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miércoles, 20 de diciembre de 2023

La ciudad intransitable

DE LA APROPIACIÓN INDEBIDA DE LOS ESPACIOS PÚBLICOS

Luis Barragán

Digamos que es necesaria la existencia de sendos espacios públicos para que las personas circulen y se congreguen, requeridos de una mínima disciplina que permita preservarlos. Ésta, tan obvia premisa, sustenta el derecho fundamental al libre tránsito ya francamente desconocido en nuestro país.

Por una parte, es  lógico que la regla tenga sus excepciones. Por motivos de orden público, alguna emergencia, como la búsqueda de un peligroso delincuente, entre otras situaciones sobrevenidas, hace necesaria las restricciones momentáneas o temporales.

Demasiado frecuente, por una parte, son las autoridades las que abusan de tales restricciones, arbitrariamente adoptadas, colocando alcabalas que juran impedir la fuga del delincuente, ahorrándoles las pesquisas y haciendo sospechoso a todo el mundo de la huida de quien finalmente no anda por las arterias principales. Nadie está a salvo de la matraca, porque se trata del Estado depredador.

Por otra, el desconocimiento del derecho al libre tránsito igualmente depende de los particulares que, muy obvios, cuentan con la protección de los personeros del Estado, pues, no hay otra explicación para la multiplicación de los tarantines, carros hamburgueseros, colocadoes de papel ahumado,  la repentina aparición de un quiosco hecho de láminas de acero, por doquier.  El desarrollo de la ciudad como un enjambre de las calles llamadas de hambre, concibe a las calles y avenidas como sendas pasarelas para el consumo de la comida-chatarra; precisamente, quienes antes vociferaban contra las exitosas franquicias por el escaso valor nutritivo de sus productos, ahora se hacen de la vista gorda frente a “emprendimientos” que no resisten el más elemental examen sanitario, por citar un caso.

Cierto, muy antes hubo restaurantes que se apoderaban de las adyacencias para estacionar el automóvil de su recurrente clientela, pero de la excepción hemos pasado a la regla y el oficio de parquero en espacios que son absolutamente comunes, frecuentemente es asumido por el más aventajado malandro del sector que se impone, cobra en dólares, y sólo sirve para medio espantar a los amigos de lo ajeno, no ofreciendo garantía alguna respecto al vehículo.  Vínculo laboral alguno tiene con el restaurant, aunque éste también puede asumir y ha asumido la actividad para mejorar las apariencias con un personal adecuadamente vestido  y amable.

Pasa inadvertido que hay arterias en las que antes no se estacionaba el carro en forma diagonal, reduciendo los canales, o que la oferta del local hoy se materializa en un aviso atravesado impidiendo el paso fluido de los peatones. Se ha consagrado el derecho adquirido de colocar unilateralmente sendos conos anaranjados, gaveras vacías, u otros peroles para reservar el espacio para la exclusiva descarga de mercancías.

Completamente predecible el auge de talleres mecánicos y caucheras, lleva al empleo de las aceras no sólo para estacionar carros y motocicletas, sino para literalmente arreglarlos ahí mismo,  forzadas las personas a desviarse.  La lista de casos es interminable y nada ocioso es que el amable lector haga la suya, porque también la convivencia y el libre tránsito como derecho constituyen un problema fundamental del país.

Fotografía: LB (CCS, 23/09/23).

02/10/23:

https://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/40079-de-la-apropiacion-indebida-de-los-espacios-publicos

lunes, 13 de noviembre de 2023

Insalubridad

DE LOS BUHONEROS DE LA COMIDA

Luis Barragán

Entre los más notables propósitos de los sectores medios generados por el régimen en la última década, se encuentra la conversión de nuestras ciudades y pueblos en todo un enjambre comercial, planteado el radical desafío frente a los establecimientos formales,  tradicionales y consolidados, pagadores puntuales y resignados de impuestos, sometidos implacablemente a la legislación laboral. Las llamadas calles del hambre que tejen progresivamente  las metrópolis del deterioro, diseñando un paisaje y una funcionalidad diferentes de los espacios públicos, buhonerizan el consumo de la comida-chatarra a precios que se suponen accesibles para las grandes mayorías.

A diferencia de la otra y muy cuestionada comida-chatarra de las viejas franquicias transnacionales que cundieron en las áreas más cotizadas de la ciudad, ubicadas en locales adecuados y con los más elementales servicios de electricidad, agua e higiene, a los actuales buhoneros del estómago poco o nunca se les cuestiona por la calidad de los productos ofrecidos,  por cierto, entendidas las hamburguesas y perros calientes como las “cochinitas” que nada más y nada menos se confunden con nuestra venezolanísima identidad. Subempleadores que se aprovechan descaradamente del servicio público eléctrico, indiferentes ante las mínimas técnicas en el manejo de alimentos, sin la provisión adecuada de agua, se ofrecen como los propagadores de toda suerte de bacterias al aire libre.

Luce obvio que los ruidosos expendedores callejeros de comida operan sin las más elementales condiciones sanitarias, tan evidente como el uniforme corporativo que  pone a sus numerosos subempleados y que delata ciertos niveles de monopolio en la ciudad.  Poco pueden hacer los inspectores del ramo, porque la orden de protección viene de arriba, y se le exige a los empresarios de muchos años el mantenimiento de sendos baños en sus locales, como jamás al que vende hamburguesas, perros calientes, cachapas y prueba con otras alternativas; además, esos subempleados tienen por urinario las adyacencias de la calle misma.

Ya no sólo, esos carros se cogen las vías públicas, sino que operan en medio de los más increíbles charcos. Constituye un milagro que no hayan generado una importante epidemia, o, en todo caso, que sospechemos de la censura como un mecanismo para ocultarla.

Un problema nada baladí, tenemos frente a la nariz sin querer verlo. Después se quejarán, sin que el oficialismo haya hecho algo para impedir la tragedia, como cínicamente acontece con el Esequibo.

Fotografía: LB (Caracas, 01/10/2023).

13/11/2023:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/40301-de-los-buhoneros-de-la-comida

lunes, 14 de noviembre de 2022

Post-plan de emergencia

CARACAS BUHONERA

Nicomedes Luces

Durante mis seis años estudiando Medicina en la Escuela Vargas y el Hospital Vargas que queda en la parroquia San José fuimos cada día hasta allá y eso significaba que desde la urbanización El Rosal hasta La Escuela de Medicina debíamos atravesar media Caracas, desde el sureste hasta el noroeste de la ciudad por lo que debíamos conocer los recovecos de aquella urbe en aquellos tiempos. Era media hora de tráfico de ida y otra de vuelta. Ayer fui hasta la avenida Urdaneta y las Fuerzas Armadas, la gran avenida que atraviesa Caracas de sur a norte, desde Roca Tarpeya hasta Cotiza por donde circulábamos cada día. Luego de graduado trabajé en la avenida San Martín hasta la Vuelta del pescozón y en Catia hasta la calle Colombia, lo que quiero decir con esto es que conozco bastante bien a Caracas. El régimen trata de dar una mejor imagen de la ciudad en algunos sitios puntuales como la Plaza Bolívar y el Congreso Nacional. Pero vayan ahora a la avenida Fuerzas Armadas y la verán llena de buhoneros, muchos de los cuales cocinan y venden fritangas en las aceras con la consiguiente suciedad y cochambre como en San Bernardino, luego unos pequeños tranvías mugrientos en medio de la Fuerzas Armadas interrumpidos por los peatones que los detienen. Hoy en día ella se ha vuelto una vía casi peatonal. De regreso debí empalmar desde la parroquia San José por las Fuerzas Armadas hasta alcanzar la avenida Bolívar y aquello es otro caos absoluto, buhoneros, semáforos dañados, mendigos, construcciones a medio hacer, fritangas en las aceras, buhoneros y caos, mucho caos. La avenida Bolívar con casas de la misión vivienda en la parte central en lo que era antes la urbanización El Conde e inmundicia por todos lados. Algunas a medio hacer y gente, mucha gente en los puestos de buhoneros con vendedores en las esquinas para los transeúntes. La concepción original en el Plan Rotival, que fue el plan maestro original para Caracas venido desde el gobierno del general López Contreras llamado así y seguido por todos los gobiernos de la democracia comparaban a la avenida Bolívar con los Campos Elíseos de París donde funcionarían todos los ministerios en el futuro y de allí se desarrollaría la ciudad y donde está la Plaza O’Leary iría una Central de trenes de donde partirían avenidas hacia Catia, (avenida Sucre), hacia el sur oeste, (avenida San Martín), hacia el noreste con lo que hoy conforman las avenidas Urdaneta, Andrés Bello, la avenida Libertador y la Francisco de Miranda por el norte del valle. Hacia el este por el sur se construiría la Autopista del Este hasta Petare que casi se concluyó en todo su trayecto. O sea, Pérez Jiménez fue el gran constructor de la Caracas Moderna. Luego de su caída la demagogia del felón larrazábal permitió el comienzo de la invasión de los cerros y la estimulo con el Plan de Emergencia, la causa de la destrucción del progreso que desarrollaba el Plan del Banco Obrero con el pago por la adquisición de viviendas populares de entre 10 y 30 bolívares mensuales. La única duda que me queda es si esta destrucción actual fue planeada por los cubanos o por los colombianos para tener un vecino tan debilitado como Venezuela. Solo son suposiciones esto último.
11/11/2022:

domingo, 30 de octubre de 2022

¿Los límites de la supervivencia?

DE LOS OFICIOS DE CRISIS

Luis Barragán

Por más de dos décadas, hemos observado el ingenio comercial de quienes, con o sin preparación técnica o académica, han debido lanzarse a la calle para intentar llevar el pan a la casa administrando en todo lo posible la desesperación.  Recordamos el comienzo de un admirado vecino que, después de gozar de un empleo estable y bien remunerado, acorde a su experiencia y destrezas, la empresa cerró y se fue del país: superó la vergüenza (por cierto, propia  de la ya vieja clase media), y pasó de vender plátanos en la esquina a ensamblar una carretilla con varios canastos para vender toda suerte de golosinas recorriendo avenidas y calles hasta hacerse de un espacio frente al liceo público del sector. Empero, llegó el coronavirus y bregó con la policía cerca de la casa para vender sendos botellones de agua, alquilando por fin un kiosco que ocupa a su familia desde las horas de la  madrugada hasta las de la noche.

            Apartando a las mafias que controlan el metro caraqueño al colocar a sus buhoneros ambulantes, quienes recorremos de un punto a otro las ciudades y pueblos del país, solemos olvidar pronto el desempeño de quienes caminaban por las largas horas para ofertar sus mercancías o servicios, café y otras infusiones, o la plastificación de documentos. En un viejo reportaje, la periodista Emily Avendaño (El Nacional, Caracas, 21/10/2013), además, consultó con los peatones digitalmente organizados de entonces (Peatones Activos, Una Samplabera por Caracas,  Caracas a Pie, entre otros), reseñando al modificador de una carretilla portadora de una gran corneta para vender cd´s musicales, o el acondicionamiento de un coche para bebé a objeto de ofrecer quesillos, que nos cansamos de ver rodando, añadidos los que empuñaban los termos con bebidas y sopas diversas, los cigarrilleros, etc.

            Aclaremos, con ellos no acabó el corona virus ni la catástrofe humanitaria que ya despuntaba, observándose la debacle de los ingresos petroleros en la perspectiva histórica, ya definitivamente estructural, sino el pequeño bombazo atómico de la escasez e inexistencia del dinero sencillo, del papel moneda, del medio convencional de pago. Todavía estaban por masificarse los dispositivos electrónicos de pago, por lo que una extraordinaria legión de desempleados tan injustamente padeció aún mayor hambre, sumados los cantantes de ocasión que peregrinaban con una pequeña guitarra por los locales nocturnos que le daban la generosa oportunidad de un incómodo escenario entre las mesas.

           Muy pocos son los andariegos que ahora sobreviven, gracias al cigarrillo o el café y, si los tienen, periódicos viejos, manejando una mínima cantidad de papel moneda de baja denominación de compararlo con los grandes receptores de las camionetas o busetas por-puestos. Ya no se hurga en la basura sólo por comida, sino por aparatos electrodomésticos y electrónicos que puedan reparase o servir de repuestos: personalmente, vimos a alguien que recogió las piezas de un comedor para bebés, reparó las quebradas, lavándolo con afán para luego venderlo por diez dólares a una bazar o quincallería, según nos dijeron luego.

            Los oficios desesperados e inaplazables de la crisis, hoy no exhiben el antiguo ingenio, superdolarizado todo intercambio comercial, pero – reparamos en la denuncia – se nos ha dicho que los pocos que lo hacen o logran, sufren los embates de la matraca policial, ya que, técnicamente, un trabajo independiente, le piden una fantasmal autorización municipal o el registro cada vez más costoso de una firma personal.  Puede concluirse, cada vez son menos las opciones para llevar limpiamente el pan a la casa.

Referencia e imágenes:

https://apuntaje.blogspot.com/2022/10/artes-y-oficios.html

31/10/2022:

https://guayoyoenletras.net/2022/10/31/de-los-oficios-de-crisis/

lunes, 3 de octubre de 2022

¿Y apparátchik adentro?

CANJE, VITUPERIO Y ... SOPLONES

Luis Barragán

El muy sabido canje de dos reos de la justicia ordinaria por varios prisioneros políticos de nacionalidad estadounidense, sugiere – además – un significativo aumento del puntaje demócrata frente a cualquier doméstica eventualidad electoral, a la que vez que confunde a la opinión pública opositora venezolana que espera de sus dirigentes  una respuesta a la coyuntura. Ésta, por cierto, no cambia la naturaleza y los alcances de una confrontación que tiene  otros escenarios estelares, allende las fronteras, pero seguramente generará una profunda preocupación al interior del apparátchik usurpador: sólo prevalecen las más cercanas relaciones de consaguinidad y de afinidad para un único y exclusivo negociador que pudiera diligenciar su propia salvación, porque compartir la misma militancia partidista y las tareas del Estado no suscita el parentesco que la emoción proselitista evoca.

            En los días que cursan, suponemos que los cuadros conductores de la oposición organizada, discutirán el asunto intentando despejarlo en términos estratégicos, presionados por la demanda ciudadana de una mayor determinación, resolución  y eficacia. A la par, el oficialismo propulsará una contracampaña procurando extremar la desmoralización de los adversarios, no sólo con la ayuda de los ya tradicionales colaboradores de alta tarifa, en términos políticos y comerciales, sino de aquellos que igualmente les prestan un inmenso servicio como vituperadores de aire, mar y tierra.

           Tomada la tragedia venezolana como un vulgar pleito de vecindario, jamás se refieren a los prohombres del poder establecido, sino a quienes arriesgan literalmente su integridad física, oponiéndosele.  Éstos reciben un directo, miserable y continuo ataque personal de quienes hacen del denuesto el culto propio de una secta digital y hasta satánica que no tiene otra razón en la vida, que destruir al que suponen que les alborota los traumas no resueltos de una infeliz infancia.

            En más de una oportunidad, el suscrito ha solicitado una rendición institucional de cuentas  al interinato, por ejemplo, pero ello no ha significado el intento gratuito, político y moral de demolición de quien lo encabeza, obviando la existencia misma del régimen socialista. El contraste es evidente respecto a los que han hecho del denuesto contra Juan Guaidó y el resto de la oposición un modo de vida, sin rozar siquiera por equivocación el nombre de Maduro Moros y sus acólitos.

            Por supuesto que hay una crisis de la política y del modo de concebirla, hacerla y pensarla también fruto de esta intensa pasión por desvenezolanizarnos en más de veinte años, tratando de forzar nuestra definitiva incorporación a las huestes obscurantistas y anti-occidentales.  Empero ya no se trata de esa crisis que resulta peor que la del país que perdió hasta el modo de andar en la Guayana Esequiba al finalizar el siglo XIX, sino de una intensa y extensa buhonería política que prefiere la cosmética al fundamental tratamiento de los problemas del país, levantada a punta de bytes desde la comodidad hogareña.

            En lugar de la crítica sobria, sensata, convincente y persistente, orientada hacia la articulación política y el arraigo social, susceptible de movilizar a la ciudadanía, hay una siembra del desconcierto, la desconfianza, turbados por circunstanciales ambiciones personales que quedan al desnudo. En algunos casos, ambicionan pasar de vituperadores a delatores, ya que, presumiendo siempre como tarifados a los demás, no logran sindicalizarse y exigir, o estar en condiciones de exigir, los extraordinarios dividendos del alacranato que los saque de ese anonimato que valor alguno agrega, en lugar del puñado de dólares de baja denominación que directa o indirectamente les llega por los servicios prestados.

            El consabido caso del intercambio de prisioneros, obviamente, no entretendrá a los vituperadores de las redes digitales,  salvo la utilidad que pueda dispensarle para el feroz ataque de quienes desean hacer culpables de sus desgraciadas limitaciones para la vida política. Seguirán en la buhonería, aspirando a soplar muy fuerte para hinchar las velas de sus bastardas apetencias.

04/10/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/canje-vituperio-y-soplones/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY