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domingo, 18 de diciembre de 2022

De la palabra compartida

UN SERVICIO ESENCIAL DEL PARLAMENTO

Luis Barragán

El parlamento ha sido una institución ineludible en Venezuela, aunque las dictaduras se esmeraron demasiado por caricaturizarla. Por lo general, la simulaban así fuese el objeto de sus más sentidos desprecios junto al pluralismo político-partidista.

            Trazar la larga biografía de nuestra corporación legislativa, surgida con la misma vida republica e independiente, sugiere entrar en algunos detalles. Asociándola al objeto del derecho registral y notarial, por ejemplo, los transcriptores de cada sesión tienen una enorme responsabilidad en la perspectiva del Estado que debate los problemas del país.

            Por ello, el rol estelar que jugaron los taquígrafos de la bicameralidad al transcribir en el propio hemiciclo cualquier incidencia verbal, aún la más mínima, proveniente de la deliberación del cuerpo y hasta de las barras interventora, con la inmediata descripción de alguna actuación fuera de tono.  Valga acotar, nuestra impresión es que gozaron de respeto y estabilidad laboral, procurando no inmiscuirse o parcializarse, pues, observamos, a través de los diarios de debates, nombres constantes al pie de cada acta del período congresional  perezjimenista como del democrático, parecido cuando se dejó constancia de la transcripción del gomecista al lopecista, del medinista al parlamentarismo con el que finalizó el consabido trienio.

            Es en esta centuria que desaparece la labor del taquígrafo de cámara, sustituido por el transcriptor que cuenta con los correspondientes  medios tecnológicos, aunque fue expulsado del hemiciclo y, perdiendo los pormenores de  la transcripción que ha de ser fiel, observa los monitores desde un distinto espacio físico.  Esto significa que el camarógrafo y el director de la transmisión son los verdaderos transcriptores de la unicameralidad, versionando interesadamente la sesión, como muy bien lo pudimos sufrir y sufrimos durante el período legislativo 2011-2016.

           Quizá anecdóticamente, hubo otros servicios hoy resultan curiosos, como el de una barbería que funcionó al interior del Capitolio Federal, tal como lo revela una entrevista realizada a Gonzalo Barrios (El Nacional, Caracas, 30/06/1961), sin que sepamos por cuánto tiempo, o se trató de una prestación ocasional.  A falta de un inmueble complementario para tareas exclusivamente administrativas, la sede legislativa dio cabida a múltiples áreas de trabajo totalmente dependientes de la Secretaría, luciendo insuficiente aun cuando el Ejecutivo Nacional había cedido su último reducto hacia 1958, pues no olvidemos que la obra guzmancista estaba distribuida entre los tres órgano del Poder Público.

Reproducción: “El Diputado (SIC) Gonzalo Barrios, en el Salón de Barbería del Congreso, informó sobre su entrevista ayer con Luis Roque, funcionario de la OEA. Observan los diputados Rondón Lovera y Acevedo Berti (Foto Superman)”.  El Nacional, Caracas, 30/06/1961.

18/12/2022:

https://www.lapatilla.com/2022/12/18/luis-barragan-un-servicio-esencial-del-parlamento/

lunes, 29 de agosto de 2022

De una ofensiva socialista

UNA FEROZ GUERRA CONTRA EL COMERCIO FORMAL

Luis Barragán

Antes que la pandemia, el cobro electrónico y la reorganización de las mafias contrabandistas ya habían ultimado a la economía informal que buena y mala fama alcanzó en el país petrolero. Algo más que una ligera sospecha, hoy, nadie tiene la posibilidad real y gratuita de llevar el pan a casa mediante la desesperada oferta de una modesta mercancía, trátese de un sencillo vasito de café o de cigarrillos al detal, porque toda acera de calle y avenida  sugiere un canon de alquiler a favor de las autoridades policiales que velan  por el Estado depredador; además, el desesperado tendrá que competir violentamente para tomar por asalto las bolsas de basura que ya no lucen tan prometedoras como antes o muy antes, aunque hay quienes rearman y reparan sendos artefactos eléctricos y hasta coches para bebé ensayando una reventa a precios ridículos.

            La depredación es completamente dueña de los espacios públicos, reensayando un distinto modelo de negocios en el que no cabe el buhonero de buen gañote que pregonaba libremente su mercancía, tendida sobre la sabana en el piso de todas sus urgencias. Cualquiera puede constatar que al frente del local de una lunchería, heladería, restaurant o algo parecido, se instalan sendos carros, varios simultáneamente en el mismo radio,  que expenden perros-calientes, hamburguesas, cachapas, empanadas y toda suerte de bebidas,    tomando para sí las áreas de tránsito peatonal y también automotor, con un numeroso y cuidadosamente uniformado personal subpagado, y de libérrimo y bullicioso horario que convierte de facto una zona residencial en comercial, arriesgando la salud colectiva porque no disponen de un servicio directo de agua.

            Poco importa que el comercio formal realice una más confiable oferta y llene los requisitos más elementales para la sufrida y periódica supervisión sanitaria, fiscal, bomberil, laboral, o cualesquiera otras que imaginen los venales funcionarios celosos de su plaza.  Además de la carga fiscal, adquiere tonos de gravedad la ausencia de los numerosos anuncios que advierten la prohibición del porte de armas de fuego, la discriminación racial, el empleo del tapabocas, el tabaquismo, y otros rubros que implica toda una burocracia capaz de sugerir a la persona o empresa elaboradora de los pendones, con las exactitudes que reclaman, por no mencionar la costosa actualización de las máquinas registradoras que obliga a una conexión digital que ha de inventarse desde el fondo del bolsillo.

            Por lo visto, se avizora de hecho y quién sabe si de derecho, apelando a la ley de zonas económicas especiales,  la multiplicación de las llamadas calles del hambre, como todo un proyecto de expansión para caseríos, pueblos y ciudades, y no tardará en evolucionar a otros renglones, pues,  tratándose de la apropiación de los espacios públicos, puede hablarse de venta de automóviles usados exhibidos con desenfado en las vías públicas, arreglos mecánicos menores y algunos mayores, venta de peroles de la más variada gama que deja atrás al burdo buhonero de ocasión. Sin embargo, no nos equivoquemos, porque  el modelo por excelencia del nuevo rentismo zonal, por llamarlo de alguna manera, es la baruteña urbanización comercial de Las Mercedes para envidia de los capitostes medianeros y conuqueros del régimen, ya que nuestro hábitat no soportaría una densa urdimbre de expendedores sometidos a la intemperie y sus inclemencias.

            La guerra es contra el comercio formal establecido y de larga tradición en nuestro país, decretada la competencia desleal en beneficio de las mafias que aspiran, o aspirarán tarde o temprano, a la ocupación, ampliación y sofisticación de los locales disponibles: unos tienen una enorme carga fiscal y parafiscal que los otros, simplemente, desconocen. Y el diseño, confort y, por supuesto, precios  de los grandes bodegones auspiciados desde el poder establecido, ha de marcar la pauta.

            La inutilización  de los locales empleados por el actual comercio formal, objeto de una feroz guerra, no sólo tiene por origen la quiebra provocada, sino la amenaza y efectiva invasión frecuentemente organizada por los colectivos armados. Realizada, persistirá más tarde una oferta de bienes y servicios precaria y lastimosa, porque la viveza del que parte y reparte ejerce su señorío, o dará lugar a una ambientación y ofrecimiento que justifique la internacionalización de los precios, sólo para los privilegiados que accedan a las divisas.

            Hay otro medio para la quiebra y desocupación que muy bien  lo ejemplifican los barberos de la calle, los que están colocados bajo un árbol o de un puente, pues, en nombre de la libertad de trabajo, por ahora, son tolerados, aunque  tampoco tengan las mínimas condiciones de higiene, y mucho menos agua y baños disponibles para la clientela que sí los tiene en los locales formales.  Lo curioso es que los de calle tienden a cobrar más caro y, solemos olvidar, lo que constituyó una gran conquista comercial más que laboral, reconocida por la más remota jurisprudencia: no son empleados, sino prácticamente socios y tienen por “sueldo” compartir a diario la ganancia con el dueño del local que, además, es el que paga los impuestos.

           Por cierto, en varias ocasiones se ha comentado en los predios oficiales la intención de reformar el Código de Comercio. Demasiado obvio que la pretendida legislación será por sorpresa,  según la costumbre, aunque nos preguntamos sobre la facilidad de renovar aquellas instituciones forjadas en muchas décadas de experiencia, la propia vigencia de una normativa que ha actualizado la materia, y mismísima pretensión de que haya comercio, por definición, libre, bajo el socialismo.

            Por lo pronto, a largo plazo, los depredadores tienen pendiente la realización de una mercadería proveniente de los países de los cuales somos prácticamente colonia, como China, Rusia e Irán, decretada  una ofensiva desde el propio Estado contra todo comerciante formal, serio, responsable y cumplidor. Y, se nos antoja, no hay un mejor símbolo del populismo laboral y comercial que el del barbero ambulante que, más adelante, no podrá desempeñarse en la calle, empleando la electricidad pública y ya no será socio, sino empleado de los nuevos formales que los preferirán expertos peluqueros y manicuristas de centros comerciales que los recios barberos que se hicieron merecedores de una famosa ópera.

Fotografías: LB, entrada del mercado de San Martín (Caracas,  25/01/2022)

30/08/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/una-feroz-guerra-contra-el-comercio-formal/

04/09/2022:

https://www.lapatilla.com/2022/09/04/luis-barragan-una-feroz-guerra-contra-el-comercio-formal/

miércoles, 23 de marzo de 2022

Existencia

 <Un barbero hablaba con su cliente sobre enfermedades, y le llegó a decir:

- “Yo no creo que Dios exista”. - “¿Por qué?”, preguntó el cliente.

- “Es muy fácil: si Dios existiera, ¿habría tantos enfermos, tantos niños abandonados? ¿Cómo puede Dios permitir todas estas cosas?”

El cliente terminó de cortarse el pelo, salió del negocio y vio a un hombre con la barba y el cabello largo. Entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero:

- “¿Sabe una cosa? Los barberos no existen”. - “¿Como? Si aquí estoy yo”.

- “No...! Ahí fuera hay un hombre con barba y pelo largo. Si existieran los barberos, no habría personas con el pelo y la barba tan largos”.

- “Bueno. Lo que pasa es que esas personas no vienen a mi”.

- “Exacto...!” dijo el cliente. “Ese es el punto. Dios sí existe; lo que pasa es que las personas no van a él y no le buscan. Por eso hay tanto dolor y miseria”.

Y el barbero se quedó pensando.>

Ilustración: Liviu Dumitrescu.

Fuente: Texto colocado por Mary Herd  en Facebook.

Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...