DEL PATRIMONIO ANTI-CIUDADANO
Luis Barragán
Por muchísimos
años, tuvimos grandes piezas artísticas
en los espacios públicos que soportaron muy bien la intemperie, porque
recibían los necesarios y oportunos cuidados del Estado que las auspiciaba. Algunas,
como el “Abra solar” de Alejandro Otero, en Plaza Venezuela, cuenta ya con una
intervención complementaria y artesanal de alambre para evitó el pillaje de las
mafias del aluminio que devastaron la ciudad, aunque presumimos la literal
desaparición y el olvido de obras enteras con varias de las remodelaciones o remiendos
urbanos del presente siglo.
Recordamos el justificado
celo de Diana López, por entonces, eficaz y comprometida directora de Cultura
de la Alcaldía de Chacao, respecto a las obras expuestas a cielo abierto,
pertenecientes a la municipalidad. Llegará también el tiempo para hacer un completo
balance del patrimonio pictórico y escultural de la nación, bajo la guarda y
custodia de todas las instituciones oficiales.
Situación
contraria a la pieza de Rafael Barrios expuesta en el este de la ciudad
capital, comentada anteriormente, hacia el oeste encontramos la ruindad de otra
que, en plena vía pública, parece obvio que está bajo la responsabilidad de la
municipalidad de Libertador, del gobierno del Distrito Capital, del ministerio
de Cultura, o de cualesquiera de las instancias cambiantes del Estado. Quienes
gobiernan, son gente del PSUV, o, al menos, lo hace Nicolás Maduro en su
nombre, aunque después pueda decirse que la escultura es responsabilidad de la
comuna o del consejo comunal.

Desde Plaza
Bonalde hasta Gato Negro, pasando por Plaza Sucre, transitamos un bulevar que
está copado por los agentes del hormigueante comercio informal, o supuestamente
informal. A lo lejos divisamos a Barrios, previendo encontrarnos con una
columna de cubos, si mal no recordamos, rosada, que se hallaba en Parque
Central, pero conseguimos y fotografiamos otra referencia: literalmente cubos
superpuestos de marrón asediado por el óxido, cuales heces sordas, en lugar de
los cubos de láminas moduladas que le extienden una mejor emboscada a la luz
tropical.
Al oeste de la
aún más deteriorada metrópoli, constatamos la displicencia, negligencia y
completo olvido de la obra que es propiedad pública, sin que distinguiéramos
alguna placa alusiva. Quizá desaparezca, y nadie la extrañará por el enorme
descuido, estorbo, y, perdonen, hasta fetidez visual que pudiera provocar. Al concluir
esta nota, nos viene a la memoria un busto de Mauro Pérez Pumar que finalmente
desapareció entre la densa buhonería ubicada por las inmediaciones del otrora
cine Ayacucho, bajando por la esquina de La Bolsa, en el temido centro histórico
de Caracas.
Fotografías: LB (CCS, 29/02/2024).
18/03/24:
https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/40910-del-patrimonio-anti-ciudadano