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martes, 6 de febrero de 2024

La prestancia de los casilleros

EL MUNDO NO SE ACABA EN 2024

Luis Barragán

“Se dice usualmente que, si en un barril de

manzanas una de ellas está podrida, se pudren

en consecuencia todas las demás. En este caso

es al revés: todas las manzanas están podridas,

menos una. Podridas de falsedad” 

Sergio Ramírez

("El caballo dorado", Alfaguara, Barcelona, 2024: 179)


Por estos días febreristas, resulta inevitable evocar los hechos del 4 de 1992, en lugar de la gesta de los seminaristas y cursantes universitarios en la consabida batalla de 1814, o de la cada vez más olvidadas protestas populares de 1936. El país siente todavía la hondura de una puñalada cuartelaría que lo dislocó y confundió, celebrándola paradójicamente en las vecindades carnestolendas al principiar la década de los noventa que nos condujo finalmente a un siglo harto diferente del soñado; por cierto,  muy después consternados y arrepentidos por el craso error facilitado por la llamada antipolítica que marcó un serísimo precedente e irradió, legitimándola, su poderosa influencia al resto del continente.

Huérfanos de una adecuada y suficiente explicación ajena a la moralina, la decencia y las buenas costumbres que apuntaron a un agotamiento del debate ideológico, los más avezados apelaron a la teoría del cisne negro, en boga al abrir sus puertas la otra centuria, creyendo los hechos del 4-F como absolutamente impredecibles y radicalmente sorpresivos. No obstante, además de los informes de inteligencia que advirtieron la posibilidad y proximidad de los nefastos acontecimientos, enterados luego de la existencia del general Carlos julio Peñaloza, la literatura especializada y divulgativa de entonces esbozaba la tragedia, como el célebre estudio de los valores de Roberto Zapata, los comentarios mensuales de Miguel Ignacio Purroy para el Centro Gumilla, incluyendo las fundadas advertencias hechas por los liberales Aníbal Romero y María Sol Pérez Schael que tanto y sísmicamente impactaron al lector de una profunda y sostenida formación socialcristiana, como la del suscrito: cada habitante de la nación petrolera, trastocado el crudo en existencia e identidad, reclamaba ardoroso la cuota de la renta que el otro y los otros descaradamente le robaban, por encima de cualesquiera otras consideraciones.

Hacia 1998, deseamos y obtuvimos el irrepetiblemente limpio triunfo electoral de una cara nueva y de oficio militar, para más señas, respondiendo a una vieja mentalidad que no es rural, como se presume, sino de cuño positivista que compite y también convive con el leninismo, más allá del marxismo, como el más sólido e inamovible sedimento cultural que aún nos negamos a reconocer y cuestionar. Convertidos en un espectáculo de perpetuo estremecimiento, característica de un largo y único gobierno al que lo fatigan las propias tensiones que genera, Chávez Frías y sus elencos, envejecidos todos en el poder, expusieron como secreto de una infinita pureza ética y castidad política la inexperiencia: curioso, sólo aprendieron a sostenerse en Miraflores, burlándose de las otras previsiones que nos hubiesen llevado por un sendero diferente al XXI, como el plan estratégico de PDVSA que bregó por la posible la producción de cinco o seis millones de barriles diarios en una industria sana y transparente en las adyacencias de 2020, sometida a los más severos controles públicos.

Siendo contadas las excepciones, todo el liderazgo político de los siglos precedentes fue conocido por el país desde muy temprana edad, como ocurrió lo propio con la dirigencia al interior de cada organización de la sociedad civil. E, incluso, omitidos deliberadamente los nombres de pila, nos valemos del ejemplo de Caldera, Betancourt, Villalba, Fuenmayor y Machado, a quienes ya de avanzada edad se les pedía cuenta de sus actuaciones en los tiempos de juventud, porque trillaron el camino de la política prematuramente y  desde las más modestas posiciones, expuestos como ninguno de los cuatro-febreristas dedicados antes a los privilegiados estudios castrenses y un no menos privilegiado como seguro desempeño profesional.

Cierto, certísimo, hay que trabajar con lo que tenemos a sabiendas que el régimen ha intentado esquilmar a la oposición venezolana, lográndolo no pocas veces, pero es necesario romper con la interesada, latosa y perniciosa creencia tan sustancial a los eventos y protagonistas del 4-F: la improvisación del dirigente político que ni siquiera sospecha de una vocación y mentalidad de Estado, sumergido en una suerte de barril del oportunismo que va rodando a ver si la pega. Contamos hoy con personas de trayectoria, convicción y experiencia, formación y destreza, vivencia y conocimiento, agregándole inspiración estratégica y talento táctico, poco o muy conocidas en la opinión pública,  capaces de conducir el barco hacia una exitosa, corajuda y exigente transición democrática, cuya principal credencial ha de ser una humildad quizá parecida a la del promedio de nuestro histórico liderazgo político que luchó por la independencia y un régimen de probadas libertades para Venezuela.

Apreciamos  a los jóvenes de acción, propulsados por un sentimiento y compromiso con un futuro diferente para una Venezuela distinta, que viven las escenas de 1814, camino a La Victoria, dibujadas novelísticamente por Arturo Uslar, o se adentran con habilidad en las reflexiones de Luis Salamanca con la vista puesta en 1936. Y también estimamos a los más adultos que piensan y actúan, conscientes que el mundo no se acaba en 2024.

Casi un año atrás, lo más cercanos que hemos estado de una instalación militar,  estuvimos en las oficinas del SAIME, ubicadas en el centro comercial Los Próceres (antiguo IPSFA), como igual se puede ir a las oficinas equivalentes en el club de la Guardia Nacional de El Paraíso, y nos llamó la atención la oferta de un busto de 800 dólares de Chávez Frías al lado de un médico santificador y de un prócer militar que siguen vigentes al inicio de cualquier juego. Y siendo un poco más que una, las manzanas verdaderas prosiguen en el tablero.

Fotografía: LB (CCS, 05/1172023).

06/02/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/el-mundo-no-se-acaba-en-2024/

07/02/24:

https://www.eastwebside.com/luis-barragan-la-prestancia-de-los-casilleros.html

domingo, 4 de febrero de 2024

Caza de citas

"Se dice usualmente que, si en un barril de manzanas una de ellas está podrida, se pudren en consecuencia todas las demás. En este caso es al revés: todas las manzanas están podridas, menos una. Podridas de falsedad. Porque, salvo el hecho de que el cavaliere Tartini lo auxilió para que se asentara en París, todas las restantes afirmaciones hechas a lo largo del opúsculo por monsieur Sedano son falsas”

Sergio Ramírez

("El caballo dorado", Alfaguara, Barcelona, 2024:  179)

Ilustración: Franck Gerard.

lunes, 21 de febrero de 2022

El martillo de los comparsas

LOS JUICIOS DE MANAGUA

Sergio Ramírez 

En Managua se están celebrando juicios para condenar a los prisioneros políticos encarcelados desde mayo del año pasado, cuando el régimen quiso eliminar cualquier riesgo en contra del fraude electoral que ya estaba montando y que culminó con la cuarta reelección de Daniel Ortega en noviembre.

Los juicios de Managua recuerdan en muchos sentidos a los juicios de Moscú, que se celebraron entre 1936 y 1938 en contra de figuras políticas relevantes que representaban algún tipo de amenaza para el poder de Stalin; unos juicios que le sirvieron también para imponer el terror entre aquellos que abrigaran algún mal pensamiento y quisieran de alguna manera rebelarse. Mejor el silencio que el tiro en la nuca.

Se parecen en cuanto al siniestro catálogo de delitos. El famoso artículo 58 del Código Penal de Stalin estaba diseñado para eliminar adversarios, disidentes y potenciales enemigos, y sacarlos del juego. Traición a la patria, traición a la revolución, atentados contra la soberanía nacional, colaboración con potencias extranjeras; un artículo que se iba reformando de acuerdo a las necesidades de la represión.

Esas mismas palabras son familiares en Nicaragua hoy día. Todos esos delitos están contenidos en las leyes que fueron dictadas de manera expresa antes de que comenzaran las redadas de prisioneros; sólo que ahora, además de la traición y el menoscabo de la soberanía, esas leyes contemplan los ciberdelitos, y se castigan los chats que contengan palabras ofensivas contra la familia en el poder, y hasta los memes; ya no se diga la difusión de noticias “que promuevan el odio y la disensión social”.

En los juicios de Moscú, los prisioneros comparecían delante del tribunal con el ánimo quebrado tras largas sesiones de tortura, la luz siempre ardiendo en sus celdas, sacados constantemente a medianoche para ser interrogados. En los juicios de Managua es igual. Hay prisioneros que, tras meses sin ver la luz del sol, y sin saber si es de día o de noche, han empezado a perder la memoria y a olvidar el nombre de sus hijos; a otros se les está cayendo la dentadura, o se han convertido en esqueletos de tanto peso que han perdido, y también son levantados a cualquier hora de la madrugada para llevarlos a interrogatorio y preguntarles siempre lo mismo.

Pero a ninguno han logrado doblegar. Ana Margarita Vijil, a quien se le impidió hablar durante el juicio, sólo tenía derecho de poner su firma al pie del acta de condena. Y debajo de la firma escribió: “prisionera política”. Fue sentenciada a diez años de prisión por “conspirar para cometer menoscabo a la integridad nacional”.

En los juicios de Moscú se imponía los hallados culpables, que eran todos los juzgados, la pena de muerte o el confinamiento en Siberia; en los juicios de Managua los hallados culpables, que son también todos, son condenados a prisión. Y si los juicios de Moscú se celebraban a la vista pública, en una sala de la Corte Suprema de muchos dorados y cortinajes, en cambio, los juicios de Managua tienen lugar dentro de la propia prisión, y las vistas son secretas, sin acceso a la prensa. Y los reos no tienen derecho a la palabra, que escasamente se concede a sus abogados.

Pero en ambos casos se trata de condenas dictadas de antemano. Jueces y fiscales no son más que comparsas de una puesta en escena. Y si los juicios de Moscú podían durar semanas, con presentación de supuestas pruebas, desfile de testigos, confesiones públicas de los acusados, un teatro bien montado, los juicios de Managua no duran más de dos o tres horas, y no hay más testigos que los propios policías que han interrogado a los prisioneros, o que han cateado sus casas, o que han leído sus correos electrónicos. Y los jueces, que se presentan en la prisión disfrazados de toga, tampoco deciden cuántos años de cárcel impondrán a cada acusado. Eso ya está resuelto desde más arriba desde sus cabezas.

Tampoco los prisioneros que sufren enfermedades graves, o los de edad avanzada, de los que hay varios, son apartados de los rigores del régimen carcelario que tiene mucho de crueldad vengativa. El comandante Hugo Torres, héroe de la lucha guerrillera contra Somoza, acaba de morir a los 73 años, víctima de una enfermedad terminal de la que sus carceleros hicieron poco caso. Aún muerto, en las redes oficialistas siguen llamándolo traidor. En diciembre de 1974 había sido parte del comando armado que tomó en Managua la casa de un alto funcionario de Somoza mientras se celebraba una fiesta, y el comando logró canjear a los invitados por los presos políticos que pudieron volar hacia Cuba, entre ellos Daniel Ortega. Triste y terrible. Habiendo liberado a Ortega de la prisión, ahora Hugo Torres ha muerto en una prisión de Ortega.

Y al tiempo que se celebran los juicios de Managua, decenas de fundaciones y organizaciones no gubernamentales están siendo ilegalizadas y confiscadas, entre ellas universidades privadas con miles de estudiantes, que sufren el despojo de sus instalaciones, adjudicadas a las universidades estatales bajo el control del régimen.

Cuando los juicios de Moscú se celebraron, y los acusados eran ejecutados en las prisiones apenas horas después de dictadas las sentencias de muerte, o enviados a Siberia con largas condenas, en el mundo hubo poco eco de aquel bárbaro montaje. La prensa tenía entonces cosas distintas de qué ocuparse: la amenaza del nazismo, el cerco de Madrid.

Hoy también, cuando se llevan a cabo los juicios de Managua, el mundo tiene otras cosas de que ocuparse: la impávida cara de jugador de póker de Putin negando que quiera invadir Ucrania, y el presidente Biden insistiendo en que la invasión es inminente.

Mientras tanto, el martillo de los comparsas de Ortega disfrazados de jueces, que golpea al dictarse una condena tras otra dentro de los muros de la cárcel convertida en tribunal, no se escucha. Nadie lo escucha.

Fotografía: https://www.nbcnews.com/news/latino/was-sandinista-leader-cant-buy-book-daniel-ortegas-nicaragua-rcna2848

20/02/2023:

https://www.elnacional.com/opinion/los-juicios-de-managua/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY