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martes, 24 de marzo de 2026

Los agarraremos, pero también pueden agarrarnos en la bajadita

¿Y LOS LOCOS DE CARRETERA?

Luis Barragán

Algo más que una disciplina académica, la política es un hecho social ineludible. Incluso, valga la paradoja, aun negándola o combatiéndola, se hace política.

Ocupada del destino común y, a pesar de su mala e interesada fama, constituye la región más transparente de la sensatez, aunque no siempre notamos sus verdaderos disparates y solemos tardar en enmendar la plana. Por ello, la política requiere de una perspectiva estratégica que aspire a proyectarse históricamente. Sin embargo, en el complejo tránsito por la vida pública, quizá la principal confrontación se da entre los políticos cuerdos y los variopintos locos de carretera de acuerdo a la feliz expresión venezolana.

Los más juiciosos que entienden, asumen y aspiran a la política como vocación y especialidad, profesión y talento, imaginación y experiencia, deben soportar la desleal competencia de los más improvisados que, ahora, los azares digitales elevan a un olimpo de deidades de enfermiza rotación: la moda, simplemente la moda, tiende a marcar la pauta. Prolongándola, se agotan en la coyuntura, dependen de las presiones inmediatas, deciden antes de comprender porque no se explican en el marco de un proceso ni de las instituciones – al menos- necesarias, reduciendo lo estratégico a lo urgente y lo táctico a mera narrativa.

Observemos al Estado descarrilado como un modelador de conductas que irradia una perversa pedagogía: por ejemplo, por mucho tiempo la regla fue la de autorizar por vía parlamentaria y judicial los créditos públicos, siendo una excepción la de presupuestar sinceramente los recursos disponibles del país; soslayar la necesaria inversión en el complejo hidroeléctrico de El Guri, convirtiendo el colapso de los servicios en un mecanismo más de control social; subestimar la representación y rendición de cuentas, favorecida la participación como fetiche.  Fuera de la protección del Estado confundido con un partido, el de gobierno y sus organizaciones subsidiarias, el dirigente de oposición debe ser previsivo, capaz de corregir sus decisiones ante la más endiablada de las sorpresas, reivindicando los mecanismos colegiados que llevan a las decisiones acertadas, desconfiando de la iluminación mesiánica, generando una agenda de ideas y tareas, presumiendo y asumiendo los costos: el conductor político que espera el país que lo tuvo e hizo libre, democrático e independiente en dos siglos, no anda por la vía acelerando sin cálculo, ni cambia de canal arbitrariamente disparando a los cielos, no pone en peligro la vida ajena, ni funde el motor de una esperanza viva y manifiesta que sintetiza a las grandes mayorías.

El loco en cuestión, un vulgar apostador, jamás será el sujeto impredecible que valora estratégicamente un autor clásico como Thomas Schelling, quien versa sobre la racionalidad del riesgo que sabe gestionar y de las expectativas que no pierden el sentido de las realidades, concebido el conflicto como una negociación implícita. Por lo pronto, es necesario volantear bien el vehículo, con suficiente gasolina; pilotarlo y copilotarlo adecuadamente para cubrir - con paciencia - todo el itinerario; turnar a los conductores cuando sea conveniente, ya que todos pertenecen a la misma escudería; y no cantar victoria sino después de cruzar la meta, u otras tentaciones festivas.

Capturas de pantalla: Escenas de persecución tomadas de “One Battle After Another” de Paul Thomas Anderson (2025)

https://www.youtube.com/watch?v=h9Wh9sf2y-U

23 y 24/03/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44153-de-los-locos-de-carretera

https://www.elnacional.com/2026/03/y-los-locos-de-carretera/

25/03/2026:

https://americanuestra.com/luis-barragan-y-los-locos-de-carretera/

https://www.costadelsolfm.org/2026/03/25/luis-barragan-y-los-locos-de-carretera/

domingo, 22 de marzo de 2026

Caza de citas

 La introducción del azar en la teoría de juegos (´de suma distinta de cero´) no tiende exclusivamente a impedir que sea prevista y adivinada la propia estrategia. Como ya se ha hecho notar anteriormente, en estos juegos uno tiene más interés, muchas veces, en que el otro anticipe nuestra manera de jugar que en disfraza nuestra propia estrategia (…) En los juegos que combinan el conflicto con el mutuo interés, sin embargo, no es tan importante el papel que desempeñan las jugadas en que intervine el azar y, en todo caso, es notoriamente distinto”

Thomas C. Schelling

(“La estrategia del conflicto”, Tecnos, Madrid, 1964: 199 s.)

Ilustración: Miroslav Bartak.

lunes, 28 de octubre de 2024

Parábola histórica

ESTRATEGIA Y POLÍTICA

Luis Barragán

Sentimos que la política no es un oficio más, aunque la universal cultura dominante la desprecie y la remita al literal sorteo de las circunstancias más allá de la desafección que se la presume inocente y espontánea. Enfermizos repitientes de la historia, parecemos por siempre  condenados a redescubrir sus lecciones y, seamos directos, sobre todo cuando los voceros y líderes de opinión no la conocen ni siquiera a través de un comentario radial de cinco minutos; vale decir, el dirigente político y social que, a lo sumo, la crea una mera disciplina académica, aun siendo indispensable para un desempeño actualizador, inexorablemente nos arrastrará al fracaso. 

La de Juan Vicente Gómez fue una dictadura brutal y eficaz, e, igualmente, creadora para simularse como una experiencia constitucional al mismo tiempo que debió lidiar, día por día, con toda suerte de conspiraciones dentro y fuera de palacio, escaramuzas, sublevaciones, atentados, rumores y cualesquiera otras modalidades de quienes competían a la sordina para mantenerse y mejorar de posición en los elencos del poder, y, con sobradísima razón y hasta imprudencia, respecto a aquellos que deseaban dar al traste rápidamente con aquel orden de cosas.

Opositores muy sobrios y también insobornables, realistas y soñadores, coexistieron con los otros varias veces nominales, oportunistas, aventureros, atorrantes, simplemente maquinadores, y, en buena medida, todos asumidos como una prolongación del siglo XIX con sus acostumbradas reyertas y dislocaciones. El antigomecismo (mejor decir: antigomismo), excepto las generaciones emergentes a título de inventario, no se explicó en un país de transición hacia la quizá inevitable modernización que reportó el petróleo, forzado a otra institucionalidad que tocaba desesperadamente a las puertas y a un ejercicio de la política que olvidó los viejos y fundamentales rudimentos.

El 8 de junio de 1929, un grupo liderado por Rafael Simón Urbina, Gustavo Machado y Ramón Torres, tomó por asalto el Fuerte Amsterdam, capturando al indefenso gobernador curazoleño Leonardus Albert Fruytier, haciéndose de suficientes armas y municiones para zarpar con 250 hombres, a objeto de invadir por La Vela de Coro. Al cabo de varios días, definitivamente derrotados por las fuerzas gubernamentales que no, el ejército regular, los conductores rebeldes, huyeron a través de Colombia; nada casual, los esperaron alevosa y premeditadamente. 

El extraordinario acto de coraje comprometió a un anacrónico caudillo como Urbina, a jóvenes idealistas como Miguel Otero Silva, Guillermo Prince Lara, o José Tomás Jiménez, al igual que a un decidido y vigoroso leninista como Machado, por cierto, quien a los dieciséis años sufrió La Rotunda después de un discurso con motivo del centenario de la batalla de La Victoria. Luce evidente que la política como una hazaña extrema del voluntarismo, la terquedad inmediatista, la automatización de los hechos, y la inflación irresponsable de las expectativas, como si bastara con la prédica, irremediablemente se tradujo en un desperdicio de oportunidades y esfuerzos: valga la nota escolar, faltó el apropiado análisis estratégico, la adecuada prospección estratégica y el trazado de una estrategia cónsona capaz de implementarse políticamente.

Por entonces, muy pocos se percataron de la integración ya irrevocable del ejército al Estado Nacional que impedía las antiguas invasiones, como tampoco lo comprendió Jesús Ma. Castro León al intentar la suya por el Táchira, en 1960. Además, la dictadura era descaradamente mentirosa, como lo prueba la supuesta invasión de Cipriano Castro en 1913, que le dio soporte al primer golpe técnico de Estado al año siguiente, y de una inescrupulosa habilidad para auto-victimizarse, como lo demuestra una ilustración en la que el mismísimo Gómez nos redime desde la cruz, publicada en un órgano oficioso como señal inaugural de los años de oprobio (El Independiente, Caracas: 11/02/1909).

Irremediable la yunta, no entendemos la política sin una estrategia que la cumplimente y, a la inversa, tampoco la estrategia sin consecuencias políticas. Parábola histórica, el olfato, la intuición, el presentimiento, importa y mucho, pero el necio voluntarismo no basta para alcanzar las metas.

29/10/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/estrategia-y-politica/

https://morfema.press/opinion/estrategia-y-politica-por-luis-barragan-luisbarraganj/

https://www.eastwebside.com/luis-barragan-estrategia-y-politica.html

lunes, 23 de septiembre de 2024

Parábola histórica

RÓMULO BETANCOURT, ESTRATEGA

Luis Barragán

La vida política requiere de itinerarios capaces de traducir los principios y valores en propósitos concretos, metas y objetivos de corto, mediano y largo plazo de un cumplimiento que reivindique las tácticas apropiadas para una determinada dimensión estratégica adoptada. Ésta, fundamentalmente requerida de un sentido más que de una elaborada concepción imposible de discutir y revisar académicamente en el curso de los acontecimientos, expone al liderazgo a extraordinarios desafíos, sobre todo con el predominio relativo o absoluto del desconcierto, la deslealtad militante hacia las reglas constitucionales, la violación sistemática de los más elementales derechos y garantías, entronizados determinados intereses de una retórica soporífera e insoportable.

A Rómulo Betancourt le correspondió actuar en el marco de las más variadas, duras y también sorpresivas dictaduras, o, restablecidas las libertades públicas, para evitarlas con terquedad y coraje; y, esto,  fue posible no sólo por la claridad de un ideario, sino por el diagnóstico y la certeza de una realidad que acepta un franco reajuste, permitiéndole distinguir - valga la nota escolar - entre táctica y estrategia, recursos materiales y simbólicos disponibles, publicidad y genuina correlación política, probables escenarios y desempeño de los actores. Respetada la muy específica identidad de la estrategia política, logró, en las más disímiles ocasiones, contar con un equipo entendido y consistente, corroborando aquello de Léo Hamon: “El estratega – y no sólo el estratega militar – nunca está aislado, y debe, por consiguiente, tener en cuenta, en su acción, la presencia del otro” (“Estrategia contra la guerra”,  Ediciones Guadarrama, Madrid, 1969: 60); convengamos, la ineludible cita pone de relieve dos circunstancias: la una, que Betancourt no fue el narcisista que igualmente abundó por épocas remotas, y, la otra, que los rusos también juegan para hacer caso de una sentencia futbolística que se ha hecho hoy popular.

El líder guatireño afrontó numerosas coyunturas que exigieron de una fortísima convicción, templanza y determinación que nos permitimos ilustrar con el segundo ascenso al poder, a través de unos comicios ganados por la correcta interpretación del contexto y la capacidad de trabajo que no previeron – increíble – los adversarios que le satanizaron hasta el hastío. O el propio sostenimiento en el poder que se equiparó al de la naciente democracia representativa, finalidad estratégica que celebró Ambrosio Oropeza con la transmisión del mando presidencial a Raúl Leoni, en 1964, según el texto de una curiosa antología de sugestivo título: “El general Betancourt y otros escritos” (Ediciones Centauro, Caracas, 1970: 99 ss.).

El atentado de Los Próceres, las insurrecciones muy armadas de derecha e izquierda, no lo amilanaron, e, incluso, aguardó con entereza a la más evidente de las flagrancias con el tristemente célebre atentado de El Encanto, para detener a los parlamentarios implicados que no pudo someter con anterioridad, respetuoso de sus inmunidades y de la composición de las cámaras, aunque – transcurrido el tiempo – ellos admitieron el compromiso subversivo prácticamente asumido desde inicios del período presidencial. Empero, a la vez, el legítimo ocupante de Miraflores efectivamente gobernó al país, con el desarrollo de sendas políticas (y obras) públicas de innegable trascendencia.  

Atinó con una apreciación lo más correcta posible de la realidad política y la de sus particulares protagonistas cual eximio exponente de la teoría de juegos, confundiendo a sus talentosos, ocurrentes y feroces antagonistas, pues, por ejemplo,  Manuel Caballero reseñó la extrañeza que provocó alguien con tan acusada fama de sectario y absorbente, favoreciendo a COPEI para el temprano montaje del bipartidismo (“Rómulo Betancourt”, Ediciones Centauro, Caracas, 1977: 114 ss.), a pesar de la avanzada experiencia de Puntofijo, o, mejor, de los pactos que hicieron posible el puntofijismo.  Centenares de artículos de prensa después, contrastando con el antiguo e ingenuo maquiavelismo, el historiador refiere el despliegue de las habilidades del hombre de poder, a partir de 1959, y reconoce que “no hacerlo sería suicida, porque está rodeado de enemigos” (“Rómulo Betancourt, político de nación”, Alfadil-Fondo de Cultura Económica, Caracas, 2004: 132, 305).

Recomendable una reflexión más elaborada, la tentación puede apuntar a la consideración de los supuestos de Carl von Clausewitz, André Beaufre, Basil Liddell Hart, o de la importante obra divulgativa de Lawrence Freedman, aunque nuestra intención es la de esbozar y resaltar el instinto, la pulsión,  o la intuición estratégica con la que se nace, y, por ello, la parábola histórica. Corremos el riesgo de simplificar radicalmente la vida política fundada en un cúmulo soterrado de prejuicios y banalidades, donde la estrategia y lo estratégico deviene capricho meramente incidental y accidental frente al único gobierno que hemos tenido en el siglo XXI, concibiendo la actividad opositora como algo cercana al nazi-fascismo, “mucho más un instrumento de combate político que un pensamiento sustantivo sobre la realidad socio-política” de acuerdo a una magnífica obra didáctica de Aníbal Romero  (“Aproximación a la política”, Universidad Simón Bolívar, Caracas, 1990: 125).

Por cierto, no es necesario ser adeco para escribir sobre Betancourt. Es más, luce mejor no serlo para calibrar adecuadamente.

Fotografías de portada: "A.D.", Caracas (mayo, agosto, octubre y diciembre de 1958). 

24/09/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/romulo-betancourt-estratega/

https://morfema.press/opinion/romulo-betancourt-estratega-por-luis-barragan-luisbarraganj/

26/09/24:

https://www.eastwebside.com/luis-barragan-romulo-betancourt-estratega.html

S/f:

https://doralvoice.com/romulo-betancourt-estratega-por-luis-barragan/

Requisitos

El Nacional, miércoles 14 de septiembre de 2011, A-7

CLAUSEWITZ Y EL 11-S

Aníbal Romero

En octubre de 2001, tres semanas después de los ataques terroristas en Nueva York y Washington, acompañé a mi esposa a un encuentro académico de su especialidad en Boston. Decidimos entonces, al concluir la reunión, viajar a Nueva York por unos días y comprobar los efectos de lo ocurrido. No olvidaremos jamás lo que observamos y sentimos. Avenidas desoladas, los teatros de Broadway cerrados, los restaurantes vacíos, la catedral de San Patricio rodeada por fuerzas especiales de la policía y el ejército. 

Se esperaba la continuación de los ataques, quizás en versiones aún más terribles y sangrientas, y de hecho en aquellos momentos la ciudad era presa de rumores acerca de una ofensiva terrorista con ántrax y otras armas químicas y biológicas, sobre la que presuntamente se tenían evidencias. 

Relato lo anterior para sostener lo siguiente: la llamada guerra contra el terrorismo, que comenzó en forma a raíz de los ataques de Al Qaeda en septiembre de 2001, ha resultado, hasta ahora, en una victoria para Estados Unidos. Esto no queda claro para algunos debido a tres razones: primero, a que lamentablemente, en medio del impacto, confusión y miedo de esos primeros momentos, no llegó a precisarse ante la ciudadanía estadounidense y ante el resto del mundo cuál era el fin político de la guerra, a pesar de que, en mi opinión, dicho fin estuvo presente desde un comienzo en las respuestas ejecutadas por la dirigencia civil y militar en Washington. Según Clausewitz, el fin político es producto de la pregunta ¿qué se quiere lograr con la guerra? y tal fin fue todo el tiempo el siguiente (y lo sigue siendo hasta ahora): impedir que tenga lugar un nuevo ataque con armas de destrucción masiva en territorio de Estados Unidos. 

La falta de nitidez conceptual y psicológica en cuanto a ese propósito fundamental fue oscurecido, en segundo lugar, porque el presidente Bush y sus principales asesores decidieron que para lograr tal meta, de manera más segura y permanente, era necesario "secar el pantano" en el que germinaba la voluntad criminal contra Estados Unidos, y no solamente atacar las bases de Al Qaeda en Afganistán, sino también deponer a Saddam Hussein en Irak y acabar con lo que se creía era un nutrido arsenal de armas de destrucción masiva en manos del tirano. Pero esto no fue todo: Bush quiso además generar, mediante un shock externo, un proceso de cambios políticos en el centro de la civilización islámica, ya que sus capacidades de cambio desde dentro parecían escasas. De modo pues que el fin político clave y esencial que hasta el presente ha sido logrado (cosa que no debiésemos perder de vista), se mezcló con otro también muy importante, y hoy en día la ciudadanía estadounidense no solamente ha olvidado que hace diez años estaba a la espera hasta de ataques nucleares contra sus ciudades, sino que tampoco percibe con la debida lucidez que la guerra de su país contra el terrorismo ha sido exitosa en su objetivo crucial. 

Lo anterior se ve aún más ensombrecido y confuso, en tercer lugar, por la extrema polarización que experimenta desde hace una década la política en Estados Unidos. La lucha implacable entre demócratas y republicanos, que se agudizó de modo casi demencial mediante el odio insensato y descabellado que promovieron los más importantes medios de comunicación del país contra el presidente Bush, y en comparación con el cual las actuales críticas a Obama son un juego de niños, esta polarización política, repito, ha afectado también la interpretación del 11-S y sus secuelas. El resultado es que Estados Unidos ha ganado, pero no lo sabe.

viernes, 19 de julio de 2024

Pocos sintonizan sobre ella, propiciándola o padeciéndola

SOBRE LA TEORÍA DE LA GUERRA

Jonathan Benavides 

En un día sin novedades operativas relevantes en las dos campañas bélicas que seguimos, es un buen momento para teorizar un poco y luego poner el foco sobre temas de los que no tienen ni idea la mayoría de los que opinan sobre Ucrania, Rusia, la OTAN y Oriente Medio por estas latitudes. Siempre hemos insistido que politólogos y analistas políticos, en particular los especializados en el área internacional, deberían estudiar a profundidad esta área de suma importancia.

¿Sobre qué trata la teoría de la guerra?: 1) La respuesta debe tener en cuenta cuál es el foco de la teoría; 2) Hay teorías de la guerra dedicadas a entender el fenómeno en su integralidad y otras más focalizadas en los diferentes niveles en que la misma se lleva a cabo: – Político – Militar (estratégico, operacional y táctico); 3) Además hay teorías que tienen foco en el ambiente en que la guerra se desarrolla: – Nuclear – No nuclear – Insurgente; 4) Otras teorías ponen “especificidades”: – Terrestre – Naval – Anfibia – Aérea – Espacial – Electrónica – Ciberguerra – Psicológica, cada uno de los campos mencionados se subdivide además de una manera que puede sorprender. Ejemplo: Terrestre: combate urbano, blindados, apoyo de fuego, combate de infantería, armas combinadas, apoyos de combate, apoyo logístico, inteligencia de combate, etc.

¿Han sido soldados los principales teóricos de la guerra? La respuesta es que no todos han sido soldados en el siguiente sentido: – Algunos tuvieron experiencia de combate pero no era la militar su profesión. El caso más conocido es el de Sir Basil Lidell Hart; otros carecieron de experiencia militar pero dedicaron su vida a estudiar esos asuntos, asesorar sobre ellos e incluso a emplear el recurso militar como parte de su trabajo: Nicolás Maquiavelo es un buen ejemplo de esto; Martin van Creveld (quien por cierto no es un futbolista de los Países Bajos como algunos pueden creer), Colin Gray, Edward Luttwak y Mao Zedong son ejemplos contemporáneos.

¿Y qué podemos decir de los militares que aportaron a la teoría de guerra? 1) Todos ellos eran tipos que observaban al fenómeno «guerra» con el auxilio de una perspectiva histórica. Es decir no se atenían al “hoy” sino que buscaban proyectar hacia el futuro; 2) El foco de su atención ha sido diverso, tal como la guerra es. En punto a ello podemos distinguir quienes trataron a la guerra de manera general: Carl von Clausewitz, Antoine-Henri Jomini y Sun Tsu (si es que este realmente existió…); quienes buscaban generar una manera de imponerse en la guerra: Sir Basil Lidell Hart, Charles de Gaulle, Mikhail Tukhachevsky, Mao o Rupert Smith; Quienes a través de sus escritos han buscado “explicar” maneras de hacer la guerra: Acá la lista es gigante pero rescatamos a quienes nos “han ayudado”, Julio César, Napoleón, Ferdinand Foch, Erich von Manstein, Erwin Rommel, Walter Goerlitz, Bernard Montgomery, John Pimlott, Peter H. Wilson, etc.

¿Y toda esa teoría qué produce concretamente?. 1) Claramente todo ese bagaje inmenso, producido a lo largo de siglos, en los países serios es sometido a un proceso: Se lo recopila; se lo estudia (Oh no!!! hay que leer mucho!!!, Are you crazy?); se lo tamiza con la situación estratégica de cada país; se produce doctrina, la que a su vez se vuelca en procedimientos tanto para la política como para los militares. 2) Lo anterior es un proceso continuo, permanente y extremadamente complejo. Se parte de la base que la guerra es un fenómeno que muta particularmente en sus formas instrumentales, por lo que se requiere de un staff de personal altamente calificado, que de manera constante siga el devenir de estos temas en una manera muy abierta: las “novedades” no suelen venir de arriba sino que desde abajo surgen también. Latinoamérica carece absolutamente de algo sistémico en este tema.

Sin dudas el tema “guerra” no es uno agradable para que políticamente se saque “provecho” del mismo: los votantes tienen tanto interés en esa temática como en aprender qué diantres es en física el Campo de Higgs (algo esto último que les digo es apasionante…). En los países serios hay estamentos civiles y militares que dedican sus días a estudiar la guerra y producen conocimiento, generan políticas y evalúan resultados en función de ello. En general esos estamentos pasan absolutamente desapercibidos, sin embargo, su trabajo es tan valioso como otros focalizados en cosas “menos terribles”: es que en los países serios la guerra es vista como algo necesario de atender, ya que la misma es un fenómeno devastador y que no brinda tiempo para atenderlo sin previsiones.

Algunas cosas de las que no tienen idea los que dirigen y asesoran en defensa en Latinoamérica a lo largo del tiempo: 1) El desconocimiento sobre el área es tan enorme en esta región que abarcarlo supera las muy provincianas capacidades de quien esto escribe, pero haremos un esfuerzo; 2) Debemos decir que en ese desconocimiento debe necesariamente incluirse a un número no menor de militares. Cuidado esto no es un problema exclusivamente de los políticos, aunque sin dudas ellos tienen una enorme responsabilidad; 3) Cosas de las que no tienen idea alguna: Teoría de la guerra: ni se les ocurra iniciar un debate sobre estos temas con ellos; Organización militar: en este tema directamente ni se meten. Se conforman con establecer parámetros de la relación entre poder político y militar, pero de ahí en más dejan a los militares organizarse como quieran, es que ni siquiera conocen los rangos de sus respectivas fuerzas armadas. Los intentos habidos de modificar esta situación no han pasado de lo “cosmético”. Adiestramiento: este campo es directamente uno absolutamente ignorado. Si es mencionado como “prioritario” pero es sólo un discurso repetido y absolutamente vacío en Latinoamérica.

https://youtu.be/H-ggXRU5OHs

No hay estructuras políticas especializadas en el tema, capaces de fijar estándares y evaluar la manera en que ellos se materializan. Empleo operativo de las fuerzas: basta ver a los políticos latinoamericanos responsables de la defensa asistiendo a una ejercitación práctica para comprender el nivel de ignorancia del que hacen gala. Son absolutamente incapaces de distinguir si asisten a un ejercicio real en el sentido que se busca aprender de lo actuado o a una demostración que es lo que normalmente les ofrecen. Es decir asisten a una “coreografía” que ha sido montada para ellos. Conocimiento sobre equipo militar: acá directamente no tienen idea, absolutamente ninguna. Eso sí son hábiles para visitar ferias internacionales y recorren las mismas con la misma capacidad que un niño lo hace frente a un desfile militar: observan sin entender bien que cosas son. Ausencia absoluta del mínimo pudor: Acá nos referimos a tratar al menos de disimular el nivel de ignorancia. Es muy difícil dar un premio al más ignorante.

No quiero finalizar sin hacerles una recomendación de lecturas parte de mi “inútil biblioteca”, costumbre que pretendo continuar regularmente en mis escritos: 1) LUCHAS, VICTORIAS Y DERROTAS por Lothar Rendulic. El autor fue comandante en Yugoslavia entre otros lugares y es un muy interesante libro para comprender las operaciones alemanas especialmente contra las fuerzas de Tito; 2) THE GRAND STRATEGY OF THE ROMAN EMPIRE por Edward Luttwak. Un libro que nos permite entender la manera en que un imperio administra la tensión entre la expansión y los intentos de asegurar sus fronteras; 3) EL GRAN FRACASO por Zbigniew Brzezinski. Un libro que debería haber sido leído por no poco del progresismo de izquierda y también algunos elementos de derechas, algo que no harán, por supuesto; 4) SIX ARMIES IN NORMANDY por Sir John Keegan. Un excelente libro para analizar, a propósito del 80 aniversario, la Operación Overlord desde la perspectiva de los diferentes ejércitos aliados que allí desembarcaron.

Ilustración: LB. 

19/07/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/sobre-la-teoria-de-la-guerra/

martes, 30 de enero de 2024

Oposición venezolana

DESTRENZAR LOS CAMINOS

Luis Barragán

Ya poco reparamos en una dura circunstancia: el descomunal ventajismo oficial, disponedor de todos los recursos institucionales, materiales, simbólicos, y, ahora, histriónicos de un Estado enteramente confiscado. Eso es el chavismo que, faltando una mejor y más exacta definición sociológica, constituye un estadio previo a la disolución social que los venezolanos -  gentilicio, sentimiento  y convicción - luchamos por atajar y revertir definitivamente.

Tratamos de todo un régimen, no de un club veraniego para la extendida coyuntura. Reporta las correspondientes relaciones políticas con títeres desechables de una pasajera utilidad, aunque capaces de provocar confusión y daño entre los más inocentes. Sin embargo, mucho cuidado con la autoflagelación y otras actitudes parecidas en una oposición que bien ha superado los peores momentos en el curso de los acontecimientos que todavía asombran.

Hemos sostenido una postura crítica respecto al desempeño opositor por todos estos años, quedando – al menos - constancia en los registros parlamentarios, sin flaquear por un instante frente al socialismo de las demoliciones, pero ello no  debe significar el desconocimiento de importantes logros y, aún, los más recientes. Por ejemplo, la realización misma de las primarias de octubre próximo pasado, en el contexto de una plataforma que le garantiza una mayor consistencia, profundidad, brío y organicidad a la candidatura presidencial ganadora.

Calificados voceros gubernamentales advirtieron que tales primarias no se celebrarían, pero – sencillamente - ocurrieron; emplearon al Ministerio Público, pretendiendo frenarlas a todo trance; e, incluso, ensayaron infructuosamente con la inscripción de personas ajenas al ámbito opositor para torpedear una experiencia que ya les resulta francamente inimitable. No tienen el más ligero calado en el ánimo popular los agentes de una oposición comediante, porque – además – a la postre no los soporta el temperamento y la delicada susceptibilidad de los altos elencos de poder que idearon la intriga y la estratagema, por muy pactadas que hayan sido.

Suponemos que la densa maniobra para confundir a las grandes mayorías que adversan al gobierno, está pendiente de nuevos desarrollos, y, al lado de la genuina y unitaria candidatura opositora, aparecerá otra que se fingirá tal, compartiendo un poco el ventajismo oficialista que finalmente la retribuirá.  En el papel, todo es posible, pero Maduro Moros ha de saber que, por mucho que invente e interactúe estridentemente con un contrincante de laboratorio, tendrá que medirse, como ahora se mide, con una expresión real, constante y sonante de la legítima oposición:  aparentemente trenzados en el discurso oficialista, andamos caminos radicalmente distintos al de sus colaboradores habituales de invisible levita y pumpá.

Fotografías: LB (CCS, 26/03/2022). 

30/01/2024:

domingo, 28 de enero de 2024

Caza de citas



“… Tendríamos que analizar las doctrinas estratégicas, averiguando cómo los grandes capitanes han resuelto un problema histórico que hemos descompuesto en media docena de componentes o variables. En lugar de estudiar las diferentes doctrinas o prácticas estratégicas como misterios aislados de sus contextos tenemos que integrarlas en el devenir histórico, analizándolas de manera que respondan a los problemas planteados. Se impone una confrontación de los escritos de los grandes capitanes o, si no escribieron, de su pensamiento”.

Léo Hamon

(“Estrategia contra la guerra”, Ediciones Guadarrama, Madrid, 1969: 146 s.)

Ilustración: Franck Gerard. 

martes, 19 de diciembre de 2023

Líderazgo

NUEVAS MAYORÍAS, DICIEMBRE DE 1958

Luis Barragán

Por décadas enteras, olvidamos los venezolanos aquellos grandes sacrificios que tributamos para hacernos lo más real y convincentemente libres, pacíficos y democráticos en contraste con un largo e inaudito historial de guerras y escaramuzas civiles.  Fueron excesivos los peligros que confrontó la provisionalidad inmediatamente después de caer la dictadura perezjimenista que, por fortuna, encontró respuesta en la vocación y talento, la probidad y persistencia de una dirigencia que no se compra en botica, ni se le encuentra en una caja de detergente. Así las cosas,  recordamos las elecciones generales del 7 de diciembre de 1958 que sintetizaron y legaron algunas de las más importantes lecciones de orden político y estratégico a considerar, salvadas las debidas proporciones históricas.

A los comicios concurrieron las más importantes personalidades y partidos de la Venezuela de entonces, luego de las finalmente fracasadas mesas redondas convocadas para seleccionar al  definitivo candidato de la unidad nacional. Faltando muy poco para la fecha estelar, Wolfgang Larrazábal recibió el apoyo de URD y PCV, Rafael Caldera de COPEI e IR, y Rómulo Betancourt de AD, inequívocamente el elegido para la presidencia de la República, mientras que referentes igualmente valiosos como Rafael Pizani y Martín Vegas retiraron sus opciones.  Por cierto, puede decirse, los venezolanos estábamos completos, añadida una tesonera y masiva inmigración,  como hoy no lo estamos tan violenta e injustamente disparada la emigración.

Descartado como un hallazgo estratégico, constituye toda una perogrullada expresar que las figuras e intereses desplazados, ofrecían una sólida y variada resistencia, sumada la tentativa cuartelaría del coronel Héctor D´Lima y del capitán César Vanegas, menos conocida a la postre que la de los teniente-coroneles Juan de Dios Moncada y José Hely Mendoza.  Apartando las obvias responsabilidades del novísimo presidente de la Junta de Gobierno, Edgard Sanabria, candidato alguno reclamó y se erigió en el árbitro absoluto de la situación a dirimir, sino en aún los más diligentes promotores de la consulta popular, canalizando los numerosos empeños por no  sucumbir y  retroceder.

En efecto, se avanzaba y no parecía que internacionalmente hubiese tampoco alguna crisis capaz de atajar el proceso venezolano, a pesar de las acechanzas de Chapita Trujillo, desde República Dominicana. Muy luego, escasos los indicios, fue que se dijo de la ocupación militar del Esequibo por Pérez Jiménez que posiblemente hubiese retrasado su derrumbe, pero que, presumimos, se convirtió en uno de sus numerosos escenarios de supervivencia que hubiese recibido eventualmente una adecuada contra-respuesta de sus adversarios de cárcel y clandestinidad combativa.

Suele ocurrir a la salida inminente o consumada de toda tiranía, el liderazgo democrático nombraba la realidad, esgrimía la verdad sin dejar espacios suspensivos para la denuncia de los problemas fundamentales del país y del propósito de resolverlos. Otra perogrullada, el líder informaba, orientaba, conducía, pautaba, trazaba las líneas políticas y procuraba una ampliación del discurso político para ganar a más adeptos, tratando de darle alcance a los que dudaban o temían, y sospechamos que añales atrás fueron muchos, porque la construcción de unas nuevas mayorías urgió de una esmerada tarea pedagógica que concedió un diferente lenguaje, sentido, coherencia, determinación, logro, frente al llamado Nuevo Ideal Nacional.

Imposibilitada una fórmula única para la candidatura presidencial, la unidad se explicó a través de diferentes plataformas electorales que, ayer, incluso,  las podían conformar y encarnar un solo partido y los independientes afines que así lo requerían, por su extensión y complejidad, o las varias alianzas de partidos; valga la acotación,  por estos años del presente siglo, hemos conocido dos genuinas y legítimas plataformas opositoras de las que todavía no acusa recibo la sociología política venezolana para  determinar una naturaleza y un universo tan particular de relaciones. Por supuesto que hubo grandes y severas diferencias entre los partidos democráticos, en la centuria pasado, aunque individualidad alguna fue acusada de deshonesta y colaboracionista con el ancien régime, y, faltando poco, todas se comprometieron a acatar los resultados electorales, y asimismo se acordaron en sendos ámbitos de interacción que no agota el puntofijismo a un único y celebérrimo documento.

Cada quien desarrolló una intensa campaña con el favor y fervor de las libertades públicas ejercidas,   pero hubo una sincronización extraordinaria de propósitos y tareas, concibiendo la unidad por los hechos, además, orientada la novedad hacia la definición y construcción de las nuevas mayorías.  Es otro el aprendizaje político, después de diez años de dictadura que no descarta a nadie, incorpora a los más disímiles, prevé y resuelve las perturbaciones que pueden dar al traste con la experiencia, ejemplificada por la administración del conflicto interno de AD que no tardará en estallar teniendo al guatireño como inquilino de Miraflores.

Nuevas mayorías que le dieron soporte a la naciente democracia representativa por largo tiempo, con un liderazgo acorde a las exigentes circunstancias, franco, transparente, decidido, esforzado como el que más y de una importante proyección estratégica, porque no fue casualidad alguna que, al apenas conocerse los resultados, ya hubiesen serias y sostenidas alteraciones del orden público. Una unidad de piedra monolítica era inconcebible, ausente la vivencia y vivacidad de un reto que fue inexorablemente político, generados un lenguaje, metas y perspectivas diferentes.

Sesenta y cinco años transcurridos, el colmo no hubiese sido el de fracasar por una errada decisión del líder, sino al constatar que, después de tanto cacareo, no se le tenía realmente: siempre es posible el espejismo de un protagonista de insólita temeridad, latosamente fugaz.  Una fotografía de Leo Matiz, tomada en medio de la intentona de J.M. Castro León de julio de 1958, en la que aparecen Villalba, Caldera, Larrazábal y Carlos Luis Araque,  ilustra que hubo un liderazgo múltiple, cuyas coincidencias y compromisos igualmente reconocieron, ordenaron y explicaron una irreductible competitividad.

Fotografía: Leo Matiz / Archivo Fotografía Urbana.

19/12/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/nuevas-mayorias-diciembre-de-1958/

sábado, 7 de mayo de 2022

Tres proyectiles

BUNKER, LIND Y VAN CREVELD: TRES VISIONES DE LAS NUEVAS GUERRAS

 Edgar Maldonado (*)

Resumen: Este artículo examina tres propuestas sobre las nuevas guerras y guerra de cuarta generación. Sobre el advenimiento del mundo multipolar y la pérdida del monopolio de la violencia del Estado se exige una reevaluación de la guerra y es donde los postulados de W. Lind, R. Bunker y M. Van Creveld han encontrado las posibles hojas de ruta. Se sostiene que los tres autores ofrecen postulados cercanos pero diferenciados de lo que son y serán las guerras del futuro. El artículo pretende subrayar la tenue diferencia entre guerra y violencia estructural partiendo de la conceptualización y contextualización de las nuevas guerras. La propuesta cierra con un balance final pensado como aporte y difusión teórico introductoria del tema.

Palabras clave: Guerra; Nuevas Guerras; Guerra de Cuarta Generación; Transformación de la Guerra; Conflictos de Baja Intensidad.

Abstract: This article examines three proposals on the new wars and fourth generation war. On the advent of the multipolar world and the loss of the States monopoly of violence, a reassessment of the war is required and it is here that the postulates of W. Lind, R. Bunker and M. Van Creveld have found possible roadmaps. It is argued that the three authors offer close but differentiated postulates of what are and will be the wars of the future. The article tries to underline the slight difference between war and structural violence starting from the conceptualization and contextualization of the new wars. The proposal closes with a final balance thought as input and theoretical introduction introductory topic.

Keywords: War; New Wars; Fourth Generation War; Transformation of the War; Low Intensity Conflicts.

Recibido: 13/06/2016

Aprobado: 20/09/2016

Presentación

Guerras de Cuarta Generación1, Nuevas Guerras2, Guerras del Tercer Tipo3, son algunos de los términos acuñados y examinados en la actualidad. Gran cantidad de estudios versan hoy sobre lo que son estas guerras y lo que serán las guerras en un futuro cercano.4 Su definición es radicalmente opuesta a la definición clásica. Por un momento rescatemos lo que señala J. Keegan: La guerra no es la continuación de la política por otros medios.5 Y es esto – recordando la tesis de Clausewitz – solo a partir de la existencia de los Estados nacionales modernos; donde la guerra entonces se separaría de la pura violencia como aquel enfrentamiento entre dos voluntades, sobre un determinado territorio que cuenta con un determinado gobierno, y que tiene un objetivo eminentemente político.6 Diversos estudios han lanzado a los investigadores y científicos sociales en dos direcciones generales en cuanto a la guerra confundiéndola en ocasiones con simple violencia estructural. Sobre su naturaleza unos la plantean como una necesidad biológica, otros como un constructo social.7 El debate ha girado en torno a discusiones bizantinas entre naturalistas y materialistas; desde lo hormonal y la herencia genética hasta la pulsión de muerte psicoanalítica de Freud.8 Lo cierto es que desde tiempos prehistóricos el hombre ha afrontado adversidades que lo han llevado a combatir bien sea por la búsqueda de alimentos, territorio, creencias religiosas o creencias políticas. Al separar la guerra de la violencia estructural nos acercamos a la hipótesis tradicional de naturaleza clausewiana; pero qué sucede cuándo la línea entre las dos se desvanece a simple vista. Esta es la cuestión motriz del presente artículo al tomar como objeto de examen la articulación de tres visiones de las nuevas guerras.

Los modelos de guerra que se plantean en las tres visiones revisadas en el presente artículo, la de W. Lind y su guerra de Cuarta Generación; la de M. Van Creveld, desde sus edades hasta la guerra no-trinitaria; y la de R. Bunker y sus épocas de la guerra, son en su conjunto radicalmente opuestas al modelo tradicional de la guerra por lo que la precisión de las tres adquiere suma importancia en el contexto actual. Las tres propuestas en cuestión superan los veinte años de postulación y en su momento representaron verdaderas revoluciones dentro de la R.A.M (Revolución de los Asuntos Militares) Queda de nuestra parte exponer los planteamientos de cada una.

Debemos advertir que el estudio del fenómeno de las nuevas guerras ha dado con un sin fin de trabajos especializados y no tan especializados provocando un marasmo de generalizaciones, malos entendidos, propaganda y alusiones erróneas. En términos semánticos su conceptualización ha rozado el vacío del significante gracias a su uso indiscriminado y propagandístico. Así mismo se ha convertido en una suerte de pleonasmo gracias a una des-contextualización exagerada. Entonces proponemos despejar las tres visiones que consideramos han sido el referente del término y ofrecer una oportuna articulación de las tres propuestas.

En este orden de ideas y como objetivo general nos hemos dispuesto mostrar los aportes y la articulación de las tres visiones señaladas y que en su conjunto ayuden a comprender las nuevas guerras que el Estado afronta hoy; del cómo practican la violencia el terrorismo internacional y los grupos antisistémicos. Este artículo procede inicialmente por la vía del contraste entre los tres autores a fin de distinguir sus propuestas para luego examinar la vigencia de sus postulados y posible combinación en lo que es una teoría compleja de los conflictos armados del presente y del mañana.

Hemos dispuesto el artículo de la siguiente manera: tres secciones centrales donde se desagregaran las tres propuestas temáticas del artículo; en primer lugar revisaremos la propuesta generacional de W. Lind plasmada en su artículo The Changing Face of War: Into the Fourth Generation (1989). En su clasificación de generaciones de la guerra predomina la estrategia, sirviendo de amplio debate y discusión no libre de crítica; en segundo lugar revisaremos las dos propuestas de M. Van Creveld: La primera Technology and War (1989) un texto esquemático y propuesto en edades tecnológicas similar a las propuestas de W. Lind y R. Bunker; y la segunda, The Transformatíon of War (1991) obra definitiva y más elaborada donde construye su concepción de la guerra trinitaria antitética a la guerra no-trinitaria con la idea de la quiebra del Estado y las nuevas amenazas. Por último revisaremos la propuesta de R. Bunker intitulada The Transition to Fourth Epoch War (1994) donde ha sintetizado el estudio generacional acudiendo a los dos teóricos anteriores y proponiendo un esquema ciertamente interesante sustentado en las variables de las ideas, las bases tecnológicas y las energías de uso que pasan de una etapa experimental a una etapa institucionalizada. Como sección final tenemos un apartado o balance donde evaluaremos la vigencia de las tres propuestas en el marco de la agenda global actual, y es que desde los atentados terroristas en New York y Washington en septiembre de 2001 parece que ningún Estado está seguro frente a estas nuevas amenazas. Las conclusiones pertinentes indicarán el alcance del objetivo planteado.

Generaciones de la guerra, épocas de la guerra, edades y transformaciones de la guerra. Estas son las clasificaciones que atenderemos en las siguientes líneas. Los autores le dan carácter valorativo a la combinación de una serie de nuevos y viejos factores pero que definitivamente operan contrariamente a la tesis tradicional de la guerra: ahora el peso recae sobre las operaciones psicológicas y las nuevas tecnologías de comunicación, donde se aplica el concepto de la llave de judo por el cual los derechos y valores de las sociedades libres son usados en contra; las potencialidades de la robótica y las potencialidades de la inteligencia artificial dirigidas a la autonomía de vehículos y aún de soldados; la inteligencia cultural como elemento integrador en cuanto a: Comando, Control, Comunicación y sistema Computarizado. Sobre estos puntos profundizaremos a continuación a medida que esbocemos a cada uno de los autores. Por ahora pasemos a revisar la primera oferta: la de William Lind.

De las generaciones de Lind

William Lind acuñó el término de Guerra de Cuarta Generación. Varios de sus trabajos se han orientado a estudiar y redefinir la guerra de cara a las amenazas presentes y futuras. 9 La idea inicial del artículo publicado en Marine Corps Gazette y en Military Review, en 1989, y que nos reclama en esta oportunidad se apoya en la problemática de un nuevo escenario de conflictos violentos partiendo de la tesis generacional de la guerra y haciendo hincapié sobre la estrategia dominante que le ha caracterizado a cada una de esas generaciones.10 Para alcanzar una caracterización de la guerra de cuarta generación, Lind y compañía11 elaboran una clara clasificación basada en los adelantos técnico – científicos combinados con las estrategias dominantes. Así ilustran una primera generación dominada por las tácticas lineales y de columnas donde hay campos de batalla preestablecidos. Hablamos contextualmente del período que transcurre entre 1648 y 1860.12 Hablamos de la era de los grandes ejércitos nacionales; De los efectos y consecuencias de la guerra de los 30 años o guerras de religión13; de los efectos y consecuencias de las guerras de coalición napoleónicas, entre 1792 y 1815. La cristalización del Estado Nacional Moderno y el surgimiento del nacionalismo como la nueva religión de Occidente. Es un período convulso y de quiebre en muchos aspectos: ¡La guerra de Príncipes da paso a la guerra de Naciones! La guerra se había convertido en una cuestión de masas y su regulación estaba bajo observación de grandes teóricos.14 Al mismo tiempo comienza a acusar una contradicción paradigmática entre el campo de batalla y la cultura militar del orden. Así pasamos a una segunda generación estimulada por los explosivos adelantos de la revolución industrial, ubicándose temporalmente entre 1861 y 1918. Entre la guerra de secesión estadounidense y la Primera Guerra Mundial. Acá la guerra se caracteriza por ser una guerra de atrición fundamentalmente. Los adelantos tecnológicos, Ferrocarril, Telégrafo y Ametralladora y Acorazados, marcan hitos en esta generación. Respondiendo a la contradicción de la generación anterior Francia desarrollaría tras la Primera Guerra Mundial la doctrina del fuego de la masa: “… la artillería conquista y la infantería ocupa”.15 Se preservó la cultura del orden. La obediencia, la sincronización en el campo de batalla y la centralización de mando estaba por encima de la iniciativa la cual era ante los ojos del estratega, como peligrosa para las operaciones.

Alcanzamos así una tercera generación también producto de la Primera Guerra Mundial. Esta buscaba romper la siguiente contradicción: la atrición y los terribles efectos del fuego de la masa. La respuesta vendría de Alemania y el desarrollo de la guerra de maniobras, inaugurado así las tácticas verdaderamente no lineales en el campo de batalla. Acá prima la maniobra y la iniciativa se impone definitivamente sobre la cultura del orden. “autodisciplina por encima de la disciplina impuesta.”16 Son las guerras de velocidad y sorpresa, de dislocación física y mental del adversario. Ambientada desde la segunda guerra mundial, estas son por lo común las guerras que viven aún hoy en nuestros imaginarios y para la que la comunidad de Estados se ha preparado a lo largo de todo el siglo XX.

Por último tenemos la Guerra de Cuarta Generación. W. Lind describe un escenario caótico y oscuro donde los Estados han perdido el monopolio legítimo de la violencia y se acusa un retorno a la fricción cultural.17 Particularmente vemos acá similitud con la tesis de S. Huntington (1993) señalando el resurgir de las culturas como principal eje de conflictos. Un problema hoy latente con la recién oleada migratoria que está erosionando las relaciones diplomáticas entre Occidente y el resto de los continentes. Este fenómeno que hoy sacude principalmente Europa donde el inmigrante funge en algunos casos como “tercera columna” del extremismo islámico ha ampliado el espectro de los nuevos peligros que debe enfrentar el Estado. La erosión y el colapso de los Estados de Libia, Siria e Irak tras las guerras intestinas e intervenciones extranjeras han acelerado este proceso disgregador de la violencia de baja intensidad allende la cuenca del Mediterráneo y el Golfo Pérsico. En palabras de Lind: “En las guerras de la tercera generación la invasión por inmigración era menos peligrosa que la invasión por el ejército de un Estado.”18 Entonces el fenómeno hoy parece ser diametralmente opuesto: nuevos actores antisistémicos como DAESH/ISIS, Al Qaeda pueden inflingir más daño que cualquier ejército del tipo convencional y representan grandes amenazas para la seguridad internacional. La primera evidencia para el autor – y en ello concordamos afirmativamente – que hace de la guerra de cuarta generación la más peligrosa, es “la ideología venenosa del multiculturalismo”.19 Otras características que describen la naturaleza de estas guerras son que: no son una guerra convencional como las guerras de las generaciones que le preceden; las tácticas que revela el enemigo del Estado son una mixtura entre terrorismo y guerra de guerrillas; y por último no hay distinción entre lo civil y militar. W. Lind vislumbra la importancia que tendrán las nuevas tecnologías en materia de vehículos no tripulados (drones) y la importancia de las operaciones psicológicas como operaciones dominantes. Es en resumidas cuentas el extremo de la guerra no lineal.

De manera sumaria la tesis de W. Lind se agrupa en cuatro grandes afirmaciones:

Primero: “… Cada cambio generacional está marcado por la dispersión en el campo de batalla. El cuarto campo de batalla es probablemente incluir todo la sociedad del enemigo. Tal dispersión, incrementa la importancia para grupos muy pequeños de combatientes…”20

Segundo: “…decrece la dependencia de la logística centralizada. La dispersión acoplada incrementó el valor colocado en tiempo y se requerirá un grado alto de habilidad para vivir en tierras del enemigo.”21

Tercero:

Se hace énfasis en la maniobra. El poder de fuego de la masa ya no será un factor abrumador. De hecho, la masa puede convertirse en una desventaja siendo un objetivo fácil para el enemigo. Las Fuerzas Armadas pequeñas, altamente maniobrables, tenderán a dominar.22

Y, finalmente, como cuarto:

La meta de colapsar el enemigo internamente en vez de destruirlo físicamente. Los blancos incluirán cosas así como el soporte de la población para la guerra y la cultura del enemigo. La correcta identificación de los centros de gravedad estratégicos enemigos será altamente importante.23

Siguiendo estas reflexiones recogemos de la propuesta de W. Lind cuatro palabras clave: dispersión; descentralización; maniobra; y, cultura. Esto es particularmente importante si consideramos los temas de la agenda internacional actual, puntos sobre los cuales vamos a profundizar en la última sección. Ahora pasemos a examinar la segunda propuesta: las Edades y las Transformaciones de Martin Van Creveld.

Edades y transformaciones de Van Creveld

Martin Van Creveld es de los tres autores revisados el más prolífico escritor. Con veinte y cinco (25) obras sobre la estrategia, la guerra y la biografía relacionada24, es hoy uno de los eminentes teóricos e historiadores de la guerra. En esta oportunidad atenderemos a dos de sus obras: Technology and War: 2000 B.C. to the Present, Free Press, 1989 y The Transformation of War, Free Press, 1991; la primera es un texto complementario mientras que la segunda es su obra más importante e influyente. Consideramos acá que todo texto es una fuente por lo que la pertinencia de revisar las dos ofertas ofrecerá al lector una visión panorámica a la hora de articular las tres visiones citadas en este artículo. Pasemos a revisar el primer texto.

Al igual que W. Lind y R. Bunker mantiene cierto rigor taxonómico a la hora de exponer su clasificación. Publicado en 1989 [misma fecha del escrito de W. Lind] fue concebido en edades y no en generaciones o épocas.25 En esa oportunidad el historiador M. Van Creveld argumenta que la guerra está completamente permeada por la tecnología y es gobernada por ella.26 M. Van Creveld se plantea como objetivo revisar el rol histórico de la tecnología sobre el desarrollo y transformación de la guerra.27 Este plan lo lleva a cabo en cuatro edades, por lo que procederemos con un breve bosquejo: la Edad de la Herramienta de los primeros tiempos hasta 1500, impulsada por la fuerza del músculo del hombre y el animal, aludiendo su empleo en la manufactura y empuñadura de armas confeccionadas en cobre y luego hierro; sobre la temprana invención y tracción del carro ligero de guerra; pero también su impacto en la técnica de las fortificaciones y la técnica de asedio [Siege Warfare]28, sobre la guerra naval y sobre la guerra terrestre. El autor nos lleva por un amplio recorrido histórico desde las tempranas civilizaciones, pasando por los reinos helenísticos y Roma, hasta llegar al año de 1500. Prosigue el esquema con la Edad de las Maquinas, 1500 - 1800, donde las armas más importantes empleadas derivan su energía no de fuentes biológicas, sino de fuentes inanimadas, y específicamente química. La pólvora revolucionó el combate.29 Esta edad sería testigo de la evolución del cañón que en un principio aumentaba en tamaño y peso, cuestión que no ayudaba en las operaciones de campo, por lo que durante el siglo XVI su tamaño comenzó a reducirse al resolverse dos problemas técnicos fundamentales: las mejoras de la pólvora y las mejoras de colado que permitían que los cañones fueran construidos en una sola pieza de bronce o hierro.30 Acá nuevamente el autor nos lleva a considerar las modificaciones en técnicas de asedio, guerra naval y guerra terrestre gracias a la introducción de las armas de fuego. La tercera parte se intitula la Edad de los sistemas, 1830 – 1945; M Van Creveld la define en los siguientes términos: Hasta 1830, la guerra era una cuestión de utilizar herramientas y maquinas individuales [Ahora] Algunas de estas herramientas y máquinas serían operadas en equipo y requiriendo la coordinación de cientos de hombres.31 Hablamos en este caso del impacto de las tecnologías mencionadas en la segunda generación de W. Lind para la movilización de ejércitos nacionales. Por último tenemos la Edad de la automatización, 1945 al presente. Aquí el autor se inclina por describir el impacto de lo que ha denominado la guerra computarizada, la guerra nuclear y la guerra integrada; las tres se congregan y se apoyan en base a la complejidad de los sistemas que envuelve la práctica de la guerra al terminar la segunda guerra mundial. Entre las revolucionarias tendencias está que muchos ejércitos se vieron afectados por el intenso rol de la documentación/informes [paperwork].32 En palabras del autor:

… la tecnología dio luz a la complejidad, la complejidad a un requisito extraordinario para la información, y el requisito para la información a la documentación. La avalancha de la documentación que amenaza a los ejércitos modernos más avanzados habría sido abrumadora hace mucho tiempo sino hubiera sido por la introducción de equipos mecánicos de procesamiento de datos.33

En líneas generales nos puede parecer un texto muy técnico o muy rígido debido a su estructura, que, como ya mencionamos presenta gran similitud con la propuesta de W. Lind y R. Bunker; pero si prestamos atención a las secciones conclusivas de cada capítulo podemos identificar la contribución fundamental del texto. Hagamos algunas puntualizaciones al respecto y pasemos a una revisión final.

Primero, en la Edad de la Herramienta tenemos lo que el autor denomina la “tecnología irracional”:

…la evolución de las armas y equipos de guerra no se rigen únicamente por consideraciones racionales relativas (…) el diseño y el empleo de las armas se entrelazaban con una serie de factores antropológicos, psíquicos y culturales, todos ellos en constante interacción.34

Es notorio en este período el énfasis que hace el autor en el rol de las armas injustas dentro de la civilización occidental. Armas que se consideraban injustas para la guerra ya que se acercaban más al simple asesinato.35 Y es que el fantasma de la guerra justa y de los medios de la guerra justos traspasó el siglo XIX hasta adentrarse en la sociedad global de hoy. Evocamos dos frases que el autor esquematiza en The Transformatíon of War: humanitarismo occidental y tradiciones democráticas.36 Al respecto los trabajos de Michael Waltzer37 y Alex Bellamy38 son profundamente reveladores para el lector atraído por este tema.

Segundo, para el período de 1500 – 1800, M. Van Creveld nos introduce en la importancia del surgimiento de la Profesionalización en términos modernos. La transición del Guerrero al Soldado. Bien nos dice que las primeras comunidades y asentamientos humanos tal vez no reconocían la distinción entre civiles y soldados39 Al respecto traemos a colación un pintoresco pasaje sobre la génesis del guerrero de la pluma de Michael Lanning:

…en la cordillera alpina entre Austria e Italia se encontró una momia que cariñosamente se le apodó Otzi. El hombre que data de hace unos 5.300 años resultó no ser un cazador solitario sino un guerrero; un hombre armado que mostraba marcas de un azaroso combate cuerpo a cuerpo. En este sentido una profesión había nacido por primera vez cumpliendo tres requisitos básicos: un conflicto armado que afrontar, alguien o un grupo que apoya y designa al guerrero o guerreros, y, un guerrero o grupo de guerreros que están dispuestos a combatir.40

M. Van Creveld reconoce que el foco de profesionalización está marcado por el desarrollo de una identidad corporativa y de esprit de corps.41 Semejante noción de profesionalización o más apropiado aquellas habilidades elevadas se evidenciaron primero en la guerra naval: si la tecnología cada vez más compleja ayudaba a desarrollar la profesionalización militar en tierra, con más razón lo haría en el mar.42 Queremos sin embargo advertir que aquella vieja idea de habilidades elevadas y lo que es hoy la profesionalización se diferencian notoriamente. Leamos unas líneas al respecto:

… el profesionalismo romano era tan diferente de nuestro tiempo que el uso mismo del término puede inducir a error. Mientras hoy son los oficiales sobre todo los que se consideran profesionales militares y son considerados por la sociedad en general, en la Roma imperial la situación era justamente lo contrario.43

Tercero, sobre la Edad de los Sistemas, 1830 – 1945, M. Van Creveld argumenta el rol de lo que denomina la invención de la invención44 aludiendo a la Segunda Revolución Industrial. En este sentido la primera etapa estaba condicionada por el invento (producto de resultados empíricos, accidentales e inesperados) mientras que la segunda estará condicionada por innovación (resultado de la ciencia e investigación). Leamos:

El ritmo acelerado de innovación tecnológica en los tiempos modernos, sin embargo, no fue el único resultado de la nueva conciencia de invención. Por lo menos tan importante fue el hecho de que, en algún momento de la revolución industrial, el progreso se mantuvo.45

Hemos llegado al final del último capítulo, a la Edad de la Automatización de 1945 hasta el presente. Este es el equivalente temporal a la Cuarta Generación de W. Lind y la Cuarta Época de R. Bunker. El análisis lleva a M. Van Creveld a la integración compleja de las tecnologías. En estas últimas líneas de la obra evoca su opera prima, The Transformation of War. Veamos por qué: siendo más crítico acusa que la tecnología tiende a ensombrecer las diferencias de poder entre Estados, regiones, pero, a su vez, se caracteriza por no poder cambiar la forma de conducta y pensamiento. Así mismo subraya que las tendencias de hacer la guerra están dirigidas por un conjunto de reglas que responden a variables de cultura y civilización.46 Siguiendo estas reflexiones M. Van Creveld examina el rol de la guerra de guerrillas y el terrorismo. Ambas sustentadas en prácticas [warfare] antiguas y con señales claras de desventajas tecnológicas y de legitimidad. Mientras la guerra interestatal se apoyaba en la disimetría [la búsqueda constante de la superioridad tecnológico militar], la guerra entre el Estado y una fuerza irregular, v.g., guerrilla o grupo terrorista, se apoya en la asimetría. Y esta asimetría es explotada por los últimos, donde finalmente la infraestructura de la guerra47 es desafiada como lo esta siendo hoy en el corazón de Occidente.

Sin pretensión de ser exhaustivos pensamos que este texto complementario ofrece una esquematización histórica igualmente rígida que la tesis de W. Lind y la tesis de R. Bunker, pero no por ello menospreciamos su aporte. Si lo pensamos bien este diseño permite concentrar nuestra atención sobre una línea ascendente de complejidad y desarrollo tecnológico que debemos tomar en cuenta; y de aquí recogemos seis conceptos clave: tecnología, irracionalidad, profesionalismo; invención de la invención; guerra integrada; e infraestructura de la guerra. Esto nos abre el camino para revisar su propuesta mejor acabada y más contundente. Pasemos a examinarla.

Con The Transformatíon of War Van Creveld va un paso más allá. La particularidad de este texto es que pone en el tapete dos momentos: la guerra trinitaria y la guerra anti-trinitaria. Bajo esta óptica el factor tecnológico es dejado a un lado siendo un factor de mayor peso la idea de la concentración y pérdida del monopolio legítimo de la violencia por parte del Estado. El objetivo general planteado es:  proporcionar un nuevo marco no clausewiano para pensar la guerra, mientras que al mismo tiempo trata de mirar hacia el futuro.48 La idea trinitaria de la guerra [Gobierno, Pueblo y Fuerzas Armadas] va a condicionar el monopolio legítimo de la violencia en la comunidad global de Estados modernos hasta nuestros tiempos; pero desde una perspectiva histórica M. Van Creveld nos induce la siguiente cuestión: ¿Qué tan afianzada y que tan profunda y extendida tiene las raíces esa visión clásica de la guerra? Y es eso en lo que nos introduce el autor. En un concreto e introductorio balance militar nos explaya la concepción de la guerra nuclear, su escalada dominante y sus problemas teóricos – prácticos como la última línea de defensa de un selecto club de ocho Estados.49 Del como conducir la guerra con armas nucleares; inmediatamente después y condicionada por el dispositivo nuclear, pasamos a la guerra convencional. M Van Creveld nos muestra las condiciones de la guerra limitada. Al respecto nos permitimos hacer un inciso sobre la era que se abrió tras la pérdida del monopolio nuclear estadounidense, y traemos un par de críticas reconocidas; la crítica de Basil Liddell Hart (1960) y la crítica de Henry Kissinger (1957), ambas clave para la re-validación conceptual de la guerra en términos clausewianos. Para el primero el lenguaje de la guerra trinitaria era inaplicable y sin sentido. Ya no se podría hablar de una victoria o de una derrota: los viejos conceptos y las antiguas definiciones de estrategia se han convertido no sólo en algo obsoleto sino que carecen de sentido con el desarrollo de las armas atómicas.50 El dispositivo termonuclear lo cambiaría todo. Por otro lado Kissinger plantea en esta misma línea la necesidad de la re-validación de la guerra limitada frente al temor de una conflagración termonuclear. Reintroducir el elemento político a través de la doctrina de la guerra limitada donde se muestren manifestaciones intermedias de poder que no implique la aniquilación total del adversario.51 Entonces, superando las doctrinas de la Contención52 y de la Represalia Masiva53 surge como respuesta lógica la doctrina de la Respuesta Flexible,54 que busca articular las capacidades militares frente a amenazas intermedias tales como guerras revolucionarias e insurgencia.

Tras esta argumentación nuestro autor sigue la ruta hasta los Conflictos de Baja Intensidad [Por sus siglas en inglés: LIC]55 Definición ambigua que en ocasiones engloba las denominadas guerras de liberación nacional, la guerra irregular, la insurgencia y aún el terrorismo. En su conjunto y desde 1945 los LIC son en número de frecuencia y en número de víctimas fatales superiores a las guerras convencionales.56 La acuñación del término es más o menos tardía y la podemos encontrar en los años ochenta del siglo XX. Antes de ello simplemente se le llamaba insurgencia. La doctrina de la contrainsurgencia transformó el pensamiento militar norteamericano mientras estuvo empantanado en la guerra de Vietnam, y una nueva estrategia de intervención surgió en Washington: la doctrina de los conflictos de baja intensidad o LIC.57 Al tratarse de una guerra no – convencional su definición se problematiza. La definición oficial la tomamos del primer informe final del proyecto JLIC, de 1985: Es, en primer lugar, un entorno en el que se produce un conflicto, y en segundo lugar, una serie de diversas actividades y operaciones civiles y militares que se llevan a cabo en ese contorno.58

M. Van Creveld arguye que las LIC poseen tres características que le definen:

Primero, “tienden a desplegarse en las partes menos desarrolladas del mundo; los conflictos armados (…) suelen ser conocidos bajo otros nombres, como terrorismo (…) en segundo lugar, muy rara vez envuelven ejércitos regulares de ambas partes, aunque a menudo es una cuestión de regulares por un lado luchando contra guerrillas, terroristas e incluso civiles, incluyendo mujeres y niños, por otro. En tercer lugar, la mayoría de los LIC no dependen principalmente de las armas colectivas de alta tecnología que son el orgullo y la alegría de cualquier fuerza armada moderna.59

Ahora bien antes de pasar a la pregunta provocativa que no hemos hecho para abordar este texto consideremos unas breves consideraciones en cuanto a la guerra revolucionaria, la guerra irregular y el terrorismo; con lo que creemos cerraremos el circuito de la práctica de los LIC en el siglo XX y XXI.

Entender el fenómeno de la guerra irregular como técnica de guerra [warfare] implica diferenciarla del fenómeno de guerra revolucionaria como tipo de guerra [war] Con esta distinción inicial podemos despejar ciertas dudas. Claro, esto no resuelve el problema de la definición, bien apunta Friedrich Von der Heydte que los teóricos aún nos deben una definición clara,  cada quien sabe lo que se imagina que es la guerra irregular; pero resulta obviamente difícil trazar una línea divisoria nítida entre guerra irregular y levantamiento revolucionario60 Estas conceptualizaciones han generado, al igual que para el caso que nos ocupa en el artículo, un pleonasmo de definiciones contradictorias, confusas y hasta erradas. Lo cierto es que las guerras de tipo revolucionario surgen en el marco de la descolonización como respuesta lógica a la profunda asimetría con respecto a las grandes potencias occidentales. En cuanto al terrorismo bien señala Fernando Falcón, que: El terrorismo constituye a la vez uno de los fenómenos más debatidos y menos comprendidos de nuestro tiempo.61 Le define como:  la práctica de recurrir sistemáticamente a la violencia contra personas o cosas ajenas a conflictos armados en curso, con el fin de provocar terror.62 Una definición genérica podría ser la de Caleb Carr: el terrorismo no es más que la denominación contemporánea y la permutación moderna de la guerra dirigida contra la población civil con la intensión de destruir su voluntad 63 .En definitiva estas tres manifestaciones de violencia se diferencian profundamente.

Esta ajustada consideración terminológica la incluimos ante la compleja problemática que presentan la antitesis de los LIC con respecto a la guerra trinitaria.

Apartándonos de la semántica y respondiendo la pregunta inicial de esta revisión, vemos que los conflictos trinitarios son y ocupan apenas una pequeña fracción en la historia de la guerra. Tal vez la primera advertencia del desplome de las guerras convencionales y limitadas fue la guerra total. Colmar Von der Goltz, con su obra Das Volk in Waffen, 1883, y, E. Von Ludendorf, con Der Totale Krieg, 1936, son las expresiones escritas por excelencia. Esta manifestación de violencia máxima desintegró la diferencia entre civiles y militares que se había alcanzado previamente. El universo clausewiano estaba dominado por los Estados, y los Estados son creaciones artificiales; cuerpos corporativos.64 Partiendo de esta afirmación el autor señala que la guerra convencional es un producto específico de un período y unas circunstancias.65 Entonces, tenemos que la guerra trinitaria es producto de una tesis [Clausewitz] acogida bajo un ambiente intelectual de emotividad nacionalista y desplegada bajo los cánones de la ilustración y el cientificismo asociado a la Revolución Industrial.66 Pero cuál será la tendencia en el futuro. Robert Kaplan, lo advierte:

Cuando interrogué a los oficiales del Pentágono acerca de la naturaleza de la guerra en el siglo XXI, la respuesta que recibí a menudo fue: lea a Van Creveld (…) Van Creveld les advierte que los grandes aparatos estatales como el Pentágono son dinosaurios en peligro de extinción  67

Y es que en la actualidad hablar de guerra en términos clausewianos parece cada vez más es difícil. La identificación del fenómeno de los LIC en el siglo XX puede verse como una advertencia de lo que se avecina. En la sociedad africana, por ejemplo, la distinción de lo público y lo privado, del gobierno y la población, del soldado y el civil, parece cada vez más difusa. En una oportunidad Robert Kaplan afirmaría que África es el espejo donde deberíamos mirarnos. Hoy estos síntomas se están observando en los bordes de civilizaciones cristalizadas como la china, la ortodoxa y la nuestra. Nuestra sociedad está siendo testigo de un cambio semiótico; hay una transformación en los operantes simbólicos de la guerra en la actualidad y en la conducta que está operando sobre el campo de batalla del futuro. Un proceso que involucra nuevos signos y genera nuevos significantes. Esto lo evidenciamos al examinar la propaganda y su efecto en el blanco/audiencia de grupos terroristas y fuerzas irregulares como Bóokóo Haram, DAESH/ISIS, Al Qaeda y otros. En ellos está operando todo un programa simbólico de gran impacto. Llegamos a la era de las guerras no-trinitarias.

De las épocas de Bunker

Robert Bunker, profesor de la American Military University es responsable de un esplendido artículo intitulado La transición de cuatro épocas de la Guerra y publicado por la Marine Corps Gazette, en septiembre de 1994. R. Bunker esquematiza las formas de la guerra bajo un modelo alternativo al de W. Lind y al de M. Van Creveld entretejiendo dos variables a saber: la energía y el tipo de guerra. En este sentido sostiene que existen cuatro grandes épocas por las cuales la civilización occidental ha transitado. Cada época ha conducido a la guerra según los cimientos energéticos que le han dado forma al sistema militar dominante, hasta alcanzar nuestros días. En cuanto a ese sistema militar, el autor le define como: un conjunto y estructura única que se apoya mutuamente, una síntesis de tecnología e ideas que permite a una determinada política dirigir la guerra.68 Nos advierte que en el umbral de una época hay una suerte de sub – época introductoria que vaticina tal o cual cambio, producto del sistema militar dominante en tensión, desgaste o simplemente removido por una amenaza externa. Se puede decir que cada desplazamiento de una sub – época a una época representa una R.A.M que dicho sea de paso vaticina el umbral de un nuevo recurso energético.69 De la fuerza muscular del hombre, a la fuerza muscular del animal, a la potencia de la maquina, para luego entrar en la época del motor, y, finalmente, en el postmodernismo, encontrarnos con la era del post motor. La revolución militar que sigue el cambio de época destroza los fundamentos militares hasta entonces predominantes. En nuestra civilización R. Bunker identifica solo un cambio de época por amenaza externa; mientras el resto depende de revoluciones del sistema militar interno. La articulación de variables internas tales como forma de gobierno y economía.

Se identifican un total de once técnicas de guerra. Desplegadas en once sub – épocas y servidas de once fuentes de energía. [Véase Anexo No. 1]

Si seguimos el argumento del autor nos ubicamos hoy en la cuarta época. Bajo su hipótesis estamos en presencia de una nueva amenaza externa, la amenaza terrorista enmarcada en los LIC. Por amenaza externa entendemos el cambio que producen agentes externos y ajenos a Occidente sobre el sistema militar dominante. R. Bunker nos ilustra con un caso registrado en la historia. Se trata de las incursiones bárbaras dentro del imperio Romano. Pero pasemos a ver como se articula y desarrolla cada época en este interesante marco conceptual.

La primera época: la Época Clásica, fundada sobre la energía humana [experimental e institucionalizada] con dos formas de practicar la guerra: la helénica y la romana, siendo esta última, la etapa institucionalizada. Como mencionamos arriba una amenaza externa irrumpió el sistema romano y provocó una transformación. Esta irrupción bárbara hizo aguas en el sobrecargado sistema militar romano. La irrupción del jinete hizo colapsar el sistema. Encontramos acá una gran similitud con el planteamiento del crecimiento de las civilizaciones de Arnold Toynbee, quien identifica que el perfeccionamiento técnico no es indicio fiable del desarrollo de una civilización. Esto es esclarecedor a efectos de complemento: “el catafracto romano, el jinete con armadura,  el chef – d oeuvre de la técnica militar helénica, no representa un paso más allá  fue una adaptación del instrumento militar de sus contemporáneos iranios, vecinos y adversarios. 70

La segunda época: la época medieval, condicionada por la energía animal y con tres formas de hacer la guerra: la del jinete, la del vasallo y la del señor feudal. La fuente de energía se dispuso en esta época de la siguiente manera: jinete y vasallo/animal experimental y señor feudal/animal institucionalizado. El paso de la guerra feudal a la guerra dinástica se le debe a la revolución provocada por el arma de fuego; revolución que no fue conducida por una fuerza exterior sino por una clase social interna. Siguiendo esta ruta programática llegamos a una tercera época: la época moderna, condicionada por la energía mecánica y la energía del motor. Esta época, la más amplia, cuenta con cuatro formas definitivas de hacer la guerra: la dinástica, la absolutista, la corporativa y la propiamente moderna. Las fuentes de energía estarían dispuestas, a razón de la técnica de guerra así: dinástica/maquina experimental, absolutista/maquina institucionalizada, corporativa/motor experimental y moderna/motor institucionalizado. Veamos. Las reformas de Mauricio de Nassau en 1590 y, más aún, las de Gustavo Adolfo en 1620 marcaron el cambio de la técnica de guerra dinástica a la técnica de guerra absolutista, dejando de lado el sistema dominado por el mercenario.71 La transición estuvo marcada por el cambio de la pica y el mosquete al mosquete y la bayoneta. En la misma época Occidente sería testigo de un nuevo cambio: el de la técnica de guerra absolutista a la técnica de guerra corporativa. Como hito: la revolución francesa. Nacionalismos y tiempo de mosquetes y bayonetas.72 El sistema corporativo se mantendría hasta la primera guerra mundial. Con el advenimiento del tanque y la guerra de atrición industrializada se inauguraría la técnica de guerra moderna.

De la época moderna pasamos a una cuarta y última época: la Época Postmoderna. Esta responde a la amenaza externa del terrorismo y técnicas de guerra propias de LIC que junto a los avances tecnológicos integran todas las partes de una cuarta época y al mismo tiempo evidencian la caracterización propia de una transición. La energía de esta época es experimental y aún se trabaja en ello.

Es en la conducción de esta época donde encontramos el aporte sustancial de R. Bunker. Y es que reconoce que las dos tendencias de hoy: la estrategia del terrorismo / LIC y el desarrollo tecnológico de Occidente en materia bélica representan caminos muy diferentes, delatando una suerte de paralelismo con la primera transformación por amenaza externa y su respuesta antitética desde lo interno del sistema militar dominante, con otro cambio o transformación. Es decir la incursión del jinete bárbaro y el paso de la guerra feudal a la guerra dinástica por iniciativa interna sugieren que podemos estar en la transición de una nueva época. R. Bunker se apoya en la tesis de M. Van Creveld al señalar que un escenario futuro extrapolado sobre la base de estas dos formas de guerra: la terrorista y LIC ha sido planteado por Martin Van Creveld en su obra, donde dibuja una posible forma de los conflictos futuros.73

Como cierre de este breve pero sagaz artículo R. Bunker señala cuatro tendencias que describen esta última época, nuestra época. La época de las nuevas guerras:

Primero; el campo inadecuado del armamento avanzado debido a táctica, doctrina y estructura existentes. Las ideas de la cultura de nuestro sistema militar existente no podrán acomodarlo. 74

Segundo; Una disminución de la influencia teórica y la relevancia de Clausewitz y su eventual sustitución por otro paradigma del pensamiento militar.75

Tercero; Un cambio en el concepto occidental de soldado. La historia occidental ha demostrado una y otra vez que los armamentos avanzados no pueden ser explotados por un sistema menos avanzado debido a la incompatibilidad ideológica resultante de revoluciones militares menores.76

Y cuatro; Una alteración en las tácticas militares, la doctrina y la estructura de la fuerza (…) nuestras ideas militares sobre la táctica y la doctrina deben cambiar radicalmente.77

Concluimos esta revisión subrayando la proyección que hace el autor sobre un cambio paradigmático. Creemos es el punto cardinal de su tesis si revisamos el contexto actual de las nuevas guerras. Transitemos ahora por un balance final donde articulemos las tres visiones revisadas.

Balance final

La revisión de las tres visiones de las nuevas o guerras deja unos datos de interés. En primer lugar repasemos la estructura de las propuestas [Véase Anexo No. 2] Las tres propuestas de generaciones (W. Lind, 1989), edades (Van Creveld, 1989) y épocas (R. Bunker, 1994) son peligrosamente rígidas a la hora de definir las nuevas guerras y en sus etapas finales se abren a la especulación – como es lógico – del devenir tecnológico.78 Solo la tesis de M. Van Creveld de 1991 ofrece un amplio espectro en función a variables intangibles y tangibles del mismo Estado nacional y de la conducción de la guerra. En el texto de 1991 M. Van Creveld muestra al lector como la línea entre en universo clausewiano” de la guerra y la guerra no-trinitaria se desvanece; donde la guerra asume posturas de violencia estructural o simplemente sigue otros caminos extraños a la postura tradicional.

Entonces, nuestra hipótesis es la que sigue: En su conjunto todas las tesis se compenetran enfocándose en la dinámica de una nueva agenda global dominada por al menos cuatro premisas generales, que consideramos rigen hoy: Primero, el Estado sigue siendo el actor de fuerza del sistema internacional, pero ha perdido progresivamente el monopolio legítimo de la violencia organizada; Segundo, proliferan los enemigos no estatales y los llamados actores anti-sistémicos: grupos irregulares u organizaciones terroristas que recurren a prácticas violentas atávicas; Tercero, en la agenda internacional prima hoy el multiculturalismo, remanente del impulso liberal de la década de los noventa y donde lo correctamente político ha marcado tendencia; Cuarto, el auge de lo que denominamos la globalización del terror con lo que señalamos que no solo el terrorismo tiene alcance global con sus acciones tangibles, sino que tiene un alcance aún mayor a través de su propaganda y la simbología a través de las redes de comunicación a tiempo real. El terrorismo y el crimen organizado estructuran un corpus de símbolos y lenguaje propio de una semiósis extraña a la sociedad postmoderna.

El surgimiento de estas nuevas amenazas no significa que las guerras convencionales, limitadas y trinitarias, se hayan extinguido. Estas son una realidad. El tema es que la agenda se ha abierto a otras amenazas que el Estado debe saber hacer frente; saber acondicionarse. En ocasión a esto el ex presidente Richard Nixon lo expondría de la siguiente manera: ganamos la segunda guerra mundial por el hecho de producir más que el enemigo  en la segunda guerra mundial libramos una lucha convencional contra un enemigo convencional. También libramos una guerra total. 79 Los grupos antisistémicos de hoy y mañana no ofrecen una lucha convencional. Por ejemplo, hoy podemos encontrar mucha confusión al momento de explorar hechos puntuales como Somalia, 1993, Afganistán, 2001, Chechenia, 1995 y 1999 e incluso Irak, 2003 [una guerra completamente diferente a la guerra del Golfo 1990 – 1991 en estos términos] En cuanto a Somalia, Mark Bowden recoge en su best seller Black Hawk Down un pasaje muy persuasivo de los hechos: Mogadiscio se parece más a los escenarios post apocalípticos de las películas de Mel Gibson, Mad Max, donde el mundo está dirigido por bandas armadas80 Y sobre Afganistán y la caducidad de los ejércitos mecanizados, Robert Kaplan recoge una idea muy perturbadora al respecto pero que sorprendentemente coincide con Bowden:  las Operaciones Especiales se estaba inspirando más en las tácticas a lo Mad Max de las guerrillas de Eritrea y el Chad de las décadas recientes que en los rumiantes ejércitos de tanques de la edad industrial que se iba.”81 Nótese que nuestro mapa de conflictos no trinitarios se complejiza en la medida que revisamos los fenómenos de la guerra en África, en Asia y aún en nuestra Suramérica.

Terrorismo y otras formas de violencia organizada merecen una respuesta acorde y esto es lo que advierten los tres autores revisados.82 El secretario de Defensa bajo la administración Reagan, Caspar Weinberger, en 1987, lo dice así: la batalla decisiva de este siglo XX se está desarrollando ahora entre los guerreros LIC y los combatientes revolucionarios del tercer mundo.83

Hoy el terrorismo traspasó las fronteras civilizatorias. Tras los ataques perpetrados en Nueva York y Washington en septiembre de 2001 se lanzaría una campaña militar sobre suelo afgano en lo que sería la primera guerra del siglo XXI. Esta coyuntura distorsionó la agenda global hasta ahora envuelta en el multiculturalismo y geoeconomía Algunos gobiernos emplearon la campaña contra el terrorismo de manera oportunista, justificando los ataques y abusos contra sus adversarios84 Así tenemos un escenario complejo, donde la República Popular China aprovechó la coyuntura para intensificar su campaña de “estabilización en la provincia del XiangKiang, poblada mayoritariamente por Uigures, que profesan el Islam. Una República de India que haría lo propio tras los atentados en Nueva Delhi, 2005 y Bombay, 2006, por grupos extremistas y separatistas, recrudeciendo las diferencias religiosas que tensan la democracia más populosa del globo. Rusia enfrenta una situación similar en el Cáucaso, verdadero polvorín civilizatorio que anuncia la balcanización extrema. Las dos guerras de Chechenia y los atentados en Beslán, 2004 y Moscú, 2002 por militantes wahabitas recuerdan al Kremlin que no están exentos de las guerras no-trinitarias.

Este es el panorama global de hoy y nos suscribimos a las líneas de las tres visiones teóricas acá revisadas.

Conclusiones

El mundo cambió. Seguimos en la era nuclear pero su amenaza se ha disipado frente a técnicas rudimentarias. En los últimos años hemos presenciado un auge de actos terroristas inhumanos, de ejecuciones sumarias bajo métodos bárbaros propios de los tiempos oscuros, ataques suicidas aparentemente aislados. La nueva guerra está en el campo de batalla y en el espacio virtual. Conflictos que colman las fuentes de información y dejan perplejo a la comunidad. Las opiniones oscilan de un lado al otro buscando respuestas: desde las teorías sociológicas a las teorías psicoanalíticas, todas parecen fallar. Lo cierto es que una agenda cargada de nuevos conflictos que escribe un nuevo capítulo de la historia. Haciendo énfasis en este argumento podemos notar que la “pesadilla” del Apocalipsis nuclear – si bien sigue presente – se ha diseminado del imaginario de la comunidad de Estados, incluso podemos verlo en la literatura militar. Ahora las guerras no-trinitarias ocupan el centro de atención de nuestras sociedades.

Los escritos sobre las nuevas guerras, las guerras de Cuarta Generación, las guerras del tercer tipo, han esta presentes desde hace más de dos décadas. Centros especializados, Think Tanks, sectores de Defensa, centros de estudios políticos y estudios internacionales dedican tiempo, recursos e investigación. Una manantial de información que emana a diario. La revisión de un amplio material contentivo a la guerra de cuarta generación no finaliza con las referencias acá exploradas ni mucho menos establecen un concepto y significado definitivo, siendo de interés particular, que, es a partir de estas investigaciones que se han desarrollado los más diversos estudios y críticas en cuanto a los nuevos conflictos.

Debemos apuntar que las propuestas o visiones aquí subrayadas no ofrecen una precisión radicalmente novedosa de la guerra. Su valor no está allí. El aporte entonces, que quisimos recuperar es la proyección muy brillante de sus teorías a la luz de la complejidad de los conflictos armados del presente y futuro, que en medio de tiempos turbulentos proporciona indicadores útiles para discernir que conflicto armado estamos observando.

Por último debemos hacer énfasis que articular estas tres propuestas ofrece una visión amplia y balanceada de tres de los autores más estudiados en el tema de las nuevas guerras, y su recuperación tiene por finalidad ofrecer al lector una introducción contextual y teórica – critica para su estudio. Tres visiones articuladas y construidas considerando un mundo cambiante y radicalmente distinto al de Clausewitz, sin batallas decisivas y sin maniobras de sorpresa. Ahora la información, la propaganda y la cultura interactúan en un medio complejo, tecnológico y peligroso; donde los campos de batalla del mañana evocan tiempos remotos, entrelazándose con los dispositivos más avanzados en armas.

Notas

1 William, Lind, K. Nightengale, J. Schmitt, J. Sutton, & G. Wilson, The Changing Face of War: Into the Fourth Generation”, en Marine Corps Gazette, 1989.

2 Mary Kaldor, New and Old Wars. Organized Violence in a Global Era, Stanford University Press, 1999. [Hay Traducción al castellano: M. Kaldor, Las Nuevas Guerras, Barcelona: Tusquets, 2001]

3 Edward Rice, Wars of the Third Kind, Los Angeles: Berkeley, 1988.

4 En un apretado estado del arte que bien escapa del objetivo del presente artículo encontramos unos trabajos que merecen la atención del lector. En primer lugar, mencionamos a Alvin y Heidi Toffler, quienes en 1993, alertaran sobre el futuro de los conflictos armados en un texto muy revelador, Guerra y Anti-Guerra. El texto en cuestión es la concreción de las ideas expuestas una década antes en una obra magistralmente concebida, La Tercera Ola (1979); donde exponen que el progreso técnico – científico y social de la humanidad responde a un entrechocar de Olas. La primera Ola agraria que se inicio hace más de diez mil años; la segunda Ola industrial a partir del siglo XVIII; y la tercera Ola de la información iniciada a mediados de la década de los cincuenta, en los Estados Unidos. La tesis sedujo al sector militar estadounidense como bien el autor nos menciona con el pasaje del encuentro con Don Morelli y Don Starry. La idea de las Olas rompe el axioma tecnología – estrategia militar y va más allá abordando un espectro de posibilidades ofrecidas por el alud de la edad de la informática, la inteligencia artificial, la exploración espacial, la nanotecnología y la biotecnología.

A finales de 1993 John Arquilla y David Rondfeldt se inclinaron por un modelo de futuros conflictos dominado por las redes de comunicación denominando las nuevas guerras como Cyberwar. En un primer momento el informe de Arquilla y Rondfeldt se publicó en Comparative Strategy dándole todo el peso a las tecnologías de la información. En 1997, un trabajo más acabado al respecto y de los mismos autores, es In Athenas Camp. Preparing for conflict in the Information Age, advirtiendo, entre otras cosas, el advenimiento de la ciberguerras. En 2000, irían un paso más allá con un texto donde se suman elementos puntuales como terror(ismo), crimen organizado y activismo militante. Véase: Network and Netwars. Ese mismo año re-evaluaran la idea planteando una tesis de total espectro para la guerra de cuarta generación denominada enjambre. Un conflicto orientado de la baja a la alta intensidad, de las acciones cívicas a las operaciones militares en cuatro dimensiones, aire, espacio, mar y tierra. Cuatro modelos similares a los de Lind y compañía son planteados. El modelo del cuerpo a cuerpo, el modelo de la concentración, el modelo de la maniobra y el modelo del enjambre. Con estos ilustramos lo que es aún más amplia la bibliografía de este autor con respecto al tema. Se finaliza esta apretada nota con dos autores que merecen ser reseñados a los fines de nuestros propósitos. Se trata de Thomas X. Hammes y Mary Kaldor. El primero con el trabajo intitulado The evolution of War: The Fourth Generation (1994) publicado por Marine Corps Gazette, el cual será mejorado significativamente con el texto definitivo de 2004, The sling and the Stone: On war in the 21st Century. En líneas generales el autor no plantea un alejamiento de los cuadros generacionales de M. Lind o incluso R. Bunker, encontrando su verdadero aporte en la idea de lo determinante que son los factores sociopolíticos y económicos; en este sentido el autor le da mayor peso a la idea de la llave de judo mencionada por M. Lind donde el enemigo sin importar su poder militar puede colapsar desde la retaguardia civil, utilizando en su contra las ventajas que pueden significar las libertades políticas y aún democráticas. Por último, Mary Kaldor, quien en 2001 publicará su tesis denominada las Nuevas Guerras. Violencia organizada de la era global, analiza el contexto de las guerras de baja intensidad en el marco de la globalización actual, advierte el desuso de la idea trinitaria de la guerra y alerta sobre el solapamiento entre crimen organizado, terrorismo y violencia no - estatal.

5 John Keegan, A History of Warfare, New York: Alfred A. Knopf, 1993 [Hay traducción en castellano: J. Keegan, Historia de la Guerra, Madrid: Turner Publicaciones, 2004]., p. 3 [Cursivas nuestras]

6 Véase Carl Von Clausewitz, On War, Princeston, Howard & Paret, Eds., 1976 [Hay traducción al castellano: C. Von Clausewitz, De la Guerra, Madrid: Edición del Ministerio de la Defensa, 2001] Otro tratado al respecto y que recomendamos es la obra de Antoine H. de Jomini, Art of War, London: Greenhill Books, 1838. Ya en el siglo XX un texto que consideramos fundamental es el de Quincy Wright, Study of War, 2 Vol., Chicago: University Press, 1942.

7 Véase Margaret Mead, la guerra es solo una invención y no una necesidad biológica, en John Vásquez, Relaciones Internacionales. El pensamiento de los Clásicos, México: LIMUSA, 1994, pp. 265 – 269

8 La teoría psicoanalista se basa, entre otras cosas, en la relación existente entre las pulsiones de vida y muerte. Freud, en carta franca a Einstein, intitulada, El por qué de la guerra; explaya sucintamente su tesis. Otras tesis más recientes se han inclinado por la denominada biopolítica donde destacan los trabajos de Michael Hardt y Antonio Negri. Ambos autores proponen la guerra como un biopoder antitético a una biopolítica. Su tesis recorre la tradición de la guerra justa y su re-interpretación a la luz del rol de las grandes potencias y de la legitimación de un imperio mundial. Por otro lado, es sorprendente la similitud de la tesis del biopoder con la tesis de la Guerra Total de E. Von Ludendorff cuando los autores le adjudican a la guerra su propio orden político (su plan) apartándola de la política misma. Véase A. Negri & M. Hart, Multitude, New York: Penguin Press, 2004 [Hay traducción al castellano: M. Hardt y A. Negri, Multitud, Caracas: Debate, 2007]; en particular el capítulo 1.

9 Otros trabajos de W. Lind relacionados son: “A Brief Overview of Fourth Generation Warfare (1993); Defending Western Culture” (1991) y “Understanding Fourth Generation Warfare” (2004).

10 W. Lind, The Changing Face of War: Into the Fourth Generation en Marine Corps Gazette, Oct., 1989, pp. 10 – 26, p. 26

11 Colaboraron con el autor, Keith Nightengale, John Schmitt, Joseph Sutton y Gary Wilson.

12 W, Lind, “Understanding Fourth Generation War”, en Retrieved, Agosto, 2004, [En línea]: http://www.lewrockwell.com/lind/lind3b.html [Consulta: 23 de noviembre de 2016]

13 Robert Gilpin le considera la primera guerra de orden sistémico del mundo moderno – contemporáneo, ya que transformó el sistema separando la política doméstica de la política internacional. Para mayor detalle véase, R. Gilpin, War & Changes in World Politics, Cambridge: University Press, 1981.

14 Contextualizando esta generación, los aportes en la materia de pensadores, H. Grocio, E. de Vattel y S. Pufendorf, son fundamentales.

15 W. Lind, Op. Cit., 1989, p. 23 [Traducción nuestra]

16 W. Lind, Op. Cit., 2004, p. 3 [Traducción nuestra]

17 Idem.

18 Idem. [Tradución nuestra]

19 Idem. [Tradución nuestra]

20 W. Lind, Op. Cit., 1989, P. 23 [Tradución nuestra]

21 Ídem. [Tradución nuestra]

22 Ídem. [Tradución nuestra]

23 Ídem. [Tradución nuestra]

24 En 2015 hace honor a William Lind, con la obra A History of Strategy: From Sun Tzu to William Lind, Castalia, 2015.

25 Debemos advertir que existe un trabajo de M. Van Creveld al respecto, intitulado, “Fourth Generation Gap”, en Parameters, Winter, 1993 – 1994.

26 M. Van Creveld, Technology and War. From 2000BC to Present, New York: Free Press, 1989, p. 1[Tradución nuestra]

27 Ídem.

28 Ibídem., p. 28

29 Ibídem., pp. 81, 99[Traducción nuestra]

30 Ibídem., p. 87

31 Ibídem., p. 153 [Traducción nuestra] Sobre el rol de la guerra para la formación del Estado en este período recomendamos revisar un texto que bien sustenta esta tesis; se trata de Bruce Porter, War and the Rise of State, The Military Foundations of Modern Politics, New York: Free Press, 1994.

32 Ibídem., p. 236

33 Ibídem., p. 237 [Traducción nuestra]

34 Ibídem., p. 67 [Traducción y cursivas nuestras]

35 Ibídem., p. 71

36 Martin, Van Creveld, The Transformatíon of War, New York: Free Press, 1991, p. 27

37 Guerras Justas e Injustas, Barcelona: Paidós, 2001 [Primera Ed. 1977]

38 Guerras Justas, de Cicerón a Iraq, México D.F.: F.C.E., 2009

39 Martin, Van Creveld, Op. Cit., 1989, p. 137

40 Michael Lanning, Mercenaries, New York: Ballantine Books, 2005, p. 2 [Tradución nuestra]

41 Martin Van Creveld, Op. Cit., 1989., p. 139

42 Ibídem., p. 144[Traducción nuestra]

43 Ibídem., p 139 [Traducción nuestra]

44 Advertimos sobre la traducción literal que su significante se apega más a lo que es Innovación.

45 Martin Van Creveld, Op. Cit., 1989, p. 218 [Traducción nuestra]

46 Ibídem., p. 289

47 Ibídem., p. 311 infraestructura de la guerra: las tecnologías no consideradas como militares, tales caminos, transporte y otros medios de comunicaciones, han hecho tanto como las armas para dar forma a la cara de la guerra. Estas tecnologías constituyen, lo que hemos llamado la infraestructura de la guerra.” [Tradución nuestra]

48 Martin Van Creveld, Op. Cit., 1991, p. ix [Traducción nuestra]

49 Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, Israel, Pakistán e India. (Con posibilidades tangibles y no confirmado hasta ahora por medios oficiales: Irán)

50 B. Lidell Hart, Disuasión y Defensa, Buenos Aires: Pleamar, 1960, p. 77

51 Henry Kissinger, Nuclear Weapons and Foreign Policy, New York: Harper & Brothers, 1957, pp. 144 – 145

52 Desarrollada bajo la administración Truman, su propósito, entre otras cosas, era contener la amenaza soviética bajo la lógica geopolítica. Se apoyó en el arsenal nuclear y en lo estrictamente político compaginó un sistema de alianzas alrededor del globo: OTAN, SEATO, ANZUS Y CENTO. Era la pactomania de John Foster Dulles.

53 Desarrollada bajo la administración Eisenhower, su propósito era desalentar a la Unión Soviética ante cualquier acción armada. Se apoyaba en la búsqueda de la máxima disimetría.

54 Diseñada bajo la administración Kennedy su propósito era responder a los conflictos de naturaleza periférica y que requerían de una acción moderada, rápida y contundente. Su lógica respondía a la insurgencia del denominado tercer mundo. Vietnam sería el ejemplo práctico de esta doctrina por excelencia, y en ella resaltan como principales arquitectos los nombres de R. McNamara, M. Taylor y W. Westmoreland.

55 De ahora en adelante utilizaremos su abreviatura (LIC) estandarizada en los textos y ensayos especializados.

56 Martin Van Creveld, Op. Cit., 1991, pp. 20 – 21. Las excepciones al caso son la guerra de Corea y la guerra irano – iraquí.

57 Michael Klare, The New Interventionism: Low – intensity Warfare in the 1980s and Beyond, en M. Klare & P. Kornbluh [Eds.] Low Intensity Wafare, New York: Pantheon Books, 1988, p. 3 [Traducción nuestra] Como dato de interés la primera conferencia llevada a cabo para tratar el tema se celebró justamente hace 30 años; el 14 y 15 de enero de 1986. [Traducción nuestra]

58 Joint Low – Intensity Conflict Project Final Report, Vol. I, Analytical Review of Low – Intensity Conflict, and Vol. II: Low – Intensity Conflict, Issues and Recommendations, August, 1986. Citado en Michael Klare, Ibídem., p. 7 [Tradución nuestra]

59 Martin Van Creveld, Op. Cit., 1991, p. 20 [Tradución nuestra]

60 Friedrich Von der Hyedte, Der Moderne Kleinkrieg als Wehrpoliticsches und Militärisches Phänomen, 1972 [Hay traducción al castellano: F. Von der Heydte, La Guerra Irregular Moderna, Washington: Executive Intelligence Review, 1988], p. 3

61 Fernando Falcón, ¿Qué es el Terrorismo?, Caracas: Panapo, p. 9 Existe una vastísima gama de trabajos, artículos y obras que abordan al fenómeno del terrorismo. De momento se recomiendan en castellano: el trabajo de Fernando Falcón citado; Bruce Hoffman, Inside Terrorism. Londres: Victor Golancz, 1998 [Hay traducción al castellano]; Charles Towshend, Terrorismo. Madrid: Alianza Editorial, 2008; Michael Burleigh, Sangre y Rabia. Una historia cultural del terrorismo. México: Taurus, 2008; Caleb Carr, Lecciones del Terror. Barcelona. Ediciones B, 2002; Walter. Laqueur, La guerra sin fin. El terrorismo en el siglo XXI. Barcelona: Ediciones Destino, 2003; Loretta Napoleoni, Yihad. Barcelona: Ediciones Urano, 2004; y, de ella misma, su más reciente título: El Fénix islamista. Barcelona: Paidós, 2015.

62 Ibídem., p. 22

63 Caleb Carr, Lecciones del Terror, Barcelona: Ediciones B, 2002, p. 15

64 Martin Van Creveld, Op. Cit., 1991, p. 49 [Tradución nuestra]

65 Ibídem., p. 206

66 Ibídem., p. 64

67 Robert Kaplan, La anarquía que viene. La destrucción de los sueños de la posguerra fría. Barcelona: Ediciones B., 2000, pp. 60 – 61 [Cursivas nuestras]

68 Robert Bunker, “The transition To Fourth Epoch War”, en Marine Corps Gazette, 78, Sep, 1994, pp. 20 – 32, p. 22

69 Ibídem.

70 Arnold Toynbee, Estudio de la Historia, [Compendio de DC. Somerwell], Madrid: Alianza Editorial, 1981., p. 294

71 Robert Bunker, Op. Cit., p. 24 Podríamos agregar acá las acciones de Luis XIV sobre el Estado.

72 Ibídem.

73 Ibídem., p. 27

74 Ibídem., p. 29

75 Ídem.

76 Ídem.

77 Ídem.

78 Debe tomarse en cuenta que para este balance final solo se están tomando estrictamente en cuenta los trabajos acá citados, más en ningún momento aludimos a posiciones actuales de los autores y sus trabajos posteriores.

79 Richard Nixon, La Verdadera Guerra, la tercera guerra mundial ha comenzado…, México: Editorial Planeta, 1981, p. 123 [Cursivas nuestras]

80 Mark Bowden, Black Hawk Down. A Story of Modern War, New York: Penguin, 2000, p. 11

81 Robert, Kaplan, Gruñidos Imperiales, Barcelona: Ediciones B, 2007, p. 231

82 Casi una década antes, en 1983 Don Morelli, quien se reuniría con A. Toffler para abordar este tema, [véase nota de ampliación 4] advertiría que “los conflictos de baja intensidad no pueden ser ganados ni contenidos por el poder militar, sino que requiere de la aplicación sincronizada de todos los elementos del poder nacional en toda la gama de condiciones que son las fuentes de conflicto.” En M. Klare, Op. Cit., 1988, pp. 5 – 6 [Traducción nuestra]

83 Caspar Weinberger in Department of Defense Annual Report, Fiscal Year 1988 (Washington D.C., 1987), p. 57, en M. Klare, Op. Cit., 1988, p. 3 [Traducción nuestra]

84 Rosa María Pérez, Las prácticas de intervención humanitaria y el significado de la soberanía: Una lectura en el Marco del cuarto debate de las Relaciones Internacionales, en Politeia, No. 29. Caracas: Instituto de Estudios Políticos, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas-UCV, 2002, p. 2

Anexos


(*) Profesor de la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela. Licenciado en Historia, Doctor en Ciencias Políticas (Universidad Central de Venezuela), especialista en derecho y política internacional. E-mail: edgarucv@gmail.com

Fotografía: Guerra mundial contemporáneo una ilustración de las tropas canadienses en acción en Francia durante la batalla del Somme. Alamy Photo (tomada de la red).

Ilustración: Gunduz Agayev.

Fuente: Tiempo y Espacio, Caracas,  vol. 27, nr. 67 de junio de 2017:

http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-94962017000100012

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY