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lunes, 26 de agosto de 2024

De la obcecada retórica política

CAÑONES DE AIRE

Luis Barragán

Hay circunstancias decisivas, específicas y, sobre todo, inesperadas en la vida política que someten a prueba la vocación y el talento que algún día se juró tener. Cosa semejante ocurre en otros ámbitos y oficios, pero el asunto es de mayor relieve y cuidado al tratarse del destino común y, quizá, por ello, el liderazgo es un camino de constantes retos que, inevitable, lo depuran y perfeccionan de acuerdo a un determinado marco de valores y principios.

Vale traer a colación, el caso de Antonio Leocadio Guzmán (1802-1884) que  constituye un interesante ejemplo, una dura lección, o, mejor, útil parábola histórica que ayuda a interpretar y prever correcta y adecuadamente la coyuntura actual.  Paecista desde las primeras de cambio, fue después excluido de los círculos oficiales; inteligente, elocuente y, acaso, eficaz propulsor de los populismos iniciales en este lado del mundo. Participó en las elecciones presidenciales de segundo grado que debía visar el Congreso conservador, en 1846, configurándose como un genuino fenómeno de masas: ese país en ebullición que a él mismo sorprendería, conminado por el verbo incendiario que catapultó al Partido Liberal y a El Venezolano, novedades de muy pocos años a cuestas, lo arrojaron a protagonizar la escena como nunca antes imaginó desde sus más profundas y comprobadas aptitudes para la intriga palaciega.

Generador de una intensa crisis política que amenazó con prolongarse, todo apuntó a la posibilidad y necesidad de una entrevista clave con José Antonio Páez, a las afueras de Caracas, quien la desestimó tan pronto como se enteró de toda una movilización de los partidarios que acompañaban a un Guzmán perplejo y, a la vez, (auto)sobredimensionado. El fracaso de un intercambio personal celebrado como un triunfo en sí mismo, posiblemente auspicioso para replantear y resolver políticamente la situación, tampoco rechazado con antelación, afectó moralmente a sus seguidores inmediata y evidentemente reprimidos, incurriendo en errores como el de no calibrar correctamente la magnitud de una fuerza popular todavía incontrolada, dándole un sentido estratégico a sus iniciativas; suponer que el solo empleo de una prensa explosiva bastaría, punzando constantemente las emociones para no canalizarlas políticamente; confiarse a un exclusivo acuerdo de élites para aportar su nombre, dándose por elegido; y, prescindiendo de sus más destacados copartidarios, creyéndose Antonio Leocadio un partido en sí mismo. Valga acotar, a la postre, su hijo, se convirtió en una versión forzosamente corregida y mejorada, permitiéndose superarlo en ambiciones y realizaciones.

El caso demuestra que faltaron arrestos para liderar un vasto movimiento político, desbordado por las expectativas, titubeante, y, a lo mejor, naturalmente asustadizo sin la obligatoria complementación de un equipo más o menos experimentado, previsivo y decidido. Sortario, sobrevivió a una condena a muerte, y se transó después por una vicepresidencia de utilería que le quedó pequeña a la vuelta de los años, dándose cuenta que había salvado su vida pero quedándose sin partido.

La obcecada retórica política que no agudiza las contradicciones del adversario, procurando una cierta, favorable y pasajera sentimentalidad, hecha de espejos, constituye una suerte de cañones de aire que refrigeran y distraen, refrescan y postergan aspirando a un día afortunado. Digamos, el mesianismo es un mal consejero.

Fotografías: LB (CCS, 21/08/2024). 
27/08/2024:

domingo, 17 de marzo de 2024

Caza de ctas

"Desde nuestra perspectiva, la tarea política más urgente que se deduce de aquí no es la de improvisar el anuncio de un mundo nuevo que vaya a poner cada cosa en su lugar, sino la de generar las condiciones en las que esa voluntad pueda pensarse y articularse políticamente. En eso consiste la garantía del derecho a la existencia: no es la revolución social ni el mundo nuevo, pero sí es aquello que puede hacerlos posibles"

Jorge Lago y Pablo Bustinduy

("Política y ficción. Las ideologías en un mundo sin futuro",  Ediciones Península, Barcelona, 2024:  171)

Ilustración: Franck Gerard. 

domingo, 18 de febrero de 2024

De la improvisación electoral

ANTE LA REALIDAD TREPIDANTE

Luis Barragán

Gravemente agudizado el fenómeno en la última década, luce evidente el retroceso político que hemos experimentado en el desarrollo de las campañas electorales de cualesquiera niveles. Sobre todo, las del oficialismo ha compensado sus fallas y deficiencias gracias a los inmensos recursos económicos de los que ha dispuesto, despilfarrándolos y apropiándose al mismo tiempo de los recursos simbólicos del Estado, en detrimento de una oposición de tan precarios medios disponibles que, además, inevitable, recrea sus propias limitaciones.

Únicamente posible en los comicios libres y altamente competitivos,  a partir de 1958 supimos de una rica experiencia de campañas cada vez más especializadas, eficaces y creadoras, contando con asesoría nacional o internacional, frecuentemente ejemplificada por la reiterada estigmatización de Carlos Andrés Pérez como el ministro-policía y asesino convertido en el exitoso hombre que camina para una democracia con energía, en 1973. Valga la paradoja, el asunto escondía una realidad: los acusadores fueron los que antaño - absurda e innecesariamente - emplearon a fondo la violencia, todavía hoy defendidos por quienes pregonan la paz con el puño cerrado.

Específicamente, las campañas electorales para la presidencia de la República gozan de una particular naturaleza, sentido, despliegue, alcance y consecuencias. Todo aquél que, desde temprana edad, se ha contado como dirigente estudiantil, o ha medido sus no menos legítimas aspiraciones en los ámbitos partidistas, gremiales o vecinales,  entre otros, por lo menos intuye, que las presidenciales reclaman percepción, ingenio, lenguaje, cohesión, disciplina y coraje para rivalizar en el mercado político, expresión – por lo demás – muy limpia y contrastante con su desenfadada negación, inherente a todo autoritarismo o totalitarismo.

Obviamente, bajo los regímenes de fuerza que simulan la selección popular de los titulares de los órganos del Poder Público,  añadida la llamada fórmula del autoritarismo competitivo, el mensaje tiende a ser más elemental, simple, maniqueo y brutal, perdiendo complejidad y novedad estratégica. Ocurre con los socialistas de este siglo que se ha traducido en el desaprendizaje de sus disidentes, adversarios y oponentes: para aquellos, la improvisación tiene por inmediata compensación el uso y abuso de una hegemonía, y, para éstos, resulta incomprensible y también imperdonable, porque – conscientes de la realidad que trepida - deben ser capaces de concebir e implementar una campaña que le dé identidad y empuje para la inmediata construcción del consenso necesario y ganador.

Suele equivocadamente asimilarse a la mera o vulgar publicidad de un detergente, como si el mercadeo político no tuviese la peculiaridad universal que lo distingue de otras faenas.  Hay giros verbales, imágenes, estribillos,  movimientos, colores, sonidos, fuentes y hasta puntos de letras, que nos avisan y convencen de encontrarnos ciertamente bajo una organizada promoción electoral, aún sin el calendario correspondiente, Sin embargo, podemos advertir, parte de la improvisación electoral, es la de proclamar formalmente toda aspiración, sin el indispensable y correlativo esfuerzo de promoción.

Por supuesto, generalizando, las campañas electorales son de elevados costos económicos, pero éstos tienden a reducirse, en medio de las peores condiciones, como la (auto)censura y el bloqueo informativo, con el desempeño mismo de los aspirantes y sus colaboradores, capaces de intuir o de saber que se requiere de una estrategia cónsona con las herramientas correspondientes. En tiempos remotos, las secretarías de propaganda de los partidos y un sector concreto del comando de campaña que, desde un primer instante, ha de existir superlógicamente, fundamentaban y encaraban el asunto antes de que llegaran los legendarios consultores extranjeros, como  Joe Napolitan y David Garth, o contasen con los del patio, aparentemente ahora escasos, entre otros motivos, porque recibir o, peor, dictar clases de pregrado o postgrado en comunicación política, no hace a todos aptos para tan delicada, puntual y exigente asesoría.

Valga recordar que hubo un enorme interés en la materia, cautivando a venezolanos que ejercieron antes la política, y, después, descubrieron su vocación y talento para la consultoría, con una importante y acumulada experiencia en el exterior, permitiéndonos mencionar a contemporáneos como Max Guerra, Pedro Silva Agudelo, Orlando Goncalves, Carlos Alberto Escalante,  Carlos Masini y Mercedes Elena Bello.  Luego, es necesario reivindicar un oficio tan asociado a la democracia liberal, trastocado en un indicador notable y confiable de sus éxitos y fracasos.

Fotografía: LB.

18/02/2024:

https://www.lapatilla.com/2024/02/18/luis-barragan-ante-la-realidad-trepidante/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY