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domingo, 2 de marzo de 2025

Noticiero retrospectivo

- Juan Jones Parra. “La Batalla de Carabobo”. Revista Shell, Caracas, N° 3 de 06/1952.

- Alejandra Villasmil. “Los partidos se debaten entre la muerte y la resurrección. Totalitarismo y populismo: Los riesgos de la antipolítica”. Economía Hoy, Caracas, 07/04/97.

- Jonán Millán Boada. “Juan Liscano y la psiquiatría”. El Nacional, Caracas, 13/02/74.

- Nicolás Vega Rolando. “Sobre el mal uso de los símbolos de la nacionalidad”. Resumen, Caracas, N° 79 del 11/05/75.

- Guillermo Meneses. “Cuento de Caracas en sus 399 años”. Momento, Caracas, N° 524 del 31/07/66.

Fotografía: Aporte de Jerjes Meléndez Núñez para Caracas en Retrospectiva II (Facebook), carnavales de Caracas, en 1954. 

viernes, 27 de septiembre de 2024

Una metáfora

DERRIBAR LAS ESTATUAS DE CHÁVEZ

Hilda Landrove (*)

Un día después de las elecciones del domingo 28 de julio en Venezuela, una imagen regresa una y otra vez: una estatua de Hugo Chávez con la nariz y la boina rotas es golpeada por alguien con rostro y cabeza cubierta, que deja caer una mandarria sobre el duro material del monumento. Un fondo azul imprime a la imagen la iconicidad suficiente para convertirse en tendencia en el mundo virtual y dotar a los sucesos del día, de otra manera difíciles de capturar en conjunto, de un sentido cabal: los manifestantes venezolanos rechazan no solamente la imposición de un nuevo período de gobierno de Nicolás Maduro por la vía del fraude, sino también el ideario del chavismo, que los condujo a este momento.

Las estatuas materializan la idea del cuerpo político, una antigua metáfora que permitía imaginar la entidad política en una forma humana emblemática. La metáfora, tan socorrida en el medioevo, fue dejando de tener sentido a medida que, pasados los tiempos de los absolutismos, las entidades políticas se centran más en las articulaciones de sus miembros que en la morfología final del conjunto. Pero siguen siendo importantes aun cuando la discrepancia entre el cuerpo materializado en bronce –o mármol o algún otro material que resista la intemperie– y el cuerpo político que pretende representar sea un abismo insalvable.

Tal discrepancia es siempre salvada por la representación individual: la imagen individual del gobernante alude también a sus gobernados, no importa la forma que tenga la entidad sobre la que gobierne, o a la que dote de un propósito, o a nombre de la cual intente una transformación radical. La individualidad persistente de las estatuas de héroes y próceres puede sugerir lo contrario, pero su capacidad de funcionar como símbolos demuestra que no se trata nunca únicamente de ellos. Así, una puede ver una estatua de un prócer de la independencia, y lo que ve no es ya el prócer sino los valores del mundo que quiso construir. Pero cuando el prócer en cuestión ha buscado ejercitar la idea de una entidad homogénea, moldeada y guiada por el líder, la antigua pulsión de convertir a la entidad política en un solo cuerpo alcanza su forma más terminada. El líder termina en la estatua, no hay espacio para más: él es el pueblo al que conduce, después de deglutirlo.

Hasta la noche del lunes 29 ocho estatuas habían sido derribadas en Venezuela. Al menos dos de ellas habían sido arrastradas (una completa; de la otra, la cabeza). Tres de ellas, en lugares que habían sido bastiones del chavismo: La Guaira, Falcón y Guárico. El derribo de estatuas de Chávez no es, sin embargo, una acción recién incorporada al repertorio de la manifestación en Venezuela. Hasta el 2019, once estatuas habían sido atacadas, varias de ellas durante las manifestaciones de 2017; quemadas, sacadas de su base y lanzadas contra el suelo, una desaparecida, otra decapitada.

Ese es precisamente el objeto de las estatuas: permitir que los espectros orbiten sobre el legado para que transfieran a ese legado la inmovilidad del gesto pétreo. Nadie emplaza una estatua pensando en que será derribada, aunque termine justamente siendo ese el destino de esos seres sordos y silentes pero despiertos a través de la correspondencia entre cuerpo petrificado y presente político.

Las estatuas tienen, sin duda alguna, un simbolismo que va más allá de la figura particular representada, aunque la elección de la figura representada sea en sí misma fundamental. No cualquiera se gana esa especie de pase a la posteridad mutando de cuerpo y respaldado por un inmenso aparato de producción de iconografía patriótica. Sin embargo, hasta en eso hay diferencias. El Estado del todo –como denominó Taussig al Estado atrapado en su propia compulsión de homogenizar y totalizar– puede elegir eternizar a su figura cimera concentrándose en una única representación, que acapare el talento, los recursos y la atención de los espectadores, o puede tender a la serialización o la producción en masa. Un ejemplo clásico de la producción en masa son los bustos de Martí producidos en Cuba para que ocupen los patios de cada escuela y presidan los sitios solemnes de la ritualidad revolucionaria. Otro grado de serialización, que no llega a la reproducción seriada y vuelta portátil que encarna un busto, lleva a un escritor en 1949 (citado en Taussig) a describir la profusión de estatuas de Bolívar: “A veces ha de parecer que todo el país se ha convertido en un mausoleo con estatuas del Libertador que, como clavos, aseguran rotunda y macizamente el Estado del todo”.

En la Venezuela poschavista la serialización llevó a producir estatuas en una cantidad que el frenesí por reproducir tridimensionalmente la imagen del líder después de su muerte parecía responder a un angustioso intento de recuperar su presencia, aunque fuera por la vía de la magia simpatética. La serialización en la fabricación y ocupación del espacio público de las estatuas de Chávez llegaba a un mundo en el que la multiplicación de la imagen lograba probablemente el efecto contrario: hacer del cuerpo materializado un espectro. Ese es precisamente el objeto de las estatuas: permitir que los espectros orbiten sobre el legado para que transfieran a ese legado la inmovilidad del gesto pétreo. Nadie emplaza una estatua pensando en que será derribada, aunque termine justamente siendo ese el destino de esos seres sordos y silentes pero despiertos a través de la correspondencia entre cuerpo petrificado y presente político.

El simbolismo de la estatua va tomando forma, cargándose de sentido a medida que, tiempo mediante, los efectos de la acción del representado van diluyéndose. Antes de llegar a ese punto, el poder de una estatua es más que simbólico, se trata efectivamente de un cuerpo con poder, que no basta con eliminar de la posición desde la que mira pasar el mundo que ha abandonado.

Por una parte, el cuerpo de la estatua es un cuerpo sustituto. Él es la expresión tangible de cosas más abstractas (ideales, promesas de futuro) cuyas consecuencias son crudamente tangibles y han resultado ser, a menudo, contrarias a las pontificaciones que se hacían en nombre de un bien mayor. Esas realidades, puestas ahí intencionalmente, requieren de la destrucción del cuerpo que las contiene. De modo que tumbar a Chávez, martillarlo, arrastrarlo, no es solo una acción de contenido simbólico que intenta destronar a otro contenido simbólico, aunque sea en el registro de la metáfora política donde podamos comenzar a leerlo. Si fuera únicamente eso, no se pondría en ese gesto tanto esfuerzo, no involucraría tanta fuerza, no requeriría de los epílogos en los que, no bastando haberlo tumbado, es todavía necesario arrastrarlo o decapitarlo.

Se trata por supuesto de un performance político porque en su centro hay una metáfora, un “como si”; se derriba una estatua como si se derribara un gobierno, se derriba una estatua como si fuera un cuerpo físico. La estatua, que puede funcionar como espectro, como maestro de ceremonias de la ritualidad del Estado, o como símbolo se vuelve, en la performance colectiva de su derribo, un receptáculo de la ira deconstructiva iconoclasta. Pero que sea un performance no quiere decir que se trate de una farsa. Significa únicamente que la acción se produce en el registro de la acción mediada por un cuerpo que es real y es a la vez una metáfora materializada, y que, al operar en ese registro, puede producir nuevas significaciones. La catarsis que acompaña a la acción es real, tanto como lo es la liberación del embrujo de ese cuerpo pesado atravesado a la vista y el espacio. Remover una estatua no es solo un gesto simbólico de rebelión contra lo que ella significa y una reinterpretación del sentido que la vuelve insoportable a la vista. Es nulificar el poder espectral que contiene, para que otros significados puedan habitar el espacio, aún sin cuerpo.

Es la reafirmación de una voluntad de vida. Como escribía Taussig sobre la producción de imaginería en el Estado del todo, “la característica primordial del fetiche [es] registrar la representación antes que el ser representado, el modo de significación a expensas del objeto que está siendo significado. Las estatuas, así petrificadas, y más enfáticamente los dibujos de las estatuas, engendran cierta magia de muerte que establece una concordancia entre la metaimagen y el poder de los espíritus”. Es esa magia de muerte, que habita en la maquinaria de la imposición dictatorial, con todo y sus símbolos, lo que quiere ser derrocado con la destrucción de sus fetiches.

(*) 

28/08/2024:

https://tropicoabsoluto.com/2024/08/28/derribar-las-estatuas-de-chavez/

Gráfica: https://x.com/MinMedio/status/1818054906185478532. Cfr. https://www.infobae.com/venezuela/2024/07/30/videos-asi-fueron-derribadas-las-estatuas-de-hugo-chavez-en-varias-regiones-de-ven.

domingo, 17 de abril de 2022

Guerra psicológica

CARACAS, O EL ZAMURAJE SIMBOLIZADOR

Luis  Barragán

Desde febrero del presente año, comenzaron las diligencias por el cambio de los símbolos de la Caracas histórica. Recientemente, se ha materializado a través de la respectiva ordenanza.

               La infeliz y, evidentemente, alevosa decisión fue adoptada por la hegemonía oficialista a mediados de la Semana Mayor, llevándose por delante varios siglos. Descaradamente inconsulta, los cambios generados en relación al escudo, la bandera y el himno, quizá está de más decirlo, consagra la fusión del partido de gobierno con el Estado, como jamás había ocurrido por estos predios.

               Por siempre, la ciudad tuvo un cronista que ya no, ampliamente conocido e, incluso, referente literario del país en no pocos casos, importándole un bledo a las autoridades, aunque – forzado a la jubilación poco tiempo atrás – Guillermo Durand ha contribuido a la crónica de un desastre inimaginable, dejando constancia  de  la ignorancia que lo galopa por el valle: ¿para qué sirve la auctoritas que es tan contrarrevolucionaria?  Utilidad alguna tiene, por ejemplo, la originalidad de un escudo de armas que ha sido pisoteado luego de una tonelada de años (https://mariafsigillo.blogspot.com/2011/07/el-escudo-de-armas-de-caracas.html). Sin embargo, vamos a dejarnos de vainas, ya que en Caracas, por lo que significa y, a pocas horas de celebrarse un nuevo aniversario del consabido 19 de abril, se ha probado una delicada arma atómica muy propia de la guerra psicológica que la sigue atormentando, pues el zamuraje también simboliza.

               Nada inocente es el cambio en cuestión, orientado a confundir, extraviar y enloquecer a quienes habitan la metrópoli, desintegrando todo sentido de pertenencia,  tradición, identidad y, en definitiva, resistencia ante el modelo totalitario en curso. Y es que el misil va directamente al espíritu, la mentalidad, el imaginario y la emoción de todo capitalino al que le sacudirán en la nariz las sanciones previstas e imprevistas, pues, todavía sin concebir algunos testimonios de desobediencia civil para una materia tomada por fastidiosa, abstracta e etérea.

               Faltando poco, ¿quién dice que la usurpación no puede afectar los símbolos nacionales para completar el corto-circuito? Tiempo atrás escribimos al respecto (https://www.lapatilla.com/2018/05/27/quien-dijo-que-no-pueden-modificar-la-letra-del-himno-nacional-por-luis-barragan/), llamando la atención sobre la asombrosa potestad reglamentaria que Miraflores tiene al respecto.

Ilustración: Pinilla (El Nacional, 14/04/2022). 

18/04/2022:

https://www.lapatilla.com/2022/04/18/luis-barragan-caracas-o-el-zamuraje-simbolizador/

Referencias:

https://cronica.uno/cronista-guillermo-durand-los-simbolos-de-caracas-deben-surgir-de-una-consulta-a-los-caraquenos/

https://dolartoday.com/guillermo-durand-cronista-de-caracas-son-unos-ignorantes-que-tergiversan-la-historia-de-la-ciudad/

https://pandectasdigital.blogspot.com/2016/08/ley-de-bandera-nacional-himno-nacional.html

Fiesta caricaturizadora:

miércoles, 13 de abril de 2022

Miércoles Santo, ocasión para un ultraje de la identidad caraqueña

EFE
EL CHAVISMO PLANEA CAMBIAR LA BANDERA, EL ESCUDO Y EL HIMNO DE CARACAS

El Concejo Municipal de Libertador señaló en la exposición de motivos que la simbología fue pensada y diseñada a “imagen y semejanza” de los caraqueños para “romper radicalmente con el vasallaje” colonial y reconozca el pasado de los pueblos originarios. El dirigente social Carlos Julio Rojas calificó de inaudito que la alcaldesa Carmen Meléndez y los concejales eliminen los símbolos históricos de la ciudad

El chavismo planea cambiar los símbolos del municipio Libertador de Caracas: sustituyó la bandera, el escudo y el himno de la ciudad para, según una ordenanza, fortalecer el sentido de pertenencia, el gentilicio y la identidad. Sin embargo, las autoridades agregaron referencias a la llamada revolución bolivariana.

El Concejo Municipal señaló en la exposición de motivos que la simbología fue pensada y diseñada a “imagen y semejanza” de los caraqueños para “romper radicalmente con el vasallaje” colonial y para que se reconozca el pasado de los pueblos originarios.

“Una simbología que sea expresión del proceso de descolonización de la memoria histórica colectiva del pueblo de Caracas”, manifestaron los concejales del chavismo, siguiendo una línea marcada por Nicolás Maduro.

El documento describe cómo quedaron diseñados la bandera y el escudo, además de la composición del himno.

Mayerling Occhino, concejal por la Alianza del Lápiz, rechazó que el chavismo acabe con los símbolos de la capital, incluido el emblemático león. “Protestamos ante este ataque a nuestra identidad violando la ley y la Constitución”, manifestó en su cuenta de Twitter.

“¡Zarpazo a los símbolos de Caracas! Como primera fuerza opositora de la capital del país condenamos rotundamente esta violación a la idiosincrasia de todos los caraqueños”, agregó la concejal.

La bandera

“La bandera del municipio es un estandarte de forma rectangular que representa la identidad caraqueña mediante la combinación de elementos simbólicos expresados en colores y formas, que condensan el devenir histórico y cultural de la ciudad de Caracas”, señala la ordenanza.

Características:

La bandera diseñada por el chavismo contiene las siguientes características:

“Presenta un estampado en fondo color rojo con un triángulo en el centro, que tiene una estrella blanca, un fondo azul y el verde con la imagen del Waraira Repano, con los siguientes elementos:

a. El Waraira Repano: símbolo por excelencia del valle caraqueño, pues este lo conforman inmensas y majestuosas paredes verdes, que respiran sobre nosotros brindándonos vida, oxígeno, humedad y selva, un hogar que posee todos los elementos que nos componen como caraqueños y caraqueñas;

b. La estrella blanca: la estrella, siempre blanca, además de simbolizar la luz, la rebeldía de brillar constantemente, la resistencia en batalla es a su vez una de las ocho provincias que conforman a nuestro país, representado por ocho estrellas blancas en el azul de nuestra Bandera Nacional;

c. El rojo: representa la pasión, la fuerza del espíritu, es un color impetuoso, ritual para nuestros antepasados, como el color de la vida, luego de toda una larga historia civil; el rojo también representa el color de la sangre de todas las luchas por nuestra independencia, simboliza lucha y revolución, socialismo, cambios y una decisión rotunda de luchar por la vida y la libertad;

d. El blanco: representa la ausencia del color, o la luz misma, y en la descomposición de la luz está la gama pura del color. Para nuestros antepasados el blanco es la luz y sabiduría, es cambio y renovación; en esta bandera, el blanco junto al rojo evocan a la renovación. La luz junto a la sangre y pasión, la resistencia en la lucha de nuestros héroes independentistas indígenas, afrodescendientes y zambos, la resistencia a un pueblo que fue esclavizado y se proclama libre;

e. El verde: se encuentra dentro de los símbolos naturales que nos representa como lo es el gran contenedor vegetal, Waraira Repano, montaña Madre de vida; y la yerba Caracas que crece dentro de ella como un fruto silvestre y abundante. El verde es remembranza a nuestros pasados, propone el reconcilio del hombre con la naturaleza, como el hombre y mujer que cuida a su ambiente, y el ambiente los protege a ellos, mediante el oxígeno, el respiro, la alimentación, y el hogar, somos hombres y mujeres del valle, húmedo tropical selvático, de la costa, con todo lo es el relieve, en acuerdo con la alta exposición a la naturaleza que nos rodea;

f. El azul: el particular azul caraqueño. Además de ser un color unificador de libertad por dar la sensación de cielo despejado”.

La norma establece que se debe usar la bandera de forma obligatoria en los despachos u oficinas de los funcionarios, además de que debe izarse en un lugar destacado del municipio y visible de forma permanente.

El escudo

“El escudo del municipio es una representación emblemática de la ciudad de Caracas, de sus próceres, de sus recursos naturales, de su cultura e identidad sociohistórica más importante, que han determinado el desarrollo de la vida de la comunidad del municipio”, dice la ordenanza.

Consejo Municipal de Caracas

Las características señaladas por los concejales son:

“a. Un escudo dorado: con la forma ascendente en su parte superior como indicativo de su constante crecimiento;

b. Una cinta roja en la parte superior: con la frase de nuestro Himno Nacional «Seguid el ejemplo que Caracas dio», donde reposan dos aves: a la derecha un gonzalito y a su lado izquierdo una guacamaya;

c. La figura del Libertador Simón Bolívar: insigne caraqueño que amó con profundidad su ciudad natal y por lo tanto es el mejor ejemplo que debemos tomar las mujeres y los hombres que habitamos en ella;

d. La figura de una mujer afrodescendiente: representando el indudable coraje de la mujer venezolana;

e. Un hombre indígena: de mirada guerrera y firme, representando nuestras raíces y luchas. Todos mirando con decisión a la izquierda en un fondo azul como lo es siempre el cielo caraqueño;

f. Waraira Repano: majestuoso cerro;

g. La espada de Bolívar: realizada con oro, brillantes, plata y demás piedras preciosas, que la municipalidad del Perú le regalaría en 1825 al Libertador Simón Bolívar como agradecimiento a su lucha independentista;

h. Lanza que se mezcla con la planta llamada Pira: ícono de nuestra capital por ser un alimento ancestral;

i. Una cinta roja en la parte inferior con las victoriosas fechas 1810, 1811, 1989 y 2002;

j. Estrella roja de la revolución  bolivariana: rompiendo por completo las cadenas de todo intento de yugo o dominación”.

El himno

“El himno municipal es la composición musical y poética, de carácter solemne, que representa la cultura, la historia e identifica la ciudad de Caracas, cuna del Libertador Simón Bolívar, y de los movimientos independentistas latinoamericanos”, señala.

Llamado Caracas vencerá, quedó compuesto de la siguiente forma:

Coro

Caracas, capital de Venezuela

Ejemplo de lucha y libertad

Cuna de Simón Bolívar

Caracas, la que siempre vencerá

I

Waraira Repano majestuoso

Caribes de coraje y dignidad

Apacuana, Tiuna, Carapaica.

Guaicaipuro, ejemplo que perdurará

19 de abril, 5 de julio

Fechas sublimes del honor

Caracas, corazón de independencia

Fuego patrio de la redención

Coro

II

Nuestra historia, su presente y el mañana

Es la fuerza de este pueblo vencedor

Rompiendo las cadenas coloniales

Ejemplo que Caracas dio

Compañeros de cantos y labores

Marchemos el camino de la unión

Levantemos en alto las banderas

¡Caracas, fuerza de revolución!

Coro

III

En Caracas 27 de febrero

Nuestro pueblo a la calle se lanzó

Al pasado jamás regresaremos

Marcharemos al redoble del tambor

Pueblo cimarrón en resistencia

¡Aguerrido luchador!

Miranda, precursor de independencia

Simón Rodríguez, maestro del Libertador

Coro

Caracas, capital de Venezuela

Ejemplo de lucha y libertad

Cuna de Simón Bolívar

Caracas, la que siempre vencerá (x3).

Imposición inaudita

Carlos Julio Rojas, coordinador del Frente Norte de Caracas, dijo que es inaudito que la alcaldesa chavista Carmen Meléndez y el Concejo Municipal de Caracas eliminen los símbolos históricos de la ciudad. “Como el león del escudo, imponiendo bodrio con una estrella roja comunista, también cambiaron la bandera y el himno”, manifestó.

Occhino calificó de insólito que los concejales de la Mesa de la Unidad Democrática durante la gestión de Jorge Rodríguez en la Alcaldía de Caracas hayan aprobado el cambio de símbolos en primera discusión. Esa acción, afirmó la concejal, dejó a la ciudad “huérfana” al suspender el uso de sus símbolos originales.

Se espera que la votación final ocurra el 18 de abril con el objetivo de que se presenten de forma oficial el 19 de abril, fecha patria.

¡Zarpazo a los símbolos de #Caracas!

Este es el escudo y la bandera aprobado por ediles de #Libertador socabando la identidad de la ciudad.

Como primera fuerza opositora de la capital del país condenamos rotundamente esta violación a la idiosincrasia de todos los caraqueños. pic.twitter.com/ZCW1iHILeb

— Mayerling Occhino (@MayerlingLapiz) April 13, 2022

13/04/2022:

https://www.elnacional.com/venezuela/el-chavismo-planea-cambiar-la-bandera-el-escudo-y-el-himno-de-caracas

ESTOS SON LOS ERRORES DEDISEÑO DE LOS SÍMBOLOS DE CARACAS IMPUESTOS POR EL CHAVISMO

Anaisa Rodríguez

Luego de que este miércoles se conoció que la mayoría chavista del Consejo Municipal de Libertador aprobó cambiar los símbolos de Caracas, el león, el himno y la bandera; el politólogo Guillermo Tell Aveledo explicó que fueron diseñados sin cumplir con reglas clásicas de la heráldica y la vexilología.

Así lo dejó saber en una serie de mensajes en su cuenta Twitter, este jueves, en los que destacó que estos nuevos elementos buscan «partidizar» la historia de la capital al negar hechos importantes como las protestas que anteceden a la independencia, la Generación del 28 y el 23 de enero: «Solo está la narrativa de la revolución bolivariana».

«Se quiere decir que la bandera vinotinto con el escudo de Santiago de León de Caracas y la plegaria a la Virgen María es un emblema colonial. Parcialmente, en tanto que la historia de la ciudad contiene eso. Pero el nombre indígena del valle permaneció como elemento principal».

En este sentido, Aveledo rechazó que el chavismo pretende defender una idea de la democracia participativa y se aprovecha de la representación que tiene en el Consejo Municipal, cuando en realidad, no hubo ningún tipo de consulta a quienes habitan la ciudad: «ni en un referendo, ni a nivel comunal, las autoridades municipales son lo que son, pero tienen el pese del bajo reconocimiento y débil legitimidad».

Pero el asunto va más allá, los tres símbolos aprobados no fueron correctamente diseñados, por lo siguiente:

1. «El escudo es heráldicamente complicado y difícilmente reconocible a distancia porque las letras negras sobre las cintas rojas no son fáciles de leer;

2. Las aves que descansan sobre el escudo como timbres parecen ornitológicamente correctas, por lo que parecen simplemente superpuestas, y en una escala que las minimiza. Se suele hacer distinto ya como soportes o timbres;

3. La forma del escudo tiene ese pico central solo para incluir la pluma del cacique (en un anacrónico tricolor) que no es una forma clásica. Y no tiene partición;

4. Los colores de las tres figuras humanas rompen la regla de los esmaltes y metales. Lo mismo que la sección de la cordillera mostrada; que tiene un problema adicional: no es estilizada heráldicamente;

5. La bandera, de Víctor Rodríguez y Carolina Jiménez, comparte ese problema de la cordillera. Se mantiene un cerro y un cielo casi fotográfico, sin la estilización ordinaria. ¿La puede reproducir un niño en un Kinder con papel lustrillo?;

6. Además, las banderas usan colores planos. No usan sombras ni degradados. Ya sean colores tradicionales o revolucionarios;

7. La partición de la nueva bandera caraqueña, con un triángulo en el centro, que parece evocar a la bandera del estado Mérida, (que es estupenda)… Aquí la estrella es blanca, y roja, lo que presumo corresponde a la estrella de Caracas dentro del tricolor nacional; eso debilita el carácter único que tenía la bandera caraqueña con el escudo de Santiago de León. Era distinta, y anterior, a todas las banderas regionales.

«En suma, aparecen como símbolos parcializados históricamente, impuestos y no consensuados, y especialmente, diseñadas sin atención con las reglas ortodoxas de la heráldica y la vexilología. Serán siempre polémicas, y quizás ese es su sentido», agregó Aveledo.

«Son unos ignorantes»

El cronista de Caracas, Guillermo Durand condenó este miércoles el cambio de los símbolos de la ciudad, pese a que aseveró que esto no es nada nuevo porque el chavismo empujaba la idea desde que Juan Barreto era alcalde entre 2004 y 2008.

«Son unos ignorantes que quieren de alguna manera manipular al caraqueño, tergiversando lo que ha sido su historia sobre el supuesto de que han habido sectores de la población que fueron invisibilizados como fueron el indio y los esclavos negros. No, porque por ejemplo en el himno de Caracas, la letra habla de la Ciudad del Indio, la Ciudad del Negro, la Ciudad del 19 de Abril y es una síntesis de la ciudad de Caracas, entonces dijeron eso de manera infame», fustigó en entrevista concedida a ND.

14/04/2022:

https://noticierodigital.com/2022/04/estos-son-los-errores-de-diseno-de-los-simbolos-de-caracas-impuestos-por-el-chavismo/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY