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domingo, 25 de enero de 2026

Noticiero retropespectivo

- José Vicente Rangel.”¿Hay polarización?”. Semana, Caracas, N° 526 del 27/08/1977.

- Eduardo Fernández y el caso Sierra Nevada. El Nacional, 21/03/80.

- Ibsen Martínez. “Matos Azócar: El novato del año”. El Nacional, 23/01/85.

- Mazhar Al-Sheridah. “Hormuz y la versatilidad del petróleo árabe”. El Diario de Caracas, 04/11/81.

- Luis Alberto Machado renunció a COPEI. El Universal, Caracas, 30/09/90.

Reproducción: Tomada de la red, Universidad Central de Venezuela, presuntamente tomada en 1892.

lunes, 23 de septiembre de 2024

Pero los socava

El Nacional, lunes 5 de septiembre de 2011, C-3

El foro del lunes 

IBSEN MARTÍNEZ: LAS TELENOVELAS NO TUMBAN GOBIERNOS

«Carlos Andrés Pérez no fue una mezcla de Lincoln con Gandhi»

El escritor cree que la crisis política ha dado pie para exculpar los errores del ex presidente. Asegura que Petroleros suicidas no es una obra concebida para desprestigiar a la antigua Pdvsa

Carmen V. Méndez 

Cuando en México se desató la crisis del PRI, una televisora contactó a Ibsen Martínez, pues en ese país había llegado el momento de poner al aire la receta infalible que el autor de Por estas calles tenía para influir en política. Otro tanto sucedió en 2001, en Argentina, a raíz de la salida de Fernando de La Rúa de la Presidencia. El dramaturgo y articulista aún se pregunta cómo un producto cultural que considera vacuo puede suscitar tales expectativas en quienes aspiran a lograr un cambio político. Sin embargo, su sello sigue siendo el mismo: bien sea en la televisión, la prensa o el teatro, su tema más consistente es el retrato que hace de una sociedad a la que parecieran perseguirla los malos gobiernos. Las piezas Como vaya viniendo y Petroleros suicidas dan fe de ello. 

Como vaya viniendo ha agotado las funciones, y el libro La rebelión de los náufragos de Mirtha Rivero va por la quinta edición. ¿Revisionismo o pura nostalgia? ¬Empecemos con el libro de Mirtha Rivero. A mí, en lo particular, me irritó mucho el epígrafe que dice: ¿de qué se quejan? También me llama la atención el tono exculpador que tiene con respecto a la figura de Carlos Andrés Pérez. 

Los protagonistas de ese libro llegan al extremo de decir que Por estas calles formaba parte de una conspiración deliberada. En el texto hay una entrevista de la que no me retracto un ápice, pero cuando estaba escribiendo el espectáculo de Eudomar, que en principio iba a ser un monólogo, me sentí movido a responderle a la autora. Me parece muy característico del período que estamos viviendo el hecho de que un libro sea objeto de un comentario en el teatro. 

Ahora, no podría asegurar que sea nostalgia por una época. Sí hay mucha gente que piensa que vivíamos mejor en los años noventa. Creo que hay una salvedad que hacer: el tema de las libertades públicas. 

Hay que resaltar, por ejemplo, que con toda la irritación que produjo. Por estas calles en la clase política y en ciertos sectores del empresariado, a nadie se le ocurrió sacarla del aire y cerrar un canal. Es lo que puedo decir en abono del pasado. 

¿La telenovela no tenía una intención política? ¬Las telenovelas no tumban gobiernos. Afirmar lo contrario sería caer en las pendejadas marxistas que se repiten tanto ahora. Lo que pasa es que la rabia y el desconcierto que produce el actual estado de las cosas lleva a mucha gente a interpretar, con la frivolidad característica de los venezolanos, un programa de televisión. Mientras la oposición, la clase media venezolana, sea tan comemierda (te ruego que pongas "comemierda") seguirá habiendo sospechosos habituales como Ibsen Martínez, que acabó con esa mezcla de Abraham Lincoln con Gandhi que era Carlos Andrés Pérez, una víctima de los intolerantes venezolanos que no lo supimos comprender. ¡Cómo si no hubieran existido Cecilia Matos, Vinicio Carrera ni Blanca Ibáñez! 

Pero ese mismo razonamiento debe rondar la cabeza de quienes han agotado las funciones de Como va- ya viniendo... Y usted no ha cambiado de tema. 

Como vaya viniendo es, estrictamente hablando, una operación de empresariado teatral. Dos amigos que trabajaron juntos en una telenovela deciden hacer un espectáculo, entre otras cosas porque no hay un canal que pueda emitir de nuevo la telenovela y tienen cosas que decir. 

¿Se despidió para siempre de la televisión? ¬No tengo el menor interés en el medio, ni siquiera tengo televisor en mi casa, pero sé que actualmente hay al aire apenas dos producciones nacionales. En el caso de Venevisión (cualquiera que trabaje allí lo puede atestiguar, aunque seguramente bajo condición de anonimato), la telenovela no sólo se ve vulnerada por la reducción de la producción sino también por la autocensura. Se torpedean ideas muy creativas que podrían tener mucho futuro en un ambiente menos polarizado. 

Esa es su fórmula. ¬Eso fue más o menos lo que hicimos en Por estas calles. En una boda,un miembro de la Federación Médica me decía que al poner a un médico corrupto en la telenovela yo estaba desacreditando a todo el gremio. Eso suele ocurrir. Igual sucede ahora con Petroleros suicidas: la Gente del Petróleo cree que yo escribí una pieza para denigrar de un colectivo político. Todo lo contrario, si la vieran se darían cuenta de que no. 

Hay dos tabúes en Petroleros suicidas: el primero es el petróleo, y el segundo es la idea de que el venezolano no se suicida. ¬Hay varios planos para entender la pieza. Uno: el desconocimiento que el venezolano medio tiene de cómo funciona esa industria que le da de comer y suscita el clientelismo político. Dos: el venezolano se conforma con fórmulas vacuas. Ni siquiera la academia está atenta ni tiene claro qué significa el petroestado para Venezuela. Creo que el teatro no es el medio para discurrir sobre ello, pero lo que sí puede aportar, como lo ha hecho desde Shakespeare para acá, es preguntas. Y en eso, pues lo lamento, soy mejor dramaturgo que Horacio Medina y Juan Fernández. Con respecto al suicidio, siempre me ha llamado la atención que en el país las crisis bancarias terminan con un banquero fugado en Miami; es curioso que en el extranjero no es raro que el banquero expuesto a la deshonra pública se pegue un tiro, se tire de un puente... Eso no ocurre entre nosotros, y es algo que vinculo mucho con la ambigüedad moral del venezolano. 

Eso también está presente en la figura del "radical libre", que ahora controla Pdvsa pero hace negocios con los que participaron en el paro. Volviendo al teatro, lo más importante para mí es el espaldarazo del público. Como decía Ibsen "el Bueno": si un autor teatral no está dispuesto a decir cosas impopulares no vale la pena.

domingo, 26 de noviembre de 2023

Desafío

 A GUYANA CON CARIÑO

Ibsen Martínez 

Borges exaltó hace casi un siglo las excelencias del Religio Medici (La religión de un médico) de Sir Thomas Browne  (1605-1682), hombre controversial que fue  muy perseguido por su humanista heterodoxia.

El crítico italiano Mario Praz, gran erudito en literatura  inglesa, erige a Browne como “uno de los Santos Padres del ensayo moderno, detrás de Montaigne: uno de los primeros en explorar la desconocida  región del yo cotidiano. La religión de un médico es un libro único”.

Por mi parte, no habría dado nunca con Sir Thomas de no ser por un escritor guyanés que, siendo embajador de su país en Venezuela cuando aquel apenas comenzaba a ser una nación independiente, dictó en Caracas, allá por 1970, un breve ciclo de conferencias sobre autores británicos.

El embajador se llamaba Edward Ricardo Braithwaite, expiloto de la Real Fuerza Aérea británica durante la Segunda Guerra Mundial y doctor en Física por la Universidad de Cambridge. El embajador Braithwaite fue autor, también, de una exitosísima novela autobiográfica: Al maestro con cariño (To Sir, with love). Llevada al cine en 1967, Sidney Poitier encarnó en ella al embajador Braithwaite en su experiencia como profesor de una secundaria en el barrio londinense de Stepney, durante los años sesenta del siglo pasado.

El inopinado interés de Maduro por la centenaria disputa fronteriza con Guyana y el empeño que ha puesto  en convocar un referéndum me han hecho recordar las tardes del embajador Braithwaite. Sus conferencias, patrocinadas por el British Council, fueron más bien charlas en petit comité que tenían lugar en una terraza de San Román que miraba al valle de Caracas.

Los padres de Braithwaite eran ambos egresados de Oxford y pertenecían a la clase media afroguyanesa. Pudieron mandarlo al City College de Nueva York de donde, en 1940, el embajador se alistó en la Real Fuerza Aérea. Como piloto de Spitfires voló muchas misiones sobre el teatro europeo. Recordaba con afecto la camaradería de su unidad y afirmó siempre que entre aquellos pilotos casi exclusivamente blancos jamás se sintió discriminado. Las cosas cambiaron por completo al terminar la guerra.

Aunque Braithwaite ganó un doctorado en Física por la Universidad de Cambridge, anduvo desempleado los primeros años de posguerra. Acudió a una veintena de concursos para suplir plazas de docencia universitaria. Quedaban siempre en llamarlo y luego nada: el problema era su color, desde luego.

Amargamente desalentado, un día se hallaba sentado en el banco de un parque y entabló conversación con un anciano londinense muy simpático que escuchó su lamento y lo encaminó a una carrera como profesor de escuela secundaria. Sus experiencias en un barrio pobre del este de Londres nutrieron la novela que en 1959, a los 47 años, le trajo repentina fama. Allí comenzó una brillante carrera humanitaria.

A comienzos de los años sesenta, Braithwaite acumulaba ya una gran experiencia como funcionario de Servicios Sociales en el Reino Unido. La Federación Mundial de Veteranos de Guerra, que agrupa hoy a más de 60 millones  de personas, lo nombró en 1968 alto consejero en Derechos Humanos. En esto, independiente ya Guyana desde 1966, su país destacó a Braithwaite ante la Unesco y luego, como embajador especial en Venezuela. Las cosas no andaban bien entre ambos países.

El año anterior, una rebelión armada de separatistas guyaneses debió replegarse hasta una base militar venezolana en donde solicitaron asilo. Esto ocurría  poco después de que Caracas denunciase el fraudulento laudo arbitral de París que en 1899 despojó a Venezuela de la tres cuartas partes del actual territorio guyanés. Georgetown acusó a Caracas de provocación belicista.

En 1970, los gobiernos del Reino Unido, Guyana y Venezuela suscribieron en Puerto España, Trinidad, un protocolo que suspendía las reclamaciones venezolanas durante 12 años. Nadie en círculos diplomáticos puso entonces en duda que el prestigio y la capacidad de persuasión de Braithwaite fueron fundamentales en el acuerdo que preservó la paz entre Venezuela y Guyana.

De las antiguas colonias británicas en América, Guyana llegó a ser, a fines del siglo pasado, una de las más pobres. Desde 2015, cuando se registró el hallazgo de grandes reservas submarinas de petróleo, el país de 800.000 habitantes va camino a ser el cuarto productor mundial de petróleo obtenido mar adentro, por delante de Qatar, Estados Unidos, México y Noruega. Su ingreso fiscal hasta la fecha rebasa los 1.600 millones de dólares.

Es comprensible que la camarilla cleptómana de Nicolás Maduro, que ha convertido la otrora rica Venezuela en un erial donde campea una pobreza y puesto al país detrás de Haití, quiera reanimar la reclamación territorial acusando a Guyana de subastar yacimientos que según Caracas se hallan en las áreas marinas en reclamación y no le pertenecen. Maduro ha convocado un referéndum consultivo para dentro de tres semanas.

Las preguntas que hace el referéndum son marrulleras, confusionistas y chantajean al electorado con patriotera retórica antiimperialista. Todo ello a pesar de que, en la década pasada Hugo Chávez desistió, paladinamente, con argumentos igualmente antiimperialistas, de echar adelante la disputa limítrofe. Llegó a proponer el desarrollo conjunto de la zona en reclamación.

La oposición partidista, característicamente, titubea ante un referéndum inoportuno y emponzoñado, una bravuconada de clara inspiración militarista que torpemente busca “unificar” a la población propalando una conspiración de la ExxonMobil y el gobierno de Georgetown. No oculta la codicia que lo mueve. Por  sobre todo, es insidiosamente inicuo: no es lícito absorber –ocupar—unilateralmente una zona aún en litigo.

Uno se pregunta quién podrá hoy en Guyana saudita ver ventaja alguna en hacerse ciudadano del petroestado más fallido del mundo cuyos gobernantes han volatilizado un  millón de millones de dólares en un cuarto de  siglo y se hallan imputados en masa ante la Corte Penal de La Haya por crímenes de lesa humanidad. La oposición venezolana, característicamente, titubea ante un referéndum extemporáneo, una bravuconada militarista que no oculta la codicia que lo mueve. ¿Temen los timoratos políticos venezolanos que llamar a la abstención en el marrullero referéndum pueda enajenarles el voto de quienes aún quedan en el país?

Ciertamente, la abstención no ha sido buena idea en el pasado. Sin embargo, llamar a responder “No” a las cinco emponzoñadas preguntas de Maduro no sería  abstenerse sino un desafío que bien vale la pena lanzar a la dictadura en la antesala de una reelección presidencial que Maduro, cada día más forzado a medirse con María Corina Machado, no debería ganar. Con lo que vuelvo a nuestro admirable embajador Braithwaite.

Poco después de firmado el protocolo de Puerto España dejó el servicio diplomático y, ahora sí, se dedicó a la academia. Enseñó literatura en New York University y en la reputada Universidad de Howard, en Washington D.C., hasta su muerte en 2016, a los 104 años.

26/11/2023:

martes, 3 de mayo de 2022

Texturas

El Nacional - Jueves 29 de Diciembre de 2005     A/6
RESPUESTA A DOS PREGUNTAS
Eleazar Narváez

A dos preguntas que me formulara la periodista Maribel Dam en una entrevista para la revista Visión Ucevista, publicación editada por el Rectorado y la Dirección de Información y Comunicaciones de la UCV, me permití responder en los siguientes términos.
¿Es posible una universidad ajena a un proyecto de país?
¿Encaja la universidad en un proyecto socialista?
Si estamos hablando de la universidad venezolana es pertinente la pregunta: ¿De qué proyecto socialista se trata? Yo aún no sé cuál es el perfil y el contenido de eso que el Gobierno llama socialismo del siglo XXI. En todo caso permítame decir lo siguiente: Cualquier proyecto de país no puede prescindir de la institución universitaria, si en verdad quiere alimentarse y apoyarse en los avances del conocimiento y en un pensamiento y una acción independiente, reflexiva, plural y crítica. Y si es un proyecto de país concebido en la democracia y para la profundización de la democracia como modo de vida, entonces, más aún, sería un contrasentido y una grave equivocación apartar a un lado a una institución que busca precisamente afianzar los valores trascendentales del hombre y se inspira, como lo expresa la Ley de Universidades, en un “definido espíritu de democracia, de justicia social y de solidaridad humana”. Y viceversa, la universidad no puede colocarse al margen de la responsabilidad que tiene el Estado de diseñar y desarrollar las políticas públicas mediante mecanismos de concertación democrática con los distintos sectores de nuestra sociedad.
Lo que no podemos permitir es que la universidad sea secuestrada para apuntalar un determinado proyecto político ideológico, sea bolivariano o de otro signo. Eso es otra cosa.
¿Hasta qué punto el sector universitario ha establecido un diálogo con el Gobierno nacional para definir puntos de encuentro en materia de formación y actividad profesional en programas sociales como, por ejemplo, Barrio Adentro?
El diálogo es un elemento fundamental para solucionar los conflictos y un ingrediente siempre presente en todas las situaciones donde existe una verdadera comunicación humana. Nuestro equipo rectoral, en un poco más de un año de gestión, con el liderazgo del rector Antonio París, ha dado muestras inequívocas de que cree firmemente en el diálogo para afrontar los retos de la universidad. Hemos dicho que estos desafíos son tan grandes y complejos que exigen un permanente y sostenido esfuerzo para establecer vínculos estrechos con todos los sectores de la sociedad. En esta línea de comportamiento hemos conversado con diversos representantes del Ejecutivo Nacional y de otras instancias gubernamentales en la búsqueda de acuerdos para la solución de distintos problemas de interés público: en salud, en educación, en seguridad, etcétera. Algunas respuestas favorables se han obtenido por la vía de varios convenios firmados.
Sin embargo, en lo que respecta específicamente a Barrio Adentro, al Programa Samuel Robinson, a la Misión Sucre, por ejemplo, si bien ambas partes hemos mantenido una actitud seria y respetuosa en las conversaciones, desafortunadamente, los resultados no han estado a la altura de nuestras expectativas.
Fotografía: LB (Caracas, 08/02/2022). 

EL NACIONAL - LUNES 23 DE MARZO DE 2009 NACIÓN/11
LIBROS: HENRY JAMES
Nelson Rivera

Venecia nos deja impotentes. Quien la ame, quien se reconozca en su obsesión, entiende a qué me refiero: se llega a su estremecedor espectáculo un día, y ese momento queda incrustado para siempre en los recuerdos: una especie de impaciente júbilo que se remueve dentro de nosotros cada vez que escuchamos su nombre. No importa lo mucho que hayamos visto y leído en la expectación del primer viaje, ni el tiempo ansioso que hayamos invertido en disponernos a su encuentro, Venecia nos deja mudos.
La revuelta interior, la desaforada vibración de todos los sentidos a un mismo tiempo, el mar de fondo que ella pone en movimiento atasca las palabras: en algún lugar de la garganta ellas se enredan, se interceptan y se desvanecen.
Si se llega a Venecia por agua, abrumado por la enormidad de su belleza, es posible que uno logre emitir un balbuceo, pero ello no es más que una irrecuperable declaración de imposibilidad.
Haré una confesión: he admirado y admiro a escritores como Joseph Brodsky y Predrag Matvejevic, sólo porque han sido capaces de medirse con Venecia. Sobreponerse y escribir sobre la que tantos entienden como la más bella ciudad, me parece una aspiración tan alta como la pretensión de plasmar en papel la experiencia de escuchar música: ese exquisito coraje que esconden los espíritus más refinados, tal es la experiencia de lectura que nos obsequian los cinco ensayos reunidos en Horas venecianas (Abada Editores, España, 2008), que por primera vez pueden leerse en nuestra lengua española.
Henry James amó y temió a Venecia. La amó y la padeció. Entre 1869 y 1907, regresó una y otra vez, en algunos casos, en estancias de dos o tres meses. Tres años después de su primera estadía escribe Venecia: primeras impresiones (1872) en el que sigue las huellas de sus propias emociones. Como si ese fuese finalmente el destino signado, a partir de cierto momento el ensayo de James se entrega a la admiración por Tintoretto, como si el hecho de que Venecia haya sido el lugar del pintor fuese la mayor constancia de su grandeza.
Diez años más tarde, en 1882, escribe Venecia. Luego, una década más adelante, en 1892, produce El gran canal, ambos registros de su insoslayable sentido para observar a su alrededor, pero sobre todo, para extender sobre el esplendor y el deterioro de la ciudad la misma sutileza para inmiscuirse en el carácter de sus personajes que es el cautivante secreto que esconden Retrato de una dama u Otra vuelta de tuerca. La Venecia del norteamericano Henry James (1843-1916) es esa que tanto cuesta nombrar, la que es talante y complexión, luces y vocación, propensión y temperamento. La Venecia que nos reclama regresar. La Venecia a la que añadirle apenas una palabra es casi una insolencia. 

EL NACIONAL - LUNES 16 DE MARZO DE 2009 ESCENAS/2
Palabras sobre palabras 
HERENCIA DE MARIANO PICÓN-SALAS
Francisco Javier Pérez
 
Tres días antes de su fallecimiento, Delia Picón de Morles bautizaba la nueva edición de las Obras selectas (Universidad Católica Andrés Bello/ Americana de Reaseguro, 2008), de Mariano PicónS alas, su padre. Acto privado de inusual significación, tendría Delia, este último 24 de diciembre, una de sus mayores alegrías: sostener en sus manos la mejor selección de los escritos de don Mariano y poder disfrutar de ellos ¬releerlos amorosamente una vez más y la última¬, durante los tres días que la vida le ofrecería para dialogar con el padre ido hacía tanto tiempo. 
Delia fue la única hija que tuvo el escritor y por ello entre los dos se estableció un vínculo indestructible, mucho más fuerte que el que establecen los padres que tienen muchos hijos. Al morir Picón-Salas, tan vital aún y en un momento tan promisorio de su vida, Delia contraería el mayor de los compromisos: preservar la memoria, estudiar la obra y divulgar el pensamiento de su padre. Lo cumpliría puntual e impecablemente con su propia tarea de estudiosa de la faceta diplomática de Picón-Salas, con su labor de multiplicación de entusiasmos en muchos estudiosos del ensayista (entre los que destacan Cristian Álvarez y Gregory Zambrano) y, notablemente, con su gestión de promoción editorial de los escritos del luminoso merideño (así, la integral de sus obras por Monte Ávila Editores, aún inconclusa). 
Esto último ha venido desarrollándose como un auténtico y sistemático proyecto de difusión con la publicación por parte de la Universidad Católica Andrés Bello y la Universidad de los Andes de los tres volúmenes con la correspondencia de Picón-Salas, cuidados por Delia y titulados: Mariano Picón-Salas y sus amigos. Asimismo, la UCAB había ya editado los ensayos sobre arte, con prólogo de Juan Carlos Palenzuela. 
Pero hay más. No otra cosa que el venturoso convenido de cesión de los derechos de autor de Picón-Salas a la UCAB, quien a partir de ahora será custodia dignísima y fiel del portentoso legado intelectual, espiritual y de pensamiento que supone lo escrito por este grande del ensayo en Venezuela y América y por este grande de la espiritualidad en lengua española. En todo ello, resultan factores protagónicos el doctor Alfredo Morles Hernández, esposo de Delia, y el profesor Emilio Píriz Pérez, director de publicaciones de la UCAB, quien con dotes mayores ha sabido hacer honor a la herencia enorme que recibe. 
Muestra de esta venturosa hermandad entre la universidad de los jesuitas de Caracas y la familia del escritor es esta primera entrega de sus Obras selectas. Son muchos los calificativos que acuden para definirla, pero los que más resaltan son su pulcritud y encanto. Lo primero queda claro por el demorado esmero que se ha tenido para hacer revivir los textos del maestro y para hacerlos lucir con finura y belleza. Lo segundo, por lo que aporta el contenido en los nobles escritos que se reúnen, muestra de lo mejor que Picón-Salas pudo finiquitar para hacernos comprender a Venezuela y, más, para hacerla propagar en dimensión americana e hispánica; siempre la triple entidad que nos marca como viaje y regreso de los tres mundos que nos definen. 
Un reconocimiento a la gratitud y una alegría por los alumbramientos que vendrán. 
Fotografía: Tomada de la red. 

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY