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sábado, 29 de octubre de 2022

Jesús, el buscador

 Domingo 31C TO  30 octubre 2022

“Doy la mitad de mis bienes a los pobres” (Lc 19, 1-10)

 

(Diálogo sobre el Evangelio de hoy: Zaqueo)

José Martínez de Toda, SJ.                                                             

Uno encuentra obstáculos en la vida. ¿Cómo reaccionar ante ellos?

<Cuentan que un rey mandó colocar una gran piedra en medio de un camino, por el que transitaba bastante gente, para ver quién la quitaba. El rey observaba a sus súbditos. Pero todos, ricos, cortesanos y pobres, al verla, daban un gran rodeo y seguían su camino.

Un día un campesino llegó con su carga al hombro, vio la piedra que estorbaba a todos, dejó su carga en el suelo y, después de muchos intentos, logró echar la piedra fuera del camino.

Cuando volvió a coger su carga, vio una bolsa donde había estado la piedra. La bolsa contenía muchas monedas de oro, y una carta del rey que decía que las monedas de oro eran para el que quitara la gran piedra. Y aprendió aquel día que cada obstáculo en el camino de la vida es una oportunidad para mejorar nuestra situación>. (Félix Jiménez, escolapio)

<Ha habido campeones mundiales, por ejemplo, Boris Becker, número uno en tennis, que ganó Wimbledon dos veces, y una vez como el jugador más joven. Pero era un hombre infeliz, que inclusive intentó el suicidio. “No tenía paz interior”, decía después.>

J. Oswaldo Sanders dice en su libro De cara a la soledad: “El millonario es de ordinario un hombre solitario, y el payaso es a menudo más infeliz que su audiencia”.

            Quizá esto fue lo que le pasó a Zaqueo, que era pequeño de estatura, y se subió a un árbol para ver mejor a Jesús, cuando pasara.

 

Pregunta 2 – ¿Quién era Zaqueo?

Zaqueo era un supervisor de publicanos” (v. 2).  

Los romanos contratan a publicanos, como Zaqueo, para recoger impuestos en pueblos o regiones particulares. Zaqueo a su vez subcontrata la recolección de impuestos a otros publicanos menores. El sistema se presta al abuso y a la corrupción. Los judíos desprecian a los publicanos y los consideran como mercenarios y ladrones.

“Y habiendo entrado Jesús, iba pasando por Jericó” (v. 1).  Jericó es una ciudad de tierra caliente, adinerada y un centro de comercio.  Ocupa un lugar estratégico junto a la carretera a Jerusalén y un cruce del Río Jordán.  Sus habitantes exportan dátiles y bálsamo.

Zaqueo era rico, tenía poder, pero oyó hablar de Jesús. Quería ver a Jesús, ese hombre del que todos hablaban bien, que hacía signos maravillosos, que hablaba con autoridad, que era el nuevo profeta.

Quizá se sentía culpable de lo que robaba, veía obstáculos a su felicidad. Estaba insatisfecho. Le daba pena. Era un pecador público y pequeño de estatura. ¿Cómo acercarse a Jesús, que viene por aquel camino repleto de gente, que lo acompaña?

 “Y corriendo delante, se subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí” (v. 4). 

Pero la sorpresa de Zaqueo es que es el mismo Jesús quien lo está buscando. Porque, al llegar bajo el árbol, Jesús se detiene, levanta la cabeza y le dice a Zaqueo:

Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que me aloje en tu casa.

¿Quién busca a quién?

Aparentemente Zaqueo es el que busca a Jesús. Pero al final Jesús también busca a Zaqueo.

Zaqueo descendió aprisa, y le recibió gozoso.

¡Qué sorprendido y honrado se debe sentir Zaqueo! Jesús es muy popular, y da categoría a cualquier hogar que visite. ¿Por qué le honraría a él, un pecador público conocido de todos?

Efectivamente, todos murmuraban de Jesús diciendo que “había entrado a comer en casa de un pecador. La gente común ve a Jesús como su amigo. Pero no quiere que él honre a un hombre considerado como su enemigo.

Pero Jesús se sienta a comer con la familia y los amigos de Zaqueo. Todos conversan.

¿Cómo reacciona Zaqueo?

Zaqueo reflexiona. La aceptación desprejuiciada e incondicional del pecador Zaqueo por parte de Jesús le habló más claramente a su corazón que el mejor discurso de Jesús.

Y Zaqueo le dice espontáneamente a Jesús:

-        “He aquí, Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, lo restituiré cuatro veces más”.

En otra ocasión Jesús le había pedido a un joven rico que vendiera sus posesiones y que se las diera a los pobres. 

A Zaqueo sólo le pide hospitalidad; pero Zaqueo, de su propia voluntad, ofrece mucho más.

Y Jesús acepta la buena voluntad de Zaqueo, y comenta:

 Hoy ha venido la salvación  a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham(v. 9).  La salvación de Zaqueo beneficia a su familia y a su comunidad, cuando da dinero a los pobres y restituye a quienes ha defraudado.

            “Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

Ahora proclama que su misión central es buscar y salvar a los que están perdidos. Y para ello es Jesús quien toma la iniciativa.

¿Qué cosas perdidas salvó Jesús?

Lo cuenta en varias parábolas: la oveja perdida (15:3-7), la dracma perdida (15:8-10) y el hijo pródigo (15:11-32). Y cuando encontraron lo perdido, hubo gran regocijo. 

Lo bueno de Zaqueo es que trató de quitarse de encima lo que estorbaba a su conciencia. Fue limpiando su camino de obstáculos. Quizá esta actitud de superar obstáculos fue lo que llamó la atención de Jesús.

            Jesús nos dice: “Vengan a mí los que estén agobiados y yo los consolaré”.

            Y en el Apocalipsis (3, 20) repite: “Estoy a la puerta llamando y cenaremos juntos”.

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Ahí Jesús también me dice a mí: "Hoy quiero hospedarme en tu casa". El Señor está aquí, en nuestra casa, y nos trae la salvación y el perdón de los pecados, y nos da la fuerza para superar los obstáculos físicos y morales que nos impiden verlo.  

Fuente: Correo electrónico (Román Mendoza). 

Ilustración: Julia Stankova.

Misa Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=WXkXtLY8X3s

Arturo Peraza: https://www.facebook.com/arperaza/videos/865383518177889

sábado, 7 de mayo de 2022

Verdadera voz

https://www.youtube.com/watch?v=3Dd8hJE7a7I

Domingo 4ABC-C Pascua 8 mayo 2022

“Mis ovejas escuchan mi voz” (Juan 10, 27-30)

         

(Diálogo sobre el Evangelio de hoy: Buen Pastor)

José Martínez de Toda, SJ. 

Jesús tuvo un gran éxito con las masas. Pero los escribas y fariseos lo odiaban a muerte. ¿Por qué esa diferencia?

            Efectivamente. Las masas venían de lejos a escucharle: de Siria, de Jerusalén… Y decían admiradas: “Nunca nadie ha hablado como Él.”

El evangelio de Juan narra el ascenso en popularidad de Jesús con muchos milagros realizados desde las Bodas de Caná (Juan 2) hasta la Multiplicación de los Panes (Juan 6).

Pero, después de tanto prestigio popular, se produce un claro enfrentamiento entre Jesús y los líderes judíos. ¿Envidia? ¿Miedo a perder poder?

¿Miedo de que los fuera a reemplazar?

En este contexto Jesús les presenta la bella Parábola del Buen Pastor (Juan 19, 1-18).

¿Qué dice esta Parábola?

            Hay que recordar que en tiempo de Jesús, los pastores, que tenían sus propios rebaños, los llevaban a pasar la noche a un gran redil, que era custodiado por uno o varios guardas. Por la mañana, cada pastor llamaba en el redil a sus ovejas, salían alegres con él, porque las conducía a los mejores pastos.

En este contexto Jesús explica la Parábola:

«Las ovejas escuchan la voz del Buen Pastor, y él las llama una por una y las saca fuera a pastorear. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño y ladrón, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños… El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir…

Yo en cambio he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.

Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.

Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa.» (Juan 10, 1-18).

¿Por qué eligió la figura del Buen Pastor?

Este es un título bíblico. En la Biblia se dice que Dios es como el Pastor de su pueblo (Ez 34; 36; Jr 23 y el salmo 23).

Este título se aplicó primero a los jefes de Israel, como David, que debían actuar como un Pastor puesto por Dios. Pero, como muchos reyes de Israel no se preocuparon realmente de las ovejas, sino que se aprovecharon de ellas, Dios prometió que Él mismo vendría como Mesías a cuidar a su pueblo, a proveer a sus necesidades y a administrarle verdadera justicia (cf Ez 34,11-31).

Desde el profeta Miqueas (Miqueas 2, 12-13) comienza a abrirse paso en la mentalidad israelita la idea de un mesianismo de los pobres, en el que un «resto» del pueblo de Israel, cautivo en Babilonia, es el portador de las promesas mesiánicas del Reino (Sofonías 3, 11-13).

Y Jesús se reconoció en ese mesianismo pobre y no en el mesianismo triunfalista que esperaban otros sectores de la sociedad de su tiempo, como los líderes judíos y muchos otros.

De esta forma Jesús, al llamarse ‘el Buen Pastor’, reivindica para sí el lugar del Mesías y de Dios. Él es el pastor enviado por Dios para visitar y buscar sus ovejas perdidas. Es Dios revestido de amor que viene a recibir a todos los hijos pródigos. Y por extensión es el nuevo pastor del nuevo pueblo de Dios, de su Iglesia, de todos, aun de los que viven fuera, de los perdidos, de los que no tienen pastor. A todos los quiere salvar y cuidar.

 

¿Por qué los líderes judíos son como los ladrones y asalariados? Es una acusación muy grave.

Los ladrones y bandidos no pueden soportar a un buen pastor, porque un buen pastor no les deja cometer sus fechorías.

Los líderes judíos vienen a Jesús no para buscar la verdad, sino para entramparlo, desprestigiarlo y condenarlo. Buscan su destrucción. No les interesa el bien de Jesús ni el de sus seguidores. Lo que pretenden es que los seguidores de Jesús lo abandonen.

Jesús dice también que hay otras voces distintas a la suya. ¿Cuáles son estas voces?

La voz del dinero, de la corrupción, del sexo extramatrimonial, de la mentira, de los falsos amigos, de los miedos y apetitos, la voz de la rabia y la rebeldía, de la injusticia y de la muerte, la voz de los santeros…

Éstas son voces tentadoras, que desvían a la gente, y no hay que hacerles caso.

<Cuentan que Ulises, cuando regresaba a su patria Ítaca, preparó a su tripulación para evitar la música de las sirenas tapándoles los oídos con cera; deseoso de escucharlas él mismo, se hizo atar a un mástil para no poder arrojarse a las aguas a oír su música. (Odisea (XII, 39).

¿Cuál es la verdadera voz?

La de Jesús, que nos ama y nos llama.

Él es la Palabra. Este Hijo de Dios se hizo hombre (1,14) para dar a conocer a Dios-Padre (1,18) y darnos vida en plenitud (10,10), la vida eterna.

            Él se preocupa de los más débiles, de los enfermos, de la oveja perdida, de cuando tenemos problemas.

Nosotros obtenemos la vida eterna creyendo en Jesús, y acogiéndolo en nuestra propia vida, teniendo una duradera y fructífera relación personal con él (15,1-17).

 De esta forma nos capacita para convertirnos en hijos adoptivos de Dios (1,12-13). Él nos habla.

El comienzo de una amistad y de un amor está siempre en la escucha de una palabra, de un saludo, de una invitación.

La escucha es el abono que hace fértil una relación humana y también una relación divina.

Fuente: Correo electrónico. 

Ilustración: Julia Stankova. 

Fotografía: LB, vitrales de María (Iglesia de la Coromoto, Caracas, 08/05/2022). 

Misa: Cardenal Baltazar Porras: https://www.youtube.com/watch?v=m_pLwyugygo


Reflexión: P. Arturo Peraza: https://www.facebook.com/arperaza/videos/532810221777325/

Homilía: Mons. José Ignacio Munilla: https://www.youtube.com/watch?v=3Dd8hJE7a7I


Homilía: P. Santiago Martín: https://www.youtube.com/watch?v=l0Q3D7tgV8g

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