 98.

Reproducción: Julio César Moreno, VI Asamblea Nacional de la JRC. Momento, Caracas, nr. 772 del  02/05/1971.

domingo, 2 de julio de 2023

Noticiero retrospectivo






- Rházes Herández López. "Sonido, hermano del alma: (Darius) Milhaud y (Tulio) Cremisini". El Nacional, 28/01/1979.

- Esteban Emilio Mosonyi. "La sociología frente a la crisis". El Nacional, 27/06/93.

- Dossier: Ética de la discusión. Últimas Noticias, Caracas, 23/10/94.

- Armando Sánchez Bueno. "El mítin del Poliedro". EL Nacional, 05/06/78.

Reproducción: Reconocido por su labor pedagógica con la "Medalla  de Honor 27 de Junio",  Miguel Acosta Saignes, ilustrado por  Pardo. Signo, Caracas, nr. 1 del 05/07/1951.

lunes, 26 de junio de 2023

Transitología

DE UNA SOCIOLOGÍA DEL DESPLAZAMIENTO URBANO

Luis Barragán

Hemos reencontrado una vieja ilustración, por varios años, traspapelada, relacionada con el tráfico automotor.  La creemos atribuida a alguien de apellido “Bosé”, publicándola una revista de vieja data, como Momento (Caracas, n° 226 del 11/11/1960).

Gustamos mucho de la pieza al expresar muy bien la espesura del tráfico que inunda a una ciudad plena de edificios hechos de trazos limpios, según el imaginario de entonces.   A pesar de la densidad poblacional, probablemente la idea de la modernidad estuvo muy asociada al orden y la disciplina, más que la espontaneidad y libertad.

Y, en efecto, nunca olvidamos aquella lejana referencia a las principales arterias y sectores de una ciudad como la de Nueva York,  en la que el conferencista resaltaba la sola circunstancia, por indicar apenas una, en torno al funcionamiento real y palpable del teléfono en una impecable cabina pública en medio de la estridencia y el pausado andar de los automóviles que contrastaba con el acelerado paso de una inmensa variedad de personas.  Un breve ejercicio nos deprime: compararlo con el presente de las principales metrópolis venezolanas que, huelga comentar, son las de un inaudito deterioro.

De apartar el no menos inaudito fenómeno  de la diáspora, otro de los más visibles testimonios de desintegración social, lo vivenciamos al recorrer diariamente las calles bajo la interesada y militante displicencia del régimen, expuestos al predominio y arbitrio de los crueles generales que protagonizan una dura batalla vial con el derecho adquirido de amenazar la integridad física del resto de la humanidad y ejecutar maniobras que no se atreverían a probar los habituales de la pista de Indianapolis. Grandes funcionarios  y apalancados beneficiarios del régimen con sus no menos feroces escoltas, moviéndose confortablemente;  los motorizados que encaraman y aventuran a la propia prole desprovista de cascos protectores para garabatear el pavimento; los camioneteros que atraviesan sus peores intenciones para sobrevivir,  y toda la fauna que convierte la anomia en una credencial inatacable de los tiempos que padecemos.

Lo hemos observado en anteriores ocasiones, no se justifican las enormes colas en Caracas y otras urbes del país, con un parque automotor casi exclusivamente compuesto de modelos de muchos años atrás, y esto puede apreciarse en cualquier autopista, como en los estacionamientos residenciales y comerciales. La ciudad disfuncional, mal pavimentada y agujereada, semáforos inservibles, autoridades uniformadas que todos sabemos cómo se comportan con las honrosas excepciones del caso, reparaciones inoportunas a deshoras, entre los innumerables casos, perfilan una forzada y arriesgada coexistencia que afianza el mal común.

Las leyes venezolanas de tránsito terrestre anteceden a las constituciones de la más reciente contemporaneidad, dato inútil en relación a la realidad cotidiana actual. Por ejemplo, ya es derecho adquirido de todo motorizado el de emplear las vías en contrasentido, por muy señalizadas que se encuentren, peligrando la vida de los demás,  fuere o no autoridad pública, y  frecuentemente descascado como sus acompañantes.

Extrañaría bastante que no hubiese estudios serios, tesis de grado y afines, respecto al comportamiento del venezolano en el ámbito que todos los días cambia de reglas, asegurando el predominio de los más fuertes: sin dudas, es uno de los escenarios principales del socialismo del siglo XXI, dando razón de sus orígenes y, acaso, ejemplificando sus desenlaces. A modo de ilustración (o de la otra ilustración), organizando mejor el debate, una suerte de sociología del desplazamiento urbano, luce necesaria.

26/06/2023:

https://opinionynoticias.com/opinionnacional/39563-de-una-sociologia-del-desplazamiento-urbano

miércoles, 15 de febrero de 2023

Crisis epistémica

EL NACIONAL - Sábado 11 de Febrero de 2012     Opinión/7

A Tres Manos

Miradas múltiples para el diálogo

DÍA DEL SOCIÓLOGO

Francisco Rodríguez (*)

La sociología en el contexto de una sociedad subdesarrollada. La sociología es una ciencia que surge en Francia en el contexto de la consolidación del capitalismo industrial y de un colonialismo que dominaba buena parte del mundo que constituía la periferia del sistema. Algunos países ya industrializados, como Francia, confrontaban muchos problemas sociales derivados de la implantación de ese sistema social. Superexplotación de la fuerza de trabajo, surgimiento de un proletariado que vivía en la miseria, proliferación en las grandes ciudades industrializadas, como París, de toda clase de indeseables sociales: mendigos, vagabundos, locos, delincuentes, prostitutas, etc.

En estas condiciones era muy común la presencia de violencia, delincuencia, asesinatos, suicidios y pobreza; vale decir, todo un conjunto de desviaciones y desviantes sociales que presionaban fuertemente a las flamantes sociedades industrializadas hacia la disfunción social y la anomia. No obstante, ciertos elementos disfuncionales de este espectro social patológico eran paradójicamente funcionales al sistema.

La presencia masiva de muchos de esos "socialmente indeseables" formaban un "ejército industrial de reserva" de donde los patronos obtenían mano de obra barata en abundancia para el proceso de producción. Es en ese contexto socio-histórico que surge la sociología como ciencia, disciplina académica y oficio profesional.

Hoy, la sociología en Europa y Estados Unidos ha adquirido un estatus de institucionalización bastante significativo que la convierten en una ciencia, una disciplina académica y una profesión respetable. Este desarrollo la ha llevado a convertirse, incluso, en una ciencia experimental.

En el caso particular de Estados Unidos, con Parsons, Merton y Mills, entre otros, esta ciencia "se puso los pantalones largos" a causa de la sistematización adquirida en cuanto al desarrollo de su infraestructura teórica y metodológica de gran envergadura. Prácticamente no hay problema o patología social en la cual no intervenga la sociología como metodología para dar cuenta de estos fenómenos y, por consiguiente, como herramienta útil en la intervención y búsqueda de soluciones.

Contrariamente, en nuestros países subdesarrollados, la sociología es una ciencia y una profesión exóticas que vegetan en los "oscuros parajes" universitarios y en algunos recónditos lugares de la burocracia de la administración pública. En estos "tristes trópicos" no sólo la gente común no sabe en qué consiste la ciencia de la sociología, sino también los gobernantes y planificadores del Estado para quienes la disciplina se reduce brutalmente a una materia en liceos y universidades.

Cualquier problema o patología humano-social es abordado desde la psicología o la psiquiatría. Cuando se habla de un enfoque multidisciplinario se mencionan disciplinas como la psiquiatría, la psicología, la medicina y el trabajo social.

Así vemos cómo en el campo de la salud no aparece el sociólogo por ninguna parte en la estructuración de los grupos de trabajo. Esto constituye un grave error y una omisión insoportable porque es la salud, en tanto salud pública, un campo de fuerzas, relaciones, tendencias y escenarios de discursos y actores sociales, por excelencia. Igualmente podemos trasladar esta situación a otras áreas de la vida social en conflictividad: la violencia.

En este último caso vimos cómo en el recién creado Ministerio de los Servicios Penitenciarios se crearon comisiones de trabajo multidisciplinarias para abordar la crisis penitenciaria y, sin embargo, no aparece el sociólogo por ninguna parte. A menos que se esté confundiendo al sociólogo con el trabajador social, que es una profesión muy útil y digna pero es de muy mal gusto la confusión.

Es por ello que en el aniversario del Día del Sociólogo y el Antropólogo proponemos llevar adelante una campaña de información y sensibilización orientada a dar a conocer qué somos y cómo podríamos ayudar a resolver los problemas fundamentales del país.

Felicidades, colegas, en la semana y el Día del Sociólogo y el Antropólogo.

EL NACIONAL - Domingo 12 de Febrero de 2012     Opinión/9

A Tres Manos

Miradas múltiples para el diálogo

LA SOCIOLOGÍA QUE VIENE

Rigoberto Lanz

"Mi perspectiva consiste en hacer transitar las ciencias humanas y las ciencias sociales de los paradigmas cientistas hacia los paradigmas ético-estéticos".

Félix Guattari: Chaosmose, p. 24

Por estos días muchos amigos se han empeñado en realizar actividades (foros, seminarios, encuentros) a propósito del Día del Sociólogo. Son variados los lugares donde me hubiese gustado compartir (incluidos los colegas de Barinas que tienen una programación muy animada). Vayan estas notas como testimonio solidario para tantas amigas y amigos que se esfuerzan día a día por salir del tremedal y colocar su talento en sintonía con los dilemas trascendentes de este tiempo histórico.

Los desafíos son muchos y los problemas abundan. Padecemos el mismo síndrome de la universidad reseca: formación precaria de los enseñantes, ambientes rutinarios que rayan en el hastío, ausencia de vitalidad intelectual para encarar los grandes debates, resignación a los oficios profesionales tan aburridos como inocuos. Normalmente desde allí es poco lo que puede esperarse. Algún estremecimiento ha de ocurrir para sacudir esta pereza intelectual tan acomodada a la decadencia de casi todo.

Por fuera soplan otros vientos que pueden resonar en aquellos núcleos críticos que persisten en todos lados. Hay gente pensando, resistiendo, experimentando, empujando la carreta. El núcleo duro de la crisis epistémica de esta civilización en tránsito está siendo pensado por gladiadores de la reflexión como Edgar Morin, Michel Maffesoli, Alain Touraine. ¿Por qué no estamos a la altura de esta agenda en cada rincón del mundo? Pensadores como Immanuel Wallerstein, Pablo González Casanova, Martín Hopenhayn, Roberto Follari y tantos otros y otras han marcado la pauta de las grandes preguntas de este tiempo en América Latina. ¿Por qué el mundo académico permanece al margen de estas búsquedas con tanta negligencia? En Venezuela se desarrolla de la misma manera una lucha tesonera por elevar el debate y propiciar el encuentro en torno a los grandes desafíos teóricos de esta coyuntura. Es amplia la lista de investigadores e investigadoras que no se resignan a la mediocridad imperante, al aldeanismo intelectual que trivializa todo, al empirismo que termina remplazando los grandes vacíos de una reflexión trascendente en medio de la crisis. Colegas de esta talla están esparcidos en varias tribus intelectuales colocando su contribución al servicio de una recomprensión del presente, de un diálogo competente con las redes mundiales de intelectuales de primera línea, de una apuesta fuerte por el conocimiento de nuestra realidad que se muestra siempre esquiva y sorprendente. ¿Por qué no vibra nuestro mundo académico con las reflexiones de punta que tantos colegas están formulando? Pregunta inquietante si añadimos el pobre desempeño profesional que ha de esperarse de promociones salidas de aquellas fábricas de títulos, con un mercado ocupacional errático y un gremialismo decimonónico. ¿Qué culpa tienen los jóvenes sociólogos de estos extravíos? Pero no es para achicopalarse.

Mire usted el portento de investigación que nos legó el colega Pierre Bourdieu (La miseria del mundo). ¿Por qué no hacen algo parecido los colegas que tanto gustan del trabajo de campo? Según su sensibilidad y experticia se abren diferentes campos para poner a prueba la creatividad y el rigor intelectuales. Otro Oficio del sociólogo está por escribirse. No se cruce de brazos.

¿Qué está esperando? ¿Que venga Max Weber a cantarle la cartilla? Una sociología orgiástica (Maffesoli) anda por allí licuando las viejas solideces. Una sociología vagabunda se enfrenta a los rituales de los contadores de pobres. No se deje enredar por los cantos disciplinarios de una ingeniería social tan "útil" como vacua. No caiga en la tentación mercantil-instrumental de hacerse pasar por "publicista" para cumplir con el ritual del "ascenso social".

La sociología no se estudia para conseguir trabajo. Tampoco para ser "útil a la patria". Uno estudia por el placer del pensamiento, por las meras ideas (Miguel Ron Pedrique), por la pasión del texto, por la obsesión de preguntar.

Esa es la sociología que vale la pena.

Ilustraciones: Guy Billout.

Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...