martes, 2 de junio de 2026

Exigencias de un tablero por hallar

DEL TRÁNSITO ESEQUIBENIO

Luis Barragán (*)

Los problemas fundamentales del país requieren de un sostenido y libre debate público, institucionalizado a través de los órganos deliberantes del Estado, los medios académicos y de comunicación social, además de las más variadas expresiones societales. Obviamente, el histórico y legítimo reclamo venezolano sobre el territorio esequibano, esequibense o esequibenio, ilustra no sólo la intensa y afortunada búsqueda de las pruebas documentales que respaldan nuestra pretensión, sino también la formidable construcción de alegatos elaborados por distintas generaciones que, confluyendo en una amplia discusión de legos y especialistas, han permitido robustecer una causa de inequívoco interés nacional. Por ello, las etapas más fructíferas de dilucidación del problema suelen coincidir con aquellas de mayor apertura política y ejercicio de las libertades públicas, aun cuando bajo las dictaduras el grave asunto no dejó de manifestarse de uno u otro modo a lo largo de los siglos precedentes.

A pesar de la dura y accidentada vida política de la Venezuela caudillista del XIX, y aun considerando la inevitable parcialidad política de buena parte de la prensa, esta tendió a ofrecer un vigoroso testimonio de atención y sensibilidad patriótica, además de una efectiva conciencia de los peligros territoriales que afrontaba la República, en contraste con no pocos gobernantes de la época [1]. Con la cobertura democrática del XX, especialmente durante los años sesenta, la cuestión alcanzó dimensiones inéditas para actualizar el compromiso nacional con el reclamo. Por una parte, heredamos una tradición y una sentimentalidad vinculadas al territorio despojado que, desde antiguo, daban ocasión a manifestaciones populares e incluso a juegos infantiles orientados a defenderlo [2]; por otra, desde los inicios de aquella década se retomó la reclamación con renovada firmeza y, particularmente, el parlamento se convirtió en un magnífico escenario para una viva polémica nacional en la Venezuela modesta que fuimos, irreductiblemente plural y pluralista, bajo una democracia severamente amenazada desde los extremos ideológicos, y que ostentaba – importa acentuarlo - una cancillería diligente y eficaz [3].

Ese otro país que fuimos puede advertirse en cualquier primera plana de los periódicos de entonces: por ejemplo, las ediciones de El Nacional correspondientes al 17 y 18 de febrero de 1966 destacaron tanto la resistencia británica a discutir el laudo arbitral de 1899 como la suscripción, al día siguiente, del Acuerdo de Ginebra. Sin embargo, aquellas noticias tenían por contexto y competían con otras preocupaciones, controversias y responsabilidades gubernamentales de interés para una ciudadanía diversa. Al comparar esa experiencia con las últimas décadas, encontramos un panorama muy distinto, pues han predominado la (auto)censura, el bloqueo informativo y la persecución, mientras que un temario complejo y multifacético ha cedido espacio a una simplificación radical a favor del discurso polarizante.

En la presente centuria ocurre algo muy distinto cuando examinamos el tratamiento parlamentario de la materia esequibana. Con excepción de la Asamblea Nacional electa en 2015, el parlamento perdió progresivamente autonomía deliberativa en el contexto del deterioro institucional del Estado venezolano, afectando directamente la defensa de la soberanía nacional [4]. Bastaría analizar los debates, omisiones y confrontaciones políticas de las últimas décadas para advertir la crisis del parlamentarismo, la concentración del poder y la necesidad de una cada vez más urgente reconstrucción republicana mediante un eventual proceso de transición democrática.

Las posturas de la oposición, al menos en relación con los parlamentos electos en 2010 y 2015, han sido suficientemente claras al llamar la atención sobre la política oficial —oficialista y oficiosa— y, especialmente, acerca del desempeño de la cancillería y de la representación diplomática ante las Naciones Unidas [5]. Y aunque no es éste el momento oportuno para pormenorizar los detalles del referéndum consultivo de 2023, vale recordar que, en la práctica, se promovió una consulta cuyos efectos e implicaciones jurídicas resultaron profundamente ambiguos. Paradójicamente, el mismo gobierno que la impulsó compareció posteriormente ante la Corte Internacional de Justicia, evidenciando una conducta política difícilmente compatible con la claridad estratégica que exige una controversia de semejante magnitud.

Guillermo O'Donnell reflexionó sobre la ciudadanía de baja intensidad, trunca e impotente frente a un Estado incapaz de imponer plenamente la legalidad, describiendo un fenómeno frecuente en América Latina [6]. Empleando analógicamente la expresión, cabría preguntarse si no enfrentamos también un Estado de baja intensidad: un aparato institucional crecientemente erosionado, incapaz de ejercer plenamente sus competencias, estimular la cohesión nacional y responder adecuadamente a los desafíos derivados de las migraciones, internas y externas, así como a una vulnerabilidad territorial que agrava las dificultades de una transición política aún pendiente.

La aguda crisis territorial planteada en las postrimerías del siglo XIX fue, en importante medida, consecuencia de la pérdida de legitimidad estatal, de la precariedad republicana y de la imposibilidad de cohesionar a la población mediante el uso instrumental de un conflicto territorial por parte de un poder agotado. Cualquier parecido con ciertas circunstancias actuales difícilmente puede atribuirse al azar, pues pareciera que nos hemos deslizado, casi inadvertidamente, hacia algunos de los dilemas característicos de aquella centuria.

La sola lectura de dos obras eminentemente jurídicas, como las de Allan R. Brewer-Carías y Rafael Badell Madrid [7], ambas publicadas en 2023, permite inferir —aun sin proponérselo expresamente los autores— la necesidad de reconstruir una auténtica política de Estado en torno a la controversia territorial. La continuidad jurídica expresada en el uti possidetis juris, la búsqueda de legitimación internacional, la construcción de consensos estratégicos duraderos, una política exterior prudente y la consolidación de una narrativa nacional coherente aparecen como elementos indispensables de cualquier esfuerzo futuro. La vasta literatura dedicada a la cuestión territorial ofrece, además, numerosos correctivos y enseñanzas susceptibles de ser incorporados a una política pública de largo alcance. No obstante, la reestatización del Estado que es algo más profundo que una simple reinstitucionalización administrativa, la territorialidad y la soberanía forman parte de una misma ecuación histórica para los venezolanos de esta hora.

Valga acotar, finalmente, el desplazamiento de contingentes cada vez más numerosos de compatriotas hacia el oriente continental, impulsados por necesidades elementales de subsistencia. Difícilmente podrá prosperar una nueva orientación política para la controversia territorial sin considerar también la situación de quienes, empujados por la desesperación económica y social, han terminado estableciendo vínculos de vida y trabajo en el vecino país. La cuestión esequibanense no remite únicamente a la geografía, la diplomacia o el derecho internacional; remite, asimismo, a la capacidad de la República para reconstruirse a sí misma.

Referencias:

[1] Estrada Bracho, I. R. (2024) “Aproximación histórica a la ´Cuestión Guayana´ en la hemerografía venezolana (1890-1899)”. Trabajo de grado. Escuela de Historia, Universidad Central de Venezuela, Caracas.- No obstante, prevaleciente un imaginario del abandono, columnistas aseguraron que “hubo un silencio general de la prensa” en 1899, como: Ramos, J. (1981) “Páez, Pérez Jiménez y la cuestión de Guyana”. El Nacional, Caracas, 17/06, en:

https://apuntaje.blogspot.com/2026/05/notas-esequibanas.html.

[2] Misle, C. E. {Caremis} (2000) “Hasta los niños reclamaron el Esequibo”. El Universal, Caracas, 03/06:

https://apuntaje.blogspot.com/2026/05/notas-esequibanas.html.

[3]  En efecto, hubo también cuestionamientos del Acuerdo de Ginebra en el parlamento (sesiones de marzo de 1966, añadida una secreta), academia y opinión pública, reflejando la naturaleza y características del sistema político de entonces. Vid. Barragán J., L. (2016) “Esequib(v)o: enunciados para una discusión”, en: Briceño Monzón, C. A. – Buttó, L. A. – Olivar, J. A. [Coordinadores] “La cuestión Esequibo: Memoria y soberanía”. Universidad Metropolitana, Caracas: 283 ss.

[4]  Barragán J., L. (2021) “El Esequibo y el parlamento venezolano del siglo XXI: los pasos perdidos”. Aldea Mundo, Universidad de Los Andes, Núcleo Táchira, N° 52 (26) de julio-diciembre:

http://erevistas.saber.ula.ve/index.php/aldeamundo/article/view/18120

[5] (2023) “10.554.000 de votos en el referendo por el Esequibo en Venezuela, según CNE”, en:

https://rostrosvenezolanos.com/votantes-resultados-referendo-consultivo-esequibo-2023-cne/?utm_source=chatgpt.com

[6] ¿Alguien puede desmentir que sea este el caso venezolano?: “El estado de derecho, corolario y soporte de la ciudadanía y, por lo tanto, elemento central de la democracia, sólo rige de manera intermitente en nuestros países. La violencia generalizada, la ineficiencia, si no la venalidad, de la justicia y el abuso impune de toda clase de poderes, públicos y privados, aumenta la imprevisibilidad y las penurias del cotidiano de muchos”. Vid. O´Donnell, G. (2015) “Contrapuntos. Ensayos escogidos sobre autoritarismo y democratización”. Prometeo Libros, Buenos Aires: 282.

[7] Brewer-Carías, A. R. (2023) “Derechos de Venezuela sobre el Territorio Esequibo, la nulidad del laudo arbitral de 1899 y las falsedades en la Memoria de Guyana ante la Corte Internacional de Justicia”. Academia de Ciencias Políticas y Sociales – Editorial Jurídica Venezolana, Caracas; y Badell Madrid, R. (2023) “La reclamación de Venezuela sobre el Territorio Esequibo”. Academia de Ciencias Políticas y Sociales, Caracas.

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(*) Ponencia para el XIV° Congreso de Investigación y Creación Intelectual: Pasado y presente de la Guayana Esequiba desde una perspectiva multidimensional, Universidad Metropolitana, Caracas, 29 de mayo de 2026.

Cfr. 

https://www.unimet.edu.ve/expertos-abordaron-disputa-sobre-el-esequibo/

02/06/2026:

 https://www.elnacional.com/columnas/2026/06/del-transito-esequibenio/

lunes, 1 de junio de 2026

Peatonalidad

DE LAS FIERAS ATRAVESADAS

Luis Barragán

Una queja frecuente es la del olvido de la vida cotidiana del repertorio político de la prensa, como si el promedio de los cronistas y de los dirigentes políticos de la oposición gozaran de todos los privilegios que los relevara de cualquier sufrimiento citadino. En casa, por ejemplo, deseamos preservar el número telefónico de varias décadas, sí no haya, como en efecto no hay desde hace un buen tiempo, una línea activa ni la señal  interneteana de la empresa estatal que se pagan con toda puntualidad; padecemos los rigores del aumento del pasaje del transporte público, o arriesgamos la vida misma bajo el imperio de una anomia irrefrenable de los conductores de carros y motocicletas.

Constatamos con absoluta facilidad que la ciudad capital está tomada por las motocicletas, aunque no tenemos las cifras de importación más sobrias u oficiales. Que sepamos, acá no hay ni siquiera una modesta industria de ensamblaje de tales vehículos, pero sí un auge del comercio de repuestos y, obviamente, concesionarios que hasta hace poco se dedicaban a otros ramos, según entendemos.

En cualesquiera puntos cardinales de Caracas, estamos tupidos de motocicletas de andares tan desordenados ante la indiferencia de las correspondientes autoridades públicas. Excepto el municipio Chacao que heredó un poco más de orden y concierto en radical contraste con el municipio Libertador, administrando - como pueden -  el volumen de motos estacionadas de acuerdo a una muestra fotográfica que nos permitimos tomar (https://apuntaje.blogspot.com/2026/05/brevisima-galeria-motociclistica.html), pues, bloqueando el cruce de la calle por los transeúntes, se ha habilitado al lado de Parque Cristal determinado espacio para los celebérrimos motorizados que mueven el comercio capitalino.

Se es menos afortunado al oeste de la ciudad, ese lejano oeste temido en la gran Caracas quedando sellado un determinado imaginario asociado a la cota 905. Entre kioscos de dudosa licitud vecinos al centro comercial, existe una apropiación de la acera que la completan los motorizados principalmente de toda suerte de delivery en pleno goce y defensa de sus derechos adquiridos por la fuerza.

El centro histórico no escapa del problema y hasta resulta peor, por mucho agente de tránsito que exhiba el gobierno nacional o municipal. Lo peor es que hay locales comerciales y hasta despachos oficiales que reducen los canales de circulación a favor de los conos que les garantizan estacionar cuando quieran a toda hora, por mucha tranca y fatiga que haya.

Y es que la magnitud del local comercial o de la franquicia parece una patente de corso para monopolizar esos espacios, como los supermercados de esquineras entradas con insuficiencia de estacionamiento. No obstante, se sienten autorizados ¡hasta moralmente! para atravesar vehículos y motos, ya que - ¡total! – el peatón viene o va hacia otros bloqueos de los carros hamburgueseros, por decir lo menos, con el padecimiento rutinario  de niños y adultos de la tercera edad.

01/06/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44449-de-las-fieras-atravesadas

Exigencias de un tablero por hallar

DEL TRÁNSITO ESEQUIBENIO Luis Barragán (*) Los problemas fundamentales del país requieren de un sostenido y libre debate público, insti...