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martes, 25 de noviembre de 2025

Irremediable tablero

BREVÍSIMA CRÍTICA DE LA RAZÓN PANFLETARIA

Luis Barragán

Inevitable, el estilo y la política desembocan en una razón panfletaria, por siempre urgido el respaldo decisivo de las masas en medio del desconcierto. No pudo ser otra la consecuencia de la interesada invocación que no, planteamiento, socialista apenas despuntando el presente siglo: está asociado a un crónico estado de zozobra aún en el curso de la mayor bonanza petrolera o dineraria de toda nuestra existencia republicana.

Consustancial al sistema político que nos hemos dado, aceptado o resistido, esa razón ejerce una poderosa y hasta involuntaria influencia en los cuadros inequívocos de oposición que gustan de las más trilladas consignas, gozan de una exagerada tonalidad emotiva, el pretendido análisis se convierte en la enfermiza hazaña del maniqueísmo, desarrollando un gusto por el amarillismo, el insulto, la destemplanza. La deliberada degradación del debate público, no es ni será soporte alguno para la reconstrucción polivalente del país y bien podemos constatar, sobre todo en el lenguaje escrito cotidiano, portador de la opinión dizque de los sectores más críticos, la más burda y reiterativa imitación de los estándares oficialistas; por cierto, sin extendernos en relación a los diarios de debates municipales y parlamentarios de esta centuria.

La actuación política remite a una dramatización reiterada de nuestros problemas, añadidos los particularmente muy nuestros, en la búsqueda afanosa de la unanimidad sentimental con fines exclusivamente movilizadores, por lo que la persistente promesa de un desenlace preferiblemente heroico constituye una obsesión de la actuación política. Por supuesto, mayores son los recursos simbólicos empleados por el Estado, directamente proporcional a su debilidad institucional, tendiendo la oposición a imitarlo paradójicamente fuera del poder.

Categoría de usos múltiples, la antipolítica se sincera en el abierto antipartidismo que suele colarse en esa práctica panfletaria con disfraz de diligente sociedad civil con algunas individualidades y expresiones organizadas que juran sustituir a los partidos. Varias veces señalado, fuerzan en todo lo posible un protagonismo que les ahorra los costos inherentes a la institucionalidad partidísta, o refuerzan la tendencia a hacer de la política toda una producción a lo Joaquín Riviera con una narrativa totalmente emocional antes que analítica, una simbología épica o apocalíptica del hartazgo, y una destreza meramente coreográfica.

Un modo de interpretar la realidad que no comprende, sino ataca virulentamente, termina por tragarse al cínico, demagogo y polarizador que entiende la política, lo político y los políticos como manifestación del espectáculo en línea, sus gestos verbales y escritos neciamente reiterativos y quejumbrosos, encarnando una razón panfletaria, a veces, doblada en una asombrosa cortesanía. ¿Para qué el diagnóstico, las propuestas, o los escenarios probables?, ¿por qué de la tediosa tarea de concebir una estrategia en el inmenso tablero que lo explican las tácticas y vicisitudes que se agotan en sí mismas?, ¿cabe en la era tecnotrónica la política como una experiencia profesional?

Hay tradición panfletaria en Venezuela, la orientada a informar, motivar y amalgamar a las masas en momentos excepcionales, recortando el ventajismo de los adversarios, pero – igualmente – una distancia entre las octavillas que imprimió Francisco de Miranda en el “Leander”, distribuidas al desembarcar en Coro por 1806, y los excesos de Antonio Leocadio Guzmán décadas más tarde, convertidos en doctrina por Lenin en otro siglo y en otras latitudes. Más de las veces, esperamos del dirigente político o de sus imitadores, una explicación de lo que acaece, acaeció y debe acaecer, en lugar de la agitación y denigración como estilo, (anti)política y modo de razonar.

Ineludible el enorme tablero, es, fue y será necesario estrategizarlo. Que sepamos, el ajedrez no requiere del lanzamiento de dados.

Ilustraciones: ¿MCE? y Houman Al Sayed.

25/11/2025:

https://www.elnacional.com/2025/11/brevisima-critica-de-la-razon-panfletaria/

domingo, 16 de noviembre de 2025

Aula y barbarie

LA  ANTIPOLÍTICA EN LA UNIVERSIDAD VENEZOLANA

Luis Barragán

La llamada antipolítica constituye una absurda práctica y una seria perspectiva de análisis para comprender la crisis y no sólo respecto a su actualidad, sino a los propios orígenes de finales del siglo XX. No debe extrañar que explique el problema universitario, presumiendo por siempre la asunción de responsabilidades de la comunidad a través de las autoridades, profesores, estudiantes, empleados, obreros y jubilados efectivamente agremiados.

La primera estupidez consiste en suponer que la solución del problemario (porque a estas alturas nadie nos asumirá en medio de una circunstancial anécdota), pasa acaso por la exclusiva concienciación, consideración y acción individuales, en lugar de la eficaz organización social de quienes hacen vida en nuestras casas d estudios. La segunda estupidez, obliga a creer a ciegas que la sola denuncia de esos complejos problemas, afecta la imagen corporativa de la institución que no importa que haya dejado de serla, suscitando las diligencias privadas de quienes se estiman o pueden estimarse como los notables de la entidad educativa, por supuesto, con un peregrino ruego por la atención de las autoridades, porque todo concierne a las élites del momento, las que tratan de una materia más de naturaleza estrictamente técnica, digna de negociación entre los aristócratas del aula y que, Dios nos libre, es absolutamente contraria a la política y quien dice política, dice partidos.  

Luego, la universidad deviene conglomerado de extraterrestres privilegiados por el sólo hecho de la matriculación que no agradecen, a cargo de los más iluminados y, así como no debería celebrarse elección alguna para las autoridades, son mal vistas las representaciones votadas de cada gremio y el gremio mismo. Esto es política y, quien dice política, con Ludwig Wittgenstein por delante, dice partidos.  Sin embargo, la fórmula no ha funcionado y, lo que es peor, ha reforzado las reglas impuestas en el presente siglo.

A título de ilustración, hubo un rectorado magnífico por muchos años en la Universidad de Carabobo y, ahora que hay un evidente conflicto en su seno, acumulada una amarga experiencia, no queda otro camino que convocar a las elecciones rectorales que, con todas sus fallas y defectos, se realizaron – por ejemplo - en la Universidad Central de Venezuela. O, en la Universidad Simón Bolívar, con la salvedad del profesorado, los diferentes y temerosos gremios han apostado a esas diligencias personales que los notables hicieron dizque para mantener el prestigio de la casa de estudios, sin que pudieran impedir la permanencia de cuatro años de las autoridades interventoras que estuvieron en el deber legal de realizar los comicios, enmudece ante la falta de presupuesto, e incurren en la confiscación práctica de la Casa del Profesor; por cierto, mientras que la representación de los egresados publicita los “hermosos jardines”, aunque el cromo-vegetal diseñado nada más y nada menos que por Carlos Cruz Diez está en ruina, jamás denunciado, como tampoco las terribles condiciones del Galpón de Biología. Necesario acotar, convocar a elecciones en una u otra casa de estudios es hacer política, e, inevitable, política partidista.

Ahora, se acercan las elecciones en la Universidad de Los Andes, promisorias, pero lucen como un secreto a voces: sería la mayor estupidez, esta vez, subestimar su impacto reivindicatorio de la sociedad civil organizada que claro, no faltaba más, es política de la más pura estirpe y, tal parece, querido Watson, están metidos los partidos, como si todos ellos gozaran de buena salud en el consabido e ineludible contexto actual por lo que respecta a la oposición.  Entonces, ¿qué se hace agotada la antipolítica, el antipartidismo, el contra-civismo? Suponemos que hacer política y de la buena, en la justa dimensión de la sociedad civil, de la civilidad y del patriotismo, porque los partidos (¡descubran América, infames!) tienen sus espacios muy específicos y especializados que luchan todavía por reivindicar.  

Ilustración: Tomada de la red.
16/11/2025:

martes, 29 de julio de 2025

Momento maquiavélico

LA UNIVERSIDAD REPUBLICANA

Luis Barragán

En las postrimerías del siglo pasado, el término desregulación gozó de un extraordinario auge en el ámbito económico, proyectado – no mentado - abusivamente en el político para buscar la mínima formalidad posible de sus procederes y procedimientos; esto es, la promoción e imposición de aquellas conductas derivadas de un liderazgo personal, afortunado y quizá circunstancial, en detrimento de toda expresión institucional, estable y perfectible. En un sentido, pareció fácil confundir el modelo de desarrollo abierto y competitivo que pugnaba por consensuarse, con una total y absurda ausencia del Estado, mientras que, en el otro, la antipolítica arremetió fundamentalmente contra los partidos y cualesquiera otras instancias colegiadas de conducción política y social en clara apuesta por el mesianismo de ocasión.

Jurando combatirlo, la paradoja estuvo en la entronización de un populismo de izquierda, como pudo serlo de derecha, según el canon, consagrando la anomia en la presente centuria, pues, la desregulación se ha cumplido a plenitud por la interesada abstracción y manipulación de las normativa vigente, la conveniente y oportuna interpretación judicial, y, constituyendo una mayor ventaja, la pérdida generalizada, creciente, distraída o inadvertida del sentido y del sentimiento republicanos. Metidos en un gigantesco berenjenal que J. G. A. Pocock denominó el “momento maquiavélico” de más de prolongado, todo apunta a la reconstrucción de la sociedad civil desde abajo para reivindicar y darle soporte a una distinta experiencia política,  aunque parezca una osada utopía de acuerdo a las circunstancias actuales:  división y equilibrio efectivo de los órganos del Poder Público, ejercicio real de las virtudes cívicas a las que conducen los principios y valores constitucionales, y una libre, limpia y transparente participación y competencia ciudadana.

En principio, significa el reaprendizaje de la convivencia social, la autorregulación del genuino comportamiento ciudadano, el redescubrimiento de la política fuera de los cauces de la fulanización extrema y mesiánica, al encuentro de la sanción moral eficaz, como algún remoto día  lo demostró la ejemplar disciplina de los usuarios del metro de Caracas, igualmente atendidos por las fallas del servicio que pudieran sufrir. Agreguemos el acatamiento voluntario de los peatones y automotores frente a las señales del semáforo, el respeto al orden de una cola que se haga frente a toda taquilla, la moderación del volumen de los equipos de sonido en vehículos e inmuebles, como indicio de una cultura cívica alternativa en gestación, añadida la realización de los comicios que las legítimas organizaciones de la sociedad civil tienen pendientes para volver a la más amplia y promisoria acepción de la política.

En poco tiempo, la Universidad Simón Bolívar cumplirá cuatro años bajo la dirección de las autoridades interventoras designadas por el Ejecutivo Nacional, las cuales – en su momento – tuvieron un plazo de 180 días para convocar las elecciones rectorales de conformidad con la normativa vigente.  Siendo un caso particular de desregulación política,  importa reivindicar la vida institucional de la casa de estudios como dato fundamental de su recuperación, propulsando – como lo ha hecho decididamente el gremio profesoral – las elecciones en mora y ventilando abiertamente los problemas; vale decir, reinscribiéndose en una tradición republicana que les es tan indispensable para cumplir la misión ética, académica y sociopolítica que la inspiró al fundarse.

Acotemos, las sedes de Sartenejas y del Litoral Central exponen sendos problemas que son los estructuralmente propios de la universidad venezolana, por lo que la deseada excelencia y prestigio no dependen de una absurda ocultación, sino de la reemergencia de una cultura cívica capaz de ventilarlos y de solventarlos por los medios institucionales, por lo además, actualizadores. Incluso, aún las entidades de una expresa vocación científica y tecnológica, son y deben ser compatibles, por una parte, con los valores republicanos como la libertad, la igualdad, la participación, el compromiso con el bien común; y, por otra, nociones tan angulares como la autonomía universitaria y la libertad de cátedra, constitucionalmente establecidas, nos orientan a la autorregulación, necesariamente democrática, que ha de fundamentar la indispensable vida institucional, hoy, urgidos frente al populismo obviamente mesiánico de cualquier signo.

Composición gráfica: Steph Goralnick.

Fotografía: LB, Universidad Simón Bolívar (Sartenejas, 08/05/2023). 

29/07/2025:

https://www.elnacional.com/2025/07/la-universidad-republicana/

martes, 10 de junio de 2025

Fugasterio

¿LOS VENEZOLANOS DEBEMOS LARGARNOS DE  ESTE PLANETA?

Luis Barragán

Pasadas las bonanzas petroleras de las que queda poca memoria, añadida la asombrosamente malbaratada en la presente centuria, parece que los venezolanos – ahora, despreciados por malandros - ya no cabemos en este planeta, en las propias ni en las más ajenas latitudes. El país que asimiló la masiva y continua inmigración como un hecho natural y necesario, acreditado como liberador del continente que sacrificó a sus llaneros en las cumbres andinas y tendió más tarde un cordón sanitario contra las dictaduras; el país que hoy debe salir de sí mismo proyectado al espacio sideral para que otros vivan sus normalidades, a todas luces estorba.

Lo peor de esta tan radical, insólita e inmerecida  extranjería, es que no la podemos remediar yéndonos a la Luna ya copada de bienhechurías de dudoso título y, mucho menos, recalando en Marte ya que los chinos compraron el planeta en planos al igual que los derechos de aquél famoso chachachá compuesto por Rosendo Ruíz, quien nunca sospecharía de una intergaláctica promoción (https://www.youtube.com/watch?v=7L4mG3_LxaA). Unos, hablarán entusiasmados de las piedras fotografiadas por el Curiosity en los predios marcianos, quejumbrosos por la falta de cauchos a quemar bulliciosamente en las vías no asfaltadas, pretendiendo una hazaña de la sola ocurrencia de protestar más allá del horizonte; mientras que, otros, harán de la autosuficiencia, soberbia y manifiesta inexperiencia política, un acto heroico en torno al despilfarro de las voluntades, condiciones y oportunidades que hemos tenido por todos estos últimos meses en este rincón del mundo conocido.

Por supuesto que la diáspora venezolana que no se interroga sobre la naturaleza y los alcances que ha adquirido, y tampoco lo hace respecto a la dirección política que tan presuntamente ostenta, está condenada a la estéril simplicidad y al tóxico maniqueísmo de siempre, como a una fuga perpetua arriesgando la mismísima identidad. Por cierto, presumida una dirigencia que no afronta resueltamente el discurso de la antipolítica para gravitar eternamente en la constelación de los problemas existenciales de una república proclive a desaparecer, como … la nuestra, no otra que la nuestra.

El más abultado defecto urgidos de superar en relación a la diáspora alienígena en la que nos convirtieron, es el de la propensión a un hiperindividualismo cada vez más militante que explica el principio del sálvese quien pueda, dentro y fuera de Venezuela, y muy bien lo ilustra Carmen al responder a Bonino en un programa radial recogido por la curiosa y exitosa novela intitulada “Ovni 78” de reciente publicación en español por Anagrama, suscrita por Wu Ming, un colectivo de narradores italianos. Y es que, en efecto, ella refiere que “hay quien piensa que, para hacer política, basta con que cada cual se ocupe de sus cosas”, al mismo tiempo que otros entienden que “mis cosas nunca son solo mías y por tanto hay que ocuparse de las cosas de todas y todos y que eso es la política”; y, para que no quede ninguna duda, la pedagógica Carmen añade: “Si tú tienes tos y me hablas media hora de tu tos, pues te ocupas de tus cosas. Pero si tienes tos y esa media hora me hablas de la contaminación que te la provoca, de la fábrica que te la empeora y del médico que no te la cura porque tiene demasiados pacientes, te ocupas de tus cosas y de las de todas y todos”.

El exilio externo y, ¿quién dice que no?, interno, se ha resignado a una fuga perenne para definitivamente habitarla, impidiéndole bregar por hacerse – al menos -  respetable, como efectivamente lo lidiaron y lidian las diásporas judía, irlandesa, china, africana, armenia, palestina, entre otras contemporáneas que lucharon y luchan por preservar su identidad cultural, contribuir profesional y económicamente en los países de acogida, expresarse a través de vigorosas comunidades, adaptarse creadoramente para derrotar las adversidades, desarrollar una narrativa de justicia y solidaridad realmente inspiradora, a modo de ejemplo. La venezolana precisamente ha de fugarse, salir, abandonar el fugasterio, porque no cabrá siquiera en otra galaxia, camino a edificarse como una diáspora promisoria que, al volver más tempano que tarde a casa, nunca dejará al venezolano universal que le corresponde construir para salvar el XXI que tiene en suerte.

Fotografía de fondo: Marte, tomada de: https://revista.iaa.es/content/el-imaginario-del-planeta-rojo-trav%C3%A9s-del-arte

10/06/2025:

https://www.elnacional.com/opinion/los-venezolanos-debemos-largarnos-de-este-planeta/

domingo, 2 de marzo de 2025

Noticiero retrospectivo

- Juan Jones Parra. “La Batalla de Carabobo”. Revista Shell, Caracas, N° 3 de 06/1952.

- Alejandra Villasmil. “Los partidos se debaten entre la muerte y la resurrección. Totalitarismo y populismo: Los riesgos de la antipolítica”. Economía Hoy, Caracas, 07/04/97.

- Jonán Millán Boada. “Juan Liscano y la psiquiatría”. El Nacional, Caracas, 13/02/74.

- Nicolás Vega Rolando. “Sobre el mal uso de los símbolos de la nacionalidad”. Resumen, Caracas, N° 79 del 11/05/75.

- Guillermo Meneses. “Cuento de Caracas en sus 399 años”. Momento, Caracas, N° 524 del 31/07/66.

Fotografía: Aporte de Jerjes Meléndez Núñez para Caracas en Retrospectiva II (Facebook), carnavales de Caracas, en 1954. 

domingo, 2 de febrero de 2025

Cardenalidades

CÓNCLAVE, CONCLAVEOS Y CONCLAVISTAS, O LA POLÍTICA IRREEMPLAZABLE 

 Luis Barragán

Teniendo la fortuna de acceder al libro, leímos “Cónclave” de Robert Harris (Barcelona, 2016) antes de ver la película homónima de  Edward Berger (2024), una mejor y más lograda versión artística, cuyo protagonista - Ralph Fiennes – luce como un fuerte candidato al Oscar.  De trama, por cierto, revelada por diferentes medios, incluyendo la Wikipedia, el espóiler (término ya acogido por la Real Academia), es la mejor arma defensiva de quienes – por ejemplo – nunca leyeron “Cien años de soledad”, ya saben aquello del rabo de cerdo, importándoles un bledo la maravillosa construcción de sus tramas, el tejido de sus vicisitudes y el buen humor que pavimenta la novela.

Lejos de pretender un ejercicio crítico de la obra, deseamos señalar la más importante característica de la interpretación de un novelista que ha tenido grandes éxitos en el género de la política-ficción, y un cineasta que muy bien la simplifica con escasas diferencias en relación a pieza que la inspira. Y es que la política que fundamentalmente nos impone del irreprimible conflicto y la búsqueda perpetua de soluciones, quizá por aquello de que un error suele resolver otros errores, es el fenómeno ineludible: un esfuerzo metódico, con la mayor pureza posible, demandando el auxilio del Espíritu Santo, para que los cardenales elijan al nuevo sucesor de Pedro, es la tarea..

El cónclave cuenta con una remota tradición de procedimientos para que sus miembros, individual, secreta y solemnemente elijan al Papa, prohibiéndoles el inicial intercambio de opiniones. Sin embargo, a medida que las distintas votaciones fracasan, además, extremadamente formales por la gravedad de la materia que las ocupan, progresivamente exigen del intercambio de información y pareceres, la evacuación de las denuncias que el narrador sugiere (siendo y demasiado tarde para la octava y definitiva consulta), la lógica aparición de aspiraciones (añadida la tentación narcisista, como cualquier otra), y la conformación de las tendencias que suelen cambiar en el curso de los sufragios.

Los cónclaveos – permítanme la expresión – tienen el más transparente y firme propósito de una limpia selección de compararlo con las miles que se hacen en la vida familiar y ciudadana, respecto a las personas, el mundo y las cosas. Entonces, valga el mensaje para los antipolíticos del patio, mal que bien la Iglesia Católica, con sus errores y aciertos, ha ideado e implementado, en no pocos siglos, una fórmula cónclava que, lejos de satanizar, reivindica el camino de una democrática composición de las diferencias; e, importa anotarlo, anima a los conclavistas, los pretendidos especialistas que urden en la opinión pública hasta las más absurdas conjeturas, como si la institución eclesiástica fuese el territorio exclusivo de todas las maldades frente a la bondad del resto de la humanidad que la juzga desde una moralina despiadada.  

El libro juega con un desenlace sorprendente de muy escasas páginas, a tono con los temas de una moda que se prolonga, previendo la sustitución de Francisco I que ojalá tarde y mucho, compaginando con una prolija literatura de ficción y no ficción de un pasado próximo, como “Vaticano 2035” de Pietro de Paoli, (Grijalbo, 2006), o más reciente, como los libros de Vicens Loza (“Intrigas y poder en el Vaticano”, 2021; y “Vaticangate. El complot ultra contra el Papa Francisco y la manipulación del próximo cónclave”, 2023), publicados por Roca Editorial de Libros, Barcelona.  En todo caso, el asunto en cuestión constituye una oportunidad para ejercitarse en la lidia de la política irreemplazable, esta vez, en Ciudad del Vaticano.

02/02/2025:

https://www.lapatilla.com/2025/02/02/luis-barragan-conclavos-conclaveos-y-conclavistas-o-la-politica-irreemplazable/

miércoles, 15 de enero de 2025

A quien pueda interesar

¿DE UN REGRESO ARREPENTIDO A LA POLÍTICA?

Luis Barragán

Demoledora la embestida contra la institucionalidad partidista en el presente siglo, luce aparentemente inevitable  el regreso a la más genuina fórmula, permitiéndonos realizar la vida en común no sólo libre y pacífica, sino productiva y justa.  Aquellas organizaciones creadas o fundadas desde el poder, tendieron y tienden  a extinguirse automáticamente una vez que lo abandonan, o, en todo caso, son  susceptibles de una patética agonía.

Cebados los más duros prejuicios contra los partidos, algo que fue mucho más allá de la descalificación política e ideológica u otras de un extenso repertorio, sin dudas, preelaborado, por supuestísimo, no hubo otra instancia, dispositivo o mecanismo capaz de reemplazarlos, entre otras razones,  por la más paradójica: destruir a los partidos significaba y significa la inexorable desaparición de las más legítimas organizaciones de la sociedad civil.  Tempranamente detectado el asunto en el curso de las discusiones que suscitó el Seminario Internacional de Política y Antipolítica, celebrado en Caracas por abril de 1997, quizá sorprendida la opinión pública por la novedad del debate,  el espectáculo y sus efímeros efectos,  el nepotismo, o la sola apuesta por las circunstancias que tercamente se empeñan positivas a pesar de las evidencias, todavía no constituyen respuesta alguna. 

Excepto los parapetos electorales de ocasión, el partido históricamente promediado en Venezuela, de un modo u otro se hizo escuela de civismo, a veces, místico, generador de un importante sentido de altruismo, transmisor fiable de experiencias e ideas, y perfeccionamiento de las habilidades para ganar adherentes y destrezas para no morir en el intento. Empero, en la división interna del trabajo partidista, más allá de los afectos y vivencias, la dura realidad obligaba a un despliegue estratégico que convocaba a los naturalmente más aptos para la tarea, dándole una definitiva conducción política a la organización, u organizaciones en el caso de coincidir bajo determinadas banderas unitarias.  

Después de la enorme molienda de los prejuicios, es necesario regresar a la política allende las emociones que fáciles surgen y desaparecen, pensándola e implementándola desde las instancias estables y colegiadas, suficientemente confiables por el significativo hecho de integrarlas, informadas y creadoras, convincentemente sensatas para concebir y permear un línea de acción definitivamente trascendente.  Algunos de estos elementos existenciales, nos llevan  a la indispensable reconstrucción de la institución en un aspecto que le es tan vital: el estratégico, pues, por un lado, no en vano el partido promedio formó y reconoció a militantes o afiliados por largos años, cuyo aprendizaje frecuentemente comenzaba en los comicios estudiantiles de liceos y universidades; y, por el otro, el liderazgo o la jefatura política se explicaba por el concurso del otro y los otros que se comprometían y también arriesgaban en la dirección.

Valga la parábola histórica, durante la II Guerra Mundial hubo insignes y emblemáticos generales tácticos y estratégicos  al lado de otros que fracasaron, precisamente, donde tenían el deber de no hcerlo: “Los peores generales de la segunda guerra mundial” (https://www.youtube.com/watch?v=N0wzfOVKbeU&t=95s), es una pieza de divulgación que así lo comprueba. Los hubo asombrosa y sonoramente fracasados a pesar de contar con superioridad numérica de soldados, buen apresto operacional e instrucciones claras y precisas para los eventos decisivos que los ocuparon.

A modo de ilustración, el estadounidense Marc Clark, por entonces, tuvo importantes ejecutorias severamente cuestionadas entre sus pares, cultivaba la prensa con el esmero de un ego hollywoodense y tomó apresuradamente Roma al concluir la gran contienda, intentando modelar un acto heroico y legendario. Gozando del favor de los medios, hizo promesas, produjo enormes expectativas, adelantaba una epopeya en cada gesto, pero – afortunadamente – de él no dependió el saldo final de la gran conflagración mundial.

Así en la guerra, como en la política, cultivar la incertidumbre en las propias filas cual extraño objetivo táctico devenido estratégico, irradiándolo hacia el enemigo, o adversario, tiene efectos contraproducentes, pues, antes de tiempo, habrá los que quieran caer antes de permanecer guindando por siempre luego de una explosión casi festiva de expectativas y promesas forjadas en no pocos ciclos de inactividad.  Cuestión meridional, ¿cómo hacer política, haciéndola? 

07/01/2025:

https://www.elnacional.com/opinion/de-un-regreso-arrepentido-a-la-politica/

lunes, 9 de diciembre de 2024

Coyuntura y desempeño político

EL PETARDO DE ARGÓN

Luis Barragán

Todo desempeño cívico es incompatible con el monólogo, por brillante que fuere el protagonista. Crecientemente aislado, un decisor que se haga exclusivamente de cualesquiera circunstancias para arbitrar la suerte de los demás, más temprano que tarde incurrirá en el suicidio político.

Siéndolo, al fin y al cabo, el poder establecido ha empleado exitosamente su más perversa pedagogía al reducir las actividades partidistas, la de su principal soporte y de las organizaciones filiales, al mero espectáculo, falseando las realidades, mientras los distintos factores internos a la sombra lograron engranar, desarrollar canales de comunicación, y entenderse un poco más allá del presupuesto público, incluso, en cumplimiento de sus naturales ciclos de depuración. El principal beneficio alcanzado ha sido el del desaprendizaje de amplios sectores de la oposición, a contrapelo de una larga y accidentada tradición republicana: ni siquiera los más granados caudillos rurales, fueron tan autosuficientes, e incapaces de consultar, pues, inmersos en las acostumbradas escaramuzas y guerras civiles, al menos, estaban obligados a mancomunar una mínima inquietud, intuición, idea, esbozo y hasta distinción entre lo táctico y lo estratégico.

De la animación y apuesta por un hecho fortuito, la ansiedad mesiánica, con la sola inflación de las expectativas, todo esfuerzo político deja sencillamente de serlo, porque la colegiación, la responsabilidad compartida al mismo tiempo que diferenciada, es un dato fundamental también para la sociedad civil que ha de impedir la propia desorganización tan lentamente experimentada, oculta tras el inducido desprecio a los partidos y sus oficiantes, excepto ejerzan el poder efectivo, estridente, provechoso y contundente. Empero, a la situación contribuye, en su peor acepción, una comprensión tribal y trivial de la amarga experiencia que todavía atravesamos, anclada a la simplicidad y el maniqueísmo favorable a una terca polarización artificial, alérgica a toda reflexión oral y más aún escrita, a la discusión creadora y al compromiso de vida que sugiere la más modesta intención de libertad liberadora.

En los casos más agudos, difíciles, graves, tempestuosos, el jefe político es el que pronuncia la última palabra, procurando escuchar a los otros, usando el turno final para sintetizar y consensuar una determinada orientación que explique el aporte personal y ojalá novedoso. Y en el caso de una o varias discrepancias no resueltas, la jefatura pide el voto de confianza para decidir por la instancia: esto, que hoy no parece tan obvio, implica trabajar y ganar la confianza de los demás, ora por sensatez y equilibrio, ora por eficacia e intrepidez.

De un extraño ambiente navideño, semejante al soportado en años anteriores, hay una interesada propensión del país a no apreciar adecuadamente la coyuntura de un aparente receso que nos aqueja, quizá por el direccionamiento opositor y muy quizá por los prejuicios de la mutante antipolítica, empa(e)ñando toda visión, perspectiva y expectativa. En lugar del láser que puede remediar o subsanar algún problema de la retina, la inseguridad y vacilación del oftalmólogo lo empeora, relegado a un petardo de confusión, cual pieza de Jackson Pollock, como no ocurrió con “El disparo de argón” de Juan Villoro.

10/12/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/el-petardo-de-argon/

martes, 27 de febrero de 2024

Aula de porvenires

DE LA POLÍTICA Y SU NECESARIA ESCOLARIDAD

Luis Barragán

La propia constituyente de finales de siglo, dio inicio al proceso desbarajustador del país que tuvo por ensayos generales el nada inocente Caracazo de 1989 y las asonadas de 1992. La sola conformación de aquella asamblea no reflejó la por entonces auténtica correlación de fuerzas políticas y sociales de la Venezuela de varias décadas de experiencia democrática, después, retrotraída a etapas de barbarie hasta arribar a las actuales circunstancias de un desencuentro con la centuria misma.

Desinstitucionalizada al extremo, la política se antoja como un algo supersticioso que debe desatender al otro y a los otros, alcanzando la jerarquía de un modelo de negocios en la era socialista.  Todavía resuenan los dicterios y apotegmas del insoportable grupo de los llamados Notables de elevada moralina que le dio soporte a quienes aún gobiernan desconociéndolos con franco desprecio, acaso, concebido y sellado como un eficaz, voluntario e involuntario,  partido satelital. 

La intensa y perversa pedagogía ha penetrado en todos los ámbitos que, ahora, luego de soportar los millones de toneladas de propaganda y publicidad, tienden a reivindicar la política y la complejidad de sus relaciones, ideas y emociones, debiendo necesariamente traducirse en hechos concretos y, agregaríamos, históricamente concretos dada la coyuntura.  En la medida que descubren, identifican y comprenden el pensar y el obrar políticos, en esos ámbitos perciben la fragilidad y susceptibilidad de una picada de alacrán; se saben impotentes para generar vastos y novísimos  movimientos sociales, faltándoles el sentido y el aliento estratégicos que ameritan; ya conocen y padecen las consecuencias de la apuesta irresponsable e incansable de un destino que es común, como se vislumbraba desde la inauguración del siglo (vid. Economía Hoy:  https://apuntaje.blogspot.com/2024/02/y-los-dados-cargados.html).

Más vale tarde que nunca, el pensar y el obrar que paradójicamente reclaman a la dirigencia partidista opositora que, en no pocos casos, los ha olvidado: quizá, porque es hechura de la descomposición generalizada y resumida en el fenómeno chavista, a falta de un mejor término; quizá, porque hay una pérdida de universalidad, todo circunscrito a un asunto única y exclusivamente autobiográfico. Y es que, con las excepciones de rigor, el dramático rompimiento se hizo con los hábitos, aptitudes, conductas, satisfacciones e insatisfacciones de una izquierda y de una derecha que se modelaban y comprometían en el centro, añadidas sus tensiones y contradicciones: se dio un salto al vacío, improvisada hasta la manera de andar; irremediable, debemos volver a las aulas vivientes de la escolaridad política. Por ejemplo, asumiendo que no hay articulación sin arraigo (vid. El Nacional: https://apuntaje.blogspot.com/2022/06/ilusion-quebradiza.html), importa y demasiado hacerse de la más elemental noción de liderazgo político y de la facilitación social.

Poderosa metáfora, de un lado, por descollantes que fueren las individualidades, el director sabe qué hacer y hace con los cellistas, los fagotistas, o los percusionistas, a modo de ilustración, dándoles precisamente conducción en la dura tarea de conquistar y domar la melodía, el timbre, el ritmo, la armonía; mal haría en sustituirlos por el mismísimo él, o que los ejecutantes pretendan derribar y reemplazar inmediatamente al director, ya que – otro buen símil – zapatero debe ocuparse de los zapatos, a menos que descubra la otra vocación, con la dedicación, el estudio y el entrenamiento correspondientes. Tenemos la impresión personal que el país asumía también el rol del liderazgo político, porque – aunque no gustara de la música académica – celebraba la existencia de Vicente Emilio Sojo, Evencio Castellanos o Antonio Estévez, tan espontáneamente frecuentes en la prensa escrita de los cincuenta y sesenta del veinte.

Del otro lado, el director ha de relacionarse con músicos, productores y orquestas distintas a las que afronta con su batuta, a través de proyectos comunes de promoción, o, en todo caso, generando los incentivos necesarios para ayudarse mutuamente lidiando con los mercados dominados por Bad Bunny y sus equivalentes. De modo que el líder igualmente es un facilitador para ámbitos sociales que supone ajenos y de una tremenda limitación estratégica, más aún bajo este régimen; por ello, las veces en las que hemos incursionado en los problemas universitarios, laborales o fronterizos, intentamos y diligenciamos una diferente mediación y relacionamiento de sus más legítimos sectores, o lo solicitamos a quienes tanto se afanaban y aún afanan por dirigir la orquesta.

Desde el pódium, la vista no es hacia un público oyente atento, elegante y ordenado, sino la de una cruda realidad social que tiene una acostumbrada versión metropolitana, acaso, demasiado emblemática y gentil. Por detrás, en la herida profunda de la Venezuela de tiempos demasiados inmerecidos, seguramente nos espera una tragedia absolutamente insospechada que requiere de un inédito liderazgo político.

Fotografía: LB, desde el puente de El Guanábano (Caracas, 09/01/2023).

27/02/24:

https://www.elnacional.com/opinion/de-la-politica-y-su-necesaria-escolaridad/

lunes, 11 de diciembre de 2023

Del obrar político

CONVICCIÓN Y MENTALIDAD DE ESTADO

Luis Barragán

Veinticinco años de un diario e intenso aprendizaje, no es poca cosa. El discurso del poder ha permeado eficazmente en todos los sectores dirigentes, monopolizados los medios más accesibles de comunicación pública que no permiten contrarrestarlo suficientemente, añadidas las insólitas limitaciones culturales para ensayar un contradiscurso fuera del obsesivo spot publicitario, las hueras consignas, o las frases digitalmente laboratorizadas.

Tendemos a sospechar del complejo tratamiento de los problemas hasta por una congénita incomprensión del resto de los mortales, resueltos y decididos a cultivar una cómoda banalidad así ostentemos medianas o altas responsabilidades políticas. Además, asistimos al fenómeno opositor que un amigo señala como el de una megalomanía sin poder, por una parte, despreciando las prácticas, el procedimiento, la operatividad y, en definitiva, el obrar político macerado por muchos años, sin ofrecer alternativas; y, por otra, actuando cual secta religiosa afianzada por relaciones primarias de simpatía o antipatía personales.

La presuntamente imparable desinstitucionalización de la vida política, únicamente favorece a quienes detentan formalmente el poder, pero –  librándolos de responsabilidades – la ya arraigada creencia de que solo el derribamiento inmediato, repentino y, por supuesto, espectacular, nos releva o dice relevarnos mientras tanto de la denuncia profunda de los problemas que nos aquejan, y el planteamiento de soluciones que vayan más allá de las meras circunstancias capaces de ocultar otras y más perniciosas aristas. Un balance de las más disímiles columnas de opinión sobre el asunto esequibano, en los dos últimos meses, nos muestra un porcentaje muy mínimo de aportes creativos de legos y entendidos que seguramente concitaron la atención de los curiosos lectores,  en contraste con una mayoría contundente de aquellos que trillaron el tema por moda, deslizándose una que otra nota escolar que, por supuesto, no obedecía a ejercicio pedagógico alguno.

Pensar hoy con la urgida convicción y mentalidad de Estado que ojalá fuese vocación en última instancia histórica, significa reintegrar al obrar político una dimensión que se hizo característica y tradición en la Venezuela del siglo anterior, y que, a modo de ejemplo,  no por casualidad, hubo líderes que igualmente adquirieron una extraordinaria experticia en materia petrolera y laboral al mismo tiempo que recorrieron incansablemente todos los municipios y parroquias del país. Poco o nada haremos si a las habilidades tácticas, las destrezas comunicativas y demás que son propias del activismo en el mundo real o virtual, no sumamos una poderosa intuición, un indispensable conocimiento y un inspirado sentido estratégico para ir más allá de la punta de la nariz.

Nos cautiva la situación observada en las postrimerías del gomecismo con el destino del ejército y otros componentes afines, porque nadie podía asegurarles la continuidad en los términos que prodigó la larga dictadura al crear la Academia Militar, pero que también la eliminó cuando lo juzgó conveniente y necesario. Así, sorprende la atención dispensada a una realidad completamente inédita por dirigentes que no llegaban a la treintena de edad y, desde la más activa oposición, principiando 1936, fueron capaces de descubrir y reivindicar la institucionalidad castrense y de augurarle un destino democrático, a través de un manifiesto seguramente leído y comentado a viva voz en las incansables tertulias de un país predominantemente analfabeto.

Por estos tiempos, está consagrado un peligroso oficio de supervivencia, como el de los colectores del transporte público urbano, hombres y mujeres, mayores y menores de edad, cuya brega es diversa y cotidiana, urgida y angustiosa, apacible y violenta. En nada debe perjudicarlos plantear sus problemas a la luz del derecho del trabajo y sus instituciones, como de la radical flexibilidad laboral encubierta por una retórica populista, dejando por sentado que ellos jamás lo comprenderán y que la dirigencia política democrática que se atreva tampoco encontrará audiencia, por lo menos, hasta que ocupe la correspondiente cartera ministerial y tome todo su tiempo en la designación de una copiosa burocracia.

La realidad actual está ahí, al frente, intacta, interminablemente padecida, para ser escrutada, interpretada y superada, aunque – pueriles – nos resignemos a la versión del socialismo no menos real de esta centuria, confiados en el solo milagro de un derrumbe que autorice el estudio y la determinación de transformarla. Convengamos, resignación inaceptable trastocada la trivialidad en una pereza militante e incapaz de cuestionar el mundo, gustosa de los oropeles del poder establecido.

Fotografía: LB (CCS, 06/12/2023).

12/12/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/conviccion-y-mentalidad-de-estado/

domingo, 3 de diciembre de 2023

Caza de citas

"Los nuevos videntes no escrutan las entrañas de las ocas, como los arúspices de la Antigua Roma, sino las tripas de Big Data. Nos dicen qué empleos se verán abocados a desaparecer en un futuro próximo y, al mismo tiempo, nos tranquilizan arguyendo que la inteligencia artificial se ocupará mejor de ciertas tareas. Cabe preguntarse si, al presentar como inevitable la precarización de las condiciones laborales, algunos expertos no hacen sino coadyuvar a una profecía autocumplida. Sobra decir que el conocimiento no puede ser una prerrogativa de especialistas. La creciente especialización del conocimiento lleva al repliegue cívico; este, atizado por el auge de la antipolítica, a la anomia. La convicción ilustrada de que el saber nos libera encuentra hoy su opuesto: vivir aherrojados por las cadenas de un conocimiento tan especializado que nos oprime"

Jorge Freire

("La banalidad del bien", Editorial Páginas de la Espuma, Madrid, 2023:  75)

Ilustración: Franck Gerard. 

martes, 21 de noviembre de 2023

Decretales


LOS COLORES DE LA REALIDAD

Luis Barragán

Luce escaso el entusiasmo y la disposición por el consabido referéndum que ha empeñado al oficialismo, reducida su promoción a los despachos públicos. La aceitada maquinaria publicitaria del Estado encuentra severos límites en sus propios funcionarios colmados de angustia por las cuentas hogareñas, porque de los aguinaldos únicamente queda el testimonio de los antiguos esplendores, siquitrillados ahora como el salario mismo ante la absoluta indiferencia de los altos estamentos del poder.

Quizá el prematuro y, siendo benignos, imprudente decreto de navidad y navideñización emanado de Miraflores, ha captado la atención de la población y, ni siquiera asuntos comunes y tan graves, logran quitarle la alegría que va anegando todas las avenidas, calles y callejuelas del país.  En las más extendidas metrópolis del deterioro, privadas de todo voltaje en los instantes inesperados de la vida cotidiana, observamos perplejos el artificio espiritualoide con la exclusiva y copiosa iluminación de la vitrina conformada por plazas, autopistas, sedes ministeriales, dependencias militares y otros referentes de eficaz impacto psicológico.

De retardar un poco más el decreto, quizá hasta se notaría la agenda política de la oposición que, varias veces, ha superado las trabas de la censura y del bloqueo económico, porque la del principal partido de gobierno y su satelitaje, definitivamente se ha confundido con el Estado al que no logra darle todavía una definitiva identidad y sello. Obran los milagros de un instrumento ejecutivo, se dirá en las grisáceas urbes del socialismo del siglo XXI, pero son inevitables los colores de la realidad, desde los empedernidamente tenues hasta los militantemente estridentes: todos y cada uno de los problemas fundamentales del país, se mantienen y adquieren una densidad tan peligrosa como injusta, detrás del amperaje que jura empañarlos.

Salud, alimentación, seguridad personal, educación, agua, desindustrialización, vivienda, corrupción,  territorialidad, telecomunicaciones, entre otros asuntos hartos traumáticos, se suman al riesgo cierto y permanente de denunciarlos; por cierto, responsabilidad hazañosamente asumida por una consecuente dirigencia política y social que ha de lidiar con la desteñida prédica de lo que dio en llamarse la antipolítica, hoy una extemporaneidad en las redes digitales. Paradójicamente, el período navideño está recuperando su más genuino origen y sentido en la misma medida que nos percatamos que no existen los milagros atribuidos al decretaje y a los decretales perniciosos, tratando de obligar una sonrisa en el rostro de las grandes mayorías, presumiéndolas en una rumba perpetua, dibujándolas en una bonanza petrolera más, aunque sin acreencias que tramitar; en definitiva, modelando una sociedad consumista, sin consumo.

Un indicador objetivo de la temporada festiva que desean forzar, están en las novedades musicales que no existen, pues, muy antes, las postrimerías del año constituían la oportunidad para lanzar a cantantes, grupos musicales, discos y espectáculos de todos los géneros y colores artísticos, absolutamente autosustentables: no existen ya las exitosas piezas gaiteras que acostumbrábamos, porque no hay mercado en el aislado país que todavía escucha, festeja sus cumpleaños y se recrea con el karaoke de las canciones que tienen medio siglo de editadas y estrenadas.  Y es que nuestro consumo cultural es el los más deprimentes del mundo, como puede notarse con las antiquísimas interpretaciones salseras, bachateras o valleneteras dominantes en el transporte público, permitiéndonos constatar, por una parte, que nos quedamos atrás al revisar la prensa extranjera respecto a las nuevas tendencias y conciertos de voces que nos son completamente ajenas; y, por otra, que nos ocurrirá algo equivalente a los que pudieron ver y oír ni tan libremente a Miguelito Jagger y sus Rolling Stones en La Habana,  en una festival del carbono-14.

Fotografías: LB (CCS,  28/04 y 23/06/2023). 

21/11/2023:

domingo, 7 de mayo de 2023

Antipolítica

DE LA TALA POLÍTICA

Luis Barragán

Hay un término del cual se ha abusado por estos predios, desde que dio un salto vertiginoso en la opinión pública por los noventa del veinte: antipolítica.  Sirve para todo y para nada, aunque constituye un fenómeno que nos costó demasiado caro en Venezuela.

Mundo digital aparte, vieja y ya imposible costumbre, porque el actual deterioro bibliotecario no tiene límites en el ámbito público, dos o cuatro veces al año consultábamos la sección de revistas académicas del extranjero en el Foro Libertador y, fotocopiados, nos llevábamos a casa una selección de los que juzgábamos los mejores textos.  A mediados de 1996, en la revista madrileña Sistema, nos sorprendió el planteamiento sobrio y coherente de un tema de perfiles entre nosotros insospechados.

La autora, María José Ribas Funes, abordó la antipolítica desde una perspectiva distinta a la que después adquirió, entendiéndola como alternativa innovadora a la política harto convencional.  Compartido con amigos el artículo, comenzó un proceso de reflexión que profundizó en los supuestos que ella extraordinariamente argumentó, quedando testimonio de nuestra inquietud, por ejemplo, en varias entregas como la de El Globo, extinto diario caraqueño (https://apuntaje.blogspot.com/2023/05/preambulos-de-un-debate.html).

En un almuerzo al que acompañamos al diputado Nelson Chitty La Roche, por entonces, jefe de la fracción parlamentaria de los socialcristianos,  el embajador colombiano en Caracas, cuyo nombre ahora olvidamos, llevó a la mesa la materia. Un intenso intercambio  de impresiones, complementado luego con otros textos, nos condujo a la convicción de un asunto que requería de una más abierta y decidida discusión, siendo escasa o prácticamente nula la referencia que encontrábamos en la prensa local, y, con justificado ímpetu, Nelson comenzó a trabajar para la realización de un seminario internacional del que queda un testimonio en las redes actuales [1], aunque el incendio en casa no le permitió a Octavio Paz volar a Venezuela, el evento contó con numerosos y destacados voceros y expertos del exterior.

En las proximidades y posterioridades del evento, la cuestión experimentó un giro copernicano y, en lo personal, obró decisivamente aquella noción de anomia, esbozada desde el bachillerato,  y una popular, como peligrosa, consigna musical interpretada por Desorden Público: “Políticos paralíticos”. La antipolítica fue adquiriendo una naturaleza, características y alcances muy particulares, desplazada Irene Sáez por el aventajado redentor Hugo Chávez que muy bien llenaba los requisitos de los que daban cuenta los estudios de opinión de entonces: una cara nueva, tanto que importó nada su felonía golpista; militar de profesión, eminentemente cuartelario; e, inescrupulosamente populista, convirtió el resentimiento en una magnífica mejor plataforma de lanzamiento.

Por lo pronto, hay un determinado consenso sobre los rasgos fundamentales de la antipolítica, por lo menos, en este lado del mundo, permitiéndole al llamado chavismo acceder al poder, como jamás lo imaginaron tampoco sus aliados más circunstanciales.  El discurso fue tremendamente ético, falseando la historia más contemporánea de los venezolanos,  eminentemente emocional, cínico e inmediatista que, faltando poco, contó con el apoyo de poderosos sectores mediáticos y económicos.

De una simplicidad extrema,  concebida la vida pública como un espectáculo, la anomia generalizada encontró cauce con el reventón noticioso del 4-F. Tomado de la mano de Elías Canetti, Giovanni Orsina al abordar el antiberlusconismo, distinguida de la derecha, señala que la antipolítica de izquierda en Italia se ha exhibido como conceptual y ética, incluso, argumentando jurídicamente [2], y de los rasgos que quedan de la antipolítica convertida en poder, por más de dos décadas, valga destacar una moralina o moralismo aterrador creyendo al resto de los mortales como ladrones desalmados, sin que se miren la viga n el propio ojo, y suponiendo como doctrina los juicios, ocurrencias, dicterios, o caprichos de Chávez Frías. Sinembargo, el autor de marras ensaya una perspectiva prometedoras: la del narcisismo, inducido desde las más altas cumbres del estado, aunque de sólidos antecedentes en las postrimerías del siglo anterior.

Necesario de prestarle una mayor atención en la dirigencia opositora, el fenómeno nos impone de aquellos que no tienen una dimensión íntima de la existencia, borrados los límites con el exterior [3], convertidos en medida exacta de un mundo al que solo debemos afiliarnos resignadamente. El pensar y el hacer la política tienden a negar toda instancia colegiada, la participación plural, en un juego inagotable de cálculos que destacan en el protagonista, o quien se ha convertido en protagonista por decreto propio.

Esta expresión del liderazgo, lógica para quien ejerce o participa de una dictadura, le da alcance a sus pretendidos adversarios, consciente o inconscientemente.  Y esto se explica, gracias a una sedimentación de décadas anteriores, en nuestro caso: haber creído absolutamente independiente nuestra suerte personal a la suerte del colectivo; al estrellarnos contra la realidad más cruda y brutal,  sin un contramensaje que compense y contribuya a revertir la situación, derivamos en un extendido narcisismo, ostentando personalidades vacías, comunidades inestables y proteicas, resistente al cambio [4].

La antipolítica no es y tampoco podría aceptarse que lo fuera, como la de antes, mereciendo otros abordajes que, incluso, pueda llevar a Jacques Lacan, por citar un nombre. Y, valga acotar, bajo el régimen de un consabido cuño, como el que tenemos en Venezuela,  inédita la experiencia, importa y mucho descubrir y darle nombre al fenómeno para obrar exitosamente en consecuencia, derrotándolo.

Hacia finales de los noventa, nos detuvimos a repensar un poco la realidad, auspiciando un debate de fondo. Ahora, es deber hacerlo las veces que haga falta, tras veinte años de la presente centuria bajo una sistemática tala política.

[1]        Enlaces:

https://www.youtube.com/watch?v=hSsunDb0wlU&t=255s;  https://www.youtube.com/watch?v=fk-olS5HQ3g&t=54s; y https://www.youtube.com/watch?v=yP6lOygU6iI

[2]        L’antipolitica di sinistra ha così assunto le sembianze della subordinazione concettuale della politica o all’etica, attraverso la dialettica fra politica “buona” e politica “cattiva”, oppure alle logiche giudiziarie, attraverso la contrapposizione fra onesti e disonesti. L’antiberlusconismo, nutrito proprio di considerazioni di natura etica e giudiziaria, ne ha rappresentato l’espressione piùemblematica e rilevante”. Vid. ORSINA, Giovanni (2015) “La democracia del narcisismo. Breve storia dell´antipolitica”. Marsilio Nodi, Venezia: 143.

[3]        Il narcisista non ha nessuna vita intima in senso proprio: la mancanza di confine tra il dentro e il fuori, oltre che di continuità temporale, porta alla dissoluzione non soltanto del mondo esterno, ma pure della personalità all’interno”. Ibidem: 49.

[4]        Così che, nascesse pure un aggregato sociale di narcisisti, sarebbe sterile e passivo42. Personalità vuote, identità collettive instabili e proteiformi e, quando ci sono, comunità introverse: con questo materiale la politica democratica, se non impossibile, diventa certo assai difficile”. Ibidem: 60.

07/05/2023:

https://www.lapatilla.com/2023/05/07/luis-barragan-de-la-tala-politica/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY