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martes, 6 de mayo de 2025

El batazo de la suerte

ÉTICA Y BÉISBOL

Luis Barragán

Todos foráneos, quienes habitamos el resto del mundo, presumimos que la agenda interna de la presidencia de Estados Unidos prácticamente no existe. Al ocupante de la Casa Blanca solamente lo ocupa algún reconocimiento nacional a conceder, además del nombramiento de su gabinete sujeto a la revisión parlamentaria.  Sin embargo, luce gigantesca la complejidad de los asuntos que directa y simultáneamente le conciernen al interior y al exterior de la superpotencia, la radical variedad de líderes que requieren de su atención, la sensibilidad de los medios de comunicación realmente independientes, la incansable contradicción de los intereses económicos de la más diversa índole, el torrencial de demandas políticas que procesa el sistema y, específicamente, el mismo presidente con las correspondientes tensiones, presiones y pretensiones.

Ahora bien, si comprendemos las extraordinarias dimensiones del béisbol organizado con una rica y fortísima tradición histórica, no es de extrañar una entrevista del poderoso comisionado de las llamadas Grandes Ligas, Rob Manfred,  con Donald Trump, pues, éste tiene por delante de su ventana en cada amanecer, a su propio país. Y es de conjeturar que hubo y hay materias importantes que tratar, además del gesto cortés, aunque The Wall Street Journal (05/05/25) incluyó el caso de Pete Rose, en la aludida conversación, aunque Trump no tiene competencia alguna para resolver algo tan inherente a toda una industria deportiva independiente y de sólidas bases económicas.

Sabido, al mayor hiteador en todo el historial de las mayores se le declaró inelegible para el ambicionado Salón de la Fama, por el vicio persistente de apostar aún a favor de su mismísimo equipo, por lo que no goza de tan exacto reconocimiento. De modo que los familiares de la ya difunta superestrella, han diligenciado el perdón a través de sus abogados, pidiendo levantar la sanción correspondiente y que, no por casualidad, tratándose de un negocio si haber vamos, adquiere una significación y un peso moral muy fuerte.

Ostenta una impresionante relevancia, por una parte, la tenaz sobriedad con la que se maneja la corporación deportiva, desligada las apuestas que, no pocas décadas atrás, contaminó y amenazó seriamente con derrumbar las ligas. Debemos añadir el extremo celo que demuestran en torno al ejercicio de la memoria, por lo que el honor del Salón de la Fama no es nada baladí.

Valga la digresión, y así le insistió el cronista sufragante en un corto video al actor Franklin Virgüez, publicado por Instagram, por muy venezolano que sea, Juan Vené no está de acuerdo con el nombre de Omar Vizquel, postura que ha de respetarse. Admitamos, el gentilicio influye en nuestro ánimo, pero Vené arguye un sentido de responsabilidad que admiramos, excepto alguien pruebe su mala fe.

Por otra, hay una confiable regulación y distribución de poderes en el ámbito privado, porque el comisionado Manfred puede levantar la sanción, pero ello no garantiza el ingreso automático a Cooperstown, sujeto su nombre al Comité de Revisión Histórica para su posterior nominación; y, en el ámbito público, porque el presidente Trump sólo podría indultar a Rose post-mortem por los cargos de evasión fiscal de 1990, carente de toda atribución para intervenir directamente en la corporación. Ha de ser interesante para todo estudiante y curioso del derecho, el seguimiento de la petición formulada por Jeffrey Lenkov, abogado del beisbolista , ahora, de la familia Rose, formulada en enero del presente año para la elegibilidad en cuestión; existen alegatos de interés, como el de la proporcionalidad de la medida, la exaltación del legado frente a una sanción cumplida y que, además, no se ha aplicado a otros jugadores que emplearon esteroides, a modo de ilustración; o, en definitiva, el contraste con los argumentos del abogado John Dowd, quien fue el investigador de Rose en su momento.

Además, el caso ejemplifica una efectiva y eficaz ética deportiva que alecciona al resto de la sociedad, por muy mercantil que se diga la actividad. En beneficio de la confianza, respeto y credibilidad que ha de generar el béisbol al recordar el caso de soborno de los jugadores de los Medias Blancas de Chicago de 1919 y las apuestas en la Serie Mundial de entonces, u otros momentos ingratos de un extenso historial. 

Fotografía: Tomada de la red. 

07/05/2025:

https://guayoyoenletras.net/2025/05/07/etica-y-beisbol/

domingo, 22 de diciembre de 2024

Noticiero retrospectivo




-   Dossier: Dos caras del 23 de enero de 1958.  Últimas Noticias, Caracas, 28/01 y 18/02/2001. Suplemento Cultural. 

-    Marino González. "Margarita y la Zona Franca". El Universal, Caracas, 04/06/1966.

-    Dossier: 1968, año axial. Últimas Noticias, 25/04/98. Suplemento Cultural. 

-    Cien años de béisbol en Venezuela. Últimas Noticias, 27/08/95. 

-    Augusto de Venanzi. "Ética, trabajo y productividad". El Nacional, Caracas, 24/04/84. 

Reproducción:Luis Aparicio debuta profesionalmente con Gavilanes de Maracaibo, propiedad de su padre Luis Aparicio (1953). Fuente: Cuenta facebookeana del grupo Béisbol clásico. 

lunes, 21 de octubre de 2024

(Auto)goles

(CONTRA)SENTIDO

Luis Barragán

Inevitable, el discurso público es portador y referente de valores, o, mejor, antivalores. El poder político efectivo juega con las multitudes para las multitudes, reafirmándose como el único animador y articulador que golea a la fuerza a contrarios atados de mano..

Los partidos del siglo XX, dígase lo que se diga, fueron escuela ética y agencias de socialización política, incluyendo a las individualidades y tendencias más idealistas, paradójicamente, cual moneda verdadera, frente a la grosera desviación utilitaria, moneda falsa. Valga acotar, la descomposición experimentada que finalmente dio paso al socialismo del siglo XXI, no fue distinta a la de las organizaciones de la sociedad civil, léase asociación de vecinos, gremio profesional, empresarial, laboral, o cualesquiera otras instancias que engreídamente supusieron que estaban por encima de toda debacle democrática y, en última instancia, económica como si jamás hubiésemos tenido un destino compartido.

¿Huelga insistir en  la recuperación y el sostenimiento de las libertades públicas que  tendrán como soporte también fundamental a los partidos, al menos, hasta que se invente otra fórmula democrática y de convincente representación?; ¿por qué de la persistencia en destruir la institución e institucionalidad partidista misma, so pretexto de la inconformidad, rechazo y animadversión que algunos puedan ocasionar? Por supuesto que hay inconsecuencias, flaquezas y debilidades, ¿pero tratamos de un fenómeno consustancial al partido político, u otro harto generalizado que atañe a un proceso de disolución social suficientemente advertido con antelación?; ¿es que, acaso, por sí mismas, las redes digitales aportan los dirigentes real y literalmente políticos que necesitamos para una tarea que supera con creces las artes de la mecanografía interestelar y narcisista?

El país que importa y comercializa cantidades monumentales de motocicletas, emplea los espacios públicos como estacionamiento seguro y el más arbitrario desplazamiento, convertidas prácticamente en la única fuente de empleo para jóvenes sin mayores oportunidades que ni siquiera deben estudiar para obtener la licencia, ¿no es un ejemplo? Perdida la noción de urbe, urbanismo y urbanidad, predomina el contrasentido en las calles de un extraordinaria conveniencia para el poder establecido, y ahora más que nunca resulta inexistente la normativa de tránsito, abiertas las aceras y demás posibilidades peatonales, como autopistas para los motorizados: esto, enfermizo y continuo en la presente centuria, ¿no constituye una diaria escolarización del abuso e impunidad?

Esporádicamente, apreciamos algunos grupos de jóvenes escultistas recordando que muy antes aportaban disciplina, habilidades, cohesión, y, en definitiva, valores como las incontables organizaciones deportivas para niños y jóvenes de libre iniciativa, aunque el leninismo de los años sesenta denostaba de los boys scouts por la colaboración ocasionalmente recibida de sectores privados.  La Iglesia Católica, al igual que otras creencias organizadas, mantiene en pie distintas iniciativas que le otorgan un sentido de vida a quien desea una alternativa diferente a la que prevalece y profundiza la discursividad del poder.

Observemos, hay escuela de delito, cuando la enseñanza es sistemática, profunda y consistente, en atención a las exigencias propias de un oficio susceptible de perfeccionamiento y, consabido, transnacionalización; tenemos la antiescuela, respecto al delito irresponsable consigo mismo, espontáneo, perpetuamente desaprendido, supeditado a una anomia constante y mutante, fundado en una circularidad viciosa. A este par de herencias deberemos responder en un futuro próximo, en el que la aspiración y búsqueda del poder legítimo ha de convertir a los partidos democráticos igualmente en una experiencia de ética y pedagogía ciudadana, sabiéndose servidores en lugar de servidos.   

Partidos a contracorriente que le den sentido principalmente a las nuevas generaciones, abriéndole caminos al esfuerzo intergeneracional. El destino del país no debemos rifarlo en una mesa de juego repleta de apostadores, es el llamado vital.

22/10/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/contrasentido/

jueves, 9 de mayo de 2024

Dilema

TENSIÓN ENTRE EL IDEAL, EL CONTEXTO Y EL PROBLEMA DEL "MAL MENOR" EN LA ACIÓN POLÍTICA

Rodrigo Guerra López 

Introducción

Uno de los lugares comunes al momento de comenzar a explicar la historia del pensamiento político consiste en afirmar que la reflexión antigua y medieval sobre la política fue de índole principalmente religiosa y moral, mientras que la innovación que acontece gracias a Nicolás Maquiavelo y su posteridad radica en el descubrimiento reflexivo de la pragmática de la política, es decir, de las leyes que gobiernan el uso del poder, independientemente de su dimensión ética y teológica.  Esta suerte de simplificación tiene algún fundamento ya que es cierto que la literatura antigua y medieval sobre la cosa pública gravita sobre un paradigma principalmente teológico que relativiza a la comunidad política respecto de un conjunto de absolutos que la sostienen y la legitiman.  Así mismo, no es ningún secreto que la modernidad precisamente emerge como búsqueda de emancipación respecto de creencias religiosas o realidades metafísicas que, entre otras cosas, amparen los fundamentos éticos de la vida personal y del Estado.

Sin embargo, un examen más atento tanto de las teorías políticas modernas como de las realizaciones fácticas del poder desde el siglo XVI nos permite apreciar los límites de esta simplificación. Por una parte, existe una enorme deuda de la filosofía política moderna con el pensamiento medieval cristiano. Imposible entender el Estado, el liberalismo, los derechos subjetivos o la idea de soberanía en la modernidad sin estudiar a Tomás de Aquino, a Escoto o a Ockham (1). Por otra parte, la propia modernidad en la medida en que buscó lograr su emancipación y autonomía, afirmó una peculiar ética y una peculiar teología, al menos de modo implícito.

En la modernidad se privatiza la fe, se justifica éticamente el liberalismo individualista y se coloca a la Iglesia bajo el control del Estado. Todo este desplazamiento temático posee una manera de entender los fundamentos de la vida moral y el papel de la religión. Por ejemplo, Kant hablará de mantener a la religión dentro de los límites de la razón (2). Por estos y otros argumentos, somos de la opinión que toda la modernidad gravita sobre una gran hipótesis ética y teológica y esto es verdadero aun cuando a algunos autores pueda resultarles más o menos indigesto reconocer que el cogito cartesiano, la razón pura del propio Kant, la teoría del poder de Maquiavelo, o la soberanía de Hobbes –por ejemplo– poseen presupuestos teológicos y morales precisos (3).

1. Toda decisión política posee una axiología implícita

La teoría política y la acción derivada de ella no son ni axiológica ni teológicamente neutras. Mucho menos ahora que en el momento posmoderno los procesos de reencantamiento del mundo y el resurgimiento de sentimientos morales diversos se encuentran tan a la orden (4).

En particular, la acción política, más allá de trivializaciones y frivolidades, es un lugar de verificación de la interrelación existente entre el ser humano y sus referentes normativos. No quiero con esto insinuar que la acción política “debe ser” así. Sino que, de hecho, por su índole ética (buscar el bien común) y por su fuerza originaria (el poder) siempre es así: una síntesis única de libertad y aspiración ideal, de autonomía y de referencia constitutiva a un valor que me obliga, y como venimos insinuando, un momento vital en el que el significado definitivo de la existencia se cruza con las decisiones más contingentes y opinables, dotándoles de sentido y de una cierta iluminación y tensión.

Esto sucede tanto en la realización virtuosa de la actividad política como en los momentos más deleznables de la misma. Aún en estos últimos, el ejercicio del poder hará referencia a la elección tomada y al valor abandonado, la conciencia se activará, aunque sea de modo deficiente, y dirá con su singular voz interior que las cosas, tal vez, “debieron” haber sido de otro modo.

Estas observaciones nos permiten advertir que la acción política, más allá de teorías, es constitutivamente moral. Podríamos decir también que es esencialmente teológica, pero por el momento, no avanzaremos por este derrotero. En toda acción política, la persona se debate entre diversas opciones, entre diversas maneras de resolver un mismo problema, entre valores en conflicto: unos invitando a proseguir en cierta dirección y otros, en otra.

El propio Nicolás Maquiavelo, en sus meditaciones sobre el poder, en más de una ocasión se verá inmerso en la saludable tensión entre la conciencia y el poder. ¿Cómo debe de proceder el Príncipe? ¿Habrá que infundir respeto o temor? ¿Habrá que atacar a todos los enemigos o solo a uno? ¿Será deseable pactar con quien no piensa como nosotros o es preferible avanzar solamente con los afines?  Estas y otras muchas cuestiones habitan desde la antigüedad al interior del hombre que actúa en política. Por una parte, aparece el deseo de lograr algo, un cierto bien que se estima provechoso para la comunidad, y por otro lado se encuentran las exigencias del contexto, las limitadas habilidades humanas para la resolución de problemas y las mezquindades por todos conocidas.

Conforme las sociedades se han vuelto más complejas, los escenarios sobre los que se desempeña el político también adquieren un perfil más difícil de desentrañar. Los fenómenos políticos suelen ser actualmente muy híbridos y multicausales: un proceso electoral, el surgimiento de un movimiento popular, un cierto debate legislativo. Normalmente tendemos a tratar de simplificarlos: buscar a un solo culpable, buscar una idea que lo explique todo, reducimos lo diverso y lo múltiple en una unidad que nos haga más amable la cuestión, aunque se pierdan matices, y con ello realidad. Esta tendencia reduccionista es casi imposible de evitar. Sin embargo, es preciso hacerle contra. El ceder a ella sin más, en ocasiones nos lleva a juicios maximalistas: o blanco o negro. Y si nos acostumbramos a este modo de pensar, nos puede colocar en visiones ideológicas de la realidad que terminan por sustituirla o violentarla… Más aún, si nos descuidamos, al final de la aventura nos encontraremos en “fuera de juego”, es decir, fuera de la escena política en la que estábamos instalados.

2. La acción política y la necesidad de tender puentes

La maduración humana en la comprensión de la política, en buena medida consiste en ir haciendo, poco a poco, matices. Ni todo es blanco ni todo es negro, aunque sí hay blancos y negros. Madurar en política significa en muchas ocasiones descubrir cómo en el escenario más complejo, con el adversario más abyecto, es preciso recuperar en lo posible algo de la verdad, del bien y de la justicia que el otro posee para tender un puente, para disminuir el encono, para encontrar una solución políticamente viable y no solo deseable en términos morales.

En mi país, México, somos muy susceptibles de caer en ideologías reductivas. En algunos sectores solemos tender a posturas maximalistas, basadas en el “todo o nada”, sin mirar que en ocasiones estas posturas hacen inviable la realización, aunque sea modesta, del bien al que aspiramos. Basta una cierta discrepancia, detectar una diferencia de apreciación en el otro, para que la muy tenue unidad lograda se debilite y en ocasiones se pierda.

Sin embargo, en política, es preciso lograr cosas en la práctica, es preciso construir puentes, se requiere sumar a los diversos. La acción política en muy pocas ocasiones radica en vencer al oponente a partir de un juego de poder, sino que en muchas ocasiones la circunstancia más bien nos invita a trabajar junto con él, ya que pretender derrotarlo por completo, extinguirlo, anularlo, es por demás una ingenuidad.

Pienso en el trabajo legislativo en el que en muchas ocasiones el político humanista se encuentra en minoría y es preciso tomar postura sobre un asunto delicado, polémico, tal vez algo que entraña una aberración moral, jurídica o política objetiva. El encontrarse en minoría le impide al político lograr el ideal al que aspira. Alimentado por razones y pasiones cruza en su mente la posibilidad de inmolarse: hay que dar la batalla por el ideal aun cuando en el intento se pierda todo.  El tono heroico del gesto a implementar motiva, en ciertos escenarios, todavía aún más: “¡la causa lo vale!”. Sin embargo, en algunas ocasiones, bajo esta óptica, se cancela la posibilidad de atenuar el mal en algún grado. El juego de “todo o nada” nos conduce, al ser minoría, precisamente a “nada”.

3. El “mal menor”

Por esto es importante que nos preguntemos ¿qué debe hacer un humanista en escenarios políticos complejos? ¿es preciso anunciar la retirada o inmolarse cuando no es viable el ideal que buscamos? ¿qué caminos tenemos como alternativa si sabemos que el ideal no es políticamente viable?

Una opción que rápidamente aparece en nuestra mente es optar por el “mal menor”. La expresión “mal menor” se instala con facilidad en la argumentación política como si de suyo estuviera legitimado o fuese evidente su significado y su justificación ética. El argumento del “mal menor” más o menos emerge así: existen dos escenarios. En uno se visualiza un posible grave daño al bien común, a la justicia social, al reconocimiento pleno de derechos humanos fundamentales o a la seguridad de la nación. En otro, se plantea que para frustrar que suceda ese grave daño se pueden realizar acciones sustantivas que evitarán que esto suceda aun cuando sea preciso transigir en algunos valores fundamentales.

La fuerza del argumento se suele obtener dramatizando las circunstancias, es decir, describiendo con elocuencia que existe un imperativo moral en la realización del mal menor para evitar el mal mayor. Uno está obligado a mirar cómo se realiza un gran mal o a tratar de evitarlo optando por una acción mala que como medio se procura.

Aunque tal vez sea innecesario subrayarlo, nótese que el escenario del “mal menor” en sentido estricto no radica en la disyuntiva entre “hacer deliberadamente un mal mayor” o un “mal menor” sino entre “dejar que suceda un mal mayor” y un esfuerzo voluntario por evitarlo basado en la implementación de un cierto “mal menor”, que como medio, frustra al primero.

Otro elemento que suele acompañar este planteamiento es la situación de la conciencia la cual se encuentra marcada por una cierta perplejidad. Para decirlo en términos coloquiales, la conciencia se ve inmersa en un callejón “sin salida”, o más precisamente, la conciencia posee una “salida” incómoda, incomodísima, pero aparentemente necesaria, en la que no es posible hacer el bien.

Imaginemos una situación ficticia que peca de ser un tanto caricaturizada: existe un grave conflicto entre dos naciones soberanas. Una amenaza invadir a la otra. Pero existe una persona que posee información relevante que podría ser usada para evitar la invasión. El país más débil tiene la oportunidad de capturar a esta persona y extraer la información sólo a través de la tortura. De no hacerlo, el país completo puede verse envuelto en una agresión que involucre control político, pérdida de soberanía y posiblemente numerosas muertes. Así las cosas, parece justificable el que se proceda a la captura y tortura del personaje en cuestión, con el fin de evitar un desastre mayor.

Al momento de discernir este proyecto de acción alguna persona podría llegar a argumentar a favor de la misma haciendo una analogía: en la práctica médica, particularmente cuando se requiere hacer una intervención quirúrgica, se daña tejido sano para poder acceder al área enferma, por ejemplo, al tumor que se pretende extraer. Esta acción es moral aún cuando se implemente como “medio” el corte de tejidos y estructuras sanos pero que se requieren mutilar para alcanzar el fin deseado y de esta manera, poner las condiciones objetivas para la recuperación de la salud.

Vistas así las cosas, pareciera que la doctrina del “mal menor” no es un ideal de conducta pero es un recurso necesario bajo ciertas condiciones.

4. La problemática del “mal menor”

Una observación atenta a la doctrina del “mal menor”, sin embargo, revela su debilidad y su eventual trampa.

En primer lugar el saber que un eventual “mal mayor” va a ser cometido no nos vuelve enteramente responsables de este, como si fuéramos los agentes que lo causan en sentido propio. Por ello, la primera observación radica en reconocer cabalmente que en la situación descrita el “mal mayor” tanto en su finalidad como en sus medios conducentes no es deseado ni procurado por nosotros. Ahora bien, en algunas ocasiones, nuestra omisión puede facilitar la realización del mal mayor y por ello, es preciso buscar una forma inteligente de combatirlo o al menos de mitigarlo, en algún grado.

En segundo lugar, el “mal menor”, es decir, la utilización consciente y libre de medios malos –como la tortura– para evitar un grave daño nos permite observar que lo que se está realizando es un fin bueno a través de medios malos.

Cuando un fin bueno se obtiene a través de medios malos la acción humana se corrompe e ilegítima. Esto no sucede por una cierta convicción religiosa o por un cierto moralismo cultural, sino porque de suyo la estructura metafísica de la acción demanda que para contar con una acción buena sus causas originantes deben ser también buenas. Tomás de Aquino solía decir a este respecto: bonum ex integra causa, malum ex quocumque defectu, es decir, no hay una acción completamente buena si no concurren todas las bondades, pues cualquier defecto singular causa un mal. Una acción es buena moralmente hablando solo cuando lo que se hace es bueno, la intención con la que se hace es buena y los medios necesarios para llevarla a cabo también lo son; en cambio, basta la deficiencia de una sola de las causas para volver mala a una acción (5). Y nadie está obligado moralmente a obrar el mal. El mal moral no obliga.

Pero, el ejemplo médico expuesto ¿no es acaso una excepción válida? Alguien puede pensar que en ocasiones es preciso causar un cierto daño para evitar otro mayor…  En la analogía realizada a través de un ejemplo de tipo quirúrgico es importante distinguir que los bienes en juego no son bienes morales sino bienes físicos. Por ello, el mal causado por el bisturí en la mano del cirujano es un mal físico, no un mal moral.

El “mal físico” consiste en no gozar de un bien debido a nuestra condición corpórea, por ejemplo, no contar con una pierna. El “mal moral” consiste en la ausencia de perfección debida en la acción consciente y libre, por ejemplo, no cumplir con una obligación moral. Optar por el “mal menor” cuando se trata de males físicos es perfectamente legítimo. No así cuando uno encara que el valor en juego es el bien moral.

La tortura implica un daño en la integridad física, sin embargo, su naturaleza profunda radica en procurar un dolor y un temor insoportable para quebrar la voluntad libre. La acción de torturar consiste en maltratar el cuerpo, no como un recurso terapéutico sino como medio para doblegar el espíritu. Se busca algo de suyo malo moralmente: presionar al otro de tal manera que sin consentimiento voluntario se logra un cierto resultado a través de la procuración deliberada, querida, de dolor en el cuerpo. Insisto, lo que se hace no es solo obtener información sino dañar a la persona, lastimar su dignidad. Por ello, ambos casos, –el caso quirúrgico y el caso sobre tortura–, solo tienen una similitud extrínseca.

El “mal menor” entendido como un mal moral que se realiza de forma consciente y libre ya sea como fin, ya sea como medio, es una acción siempre mala, no es justificable de manera racional y solo se puede sostener censurando aspectos de la realidad que se imponen como obligantes ante la razón práctica.

5. Optar por el “bien posible”

Así las cosas, actuar en función del “mal menor” solamente es posible cuando están en juego “males físicos”, no “males morales”. ¿Qué nos queda al excluir actuar por el “mal menor”? Nos queda un desafío grande a nuestra creatividad e inventiva: optar por el bien posible.

La noción de “bien posible” descansa en los siguientes presupuestos:

1)         Por una parte, entender bien la norma moral que funge como regla orientadora del ejercicio de la libertad.

2)         Evitar auto-engañarnos sosteniendo de modo tácito o implícito que el fin justifica los medios.

3)         Afirmar el bien como fin y el bien en los medios aun en medio de una situación política compleja.

4)         Cobrar consciencia respecto de la naturaleza y complejidad del contexto político para advertir el ámbito de oportunidad que pueda existir para afirmar el bien, aunque sea de un modo modesto.

5)         Entender bien que el modo de realización de la norma en la acción política concreta no brota de una deducción silogística sino de un acto prudencial conforme al contexto y a las estimaciones humanas que es posible hacer en el ámbito práctico.

6)         Seguir nuestra conciencia recta, es decir, no mentirnos a nosotros mismos.

Pensemos, por ejemplo, en la discusión parlamentaria sobre una ley para regular la reproducción humana asistida. En ocasiones, no tiene viabilidad política la prohibición completa de la fecundación in vitro.  Sin embargo, habiendo dejado clara la propia postura en el debate público, es menester tratar de limitar lo más posible los efectos dañinos de una norma que permite este tipo de técnica en la que en muchas ocasiones se sacrifican embriones humanos o se colocan en crioconservación.  De este modo, el político humanista busca el bien posible, y estimando con prudencia la viabilidad política de su propia acción, construye una iniciativa que reduzca el número de embriones o vota a favor de un proyecto ya existente a este respecto, aun cuando lamentablemente la solución no sea la ideal.

Cuando la acción política versa sobre situaciones en las que se encuentran comprometidos principios morales fundamentales, que no admiten excepciones, es siempre importante a) describir e interpretar bien el escenario político; b) estudiar bien la argumentación racional de la norma moral involucrada; c) construir escenarios que indiquen diversos caminos de solución y luego, después, de haber hecho esto, optar por el que parezca que de mejor manera permite realizar el bien posible al interior del complejo contexto que se enfrenta.

En este último paso, es preciso atender con mucho cuidado tanto las exigencias del bien como la posibilidad práctico-política de su realización. Fijarse unilateralmente en las exigencias éticas descuidando la viabilidad política suele tener como consecuencia el perder todo. Así mismo, centrar la mirada en la viabilidad política descuidando las exigencias éticas del valor en cuestión, deriva fácilmente en una postura utilitarista que subordina la norma moral a los equilibrios de poder.

Descubrir el camino hacia el bien posible implica creatividad y prudencia, discernimiento dinámico en cada paso y realismo político. No es fácil proceder de este modo. Sin embargo, es la única manera cómo eventualmente se abren puertas insospechadas y se construyen soluciones orientadas hacia el bien común.

6. Hacer el bien nunca es estéril

Al meditar en estas cosas, recuerdo con gran afecto a Juan Pablo II. En su enseñanza aparecen continuamente normas morales importantes: respetar siempre a la persona como fin y nunca usarla como medio; ser todos corresponsables de todos; gozar de la sexualidad en el marco del auténtico amor humano, fiel y responsable, etc. Este Papa tan sensible a estos valores también era un hombre de acción, que avanzaba lentamente, en ocasiones, posponiendo el intento de alcanzar un éxito total en el corto plazo con tal de consolidar el camino, paso a paso, hacia el futuro. Tanto en cuestiones intraeclesiásticas como en grandes acciones concernientes al nuevo orden político internacional, Juan Pablo II fue un gran maestro.

Al inicio de su Encíclica Centesimus annus, nos dice algo que tal vez puede inspirarnos precisamente en el tema que nos ocupa:

De tales cosas que, incorporándose a la Tradición, se hacen antiguas, ofreciendo así ocasiones y material para enriquecimiento de la misma y de la vida de fe, forma parte también la actividad fecunda de millones y millones de hombres, quienes a impulsos del magisterio social se han esforzado por inspirarse en él con miras al propio compromiso con el mundo. Actuando individualmente o bien coordinados en grupos, asociaciones y organizaciones, ellos han constituido como un gran movimiento para la defensa de la persona humana y para la tutela de su dignidad, lo cual, en las alternantes vicisitudes de la historia, ha contribuido a construir una sociedad más justa o, al menos, a poner barreras y límites a la injusticia (6).

En ocasiones la acción política humanista logra grandes triunfos al momento de afirmar algún valor, algún bien que merece ser protegido o promovido. En otras ocasiones, esto no es posible y, sin embargo, es preciso actuar para limitar el mal. Estas acciones, aparentemente poco atractivas, son importantes ya que por una parte evitan el mal o la injusticia que parece querer instalarse. Pero además fortalecen el ethos cualitativo de los pueblos que requiere de acciones buenas, aun cuando estas sean modestas y no logren toda la eficacia política deseada. Hacer el bien nunca es estéril. Existe una dimensión metafísica del bien que trasciende por mucho los resultados prácticos y las consecuencias visibles. Por otra parte, las eventuales derrotas al pretender realizarlo, nunca lo son del todo. El bien afirmado con valor, a veces modestísimamente, derrota al mal a nivel cualitativo, aun cuando cuantitativamente parezca lo contrario. El más pequeño de los bienes realizado rectamente y con valor, tiene mayor consistencia y belleza ontológica que sus antivalores. Parafraseando a un humanista cristiano ejecutado en el año 1927, existe una democracia que no es de votos cuantificables sino de acciones buenas heroicas. Esta democracia en la que la propia vida se vuelve voto en muchas ocasiones no es apreciada ni valorada, pero en el mediano y el largo plazo es la que salva a las naciones y les brinda camino para un futuro con esperanza (7).

NOTAS:

1.    (1)     Cf. A. DE MURALT, La estructura de la filosofía política moderna. Sus orígenes medievales en Escoto, Ockham y Suárez, Ed. Istmo, Madrid 2002.

2.      (2) Véase: I. KANT, La religión dentro de los límites de la mera razón, Alianza, Madrid 1986.

3.      (3)    Cf. E. VOEGELIN, La nueva ciencia de la política, Katz, Bs. As. 2006; J. MILBANK Teología y teoría social. Más allá de la razón secular, Herder, Barcelona 2004.

4.    (4)   G. LIPOVETSKY, El crepúsculo del deber: la ética indolora de los nuevos tiempos democráticos, Anagrama, Barcelona 2002.

5.     (5) Cf. TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologiae, I-II, q.18, a.4, ad 3.

6.     (6) JUAN PABLO II, Centesimus annus, n. 3.

7.     (7)  Pensamos en ANACLETO GONZÁLEZ FLORES y su obra El plebiscito de los mártires,  s.e., México 1930.

Fuente:https://revistasic.org/el-bien-posible/

Cfr. Actualidad Católica: https://www.youtube.com/watch?v=Za69tE2NKOUhttps://apuntaje.blogspot.com/2024/04/el-bien-posible.html

Gráfica: Pieza de Walter de Marías.

domingo, 14 de abril de 2024

Noticiero retrospectivo

 - Ética y valores: proceso histórico en Venezuela. Últimas Noticias, Caracas, 17/07 y 21/08/1999. Suplemento Cultural.

- Pablo Emilio Hurtado. "Los comunistas y la sociedad venezolana hacia 1936". Semestre histórico, Caracas, nrs. 4 y 5 de 07/75 al 06/77.

- Eduardo Machado. "50 años de acción y política". tribuna Popular, Caracas, 18/08/69.

- Carlos Croes entrevista a Luis Herrera Campíns. "La propiedad comunitaria vendrá voluntaria e involuntariamente". El Universal, Caracas, 30/04/78.

- Héctor Mujica y Jesús R. Zambrano. 34 años de Tribuna Popular. Tribuna Popular, 19/02/82.

Reproducción: Aporte de Jerjes Meléndez al grupo fabookeano Caracas en Retrospectiva. Comenta el aportante: " Esta foto para mi es todo un hallazgo... No había visto antes (en el sitio) alguna otra de la primera estatua del Mariscal Sucre que fuera erigida en la avenida San Martín, posteriormente cambiada por la que hoy está en la Plaza Sucre de Catia...". Vid. https://www.facebook.com/photo/?fbid=10220910081677387&set=gm.10157888627418544

martes, 7 de noviembre de 2023

Noticiero retrospectivo

- "Los presidenciables de 1978 empiezan a engrasar sus armas". Resumen, Caracas, nr. 91 del 03/08/1975.

- "Decreto del soberano Congreso Nacional. Aprobación de medidas de emergencia en el orden financiero y económico adoptadas por el Ejecutivo Nacional". El Universal, Caracas,  10/07/35. 

- Domingo Alberto Rangel. "La devaluación colombiana sí nos afecta". Últimas Noticias, Caracas,  16/09/98.

- Eduardo Vásquez. "Ética contemporánea". Últimas Noticias, Caracas,  10/10/95

- Edith Hernández escribe sobre Lupita Ferrer, con fotografías de Molina y Blanco.  Momento, Csracas, nr. 899 del  07/10/73.

Reproducción: Gabriela Bronfenmajer, sociólogo, para un reportaje de Adriana Carrasquel: "El divorcio en Venezuela".  Momento, Caracas, nr. 386 del 08/12/1963.

Breve nota LB:  En la década de los noventa del siglo veinte, nos encontramos algunos artículos de prensa y un texto de GB publicado por una universidad.  Por vez primera la hallamos en la vieja prensa. 

domingo, 13 de agosto de 2023

Noticiero retrospectivo

- Rházes Herández López. "Sonido, hermano del alma: (Darius) Milhaud y (Tulio) Cremisini". El Nacional, 28/01/79.

- Esteban Emilio Mosonyi. "La sociología frente a la crisis". El Nacional, 27/06/93.

- Dossier: Ética de la discusión. Últimas Noticias, Caracas, 23/10/94.

- Armando Sánchez Bueno. "El mítin del Poliedro". EL Nacional, 05/06/78.

- Dossier: Militares y democracia. Últimas Noticias, Caracas, 24/01 y 08/02/ 98.

Reproducción: Julio César Moreno, VI Asamblea Nacional de la JRC. Momento, Caracas, nr. 772 del  02/05/1971.

domingo, 2 de julio de 2023

Noticiero retrospectivo






- Rházes Herández López. "Sonido, hermano del alma: (Darius) Milhaud y (Tulio) Cremisini". El Nacional, 28/01/1979.

- Esteban Emilio Mosonyi. "La sociología frente a la crisis". El Nacional, 27/06/93.

- Dossier: Ética de la discusión. Últimas Noticias, Caracas, 23/10/94.

- Armando Sánchez Bueno. "El mítin del Poliedro". EL Nacional, 05/06/78.

Reproducción: Reconocido por su labor pedagógica con la "Medalla  de Honor 27 de Junio",  Miguel Acosta Saignes, ilustrado por  Pardo. Signo, Caracas, nr. 1 del 05/07/1951.

domingo, 23 de octubre de 2022

La invención de Morel

REINVENCIÓN DE LA POLÍTICA

Luis Barragán

Demasiado lejos estamos de pretender dar lecciones sobre un asunto tan complejo y, a la vez, tan sencillo que, faltando poco,  está integrado a nuestra propia naturaleza humana. Concebir y hacer la política, aunque se la niegue y combata (siendo el otro modo de concebirla y hacerla, excepto que hablemos del extremo y asfixiante totalitarismo), requiere obviamente de la comprensión, captación y voluntad del otro y de los otros, pero igualmente de una profunda convicción personal que sólo la experiencia puede perfeccionar.

            Por supuesto, hay una técnica, un tecnicismo y, hoy más que nunca, una tecnología para idear y realizar la política, pero ninguna de estas facetas puede suplantarla como una radical experiencia humana, con sus bondades y maldades. O mejor aún, con esa mezcla inevitable del trigo y la cizaña que cuesta tanto separar, llenando de matices nuestros actos.

            Son varias las perspectivas y expectativas para razonar e imaginar la política, realizándola: unas más humanistas que otras, orientadas al bien común,  al mismo tiempo que para prefabricarla y delictuarla, como ha ocurrido en el presente siglo venezolano dándole sustento e inspiración al Estado Criminal. Por cierto, favorable al régimen, ha dado ocasión para una rivalidad entre una dirigencia moralmente pura e impura que naturalmente apunta a una determinada ética en curso, no otra que la de la molicie.

            Es fácil expresarlo: hay que reinventar la política en Venezuela, pero cada vez es más difícil reivindicarla, argumentarla y hacerla, frente a un régimen que ha pasado de la anti-política a la no-política. No da tiempo para un prolongado y hondo ejercicio académico que diga de la complicada tarea de reivindicación, pero, apalancados por su humana sencillez, ha de significar el redescubrimiento de las instituciones y su valor, del compromiso político y su sentido vital, de los partidos y demás organizaciones de la sociedad civil y su naturaleza, de la opinión pública y su dinámica, aunque nos encontremos en la edad de piedra, pues, convengamos, hemos retrocedido casi inadvertidamente a la barbarie.

            Con todos los aciertos y fallas, tuvimos una larga tradición política que, a finales de la centuria pasada, lanzó el magnífico reto de una renovación, además, esperada, con el doble fenómeno de la descentralización y del multipartidismo. Esto que se ha dado en llamar chavismo, faltando una denominación más acorde a una caracterización histórica de largo plazo, nos retrotrajo a tiempos que creímos definitivamente superados: tan recurrente la emergencia social, nos condujo a la catástrofe humanitaria; fusionándose con él, ultrapartidizó al Estado; superando el ámbito administrativo, pugna por corromper completamente a la sociedad; simulándola, brega publicitariamente por una democracia que no es tal; y, además, libra una guerra no convencional contra la población que huye o intenta huir desesperadamente.

Fotografías: LB, tránsito nocturno por la avenida Universidad (Caracas,  20/10/2022). 

23/10/2022 (versión breve): 

https://www.lapatilla.com/2022/10/23/luis-barragan-reinvencion-de-la-politica/

sábado, 30 de julio de 2022

Acto subterráneo de rebelión

ÉTICA HEROICA

Luis Barragán


"Se trata, en primer término,

de liberar la mirada del peso

enajenador de la costumbre y de la

coacción abrumadora de lo irremediable"

Fernando Savater (*)

Abordamos el vagón que nos llevó al corazón de un antiguo sector popular  del oeste caraqueño, confiados en un mayor desahogo sabatino del siempre sospechoso sistema ferroviario.  Sin duda, recorrer  el sótano de la ciudad es tanto o más peligroso que hacerlo por su superficie.

            Ya en nada sorprende la indisciplina cultivada de los usuarios del metro, desprovistos de tapabocas, cuando repunta el virus, pero sí que haya lectores con una extraordinaria capacidad de concentración entre los vaivenes de unos rieles muy antes confiables y que hicieron confortables aquellos  itinerarios limpios y refrigerados de antes. Sobre todo, cuando una persona de avanzada edad es la que  empuña un libro inusual de los pocos que se ven por la calle.

            Costó tomar la gráfica por el riesgo de sacar el artefacto electrónico, esperar que el objetivo estuviese despejado, e, incluso, evitar alguna equivocación, pues, pudiera ocurrírsele a alguien que se trata de acosar a una muchacha vecina de buen vista. En todo caso, hicimos nuestra pequeña acrobacia tan visible a punto de llegar a una estación en la cual nos bajamos a último momento, preventivamente, para luego retomar el tren en dirección al destino previsto.

            Quizá por avezada lectora, acaso por una repentina curiosidad, posiblemente por un acto de rebelión, la pasajera estaba lucía enteramente cautivada por “Ética para Amador” de Fernando Savater ante la absoluta indiferencia del vecindario. La oferta de caramelos de los buhoneros de la patria bonita,  por momentos, estridentes e insoportables, se integraban sin problemas a la atmósfera de tedio y resignación deambulante.

            Intuirá y sabrá de la urgencia de una ética para la reconstrucción de Venezuela, convicción que seguramente será de ruptura para nuestra anónima lectora, no sólo con el entorno inmediato. En una sociedad rentista, aunque sin renta, se ha hecho una novísima tradición la de una continua descomposición de principios y valores, y al ladronísimo de cuello blanco, poco le importa que sus hijos y nietos lo sepan, solo interesándole que sigan sus pasos, disfruten también la fortuna y, no faltaba más,  sepan guardar las formas: por ejemplo,  bautizando a la prole, haciéndola católica, protestante, o quién sabe qué afiliación mágico-religiosa que diga darle una cierta prestancia y respetabilidad.

            La ruptura de esa tradición y sus equivalentes, constituye un acto heroico.  Y muy probablemente, nuestra ilustre viajera tiene muchas novedades que reportarles a los hijos y nietos y, si no los tuviere, sobrinos y vecinos, sometidos a una lógica ambiental de antivalores que dimanan del discurso sofocante del poder establecido en lo que va de siglo.

            La eficaz, inteligente y didáctica escritura de Savater viaja soterradamente por una Venezuela que aspira a su definitiva transformación social e histórica. Hay quienes la anuncian con la riqueza de sus aparentes silencios, valientemente.

(*) “La tarea del héroe”, Ariel, Barcelona, 2009: 289.

01/08/2022:

https://guayoyoenletras.net/2022/08/01/etica-heroica/

domingo, 12 de junio de 2022

Caza de citas


"Diseñar una ética desde la cordura, desde el sentido de la justicia, prudente 

y lúcido, desde la indeclinable aspiración a la libertad y desde la compasión es el verdadero camino del corazón humano"

Adela Cortina

("Ética cosmopolita. Una apuesta por la corduraen tiempos de pandemia", Paidós, Barcelona, 2021: 20)

Detalle del diseño: Isabel Basalo. 

lunes, 6 de junio de 2022

Valores y disvalores

ÉTICA DE LA IRRESPONSABILIDAD

Luis Barragán 

Desde muy antes de declarada la pandemia, el régimen tendió a confinarnos en casa por las deplorables condiciones económicas que impedían el uso regular del transporte público y el propio desempeño de la burocracia estatal, por ejemplo, forzando los días de asueto. Legitimando los propios actos de irresponsabilidad del poder establecido, no fue posible que la opinión pública tratara del asunto, censurada y bloqueada, impedida de valorar una situación sin precedentes.

            El Estado proveerá, fue la consigna implícita aún generalizada la convicción de una renta petrolera insuficiente para cubrir las necesidades más elementales de una población a la que se le destierra y expatria de una manera u otra, así permanezca en el territorio nacional. Lo cierto es que hemos sido víctimas de un deliberado proceso de desaprendizaje cívico que nos hace éticos e inmorales a la vez, morales pero antiéticos, o todo lo contrario, siguiendo la conseja oficial; supeditados a los propósitos volubles y utilitarios, circunstanciales y acomodaticios, oportunistas y feroces de los prohombres del poder que no encuentran todavía una respuesta contundente en la sociedad civil organizada y su expresión más especializada en el bien común: los partidos de la oposición, condición ésta indispensable para definirlos como tales.

            Precisamente, la cosmética de la usurpación encubre la inexistencia práctica del principal partido de gobierno que, al confundirse con el Estado, se ha convertido en una dependencia más que deriva en una radical, extensa y bien presupuestada secta religiosa que quema incienso en los altares de un culto a la personalidad, por mucho que le mienta con desenfado y hasta sentido recreativo.  El cultivo de una ética voltaria, móvil y trepidantemente delictiva, es la que ha permitido mentir en torno a los servicios de salud, agradecidos los contratistas que multiplicaron los módulos vacíos y desequipados que tienen por prisioneros a los precarios médicos cubanos por lo que pagamos directamente al Estado cubano; o idear términos como “tancol”, poblando de eufemismos la cruda realidad de un territorio subastado entre las fuerzas terroristas que tienen por único deber darle soporte armado a los miraflorinos, cuando y como lo requieran.

            Nuestra experiencia con el Covid-19, ha sido la de la censura y persecución de galenos, pero también la de un irrespeto a la convivencia, la indisciplina y  la apuesta a los dados de la vida misma, propensos a la depresión y el suicidio por motivos que van más allá de la pandemia, incumplidos con el más elemental deber de usar el tapabocas en un vecindario o en una unidad del transporte público. La tendencia no niega las extraordinarias demostraciones de entereza y desprendimiento que permitieron sobrevivir a muchos, pero las condiciones persisten, por una parte, desinformados, frecuentemente desasistidos, encarecidas las consultas y equipos médicos, crecientemente dolarizados los productos farmacéuticos, fortalecida la cultura de la muerte; y, por otra, en contraste con  latitudes ajenas, imposibilitados de evaluar esa experiencia, faltando hasta los boletines epidemiológicos, que nos alejan de esa ciudadanía social cosmopolita sobre la cual reflexionó Adela Cortina al transcurrir la pandemia, por cierto, enlazando el populismo de Maduro Moros con el ibérico de Podemos y Vox (“Ética cosmopolita”, 2021).

               Una ética de la irresponsabilidad, fundada en las emociones corrosivas, como la del socialismo del siglo XXI, orquestada por distintos especialistas al compás de sendas campañas propagandísticas y publicitarias, requiere para enfrentarla de una inicial, urgente y activa reivindicación de la memoria gracias al testimonio heroico que hemos rendido en más de veinte años de un combate cívico, pacífico, espontáneo y desarmado ante el régimen.  No es el de la enfermiza reminiscencia de los viejos esplendores, convencidos que “la añoranza nacional, en cambio, es una fatiga ética”, como sentenciara Elisa Lerner (“Carriel para la fiesta”, 1997).

            Fueron numerosos los médicos y enfermeros,  como estudiantes de ambas disciplinas, los que voluntariamente se organizaron y conocieron con el emblema de las cruces verdes, azules, naranjas o amarillas, al tomar la iniciativa de riesgo en las masivas protestas de calle, socorriendo a los heridos y caídos en medio de la peligrosa y  desigual refriega con los policías y militares represores, perdiendo la vida misma como Paul Moreno, en 2017. Significa redescubrir el valor de la solidaridad real, eficaz y activa, como ocurrió con las víctimas del deslave de Vargas en 1999, que el propio Chávez Frías desconoció, desalentó y neutralizó al imponerse captando y canalizando exclusivamente los enormes recursos provenientes del exterior, temando por una rendición de cuenta los avisos pagados en la prensa local.

            Por supuesto, hay muchos y vigorosos ejemplos de lucha que rescatar, añadidos los dirigentes sociales y partidistas presos o fallecidos, activos dentro o fuera del país,  que han tenido que soportar también el prejuicio y estigma que el oficio gratuita e inmerecidamente suscita, entendida la política como un antivalor, pasando por alto el déficit de conductores políticos reales. Pocos se preguntan sobre la necesaria predisposición a actuar con y por el bien, justa o injustamente, prudente e imprudentemente, disciplinada o anárquicamente, desleal o deslealmente, honesta o deshonestamente, esperando por un milagro de redención.

         Padecer es un valor sublime y liberador del cristiano, observó  Nicolai Hartmann (“Ética”, 2011), pero la usurpación agota todos esfuerzos para que se traduzca en una experiencia aniquiladora, tratando que los familiares abandonen al propio preso político, fatigados y desmoralizados por la incertidumbre del proceso judicial o el cambio arbitrario del sitio de reclusión. Toda ética de la irresponsabilidad, justifica la lejanía o desintegración de cualquier núcleo humano, y al beneficiario de una cuenta en algún paraíso fiscal, poco le importa la desmembración familiar, reduciendo a muy pocas y confiables personas los placeres que le toca – en justicia, asegurará – vivir.

           El sistema dominante tiene un par de disvalores que les son fundamentales, buscando desprestigiar el ahorro, de suyo  imposibilitado por la perpetua inflación y los costos del mismo servicio bancario asediado por el Estado; además, inútil sacrificio el de educarse para la realización personal, abiertos otros y muy dudosos caminos para el ascenso social. En todo caso, nadie puede albergar confiado un proyecto de vida, con metas claras y aún realistas, porque tampoco habrá otros proyectos políticos e ideológicos que compitan con el que hegemónicamente realizan desde el Estado, por muy simplista y maniqueo que fuere, incompatible con todo esfuerzo y destreza de valoración y argumentación que los actos de fuerza desconocen.

Fotografías: LB, Montalbán (Caracas, 03/06/2017). 

07/06/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/etica-de-la-irresponsabilidad/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY