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domingo, 22 de febrero de 2026

La cuadratura del círculo (y viceversa)

SOBRE LA IDEA DE VENEZUELA 2026 (*)

Luis Barragán

Hay algo profundamente latinoamericano —casi un rasgo de carácter— en la manera en que cada coyuntura política se ve rodeada, de pronto, por una multitud de expertos sobrevenidos, doctos de la noche a la mañana en las materias más complejas y disímiles. En ese coro estridente, las voces más genuinas —las de los legos atentos y las de los entendidos serios que día a día construyen la opinión pública— deben abrirse paso entre improvisados que decretan transiciones donde no existe asomo alguno, o apenas indicios de un largo y arduo camino por recorrer. Actúan como médicos temerarios: diagnostican una enfermedad grave a partir de un síntoma menor y prescriben, con gesto grandilocuente, una cura improvisada que promete milagros inmediatos.

Por ello resulta especialmente valioso el aporte de Luis Manuel Marcano al debate que suscita el caso venezolano. Su intervención permite combatir una confusión tan generalizada como interesada: la idea de que existe una transición en marcha cuando, en rigor, se trata apenas de una transición sospechada, intuida, deseada, pero que sencillamente no ha comenzado. Ese equívoco no es inocuo. Inyecta desencanto y desesperación en una ciudadanía que espera un cambio auténtico, trascendente, definitivo e histórico, y que corre el riesgo de ver frustrada su esperanza por el abuso del lenguaje y la ligereza del diagnóstico político.  

Cuenta con las herramientas teóricas, la mirada acuciosa, la capacidad de reflexión, el talante político y el sentimiento profundo para un ensayo orientador, preciso y contundente. Calificado académico, corajudo magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, tan injusta y largamente condenado al exilio por el régimen venezolano, aborda con un enorme sentido de responsabilidad un asunto que siempre será novedad mientras no deje de palpitar la vocación por la libertad en este lado del mundo, llevándonos a una conclusión clara: las transiciones se hacen haciéndolas, más allá del anuncio.

El texto no ofrece consuelos fáciles ni proclamas vacías. Se inscribe, más bien, en una tradición seria del pensamiento político latinoamericano que desconfía de las palabras solemnes cuando no están acompañadas de actos fundacionales reales. En ese sentido, Venezuela 2026: la transición que necesitamos no es un ejercicio de futurología ni un manifiesto de ocasión, sino una advertencia lúcida: sin decisiones, sin rupturas verificables y sin construcción institucional sostenida, la transición seguirá siendo un espejismo retórico.

La lección final es tan sobria como exigente. No basta con nombrar la transición para que exista, ni con desearla para que ocurra. Las transiciones no se proclaman: se edifican. Y solo cuando ese proceso comience de verdad, Venezuela podrá decir que ha dejado atrás la larga noche y ha comenzado, ahora sí, a escribir una página distinta de su historia.

(*)  Presentación del libro de Luis Manuel Marcano Salazar: “Venezuela 2026: la transición que necesitamos”, Editorial Torres del Paine, Santiago de Chile, 2026.

Cfr. https://www.elnacional.com/2026/01/la-transicion-que-necesitamos/

Ilustración: Ralph Steiner.

22/03/2026:

https://lapatilla.com/2026/02/22/luis-barragan-sobre-la-idea-de-venezuela-2026/

sábado, 17 de enero de 2026

"...Encontrarse consigo mismo y sentirse Uno tras las aparentes marañas y encrucijadas"

CULTIVAR NUESTRA 
CAPACIDAD DE VER

(San Juan, 1: 29-34)

Enrique Martínez Lozano

Al igual que los sinópticos, también el autor del cuarto evangelio hace del bautismo de Jesús el acontecimiento con el que se inicia su actividad pública. Un indicio más, no solo de la historicidad de ese hecho, sino del papel decisivo que jugó en la propia evolución humana/espiritual de Jesús.

Por otro lado, también en el cuarto evangelio se advierte la polémica con los discípulos del Bautista, que lleva al autor a subrayar la primacía del maestro de Nazaret y a convertir a Juan en nada menos que un "cristiano", que "ha visto" y "da testimonio" de que Jesús es "el Hijo de Dios".

Sabemos que "ver" y "dar testimonio" constituyen dos expresiones típicamente joánicas, que definen el ser y la misión del discípulo: este es alguien que "ha visto" y, por ello mismo, puede "dar testimonio".

Así aparece en diferentes lugares del evangelio e incluso en las Cartas de Juan: "Nosotros hemos visto y damos testimonio" (Jn 19,35; 21,24; 1Jn 1,1-3).

¿Qué es lo que "ha visto" Juan? A un hombre lleno de Espíritu. Es decir, al Espíritu viviéndose en forma humana. Así me parece que hay que leer este relato, más allá de la literalidad que se muestra en la imagen mítica de la "paloma".

Es probable que Juan pudiera verlo, gracias a la transparencia del propio Jesús. Pues, como dijera Jean Sulivan, en una de las afirmaciones más bellas que, en mi opinión, se han dicho de él, "Jesús es lo que acontece cuando Dios habla sin obstáculos en un hombre".

Siempre que tenemos la fortuna de encontrarnos con una persona "transparente" –no "perfecta", sino humilde-, resulta más fácil reconocer, apreciar, "ver" el Misterio que la (nos) habita.

Pero parece que no es suficiente encontrarnos con alguien así, sino que, habitualmente, se requiere también haber desarrollado la propia "capacidad de ver", es decir un "saber mirar", que trasciende lo puramente material y lo meramente mental.

Si miramos solo desde la mente, aunque sea al propio Jesús, no lograremos ver sino a un ser separado, por más que lo proclamemos "divino". Porque la mente nos ofrece una visión inexorablemente fragmentadora y, por tanto, distorsionada, de lo real. Dado que para ella todo existe separado, nos hace caer en el engaño grosero de creer que la realidad es tal como la propia mente la ve.

Sin embargo, lo que la mente nos ofrece no es una "fotocopia" de lo real, sino únicamente su "interpretación", completamente condicionada por sus filtros limitantes. Es decir, lo que pensamos no tiene nada que ver con lo que es.

Los sabios siempre han sido conscientes de que existían distintos niveles de realidad, a los que podíamos acceder a través de diferentes órganos de conocimiento. Así, en una expresión que sería definitivamente acuñada por san Buenaventura –aunque, antes que él, en el siglo XII, fue utilizada por los monjes Hugo y Ricardo de San Víctor -, hablaban del "ojo de la carne", el "ojo de la razón" y el "ojo del espíritu" ("ojo de la contemplación" o "tercer ojo"). (En nuestros días, Ken Wilber ha retomado esta cuestión en Los tres ojos del conocimiento. La búsqueda de un nuevo paradigma, Kairós, Barcelona 1991; ID., El ojo del espíritu. Una visión integral para un mundo que está enloqueciendo poco a poco, Kairós, Barcelona 1998).

Nos empobrecemos cuando nos reducimos al "ojo de la carne" –en una especie de positivismo cientificista- y también al "ojo de la razón". Como ha escrito el psicólogo italiano Giorgio Nardone, "es una perversión de la inteligencia creer que la razón lo solventa todo".

Necesitamos recuperar el "tercer ojo". O dicho de otro modo: además de la "inteligencia operativa", es urgente cultivar el desarrollo de la "inteligencia espiritual". Nos jugamos en ello nada menos que la posibilidad de responder adecuadamente a la pregunta "¿quién soy yo?".

Solo la "inteligencia espiritual" –el "tercer ojo" de los clásicos- nos capacita para "ver" la realidad en su dimensión más profunda, para advertir el Misterio en todo lo que nos rodea, nosotros incluidos. Y, como Juan, solo si lo vemos podremos "dar testimonio".

La calidad humana, el futuro de la humanidad y del planeta depende de que sepamos "ver" de este modo.

Cuando miramos a Jesús desde ahí, lo que vemos –como el Bautista- es el Espíritu. Y eso sin ningún tipo de separación, por lo que, al mismo tiempo, nos estamos viendo a nosotros mismos: cada rostro es nuestro rostro. Porque, más allá de todos los vericuetos anecdóticos de la existencia, lo que permanece es la certeza misma de que, tras las confusiones de los egos, está el Espíritu que sonríe dulcemente al encontrarse consigo mismo y sentirse Uno tras las aparentes marañas y encrucijadas.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4538-cultivar-nuestra-capacidad-de-ver.html

Ilustración: David Zelenka.

Padre S. Martín: León, más de Benedicto que de Francisco. María M. Machado Venezuela:

https://www.youtube.com/watch?v=e6hwRrNBdzc


León XIV: https://www.youtube.com/watch?v=cQXlhRj7z14










sábado, 19 de julio de 2025

Valiente e irrefutable respuesta


«AREPA Y RON» EL SABR AMARO DEL NACIONALISMO EN LA POLÍTICA CHILENA

Jonatan Alzuru Aponte

Una frase del diputado socialista Daniel Manouchehri sobre “vino y empanada”, frente a “arepa y ron”, ha abierto en Chile un debate más grave que la xenofobia: la validación de una noción de “cultura nacional” cuya raíz es idéntica a la que sostuvo el ideal de raza pura del nazismo. Y en el plano político, el olvido de lo que Venezuela hizo por el socialismo chileno no solo agrava el agravio, sino que exhibe con nitidez la ignorancia supina del parlamentario.

Este artículo desmenuza la retórica de Daniel Manouchehri, que al oponer la “cultura del vino y la empanada” a la de la “arepa y el ron”, no solo reproduce discursos excluyentes, sino que evoca con total descaro ideas peligrosas de pureza cultural y desconoce la historia de solidaridad entre Venezuela y el socialismo chileno. Analizaremos cómo esta visión esencialista de la cultura deriva inevitablemente en exclusión política y mutila la riqueza de la diversidad latinoamericana.

Una aclaratoria para el pueblo chileno: no escribí un artículo contra George Harris, el comediante venezolano. Grabé un podcast en cuatro entregas titulado “Clase magistral: Mi respuesta a George Harris”, que suma tres horas con cuarenta y cinco minutos. En él, hice una crítica tajante y profunda a sus declaraciones, me opuse abiertamente a los venezolanos que lo defendían en redes sociales, y aproveché para examinar, sin anestesia, las complejidades y conflictos de la migración venezolana en Chile. Está disponible en YouTube desde el 4 de marzo de 2025. Lo aclaro para que nadie me confunda con un nacionalista emocional.

El diputado Daniel Manouchehri, del Partido Socialista, declaró hace pocos días: “Queremos una política con olor a vino tinto y empanada, no con arepa y ron. No queremos una Chilezuela. Esa es otra cultura”. Como si no bastara, propuso que los migrantes venezolanos sean excluidos del derecho al voto. Pocas veces un político progresista ha dicho tanto, tan rápido y con consecuencias tan graves.

Esto no es una torpeza aislada ni un arrebato de folclorismo mal calibrado. Lo que Manouchehri expresa es una estructura ideológica sólida y peligrosa: una concepción de la cultura y de la política que debe ser desmontada a fondo. Detrás de su “olor a vino” se oculta algo más rancio: la misma idea antropológica que en el siglo XX legitimó el proyecto de la raza pura, ahora con el maquillaje amable de una supuesta “identidad nacional”.

Cuando la cultura se convierte en frontera

Decir que “la política chilena debe oler a empanada y vino” y no a “arepa y ron” implica suponer que existe una cultura chilena original, cerrada, fija, que debe ser defendida de lo foráneo. Ese es el primer y más insidioso error. Las culturas no son esencias: son procesos. No hay culturas puras. Toda cultura es mezcla, cruce, incorporación, diálogo. Es, por definición, híbrida.

El vino y la empanada también fueron importaciones. Y la propia idea de “nación” en América Latina es un injerto: indígena, africano, español, italiano, alemán, palestino, judío, croata, haitiano, colombiano, venezolano. No hay identidad sin extranjería. Negar esto no protege lo chileno: lo petrifica.

Aún más grave que el error conceptual es su consecuencia política: usar la noción de “otra cultura” para justificar la exclusión de derechos ciudadanos. Si una comunidad migrante trabaja, tributa, convive y participa en la polis, negarle el voto es negarle humanidad cívica. Es decirle: puedes limpiar nuestras veredas, pero no opinar sobre ellas; puedes cuidar a nuestros enfermos, pero no decidir sobre el sistema de salud. Es una ciudadanía amputada. Una democracia que excluye por origen es una caricatura. Y quien siembra esas diferencias no defiende una nación: erige una oligarquía de sangre y suelo.

Lo idéntico: del nazismo al nacionalismo popular

El argumento de Manouchehri no es nuevo. Tiene una genealogía precisa y letal. Es exactamente el mismo  supuesto antropológico que nutrió al régimen nazi: la creencia de que existe una comunidad originaria, auténtica, que debe protegerse de los cuerpos culturales invasores. Ayer fue el “judío errante”; hoy es el “venezolano invasor”. Cambia el nombre, no la estructura lógica.

Hitler hablaba de la sangre. Manouchehri del “olor” de una comida. Pero en ambos casos, el problema no es la diferencia real, sino la construcción simbólica de una amenaza: la alteridad, la mezcla, lo que no encaja. Es el viejo principio totalitario: lo que no soy yo, me contamina.

Este pensamiento esencialista y jerárquico ha sostenido todas las formas de exclusión sistemática: desde el apartheid sudafricano hasta las limpiezas étnicas en los Balcanes. Aquí se disfraza de cocina patria. Pero su lógica sigue intacta: hay una cultura verdadera, y el resto es estorbo.

Arepa y empanada: desmontando el fetiche de lo propio

La arepa y el ron no son exclusivos de Venezuela, ni el vino y la empanada lo son de Chile. Estos alimentos encarnan una cultura latinoamericana compartida, con variaciones y resonancias múltiples, pero con un tronco común y un diálogo permanente.

La arepa, ese disco de maíz cocido, es el eje de la cocina venezolana y colombiana, y parte central de la cultura mesoamericana. Como lo muestra Miguel Ángel Asturias en Hombres de maíz (1949), el maíz es mucho más que alimento: es cosmovisión, es tierra sagrada, es resistencia ancestral. Desde México hasta Bolivia, desde la tortilla al tamal, del pozole a la chicha andina, el maíz es una forma de humanidad. También en Chile, aunque con menor centralidad simbólica, el maíz tiene presencia: en el mote, en la patasca del norte, en los cultivos de las comunidades mapuche y andinas. La arepa no es solo venezolana: es pan americano.

El ron, hijo de la caña de azúcar colonial, se ha convertido en emblema del Caribe. En él habita la historia afrodescendiente, las fiestas populares, los rituales, y también la sofisticación del ron añejo. El vino, por su parte, se asocia al Cono Sur, a la herencia europea y al ritual del mantel. Pero ambos licores —ron y vino— coexisten en la historia de la región como expresiones complementarias de una identidad compartida. Ninguno es “más latinoamericano” que el otro.

La empanada, aunque emblema chileno con su pino y su forma, está presente en toda América Latina. Argentina, Bolivia, Colombia, Venezuela: todas tienen su versión. Todas vienen del mismo molde cultural y todas han sido recreadas en clave local. La cultura se transforma al cruzar fronteras. Y ese cruce es su única fuente de vitalidad.

Negar este mestizaje es traicionarse a sí mismo. La cultura no se defiende emparedándola: se expande al compartirla.

La ingratitud como política: escupir la mano que salvó

Pero hay un cuarto nivel de gravedad, quizás el más indigno: el de la desmemoria del Partido Socialista. Porque si algún país contribuyó a la sobrevivencia del socialismo chileno, fue Venezuela.

En 1975, el gobernador de Caracas, Diego Arria, por orden del presidente Carlos Andrés Pérez, del partido Acción Democrática, viajó personalmente a negociar con Pinochet la liberación de Orlando Letelier, preso en Isla Dawson. Fue Venezuela, no Francia ni Cuba, quien le ofreció asilo y espacio político. Desde Caracas, Letelier reorganizó su lucha hasta ser asesinado por la dictadura en Washington en 1976. ¿Quién repatrió su cuerpo? Venezuela. ¿Quién lo homenajeó como mártir? Venezuela. Tanto así, que en 1999, la propia Concertación le otorgó a Diego Arria la Gran Cruz de la Orden de Bernardo O’Higgins, la más alta distinción civil del país.

Isabel Allende vivió trece años en Caracas. Allí escribió La casa de los espíritus, trabajó, enseñó, sobrevivió. Miles de chilenos fueron acogidos con dignidad. Venezuela no les ofreció caridad, les ofreció pertenencia. ¿Y ahora el Partido Socialista pretende negar el voto a sus hijos y nietos? ¿Trazar una línea entre la empanada que protegió y la arepa que amenaza?

El olvido no es solo desmemoria: es traición.

¿Qué Chile queremos?

Desde la perspectiva estrictamente política, Chile no está hecho de platos ni de olores. Está hecho de decisiones éticas. La democracia no huele: se ejerce. Y si Manouchehri teme que el voto venezolano altere el mapa electoral, lo que debe preguntarse es qué dice eso de su propio proyecto político. Porque quien necesita excluir para ganar, ya ha perdido.

Decir “no queremos una Chilezuela” no es solo una frase torpe: es una rendición. Es adoptar el lenguaje de las derechas más xenófobas del continente, que inventan una “cultura ajena” para justificar su miedo. Pero esa patria mestiza —la real— solo se enriquece con lo nuevo. Con lo que llega. Con la arepa también.

Lo más inquietante no es que estas palabras las diga un extremista: las dice un socialista. Un heredero de Allende, de Letelier, del exilio. Pero ahí está: con su copa de vino, su empanada purista y su dedo acusador apuntando al que llegó tarde. Al que huele distinto.

Y no hay peor peste que la del miedo a compartir la mesa.

15/07/2025:

https://www.biobiochile.cl/noticias/opinion/tu-voz/2025/07/15/arepa-y-ron-veneno-puro-en-la-politica-chilena.shtml

Cfr. https://www.elnacional.com/2025/07/diputado-chileno-causa-polemica-por-sus-comentarios-sobre-los-venezolanos-no-queremos-que-nuestra-politica-sea-de-arepa-y-ron/

https://www.instagram.com/reel/DMGuvDqugEu/

miércoles, 30 de abril de 2025

Corte eléctrico

APAGONÍA

Luis Barragán

El sistema intercomunicado ibérico, ha fallado. Según la prensa española, al apagón eléctrico se ha sumado el informativo.

Jamás había ocurrido, se dice, por lo que ni las guerras del siglo XX lograron golpear a una industria quizá otrora incipiente, cuestionada hoy la muy encarecida importación de tecnología de paneles solares que pretende sustituirla masivamente.  Dos años atrás, el presidente del gobierno descartaba cualquier posibilidad de una crisis eléctrica que llega ahora repentinamente; apenas, días atrás, al respecto, REPSOL advirtió una posible falla en la refinería de Cartagena (fuente libre de toda sospecha: https://www.youtube.com/watch?v=xU4i_KSEKMQ).

Las autoridades europeas dan un plazo de tres meses para que haya una explicación oficial de lo acaecido, al parecer, descartado los ciberataques por la Red Eléctrica de España. Se ha dicho de un caos en las localidades más populosas, pero – al mismo tiempo – es fácil de comprobar la respuesta predominantemente cívica de la población, pues, posiblemente, en otras latitudes, hubiera dado oportunidad a saqueos y otras expresiones de anarquía.

La obscurana en cuestión ha sorprendido, pero no alarmado, por lo menos, a los migrantes venezolanos entrenados por largos años en la materia. Sobre todo, cuando en la península hay Estado, existen las previsiones y los recursos indispensables relacionados con la defensa civil.

Además, aunque se ha reducido y mucho, luego de tantas e impunes maniobras, hay un costo político pendiente al sobrevivir las instituciones mínimas e indispensables para dirimir causas, razones y perspectivas de la industria. No hay iguana alguna, pretextando la apagonía. 

Fotografía: Xavier Cervera, estación del metro de la av. Diagonal de Barcelona (La Vanguardia, 29/04/25).

30/04/2025:

https://guayoyoenletras.net/2025/04/30/apagonia/

Ilustraciones: La Razón y La Vanguardia del 12/05/2025.

domingo, 20 de abril de 2025

Noticiero retrospectivo






- Juan Pablo Sojo. "Los abuelos del color: Una ojeada al folklore venezolano". El Nacional, Caracas, 16/02/1946.

- Luz Machado. "La esclava Isaura" de Bernardo Silva Guimaraes. El Nacional, 04/09/81.

 - Guillermo Meneses. "Tras la muerte de Rafael Oliveira". Momento, Caracas, N° 521 del 10/07/66.

- Luz Machado. "Nostalgia de ciudad y árboles". El Nacional, 01/06/85.

- Rodolfo Quintero. "¿Por qué no se unen las izquierdas nacionales?". El Nacional, 10/08/82.

Gráfica: Ángel Corao. Élite, Caracas, N°  462 del 21/07/1934.

jueves, 17 de abril de 2025

lunes, 14 de abril de 2025

Profesión de fe

UN PAR DE LOCOS EN EL ORIENTE  ASIÁTICO

Luis Barragán

En el curso de la Semana Mayor, luce pertinente el recentísimo libro de un título comercialmente impactante que, además, bajo el sello de Random House, le ha facilitado al autor una febril promoción. Los entendidos lo refieren como una novela de no ficción cual rompecabezas del viaje papal a Mongolia, quien – quizá sin saberlo – cumplió un itinerario adicional trazado por Javier Cercas hacia sí mismo y una enigmática profesión de fe que consiste en no tenerla; valga del detalle, “una confesión obligatoria: soy escritor porque perdí la fe” (pág. 27).

Se dirá que dos locos anduvieron por el extremo asiático entre septiembre y agosto de 2023, y, uno de ellos, que reivindicó de nuevo su oficio con el testimonio susceptible de una maliciosa interpretación lacaniana antes que balance noticioso de una difícil tarea pastoral: “De modo que aquí estoy yo, ateo y anticlerical, laicista militante, racionalista contumaz e impío riguroso, volando en dirección a Mongolia con el anciano vicario de Cristo en la Tierra, esperando que termine de saludar a los vaticanistas y que llegue mi turno para poder interrogarle sobre la resurrección de la carne y la vida eterna, para que me diga si mi madre verá a mi padre más allá de la muerte, para escuchar su respuesta y llevársela a mi madre. He aquí un loco sin Dios persiguiendo al loco de Dios hasta el fin del mundo” (221).

Tratamos de una singular perspectiva que adquiere la fe, por razones enteramente culturales, ya que procedemos simultáneamente de Atenas y Jerusalén, manifestándose por una suerte de catolicismo no cristiano, o sin Cristo, aunque parezca un disparate. Nada casual, la España natal de Cercas encabeza el índice europeo de secularización, reseñado días atrás por el conocido padre Santiago Martín, exponiendo un escenario más de lidia con los principios y valores occidentales de una presunta decadencia.

Faltan mayores respuestas eclesiales a la sostenida interpelación de quienes, en el fondo, desean fervientemente creer, pero las urgencias de la vida cotidiana las impiden fluidas y consistentes. Sentimos que, en Venezuela, por ejemplo, hemos vuelto a las devociones que flaquearon entre finales del siglo anterior y un buen trecho del presente, dado el sincretismo interesado del discurso del poder. No obstante, en medio de la denominada crisis humanitaria compleja, la Iglesia se ha hecho más misionera y cercana, competida – a veces, deslealmente – por otras creencias organizadas y sectas, aunque ha mermado su aporte respecto a la importantísima inquietud y reflexión teológica, cada vez más encarecida la formación académica dentro y fuera del país.

Si se quiere, Javier  responde a una particular tradición religiosa resueltamente franquista que lo hace hipotéticamente más anticlerical que antifranquista. Por ello, en un sentido, podemos hacerle una observación semejante al reparo que le hizo a Bertrand Russell impedido de apreciar la época de la “insurrección conceptual de Cristo” en cuanto al respeto y afecto que merecen todos los seres humanos (41), pues, el mayor de los peligros es que la Iglesia naufrague en la confusión generalizada de las sociedades crecientemente despersonalizadas; y, en otro, al asumir que Francisco I actúa como un cura y misionero en lugar de la altísima prelatura que representa, como si fuesen términos incompatibles.

En este lado del mundo, precisamente, echamos de menos al conductor universal, porque siendo tan enfático en su crítica respecto a los países bajo la democracia liberal, ha guardado un ya imprudente silencio en relación a las consabidas experiencias de Nicaragua, Cuba y Venezuela, como la matanza de cristianos en África por no hablar de lo que ocurre en los países de un radical islamismo. Y, por este exceso de moderación, compartiendo la idea del burdo esquematismo izquierda-derecha, o de que su peronismo fue ambiental y contrastante con los inconvenientes que tuvo con los  Kirchner (50 s., 481), hay un malestar inocultable con posturas que tienen una inevitable proyección política, no otras que las de de Jorge Mario Bergoglio.

Celebramos que, junto a los setenta periodistas que hicieron el viaje papal, haya sido invitado el escritor que entrega ahora una pieza de magistral combinación de la crónica y el ensayo, de lo biográfico y lo autobiográfico; el país desconocido, asimismo se ve reflejado en la ilustración de portada realizada por José David Morales. Y es que, Javier Cercas, bien lo ha expresado: “…Antes de emprender el viaje a Mongolia yo no era consciente de su significado geopolítico, y que fue el propio papa quien terminó de persuadirme de la importancia de éste con su cabriola final en la misa del Steppe Arena” (428)“.

15/04/2025:

https://www.elnacional.com/opinion/un-par-de-locos-en-el-oriente-asiatico/

16/04/25:

https://www.costadelsolfm.org/2025/04/16/luis-barragan-un-par-de-locos-en-el-oriente-asiatico/

lunes, 24 de febrero de 2025

Pecar de ingenuos

EN 1959 FIDEL CASTRO FUE RECIBIDO COMO UN HÉROE EN VENEZULA

Luis Perozo Padua 

Venezuela fue el destino elegido, en un contexto de fervor revolucionario tanto en Cuba como en el país suramericano que conmemoraba el primer aniversario del derrocamiento de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez.

El viaje no fue una simple visita de cortesía. Castro, invitado por el presidente electo Rómulo Betancourt, llegó a Caracas con una agenda política y diplomática clara: agradecer el apoyo venezolano a su lucha contra Fulgencio Batista, fortalecer los lazos con el gobierno democrático que se instauraba y asegurar respaldo económico para la naciente revolución cubana.

Viaje en nave venezolana

A la 1:25 p.m., la aeronave de matrícula venezolana que transportaba a Fidel y su comitiva aterrizó en el Aeropuerto de Maiquetía. Lo acompañaban figuras clave de la Revolución Cubana como Raúl Castro, su hermano y futuro presidente de Cuba, Ernesto “Che” Guevara, el célebre guerrillero argentino-cubano, Camilo Cienfuegos, el carismático comandante, Celia Sánchez, su compañera sentimental y figura clave en la organización del movimiento, Pedro Miret, combatiente del asalto al Moncada y alto dirigente del nuevo régimen, Paco Cabrera y Violeta Casals, colaboradores del proceso revolucionario, Luis Orlando Rodríguez, periodista y político vinculado a la izquierda cubana, así como otros “camaradas” de la lucha armada, que conformaban el grupo de confianza del líder cubano.

Un recibimiento político

El recibimiento de Fidel Castro en Venezuela fue multitudinario. En el aeropuerto lo esperaron altos dirigentes políticos venezolanos, representantes del movimiento revolucionario y miles de ciudadanos que veían en él un símbolo de lucha contra las dictaduras latinoamericanas.

Entre los presentes destacaban: Fabricio Ojeda, presidente de la Junta Patriótica, hombre clave en la caída de Pérez Jiménez, Luis Beltrán Prieto Figueroa, en representación de Acción Democrática (AD), Jóvito Villalba, líder de la Unión Republicana Democrática (URD), entre otras personalidades políticas y militares que respaldaban la causa democrática.

La autopista que enlazaba Maiquetía-Caracas, desde horas de la madrugada, estuvo congestionada por la muchedumbre expectante. A su paso el jefe rebelde fue vitoreado.

La primera parada de la caravana se efectuó en el restaurante El Pinar donde la Junta de Gobierno le ofreció a Castro un suntuoso banquete. 

La estancia en el elegante restaurante se prolongó hasta cercanas las seis de la tarde. Al lado de Fidel se sentaron el canciller René de Sola y el ministro del Interior, Augusto Márquez Cañizares.

Se prescindió de todo ceremonial y protocolo. Largas conversaciones, estruendosas risas y, no faltaron las anécdotas de la Sierra, intercalados con los dramáticos episodios del 23 de enero de 1957, que marcó el derrocamiento de la tiranía de Pérez Jiménez

También asistieron Gustavo Machado, secretario general del Partido Comunista, Miguel Otero Silva, director del periódico El Nacional, Gonzalo Barrios de Acción Democrática, Fabricio Ojeda, y entre otros, el vicealmirante Wolfgang Larrazábal, presidente de la Junta de Gobierno de Venezuela en 1958 y quien apoyó a la Revolución cubana facilitando el suministro de armas a las fuerzas de Castro en la Sierra Maestra, así como proporcionando un refugio para el gobierno cubano en el exilio. En junio de 1958, la revista Time remarcó que Larrazábal “se ha esforzado de manera desconcertante por ser amable con los comunistas”.

Mientras tanto, Caracas aguardaba impaciente a Castro en la Plaza del Silencio. Se advertía el mismo delirio del Aeropuerto de Maiquetía.

Un reportero cubano escribirá para la agencia UPI: “En la capital de Venezuela, hasta donde permite la vista se extiende un mar de cabezas. Las gentes se apretujan en los balcones y azoteas engalanados de banderas”. La concurrencia -certifica la prensa de entonces-, excede a las 300 mil personas.

El público enloquecido intentó subir a la tribuna que amenazaba con desplomarse. Por los micrófonos pertinentemente exclamaron ruegos y apelaciones a la calma.

Al poco tiempo el desorden se transformó en aplausos y vítores cuando se advirtió la presencia de Castro y algunos integrantes de su comitiva.

Fabricio Ojeda, en representación de la Junta Patriótica, la organización clave en el derrocamiento de la dictadura el 23 de enero, fue el encargado de abrir el acto. Su discurso, aunque breve, incluyó un reconocimiento a Fidel Castro. Sin embargo, cerró su intervención con una frase cargada de esperanza: “La hora de América, la hora de la justicia ha llegado. El espíritu de la revolución popular está cabalgando sobre los suelos de América”. "Palabras que, con el tiempo, quedarían en entredicho frente a las acciones de los líderes de la revolución cubana, que terminarían por sepultar las expectativas y promesas de un pueblo sediento de libertad bajo el peso de su propia traición.

Huésped de honor

En la mañana del sábado 24, el Concejo Municipal de Caracas en sesión solemne declaró a Fidel Castro, Huésped de Honor.

El líder cubano agradeció la distinción. En aquel salón un óleo llamó su atención. Aquella pintura recogía el momento en que un puñado de próceres venezolanos firman el Acta de Independencia el 5 de julio de 1811. Castro los comparó con su gesta.

En el Ayuntamiento capitalino, Castro y su comitiva esperaron la comisión del Congreso compuesta por Jóvito Villalba, Gonzalo Barrios, Miguel Ángel Landáez y César Rondón Lovera, que lo acompañaron hasta la sede del Congreso Nacional, donde el revolucionario cubano ofreció un discurso.

Comparado con Simón Bolívar

En horas del mediodía, exactamente a las doce, comenzó la sesión conjunta del Congreso para rendirle homenaje “al ilustre visitante”, como lo calificaron los medios de comunicación.

Cuando Castro atravesó el umbral del hemiciclo, uno e los diputados que más euforia denunció fue el poeta Gonzalo García Bustillos que cuarenta años más tarde será el embajador de Venezuela en Cuba.

Rafael Caldera, presidente de la Cámara, visiblemente emocionado recibió al “ilustre visitante” declarando abierta la Sesión Especial concediéndole el uso de la palabra a Domingo Alberto Rangel, de Acción Democrática, quien habló en nombre de los congresistas.

Estamos recibiendo a un hijo de Venezuela -afirmó con vehemencia-, porque Fidel Castro tiene carta de naturaleza en nuestro país. Venezuela, madre de libertadores, debe premiar como hijo suyo a quien ha sabido liberar de la opresión y el terror a un país hermano.

Y prosiguió resaltando: “La figura que ahora nos visita, y quiero decirlo sin incurrir en el pecado de sacrilegio, tiene rasgos que lo semejan de manera notoria, con aquel joven Simón Bolívar.”

Rangel hizo una breve pausa mientras cesaba la ovación, y precisó: “Castro es hoy un héroe, quizás el único héroe que ha producido América Latina desde que terminó la gesta de los libertadores.”

La presencia de Castro en el parlamento venezolano reflejó el interés del naciente gobierno cubano en estrechar lazos con Venezuela. Sin embargo, el momento más emblemático de la visita ocurrió en la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde fue recibido por una multitud de estudiantes, dirigentes políticos y simpatizantes de izquierda que lo aplaudieron sin pausa.

En el Aula Magna, Fidel pronunció un discurso incendiario, lleno de referencias a la “lucha antiimperialista” y la necesidad de consolidar gobiernos revolucionarios en la región.

Su mensaje fue vitoreado por militantes de Acción Democrática, Copei, URD y el Partido Comunista, quienes lo veían como una inspiración para la transformación política y social de América Latina.

Punto de quiebre con Betancourt

A pesar del respaldo y el entusiasmo inicial, la relación entre Venezuela y Cuba se fracturó poco después. Cuando Rómulo Betancourt asumió la presidencia de la República en febrero de 1959, negándose a otorgar la ayuda económica que con tanto fervor Castro solicitaba.

Betancourt, un político de larga trayectoria en la lucha contra dictaduras, veía con sospecha el rumbo comunista que tomaba la Revolución Cubana y decidió mantener distancia de Castro. Esta negativa marcó el inicio de una relación tensa entre ambos gobiernos.

En los años siguientes, Venezuela se convirtió en un bastión de la lucha contra la influencia cubana en América Latina. Betancourt impulsó la doctrina que lleva su nombre, que promovía el aislamiento de regímenes no democráticos y la defensa de la institucionalidad en la región.

Por su parte, Fidel Castro intensificó su apoyo a los movimientos insurgentes en Latinoamérica, incluyendo grupos guerrilleros en Venezuela, lo que terminó por romper por completo los lazos entre ambos países.

Con la llegada de Hugo Chávez Frías al poder en 1999, la relación bilateral sufrió un giro drástico, cimentando una alianza que redefiniría el destino de Venezuela bajo la sombra de Cuba. Para muchos, el país dejó de ser un actor soberano para convertirse en un peón del régimen castrista, un satélite dócil orbitando alrededor de los designios de La Habana. En la actualidad, Venezuela no es solo un apéndice de la isla, sino una extensión colonial sometida a su influencia, donde la independencia forjada por nuestros libertadores se desmorona en el eco de una revolución prometida, pero pervertida desde su origen.

Fotografía: Tomada de la edición de El Nacional. 

21 y 24/02/2025:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/42498-en-1959-fidel-castro-fue-recibido-como-un-heroe-en-venezuela

 https://www.elnacional.com/opinion/en-1959-fidel-castro-fue-recibido-como-un-heroe-en-venezuela/

sábado, 8 de febrero de 2025

Tarea en el mundo terrenal

LA VOCACIÓN BÁSICA DE TODO CRISTIANO

(San Lucas, 5:1 - 11)

José Enrique Galarreta

Seguimos haciendo una lectura semi-continua del evangelio de Lucas, aunque saltando algunos pasajes. El domingo pasado veíamos a Jesús al principio de su predicación, en Nazaret. Lucas lo lleva después a Cafarnaúm donde empieza su predicación y sus curaciones. Su fama se extiende, de manera que todo el mundo acude a escucharle.

El tema de fondo es la vocación de los primeros discípulos, dos parejas de hermanos: Simón y Andrés, Santiago y Juan. La vocación de los discípulos se refiere en los cuatro evangelios:

§ Juan 1:35-51,

§ Mateo 1:16-22,

§ Marcos 1:16-20.

Mateo y Marcos dan una versión semejante: Jesús pasa por la orilla del mar y llama, sin más, a las dos parejas de hermanos. Ellos dejan las redes y le siguen. Lucas lo presenta más dramático, como consecuencia del asombro por la pesca milagrosa. Juan no hace referencia alguna ni al mar ni a la pesca: habla solamente de llamamientos personales, directos; el orden del llamamiento es distinto, y el número de los llamados es mayor.

Esto nos indica por una parte la diversidad de fuentes utilizadas por los evangelistas, aparentemente tres. Por otra parte, el escaso interés de los evangelistas por el género estrictamente histórico. Importa, mucho más que los sucesos exactos, el significado de esos sucesos. Incluso lo que sucedió puede ser modificado si esto es conveniente para dejar más claro el significado, el mensaje.

En este evangelio, por ejemplo, la abundancia de la pesca es sobre todo simbólica, y se repite en varios pasajes: indica la abundancia del Reino, contrapuesta a la pobreza de la vida sin Dios.

Lucas nos muestra el reclutamiento de los primeros discípulos en el contexto de la admiración del pecador ante el poder de Dios. Es por tanto una línea paralela a la de la vocación de Isaías. Atraídos por la santidad de Dios, a pesar del pecado, enviados por Dios. Pero esta vez no se trata de clamar anunciando los castigos futuros. Esa imagen de Dios intolerante con el pecado es ampliamente superada por Jesús. Se trata de "pescar", es decir, salvar de las aguas del pecado. No son elegidos sólo para profetas sino para salvadores, libertadores como Jesús, que es Dios-con-nosotros-Salvador.

Es claro que los tres textos por tanto dan tres "versiones" diferentes del mismo tema, la vocación del apóstol, insistiendo en los mismos aspectos: la desproporción de la misión con la pequeñez del elegido; la posibilidad de realizarlo por la fuerza de Dios.

Es claro también que los elegidos no lo son por sus méritos. Ni siquiera por sus aptitudes, por sus cualidades. Es un tema habitual en toda la Escritura. Moisés es elegido a pesar de que no sabe hablar correctamente. David es elegido siendo el pequeño, el menos importante de sus hermanos... y muchos otros casos más. El ejemplo mayor sin embargo es el mismo pueblo de Israel, el más insignificante de los pueblos, y, además, pueblo rebelde ante Dios. Todo esto se interpreta siempre así: para que veáis que no son vuestras fuerzas sino el poder de Dios que está con vosotros.

Esto podría interpretarse en el Antiguo testamento como un alarde de Yahvé. Las victorias sobre los enemigos son victorias de Dios; Israel es sólo un instrumento, patéticamente desproporcionado. Esta es sin duda una lectura adecuada del famoso Paso del Mar, en el Libro del Éxodo.

Pero esta línea llega a su madurez en el Nuevo testamento. Los discípulos no son elegidos para hacer proezas militares luchando contra otros hombres u otros pueblos. Su único enemigo es el pecado y lo es porque es el enemigo del ser humano: esa es la única batalla de Dios. Los pecadores no son enemigos, sino enfermos, víctimas del pecado.

La imagen de "pescar" tiene mucho más significado que el que nosotros percibimos desde nuestra cultura. El mar es para nosotros un elemento de la naturaleza, más bien bello aunque inmenso. Para Israel el mar y todas las aguas caudalosas siempre son imagen del caos, de la oposición a Dios, del pecado.

· Poner las aguas en su sitio es lo primero que hace Dios al crear, inmediatamente después de hacer la luz.

· Noé el justo es salvado por Dios de las aguas del diluvio, provocadas por el pecado.

· Moisés y el Pueblo son salvados de las aguas, del Nilo y del Mar.

· La última oposición a la entrada en La Tierra es el difícil (¿?) paso del Jordán, milagrosamente resuelto por el poder de Dios.

Aunque en el contexto del desierto el agua es la vida, esto se reduce a los pozos y a los manantiales. Las grandes masas de agua son el caos, el poder de lo incontrolable, el pecado del que triunfa sólo el poder de Dios.

Dios se presenta como "El que salva del Caos", en el Génesis de modo muy genérico; en el Éxodo como salvador político del pueblo y más tarde, por medio de La Ley, en la Teofanía del Sinaí. El pecado es el Caos: la palabra de Dios, los Diez Preceptos, vienen a poner orden en ese caos. Es una simbología paralela a la de la luz. El pecado es caos y oscuridad: Dios trae el orden y la luz.

En esta misma línea, cuando los evangelistas presentan a Jesús caminando sobre las aguas, calmando la tempestad, salvando a Pedro de las aguas, provocando pescas milagrosas, enlazan con toda la línea del Antiguo Testamento que acabamos de exponer y nos muestran, de manera gráfica, con imágenes más que con palabras, que ahí está el Espíritu del Señor, el mismo que puso orden en el caos primigenio, el mismo que salvó a Noé y a Moisés y al Pueblo.

Por tanto, y una vez más, lo que Jesús está anunciando es cómo es Dios; y el Dios de Jesús es otra cosa completamente distinta de lo que se había entendido. No es Dios el que castiga y condena; es el pecado el que nos castiga y nos condena. Dios no amenaza; es el pecado el que amenaza. Dios salva, Dios es el Creador, el que hace existir y vivir; el pecado es el que hace morir.

La dramática imagen de la condenación es una constatación existencial del ser humano: el ser humano puede echarse a perder, destruirse. Es el precio de la libertad. Pero Dios no es el árbitro indiferente, el notario final que certifica que se ha destruido, ni mucho menos el que condena. Dios es el que ayuda a que no pase nada de eso, el que engendra y trabaja por sacar adelante a su hijo. Ése es el Dios de Jesús.

La imagen de la pesca es negativa: salvar del caos, salvar de la destrucción, salvar de la muerte. Es la misma imagen que nos da Jesús curando enfermedades: salvar del mal. Pero el mismo Jesús ha dado muchas veces la imagen positiva de la misma realidad: Dios pan, Dios agua, Dios vino, Dios luz y, por supuesto, Dios madre.

La primera oferta de Jesús es cambiar de Dios. Y la segunda es semejante a la primera: cambiar el modo de ser humano. Dejar de ser juez condenador, dejar de ser indiferente al otro: enrolarse en crear humanidad, en salvar todo lo humano de los humanos, trabajar con el Padre en sacar la familia adelante. Y esto, sin ninguna pretensión de mérito propio o de santidad personal para poder decir a otros "sed como yo, imitadme". Las raíces de nuestra conversión a lo de Jesús está en saber que somos tan pecadores como todos y que conociéndonos como somos, Dios cuenta con nosotros.

Pablo es una imagen viva de esto. Por los detalles que sabemos de él, no es, ni mucho menos, un "perfecto". Está lleno de pasiones, en el sentido positivo y negativo de la palabra: pasiones, fuerzas difíciles de controlar, que se pueden poner al servicio de Dios... o estropear su obra. Pablo se esfuerza en poner todo lo que es al servicio del evangelio. Sabe que ha sido elegido por pura gracia, como instrumento para que otros conozcan también a Jesús, y quema la vida en eso.

Y hemos dado con la palabra exacta: quemar. Conectamos con otro símbolo utilizado en el texto de Isaías, que recibe en sus labios una brasa encendida en la Presencia de Dios. Probablemente el mejor símbolo de nuestra vida de cristianos es el cirio. El cirio no da luz. Es cera y mecha sin más. Pocas cosas hay tan inútiles en sí. Pocas cosas tan feas cuando están viejas y arrinconadas: pero pueden ser portadoras de luz, de luz que no producen ellos, que reciben.

Nosotros somos materia opaca, vida inútil: encendida en Cristo, esta vida puede quemarse para dar calor y luz a los demás. No damos nuestra luz, damos la misma luz que hemos recibido. La luz nos consume. Si no estamos encendidos, duramos inútilmente. Si estamos encendidos, nos consumimos y somos útiles. Es un símbolo perfecto, el más hermoso de los símbolos de esa ceremonia preciosa que es la Vigilia de la Resurrección.

Finalmente, existe entre muchos cristianos la idea de que los llamados al apostolado son "los apóstoles", los sacerdotes, los religiosos... Es un grave error. Todos los que siguen a Jesús son llamados por Él para que sean creadores de humanidad como él. Esta no es una vocación especial de algunos, sino la vocación básica de todo cristiano: encendidos en la luz de Jesús para que en el mundo brille la luz de Jesús.

Esto es una invitación a ver nuestra vida cristiana de una manera "cotidiana", no "extraordinaria". No se trata de hacer cosas diferentes para ser "apóstol", ni de dedicar horas extras al apostolado, ni de pertenecer a asociaciones, meterse en actividades.... que puede ser muy bueno e incluso necesario, pero sólo además. Además de la vida cotidiana, que es nuestro servicio, nuestro trabajo querido por Dios, lo que tiene valor profético. La misión de todos los cristianos es hacer visible el reino, vivir como hijos de Dios: así se anuncia la Buena Noticia.

Hay en la iglesia vocaciones de consagración exclusiva. Como los profetas, o los Apóstoles. Los sacerdotes, los religiosos... que tienen un carisma propio, una función específica en la Iglesia. Sirven para la Iglesia, para alimentar a la Iglesia, al Pueblo de Dios. Pero no son ellos "los" apóstoles, "los" profetas. La vocación de anunciar el Evangelio es de la Iglesia entera. Lo que anuncia el Evangelio es la vida cotidiana de los cristianos. Así hemos de entender la oración, los sacramentos, la Eucaristía... como medios que nos ayudan a vivir para que nuestra vida sea apostólica, profética.

Ser padre, madre, esposo, esposa, médico, albañil, maestro, estudiante... ese es nuestro trabajo querido por Dios, y eso es nuestro apostolado. Para que lo sea, necesitamos de la Palabra de Dios, de la Oración, de la Eucaristía... Pero estarán vacías si no sirven para que la vida cotidiana anuncie el Reino.

Aquí podemos hacer una seria consideración sobre el sentido de ser cristiano, tan común. "Ser cristiano es conocer la ley de Dios y obedecerla, y poder recibir el perdón cuando se falla, y así poder salvarse" Es empequeñecer el mensaje. Ser cristiano es comprometerse con Dios en la Creación y en la Salvación del ser humano.

Y otra reflexión sobre la frase tan usada: "Sacerdos, alter Christus", el sacerdote, otro Cristo. Debería decir: "El cristiano, otro Cristo". Anunciar el Reino, ser Palabra de Dios en el mundo no es trabajo de los sacerdotes, sino de los cristianos.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1995-la-vocaci%C3%B3n-b%C3%A1sica-de-todo-cristiano.html 

Ilustración: Edie Harper.

Padre S. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=VX3zXVEDDj4

Francisco I: https://www.youtube.com/watch?v=NFI8K8pSo4Y

Monseñor R. Biord: https://www.youtube.com/watch?v=IWPe8_6DzxE


Padre S. Martín: https://www.youtube.com/watch?v=7R_qRtDVjKk




martes, 21 de enero de 2025

Balance actual

SIEMBRA DE LUGARES COMUNES

Luis Barragán

¿Columnistas de opinión?, se dirá que los de antes. Variados, inteligentes y de un limpio lenguaje, abordaban directa e indirectamente los asuntos políticos con una extraordinaria solvencia, aunque los hubo pesadísimos y necios que contaron con el favor del editor para mantenerse.

Tiempos de papel impreso en los que costaba y mucho, encontrar cupo: por la cuantía de la impresión y la distribución, como por la competencia de numerosos autores y la adscripción de una línea editorial en diarios inexorablemente comerciales de amplia difusión. Excepto, fuese el órgano oficioso de un partido o cualesquiera gremios, universidades, etc., acaso de un precio módico, el mercado periodístico fue lo suficientemente feroz en una contante elección de los más capaces  y los más … favorecidos.

Fácil deducción, hoy es posible escribir en todos los medios digitales, a veces, personales o muy personales, contando con el éxito necesario. Relativamente factible, hacerlo en los portales independientes de una comprensible vocación comercial.

Por supuesto, uno de los temas de más alta cotización es el político con la vista puesta en el caso venezolano. Para el público en general, resulta inevitable el asunto, pero no todos los columnistas de esta tan difícil era parecen aptos para dedicarle una constante preocupación al tema en cuestión: entendemos y aplaudimos que una persona versada en materias distintas, dedique eventualmente sus reflexiones al área, consigne su mejor testimonio y ofrezca una perspectiva valiosa para sus lectores. No obstante, reacias a profundizar en el problema, tiende a reiterarlo, e, inevitable, degradarlo.

Ocurre con demasiada frecuencia esa degradación que no es otra cosa que la farandulización de los problemas, caricaturizando a los protagonistas. Y es que, reconozcamos, está en crisis la política en Venezuela; mejor, está en crisis el análisis político en nuestro país; definitivamente, está en crisis el lenguaje político por estas latitudes.

En efecto, es difícil escribir semanal, quincenal o mensualmente de forma novedosa, pero se notaba en el pasado, como puede apreciarse en el presente, el esfuerzo e intento por hacerlo. Una mirada retrospectiva, nos advierte de exitosos artículos de opinión manifiestamente políticos que, a pesar de versar en torno a cuestiones muy parecidas, el autor le buscaba la vuelta a objeto de aportar un ángulo creador; pero, una mirada actual, nos avisa de una espesa y asombrosa siembra de lugares comunes, a veces, expuesta con una vanidad digna de mejores causas.

Por ejemplo, tomamos la muestra de cuatro portales de noticias, dos de ellos con una alta rotación de columnistas, arrojando algunas características recurrentes en el tratamiento, el análisis, la crónica, el ensayo, o como quiera llamarse, respecto a la realidad política venezolana. Género aparte que puede ser objeto de una futura consideración, la muestra de un determinado día de la semana pasada, totaliza alrededor de 38 textos de opinión, siendo la mitad de los autores estables de acuerdo a una rápida apreciación de sus trayectorias y de credenciales que promedian una mínima formación académica, en un significativamente bajo porcentaje de los dedicados a la política activa (alrededor del 20%). Valga acotar, los portales de marras son de una evidente postura opositora, todos bloqueados, porque resulta necio considerar un medio oficial, oficialista u oficioso, por motivos excesivamente obvios.

Digamos, en primer lugar, la media tiene por características el insulto, la descalificación moral y política del oficialismo y la exaltación panfletaria y sistemática, sectaria y aduladora del binomio que encabeza actualmente a la oposición, desde una predominante perspectiva moral consciente o inconscientemente; existe un señalamiento crítico encubierto a las individualidades o fuerzas opositoras que pareciera expresar más una diferencia personal que política o ideológica. El temario es reiterado y cansón, con tres manifestaciones llamativas: por una parte, el de un voluntarismo a prueba de acero que recurre al leguleyismo, evita el lenguaje más o menos técnico de precisión (alguna vez leyó de un golpe de Estado del día 10 y se repite machaconamente, sin ensayar alguna exactitud), citando lo que todo el mundo sabe; por otro, se acoge al recurso empleado por el Chapulín Colorado (“lo sospeché desde un principio”), de ignorancia inconmovible al proponer la inmediata juramentación de Edmundo González en la sede de la OEA en Washington ante los magistrados exiliados del TSJ; luego, la repetición de los hechos que han reportado las redes digitales, parece no justificar los espacios disponibles (detenciones, reforma constitucional, invasión, corrupción, etc.), aunque es notable que haya autores que se encuentran voluntaria e involuntariamente en el exterior, debido al prolijo y desinhibido uso de los peores epítetos contra los integrantes del gobierno.

En segundo lugar, se toma por un caso exclusivamente político la pugna entre gobierno y oposición, desde la perspectiva institucional, dejado de lado la consideración de todos los factores igualmente políticos (a guisa de ilustración, la crisis de partidos), económicos (costo de la vida, deuda externa, et.), sociales (desescolarización, inseguridad personal, etc.), judiciales (corrupción, provisionalidad de los jueces, etc.), o de otra índole que aportan a la dramática crisis. Temario éste, por cierto, al que le dedican muchísimo menos los políticos activos, cada vez de una más desespecializada vocería, y poco más los otros que lo tocan como una contribución especial de irregular aparición, aunque el tratamiento de lo histórico ha tendido a aumentar.

En tercer lugar, hay firmas respetables que escriben algo respetablemente, al lado de otras respetables capaces de incurrir en una estupidez, o de estúpidos que, por casualidad, aciertan de vez en cuando en un planteamiento respetable, siendo estos dos últimos casos recurrentes.  Quizá porque la columna, por definición, es fugaz, faltan los pronósticos y las propuestas concretas y quizá inéditas. Posiblemente, éste sea el perfil más acabado del analista político que no sabemos si lo tenemos a mano, ilustrado por tres casos: por una parte, refiriéndose a la juramentación, un autor suscribió un largo texto en el que casi vergonzosamente exhibió una lista de probables desenlaces en distintas materias (incapacidad del control social, suspensión de licencias para la producción petrolera, imposiblidad de préstamos de las multilaterales, etc.), que ojalá aborde en lo sucesivo, pero no cuadraron – digamos – sistémicamente en un planteamiento que quiso hacerse estrictamente político, es decir, como pugna institucional;  por otra, denunciada hasta el hartazgo la falsa oposición que esperamos algún día probará, la solución a la que otro autor arriba es que se tenga un plan estratégico y una vanguardia, no más, u, otro firmante, aspira a que se conforme un voluntariado general dentro y fuera del país para combatir literalmente al régimen; después, tampoco podríamos tildar de análisis aquellos textos suscritos por quienes representan a un determinado partido que se dice opositor, de una franca promoción corporativa a través de un lenguaje que parece copiado de un viejo informe de la CEPAL.

La crisis política venezolana es la del pensar y hacer, la del diagnóstico adecuado, pero, en última instancia, la del lenguaje. Descomposición ésta, que estamos a tiempo de atajar.

Fotografía: LB, biblioteca de Rómulo Betancourt en Pacairigüa (CCS, 29/02/2024).

19/01/2024:

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY