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domingo, 24 de septiembre de 2023

Una parábola que se las trae

Mt 20, 1-16

LA JUSTICIA DE DIOS

José Enrique Galarreta

Es una característica parábola paradójica, cuya fuerza reside sobre todo en lo sorprendente del relato, y su peligro en que entendamos el cuento como mensaje y no como soporte del mensaje. Nos viene muy bien para mejorar nuestro conocimiento del género parabólico.

El relato está perfectamente ambientado en las costumbres de la época, en su planteamiento. Naturalmente, a todo el mundo le va extrañando que mande obreros a la viña cada vez más tarde, y a última hora. Esto forma parte de "la intriga" del relato, que va captando la atención del auditorio.

Cuando llega la hora de pagar, viene la sorpresa. Ciertamente, no se hace injusticia a nadie, pero hoy diríamos que se hace un "agravio comparativo". Hasta aquí, solamente hay relato: Dios no hace injusticias, pero tampoco agravios comparativos; el mensaje no va por ahí.

El final de la parábola nos puede dar una pista para entender el mensaje; la cuestión de "últimos y primeros", es decir, la cuestión de nuestras maneras de juzgar y valorar, y las maneras de juzgar y valorar de Dios mismo.

Los que para nosotros son los últimos, los de la última hora, quizá sean para Dios los primeros. Los que para nosotros son los primeros, los de la primera hora, quizá sean para Dios últimos.

Las dos aplicaciones que los contemporáneos podían sacar inmediatamente de la parábola, una vez superada la sorpresa, serían sin duda:

Una interpretación "inmediata", la sorpresa, incluso el rechazo, tan típicos del impacto que las parábolas producían, y tan acordes con lo que pretendía el mismo Jesús: sus parábolas empiezan por algo conocido, razonable, aceptable, y de pronto dan un giro y sorprenden, incluso escandalizan.

Quizás algunas buenas personas pensaron: "¡menos mal!, esos pobres desgraciados podrán llevar pan a sus familias esa noche, porque el amo es generoso". Pero sin duda la mayoría pensarían: "no hay derecho, debería pagar más a los primeros".

Y ahí está precisamente el mensaje de Jesús, en esa sorpresa, porque el Reino no es simplemente razonable, porque "mis pensamientos no son vuestros pensamientos".

Una segunda aplicación, muy en consonancia con el mensaje de Jesús: los últimos en llegar son los gentiles, que van a ser igualados con Israel en la Iglesia y en el Reino. No olvidemos que este es un fragmento de Mateo, y que el evangelio de Mateo se escribe para una comunidad de procedencia judaica, en la que sin duda podría haber resistencias fuertes a la equiparación de judíos y gentiles para incorporarse a la Iglesia. (No hay paralelo a este pasaje en los otros evangelistas).

Y, por encima de lo que aquéllos entendieran, lo que podemos entender nosotros: la incorporación al Reino y la relación con Dios no es cuestión de méritos ni de justicia, es cuestión de que "el amo es bueno". Todos reciben, sin duda, pero el Reino es un don que no se merece. Ni el conocimiento de Dios ni el perdón se merecen ni se pagan.

La relación con Dios se basa en que Dios ama, es decir, obra muy por encima de la justicia; y nosotros amamos, es decir, nos movemos muy por encima de la justicia, del mérito, la culpa, el premio o el castigo.

Nuestros caminos y nuestros planes: violencia, predominio del más fuerte, marginación del débil, instalación en la comodidad de esta vida, disfrutar de lo presente...

Razonando un poco más humanamente llegamos hasta pensar en justicia, socorrer algo a los necesitados (sin perder nuestro status), moderar las comodidades con un poco de austeridad, disfrutar de cosas más sencillas...

Y, más allá, Jesús, sus caminos y sus planes. "El Reino de Dios se parece..." empezaba la parábola. Es decir, no se parece a nada de lo que piensa la humanidad en general, y muy poco a lo que nosotros pensamos. Desde luego, no se parece a la violencia, pero ni siquiera a nuestra justicia. No se parece al lujo, pero ni siquiera al moderado disfrute de esta vida. No se parece a ganar, triunfar, destacar, ser famoso... Todas esas cosas no son primeras; son últimas, muy últimas, en el Reino de Dios.

El que vive en el Reino de Dios está por encima de la justicia, en sus relaciones con Dios y en sus relaciones con los demás. Si manejamos aún los viejos conceptos de pecado como culpa, virtud como mérito, premio-castigo, justos y pecadores... estamos aún lejos del Reino. Dios no piensa así, no son esos sus pensamientos.

Si juzgamos a los demás, les damos para que nos den o porque nos dan, amamos a los que nos aman, perdonamos solamente a algunos, damos solo dinero y de lo que nos sobra... estamos aún lejos del Reino.

Si pensamos que nosotros, la iglesia, somos los primeros en el Reino, y los que no conocen a Jesús ni a Dios son últimos; si pensamos que el Papa, los Obispos, los sacerdotes, los que vamos a misa los domingos... somos primeros en el reino; si miramos a los niños, a los discapacitados, a los menos dotados, como últimos, como menos personas...

Si pensamos que los que van de cooperantes al tercer mundo van como salvadores, a dar lo que los otros no tienen, si pensamos que Occidente es el Bien y el Maestro...

Si seguimos creyendo que los bienes materiales son signo de la bendición de Dios, si miramos las enfermedades como castigo o como prueba, si nuestra oración consiste en pedir a Dios que colabore a que se haga nuestra voluntad por encima de la suya...

Si todas o algunas de estas cosas pasan por nuestro espíritu, o son la tónica de nuestro espíritu, estamos lejos del Reino.

Lo malo es que en el fondo de nuestro espíritu no hemos tragado aún que somos nosotros los últimos del Reino, aunque conozcamos a Jesús o quizá precisamente por eso. La más inquietante de las frases de Jesús es sin duda: "Las prostitutas y los publicanos os llevan ventaja en el Reino de Dios". Porque, confesándolo o no, nosotros nos sentimos antes que toda esa gente en el Reino de Dios.

LOS VIÑADORES DE LA HORA UNDÉCIMA

José Enrique Galarreta

A usted y a otras muchas personas se les ha atragantado siempre esta parábola. Hay dos parábolas de Jesús que suelen atragantarse: la del administrador infiel, porque algunos piensan que Jesús está recomendando que hagamos trampas, y ésta, la de los viñadores de la última hora, porque el comportamiento del dueño de la viña nos parece evidentemente injusto.

¿Cómo puede estar bien que se pague lo mismo a los que han aguantado todo el día en la viña, sudando y agotándose, que a los que llegaron al caer el sol y casi ni rompieron a sudar? ¿Qué clase de justicia tiene Jesús en la cabeza?

La historia, que empezó siendo normal, se iba volviendo cada vez menos creíble. No es normal que un amo esté todo el día mandando obreros a la viña, la gente empezaría a sorprenderse... pero luego, a la hora de pagar, ¡resulta que a todos les paga lo mismo! Y ahora sí que la gente se identificaría mucho con los que trabajaron todo el día y protestaron.

Y no les convencería nada la explicación del amo: "Quedé contigo en un denario, ¿no?, pues ahí lo tienes, Si quiero darle a este otro un denario, a ti no te hago injusticia: ¿vas a ser tú envidioso porque yo soy generoso?". Ni los trabajadores de la primera hora, ni la gente que escuchó a Jesús, ni usted están muy de acuerdo con esta solución Y esto es lo que quería Jesús, exactamente esto: que la gente se sorprendiera, que usted se sorprenda.

Jesús no está diciendo que esta actuación es justa, no; Jesús sabe muy bien lo importante de ser justo en la retribución del trabajo. Él mismo ha sido un trabajador manual, probablemente también a sueldo. Sabe que la hermandad de los trabajadores se funda en la justicia, en que el vago no cobre, en que el que trabaje más cobre más. Jesús no es un ingenuo, sabe de qué habla; Jesús sabe que el dueño de la viña no ha actuado justamente.

También en la parábola del administrador tramposo sabía perfectamente que su comportamiento no estaba nada de bien. En aquella parábola no estaba recomendando que hiciéramos trampas, y en esta no está recomendando que seamos injustos en los salarios, ¡estaría bueno! Pero sí está intentando sorprendernos, para que entendamos algo más importante aún.

Jesús no está hablando de los oficios, de los sueldos, de los obreros: Jesús está hablando de Dios, y de cómo es el Reino de Dios. En los oficios, en el trabajo, en los sueldos, la justicia es muy importante. En el Reino, también: pero no basta con la justicia: hay más, hay mucho más que la justicia. También es normal que creamos que Dios es justo: pero Dios es más, muchísimo más que justo.

Nuestras enseñanzas sobre Dios siempre han entendido que Dios es justo y misericordioso. Es decir, ante todo justo, pero con cierta tendencia a la benevolencia. Es todo lo que podemos imaginar de un juez bondadoso. Pero al aplicarlo a Dios, esto se queda corto. Dios es justo porque es misericordioso, Dios es misericordioso porque es justo.

Lo más justo que hace Dios es perdonar, porque sabe de qué barro estamos hechos, porque sabe que no somos culpables sino víctimas del pecado. Dios no es verdugo de culpables, sino médico de enfermos.

El médico no castiga, se esfuerza por curar: ésa es la justicia de un buen médico, curar. Jesús no castiga a los endemoniados que gritan y muerden y rompen, los libera de sus demonios. Jesús no aplica a los leprosos la justa Ley que manda apartarse de ellos. Rompe la ley y se acerca y los toca, para curar. Sí, Jesús no es justo porque cumple la Ley, sino porque es compasivo.

El amo de la viña era también generoso, y compasivo: le dieron pena aquellos desgraciados a los que nadie había contratado y se iban a marchar a casa con cuatro perras, sin poder comprar ni pan para sus hijos: y les dio más, porque su corazón era generoso y los otros estaban muy necesitados. Si los otros trabajadores fuesen inteligentes, se alegrarían: quizá otro día ellos mismos serían los de la última hora; es bueno saber que hay buena gente por el mundo, que no vive de la seca justicia.

En todos estos temas, entenderemos mucho mejor el mensaje si nos situamos en un punto de vista correcto. Piense en lo de la adúltera, el buen ladrón, Pedro, esta misma parábola.

En el caso de la adúltera, a los legistas sin duda les pareció mal: si usted fuera uno de ellos, le parecería mal. Pero si usted fuese la mujer, ¿cómo se sentiría?

El caso del buen ladrón es escandaloso: un perdón gratuito, sin pagar nada por sus delitos... si usted fuese la madre del buen ladrón ¿qué le parecería?

Lo mismo en el caso de Pedro, lo mismo en la parábola de hoy. Si usted fuese un viñador que ha sudado todo el día, a lo mejor se va a su casa lleno de rencor. Pero si usted fuese la mujer, o los hijos, de los de la hora undécima, que esperaban al caer el sol a ver si ese día podrían comer... ¿qué le parecería?

Y es que Jesús está diciendo que Dios piensa y siente como la madre del condenado a muerte, como la mujer del viñador tardío... Jesús está hablando de cómo es el corazón de Dios.

Y usted, y yo, nos alegramos de saber cómo es Dios: Dios es mucho más que simplemente justo. Dios es como el padre del hijo pródigo, que no hizo justicia, no exigió restitución, no actuó sensatamente; se volvió loco de alegría porque había recuperado al hijo que ya daba por muerto.

Y usted, y yo, que en nuestra vida cotidiana nos vemos obligados a vivir en el ámbito de la seca justicia, y que incluso tantas veces echamos de menos que haya justicia en el mundo, que no la hay, descubrimos que Jesús va aún más allá: la justicia es necesaria... pero es solo los cimientos del Reino.

Más allá está el mundo soñado por Jesús, en el que reina la fraternidad, que es infinitamente superior a la justicia. Porque Dios es así, porque solo Él es justo.

Ilustración: Fernando Botero. 

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/760-la-justicia-de-dios.html

Reflexiones Padre Peraza: https://www.facebook.com/arperaza/videos/324297340277163

Misa Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=6zJmdcR40O8&t=346s

domingo, 10 de septiembre de 2023

Compromiso

CORRECCIÓN FRATERNAL

Marcos (Rodríguez)

Mt 18, 15-20

Contexto

Hemos dado un salto en la lectura del evangelio. Del capítulo 16 hemos pasado al 18, en el que comienza una serie de discursos sobre la comunidad.

Cuando los textos del NT hablan de Iglesia (sólo en Mateo) no se refieren a una superestructura mastodóntica, sino a la pequeña asamblea local que es la que vive la fe en Jesús. Es la primera vez que se emplea el término "hermano" para designar a los miembros de la comunidad.

Es importante notar que este texto está a continuación de la parábola de la oveja perdida. Ésta termina con la frase: "Así vuestro Padre no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños." El tema de hoy no es el perdón. Los textos lo dan por supuesto, y van mucho más allá al tratar de ganar al hermano que ha fallado, para la comunidad.

Lo que nos relata el evangelio de hoy, es seguramente reflejo de una costumbre de la comunidad de Mateo. Se trata de prácticas que ya se llevaban a cabo en la sinagoga.

En este evangelio es muy relevante la preocupación por la vida interna de la comunidad (Iglesia). El evangelio nos advierte que no se parte de una comunidad de perfectos, sino de una comunidad de hermanos, que reconocen sus limitaciones y necesitan el apoyo de los demás para superar sus fallos. Los conflictos pueden surgir en cualquier momento, pero lo importante es estar preparados para superarlos.

Explicación

Hoy la primera dificultad la encontramos en el mismo texto.

En muchos de los códices griegos dice: "Si tu hermano peca contra ti" o "Si tu hermano te ofende". Pero la última parte falta en algunos muy importantes, como el Sinaiticus y el Baticanus.

En cuanto a las traducciones, la opinión esta dividida casi al cincuenta por ciento.

La Vulgata incorpora el "contra mí". También lo incorpora la de P. Bover, Nacar-Colunga y la de J. Mateos-J. L. Schökel.

Lo eliminan del texto, la Biblia de Jerusalén, la de La casa de la Biblia, La litúrgica.

La Nueva Biblia Americana lo pone entre paréntesis, que es la mejor solución, porque no hay razones definitivas ni para ponerlo ni para quitarlo.

Esta diferencia, aunque parece pequeña, es muy importante, porque en caso de aceptar "contra ti", se trataría de ofrecer perdón por parte del ofendido; en contra de toda lógica que nos dice que el que debe pedir perdón es el que ofende. Pero además tiene el peligro de entenderlo como un conflicto puramente personal en el que, sólo en última instancia, intervendría la comunidad como sancionadora.

La continuación al texto que hemos leído hoy, parece apostar sin embargo por la opción de "contra mí", porque Pedro pregunta: "¿cuántas veces tengo que perdonar?" Incluso J. Mateo traduce: "Señor, y si mi hermano me sigue ofendiendo, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? Lo cual me parece muy coherente.

En caso de aceptar la otra versión ("Si tu hermano peca"), tiene el peligro de que lo entendamos como una falta abstracta, sin referencia ni a un individuo ni a la comunidad. Y esto nos haría perder la perspectiva histórica. La práctica penitencial de los primeros siglos se fue desarrollando en torno a los pecados contra la comunidad, no se tenía en cuanta, ni se juzgaba la actitud personal con relación a Dios, sino el daño que se hacía a la comunidad.

De esta forma, para aquellas primeras comunidades, el "si tu hermano peca" debía entenderse como una ofensa a la comunidad llevada a cabo por uno de sus miembros en perjuicio de otro u otros miembros de la comunidad. La respuesta de la comunidad no juzgaría la situación personal del que ha fallado sino su relación con la comunidad, que tiene que velar por el bien de todos sus miembros, los ofendidos y los que ofenden.

"Atar y desatar". Es una imagen del AT muy utilizada ya por los rabinos de la época; aquí se refiere a la capacidad de aceptar a uno en la comunidad o de excluirlo de ella. Así lo entendieron también las primeras comunidades, cuyos miembros eran judíos.

El concepto de pecado, como ofensa a Dios que necesita también el perdón de Dios, tal como lo entendemos hoy, aún tardaría siglos en surgir. No podemos entender el texto como un poder conferido por Dios para perdonar las ofensas contra Él.

"Todo lo que atéis en la tierra..." Hace dos domingos, el mismo Mateo decía exactamente lo mismo, referido a Pedro. No puede haber dos instancias últimas. ¿Cuál de los dos textos estará en la verdad? Sólo hay una solución: que Pedro actúe como cabeza, en nombre de la comunidad, pero sólo para determinar quién pertenece a la comunidad y quién se autoexcluye de ella.

En todo el evangelio de Mateo no se encuentra un solo dato que haga pensar en una autoridad que toma decisiones. Teniendo en cuenta los textos y el contexto, podemos concluir, que son las personas individuales las que tienen que acatar el parecer de la comunidad y no al revés, como a veces, se nos quiere hacer ver.

"Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". Esto es muy importante a la hora de tomar conciencia de lo que significa una reunión (eklesia) de los seguidores de Jesús.

¿Qué significa estar reunidos en su nombre? No se trata de compartir y aunar criterios humanos, sino de aceptar los criterios de Jesús. Se trata de estar identificados con la actitud de Jesús, es decir, buscando únicamente el bien del hombre, de todos lo hombres, también de los que no perteneces al grupo o están contra él. Esa es la única manera de hacer presente a Jesús.

Aplicación

Es imposible cumplir hoy ese encargo de la corrección fraterna porque está pensado para una comunidad, y lo que hoy falta es precisamente esa comunidad.

No obstante, lo importante no es la norma concreta, que responde a una práctica de la comunidad de Mateo, sino el espíritu que la ha inspirado y debe inspirarnos a nosotros la manera de superar los enfrentamientos a la hora de hacer comunidad.

Una vez más queda patente que lo profundamente humano es lo divino, porque las enseñanzas del evangelio no dejan lugar a duda a este respecto. La comunidad es la última instancia de nuestras relaciones con Dios y con los demás.

Fijaros que insiste en que hay que agotar todos los cauces para hacer salir al otro de su error, pero una vez agotados todos los cauces, la solución no es la eliminación del otro, sino la de apartarlo, con el único fin de que no siga haciendo daño a la comunidad.

La solución final no es la adecuada al espíritu de Jesús, porque manifiesta la incapacidad de la comunidad para convencer al otro de su error. Si la comunidad tiene que apartarlo es que no tiene capacidad de integrarlo.

Aquí tenemos que encontrar el verdadero sentido de la comunidad: la ayuda mutua en la consecución del fin del hombre, su plenitud, que sólo a trompicones puede alcanzar.

La Iglesia debe ser sacramento de salvación para todos, no refugio de seguridades para sus miembros. Hoy día no tenemos conciencia de esa responsabilidad. Pasamos olímpicamente de los demás. Seguimos enfrascados en nuestro egoísmo incluso dentro del ámbito de lo religioso.

El relato de hoy nos advierte del fallo más letal de nuestro tiempo: la indiferencia.

Martín Descalzo la definió como "la perfección del egoísmo". Otra definición que me ha gustado es esta: "es un homicidio virtual".

Seguramente es hoy el pecado más extendido en nuestras comunidades. El otro no existe para mí. Con toda naturalidad decimos: "Es su problema". "Allá él". Que haga lo que quiera. No basta con dejar que los demás hagan lo que quieran, hay que ayudar a todos a ser más humanos.

Cualquier persona que vaya, sin saberlo, por un camino equivocado, agradecería que alguien le indicara su error y le mostrara el verdade­ro camino. Si una persona que camina por la carretera de Andalucía, te dice que se dirige a Santander, tratarías por todos los medios de decirle que está equivocado.

Si al hacer hoy la corrección fraterna, damos por supuesto que el otro tiene mala voluntad, (actitud que se presupone en el concepto moderno de pecado) será imposible que te acepte la rectifi­ca­ción. Desde esa perspectiva, al corregir, estás dando por supuesto que tú eres el bueno y el otro el malo.

La corrección fraterna no es tarea fácil, porque el ser humano tiende a manifestar su superioridad. En este caso puede suceder por partida doble.

El que corrige puede humillar al corregido queriendo hacer ver su superioridad moral. Aquí tenemos que recordar las palabras de Jesús: ¿Cómo pretendes sacar la mota del ojo del tu hermano teniendo una viga en el tuyo?

El corregido puede rechazar la corrección por falta de humildad.

Por ambas partes se necesita un grado de madurez humana no fácil de alcanzar

Partiendo de que todo pecado es un error, lo que falla en realidad es la capacidad de los cristianos para convencer al otro de que su actitud está equivocada, y que siguiendo por ese camino se está apartando de la meta que quiere conseguir.

Pero no solo se aleja él de la plenitud humana, que todos debemos perseguir, sino que impide o dificulta a los demás caminar hacia esa meta.

Apartado de los demás, ningún hombre conseguiría el más mínimo grado de humanidad. Solo en las relaciones con los demás podemos crecer en humanidad.

Meditación-contemplación

"El que ama tiene cumplido el resto de la Ley".

La preocupación por los demás es una quimera,

si no partimos de un verdadero amor.

No se responsabiliza uno de los demás por programación.

.........................

La máxima manifestación de desamor, es la indiferencia.

Camuflarla bajo el manto del respeto o la tolerancia, es cobardía.

Si no me comprometo con el bien espiritual del otro,

es que su presente y su futuro me importan un comino.

..........................

Debo ir al encuentro del otro para ayudarle a ser él mismo,

sin juzgarle, sin tener en cuanta su bondad o maldad.

El objetivo primero no es hacerle bien a él,

sino salvarme yo, haciéndome más humano.

Ilustración: S/a, fondo de pantalla tomado de la red.

Fuente:



domingo, 27 de agosto de 2023

interpelación

¿QUÉ DICE TU VIDA DE MÍ?

Mt 16, 13-19

Fray Marcos (Rodríguez)

Como el domingo pasado se sitúa la escena fuera del territorio palestino. Otra vez Jesús se retira con sus discípulos; ahora a la región de Cesarea de Filipo.

La razón para Mateo, es que se van a tratar temas que desbordan la problemática judía, y por eso Mateo coloca la escena en territorio gentil, fuera de una concepción del Mesías demasiado nacionalista, para dar a entender que estamos en una apertura a los gentiles. Ni lo que dice sobre Jesús, ni lo que dice sobre la Iglesia podía ser aceptado por un judío normal

Dos temas nos proponen hoy las lecturas: Quien es Jesús y el poder de las llaves.

¿Quién es Jesús?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que los evangelios están escritos mucho después de la muerte de Jesús, y por lo tanto reflejan, no lo que Jesús pensó, dijo e hizo, sino lo que las primeras comunidades pensaban de él. ¿Acaso podían hacer otra cosa las primeras comunidades cristianas que preguntarse quién era ese hombre?

También es lógico que se preocuparan por la estructura de la nueva comunidad: Quién iba a ser su representante, con qué asistencia contaba, etc.

El texto expresa ideas que, solo se desarrollaron después de la experiencia pascual. Esto no le quita importancia sino que se la da, porque se trata de la experiencia de la primera comunidad que quiere expresar así su fe en Jesús.

Es significativo que se quiera diferenciar la opinión de la gente de la de los discípulos. La gente entiende a Jesús desde la perspectiva del AT: Un gran profeta. Es verdad que demuestran una gran estima por la figura de Jesús, pero no se han dado cuenta de la novedad que la figura de Jesús aporta.

A los discípulos les costó Dios y ayuda dar el paso de una interpretación nacionalista del Mesías, a la del verdadero mesianismo que encarnaba la figura de Jesús. Sólo después de Pascua dieron el paso.

Antes de esa experiencia, Pedro nunca pudo decir a Jesús que era el Hijo de Dios. (Marcos dice escuetamente: tú eres el Mesías y Lucas: el Mesías de Dios).

Los judíos ni siquiera tenían un concepto de Hijo de Dios en sentido estricto. Para un judío lo más que se podía decir de un ser humano es que era el Ungido, es decir Mesías. Los griegos (y también otras culturas) sí tenían un concepto de Hijo de Dios. Ellos sí podían decir de una persona que era hijo de Dios.

Cuando el cristianismo se instaló en la cultura griega, quisieron decir de Jesús lo máximo: Hijo de Dios. Si los judíos emplearon alguna vez la palabra hijo, tendría que ser con el significado de imitador, réplica, copia exacta de lo que era el Padre.

También se conocía en el AT la idea de hijo de Dios, pero era para expresar una especial cercanía a Dios. Se llamaba hijo de Dios al rey, a los ángeles e incluso a pueblo judío como conjunto

Jesús no pudo decir a Pedro, "sobre esta piedra edificaré mi Iglesia"; porque a Jesús nunca le pasó por la cabeza el fundar una Iglesia. Él era judío por los cuatro costados y no podía pensar en una religión distinta. Lo que quiso hacer con su predicación, fue purificar la religión judía de todas las adheren­cias que la hacían incompatible con el verdadero Dios.

Tampoco los primeros seguidores de Jesús pensaron en apartarse del judaísmo. Fue el rechazo frontal de las autoridades judías, sobre todo de los fariseos después de la destrucción del templo, lo que les obligó a emprender su propio camino.

La respuesta a la pregunta ¿quién es Jesús? no fue fácil; prueba de ello es la diversidad de respuestas que dieron las primeras comunidades. Cada una fue descubriendo lo que Jesús era desde sus características y peculiaridades.

Unas resaltaron el aspecto de salvador futuro y definitivo; la parusía sería la plenitud de su obra.

Otras se fijaron más en su aspecto de taumaturgo: la fuerza de Dios se manifestaba en las obras maravillosas que realizó.

Otras comunidades se fijaron más en él como Maestro, mensajero de la Sabiduría, comunicador de la ciencia que puede llevar al hombre a la verdadera salvación.

Otras cristologías se fijaron en él como el crucificado resucitado, estas se llaman cristologías pascuales. Poco a poco, se fueron integrando todas en esta pascual, y terminó por elaborarse la única cristología que ha llegado a nosotros a través del NT.

La respuesta que pone Mateo en boca de Pedro parece, a primera vista, certera, aunque no supone ninguna novedad, porque todos los evangelistas lo dan por supuesto desde las primeras líneas. Está claro que el objetivo del relato es afianzar una profesión de fe pascual.

Si Pedro hubiera pronunciado esa frase antes de la experiencia pascual, lo hubiera hecho pensando en un "hijo de Dios" en el sentido que lo entendían los judíos; es decir, como persona muy cercana a Dios o que tiene un encargo especial de su parte. Mientras vivió con Jesús ni Pedro ni los demás discípulos pudieron pensar en el "Hijo de Dios" del dogma.

El poder de las llaves

Respecto a la segunda cuestión, tenemos que aclarar algunos puntos.

En primer lugar, los textos paralelos de Marcos y de Lucas no dicen nada de la promesa de Jesús a Pedro. Es este un dato muy interesante, que tiene que hacernos pensar. Marcos es anterior a Mateo. Lucas es posterior. Tanto la confesión de "Hijo de Dios vivo" como la promesa de Jesús a Pedro, es un texto exclusivo de Mateo.

Si tenemos en cuenta que Mateo y Lucas copian de Marcos, descubriremos el verdadero alcance del relato de Mateo. Lo añadido está colocado ahí con una intención determinada: revestir a Pedro de una autoridad especial frente a los demás apóstoles. Seguramente pensando en la situación peculiar de su comunidad judeocristiana.

Es la primera vez que encontramos el término "Iglesia" para determinar la nueva comunidad cristiana. Utiliza la palabra que en la traducción de los setenta se emplea para designar la asamblea (ekklesian).

El texto intenta afianzar a Pedro en la presidencia de esa organización, pero es exagerado deducir de él la absoluta infalibilidad de los sucesores de Pedro. Hay que tener en cuenta que existe otro texto paralelo, también de Mateo, que leeremos dentro de dos domingos, que puede aclarar un poco el tema. En él se dice:

"Si tu hermano peca, repréndele a solas,... si no te hace caso, llama o otro u otros dos..., si los desoye díselo a la comunidad; y si también desoye a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Porque lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo; y lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo".

No se entiende muy bien, que en dos lugares tan próximos del mismo evangelio dé el poder de atar y desatar a Pedro y a la comunidad. Si ponemos atención al contexto, veremos que los dos textos no se contradicen, sino que se complementan. La última palabra la tiene siempre la comunidad, pero esta tiene que tener una persona que la represente.

Pedro o el sucesor de Pedro, cuando hablan en nombre de la comunidad y expresando el común sentir de la comunidad, tienen la garantía de acertar en los asuntos importantes para la misma comunidad.

Por tanto no es la comunidad entera la que tiene que doblegarse ante lo que diga una persona, sino que es el representante de la comunidad el que tiene que saber expresar el común sentir de esta. Este es el verdadero sentido del dogma de la infalibilidad, en nada parecido a lo que hoy piensa la mayoría de los cristianos.

Mateo trata de poner las bases de la nueva comunidad. En esa confesión de fe, podemos descubrir un horizonte que enmarcará la andadura de la Iglesia. Pero ha sido un verdadero error que la iglesia haya creído que se podía definir con dogmas, quién es Jesús, y haya dejado de hacerse la pregunta. Lo que es y lo que significa Jesús para nosotros, nunca lo descubriremos suficientemen­te.

También hoy, la pregunta fundamental que debe hacer todo aquel que se acerca a Jesús, tiene que ser: ¿quién es este hombre?

Lo malo es que todo intento de responder con fórmulas cerradas no solucionará el problema. La respuesta tiene que ser práctica, no teórica. Mi vida es la que tiene que decir lo que Cristo es para mí.

Del esfuerzo de los primeros siglos por comprender a Jesús, debe quedarnos, no las respuestas que dieron, (siempre limitadas) sino las preguntas que se hicieron.

No se trata de responder con formulaciones teológicas cada vez más precisas, se trata de responder con la propia vida a la pregunta de quién es Jesús. Y vosotros, y tú, ¿quién dices que soy yo? ¿Qué dice tu vida de mí?

Hubo un tiempo en que hemos creído que lo importante era la respuesta. Hoy sabemos que lo importante es que sigamos haciéndonos la pregunta. Como la respuesta ya estaba dada (ahí están todos los dogmas cristológicos para demostrarlo), hemos dejado de hacernos la pregunta, y eso es grave.

Desde el punto de vista doctrinal la historia se encarga de demostrarnos que nunca nos aclararemos del todo. O exageramos su divinidad convirtiéndole en un extraterrestre o afianzamos su humanidad y entonces se nos hace muy difícil el compaginar que sea plenamente hombre y a la vez divino.

Una vez más tenemos que decir que la solución nunca la encontraremos a nivel teórico. Sólo desde la vivencia interior podremos descubrir lo que significa Jesús como manifestación de Dios. Sólo si nos identificamos con Jesús y hacemos nuestra su misma vivencia de Dios comprenderemos lo que fue Jesús.

Meditación-contemplación

Y tú, ¿quién dices que soy yo?

Ser cristiano significa responder a esta interpelación de Jesús.

No de manera teórica y aprendida,

sino con las actitudes vitales que él me exige hoy.

En el momento que deje de hacerme la pregunta,

he dejado de ser cristiano.

Si tengo ya la respuesta definitiva,

me he colocado fuera del camino del seguimiento.

"Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios Vivo",

es la profesión de fe de los primeros cristianos.

Es el fruto de toda la experiencia pascual.

Descubrir en Jesús la presencia de Dios

y hacer que los demás la descubran en mí;

esa es la única tarea que me convertirá en cristiano.

Fuente: 

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/811-%C2%BFqu%C3%A9-dice-tu-vida-de-m%C3%AD?.html

Padre Peraza: https://www.facebook.com/arperaza/videos/620293950250102

Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=IJhlWAsOtZI

domingo, 4 de junio de 2023

El momento correcto

TRINIDAD, LA NO-DUALIDAD QUE TODO LO ABRAZA

Enrique Martínez Lozano

Suele decirse que el tres es el número de la Divinidad; sumado al cuatro, el número de la humanidad, del cosmos, se obtiene el siete, la cifra de la plenitud.

En esa misma línea, podría verse el tres como el símbolo de la No-dualidad. No es el uno (monismo o panteísmo) ni el dos (dualismo fragmentador), sino el tres que, sin embargo, no deja de ser uno (ésa es la afirmación cristiana sobre la Trinidad). Desde aquí podría hacerse una aproximación al misterio de la Trinidad como la No-dualidad que todo lo abraza.

En el Nuevo Testamento, se habla del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo –como, por ejemplo, en la fórmula bautismal que se recoge al final del evangelio de Mateo (28,19)-, pero nunca se detienen a tratar de "explicar" el Misterio; más aún, da la impresión de que no les creaba ninguna dificultad.

El "Padre", el "Señor Jesús" y el "Espíritu" constituían sus referencias, sin necesidad de entender mentalmente la relación entre ellos o sus "procesiones internas", como diría la teología posterior. Ni Jesús ni el Nuevo Testamento dicen absolutamente nada sobre un supuesto "dogma fundamental", según el cual "tres personas" (hipóstasis) tienen "una única naturaleza divina".

Este tipo de elucubraciones posteriores, aunque hechas con la mejor intención, más que ayudar a la experiencia espiritual, no pueden sino provocar división –todas las formulaciones mentales son sumamente limitadas y relativas- y, a la larga, generar ateísmo, en quienes, lúcidamente, se nieguen a creer en un Dios así objetivado por nuestro razonamiento.

Por lo que se refiere a la historia, la palabra griega trias aparece por primera vez en el siglo II (en el apologista Teófilo); el primero en usar el término latino trinitas es Tertuliano, en el siglo III; y la doctrina clásica de la Trinidad –"una naturaleza divina en tres personas"- no aparece hasta finales del siglo IV. Más aún, la festividad de la Trinidad no fue declarada obligatoria hasta el año 1334.

La liturgia de este día nos ofrece un texto breve del cuarto evangelio, en el que se presenta a Dios como amor –tal como se afirmará en la primera Carta de Juan: "Dios es amor" (1 Jn 4,8)-. Dios es amor al mundo y su único deseo es la "vida eterna" o vida en plenitud.

El texto parece recrearse en insistir que Dios no condena a nadie (¿a qué se debe que la autoridad religiosa sea tan dada a condenar a quienes discrepan?). Se "condena" a sí mismo el que se niega a ver.

En aquella perspectiva mítica, la condena –perder la vida- se veía como consecuencia de no creer en Jesús. Mientras la Iglesia ha permanecido en esa perspectiva, ha afirmado que la creencia estaba ligada al conocimiento y a la fe en la persona de Jesús de Nazaret, hasta el punto de decir: "Fuera de la Iglesia no hay salvación". La lectura literal y mítica del texto no permitía otra conclusión.

Sin embargo, en cuanto tomamos conciencia de que se trataba únicamente de una perspectiva, percibimos que su significado es mucho más profundo. "Creer" en Jesús no significa un asentimiento mental a su persona, que requiere, en todo caso, un conocimiento previo de él. Se comprende que lo vieran así sus discípulos, porque los humanos tendemos a absolutizar siempre "lo nuestro".

"Creer" en el "Hijo único de Dios" significa reconocer nuestra Identidad profunda –eso es lo que vio y vivió Jesús-, porque en ello se juega precisamente nuestra salvación. Mientras permanecemos identificados y reducidos al yo, estamos "condenados" a la confusión y al sufrimiento; para alcanzar la "salvación" y experimentar la Vida, se requiere liberarse de aquella identificación, es decir, caer en la cuenta de quienes realmente somos: "hijos en el Hijo", el "Hijo único de Dios".

A partir de esa comprensión, al vivirnos conscientemente conectados a la Fuente, anclados en la Identidad última, salimos de la ignorancia, para vivir en la luz y en el amor. Esto es lo que vivió Jesús; "cree" en él quien lo vive.

De este modo, sin "reducir" a Jesús, hemos dado el paso de la religión (exclusiva) a la espiritualidad (inclusiva). Sólo así el llamado "diálogo interreligioso" es posible y enriquecedor.

Más aún, al celebrar la Trinidad, estamos celebrando el núcleo mismo de la espiritualidad más genuina: la No-dualidad. Más allá del mundo de las formas y, por tanto, de las polaridades y de las antinomias, existe "otro" nivel en el que todo está bien.

Esto no significa una devaluación de las formas ni, mucho menos, la afirmación de otro dualismo: las formas son el rostro "visible" –la otra cara- del Misterio. Pero esa nueva comprensión nos permite ver la Belleza y la Armonía de todo lo que es..., más allá de las etiquetas que nuestra mente pueda ponerle. Como dice el libro del Génesis, "vio Dios todo cuanto había hecho, y era muy bueno" (1,31).

En esa dimensión profunda, que escapa a nuestra mente, percibimos la Sabiduría que, trascendiendo absolutamente el razonamiento mental y la percepción egoica, nos asegura que todo está bien. Es algo similar a lo que nos sucede cuando nos despertamos por la mañana y recordamos en sueño que nos había agitado durante la noche.

Situados en esa sabiduría es cuando podemos comprender que "lo que viene, conviene". Leído desde la mente, este principio no puede interpretarse sino como resignación. Pero estamos hablando de un nivel diferente que hace que, en lugar de resignación, sea sabiduría. De hecho, la persona que se encuentra en él es cualquier cosa menos "resignada". Se rinde a lo que es –lo contrario es tan agotador como absurdo-, pero a través de ella fluye siempre el movimiento adecuado, porque nace de la misma Sabiduría (de Dios).

Por eso, quiero terminar este comentario, en el día en que celebramos la fiesta de la No-dualidad, en la que todo se abraza, trascribiendo las "cuatro leyes espirituales", que ha popularizado el maestro hindú Sa¡ Baba. Son éstas:

LAS "CUATRO LEYES" ESPIRITUALES

1. "La persona que llega es la persona correcta"

Nadie llega a nuestras vidas por casualidad: todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

2. "Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido"

Nada, absolutamente nada, de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: "si hubiera hecho tal cosa...hubiera sucedido tal otra...". No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

3. "En cualquier momento que algo comience, ése es el momento correcto"

Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es entonces cuando comenzará.

4. "Cuando algo termina, termina"

Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución; por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.

Por eso, es sabio quien, más que etiquetar cada acontecimiento o circunstancia como "agradable" o "desagradable", recibe todo lo que le ocurre como una oportunidad para aprender..., sin perder nunca el "contacto" con su Identidad más profunda, aquélla que se halla a salvo de la impermanencia y de los vaivenes mentales; aquélla que, como diría el propio Jesús, "está inscrita en el cielo" (evangelio de Lucas 10,20).

Ilustraciones: Patrice Maestri ("La Trinité le Saint Esprit" y "Lolo mont premier amour").

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/958-trinidad-la-no-dualidad-que-todo-lo-abraza.html

Padre Peraza: https://www.facebook.com/arperaza/videos/929616004778478

Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=q67syRGwTnk



Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY