Líder de la
(extrema) derecha francesa, Marine Le Pen todavía es noticia por la decisión
judicial que la responsabiliza de malversar fondos públicos y, por marginal que
pudiera ser la nota digital, un reciente tuit visto al azar pretende alguna
relación con la oposición venezolana. Por supuesto, para descalificar a una y a otra.
Quizá quede en
un mensaje efímero, sin mayor trascendencia, aunque – sin dudas, de prosperar –
contribuiría a cualesquiera opiniones de un maniqueísmo sobrancero y, llevado
al extremo, nos devolvería a la supuesta distinción entre izquierda y derecha,
propia de una lejana modernidad en la que pesaban los valores y principios, la
doctrina e ideología. Suposición y lejanía, porque las diferencias de la posmodernidad
tienen su propio calibre, o no son exactamente tales: numerosas son las izquierdas
y derechas y, así como los llamados liberales resultaron ser conservadores y
viceversa, en el siglo XIX venezolano, hay posturas de izquierda que se
reclaman de derecha y, no faltaba más, de derecha que se juran de izquierda, cuales
objetos voladores no identificados (OVNI) de origen desconocido, sorpresivos e
inquietantes – sobre todo – cuando se hacen de pocos, pero muy decisivos
escaños parlamentarios.
De un lado,
vista como xenófoba y euroescéptica, la derechista Le Pen se convertiría en una
extraterrestre que el promedio de los venezolanos no conoce, a la que hay que
combatir como a aquellos del patio que se les parezcan, o pudieran parecérseles,
trastocados en aliados de una cruzada universal de la reacción. Claro está,
mientras ella sea la noticia que se resigna a la nominación presidencial de su
pupilo ante unas eventuales elecciones.
De otro, el señalamiento
de nuevo escondería la inmensa heterogeneidad de individualidades, movimientos
y partidos de una izquierda y una derecha presunta y solo presuntamente
compactas, forzadas al acuerdo electoral y la coexistencia política a propósito
de los comicios legislativos de 2024, añadidos otros extraterrestres, como el
izquierdista Jean-Luc Mélenchon, quien encabezó meses atrás una enorme protesta parisina en
apoyo a la causa palestina, teniendo por aliados a grupos muy activos de LGTBQ+
que, huelga comentar, precisamente no gozan de buena salud en los países
islámicos.
Cualesquiera
elecciones de algún impacto, celebradas
o a celebrarse en países vecinos u otros noticiosos del viejo continente,
pueden suscitar determinadas manipulaciones, pretendiendo la automática
identificación de una celebrada izquierda bondadosa y de una condenada derecha bochornosa entre
nosotros. Desde hace tiempo el esquema está superado, pero aún arraigado por estos lares faltándole discusión pública y, valga la acotación, debate académico.
Ilustraciones: Charlie
Hebdo, París, N° 1706 del 02/04/2025.
Fotografía OVNI: “La Tierra
contra los platillos voladores” de Fred F. Sears (1956).
Hoy, domingo,
cursa la primera vuelta de las elecciones legislativas propiciadas por el
presidente Macron al interpretar una realidad que es la de una exitosa
incursión de la ultraderecha francesa en las más recientes elecciones europeas.
Presagio de los futuros comicios presidenciales, luce obvio el esfuerzo de
detener el avance de un sector político eideológico de una innegable influencia continental.
Un escenario
probable, será el de la victoria de Reagrupación Nacional y sus aliados, lo que
significará el ascenso del joven Jordan Bardella, estrecho colaborador de
Marine Le Pen, al premierato, confrontándose con el actual titular y
contemporáneo Gabriel Attal; la (quizá ultra) izquierda, postulará a Jean-Luc
Mélenchon y a Raphaël Glucksmann, aunque algunos cuidan de no
confundirlos; François Ruffin y Lara
Sutil, representantes de sectores políticos resueltamente atípicos, completan
la terna de los más importantes aspirantes. Pasarán a la segunda vuelta,
aquellos que superen el 12,5% de los sufragios, aunque pudiera fragmentarse a
posteriori y de tal manera que la distribución de los 577 escaños, escenario
nada sorpresivo, pudiera desafiar a los partidos que son esenciales a los tres
bloques (el oficialista Renacimiento, el derechista Reagrupación Nacional, y el
izquierdista Francia Insumisa).
Lejos estamos
de una experticia en el ámbito internacional, pero nadie puede omitir un hecho
que reporta y reportará importantes consecuencias para todo el occidente. De un
lado, permítanos la referencia, celebramos que haya unos comicios libres,
pulcros y confiables como hemos pretendido que haya en Venezuela, cuyo régimen
es aliado de países que son, además, orgullosamente totalitarios y abiertamente
teocráticos, constituyendo un dato importante y decisivo.
Del otro, en
el fondo, Francia se ha convertido en un escenario seguro del huntingtoniano
choque de las civilizaciones, y, según nuestro modesto entender, es necesario
constatar no sólo la alarmante desaparición de un centro político a favor de la
polarización ideológica y social, a veces artificiosa, sino también la
incomprensión de una indispensable defensa de los principios y valores
occidentales. Estos, parcialmente los ha
asumido la derecha plagada de ultraísmos, y, en nombre de un progresismo
ilimitado que ha desprestigiado el término mismo, la izquierda ha incurrido en
un oportunismo feroz renegando de sus ilustrados orígenes.
Finalmente, es
en el campo literario donde el alerta ha cobrado mayor fuerza con la debida
anticipación, por lo menos, en el caso del amado y, a la vez, odiado Michel Houellebecq, con las novelas
“Sumisión” (2015), en la que imagina la victoria presidencial de un musulmán
moderado o dizque moderado, y “Aniquilación” (2022), en la que hay serias
perspectivas que apuntalan de la triunfo de la ultraderecha. Y, aunque nos
sabemos en latitudes con graves problemas y conflictos de carácter existencial,
mal haríamos respondiendo con una militante indiferencia ante lo que acaece y
acaecerá allende los mares.
Valga la
acotación, la doble consulta popular precede por días a la inauguración de los
Juegos Olímpicos de París. Será muy probablemente demostración de los niveles
de organización, sobriedad y eficiencia para la celebración de un evento tan
exigente y continuo en diferentes
ámbitos, incluyendo el de seguridad, sin que lo empañen los comicios; baremo suficiente
para saber de los gobiernos francamente iliberales que no pueden acometer
tamaña empresa, excepto concluyan en una severa represión de la población y, a
la larga, protagonicen sendos escándalos de corrupción.
Clave de
bóveda, asentar y consolidar por mucho tiempo la polarización y, en definitiva,
el maniqueísmo político, se hará sentir en el mundo que es libre o lucha día
tras día por su libertad. De esto, están pendientes los grandes intereses
anti-occidentales.
Ahora
tiene un inconfundible sello francés, elevado el asunto a rango constitucional.
Por supuesto, los venezolanos somos ajenos a este o cualesquiera problemas de
carácter universal, porque exclusivamente nos atañe el continuismo oficialista:
así está diseñado el sistema, y, si fuera el caso, cuál es el problema de
reformar la Constitución, incluso, por la vía de la reinterpretación jurisprudencial,
e imitar la solución europea.
Jérôme
Roux, profesor de derecho público en la Universidad de Montpellier, alerta que
la reforma puede afectar otros derechos constitucionales, como la libertad de
consciencia (Le Figaro, París, 06/03/2024). Antes, había comentado el padre
Santiago Martín la advertencia del monseñor y también galenoMichel Aupetit en torno a la supresión de la
objeción de consciencia, obligados los médicos a practicar el aborto (01/03/24:
https://www.youtube.com/watch?v=SrBoF5Ix3gg);
por cierto, el arzobispo de París había sido víctima de una falsa acusación de
la que judicialmente resultó sobreseído (https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=47479),
generando un daño irreparable en la persona y en la institución que representa.
El
profesor Roux, en la fuente citada, observa que la decisión revocatoria de la
Suprema Corte estadounidense de 2022, dándole de nuevo vigencia a la decisión
de Roe versus Wade de 1973, causó mucho sobrevuelo entre los franceses, a pesar
de las sentencias que consagran el “derecho al aborto” en la perspectiva del
artículo 2 de la Declaración de los Derechos Humanos y Ciudadanos y,
concretamente, en la de la libertad de la mujer, añadida la de interrumpir su
embarazo. En todo caso, coincidieron todos los sectores ideológicos y políticos,
añadidos los extremos de derecha e izquierda, en la sanción de la reforma
constitucional, claro está, saludada por Emmanuel Macron (https://www.youtube.com/watch?v=FEL1WoOGuzY).
Obviamente,
somos partidarios de la vida, pero se nos antoja curioso e innecesario que
llegaran tan lejos en una Francia que la entendemos en una encrucijada civilizacional
ante el avance del fanatismo islámico y el descrédito creciente del mundo
occidental y, siendo necesario decirlo,
cristiano en razón de los valores que lo sostienen. Sin embargo, pendiente la
eutanasia, el padre Martín ejemplificó las “pequeñas señales” o “signos
extraños y maravillosos” que nos hace un poco más optimistas al aumentar el
número de catecúmenos y bautizados católicos, haciéndose tendencia entre los
jóvenes, además, de origen musulmán: “murmullo de ángeles”, movimientos de la
llama de la vela, anunciándose las primeras luces del alba (29/03/24: https://www.youtube.com/watch?v=h72FV1iV27k).
Ciertamente,corremos el riesgo de importar a Venezuela un problema como el
del aborto, en los términos planteados en Estados Unidos o Europa occidental, constituyendo
un agigantado recurso de distracción en manos de los socialistas de la hora,
capaces de todo, incluyendo la negación de las más elementales y constitucionales
condiciones electorales. Cacofonía
aparte, no dejemos de prestarle atención a un problema tan agudo, porque tarde
o temprano llegará la polémica.
Captura de pantalla. Sesión parlamentaria referida (Youtube).
En las tres primeras lecturas de los domingos que llevamos de cuaresma, se nos ha hablado de pacto. Después de la alianza con Noe (Dom. 1) y con Abraham (Dom. 2), se nos narra hoy la tercera alianza, la del Sinaí. La alianza con Noe, fue la alianza cósmica del miedo. La de Abrahán fue la familiar de la promesa. La de Moisés fue la nacional de la Ley.
¿Cómo debemos entender hoy estos relatos? Noe, Abrahán y Moisés, son personajes legendarios. La historia "sagrada" que narra la vida y milagros de estos personajes empezó a escribirse hacia el siglo IX antes de Cristo. Son míticas leyendas que no debemos entender al pie de la letra. Se trata de experiencias vitales que responden a las categorías religiosas de cada época.
Hoy nadie, en su sano juicio, puede pensar que Dios le dio a Moisés unas tablas de piedra con los diez mandamientos. No fue Dios quien utilizó a Moisés para comunicar su Ley, sino Moisés el que utilizó a Dios para hacer cumplir unas normas que él consideró imprescindibles para la construcción y supervivencia del un pueblo.
Dios no puede hacer pactos con nadie porque no puede ser "parte". Una cosa es la experiencia de Dios que los hombres tienen según su nivel cultural, y otra muy distinta lo que Dios es. Jesús nos habló del Dios de la "alianza eterna".
Dios actúa de una manera unilateral y desde el amor, no desde un 'toma y daca' con los hombres. Dios se da totalmente sin condiciones ni requisitos, porque el darse (el amor) es su esencia. En el Dios de Jesús no tienen cabida los pactos ni las alianzas. Lo único que espera de nosotros es que descubramos la presencia de ese amor total identificado con nuestro propio ser, y actuemos con los demás como Él actúa con nosotros.
Explicación del Evangelio
El nombre de "purificación del templo" no es adecuado, porque no se trata de purificar, sino de sustituir. El pasaje del templo lo hemos entendido de una manera demasiado simplista. Una vez más la exégesis viene en nuestra ayuda para descubrir el significado profundo del relato.
Como buen judío, Jesús desarrolló su vida espiritual en torno al templo; pero su fidelidad a Dios le hizo comprender que lo que allí se cocía no era lo que Dios esperaba de los seres humanos. Es muy importante recordar que cuando se escribió este evangelio, ni existía ya el templo ni la casta sacerdotal tenía ninguna influencia en el judaísmo. Pero el cristianismo se había convertido ya en una religión y podía caer en la tentación de repetir aquella manera de dar culto a Dios.
Es casi seguro que algo parecido a lo que nos cuentan, sucediera realmente, porque el relato cumple perfectamente los criterios de historicidad. Por una parte lo narran los cuatro evangelios. Por otra es algo que podía interpretarse por los primeros cristianos (todos judíos) como desdoro de la persona de Jesús: no es fácil que nadie se lo pudiera inventar si no hubiera ocurrido y no hubiera estado en las fuentes.
Nos han repetido, por activa y por pasiva, que lo que hizo Jesús en el templo fue purificarlo de una actividad de compraventa ilegal y abusiva. Según esa versión, Jesús lo que intenta es que al templo se vaya a rezar y no a comprar y vender.
Esto no tiene fundamento alguno, puesto que lo que estaban haciendo allí los vendedores y cambistas, era completamente imprescindible para el desarrollo de la actividad del templo. Se vendían bueyes ovejas y palomas, que eran la base de los sacrificios que se ofrecían en el templo. Los animales vendidos en el templo para sacrificarlos estaban controlados por los sacerdotes; de esa manera se garantizaba que cumplían todos los requisitos de legalidad.
También eran imprescindibles los cambistas, porque al templo solo se le podía ofrecer dinero puro, es decir, acuñado por el templo. En la fiesta de Pascua, llegaban a Jerusalén israelitas de todo el mundo, a la hora de hacer la ofrenda no tenían más remedio que cambiar su dinero romano o griego por el del templo.
Jesús quiso manifestar con un acto profético, que aquella manera de dar culto a Dios, no era la correcta. Imaginad que una persona entra en la sacristía de una iglesia, se apropia del vino y las formas e impide que se diga la misa. No se le juzgaría por apoderarse de unos gramos de pan y una mínima cantidad de vino, sino por impedir la celebración de la eucaristía.
No podemos pensar en una acción espectacular. En esos días de fiesta podía haber en el atrio del templo ocho o diez mil personas. Es impensable que un sólo hombre con unas cuerdas pudiera arrojar del templo a tanta gente. Además, el templo tenía su propia guardia, que se encargaba de mantener el orden.
Por si esto fuera poco, en una esquina del templo se levantaba la torre Antonia, con una guarnición romana. Los levantamientos contra Roma tenían lugar siempre durante las fiestas. Eran momentos de alerta máxima para las autoridades romanas. Cualquier desorden hubiera sido sofocado en unos minutos.
Los textos que citan los evangelistas son la clave para interpretar el hecho. Debemos tener claro que la Biblia no estaba dividida en capítulos y en versículos como ahora. Era una escritura continua que ni siquiera separaba las palabras unas de otras. Para citar la Biblia se recordaba una frase y con ella se hacía alusión a todo el contexto.
Los sinópticos ponen en labios de Jesús una cita de (Is 56,7) "mi casa será casa de oración para todos los pueblos"; y otra de (Jer 7,11) "pero vosotros la habéis convertido en cueva de bandidos".
El texto de Isaías hace referencia a los extranjeros y a los eunucos que estaban excluidos del templo, y dice: "yo los traeré a mi monte santo y los alegraré en mi casa de oración. Sus sacrificios y holocaustos serán gratos sobre mi altar, porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos."
Isaías está diciendo, que en los tiempos mesiánicos, los eunucos y los extranjeros podrán dar culto a Dios. Ahora no podían pasar del patio de los gentiles.
El texto de Jeremías (Jer 7,8-11) dice así: "No podéis robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal, correr tras otros dioses y luego venir a presentaros ante mí, en este templo consagrado a mi nombre, diciendo: 'Estamos seguros' y seguir cometiendo los mismos crímenes. ¿Acaso tenéis este templo por una cueva de bandidos?"
Los bandidos no son los que venden palomas y ovejas, sino los que hacen las ofrendas sin una actitud mínima de conversión. Son bandidos, no por ir a rezar, sino porque solo buscaban seguridad. Lo que Jesús critica es que con los sacrificios se intente comprar a Dios.
Juan va por otro camino y cita un texto de Zacarías (14,20) "En aquel día se leerá en los cascabeles de los caballos: "consagrado a Yahvé", y serán las ollas de la casa del Yahvé como copas de aspersión delante del altar; y toda olla de Jerusalén y de Judá estará consagrada a Yahvé y los que vengan a ofrecer comerán de ellas y en ellas cocerán; y ya no habrá comerciante en la casa de Yahvé en aquel día".
Esa inscripción "consagrado a Yahvé" la llevaban los cascabeles de las sandalias de los sacerdotes y las ollas donde se cocía la carne consagrada. Quiere decir que en los tiempos mesiánicos, no habrá distinción entre cosas sagradas y cosas profanas, Dios lo inundará todo y todo será sagrado, es decir, ordenado al Señor.
Las personas no serán santas porque vengan a rezar al templo, su santidad se hará presente en la vida ordinaria. En el Apocalipsis (Ap. 21.22) se dice: "No vi santuario en la ciudad, pues el Señor todopoderoso y el Cordero, eran su santuario."
Los vendedores interpelados (los judíos) le exigen un prodigio que avale su misión. No reconocen a Jesús ningún derecho para actuar así. Ellos son los dueños y Jesús un rival que se ha entrometido. Ellos están acreditados por la institución misma, quieren saber quién le acredita a él. No les interesa la verdad de la denuncia, sino la legalidad de la situación, que les favorece. Pero Jesús les hace ver que sus credenciales han caducado. Las credenciales de Jesús serán 'hacer presente la gloria de Dios a través de su amor'.
Suprimid este santuario y en tres días lo levantaré. Aquí encontramos la razón por la que leemos el texto de Juan y no el de Marcos. Esta alusión a su resurrección da sentido al texto en medio de la cuaresma. Le piden una señal y él contesta haciendo alusión a su muerte.
Su muerte hará de él el santuario único y definitivo. Una de las razones para matarlo, será que se ha convertido en un peligro para el templo. Es interesante descubrir que, para Juan, el fin de los templos está ligado a la muerte de Jesús.
Aplicación
La aplicación a nuestra vida del mensaje del evangelio de hoy, podría tener consecuencias espectaculares en nuestra relación con Dios.
Si dejásemos de creer en un Dios 'que está en el cielo', no le iríamos a buscar en la iglesia (edificio), donde nos encontramos tan a gusto.
Si de verdad creyésemos en un Dios que está presente en todas y cada una de sus criaturas, trataríamos a todas con el mismo cuidado y cariño que si fuera Él mismo.
Nos seguimos refugiando en lo sagrado, porque seguimos pensando que hay realidades que no lo son. Una vez más el evangelio está sin estrenar.
Meditación-contemplación
"Ya no habrá comerciantes en la casa del Señor, en aquel día".
Ha llegado, de verdad, para mí "aquel día".
¿He salido ya de un toma y daca en mis relaciones con Dios?
¿He descubierto que Él me lo ha dado todo
y que yo tengo que hacer lo mismo?
.....................
Mis relaciones con Dios tienen como base su amor total.
Nada puedo pedir ni esperar de Él que no me haya dado ya.
Mi tarea consiste en tomar conciencia de ese don total.
Mi vida real responderá entonces a esa realidad.
.....................
Todas las criaturas son manifestación de Dios.
La única Realidad es Él mismo.
Nosotros solo somos la imagen que se refleja en el espejo,
que no estaría ahí si Él no estuviera presente al otro lado.
Valga la
conjetura, quizá por una cultura cinematográfica que rinde culto a piezas de
una extraordinaria acción y efectos especiales, las noticias más atractivas
están pintadas por el drama y la tragedia.Suficientemente impactante, la violencia escenificada en Ecuador,
incluyendo el secuestro de las personas que conducían un programa de
televisión, recientemente, conmovió al mundo entero y, seguida, nos condujo a
la crisis de Estado que sufrimos en América Latina que no guarda mucha
distancia con las de los países catalogados del primer mundo, como Francia,
objeto de diferentes atentados terroristas, frustrados o consumados. Sin
embargo, los hechos, mal que bien, dado
de un modo u otro, suscitan el debate de fondo, de algún fondo, en el norte al
mismo tiempo que, en el sur, pasamos la página con el “amanecerá y veremos”.
Algunas veces,
lectores de Michel Houellebecq, estamos pendientes de la afinación de los
escenarios que le depara el porvenir a los franceses. Juzgando por el
novelista, al menor descuido, puede alcanzar el poder un musulmán que pasará
por moderado, o le tocará a la sempiterna representante de la ultraderecha,
aunque nada de esto lo percibimos desde un país crecientemente aislado, como
Venezuela, atrapado en el violento batiburrillo del rentismo petrolero que ya
no es ni siquiera modelo.
Semanas atrás,
Emanuel Macron despidió como primer ministro a la delgada mujer de entrados
años filtrados por los lentes, Élisabeth Borne, y, en su lugar, designó a
Gabriel Attal, con apenas 34 años de edad y, naturalmente, portador de una
corta experiencia burocrática. Éste ya se ha hecho acreedor de la crítica
opositora, siendo la más lapidaria la de Jean-Luc Melénchon al considerar que
recupera su cargo de vocero gubernamental desapareciendo simultáneamente el de
premier.
Inevitable
pensar en el futuro del país galo, una potencia nuclear sometida a la más dura
prueba por el oleaje migratorio sobre todo de origen islámico que solivianta
los extremos. No por casualidad, la conocida Marine Le Penn está experimentando
una ruta hacia el centro político que le convierta en la mandataria nacional,
como jamás lo imaginó su padre.
Attal funge
ahora como el delfín presidencial y, a menos que sea un genio de las artes
políticas, no será fácil ni pronta su maceración para la sucesión de Macron,
quien ha de pensar en los venideros comicios y esos extremos ya aludidos. Por
cierto,parece que no llama la atención
su condición de homosexual en el exterior, y entre los venezolanos tampoco,
excepto una diferencia, apreciada desde nuestra perspectiva heterosexual: los
hay en las profundidades del closet que, aún desempeñando el oficio político,
autocensurándose, les niegan representación a sectores también importantes de
la sociedad.
Muy
a principios, Michel Houellebecq publicó una novela versionada en español a
mediados del presente año, que reincide en el terreno del pronóstico político:
“Aniquilación” (Anagrama /PDF, Barcelona), aunque no es exactamente una
prolongación de su anterior “Sumisión” (Anagrama, Barcelona/PDF, Barcelona,
2015). En una, la derecha tiene una perspectiva favorable para las elecciones
francesas de 2027, mientras que, en la otra, las ha ganado un musulmán sólo
presuntamente moderado en 2022.
