sábado, 13 de julio de 2024
sábado, 15 de junio de 2024
Cuestión y cuestionario
LA POLÍTICA, CREACIÓN DE DIOS
Ovidio Pérez Morales
“Yo no me meto en política. Llevo mi vida y punto”. “La política no es para mí”. Son algunos de esos juicios que uno oye a menudo y tienden a justificar ausentismos del compromiso ciudadano. Cosa que en un ser humano es malo y en un cristiano peor.
Es bien conocido el origen griego del término polis (ciudad) y lo dicho por Aristóteles de que “el hombre es por naturaleza un animal político o social”. El socializar es connatural y, por ende, ineludible para el ser humano. El emerger mismo de éste en el mundo es ya fruto de una relación. Lo mismo se diga de su desarrollo, en con-vivencia, desde el estadio más elemental, hasta las sorprendentes formas de la contemporaneidad. El bien común va generando en la historia humana una diversificación estructural y funcional, en ampliación y complejidad progresivas, desde lo vecinal inmediato hasta lo societario internacional.
El “fundador” de la política es Dios, en cuanto creador del hombre, ser-para-el-otro; lo hizo a imagen y semejanza suya y, consiguientemente, no como ente solitario, sino como ser relacional. La dimensión política del hombre no es, por tanto, algo opcional, sino ontológico, necesitante. Otra cosa son los modos, los grados, el estilo, la perspectiva, en el ejercicio esa condición. Pero ¡atención: el pretender abstenerse de ella es ya una manera (equivocada) de actuarla! Bastante razón tiene aquello de que “el mundo anda como anda, no por lo que los malos hacen, sino por lo que los buenos dejan de hacer”.
Un modo importante de participar políticamente es incorporándose a una organización partidista, la cual se constituye con miras al ejercicio (toma, práctica, recuperación) del poder en la comunidad política. Dentro de los partidos hay quienes ejercen un papel de liderazgo, lo cual plantea una especial responsabilidad y exige una seria formación. Una democracia implica el surgimiento, contraposición e intercambio entre los partidos (pluralismo), sin olvidar, por supuesto, que debe darse también una acción política no partidista, ejercida de modo más variado y flexible desde las organizaciones de la sociedad civil, cuya activa presencia es fundamental para una marcha equilibrada del conjunto social.
Algo necesario y obligante dentro de la comunidad ciudadana es la formación ética y cívica de todos sus miembros para actuar su presencia responsable, política, ya sea a través de los partidos o de las otras formas ya mencionadas. Esa tarea formativa incumbe, entre otros, a los institutos educativos y las organizaciones religiosas.
¿La religión tiene entonces que ver con la política? Obviamente sí, por lo ya dicho. En lo que toca al cristianismo la respuesta es claramente afirmativa; tarea ineludible del cristiano es, desde la fe, contribuir a la edificación de una sociedad temporal que responda de la mejor manera posible a la dignidad y los derechos humanos fundamentales, al deber de justicia y solidaridad respecto del prójimo. El mandamiento máximo, el amor tiene una dimensión política; no se reduce a un relacionamiento individual inmediato, sino que es preciso interpretarlo y vivirlo en el amplio marco de la polis. Con respecto a la Iglesia y su participación política, la respuesta depende de qué se entiende por Iglesia (comunidad de creyentes, jerarquía, sector del laicado) y por política (lo tocante al bien común, el ejercicio del poder, la militancia partidista). La respuesta varía según los distintos binomios que se pueden formar; no resulta simple, pero lo cierto es que no se da ni puede darse divorcio entre Iglesia y política, fe y política.
La comunidad eclesial dispone de un material apto en este campo con la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Y el Concilio Plenario de Venezuela (2000-2006) aprobó dos documentos, Contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad (No. 3) y Evangelización de la cultura en Venezuela (No. 13), elaborados según la metodología del ver-juzgar-actuar, los cuales son como un manual de doctrina social aplicada a nuestro país.
El Juicio Final tendrá también su cuestionario político (¡!).
13/06/24:
https://www.elnacional.com/opinion/la-politica-creacion-de-dios
Ilustración: Juicio Final / Capilla Sixtina. Tomada de la red.
jueves, 23 de febrero de 2023
Cuaresma
Ovidio Pérez Morales
Desde hace un milenio y medio entre los católicos se tiene una celebración litúrgica de hondo sentido humanista y religioso: la bendición de cenizas y su imposición en la frente de los fieles. Ayer miércoles tuvo lugar y con ella se inauguró el tiempo denominado cuaresma.
Las palabras que usa la Iglesia al imponer la ceniza -materia particularmente expresiva de poquedad y humillación- son muy expresivas: “Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”. Recuerdan la temporalidad del ser humano, su extracción original de origen terreno como aparece claramente en el relato de la creación que trae el libro del Génesis (2,7). La celebración litúrgica al hacer memoria de la muerte lo hace, sin embargo, en un contexto bien distinto de una concepción materialista, pues la entiende en coordenadas cristianas, pascuales, de resurrección. A este propósito es supremamente esperanzador el desafío que lanza Pablo en su primera Carta a los Corintios al hablar del horizonte definitivo humano: “Dónde está, oh muerte, tu victoria” (15, 55). Porque Cristo ha resucitado para él y para la entera humanidad.
La ceniza no se queda, pues, en el recuerdo de la muerte. Lo hace principalmente como llamado a una metanoia, conversión, cambio ético y espiritual. Esta apunta hacia una vida en sintonía con el querer de Dios, que es, en definitiva, el bien auténtico del ser humano, en correspondencia a su naturaleza y al proyecto divino salvador en Cristo. El tránsito existencial que se propone con la ceniza es el de una situación de pecado a otra de coherencia personal y amistad con Dios.
Pecado es una categoría de tipo moral y espiritual, que no entra en el vocabulario de las ciencias física y matemáticas o de humanas como la economía o la política, aunque la filosofía de base de estas establezca puentes. El pecado, en sentido propio, se teje con una alteridad trascendente; entraña, en efecto, no sólo una responsabilidad consigo mismo o con el prójimo, sino con el principio y fuente últimos, divinos, de la libertad personal, de la propia existencia. Va más allá, por tanto, de una exigencia ética autorreferencial, al modo kantiano.
La ceniza invita a una viva toma de conciencia de lo limitado de la condición humana y, sobre todo, de la negatividad que acarrea el pecado. Pero, por encima de todo ello, subraya la novedad vital que ofrece el regreso a Dios. En esto es sumamente iluminadora la parábola del hijo pródigo, que Jesús propone como central en su evangelio (Lucas 15, 11-31). La conversión es el retorno a Dios, a la convivencia fraterna, a la vida en plenitud.
Algo sumamente importante al hablar de pecado y conversión es el de su interpretación en coordenadas de tipo relacional y social, superando un marco religioso intimista y verticalista en que se las suele ubicar. Algo que contraría el sentido comunional del mandamiento del Señor Jesús, clara y repetitivamente formulado en el Sermón de la Cena (ver Juan 15, 12). La apertura al prójimo -especialmente el más necesitado- como expresión de la obediencia y amor a Dios, la había planteado de modo nítido el profeta Isaías: “¿No saben cuál es el ayuno que me agrada? Romper las cadenas injustas (…), dejar libres a los oprimidos y romper toda clase de yugo. Compartirás tu pan con el hambriento, los pobres sin techo entrarán a tu casa, vestirás al que veas desnudo y no volverás la espalda a tu hermano. Entonces tu luz surgirá como la aurora y tus heridas sanarán rápidamente” (Is 58, 6-8).
La ceniza es una invitación a una genuina novedad, la cual toca a la persona en su intimidad con su proyección social y trascendente. Es aquí donde el compromiso político se plantea como ineludible en una interpretación cristiana de la conversión ética y espiritual. El cambio que reclama el miércoles de ceniza es hacia un reconocimiento obediente y afectuoso a Dios Trinidad, que envuelve, de modo inseparable, un amoroso relacionamiento con el prójimo, como individuo, familia, grupo y polis.
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