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domingo, 16 de marzo de 2025

Lectorando

DEL USO Y DESUSO BIBLIOTECARIO

Luis Barragán

En “El brutalista” de  Brady Corbet (2024), aparece una remodelada biblioteca que bien disgustó a su dueño, Harrison Lee Van Buren, representado por Guy Pearce, cuyo hijo quiso darle una sorpresa que, no faltaba más, realmente lo fue. Y es que, con el diseño del arquitecto László Tóth, el pobre inmigrante judío encarnado por Adrien Brody, los libros desaparecieron de la sala para sólo privilegiar al único que se lee en medio de un espacio absolutamente limpio y despejado.

Claro, no sabemos cuán inédito fue el diseño del lugar para una meritoria película, pero lo cierto es que nos disgusta por motivos diferentes a los del inescrupuloso multimillonario que lo celebró meses después que sus amigos ponderaran el valor de la novísima estancia. Tenía el dueño de casa, entre varias aficiones, la de coleccionar ediciones príncipes, aunque prefería una estantería convencional, una vitrina para la exhibición de sus trofeos, otra referencia para sus reuniones sociales, incluyendo la de sus negocios más confidenciales, siendo el dinero un principalísimo oficio en lugar del cultivo de alguna inquietud intelectual.

Entonces, es comprensible el enfado del propietario en cuestión, pues, no lee por placer, además, equipado por los típicos prejuicios raciales de la época, sintiéndose dueño del mundo por su excesiva riqueza, otras serían sus distracciones. E, igualmente, convengamos, el trazado estético que quita de la vista los libros, aunque los resguarda mejor frente al polvo y los ladronzuelos que le tienten un tomo exquisito, no responde a un usuario que preferiría serlo en la intimidad del hogar y, sin que necesariamente fuere un lector profesional, podría encontrar acomodo en otros ambientes apropiados y cálidos para leer, como la propia alcoba, en lugar del solitarísimo, imperturbable y frio salón circular.

Inevitable comparar la versión del arquitecto Tóth con el más reducido espacio de libros que reporta “Aún estoy aquí” de Walter Salles (2024), a todas luces una importante y sentida área de trabajo y de recreación de una pareja de universitarios políticamente comprometidos, además, un fumadero estelar para las conversaciones más divertidas y las rigurosamente serias. Seguro, conformada espontáneamente, marca la distancia entre las bibliotecas de uso y las de desuso.

Entre una y otra modalidad bibliotecaria, la diferencia estriba en el impecable orden, la extrema pulcritud, la vistosidad de los títulos a veces ampulosamente reencuadernados, la perfecta alineación de volúmenes, en los espacios que hacen el protocolo hogareño, empleados de vez en cuando. Al contrario, la biblioteca casera que es trillada frecuentemente, sufre constantes recomposiciones de acuerdo a los intereses de su lector principal, goza del indispensable confort para quien la trabaja hasta altas horas de la noche, dispone de recursos manuales o digitales de apuntación, es motivo de encuentros cordiales y hasta refugio musical y cinematográfico.

Los amantes del feng shui, nada pueden hacer con la biblioteca de uso siempre en trance de lo que es una perpetua mudanza. Por lo demás, suele ocurrir, el bibliotecúmeno disfruta de la rotación de sus ejemplares, so pretexto de una limpieza que le permite redescubrirlos con la secreta e inacabada ilusión de una propuesta personal.

Quizá en las décadas venideras, completamente liberada del papel, la precursora biblioteca de Van Buren parecerá superior a la de Marcelo Rubens Paiva, el exdiputado brasileño de Salles bajo desaparición forzosa, pues, con el absoluto predominio de los formatos digitales,  cabrán los innumerables libros en un dispositivo que dispondrá de otros para proyectarse en las paredes, expresarse a través de un mecanismo alterno para vivir la obra virtualmente, o, como reportó Stanisław Lem en su “Congreso de futorología”, disponer de gaveteros para las pastillas del conocimiento.  Esto es, la biblioteca como una experiencia farmacológica.

Imágenes: La inicial, tomada de las redes y, la siguiente, capturada en pantalla: 

https://www.youtube.com/watch?v=uUkAia5pk8s

17/03/2025:

https://opinionynoticias.com/opinioncultura/42621-del-uso-y-desuso-bibliotecario

domingo, 16 de febrero de 2025

Cine virtuoso

AÚN ESTOY AQUÍ

Luis Barragán

En medio de las actuales y consabidas circunstancias, tuvimos ocasión de ver y admirar el filme “Aún estoy aquí” (“Ainda estou aquí”) del brasileño Walter Salles (2024). De entrada, podemos declarar formalmente que hemos visto cine, cosa que no ocurre con frecuencia, o, al menos, con la frecuencia deseada en Venezuela.

El caso de la desaparición forzosa de un exparlamentario, permite la versión sentida, inteligente y sagaz de un realizador que no requirió de episodios escabrosos para transmitir en su exacta dimensión la tragedia.  Además, ha contado con un extraordinario elenco de actores, destacando Fernanda Torres y su madre, Fernanda Montenegro, para pincelar al Brasil de la violación de los derechos humanos en el contexto de un continente que estuvo plagado de terribles dictaduras, sobreviviendo otras de una rara estirpe.

Más de medio siglo después de ocurrido un caso particular, entre centenares, vuelve a escena el problema de la memoria. Gracias a la novela de Marcelo Rubens Paiva, hijo del otrora diputado Rubens Paiva, ahora, llevada al cine, mantenemos viva la inquietud en torno a un problema que ha de interrogar a todos, aun no siendo el venezolano del siglo XXI nunca antes sospechado.

Para quienes no somos especialistas en materia cinematográfica, apenas, aficionados que ya no pueden pagarse con regularidad una cómoda butaca, nos ha impactado profundamente la obra, descubriendo a Salles.  Por lo demás, un modo, una perspectiva y, en definitiva, un discurso que es el de la estupenda experiencia estética que nos permite abordar y sentir con urgente hondura una realidad que clama a los cielos.

Imperdible, ciertamente imperdible. Y, al mismo tiempo, veamos a la cámara, estamos en escena.

16/02/2025:

https://www.lapatilla.com/2025/02/16/luis-barragan-aun-estoy-aqui/ 

La reconstrucción del Estado

DISOLUCIÓN JUDICIAL: AUDITORÍA DE UN PROCESO Luis Barragán En nada debe extrañar que el proceso de disolución social en Venezuela, adver...