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lunes, 6 de junio de 2022

Valores y disvalores

ÉTICA DE LA IRRESPONSABILIDAD

Luis Barragán 

Desde muy antes de declarada la pandemia, el régimen tendió a confinarnos en casa por las deplorables condiciones económicas que impedían el uso regular del transporte público y el propio desempeño de la burocracia estatal, por ejemplo, forzando los días de asueto. Legitimando los propios actos de irresponsabilidad del poder establecido, no fue posible que la opinión pública tratara del asunto, censurada y bloqueada, impedida de valorar una situación sin precedentes.

            El Estado proveerá, fue la consigna implícita aún generalizada la convicción de una renta petrolera insuficiente para cubrir las necesidades más elementales de una población a la que se le destierra y expatria de una manera u otra, así permanezca en el territorio nacional. Lo cierto es que hemos sido víctimas de un deliberado proceso de desaprendizaje cívico que nos hace éticos e inmorales a la vez, morales pero antiéticos, o todo lo contrario, siguiendo la conseja oficial; supeditados a los propósitos volubles y utilitarios, circunstanciales y acomodaticios, oportunistas y feroces de los prohombres del poder que no encuentran todavía una respuesta contundente en la sociedad civil organizada y su expresión más especializada en el bien común: los partidos de la oposición, condición ésta indispensable para definirlos como tales.

            Precisamente, la cosmética de la usurpación encubre la inexistencia práctica del principal partido de gobierno que, al confundirse con el Estado, se ha convertido en una dependencia más que deriva en una radical, extensa y bien presupuestada secta religiosa que quema incienso en los altares de un culto a la personalidad, por mucho que le mienta con desenfado y hasta sentido recreativo.  El cultivo de una ética voltaria, móvil y trepidantemente delictiva, es la que ha permitido mentir en torno a los servicios de salud, agradecidos los contratistas que multiplicaron los módulos vacíos y desequipados que tienen por prisioneros a los precarios médicos cubanos por lo que pagamos directamente al Estado cubano; o idear términos como “tancol”, poblando de eufemismos la cruda realidad de un territorio subastado entre las fuerzas terroristas que tienen por único deber darle soporte armado a los miraflorinos, cuando y como lo requieran.

            Nuestra experiencia con el Covid-19, ha sido la de la censura y persecución de galenos, pero también la de un irrespeto a la convivencia, la indisciplina y  la apuesta a los dados de la vida misma, propensos a la depresión y el suicidio por motivos que van más allá de la pandemia, incumplidos con el más elemental deber de usar el tapabocas en un vecindario o en una unidad del transporte público. La tendencia no niega las extraordinarias demostraciones de entereza y desprendimiento que permitieron sobrevivir a muchos, pero las condiciones persisten, por una parte, desinformados, frecuentemente desasistidos, encarecidas las consultas y equipos médicos, crecientemente dolarizados los productos farmacéuticos, fortalecida la cultura de la muerte; y, por otra, en contraste con  latitudes ajenas, imposibilitados de evaluar esa experiencia, faltando hasta los boletines epidemiológicos, que nos alejan de esa ciudadanía social cosmopolita sobre la cual reflexionó Adela Cortina al transcurrir la pandemia, por cierto, enlazando el populismo de Maduro Moros con el ibérico de Podemos y Vox (“Ética cosmopolita”, 2021).

               Una ética de la irresponsabilidad, fundada en las emociones corrosivas, como la del socialismo del siglo XXI, orquestada por distintos especialistas al compás de sendas campañas propagandísticas y publicitarias, requiere para enfrentarla de una inicial, urgente y activa reivindicación de la memoria gracias al testimonio heroico que hemos rendido en más de veinte años de un combate cívico, pacífico, espontáneo y desarmado ante el régimen.  No es el de la enfermiza reminiscencia de los viejos esplendores, convencidos que “la añoranza nacional, en cambio, es una fatiga ética”, como sentenciara Elisa Lerner (“Carriel para la fiesta”, 1997).

            Fueron numerosos los médicos y enfermeros,  como estudiantes de ambas disciplinas, los que voluntariamente se organizaron y conocieron con el emblema de las cruces verdes, azules, naranjas o amarillas, al tomar la iniciativa de riesgo en las masivas protestas de calle, socorriendo a los heridos y caídos en medio de la peligrosa y  desigual refriega con los policías y militares represores, perdiendo la vida misma como Paul Moreno, en 2017. Significa redescubrir el valor de la solidaridad real, eficaz y activa, como ocurrió con las víctimas del deslave de Vargas en 1999, que el propio Chávez Frías desconoció, desalentó y neutralizó al imponerse captando y canalizando exclusivamente los enormes recursos provenientes del exterior, temando por una rendición de cuenta los avisos pagados en la prensa local.

            Por supuesto, hay muchos y vigorosos ejemplos de lucha que rescatar, añadidos los dirigentes sociales y partidistas presos o fallecidos, activos dentro o fuera del país,  que han tenido que soportar también el prejuicio y estigma que el oficio gratuita e inmerecidamente suscita, entendida la política como un antivalor, pasando por alto el déficit de conductores políticos reales. Pocos se preguntan sobre la necesaria predisposición a actuar con y por el bien, justa o injustamente, prudente e imprudentemente, disciplinada o anárquicamente, desleal o deslealmente, honesta o deshonestamente, esperando por un milagro de redención.

         Padecer es un valor sublime y liberador del cristiano, observó  Nicolai Hartmann (“Ética”, 2011), pero la usurpación agota todos esfuerzos para que se traduzca en una experiencia aniquiladora, tratando que los familiares abandonen al propio preso político, fatigados y desmoralizados por la incertidumbre del proceso judicial o el cambio arbitrario del sitio de reclusión. Toda ética de la irresponsabilidad, justifica la lejanía o desintegración de cualquier núcleo humano, y al beneficiario de una cuenta en algún paraíso fiscal, poco le importa la desmembración familiar, reduciendo a muy pocas y confiables personas los placeres que le toca – en justicia, asegurará – vivir.

           El sistema dominante tiene un par de disvalores que les son fundamentales, buscando desprestigiar el ahorro, de suyo  imposibilitado por la perpetua inflación y los costos del mismo servicio bancario asediado por el Estado; además, inútil sacrificio el de educarse para la realización personal, abiertos otros y muy dudosos caminos para el ascenso social. En todo caso, nadie puede albergar confiado un proyecto de vida, con metas claras y aún realistas, porque tampoco habrá otros proyectos políticos e ideológicos que compitan con el que hegemónicamente realizan desde el Estado, por muy simplista y maniqueo que fuere, incompatible con todo esfuerzo y destreza de valoración y argumentación que los actos de fuerza desconocen.

Fotografías: LB, Montalbán (Caracas, 03/06/2017). 

07/06/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/etica-de-la-irresponsabilidad/

A manera de confesión

ELISA LERNER: NO ES NECESARIO HABERSE ACOSTADO CON UN HOMBRE PARA AMANECER CANTANDO

José Pulido (*)

Una de mis amigas más queridas y admiradas: Elisa Lerner. Aprendí mucho leyéndola y escuchándola. Hace 39 años le hice la primera entrevista. Publico tres fotos -con el perdón de sus autores que no pude ubicar- mostrándola en tres épocas de su vida. Manuel Puig también fue un gran amigo. Creo que ella y Manuel son como almas gemelas de la literatura. Publico esto hoy como homenaje a esa gran escritora nuestra, de voz irónica, insustituible y trascendente.

En el ascensor que sube hacia el apartamento donde vive Elisa Lerner podrían asesinar a una mujer vestida de negro y el único testigo sería un perrito pekinés que estaba por allí con los ojos sin brillo, tratando de oler en las paredes la vieja fragancia que dejaron los equipajes de 1940, cuando en este edificio funcionaba un hotel.

(Es un ascensor de esos que tenían rejas de hierro, pintadas de verde, que abrían como un abanico, a través de las cuales una mujer vestida de negro, la tela brillante pegada al cuerpo, trataría en vano de pedir auxilio mientras se escuchaban los pasos apresurados por las escaleras de mármol del hombre con su navaja. El ascensor no funcionaba: los botones se quedaban hundidos, y allí estaba el asesino de respiración agitada sonriendo, porque el perrito pekinés se orinaba acurrucado mientras ella golpeaba desesperada los anestesiados botones).

—La literatura es de una doméstica universalidad o de una universalidad doméstica... — dice Elisa Lerner, quitándose los lentes de la cabeza, vestida para salir, pero lista para quedarse frente a su máquina, y un termo de café que se va enfriando porque fue comprado allá abajo, en el cafetín de la cuadra.

Elisa regresó hace poco del IV Congreso Interamericano de Escritoras que se realizó en Ciudad de México del 3 al 2 de junio. Allí estuvieron también las escritoras venezolanas Elizabeth Schön, Antonieta Madrid, Angela Lago y Mariela Romero.

El Congreso se llevó a cabo en el antiguo Palacio de la Medicina, donde una vez ahorcaron a una mujer: allí funcionaba la inquisición, y Elisa Lerner dice que “todavía la mujer vive bajo cierta inquisición”.

Ha sido la primera vez que este evento se efectúa en un país latinoamericano: los dos primero tuvieron como sede Estados Unidos, y el tercero se desarrolló en la Universidad de Ottawa en 1978.

Menos miedo

“Allí se trataron temas muy interesantes, y se notó que la mujer tiene ahora menos miedo a escribir prosa”, señala Elisa Lerner, quien dirigiéndose al reportero gráfico le pide “sácame de perfil para no salir fea... cuando una sale fea se pierden lectores”.

Tiene un sentido del humor que parece una espada de dos filos. Elisa Lerner es básicamente un triunfo vestido de mujer, que suena como una alcancía llena de derrotas y anhelos infantiles.

—¿Por qué dice que si sale fea no la leen?

—Mentiras. Sigo usando crema Ponds...

Juega con sus pulseras y dice luego: “En el Congreso de Escritores pudimos conocer a mujeres muy valiosas como Margo Glantz y Elena Urrutia. El propósito, como lo señala la programación, fue contribuir al estudio y al conocimiento de las características específicamente femeninas en nuestra literatura. La mujer ha estado tan postergada, que necesitó ser poseedora de una literatura femenina, pero cada día hay menos temor a expresarse, y un día la literatura será una sola, sin sexo, como decían ingenuamente nuestras poetisas de los años 40”.

—¿Algún ejemplo de esa fusión?

—Hombres como Manuel Puig hacen la literatura específicamente femenina –explica.

Habla del Congreso, comentando que allá se dijo una cosa importante: las mujeres están contaminando la literatura mundial.

—¿Por qué?— se pregunta, y se da la respuesta frente a una alta ventana, por donde entra una mariposa fea que da la vuelta y regresa a la calle. “Hoy ya no interesa el género sino el lenguaje, la escritura en sí: la mujer escribe poco argumento, más bien monologa, deja de lado el argumento, y eso lo están haciendo ahora los hombres”.

Se aparta un poco de la conversación, para contar que ahora escribe a máquina y se siente como si hubiera aprendido a cocinar. Se cuida menos al escribir y es más verdad lo que sale. Se cree más eficiente utilizando la máquina.

— Me siento más alegre, con más jubilo, y pienso que la mujer debe escribir con alegría. No es necesario haberse acostado con un hombre para amanecer cantando.

Ante una pregunta sobre la problemática social de la mujer, Elisa Lerner opinó que “la mujer escritora no se ha dado cuenta de ciertos problemas porque las escritoras han salido generalmente de la clase alta y de una clase media con un poco de suerte. Yo espero que alguna vez una mujer de servicio publique su diario, y una obrera sus cartas. La mujer no ha dicho todavía en la literatura todo lo que tiene que decir”.

En el Congreso de Escritoras de México, surgió una frase: “Los hombres se cogieron el texto y dejaron lo textil para mujer”.

Elisa Lerner respondió ante eso:

—El hombre ha sido dueño de las técnicas. La mujer escribe como si estuviera bordando, laboriosamente, con matices y mucha ironía. La épica fulgurante es más del hombre, quien ha necesitado de lo épico. Nosotras somos más modestas. El hombre ha podido observar y dominar al mundo, la mujer ha espiado. Por eso el chisme, que es un susurro malicioso y resentido, porque la mujer no ha podido hablar en voz alta.

—¿Qué contienen las carteras de las escritoras? —una pregunta superficial para Elisa, quien se divierte diciendo cosas irónicas, profundas y juega, como si el día le hubiese deparado un fugaz pasatiempo para la soledad.

— Es verdad. ¿Qué contienen? Te confieso que no me llevo la máquina de escribir, pero siempre cargo el humectante.

—¿Es más importante el estilo que el tema?

—Creo que no existe el tema; el tema es el hombre, es una forma de existencia. Creo en la escritura. Esa palabra, estilo, me parece ampulosa, como decir “tengo un paraguas verbal”.

—La gente cree que un escritor con varios libros, como Elisa Lerner, gana mucho dinero...

—Sí, hay quienes creen que somos ricos, pero yo creo que soy la única judía pobre de la cultura venezolana. No se puede vivir de los libros, pero la pobreza del escritor no es una pobreza triste, porque no necesitamos tanto dinero, sino tiempo y papel.

Explica que no tiene claro si es más importante escribir o vivir. Prefiere vivir “pero con un poquito de miedo”.

— Esperar los domingos para las páginas literarias y enfrentarse a las relaciones con los editores es terrible.

En el Congreso de Escritoras se planteó también una variante literaria, donde la mujer se expresa sobre su cuerpo de una manera distinta, porque siempre las definiciones eran masculinas.

—En realidad, la literatura será una sola —repite— y hoy deseo que los escritores tengan tiempo para escribir. Quisiera a veces robar el ocio de las señoras que salen en crónicas sociales, para regalárselo a los escritores.

El primer tema del Congreso de Escritoras fue “Ochenta años de literatura”. Antonieta Madrid intervino en la sesión plenaria donde se habló sobre literatura femenina y sociedad. Elisa Lerner y Elizabeth Schön hablaron en varias plenarias y también lo hicieron en la clausura, cuando se discutió respecto a las aportaciones transformadoras de la mujer a la literatura del siglo XX.

—¿Sabes que en México me conocían por los trabajos del Sádico Ilustrado? La verdad es que le debo mucho humor a Pedro León Zapata y bastante de mi disposición al trabajo literario a Juan Liscano, quien ayudó a mi generación a escribir en El Nacional —dice de pronto.

La autora de obras de teatro y narraciones como “Yo amo a Columbo” y “Una sonrisa detrás de la metáfora”, adelantó que escribirá en la revista Zona Franca, una sección “chismosa” y actualmente trabaja en soliloquio: “Lágrimas de cocodrilo”.

A manera de confesión dijo que el congreso la motivó para seguir escribiendo teatro: “estoy alegre y viva”.

En el ascensor verde tampoco había una mujer muerta, pero en su cubo interior, de bendito aluminio sin espejo, un perfume femenino impregnaba los botones. Todos estaban fundidos.

(*) Estimados Amigos: El pasado 6 de junio la escritora Elisa Lerner cumplió 88 años y debido a eso compartimos con ustedes la entrevista que José Pulido le hizo en 1981. Le agradecemos al escritor José Pulido que nos haya cedido esta entrevista para compartirla con todos ustedes y le damos la bienvenida a este espacio donde esperamos que se encuentre a gusto. Ahora disfruten de la entrevista. El Nacional,  16 de junio de 1981.

Fotografías: Roberto Mata,  y el resto Grupo Lipo, incluyendo a Manuel Puig. 

09/06/2020:

http://grupolipo.blogspot.com/2020/06/elisa-lerner-no-es-necesario-haberse.html 

domingo, 5 de junio de 2022

Yo amo a #Elisa90años

DE UN MODESTO TRIBUTO A #ELISA90AÑOS

Luis Barragán

De ella, supimos desde principios de los años ochenta del veinte que ayudó a caracterizar. Frecuentado el Papel Literario de El Nacional, conocida por sus incursiones en El Sádico Ilustrado, pronto nos familiarizamos con Elisa Lerner para una relación lectora de retazos que viene de lejos, siendo otro nuestro oficio.

            No fue necesario siquiera amar el teatro, para enterarnos de su existencia. Ocurría al igual que en las otras áreas del quehacer social, pues, hubo deportistas, criminólogos, expertos petroleros, novelistas y hasta delincuentes famosos que no requerían de una previa presentación, gracias a una mayor y libre dinámica de los  medios de comunicación.

            Inadvertidamente, recurrimos cada vez más a sus crónicas en el intento de explicarnos el país, en y desde el país mismo con su rutina reveladora, iniciada la centuria. País traducido a una cada vez más fea realidad que alguna vez la creímos imposible, bonancibles y vanidosos, respirando profundamente las sospechas de una década muy nuestra, intransferiblemente nuestra que prefirió el meridiano de Miami al de Greenwich, persistiendo la ilusión petrolera al ritmo de los concursos de belleza y, aunque es recurrente en Elisa la idea de la gula infinita de los políticos, ciertamente hundidos en el caos hasta que nos sorprendió el fenómeno dislocador  del chavismo, a falta de una mejor y más exacta denominación.  

            Se esforzó por hacer memoria de la ciudad en la que se midieron Oly Clemente y Yolanda Leal, o por denunciar aquella terca convicción de la mujer que nada era sin casarse a tiempo. Pasión dispersa, celebró a un famoso detective de la televisión que no necesitaba sobornar a nadie para realizar un trabajo que lo tenía más bien como un hábil e inteligente periodista que como un policía resignado a la rutina, declarando desinhibida y  públicamente su amor a Columbo.

            Hoy, arriba a noventa años de edad Elisa Lerner y ojalá hubiese sido otro el contexto para celebrarlo, entregado su ejemplo creador a las nuevas generaciones.  En todo caso, ella misma constituye un llamado a preservar la vieja memoria, pero también la nueva, la de estos amargos tiempos  que, superados, irresponsablemente todos vamos a querer olvidar.

06/06/2022:

http://opinionynoticias.com/opinioncultura/37356-elisa-lerner

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY