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miércoles, 6 de julio de 2022

¿Será cierto?

EL APUREÑO QUE APORTÓ SUS MARACAS A LOS ROLLING STONES
Oscar Santana

En el año 1966, el desempleo se sintió mucho en Cunaviche, hogar de Jaime Martínez, un peón venezolano, amante del joropo y poseedor de una maestría innata para tocar las maracas.
A los 23 años, partió a Puerto La Cruz para trabajar en el muelle. Un día decide irse de polizón en un barco que iba a Europa y llega a Londres.
Pasó días de hambre y frío, arrepentido de su decisión. Una noche, muy fría se refugió en el ático de un teatro.
Cuando dormía, le despertó una música, algo que nunca había escuchado. Era Rock & Roll.
Eran los Rolling Stones ensayando el material del álbum Beggar´s Banquet. La canción que sonaba era “Simpathy for the devil”
Jaime no podía entender lo que oía, pero la música era rítmica y le provocaba bailar, aplaudir al ritmo de la canción, comenzó a tocar sus maracas.
La acústica del teatro llevó el sonido de las maracas hasta el escenario.
Mick Jagger impresionado y fascinado con las maracas, le pidió a Jaime que las tocara una y otra vez.
La banda le dió a Jaime techo, comida y ropa. Después fue llevado al estudio de grabación y las maracas que oímos en la introducción de Simpathy son tocadas por él. En los créditos del álbum se le dio una versión inglesa de su nombre : James Martins. (SIC)
Un mes después de esa noche en el teatro, Jaime Martínez estaba camino a Venezuela.
Los Stones pagaron su regreso y le dieron una cantidad de dinero, suficiente como para que Jaime pudiera buscar una casa propia y montar su negocio.
Las maracas se convirtieron en uno de los instrumentos preferidos de Jagger, quien aprendió a tocarlas de Jaime.
Ahora, la próxima vez que escuches “Simpathy for the devil” recuerda con orgullo que esas maracas que suenan las toca un venezolano… un llanero.
19706/2022:

domingo, 5 de junio de 2022

Sospecha de frivolidad

MIGUELITO JAGGER Y LOS SUYOS

Luis Barragán

A todo evento, la opinión del venezolano y, aún más, si es dirigente político, debe centrarse exclusivamente en las tragedias que azotan al país. Se supone que le está vedado cualesquiera otros tópicos y, con sobrada razón, aquellos que lo hagan sospechoso de una imperdonable frivolidad. No obstante, luce inevitable referirse a sus majestades satánicas con Miguelito Jagger a la cabeza, como solía presentarlo Iván Loscher en su radial programación nocturna de décadas atrás.

               Tuvimos ocasión de apreciar una pequeña muestra de la más reciente presentación madrileña (https://apuntaje.blogspot.com/2022/06/cuaderno-de-bitacora.html), cuya versión completa seguramente no tardará en circular por las redes: "Uno no va a ver a los Rolling Stones por escuchar, va por estar, va por vivir. Y, sí, también va por contarlo", expresó Iñako Díaz Guerra ironizando sobre la mejor música, la que no se escucha (“Nada con los Stones tiene sentido”: El Mundo, Madrid, 03/06/2022). Sin duda alguna, constituye una proeza que los prácticamente todos octogenarios, mascando el agua, sigan firmes en el escenario, con un cantante desde siempre tan característico, hiperkinético, desenfadado y hedonista como Mick, cuya interpretación de  “Start Me Up” ha suscitado tantos videos humorísticos, celebrando él mismo a sus imitadores (https://www.youtube.com/watch?v=7ztjy3kIcMY&t=157s), por ejemplo.

               El grupo tuvo una importante recepción en Venezuela y una mirada al “hit parade” de la vieja prensa, permite constatar el éxito de sus canciones, aunque no hubiese suficiente mercado para una presentación personal en el siglo XX petrolero. Algo que quizá pudiera ocurrir en lo que resta de centuria, si la banda y el régimen lo agotan, pues, por estos años, los Rolling fueron acogidos en La Habana con la indiferencia británica por la suerte de los insulares, desmintiendo, por cierto, el entusiasmo que alguna vez exhibió Napoleón Bravo, por los rebeldes de una década demasiado lejana: es el texto que  recordamos para un dossier sobre el rock que publicó la meritoria revista Resumen, con título vanidoso (“Visión integral del rock”, Caracas, nr. 110 del 14/12/1975).

               Frecuentemente, no pocos realzaban a los Stones como una convincente expresión del antisistema, aunque la banda ha sido por siempre una exitosa empresa comercial, no por radical, ilegítima, que tuvo en su haber – por cierto -  la organización, promoción y realización del trágico concierto de Altamont (1969),  juzgado como violento, racista y machista.  El cantante y la banda, fueron indiferentes a una situación que llegó al extremo del asesinato de un espectador a manos de un integrante del particular equipo de seguridad del evento californiano, como Philip Norman lo ha señalado al acentuar la insensibilidad del intérprete (*).

               Por supuesto, nuestro país se mantiene muy distante de las novedades musicales del resto del planeta y de los comentarios que suscitan, tragado por otras majestades satánicas.  Va diluyéndose lentamente la agrupación, olvidado el mito juvenil de los años sesenta, prefiriendo hacerlo en el escenario antes que en el hastío hogareño.  

(*)              "IT IS THE darkest of all rock legends: how at a Rolling Stones concert at Altamont, California, in December 1969, an inoffensive audience member was stabbed to death by Hell’s Angels while, a few feet away, Mick Jagger sang “Sympathy for the Devil,” as usual not giving a fuck. And how the magic decade which the Beatles had defined with melody, charm, and laughter was seen off by him and his band amid violence, chaos, and callousness. Almost everything in the legend is untrue, especially the part about Mick’s attitude. In fact, the horrible Altamont episode only came to pass because he did give a fuck". Vid. Philip Norman (2012) ”Mick Jagger”, HarperCollins Publisher, NY: 474 s.

08/06/2022:

https://guayoyoenletras.net/2022/06/08/miguelito-jagger-y-los-suyos/

Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...