Distinguida su obra más reciente por
el sentido y la dinámica de la decadencia y la muerte que desbroza, la política
constituye un ejemplo más del triste desbrujulamiento generalizado de la vida
personal, familiar y social. Imposible esconder al ensayista, el autor registra la existencia y desleal
competencia entre la esfera mediática y la política, añadidos los lobbies,
hasta llegar a los niveles de alucinación de la ciberguerra y el terrorismo
capaz de simular la ejecución de un alto funcionario del gobierno, o acabar con
un banco de espermas.
En la actividad política persisten
determinados rasgos negativos, como el que la realiza tras bastidores teniendo
una extraordinaria influencia en el gobierno, destacando las prácticas más
perjudiciales de sus oficiantes, añadidas aspiraciones presidenciales por vanidad,
el estatus que genera, la diversión que reporta, el disfrute del avión y los
viajes oficiales [20, 26, 73, 171], en los extremos de la banalidad. Rasgos
estos que no son peores a los expuestos en otros ámbitos y facetas sociales que
tienen por mayor ventaja la de esconderlos, en detrimento de los harto visibles
profesionales de los asuntos públicos.
En términos de sociología política, sin perder los motivos o móviles
esenciales de la narración, Houellebecq explora el mundo del outsider, frecuentemente inasible,
incluso, proveniente de las “capas más bajas del entretenimiento televisivo”,
aunque con una ética mínima (la del presentador o animador), en la búsqueda del
preciso recurso carismático indispensable, a lo Ronald Reagan [73 s., 266].
Presumimos que no hay peligro en torno a un
inminente triunfo electoral islámico o de las extremas izquierda y
derecha, dejando el campo abierto a las otras opciones un poco más equilibradas
y ambiguas; además, ni siquiera Marine Le Pen tiene la suficiente fuerza para
ganar, aunque antes pudo percibirse como una imperdible candidata presidencial,
por lo que toma una alternativa novedosa: “El candidato de la Agrupación
Nacional era casi un desconocido, de él se sabía que tenía veintisiete años,
que se había licenciado en la École des hautes études comerciales de París, que
era consejero municipal en Orange y que era un tío guapo: era más o menos todo
lo que se sabía de él. Naturalmente, Marine estaría presente, le ayudaría en
todos sus mítines, pero de todos modos sufría un auténtico déficit de
popularidad” [175].
Todo outsider busca una inmediata legitimidad, con el aporte de
consultores como Solène Signal de una acreditada empresa del ramo, intentando
preservar el respaldo de las fuerzas tradicionales y también religiosas [173 s., 208]. Empero, no es una novela de las elecciones,
sino que, a propósito de ellas, ofrece una profunda radiografía de la sociedad
francesa y sus podredumbres, a nuestro juicio, propias de un occidente
adormecido.
Disculpen
la digresión personal: participamos de un grupo digital de dirigentes políticos
con interés en el temario internacional y, al triunfar Emmanuel Macron en los
últimos comicios, todos lo saludaron como algo propio de la democracia,
soslayando el drama que ha postergado Francia en torno a los radicales de
cualquier signo político y religioso. Ha
sido un magnífico recurso didáctico la lectura de los libros citados de Houellebecq,
sensibilizando mejor a quienes nos creen absurdamente distantes de los problemas
occidentales.
Numerosas tramas y sub-tramas,
varias inconclusas, extienden demasiado e innecesariamente la obra. La ironía
y, en oportunidades, el humor ligero e inocente, la salvan del aburrimiento
ante el enredijo de lo que podría calificarse como un informe social.
Probablemente, porque hicimos
nuestra escolaridad bajo la sombra nostálgica del boom latinoamericano, poca
atracción sentimos por la prosa del novelista francés, cuyos libros
prácticamente ya no llegan a este lado del mundo. Valga acotar, aislada crecientemente
Venezuela, quebrantadas y quebradas las universidades, la misma academia tiene
fortísimas limitaciones para ejercer la crítica y apreciar las últimas
tendencias literarias, precisando en cuál de ellas se inscribe Houellebecq, uno
de los autores galos más conocidos entre nosotros.
“…
Se consolaba bebiendo pastis y votando a Le Pen”
Michel
Houellebecq(*)
Fenómenos
como el consabido del Brexit, por ejemplo, no aparecen gratuita, repentina y brutalmente. Por sorpresivos que
fueren, los eventos políticos surgen de procesos más de las veces soterrados,
silenciosos e inadvertidos que se resisten a cualquier carta astral, tardando
los especialistas en explicarlos.
De muy relativo interés para los
venezolanos, hoy, los franceses concurren de nuevo a las urnas en la búsqueda
del mayor consenso posible en torno a la titularidad del poder político. Macron
luce como el favorito por un ya cómodo margen de diferencia, aunque es de suponer
que las restantes fuerzas políticas (y sociales) harán causa común frente a la
tozuda adversaria que nadie puede subestimar. No obstante, lejos de toda
simpatía por Le Pen, los británicos demostraron que se le puede salir la rueda
a cualquier carreta y en cualesquiera latitudes.
Para expresarlo de alguna manera,
hay un natural mercado político que ha interpretado exitosamente la candidata
por varios lustros, con diferentes expresiones y derivaciones, pues, como
ocurre en la cercana España, la demanda por un control legal, justo y razonable
de la inmigración, suele confundirse con el más atávico racismo y así lo vemos,
a propósito de la guerra ucraniana: en nombre del europeísmo, hay unos que son
más refugiados que otros. Luego, evidentemente, la mayor oxigenación y
reivindicación la experimenta una ultraizquierda que, paradójicamente, en otros
países, añadidos los de la hermandad bolivariana (o descaradamente chavista, a
falta de un mejor adjetivo), es la que miserablemente provoca los masivos
desplazamientos, convertidos en una novedosa y perversa arma política.
El balotaje tiene por principal
virtud la de actualizar y moldear un centro eficaz y, aunque los sondeos de opinión la
descarten,sabiendo darle la suficiente
plasticidad, en esta o en las venideras elecciones, Le Pen o su posible
reemplazo, podría hacerse de un inesperado triunfo, ora por el inspirado realismo que la fuerce a
una sana moderación, ora por la estrategia de radicalización de las peores
condiciones del país, según interese a las
fuerzas islámicas o de la ultraizquierda dispuestas al posterior asalto del
poder. Triunfo que puede ir más allá de los sectores que se sienten
inexorablemente fracasados, antes apenas consolados por la hija de Jean-Marie.
La señalada contradicción entre la
Francia de la ciudad y la del campo puede dar paso a otras de una mayor
gravedad, acaso, postergadas por situaciones como la guerra a un costado del
continente. Por lo pronto, las elecciones y el modo de hacerlas en Francia,
lucen extrañas y distantes a los venezolanos después de padecer más de veinte
años de fraudes plebiscitarios.
Son muchos los que se inquietan por la suerte de la Unión Europea si la balanza de las elecciones de Francia se inclina hacia el lado de Marine Le Pen. Sin duda que los círculos liberales con vocación integracionista no están durmiendo tranquilos, pero hay algo que es preciso tener claro y es que esta contienda no va a tener como objetivo dirimir el europeísmo de los votantes galos sino la aprobación de la gestión de Emmanuel Macron de manera de apoyar o impedir un segundo mandato.
Los franceses ya no se dividen más entre los que votan por la izquierda y los que votan por la derecha. La batalla que se anuncia en la segunda vuelta presidencial podría ser más bien entre la Francia rural – la France Oubliée (Francia olvidada), como la llama la candidata de la Agrupación Nacional- y la Francia citadina, cada día más rica y más distante. Aun así, y a pesar de los esfuerzos de Marine por hacerse de la buena pro de los olvidados, es en extremo difícil que pueda remontar la cuesta que la separa en intención de voto del presidente Emmanuel Macron que compite por la reelección.
The Economist ha sacado las cuentas: solo dos presidentes has sido reelectos en el último medio siglo, lo que es demostrativo de la censura a sus gestiones que ejerce el electorado al votar. Con 30% de la votación en la primera vuelta, el hombre exhibe un récord único como incumbente en los últimos 35 años. Casi 1 de cada 3 de sus compatriotas le otorgaron su confianza en esta ocasión, 4 puntos más que en la elección de 2017 cuando también se midió con Le Pen.
Alguien argumentará que con la aritmética no se ganan elecciones y no le falta razón. Aun tomándola en cuenta, la líder ultraderechista se encuentra hoy apenas a 7 puntos de distancia y si no le pisa los talones al presidente en funciones, una sorpresa no puede descartarse.
Pero Macron se está presentando a esta justa con una buena hoja de recorrido, particularmente en lo que respecta al poder adquisitivo de los franceses: el empleo ha crecido sensiblemente durante su mandato, la productividad ha dado un salto cualitativo y el acceso a la educación y preparación técnica de los ciudadanos ha mejorado en los últimos 5 años, ha bajado los impuestos, especialmente para la clase media trabajadora, y todo ello ha sido alcanzado en contravía de los estragos de la pandemia del covid 19. Tiene un importante lunar, no obstante, que tiene que ver con el tema de las pensiones, así que en este segmento de los mayores la abogada Le Pen tiene tela para cortar y sin duda configura buena parte de su proyecto social. A Le Pen la votan electores decepcionados con la izquierda y este tema es también muy explotable.
En definitiva, son los votantes de Jean-Luc Mélenchon, el tercero con 22% de los sufragios, los que inclinarán la balanza de la nueva cita de la justa electoral francesa. Cuán rebeldes serán los izquierdosos franceses ante el deseo manifiesto del líder de la Francia Insumisa de no dar ni una papeleta a Marine es un ejercicio de adivinación. Posiblemente le sigan, pero no apoyar a Le Pen automáticamente no significa votar a favor del presidente. La opción de la abstención o el voto nulo está más viva que nunca.
La contienda entre los dos lideres es, de cara al país, un duelo a puñal porque lo que está en juego en Francia “no es concha de ajo”, como se dice usando los regionalismos latinos. Ciertamente la diatriba entre los franceses mundialistas y los patriotas no está resuelta a esta altura. Y aunque son las mismas personas las que se miden por segunda vez para dirigir el país, el libreto ahora es mucho más complejo.
¿Europa respira aliviada con la virtual fortaleza de Macron? No, aun no. Porque, aunque Le Pen haya dejado el tema en el silencio para la segunda ronda, ella sigue siendo la abanderada del abandono del europeísmo. Salir de OTAN es su norte y también salir de Europa sin Frexit (la salida de Francia, como el Brexit del Reino Unido). Su jugada maestra ha sido no defender a Putin a pesar de su cercanía ideológica. El francés medio es más listo que eso y la continuación de la guerra de Ucrania o su transformación en algo aún más amenazante para Europa los aterroriza.
Los españoles no sabemos qué pensar de la campaña presidencial francesa, que está a punto de concluir con su votación en segunda vuelta. Esto nos pasa porque el país vecino ha dejado de ser una ventana a la que asomarse. Entre otras cosas, porque hemos renunciado a aprender su idioma. Es cierto que la asignatura de Filosofía ha sido disminuida en los planes de estudio, pero la lengua que se habla al sur y al norte de nuestra frontera ha dejado inexplicablemente de ser importante, lo cual es una catástrofe. Para nosotros ahora la observación del país vecino es más una curiosidad que un espejo al que mirarse. Quizá, ya lo veremos, lo que suceda el domingo tenga ese poder de profecía sobre nuestro futuro político. Las alternativas al presidente Macron se han concentrado en partidos de confrontación, tanto en la derecha como en la izquierda. Marine Le Pen, gracias al impulso del divulgador nacionalista Zemmour, que capitalizó el debate durante meses, ha superado al veterano Mélenchon por unos miles de votos y se disputa la segunda vuelta con el presidente Macron. Pero Mélenchon se ha convertido en el vencedor de los perdedores y quizá Le Pen se consuele de nuevo con ser la perdedora de los ganadores.
Lo más evidente es que en democracia, tarde o temprano, casi todo el mundo alcanza la categoría de alternativa. Es solo una cuestión de paciencia. Fracaso tras fracaso se combate con ilusión tras ilusión. Pero ni fracaso ni ilusión son tan contundentes como se pintan. Lo que sucede es que los europeos están fatigados de la democracia y tratan de encontrarle los límites a la flexibilidad del sistema. Como nadie sabe valorar lo que tiene, lo hacen sin asumir del todo los riesgos, pero convencidos de que pase lo que pase, nada será grave. Esa curiosa tendencia de los niños por romper el juguete se ha consolidado en una sociedad algo infantilizada, que ha encontrado en las redes sociales una motivación comercial para poder ser tan ególatras y caprichosos como se alcance. Con referentes como Zuckerberg, Musk o Bezos no puede esperarse nada bueno. Lo templado tiene mala fama entre los buscadores de experiencias adrenalínicas. El otro día le escuché decir a una veterana lideresa política madrileña que moderación no era necesariamente una virtud. Por esa regla de tres, también honestidad ha dejado de ser un tinte positivo para convertirse en un rasgo de ingenuidad. Pues vale.
La debacle de los partidos de alternancia sistémica, como el socialista y el conservador, encabezados por dos mujeres experimentadas como Anne Hidalgo y Valérie Pécresse, confirma que bastó el personalismo de Macron para descapitalizarlos. Esta es la gran diferencia con el momento actual de la política española. Pero podría ser una diferencia poco duradera, pues pese a la fortaleza sistémica de nuestros dos grandes partidos, ambos esconden un punto débil bastante evidente. En los conservadores, la corrupción pertinaz y vocacional, unida a la escisión de un ala radical con la que ahora pactan sin otro remedio, como ranitas que transportan al escorpión. En los socialistas, una latente mediocridad que ofrece un flanco para que nazcan apuestas personalistas que devoren la idea de partido sólido. Es una pena que España ya no tenga como tuvo a Francia en su corazón, su pantalla, su kiosco, su librería y su estante de discos. Las barbas del vecino enseñan mucho.
Cuando un tema da mucho que hablar, lee todo lo que haya que decir.
MACRON Y LE PEN PASAN A LA SEGUNDA VUELTA DE LAS ELECCIONES EN FRANCIA
El presidente francés queda por delante de la pujante líder de la extrema derecha este domingo. La socialista Hidalgo sufre una debacle al obtener el 1,7% de los votos
Marc Bassets
El presidente Emmanuel Macron parte con ventaja en la batalla por la presidencia de Francia ante la líder de la extrema derecha Marine Le Pen, su rival en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el 24 de abril. El resultado de la primera vuelta, celebrada este domingo, le sitúa en una posición confortable, más de lo esperado, para la votación final. Y le permite creer que, aunque con menos distancia ante su rival que en 2017, ganará la elección y se mantendrá cinco años más en el palacio del Elíseo.
No es una ventaja irreversible. Y en las próximas dos semanas el centrista Macron deberá convencer a muchos franceses desencantados con su gestión de estos cinco años en el poder, o con una personalidad y un estilo que consideran altivo y elitista, para que le apoyen y eviten el acceso de Le Pen al poder. Macron no tiene nada ganado ante Le Pen, que ya fue su rival hace cinco años. Y haría mal en confiarse.
Pero el viento de pánico que en los últimos días, mientras los sondeos indicaban una subida constante de Le Pen, sopló entre muchos macronistas, también entre franceses moderados y en algunas cancillerías occidentales, ha amainado. Es posible que esta sensación de peligro inminente contribuyese en el último minuto a movilizar al electorado del presidente.
Macron sacó un 27,6% de votos con el 97% de votos escrutados, según los datos del Ministerio del Interior. Le sigue Le Pen con un 23,41%. Ambos, al ser los más votados, se clasifican para la segunda vuelta. En tercera posición quedó, cerca de Le Pen, el populista de izquierdas Jean-Luc Mélenchon, con un 21,95%. Algunas proyecciones indican que la ventaja de Le Pen sobre Mélenchon podría reducirse unas décimas al final del recuento.
Los tres suman más de siete de cada diez electores y aglutinan el voto útil de ciudadanos. Macron recibió votos de la derecha moderada y la izquierda moderada: ciudadanos asustados por la posibilidad de que Le Pen fuese la más votada y reforzase sus opciones de ser presidenta. Votantes de la izquierda más hostil al actual presidente concentraron su voto en Mélenchon. Y quienes habían sentido simpatías por Éric Zemmour, el tertuliano ultra que durante meses disputó el liderazgo de la extrema derecha a Le Pen, votaron a Le Pen.
El resultado de este movimiento hacia el voto útil es el mediocre resultado de Zemmour, con un 7,05%. Y el descalabro de Los Republicanos (LR), el partido histórico de la derecha moderada, y el Partido Socialista (PS). Valérie Pécresse, candidata de LR, sacó un 4,7%. Anne Hidalgo, del PS, un 1,7%. El ecologista Yannick Jadot se queda con un 4,5%.
La abstención, según las estimaciones, fue del 25,1%. En 2017 fue del 22,2%. El récord de abstención en la primera vuelta fue en 2002, con un 28,4%.
El catastrófico resultado de Hidalgo y Pécresse —candidatas de los dos partidos que durante décadas vertebraron Francia— sentencia el fin del viejo sistema político francés. Estas elecciones consolidan el duopolio entre Macron y Le Pen en el nuevo sistema, con una tercera pata que es la de la izquierda radical de Mélenchon.
Macron declaró: “Invito con solemnidad a nuestros conciudadanos, sea cual sea su sensibilidad y su elección en la primera vuelta, a unirse a nosotros. Algunos lo harán para frenar a la extrema derecha, y sé que esto no es un apoyo a mi proyecto. Lo respeto”. Le Pen dijo: “Llamo a todos los franceses, de todas las sensibilidades, a unirse al gran reagrupamiento nacional y popular que yo represento”.
Francia revivirá el 24 de abril el duelo del 7 de mayo de 2017, pero no será igual que hace cinco años. Le Pen ha suavizado su imagen y ha dejado de asustar a la mayoría de franceses. Según los sondeos, quedará mucho más cerca de Macron que en 2017, cuando el presidente derrotó a su rival con un 66% de votos frente a un 34%. Esta vez, cree tener posibilidades de llegar al palacio del Elíseo.
Hidalgo, Jadot y Roussel llamaron a votar por Macron en la segunda vuelta. Pécresse dijo que votaría al actual presidente. Mélenchon evitó dar una consigna a favor de Macron o decir a quién votará él, pero repitió tres veces a sus seguidores: “No hay que dar ni un solo voto a la señora Le Pen”. Zemmour llamó a votar a Le Pen.
Es la primera vez, desde 1981, que una final se repite. Aquel año el socialista François Mitterrand batió al presidente Valéry Giscard D’Estaing, después de haber perdido ante él siete años antes. En 2002 los mandatos presidenciales pasaron de siete a cinco años. Desde que se abrevió el mandato, ningún presidente en el cargo ha salido reelegido. Nicolas Sarkozy perdió ante François Hollande y, cinco años después, este renunció a volverse a presentar.
Pero ahora Macron parte con una posición mucho más cómoda que ninguno de sus antecesores había disfrutado desde Mitterrand en 1988 ante Jacques Chirac. Y su ventaja sobre Le Pen es superior a la de 2017. En la primera vuelta, el actual presidente ganó con un 24,01% de votos. Le Pen sacó un 21,3%.
Al mismo tiempo, Le Pen mejora su resultado de hace cinco años. Si se suman a sus votos los de Zemmour, se acerca a un tercio del electorado. Y si se suman los votos de la extrema derecha a los de la izquierda populista —en el otro extremo del espectro ideológico, pero escépticos ante la UE y la OTAN, y con propuestas que impugnan el statu quo— suman casi la mitad los votos. Se dibuja en Francia un paisaje con un centro amplio del sistema y los consensos que han dominado desde la posguerra, y una oposición bicéfala que cuestiona este sistema.
Tras la primera vuelta, que deja eliminados a los 10 candidatos restantes, empieza una nueva campaña. Durante dos semanas, los dos clasificados deberán convencer a los electores de que son él, o ella, el más capacitado para dirigir durante los próximos años un país central en la Unión Europea, dotado de la bomba nuclear y con un sillón permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Con Macron y Le Pen como finalistas, se planteará en la campaña para la segunda vuelta un choque entre modelos opuestos para Francia y Europa.
Marine Le Pen saludaba este domingo a sus seguidores tras conocerse que pasa a la segunda vuelta de las presidenciales, según las primeras proyecciones de voto.
Un momento clave será el debate televisado, el 20 de abril. En 2017, Le Pen salió muy malparada del debate ante Macron por su falta de preparación y de dominio de los temas.
Le Pen, hija del patriarca ultra Jean-Marie Le Pen, es la tercera vez que concurre a unas presidenciales y la segunda en la que llega a la segunda vuelta. La candidata promete una reformulación profunda de la relación de Francia con la UE, una alianza con Rusia y un cambio constitucional que le daría manos libres para aplicar políticas más duras contra los inmigrantes y restaría derechos a los extranjeros que viven en Francia. Su campaña se ha centrado no en cuestiones tradicionales de la extrema derecha como la identidad, la inmigración o la inseguridad, sino en la subida de precios y en las medidas para aumentar salarios y llegar a fin de mes.
Para Macron, el objetivo estos días será convencer a los votantes, apáticos y sin la energía de 2017, de que él tiene una visión para Francia y de que su propuesta no es más de lo mismo tras cinco años marcados por las revueltas sociales y la pandemia. Insistirá en que, en un contexto de guerra en Europa, pueden fiarse de él para gestionar las crisis de los próximos años. E intentará retratar a Le Pen como una candidata inexperta en la gestión, amiga de la Rusia de Vladímir Putin en la política internacional y ultraderechista en la ideología. Su acceso al poder, argumentarán los macronistas, representaría un peligro para Francia y Europa.
El objetivo de Le Pen estas dos semanas será, de un lado, captar el voto del malestar y el descontento con un presidente que una parte de la población ve como un hombre elitista y arrogante que les desprecia. Y del otro, afianzar una imagen que lleva años cultivando y que en esta campaña parece haber conectado con una parte significativa del electorado. Ella se presenta como una líder próxima a los franceses de a pie, amable y humana. Se aleja tanto del estilo y la retórica que suelen asociarse con la ultraderecha histórica —agresivo y xenófobo— como de los líderes populistas recientes como Donald Trump, que conquistaron el poder a base de exabruptos y provocaciones.
Le Pen, dicen algunos expertos, se ha “chiraquizado”, neologismo que alude a Jacques Chirac, presidente entre 1995 y 2007, conservador moderado y recordado por los franceses por su bonhomía y proximidad al pueblo. Todo el esfuerzo de Macron consistirá en deschiraquizarla estos días, y el de Le Pen, en chiraquizarse todavía más.