viernes, 24 de octubre de 2025
martes, 6 de mayo de 2025
El batazo de la suerte
ÉTICA Y BÉISBOL
Luis Barragán
Todos
foráneos, quienes habitamos el resto del mundo, presumimos que la agenda
interna de la presidencia de Estados Unidos prácticamente no existe. Al
ocupante de la Casa Blanca solamente lo ocupa algún reconocimiento nacional a
conceder, además del nombramiento de su gabinete sujeto a la revisión parlamentaria. Sin embargo, luce gigantesca la complejidad
de los asuntos que directa y simultáneamente le conciernen al interior y al
exterior de la superpotencia, la radical variedad de líderes que requieren de
su atención, la sensibilidad de los medios de comunicación realmente
independientes, la incansable contradicción de los intereses económicos de la
más diversa índole, el torrencial de demandas políticas que procesa el sistema
y, específicamente, el mismo presidente con las correspondientes tensiones, presiones
y pretensiones.
Ahora
bien, si comprendemos las extraordinarias dimensiones del béisbol organizado
con una rica y fortísima tradición histórica, no es de extrañar una entrevista
del poderoso comisionado de las llamadas Grandes Ligas, Rob Manfred, con Donald Trump, pues, éste tiene por delante
de su ventana en cada amanecer, a su propio país. Y es de conjeturar que hubo y
hay materias importantes que tratar, además del gesto cortés, aunque The Wall
Street Journal (05/05/25) incluyó el caso de Pete Rose, en la aludida
conversación, aunque Trump no tiene competencia alguna para resolver algo tan
inherente a toda una industria deportiva independiente y de sólidas bases
económicas.
Sabido,
al mayor hiteador en todo el historial de las mayores se le declaró inelegible
para el ambicionado Salón de la Fama, por el vicio persistente de apostar aún a
favor de su mismísimo equipo, por lo que no goza de tan exacto reconocimiento.
De modo que los familiares de la ya difunta superestrella, han diligenciado el
perdón a través de sus abogados, pidiendo levantar la sanción correspondiente y
que, no por casualidad, tratándose de un negocio si haber vamos, adquiere una
significación y un peso moral muy fuerte.
Ostenta
una impresionante relevancia, por una parte, la tenaz sobriedad con la que se
maneja la corporación deportiva, desligada las apuestas que, no pocas décadas
atrás, contaminó y amenazó seriamente con derrumbar las ligas. Debemos añadir
el extremo celo que demuestran en torno al ejercicio de la memoria, por lo que
el honor del Salón de la Fama no es nada baladí.
Valga
la digresión, y así le insistió el cronista sufragante en un corto video al
actor Franklin Virgüez, publicado por Instagram, por muy venezolano que sea,
Juan Vené no está de acuerdo con el nombre de Omar Vizquel, postura que ha de
respetarse. Admitamos, el gentilicio influye en nuestro ánimo, pero Vené arguye
un sentido de responsabilidad que admiramos, excepto alguien pruebe su mala fe.
Por
otra, hay una confiable regulación y distribución de poderes en el ámbito
privado, porque el comisionado Manfred puede levantar la sanción, pero ello no
garantiza el ingreso automático a Cooperstown, sujeto su nombre al Comité de Revisión
Histórica para su posterior nominación; y, en el ámbito público, porque el
presidente Trump sólo podría indultar a Rose post-mortem por los cargos de
evasión fiscal de 1990, carente de toda atribución para intervenir directamente
en la corporación. Ha de ser interesante para todo estudiante y curioso del
derecho, el seguimiento de la petición formulada por Jeffrey Lenkov, abogado
del beisbolista , ahora, de la familia Rose, formulada en enero del presente
año para la elegibilidad en cuestión; existen alegatos de interés, como el de
la proporcionalidad de la medida, la exaltación del legado frente a una sanción
cumplida y que, además, no se ha aplicado a otros jugadores que emplearon
esteroides, a modo de ilustración; o, en definitiva, el contraste con los
argumentos del abogado John Dowd, quien fue el investigador de Rose en su momento.
Además, el caso ejemplifica una efectiva y eficaz ética deportiva que alecciona al resto de la sociedad, por muy mercantil que se diga la actividad. En beneficio de la confianza, respeto y credibilidad que ha de generar el béisbol al recordar el caso de soborno de los jugadores de los Medias Blancas de Chicago de 1919 y las apuestas en la Serie Mundial de entonces, u otros momentos ingratos de un extenso historial.
Fotografía: Tomada de la red.
07/05/2025:
domingo, 22 de diciembre de 2024
Noticiero retrospectivo
- Marino González. "Margarita y la Zona Franca". El Universal, Caracas, 04/06/1966.
- Dossier: 1968, año axial. Últimas Noticias, 25/04/98. Suplemento Cultural.
- Cien años de béisbol en Venezuela. Últimas Noticias, 27/08/95.
- Augusto de Venanzi. "Ética, trabajo y productividad". El Nacional, Caracas, 24/04/84.
Reproducción:Luis Aparicio debuta profesionalmente con Gavilanes de Maracaibo, propiedad de su padre Luis Aparicio (1953). Fuente: Cuenta facebookeana del grupo Béisbol clásico.
lunes, 21 de octubre de 2024
(Auto)goles
(CONTRA)SENTIDO
Luis Barragán
Inevitable, el
discurso público es portador y referente de valores, o, mejor, antivalores. El
poder político efectivo juega con las multitudes para las multitudes,
reafirmándose como el único animador y articulador que golea a la fuerza a contrarios atados de mano..
Los partidos
del siglo XX, dígase lo que se diga, fueron escuela ética y agencias de
socialización política, incluyendo a las individualidades y tendencias más
idealistas, paradójicamente, cual moneda verdadera, frente a la grosera desviación
utilitaria, moneda falsa. Valga acotar, la descomposición experimentada que
finalmente dio paso al socialismo del siglo XXI, no fue distinta a la de las
organizaciones de la sociedad civil, léase asociación de vecinos, gremio profesional,
empresarial, laboral, o cualesquiera otras instancias que engreídamente supusieron
que estaban por encima de toda debacle democrática y, en última instancia,
económica como si jamás hubiésemos tenido un destino compartido.
¿Huelga insistir
en la recuperación y el sostenimiento de
las libertades públicas que tendrán como soporte también fundamental a los partidos,
al menos, hasta que se invente otra fórmula democrática y de convincente representación?;
¿por qué de la persistencia en destruir la institución e institucionalidad
partidista misma, so pretexto de la inconformidad, rechazo y animadversión que
algunos puedan ocasionar? Por supuesto que hay inconsecuencias, flaquezas y
debilidades, ¿pero tratamos de un fenómeno consustancial al partido político, u
otro harto generalizado que atañe a un proceso de disolución social
suficientemente advertido con antelación?; ¿es que, acaso, por sí mismas, las
redes digitales aportan los dirigentes real y literalmente políticos que
necesitamos para una tarea que supera con creces las artes de la mecanografía
interestelar y narcisista?
El país que
importa y comercializa cantidades monumentales de motocicletas, emplea los
espacios públicos como estacionamiento seguro y el más arbitrario
desplazamiento, convertidas prácticamente en la única fuente de empleo para
jóvenes sin mayores oportunidades que ni siquiera deben estudiar para obtener
la licencia, ¿no es un ejemplo? Perdida la noción de urbe, urbanismo y
urbanidad, predomina el contrasentido en las calles de un extraordinaria
conveniencia para el poder establecido, y ahora más que nunca resulta inexistente
la normativa de tránsito, abiertas las aceras y demás posibilidades peatonales,
como autopistas para los motorizados: esto, enfermizo y continuo en la
presente centuria, ¿no constituye una diaria escolarización del abuso e
impunidad?
Esporádicamente,
apreciamos algunos grupos de jóvenes escultistas recordando que muy antes
aportaban disciplina, habilidades, cohesión, y, en definitiva, valores como las
incontables organizaciones deportivas para niños y jóvenes de libre iniciativa,
aunque el leninismo de los años sesenta denostaba de los boys scouts por la colaboración ocasionalmente recibida de sectores
privados. La Iglesia Católica, al igual
que otras creencias organizadas, mantiene en pie distintas iniciativas que le
otorgan un sentido de vida a quien desea una alternativa diferente a la que
prevalece y profundiza la discursividad del poder.
Observemos, hay
escuela de delito, cuando la enseñanza es sistemática, profunda y consistente,
en atención a las exigencias propias de un oficio susceptible de perfeccionamiento
y, consabido, transnacionalización; tenemos la antiescuela, respecto al delito
irresponsable consigo mismo, espontáneo, perpetuamente desaprendido, supeditado
a una anomia constante y mutante, fundado en una circularidad viciosa. A este
par de herencias deberemos responder en un futuro próximo, en el que la
aspiración y búsqueda del poder legítimo ha de convertir a los partidos
democráticos igualmente en una experiencia de ética y pedagogía ciudadana,
sabiéndose servidores en lugar de servidos.
Partidos a contracorriente que le den sentido principalmente a las nuevas generaciones, abriéndole caminos al esfuerzo intergeneracional. El destino del país no debemos rifarlo en una mesa de juego repleta de apostadores, es el llamado vital.
22/10/2024:
jueves, 9 de mayo de 2024
Dilema
TENSIÓN ENTRE EL IDEAL, EL CONTEXTO Y EL PROBLEMA DEL "MAL MENOR" EN LA ACIÓN POLÍTICA
Rodrigo
Guerra López
Introducción
Uno
de los lugares comunes al momento de comenzar a explicar la historia del
pensamiento político consiste en afirmar que la reflexión antigua y medieval
sobre la política fue de índole principalmente religiosa y moral, mientras que
la innovación que acontece gracias a Nicolás Maquiavelo y su posteridad radica
en el descubrimiento reflexivo de la pragmática de la política, es decir, de
las leyes que gobiernan el uso del poder, independientemente de su dimensión
ética y teológica. Esta suerte de
simplificación tiene algún fundamento ya que es cierto que la literatura
antigua y medieval sobre la cosa pública gravita sobre un paradigma
principalmente teológico que relativiza a la comunidad política respecto de un
conjunto de absolutos que la sostienen y la legitiman. Así mismo, no es ningún secreto que la
modernidad precisamente emerge como búsqueda de emancipación respecto de
creencias religiosas o realidades metafísicas que, entre otras cosas, amparen
los fundamentos éticos de la vida personal y del Estado.
Sin
embargo, un examen más atento tanto de las teorías políticas modernas como de
las realizaciones fácticas del poder desde el siglo XVI nos permite apreciar
los límites de esta simplificación. Por una parte, existe una enorme deuda de
la filosofía política moderna con el pensamiento medieval cristiano. Imposible
entender el Estado, el liberalismo, los derechos subjetivos o la idea de
soberanía en la modernidad sin estudiar a Tomás de Aquino, a Escoto o a Ockham
(1). Por otra parte, la propia modernidad en la medida en que buscó lograr su
emancipación y autonomía, afirmó una peculiar ética y una peculiar teología, al
menos de modo implícito.
En
la modernidad se privatiza la fe, se justifica éticamente el liberalismo
individualista y se coloca a la Iglesia bajo el control del Estado. Todo este
desplazamiento temático posee una manera de entender los fundamentos de la vida
moral y el papel de la religión. Por ejemplo, Kant hablará de mantener a la
religión dentro de los límites de la razón (2). Por estos y otros argumentos,
somos de la opinión que toda la modernidad gravita sobre una gran hipótesis
ética y teológica y esto es verdadero aun cuando a algunos autores pueda
resultarles más o menos indigesto reconocer que el cogito cartesiano, la razón
pura del propio Kant, la teoría del poder de Maquiavelo, o la soberanía de
Hobbes –por ejemplo– poseen presupuestos teológicos y morales precisos (3).
1.
Toda decisión política posee una axiología implícita
La
teoría política y la acción derivada de ella no son ni axiológica ni
teológicamente neutras. Mucho menos ahora que en el momento posmoderno los
procesos de reencantamiento del mundo y el resurgimiento de sentimientos
morales diversos se encuentran tan a la orden (4).
En
particular, la acción política, más allá de trivializaciones y frivolidades, es
un lugar de verificación de la interrelación existente entre el ser humano y
sus referentes normativos. No quiero con esto insinuar que la acción política
“debe ser” así. Sino que, de hecho, por su índole ética (buscar el bien común)
y por su fuerza originaria (el poder) siempre es así: una síntesis única de
libertad y aspiración ideal, de autonomía y de referencia constitutiva a un
valor que me obliga, y como venimos insinuando, un momento vital en el que el
significado definitivo de la existencia se cruza con las decisiones más
contingentes y opinables, dotándoles de sentido y de una cierta iluminación y
tensión.
Esto
sucede tanto en la realización virtuosa de la actividad política como en los
momentos más deleznables de la misma. Aún en estos últimos, el ejercicio del
poder hará referencia a la elección tomada y al valor abandonado, la conciencia
se activará, aunque sea de modo deficiente, y dirá con su singular voz interior
que las cosas, tal vez, “debieron” haber sido de otro modo.
Estas
observaciones nos permiten advertir que la acción política, más allá de
teorías, es constitutivamente moral. Podríamos decir también que es
esencialmente teológica, pero por el momento, no avanzaremos por este
derrotero. En toda acción política, la persona se debate entre diversas
opciones, entre diversas maneras de resolver un mismo problema, entre valores
en conflicto: unos invitando a proseguir en cierta dirección y otros, en otra.
El
propio Nicolás Maquiavelo, en sus meditaciones sobre el poder, en más de una
ocasión se verá inmerso en la saludable tensión entre la conciencia y el poder.
¿Cómo debe de proceder el Príncipe? ¿Habrá que infundir respeto o temor? ¿Habrá
que atacar a todos los enemigos o solo a uno? ¿Será deseable pactar con quien no
piensa como nosotros o es preferible avanzar solamente con los afines? Estas y otras muchas cuestiones habitan desde
la antigüedad al interior del hombre que actúa en política. Por una parte,
aparece el deseo de lograr algo, un cierto bien que se estima provechoso para
la comunidad, y por otro lado se encuentran las exigencias del contexto, las
limitadas habilidades humanas para la resolución de problemas y las
mezquindades por todos conocidas.
Conforme
las sociedades se han vuelto más complejas, los escenarios sobre los que se
desempeña el político también adquieren un perfil más difícil de desentrañar.
Los fenómenos políticos suelen ser actualmente muy híbridos y multicausales: un
proceso electoral, el surgimiento de un movimiento popular, un cierto debate
legislativo. Normalmente tendemos a tratar de simplificarlos: buscar a un solo
culpable, buscar una idea que lo explique todo, reducimos lo diverso y lo
múltiple en una unidad que nos haga más amable la cuestión, aunque se pierdan
matices, y con ello realidad. Esta tendencia reduccionista es casi imposible de
evitar. Sin embargo, es preciso hacerle contra. El ceder a ella sin más, en
ocasiones nos lleva a juicios maximalistas: o blanco o negro. Y si nos
acostumbramos a este modo de pensar, nos puede colocar en visiones ideológicas
de la realidad que terminan por sustituirla o violentarla… Más aún, si nos
descuidamos, al final de la aventura nos encontraremos en “fuera de juego”, es
decir, fuera de la escena política en la que estábamos instalados.
2.
La acción política y la necesidad de tender puentes
La
maduración humana en la comprensión de la política, en buena medida consiste en
ir haciendo, poco a poco, matices. Ni todo es blanco ni todo es negro, aunque
sí hay blancos y negros. Madurar en política significa en muchas ocasiones
descubrir cómo en el escenario más complejo, con el adversario más abyecto, es
preciso recuperar en lo posible algo de la verdad, del bien y de la justicia
que el otro posee para tender un puente, para disminuir el encono, para
encontrar una solución políticamente viable y no solo deseable en términos
morales.
En
mi país, México, somos muy susceptibles de caer en ideologías reductivas. En
algunos sectores solemos tender a posturas maximalistas, basadas en el “todo o
nada”, sin mirar que en ocasiones estas posturas hacen inviable la realización,
aunque sea modesta, del bien al que aspiramos. Basta una cierta discrepancia,
detectar una diferencia de apreciación en el otro, para que la muy tenue unidad
lograda se debilite y en ocasiones se pierda.
Sin
embargo, en política, es preciso lograr cosas en la práctica, es preciso
construir puentes, se requiere sumar a los diversos. La acción política en muy
pocas ocasiones radica en vencer al oponente a partir de un juego de poder,
sino que en muchas ocasiones la circunstancia más bien nos invita a trabajar
junto con él, ya que pretender derrotarlo por completo, extinguirlo, anularlo,
es por demás una ingenuidad.
Pienso
en el trabajo legislativo en el que en muchas ocasiones el político humanista
se encuentra en minoría y es preciso tomar postura sobre un asunto delicado,
polémico, tal vez algo que entraña una aberración moral, jurídica o política
objetiva. El encontrarse en minoría le impide al político lograr el ideal al
que aspira. Alimentado por razones y pasiones cruza en su mente la posibilidad
de inmolarse: hay que dar la batalla por el ideal aun cuando en el intento se
pierda todo. El tono heroico del gesto a
implementar motiva, en ciertos escenarios, todavía aún más: “¡la causa lo
vale!”. Sin embargo, en algunas ocasiones, bajo esta óptica, se cancela la
posibilidad de atenuar el mal en algún grado. El juego de “todo o nada” nos
conduce, al ser minoría, precisamente a “nada”.
3.
El “mal menor”
Por
esto es importante que nos preguntemos ¿qué debe hacer un humanista en
escenarios políticos complejos? ¿es preciso anunciar la retirada o inmolarse
cuando no es viable el ideal que buscamos? ¿qué caminos tenemos como
alternativa si sabemos que el ideal no es políticamente viable?
Una
opción que rápidamente aparece en nuestra mente es optar por el “mal menor”. La
expresión “mal menor” se instala con facilidad en la argumentación política
como si de suyo estuviera legitimado o fuese evidente su significado y su
justificación ética. El argumento del “mal menor” más o menos emerge así:
existen dos escenarios. En uno se visualiza un posible grave daño al bien
común, a la justicia social, al reconocimiento pleno de derechos humanos
fundamentales o a la seguridad de la nación. En otro, se plantea que para
frustrar que suceda ese grave daño se pueden realizar acciones sustantivas que
evitarán que esto suceda aun cuando sea preciso transigir en algunos valores
fundamentales.
La
fuerza del argumento se suele obtener dramatizando las circunstancias, es
decir, describiendo con elocuencia que existe un imperativo moral en la
realización del mal menor para evitar el mal mayor. Uno está obligado a mirar
cómo se realiza un gran mal o a tratar de evitarlo optando por una acción mala
que como medio se procura.
Aunque
tal vez sea innecesario subrayarlo, nótese que el escenario del “mal menor” en
sentido estricto no radica en la disyuntiva entre “hacer deliberadamente un mal
mayor” o un “mal menor” sino entre “dejar que suceda un mal mayor” y un
esfuerzo voluntario por evitarlo basado en la implementación de un cierto “mal
menor”, que como medio, frustra al primero.
Otro
elemento que suele acompañar este planteamiento es la situación de la
conciencia la cual se encuentra marcada por una cierta perplejidad. Para decirlo en términos coloquiales, la conciencia se
ve inmersa en un callejón “sin salida”, o más precisamente, la conciencia posee
una “salida” incómoda, incomodísima, pero aparentemente necesaria, en la que no
es posible hacer el bien.
Imaginemos
una situación ficticia que peca de ser un tanto caricaturizada: existe un grave
conflicto entre dos naciones soberanas. Una amenaza invadir a la otra. Pero
existe una persona que posee información relevante que podría ser usada para
evitar la invasión. El país más débil tiene la oportunidad de capturar a esta
persona y extraer la información sólo a través de la tortura. De no hacerlo, el
país completo puede verse envuelto en una agresión que involucre control
político, pérdida de soberanía y posiblemente numerosas muertes. Así las cosas,
parece justificable el que se proceda a la captura y tortura del personaje en
cuestión, con el fin de evitar un desastre mayor.
Al
momento de discernir este proyecto de acción alguna persona podría llegar a
argumentar a favor de la misma haciendo una analogía: en la práctica médica,
particularmente cuando se requiere hacer una intervención quirúrgica, se daña
tejido sano para poder acceder al área enferma, por ejemplo, al tumor que se
pretende extraer. Esta acción es moral aún cuando se implemente como “medio” el
corte de tejidos y estructuras sanos pero que se requieren mutilar para
alcanzar el fin deseado y de esta manera, poner las condiciones objetivas para
la recuperación de la salud.
Vistas
así las cosas, pareciera que la doctrina del “mal menor” no es un ideal de
conducta pero es un recurso necesario bajo ciertas condiciones.
4.
La problemática del “mal menor”
Una
observación atenta a la doctrina del “mal menor”, sin embargo, revela su
debilidad y su eventual trampa.
En
primer lugar el saber que un eventual “mal mayor” va a ser cometido no nos
vuelve enteramente responsables de este, como si fuéramos los agentes que lo
causan en sentido propio. Por ello, la primera observación radica en reconocer
cabalmente que en la situación descrita el “mal mayor” tanto en su finalidad
como en sus medios conducentes no es deseado ni procurado por nosotros. Ahora
bien, en algunas ocasiones, nuestra omisión puede facilitar la realización del
mal mayor y por ello, es preciso buscar una forma inteligente de combatirlo o
al menos de mitigarlo, en algún grado.
En
segundo lugar, el “mal menor”, es decir, la utilización consciente y libre de
medios malos –como la tortura– para evitar un grave daño nos permite observar
que lo que se está realizando es un fin bueno a través de medios malos.
Cuando
un fin bueno se obtiene a través de medios malos la acción humana se corrompe e
ilegítima. Esto no sucede por una cierta convicción religiosa o por un cierto
moralismo cultural, sino porque de suyo la estructura metafísica de la acción
demanda que para contar con una acción buena sus causas originantes deben ser
también buenas. Tomás de Aquino solía decir a este respecto: bonum ex integra causa, malum ex quocumque
defectu, es decir, no hay una acción completamente buena si no concurren
todas las bondades, pues cualquier defecto
singular causa un mal. Una acción es buena moralmente hablando solo cuando
lo que se hace es bueno, la intención con la que se hace es buena y los medios
necesarios para llevarla a cabo también lo son; en cambio, basta la deficiencia
de una sola de las causas para volver mala a una acción (5). Y nadie está
obligado moralmente a obrar el mal. El mal moral no obliga.
Pero,
el ejemplo médico expuesto ¿no es acaso una excepción válida? Alguien puede
pensar que en ocasiones es preciso causar un cierto daño para evitar otro
mayor… En la analogía realizada a través
de un ejemplo de tipo quirúrgico es importante distinguir que los bienes en
juego no son bienes morales sino bienes físicos. Por ello, el mal causado por
el bisturí en la mano del cirujano es un mal físico, no un mal moral.
El
“mal físico” consiste en no gozar de un bien debido a nuestra condición
corpórea, por ejemplo, no contar con una pierna. El “mal moral” consiste en la
ausencia de perfección debida en la acción consciente y libre, por ejemplo, no cumplir
con una obligación moral. Optar por el “mal menor” cuando se trata de males
físicos es perfectamente legítimo. No así cuando uno encara que el valor en
juego es el bien moral.
La
tortura implica un daño en la integridad física, sin embargo, su naturaleza
profunda radica en procurar un dolor y un temor insoportable para quebrar la
voluntad libre. La acción de torturar consiste en maltratar el cuerpo, no como
un recurso terapéutico sino como medio para doblegar el espíritu. Se busca algo
de suyo malo moralmente: presionar al otro de tal manera que sin consentimiento
voluntario se logra un cierto resultado a través de la procuración deliberada,
querida, de dolor en el cuerpo. Insisto, lo que se hace no es solo obtener
información sino dañar a la persona, lastimar su dignidad. Por ello, ambos
casos, –el caso quirúrgico y el caso sobre tortura–, solo tienen una similitud
extrínseca.
El
“mal menor” entendido como un mal moral que se realiza de forma consciente y
libre ya sea como fin, ya sea como medio, es una acción siempre mala, no es
justificable de manera racional y solo se puede sostener censurando aspectos de
la realidad que se imponen como obligantes ante la razón práctica.
5.
Optar por el “bien posible”
Así
las cosas, actuar en función del “mal menor” solamente es posible cuando están
en juego “males físicos”, no “males morales”. ¿Qué nos queda al excluir actuar
por el “mal menor”? Nos queda un desafío grande a nuestra creatividad e
inventiva: optar por el bien posible.
La
noción de “bien posible” descansa en los siguientes presupuestos:
1) Por una parte, entender bien la norma
moral que funge como regla orientadora del ejercicio de la libertad.
2) Evitar auto-engañarnos sosteniendo de
modo tácito o implícito que el fin justifica los medios.
3) Afirmar el bien como fin y el bien en
los medios aun en medio de una situación política compleja.
4) Cobrar consciencia respecto de la
naturaleza y complejidad del contexto político para advertir el ámbito de
oportunidad que pueda existir para afirmar el bien, aunque sea de un modo
modesto.
5) Entender bien que el modo de
realización de la norma en la acción política concreta no brota de una
deducción silogística sino de un acto prudencial conforme al contexto y a las
estimaciones humanas que es posible hacer en el ámbito práctico.
6) Seguir nuestra conciencia recta, es
decir, no mentirnos a nosotros mismos.
Pensemos,
por ejemplo, en la discusión parlamentaria sobre una ley para regular la
reproducción humana asistida. En ocasiones, no tiene viabilidad política la
prohibición completa de la fecundación in vitro. Sin embargo, habiendo dejado clara la propia
postura en el debate público, es menester tratar de limitar lo más posible los
efectos dañinos de una norma que permite este tipo de técnica en la que en
muchas ocasiones se sacrifican embriones humanos o se colocan en
crioconservación. De este modo, el
político humanista busca el bien posible,
y estimando con prudencia la viabilidad política de su propia acción, construye
una iniciativa que reduzca el número de embriones o vota a favor de un proyecto
ya existente a este respecto, aun cuando lamentablemente la solución no sea la
ideal.
Cuando
la acción política versa sobre situaciones en las que se encuentran
comprometidos principios morales fundamentales, que no admiten excepciones, es
siempre importante a) describir e interpretar bien el escenario político; b)
estudiar bien la argumentación racional de la norma moral involucrada; c)
construir escenarios que indiquen diversos caminos de solución y luego,
después, de haber hecho esto, optar por el que parezca que de mejor manera
permite realizar el bien posible al interior del complejo contexto que se
enfrenta.
En
este último paso, es preciso atender con mucho cuidado tanto las exigencias del
bien como la posibilidad práctico-política de su realización. Fijarse
unilateralmente en las exigencias éticas descuidando la viabilidad política
suele tener como consecuencia el perder todo. Así mismo, centrar la mirada en
la viabilidad política descuidando las exigencias éticas del valor en cuestión,
deriva fácilmente en una postura utilitarista que subordina la norma moral a
los equilibrios de poder.
Descubrir
el camino hacia el bien posible implica creatividad y prudencia, discernimiento
dinámico en cada paso y realismo político. No es fácil proceder de este modo.
Sin embargo, es la única manera cómo eventualmente se abren puertas
insospechadas y se construyen soluciones orientadas hacia el bien común.
6.
Hacer el bien nunca es estéril
Al
meditar en estas cosas, recuerdo con gran afecto a Juan Pablo II. En su
enseñanza aparecen continuamente normas morales importantes: respetar siempre a
la persona como fin y nunca usarla como medio; ser todos corresponsables de
todos; gozar de la sexualidad en el marco del auténtico amor humano, fiel y responsable,
etc. Este Papa tan sensible a estos valores también era un hombre de acción,
que avanzaba lentamente, en ocasiones, posponiendo el intento de alcanzar un
éxito total en el corto plazo con tal de consolidar el camino, paso a paso,
hacia el futuro. Tanto en cuestiones intraeclesiásticas como en grandes
acciones concernientes al nuevo orden político internacional, Juan Pablo II fue
un gran maestro.
Al
inicio de su Encíclica Centesimus annus,
nos dice algo que tal vez puede inspirarnos precisamente en el tema que nos
ocupa:
De
tales cosas que, incorporándose a la Tradición, se hacen antiguas, ofreciendo
así ocasiones y material para enriquecimiento de la misma y de la vida de fe,
forma parte también la actividad fecunda de millones y millones de hombres,
quienes a impulsos del magisterio social se han esforzado por inspirarse en él
con miras al propio compromiso con el mundo. Actuando individualmente o bien
coordinados en grupos, asociaciones y organizaciones, ellos han constituido
como un gran movimiento para la defensa de la persona humana y para la tutela
de su dignidad, lo cual, en las alternantes vicisitudes de la historia, ha
contribuido a construir una sociedad más justa o, al menos, a poner barreras y
límites a la injusticia (6).
En
ocasiones la acción política humanista logra grandes triunfos al momento de
afirmar algún valor, algún bien que merece ser protegido o promovido. En otras
ocasiones, esto no es posible y, sin embargo, es preciso actuar para limitar el
mal. Estas acciones, aparentemente poco atractivas, son importantes ya que por
una parte evitan el mal o la injusticia que parece querer instalarse. Pero
además fortalecen el ethos
cualitativo de los pueblos que requiere de acciones buenas, aun cuando estas
sean modestas y no logren toda la eficacia política deseada. Hacer el bien
nunca es estéril. Existe una dimensión metafísica del bien que trasciende por
mucho los resultados prácticos y las consecuencias visibles. Por otra parte,
las eventuales derrotas al pretender realizarlo, nunca lo son del todo. El bien
afirmado con valor, a veces modestísimamente, derrota al mal a nivel
cualitativo, aun cuando cuantitativamente parezca lo contrario. El más pequeño
de los bienes realizado rectamente y con valor, tiene mayor consistencia y
belleza ontológica que sus antivalores. Parafraseando a un humanista cristiano
ejecutado en el año 1927, existe una democracia que no es de votos
cuantificables sino de acciones buenas heroicas. Esta democracia en la que la
propia vida se vuelve voto en muchas ocasiones no es apreciada ni valorada,
pero en el mediano y el largo plazo es la que salva a las naciones y les brinda
camino para un futuro con esperanza (7).
NOTAS:
1. (1) Cf. A. DE MURALT, La estructura de la
filosofía política moderna. Sus orígenes medievales en Escoto, Ockham y Suárez,
Ed. Istmo, Madrid 2002.
2. (2) Véase: I. KANT, La religión dentro de los
límites de la mera razón, Alianza, Madrid 1986.
3. (3) Cf. E. VOEGELIN, La nueva ciencia de la
política, Katz, Bs. As. 2006; J. MILBANK Teología y teoría social. Más allá de
la razón secular, Herder, Barcelona 2004.
4. (4) G. LIPOVETSKY, El crepúsculo del deber: la
ética indolora de los nuevos tiempos democráticos, Anagrama, Barcelona 2002.
5. (5) Cf. TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologiae, I-II,
q.18, a.4, ad 3.
6. (6) JUAN PABLO II, Centesimus annus, n. 3.
7. (7) Pensamos en ANACLETO GONZÁLEZ FLORES y su
obra El plebiscito de los mártires,
s.e., México 1930.
Fuente:https://revistasic.org/el-bien-posible/
Cfr. Actualidad Católica: https://www.youtube.com/watch?v=Za69tE2NKOU, https://apuntaje.blogspot.com/2024/04/el-bien-posible.html
Gráfica: Pieza de Walter de Marías.
domingo, 14 de abril de 2024
Noticiero retrospectivo
- Pablo Emilio Hurtado. "Los comunistas y la sociedad venezolana hacia 1936". Semestre histórico, Caracas, nrs. 4 y 5 de 07/75 al 06/77.
- Eduardo Machado. "50 años de acción y política". tribuna Popular, Caracas, 18/08/69.
- Carlos Croes entrevista a Luis Herrera Campíns. "La propiedad comunitaria vendrá voluntaria e involuntariamente". El Universal, Caracas, 30/04/78.
- Héctor Mujica y Jesús R. Zambrano. 34 años de Tribuna Popular. Tribuna Popular, 19/02/82.
Reproducción: Aporte de Jerjes Meléndez al grupo fabookeano Caracas en Retrospectiva. Comenta el aportante: " Esta foto para mi es todo un hallazgo... No había visto antes (en el sitio) alguna otra de la primera estatua del Mariscal Sucre que fuera erigida en la avenida San Martín, posteriormente cambiada por la que hoy está en la Plaza Sucre de Catia...". Vid. https://www.facebook.com/photo/?fbid=10220910081677387&set=gm.10157888627418544
martes, 7 de noviembre de 2023
Noticiero retrospectivo
- "Decreto del soberano Congreso Nacional. Aprobación de medidas de emergencia en el orden financiero y económico adoptadas por el Ejecutivo Nacional". El Universal, Caracas, 10/07/35.
- Domingo Alberto Rangel. "La devaluación colombiana sí nos afecta". Últimas Noticias, Caracas, 16/09/98.
- Eduardo Vásquez. "Ética contemporánea". Últimas Noticias, Caracas, 10/10/95
- Edith Hernández escribe sobre Lupita Ferrer, con fotografías de Molina y Blanco. Momento, Csracas, nr. 899 del 07/10/73.
Reproducción: Gabriela Bronfenmajer, sociólogo, para un reportaje de Adriana Carrasquel: "El divorcio en Venezuela". Momento, Caracas, nr. 386 del 08/12/1963.
Breve nota LB: En la década de los noventa del siglo veinte, nos encontramos algunos artículos de prensa y un texto de GB publicado por una universidad. Por vez primera la hallamos en la vieja prensa.
domingo, 13 de agosto de 2023
Noticiero retrospectivo
- Esteban Emilio Mosonyi. "La sociología frente a la crisis". El Nacional, 27/06/93.
- Dossier: Ética de la discusión. Últimas Noticias, Caracas, 23/10/94.
- Armando Sánchez Bueno. "El mítin del Poliedro". EL Nacional, 05/06/78.
- Dossier: Militares y democracia. Últimas Noticias, Caracas, 24/01 y 08/02/ 98.
Reproducción: Julio César Moreno, VI Asamblea Nacional de la JRC. Momento, Caracas, nr. 772 del 02/05/1971.
domingo, 2 de julio de 2023
Noticiero retrospectivo
- Rházes Herández López. "Sonido, hermano del alma: (Darius) Milhaud y (Tulio) Cremisini". El Nacional, 28/01/1979.
- Esteban Emilio Mosonyi. "La sociología frente a la crisis". El Nacional, 27/06/93.
- Dossier: Ética de la discusión. Últimas Noticias, Caracas, 23/10/94.
- Armando Sánchez Bueno. "El mítin del Poliedro". EL Nacional, 05/06/78.
Reproducción: Reconocido por su labor pedagógica con la "Medalla de Honor 27 de Junio", Miguel Acosta Saignes, ilustrado por Pardo. Signo, Caracas, nr. 1 del 05/07/1951.
domingo, 23 de octubre de 2022
La invención de Morel
REINVENCIÓN DE LA POLÍTICA
Luis Barragán
Demasiado
lejos estamos de pretender dar lecciones sobre un asunto tan complejo y, a la
vez, tan sencillo que, faltando poco,
está integrado a nuestra propia naturaleza humana. Concebir y hacer la
política, aunque se la niegue y combata (siendo el otro modo de concebirla y
hacerla, excepto que hablemos del extremo y asfixiante totalitarismo), requiere
obviamente de la comprensión, captación y voluntad del otro y de los otros,
pero igualmente de una profunda convicción personal que sólo la experiencia puede
perfeccionar.
Por supuesto, hay una técnica, un
tecnicismo y, hoy más que nunca, una tecnología para idear y realizar la
política, pero ninguna de estas facetas puede suplantarla como una radical
experiencia humana, con sus bondades y maldades. O mejor aún, con esa mezcla
inevitable del trigo y la cizaña que cuesta tanto separar, llenando de matices
nuestros actos.
Son varias las perspectivas y
expectativas para razonar e imaginar la política, realizándola: unas más
humanistas que otras, orientadas al bien común,
al mismo tiempo que para prefabricarla y delictuarla, como ha ocurrido
en el presente siglo venezolano dándole sustento e inspiración al Estado
Criminal. Por cierto, favorable al régimen, ha dado ocasión para una rivalidad
entre una dirigencia moralmente pura e impura que naturalmente apunta a una
determinada ética en curso, no otra que la de la molicie.
Es fácil expresarlo: hay que reinventar la política en Venezuela, pero cada vez es más difícil reivindicarla, argumentarla y hacerla, frente a un régimen que ha pasado de la anti-política a la no-política. No da tiempo para un prolongado y hondo ejercicio académico que diga de la complicada tarea de reivindicación, pero, apalancados por su humana sencillez, ha de significar el redescubrimiento de las instituciones y su valor, del compromiso político y su sentido vital, de los partidos y demás organizaciones de la sociedad civil y su naturaleza, de la opinión pública y su dinámica, aunque nos encontremos en la edad de piedra, pues, convengamos, hemos retrocedido casi inadvertidamente a la barbarie.
Con todos los aciertos y fallas,
tuvimos una larga tradición política que, a finales de la centuria pasada,
lanzó el magnífico reto de una renovación, además, esperada, con el doble
fenómeno de la descentralización y del multipartidismo. Esto que se ha dado en
llamar chavismo, faltando una denominación más acorde a una caracterización
histórica de largo plazo, nos retrotrajo a tiempos que creímos definitivamente
superados: tan recurrente la emergencia social, nos condujo a la catástrofe
humanitaria; fusionándose con él, ultrapartidizó al Estado; superando el ámbito
administrativo, pugna por corromper completamente a la sociedad; simulándola,
brega publicitariamente por una democracia que no es tal; y, además, libra una
guerra no convencional contra la población que huye o intenta huir
desesperadamente.
Fotografías: LB, tránsito nocturno por la avenida Universidad (Caracas, 20/10/2022).
23/10/2022 (versión breve):
https://www.lapatilla.com/2022/10/23/luis-barragan-reinvencion-de-la-politica/
sábado, 30 de julio de 2022
Acto subterráneo de rebelión
Luis Barragán
"Se trata, en primer
término,
de liberar la mirada del peso
enajenador de la costumbre y de
la
coacción abrumadora de lo
irremediable"
Fernando Savater (*)
Abordamos el
vagón que nos llevó al corazón de un antiguo sector popular del oeste caraqueño, confiados en un mayor
desahogo sabatino del siempre sospechoso sistema ferroviario. Sin duda, recorrer el sótano de la ciudad es tanto o más
peligroso que hacerlo por su superficie.
Ya en nada sorprende la indisciplina
cultivada de los usuarios del metro, desprovistos de tapabocas, cuando repunta
el virus, pero sí que haya lectores con una extraordinaria capacidad de
concentración entre los vaivenes de unos rieles muy antes confiables y que
hicieron confortables aquellos itinerarios limpios y refrigerados de antes. Sobre
todo, cuando una persona de avanzada edad es la que empuña un libro inusual de los pocos que se
ven por la calle.
Costó tomar la gráfica por el riesgo
de sacar el artefacto electrónico, esperar que el objetivo estuviese despejado,
e, incluso, evitar alguna equivocación, pues, pudiera ocurrírsele a alguien que
se trata de acosar a una muchacha vecina de buen vista. En todo caso, hicimos
nuestra pequeña acrobacia tan visible a punto de llegar a una estación en la
cual nos bajamos a último momento, preventivamente, para luego retomar el tren
en dirección al destino previsto.
Quizá por avezada lectora, acaso por
una repentina curiosidad, posiblemente por un acto de rebelión, la pasajera
estaba lucía enteramente cautivada por “Ética para Amador” de Fernando Savater
ante la absoluta indiferencia del vecindario. La oferta de caramelos de los
buhoneros de la patria bonita, por
momentos, estridentes e insoportables, se integraban sin problemas a la
atmósfera de tedio y resignación deambulante.
Intuirá y sabrá de la urgencia de
una ética para la reconstrucción de Venezuela, convicción que seguramente será
de ruptura para nuestra anónima lectora, no sólo con el entorno inmediato. En
una sociedad rentista, aunque sin renta, se ha hecho una novísima tradición la
de una continua descomposición de principios y valores, y al ladronísimo de
cuello blanco, poco le importa que sus hijos y nietos lo sepan, solo
interesándole que sigan sus pasos, disfruten también la fortuna y, no faltaba
más, sepan guardar las formas: por
ejemplo, bautizando a la prole, haciéndola
católica, protestante, o quién sabe qué afiliación mágico-religiosa que diga
darle una cierta prestancia y respetabilidad.
La ruptura de esa tradición y sus
equivalentes, constituye un acto heroico.
Y muy probablemente, nuestra ilustre viajera tiene muchas novedades que
reportarles a los hijos y nietos y, si no los tuviere, sobrinos y vecinos, sometidos
a una lógica ambiental de antivalores que dimanan del discurso sofocante del
poder establecido en lo que va de siglo.
La eficaz, inteligente y didáctica
escritura de Savater viaja soterradamente por una Venezuela que aspira a su
definitiva transformación social e histórica. Hay quienes la anuncian con la
riqueza de sus aparentes silencios, valientemente.
(*) “La tarea del héroe”, Ariel, Barcelona,
2009: 289.
01/08/2022:
domingo, 12 de junio de 2022
Caza de citas
"Diseñar una ética desde la cordura, desde el sentido de la justicia, prudente
y lúcido, desde la indeclinable aspiración a la libertad y desde la compasión es el verdadero camino del corazón humano"
Adela Cortina
("Ética cosmopolita. Una apuesta por la corduraen tiempos de pandemia", Paidós, Barcelona, 2021: 20)
Detalle del diseño: Isabel Basalo.
lunes, 6 de junio de 2022
Valores y disvalores
Luis Barragán
Desde
muy antes de declarada la pandemia, el régimen tendió a confinarnos en casa por
las deplorables condiciones económicas que impedían el uso regular del
transporte público y el propio desempeño de la burocracia estatal, por ejemplo,
forzando los días de asueto. Legitimando los propios actos de irresponsabilidad
del poder establecido, no fue posible que la opinión pública tratara del asunto,
censurada y bloqueada, impedida de valorar una situación sin precedentes.
El Estado proveerá, fue la consigna
implícita aún generalizada la convicción de una renta petrolera insuficiente
para cubrir las necesidades más elementales de una población a la que se le
destierra y expatria de una manera u otra, así permanezca en el territorio
nacional. Lo cierto es que hemos sido víctimas de un deliberado proceso de
desaprendizaje cívico que nos hace éticos e inmorales a la vez, morales pero
antiéticos, o todo lo contrario, siguiendo la conseja oficial; supeditados a
los propósitos volubles y utilitarios, circunstanciales y acomodaticios,
oportunistas y feroces de los prohombres del poder que no encuentran todavía
una respuesta contundente en la sociedad civil organizada y su expresión más especializada en el bien común: los partidos de la oposición, condición
ésta indispensable para definirlos como tales.
Precisamente, la cosmética
de la usurpación encubre la inexistencia práctica del principal partido de
gobierno que, al confundirse con el Estado, se ha convertido en una dependencia
más que deriva en una radical, extensa y bien presupuestada secta religiosa que
quema incienso en los altares de un culto a la personalidad, por mucho que le
mienta con desenfado y hasta sentido recreativo. El cultivo de una ética voltaria, móvil y
trepidantemente delictiva, es la que ha permitido mentir en torno a los servicios
de salud, agradecidos los contratistas que multiplicaron los módulos vacíos y
desequipados que tienen por prisioneros a los precarios médicos cubanos por lo
que pagamos directamente al Estado cubano; o idear términos como “tancol”,
poblando de eufemismos la cruda realidad de un territorio subastado entre las
fuerzas terroristas que tienen por único deber darle soporte armado a los miraflorinos,
cuando y como lo requieran.
Nuestra experiencia con el Covid-19,
ha sido la de la censura y persecución de galenos, pero también la de un
irrespeto a la convivencia, la indisciplina y la apuesta a los dados de la
vida misma, propensos a la depresión y el suicidio por motivos que van más allá
de la pandemia, incumplidos con el más elemental deber de usar el tapabocas en
un vecindario o en una unidad del transporte público. La tendencia no niega las
extraordinarias demostraciones de entereza y desprendimiento que permitieron
sobrevivir a muchos, pero las condiciones persisten, por una parte, desinformados,
frecuentemente desasistidos, encarecidas las consultas y equipos médicos,
crecientemente dolarizados los productos farmacéuticos, fortalecida la cultura
de la muerte; y, por otra, en contraste con latitudes ajenas, imposibilitados de evaluar
esa experiencia, faltando hasta los boletines epidemiológicos, que nos alejan
de esa ciudadanía social cosmopolita sobre la cual reflexionó Adela Cortina al transcurrir
la pandemia, por cierto, enlazando el populismo de Maduro Moros con el ibérico de
Podemos y Vox (“Ética cosmopolita”, 2021).
Una ética de la irresponsabilidad, fundada en
las emociones corrosivas, como la del socialismo del siglo XXI, orquestada por
distintos especialistas al compás de sendas campañas propagandísticas y
publicitarias, requiere para enfrentarla de una inicial, urgente y activa
reivindicación de la memoria gracias al testimonio heroico que hemos rendido en
más de veinte años de un combate cívico, pacífico, espontáneo y desarmado ante
el régimen. No es el de la enfermiza
reminiscencia de los viejos esplendores, convencidos que “la añoranza nacional,
en cambio, es una fatiga ética”, como sentenciara Elisa Lerner (“Carriel para
la fiesta”, 1997).
Fueron numerosos los médicos y
enfermeros, como estudiantes de ambas
disciplinas, los que voluntariamente se organizaron y conocieron con el emblema
de las cruces verdes, azules, naranjas o amarillas, al tomar la iniciativa de
riesgo en las masivas protestas de calle, socorriendo a los heridos y caídos en
medio de la peligrosa y desigual
refriega con los policías y militares represores, perdiendo la vida misma como
Paul Moreno, en 2017. Significa redescubrir el valor de la solidaridad real,
eficaz y activa, como ocurrió con las víctimas del deslave de Vargas en 1999,
que el propio Chávez Frías desconoció, desalentó y neutralizó al imponerse
captando y canalizando exclusivamente los enormes recursos provenientes del
exterior, temando por una rendición de cuenta los avisos pagados en la prensa
local.
Por supuesto, hay muchos y vigorosos
ejemplos de lucha que rescatar, añadidos los dirigentes sociales y partidistas
presos o fallecidos, activos dentro o fuera del país, que han tenido que soportar también el
prejuicio y estigma que el oficio gratuita e inmerecidamente suscita, entendida
la política como un antivalor, pasando por alto el déficit de conductores
políticos reales. Pocos se preguntan sobre la necesaria predisposición a actuar
con y por el bien, justa o injustamente, prudente e imprudentemente,
disciplinada o anárquicamente, desleal o deslealmente, honesta o
deshonestamente, esperando por un milagro de redención.
Padecer es un valor sublime y liberador del cristiano, observó Nicolai Hartmann (“Ética”, 2011), pero la usurpación agota todos esfuerzos para que se traduzca en una experiencia aniquiladora, tratando que los familiares abandonen al propio preso político, fatigados y desmoralizados por la incertidumbre del proceso judicial o el cambio arbitrario del sitio de reclusión. Toda ética de la irresponsabilidad, justifica la lejanía o desintegración de cualquier núcleo humano, y al beneficiario de una cuenta en algún paraíso fiscal, poco le importa la desmembración familiar, reduciendo a muy pocas y confiables personas los placeres que le toca – en justicia, asegurará – vivir.
El sistema dominante tiene un par de
disvalores que les son fundamentales, buscando desprestigiar el ahorro, de suyo
imposibilitado por la perpetua inflación
y los costos del mismo servicio bancario asediado por el Estado; además, inútil
sacrificio el de educarse para la realización personal, abiertos otros y muy
dudosos caminos para el ascenso social. En todo caso, nadie puede albergar
confiado un proyecto de vida, con metas claras y aún realistas, porque tampoco
habrá otros proyectos políticos e ideológicos que compitan con el que
hegemónicamente realizan desde el Estado, por muy simplista y maniqueo que
fuere, incompatible con todo esfuerzo y destreza de valoración y argumentación
que los actos de fuerza desconocen.
Fotografías: LB, Montalbán (Caracas, 03/06/2017).
07/06/2022:
https://www.elnacional.com/opinion/etica-de-la-irresponsabilidad/
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