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domingo, 24 de noviembre de 2024

Semaforío

DE LA (IN)DISCIPLINA SOCIAL

Luis Barragán

La normativa jurídica, esto es, la que en nada es accidental, establece que el cruce peatonal se hace en las esquinas de toda arteria vial de acuerdo a las señales, por cierto, muy universales: las del semáforo. Todos los vehículos automotores y de tracción de sangre, deben detenerse y, en caso de doblar a la derecha o a la izquierda, darle prioridad al paso del transeúnte.

Esta regla tan elemental, cumplida con extraordinario y envidiable celo en los países más organizados y, al mismo tiempo, no por casualidad, respetuosos de las libertades públicas, por una parte, es la que formalmente ha prevalecido en nuestro país y, muy seguramente, no ha suscitó jamás ningún cuestionamiento del legislador, aprobada pacíficamente en el parlamento o en la municipalidad. Por otra, ciertamente, entre nosotros se hizo fea costumbre y terrible tradición la de violentarla, pero – irreemplazable – siempre estuvimos conscientes de su existencia. Sin embargo, de un tiempo para acá, la situación ha cambiado: costumbre contra legem, hasta nuevo aviso y con el consentimiento de las autoridades públicas que, por comodidad o ignorancia de la ley la aceptan, es otra la pauta que priva en los espacios públicos.

En efecto, se ha “institucionalizado” el cruce a mitad de las arterias viales, esquivando los carros y, sobre todo, a los abusivos motorizados y camioneteros, porque simplemente es un riesgo hacerlo en la esquina por muy semaforizada que se encuentre. Poco importa que seamos favorecidos por la luz, ya que se suma a su tradicional desconocimiento, la sorpresiva aparición de vehículos que no bastándole con “tragársela”, dan la vuelta en “u”: desde cualquier flanco, importándole un comino al conductor llevarse por el medio a un coche con su bebé o a un anciano de bastón en mano; ahora, agregamos como algo “normal” que la motocicleta recorra la vía en sentido contrario a lo establecido y, como en el canal rápido de la autopista, destaque por sus velocidades en el rayado del medio o “isla” de la calle o avenida.

Las propias autoridades incurren en el desaguisado, incluyendo el empleo de las aceras. Estas “reglas”, según los usos y costumbres que se imponen, no tardarán en un reemplazo por otras peores.

Incentivada la indisciplina social, imponiéndose el más fuerte en las calles, asistimos a un fenómeno propio de la época. El semáforo inservible, parece sobrar.

Fotografías: LB, CCS (23/11/2024).

25/11/2024: 

https://opinionynoticias.com/opinionnacional/42149-de-la-indisciplina-social

domingo, 26 de mayo de 2024

Los más iguales de todos los iguales

ESCOLTICIA DE TRÁNSITO

Luis Barragán

Es lo más natural, ¿no? Una persona revestida de autoridad que dirija y ponga orden en el tránsito terrestre, e, incluso, en momentos excepcionales, como el paso de un elevadísimo funcionario, o su equivalente, proveniente del extranjero, por un justificado apremio, y que razonables motivos de seguridad que son de Estado, tenga prioridad frente a los restantes ciudadanos que se desplazan.

Del excepcional momento en el que se detiene el tráfico automotor y peatonal, no habría mayores molestias para la persona común que puede, en primer lugar, distinguir que no ha habido un accidente que lo obligue inmediatamente a tomar previsiones, incluyendo la posibilidad de huir del sitio; en segundo lugar, ha de generarle confianza que se trate efectivamente de una autoridad competente que debe responder por sus actuaciones, y no de un delincuente; o, en tercer lugar, incapaz de prolongar innecesariamente la justificada medida que falta a las normas, como las indicaciones del semáforo, por ejemplo. Recordamos muy bien aquella inicial y lejana visita a la ciudad de Berlín, cuando repentinamente, dispuestos a cruzar a pie una esquina de la céntrica y concurrida avenida, agentes policiales detuvieron nuestros andares porque pasaban sendos vehículos con los delegados israelíes y palestinos: en menos de tres de los cinco minutos prometidos,  quedó resuelto el delicado asunto, se disculparon y todo transcurrió con la debida y muy urbana normalidad.

Por supuesto, los venezolanos distábamos del caso alemán, pero   la interrupción de algún recorrido regularmente dependió acá de un agente uniformado, inequívocamente competente, y fueron contados – otro ejemplo – los ministros que gozaron de una ventaja parecida a la del presidente de la República y sus movilidades. Suponemos que hubo abusos, pero solían tener un gran costo político que pocos estuvieron dispuestos a pagar.

En nuestro país, se hizo cada vez más frecuente la excepción con el arribo del único régimen que hemos tenido en este siglo, quedando definitivamente consagrado a partir de la gestión de Juan Barreto como acalde mayor de la ciudad capital, prontamente imitado por todo aquél que tuviera o jurara tener alguna relevancia en los cuadros del poder. Fue durante los inicios de su gestión que nos sorprendió que cualquier motorizado con o sin arma al cinto, repentinamente detuviera y atravesara su motocicleta para prever y facilitar el paso del vehículo de un burgomaestre que, por cierto, promovió lo que llamó la inteligencia social en ruedas. Y, en adelante, la práctica se hizo privilegio inherente a todo dirigente oficialista con o sin responsabilidades públicas que, no faltaba más,  ha de surcar raudo y veloz cualquier localidad.

E, igualmente, tenemos la impresión de que el privilegio no requiere de la comunicación previa del agraciado dirigente, o de su asistente para tales fines, con los agentes de tránsito para cumplir con la ruta, porque cuenta con sus propios motorizados a objeto de acelerar cualquier recorrido.  Ésta es la otra función de la escolta, como si fuera la Casa Militar, capaz de imponerse en toda arteria vial, añadida la autopista, desprovista de uniformes, o, en todo caso, no muy conocidos por los otros transeúntes, mano de obra posiblemente tomada de los consabidos colectivos que a lo mejor no adscriben a ningún organismo de inteligencia.

La escena es demasiado recurrente en la metrópoli socialista, porque seguramente son muy numerosas las figuras que cuentan con tan significativa ventaja para circularla cómodamente. Y recurrimos a un neologismo, para referirnos a la escolta que contundentemente concede un determinado estatus social a sus protegidos que son al mismo tiempo temidos, pues, el enchufaje tiene sus escalas.

Una posible sociología de los desplazamientos urbanos, apunta a la existencia de una nomenklatura muy particular. Habrá que preguntarse sobre las incursiones aéreas, porque las muy terrenales tienen un sello sin precedentes.

Fotografía:  NTN 24 (https://www.quepasa.com.ve/nacionales/fin-de-mundo-asi-abusan-los-enchufados-en-venezuela-video/).

26/05/2024:

https://www.lapatilla.com/2024/05/26/luis-barragan-escolticia-de-transito/

lunes, 1 de abril de 2024

¿Sobre ruedas?

DE UNA PREVISIÓN ELEMENTAL Y URGENTE

Luis Barragán

Incontables son los agujeros de distintas dimensiones, en nuestras metrópolis del deterioro. Tanquillas, asfalto, postes, pavimento, semáforos, cableado, tuberías, etc., registran con exactitud las huellas de la desidia oficial.

Lo peor es que suelen generar importantes accidentes personales, sin que aparezca algún responsable administrativo, civil o penal, si fuere el caso. Por decir lo menos, pueden ocasionar y ocasionan, una caída con fractura de pie del peatón, o la torcedura de chasis del vehículo, afectando igual y dramáticamente el bolsillo.

Peor todavía, los funcionarios correspondientes tardan o no reparan jamás los desperfectos, pero tampoco indican la amenaza que representan. E, irremediable, espontánea y anónimamente, la ciudadanía debe alertar sobre la existencia de un peligro real e inminente para las personas y sus bienes.

Vale decir, señalan el desperfecto a través de cualesquiera y vistosos desperdicios sólidos que tengan cerca, como un trozo de madera que sostienen una bandera hecha de plástico que igualmente destroza el viento, o algún artefacto de dimensiones llamativas que sobresalga del hueco.  Destrozadas las rejillas de acero de una tanquilla que da hacia el estacionamiento de un local comercial, por ejemplo, la gente optó por el juego de cauchos tomado de un basurero aledaño para ajustarlo y evitar que otro y otros tengan que lamentar un accidente.

Al diccionario de la Real Academia no le ha sido suficiente el verbo “señalar”, empleando otro que creímos un anglicismo, resultando una respetabilísima expresión de raíces latinas para todo lo que concierne a la vialidad: “señalizar”.  Harto consabido que, ni siquiera, la más modesta localidad venezolana cuenta con las indispensables señales de tránsito, como un cartel o el rayado del asfalto. No obstante, empobrecida la ciudadanía que tributa religiosamente,  en contraste con el Estado despilfarrador, por lo menos, esperaría de éste que señale o señalice rápida, diligente y oportunamente las precariedades o atrocidades del sistema vial para evitar una desgracia personal y personalísima de los inocentes transeúntes, viandantes,  pateadores, conductores y afines que tiene derecho a hacerlo con seguridad y confianza: si no pueden reparar, en el largo mientras tanto, agradeceríamos que alerten sobre las amenazas que significa el sólo tránsito del territorio nacional.

Claro, no somos tan cándidos como para suponer que el oficialismo confesará y asumirá sus más visibles fracasos, porque – dirá – habituados los peatones, esa responsabilidad se ha disuelto de lo tan obvia que es.  Nada difícil suponer la ocurrencia de una propaganda dizque electoral que promueva el continuismo, prometiendo la remodelación de lugares al mismo tiempo que advierta de sus riesgos: total, también se dirá, esa suerte de propaganda de advertencia, a los meses, quedará derruida y olvidada.

Luego, seguimos entrampados frente a un régimen tan irresponsable que jura marchar sobre ruedas. Superarlo significa resolver también los problemas más cotidianos, como esto de andar por la calle.

Fotografía: La inicial, LB, av. Páez, panadería Magnolia (CCS, 28/03/2024). Las restantes, en el mismo sitio, LB (09/02/24).

01/04/2024:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/40987-de-una-prevision-elemental-y-urgente

lunes, 14 de noviembre de 2022

Intransitabilidad

DE LAS OQUEDADES URBANAS

Luis Barragán

Pareciera que nuestro país sufriera un constante bombardeo de meteoritos, asemejándonos al suelo lunar. No hay ciudad, pueblo y caserío que no exhiba un número importante de cráteres en los espacios públicos a los que, simplemente, ha de acostumbrarse debido a la militante negligencia oficial.

            En nada puede sorprendernos, por ejemplo, los millones de kilómetros pavimentados de la veintena inicial de años de la democracia representativa establecida luego de 1958, frente al proceso inverso de estas dos décadas y tanto de destrucción de la vialidad. Autopistas, carreteras, avenidas, calles y callejuelas, están agujereadas, empozan aguas putrefactas, acumulan la basura, y representan un riesgo permanente para la integridad personal y la de los bienes de una ciudadanía que, no faltaba más, está agobiada por toda suerte de impuestos, añadido los de guerra, pues, no puede calificarse de otra manera la constante matraca de las autoridades en cualquier ámbito, yendo más allá de las consabidas alcabalas.

            Ningún funcionario público se hace responsable de los accidentes que pueden provocar esas oquedades que se suponen son de su competencia, convertida la administración pública en la Fuenteovejuna de estos tiempos. Luce tan disparatada la realidad generada por el régimen que nos convierte a todos en comendadores, delincuenciando a todo ciudadano que ose formular y diligenciar la más modesta queja y solicitud de enmienda.

            Entre varios de los huecos más importantes que hemos visto en la gran metrópoli, descubrimos uno que, por la vegetación, tiene un largo tiempo de cavado por la indiferencia gubernamental y los pésimos remiendos que alguna lejana vez le hicieron.  Ubicado  en una principal arteria vial de El Paraíso, cerca de la muy conocida Iglesia de la Coromoto, tiene en su seno un basural compactado por las lluvias y el lodo, y la referida y copiosa vegetación que sirve de advertencia para todo peatón y vehículo automotor, acaso, merecedor de una placa conmemorativa.

            Es más importante, por ejemplo, la colocación y el funcionamiento de los carros aparentemente informales que ofertan hamburguesas, cachapas, etc., en las adyacencias, configurando una “calle del hambre”  más, en desleal competencia  y guerra contra el comercio formal, el de los locales largamente establecidos. Importancia alguna tiene tapar el cráter y evitar que se reproduzca gracias a la incuria, desidia, dejadez, abandono del Estado. Así de sencillo.

Fotografías: LB (2022).

14/11/2022:

http://opinionynoticias.com/opinionnacional/38324-de-las-oquedades-urbanas

domingo, 6 de noviembre de 2022

Inviales

DE LAS LARGAS DISTANCIAS CERCANAS

Luis Barragán

Se nos antoja, solemos escribir poco de la cotidianidad venezolana, fuere la real o la artificialmente impuesta por el discurso del poder. Luce tan obvia que no queda memoria de ella al experimentar alguna modificación, está de más decir, inadvertida.

            Por mucho que la caraqueñidad se confundió prolongadamente con la llamada Ciudad Saigón, referencia de la piratería musical y cinematográfica,  o que a la vista de todos se levantó aquél complejo de ranchos verticales en la antigua torre de Confinanzas, asombrando al mundo,  resultan escasas las personas que aún recuerdan ambos fenómenos del desempeño urbano del régimen. Parecen incontables los casos que reclaman una modesta pieza literaria que imprima nuestras vicisitudes en lo más profundo de la memoria, al menos. 

            Venezuela gozó de una extraordinaria vialidad que ejemplificó muy bien la inversión de la renta petrolera, en autopistas y carreteras. Nos explicó una creciente metropolitanización del país que acortó las distancias, dando ocasión a la multiplicación de la llamada ciudad-dormitorio, aunque no hubiésemos desarrollado el sistema ferrocarrilero que redujera aún más y confortablemente los viajes, como ocurrió con el subterráneo de Caracas trastocado en un cadáver urbano en la presente centuria. No obstante, ahora, por muy cercano que sea un lugar, se nos hace muy distante dentro y fuera de cualquier poblado.

A modo de ilustración, dejando atrás aquella antigua y culebrera carretera parecida a la que nos comunicaba con La Guaira, Valencia estuvo prácticamente al lado de Caracas gracias a una autopista bien mantenida y confiable, pero hoy cuesta en demasía cumplir con un trayecto difícil y arriesgado. El  precio de la gasolina tratándose de vehículos personales y públicos,  el estado en el que se encuentra una arteria vial tan obstruida por falta de mantenimiento, o la tremenda inseguridad personal, por no mencionar las famosas alcabalas, convierten las dos horas en una densidad de disgustos y probables peligros, o en más horas de las que antes se acostumbraban.

La propia movilidad en las ciudades de grandes o pequeñas dimensiones, ofrece un testimonio semejante. Ir y venir de un punto cardinal a otro, resulta agotador y costoso, sin entrar a detallar la situación generada por las lluvias que sinceran radicalmente nuestra calidad de vida, agregando el espeso tráfico de automóviles por obra de los grandes deterioros que definen muy bien al régimen en curso.

06/11/22:

https://www.lapatilla.com/2022/11/06/luis-barragan-de-las-largas-distancias-cercanas/

lunes, 21 de febrero de 2022

Inspección ocular: la autopista


Anómicamente venezolanas, las autopistas pueden definirse como territorios en perpetua fuga.  Es que se ve y pasa de todo, en ellas. Por supuesto, incluye a los motorizados, Un camión de mudanza, por lo que pudimos ver, con pasajeros bordeando el peligro que, a su vez, ponen en peligro a los demás. ¿Cuántas veces han repetido la escena, saliendo ilesos del rápido viaje por las autopistas despejadas? Es una apuesta contra síes y contra los demás. 
Fotografías: LB (Caracas, 19/02/2022).
LB

Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...