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domingo, 4 de mayo de 2025

Relatos de fe

LA CONFIRMACIÓN DE PEDRO COMO PASTOR DE LA COMUNIDAD

(San Juan, 21 : 1-19)

José Enrique Galarreta

Se trata del capítulo 21, el último del cuarto evangelio, del que se han omitido los cinco últimos versículos, que son la conclusión. Sabemos que este capítulo es un añadido a todo lo anterior, pero que el añadido es tan antiguo como el resto del evangelio y que está escrito en el mismo entorno en que se escribió el resto del evangelio.

El texto presenta varios temas de interés. Ante todo, nos encontramos con la "tradición de Galilea". Ni Marcos ni Lucas hablan de apariciones en Galilea. Mateo y Juan sí, aunque en lugares completamente diferentes y con contenidos que no se parecen en nada.

Esta tradición de Galilea parece ser muy creíble, especialmente porque está al margen de la tradición "oficial" (la contradice de algún modo), que es la que presenta Lucas, en la que la iglesia nace, como no podía ser menos, en Jerusalén. De la misma manera, la tradición oficial coincide mal con el relato más antiguo acerca de la resurrección, el que se contiene en 1 Corintios 15:

"...yo os transmití lo que había recibido: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras, que se apareció a Cefas y después a los doce; después se apareció a más de quinientos hermanos de una sola vez, de los cuales la mayoría viven todavía, algunos han muerto; después se apareció a Santiago y después a todos los apóstoles; por último se me apareció a mí...."

Esta divergencia de tradiciones nos recuerda la imposibilidad de reconstruir cronológicamente los hechos, y la necesidad de comprender los textos de la resurrección como relatos de fe, no como crónicas histórico/periodísticas de sucesos.

En el relato de Juan que hoy leemos nos encontramos ante todo con el repetido signo de la pesca milagrosa unido con la vocación personal de Pedro. Exactamente lo mismo que relata el evangelio de Lucas (5,6-11) al narrar la vocación de los primeros discípulos. Pedro y Juan gozan de un protagonismo especial en Hechos, predican juntos, curan juntos... Si este texto se escribe en el entorno de las comunidades joanneas parece claro que tiene la intención de recordar a esas comunidades (¡tan joanneas!) la importancia de Pedro.

Es fuertemente llamativo el paralelismo de este texto con los textos de las negaciones de Pedro. Tres negaciones <> tres preguntas de Jesús. "Aunque todos, yo no" <> "¿me amas más que estos?" Y es la humilde respuesta de Pedro "tú sabes que te quiero", la que es aceptada por Jesús.

Convertirse a Jesús, como Pedro, es algo tan fundamental como la relación entre la elección de Jesús y la condición de pecador. Un eje básico, una clave de nuestra fe.

La primera y más grave acusación contra Jesús fue: "Éste acepta a los pecadores y come con ellos". Y la conclusión fue que no era profeta, no era de Dios.

Los acusadores eran fariseos y su acusación nace de un profundo error teológico y antropológico. Para ellos, Dios acoge a los justos y rechaza a los pecadores. Para ellos, ellos mismos eran justos. Por eso, no necesitaban de Dios más como reconocedor de sus virtudes. Y por eso no necesitaban de Jesús. Los sanos no necesitan médico. Esta línea culmina en el episodio de la adúltera, en que Jesús muestra que todos son pecadores.

Por todo esto, la meta de los fariseos es la justicia y el cumplimiento de la ley. La meta de Jesús es la compasión y la liberación del pecado. Por eso no se pueden convertir, rechazan el Espíritu.

El primer contacto de Pedro con Jesús muestra esa misma mentalidad. En la barca, tras la pesca milagrosa, Pedro exclama: ¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador". Y esta mentalidad pervive en el cenáculo: "Aunque todos te nieguen, yo no". Mentalidad farisaica pura: Dios lejos de los pecadores y yo soy mejor que otros.

Entonces viene la prueba de la fe. Pedro es fanfarrón y demasiado seguro de sí, y niega a Jesús, le traiciona. ¿Dónde habrá quedado la promesa de Jesús de construir su iglesia sobre esa ROCA? La aparición de Tiberíades pone las cosas exactamente en su sitio. Los pecados de Pedro no cambian el corazón de Jesús. Pedro es el pecador confirmado: seguirá siendo pecador en el libro de los hechos y se comportará de forma ambigua en varias ocasiones; será increpado por Pablo por su conducta ... no importa nada de eso. Los pecados de Pedro están cubiertos por otra frase que es la clave: "Señor, tú sabes que te quiero".

Los dos personajes que son constituidos primeros testigos de la resurrección son María Magdalena y Pedro. Y de los dos consta que son pecadores y que se han distinguido en su amor a Jesús. En ellos, muy especialmente en Pedro, sus pecados son más fuertes incluso que su amor. Pero ante Jesús, su amor es más importante que sus pecados.

Todo esto nos hace situarnos en una posición correcta ante Dios. Pecadores queridos por Dios, elegidos por Dios, que cuenta con nosotros como somos para una misión tan grande como hacer presente en el mundo el mismo Espíritu de Jesús. Un espíritu de entrega, de exigencia, de servicio y de perdón, que cuenta con los pecados y los arrolla por la fuerza del amor.

La virtud de Pedro, aquella que le hace ser elegido y confirmado como pastor de la iglesia es su adhesión incondicional a Jesús. Ésta le confirmará, ésta le hará poner toda la vida al servicio de la iglesia, ésta le hará sentirse honrado y feliz cuando es perseguido, le llevará a aceptar humildemente las reprimendas de Pablo, hasta la meta: dar su vida por Jesús crucificado en la persecución de Nerón. Pedro, el pecador.

Fuente:
Ilustración: San Pedro, según Jacob Jordaens.

Padre J. Martín: Sucesión de Pedro, temario del próximo papoado, Sinodalidad.





sábado, 30 de abril de 2022

“Traigan los peces que acaban de pescar".

Domingo 3C Pascua 1 mayo 2022

“¡Vengan a desayunar!” (Juan 21, 1-19)

 Diálogo sobre el Evangelio de hoy: La pesca milagrosa

José Martínez de Toda, SJ.


¿Cómo era la vida de los discípulos después de la resurrección de Jesús?

            Ellos estaban traumatizados por lo ocurrido aquellos últimos días: la pasión y muerte de Jesús, su resurrección y aparición a todos.

            Pero tenían que comer. Y Pedro decide ir a pescar al lago de Tiberíades. Los demás lo siguen. Per aquella noche no consiguen nada.

Y al amanecer, Jesús desde la orilla se puso a hablar con ellos. Pero los discípulos no sabían que era Jesús. Él les recomendó: "Echen la red a la derecha de la barca".

La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús tanto quería, le dice a Pedro: "Es el Señor".

 

¿Por qué fallan en reconocer a Jesús?

Esto ocurrió varias veces con Jesús resucitado:

-        María Magdalena no reconoció a Jesús Resucitado ante el sepulcro, hasta que Él la llamó por su nombre (20:16). 

-        Camino a Emaús, los ojos de los discípulos “estaban embargados”, y no lo reconocieron, hasta que “tomó el pan, lo bendijo, lo partió, y se lo dio” (24:16, 30).

La resurrección de Jesús no fue como la de Lázaro, o la de la hija de Jairo o la del hijo de la viuda de Naín. Éstos volvieron a vivir esta vida humana atada al cuerpo y un día murieron.

En cambio, Jesús al resucitar, ya no es de este mundo, escapa a nuestras leyes y características naturales, como raza y edad. Su cuerpo vive sólo de Dios, y no del aire y del alimento.

Se deja ver sólo por quienes Él quiere, y con la figura que a Él le parece más conveniente.

Las palabras del Resucitado son más importantes que su mera presencia física. Ellas denotan su personalidad, y permiten reconocerlo inequívocamente como Jesús de Nazaret. Esas palabras son en primer lugar de consuelo (el saludo de la paz, que no es una expresión convencional ni un mero deseo sino que la trasmite realmente), pero sobre todo de envío a proseguir su historia, continuando su misión en su nombre.

Deja atrás definitivamente la muerte.

            Los discípulos tienen que hacer un esfuerzo de fe auténtica para poder reconocerlo. El reconocimiento es como una especie de premio a su fe. Juan ante el Sepulcro vacío, ‘vio y creyó’, y con esa fe pudo reconocerlo en esta pesca milagrosa antes que los demás.

La función central de la aparición es hacerlos partícipes de su gloria y enviarlos a proseguir su misión, como el Padre lo había enviado a Él.

¿Cómo reacciona Pedro?

Al oír que era el Señor, Simón Pedro se ajustó la camisa con un cinturón para tener más libertad de movimiento, y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red llena de peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Pero hacían falta más peces para alimentar este grupo de hombres hambrientos. Y Jesús les dice:

-        “Traigan los peces que acaban de pescar".

Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice:

-        "Vengan a desayunar".

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.

 

¿Qué lecciones quiere dar Jesús a sus discípulos con esta pesca milagrosa?

            Primera lección y la más importante: Jesús es nuestro Amigo; más aún, nuestro hermano.

Segunda lección: “Sin mí no pueden hacer nada”.

Tercera lección: Le gusta que aportemos lo  nuestro. En el Ofertorio de la Misa el sacerdote echa unas gotas de agua al vino, que será consagrado en la Sangre del Señor. Es nuestra participación a la construcción del Cuerpo de Cristo.

 

Este pasaje evangélico produce mucha alegría.

<Un perrito muy alegre se enteró de que había una “Casa de los Mil Espejos”, y decidió él también hacer turismo y verla. Cuando llegó, subió las escaleras con las orejas levantadas y agitando la cola por la emoción. Y al entrar, oh sorpresa, se encontró mirando a mil perritos felices con sus colas que se agitaban tan veloces como la suya. Sonrió con una gran sonrisa y fue respondido con mil sonrisas tan amistosas y cálidas como la suya. Al salir se dijo:

-        Este es un lugar maravilloso. Volveré aquí a menudo.

Pero había también un perrito triste y de pocos amigos, que decidió visitar también esta Casa de los Mil Espejos, de la que todos hablaban. Subió la escalera con la cabeza baja y cuando entró, vio mil perros que le miraban de mal humor. Cuando vio esos perritos tan poco amigos, dio un ladrido, y se sintió horrorizado cuando vio que le contestaron mil ladridos furiosos. Y salió rápido diciendo:

-        Este es un lugar horroroso. Nunca más volveré aquí.>

Lo que hagamos, bueno o malo, repercute en los demás, y se nos devuelve.

Si estamos alegres y juguetones, nuestra alegría pascual contagia a los hermanos, y los hacemos un poco más felices. Vale la pena sonreír. Y los demás nos devolverán las sonrisas, y esta sonrisa se multiplicará, y la alegría reinará en todas partes.

Y como el perrito de la Casa de los Mil Espejos, todos repetirán: “Este es un lugar maravilloso. Volveré a la iglesia muchas veces”. En cambio, nuestra frialdad y aislamiento pueden tener también efectos multiplicadores negativos. Y nadie querrá volver a la iglesia.  

Fuente: Correo electrónico. 

Ilustración: Paulo Medina. 

Reflexión P. Arturo Peraza: https://www.facebook.com/arperaza/videos/355160136647456.

Misa: Cardenal Porras (https://www.youtube.com/watch?v=5yEg3wk7Un8(

Homilía: Obispo Munilla: https://www.youtube.com/watch?v=cHtOBb1MzKc

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY