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miércoles, 17 de diciembre de 2025

Todos los meses de Julio

JULIO CÉSAR MORENO: CÉNIT DE AMOR POR VENEZUELA

Abdón Vivas Terán

Escribimos este ensayo a un mes del fallecimiento de un noble compañero de luchas y combates cívicos: Julio César Moreno. Este texto consta de tres partes. La primera y la última parte la dedicamos a una sencilla elegía en su memoria y la segunda la dirigimos a comentar, junto a nuestros amables lectores, cómo surgió nuestra fraterna amistad y cómo se enmarca armoniosamente en el complejo universo de las divergencias político-ideológicas que afloraron hacia el interior de la Juventud Revolucionaria Copeyana, durante la década de los años sesenta del siglo xx. Este acontecimiento tuvo un dinámico y sustancial impacto en la historia de las ideas políticas en Venezuela, en la acción militante de los social cristianos, en el estilo de gobierno democrático y en el espíritu de las siguientes generaciones democráticas.

Deseamos, además, señalar que la primera y la segunda parte de este ensayo conservan el formato que utilicé para que sirvieran de fundamento a las palabras que pronuncié durante el acto celebrado, el 27 de noviembre pasado, por el Consejo Superior de la Democracia Cristiana, que fue un acto de honor en reconocimiento de los aportes que Julio entregó con absoluta generosidad a la lucha cívica, popular, democrática y social cristiana a la cual dedicó toda su vida.

Comienzo diciendo que sigo embargado en la tristeza y el dolor. Nuestro grande y querido hermano Julio Cesar se nos ha ido de viaje, súbita e inesperadamente, hacia la Jerusalén Celestial. Todavía mi corazón no se recupera del impacto doloroso causado por su fallecimiento.

Fue una vida plena de fraterna y cercana solidaridad desde que, siendo apenas unos jóvenes muchachos, nos conocimos al calor de la lucha estudiantil, liceísta y universitaria, de comienzo de los años sesenta. Compartimos ideales, sueños, proyectos dirigidos a la transformación estructural de la nación que amamos, propuestas para acercar el amor y la esperanza a toda la comunidad venezolana. Hablamos con frecuencia a través de muchas décadas y hace apenas algunos días, concretamente el 18 de octubre, tuvimos la suerte de hablar por teléfono, conversar, discutir, disentir y luego volver a acordarnos sobre temas políticos y geopolíticos tales como la situación del Régimen, que hoy sigue operando dictatorialmente en Venezuela, y la posibilidad de su reemplazo por la acción eficaz de la soberanía popular.

El primero de octubre lo llamé, además, para darle un fuerte abrazo de felicitación y, en compañía de Yolanda, le cantamos en coro ¡cumple años feliz! Pero la muerte es una gran disociadora impura, tal como la calificó la noble Gabriela Mistral en uno de los poemas que incorporó en su obra Desolación en la primera edición del año 1922. Y esa gran disociadora nos ha separado, pero guardamos tu imagen, tu recuerdo, tus pensamientos, tu acendrada nobleza, y así siempre estarás con nosotros en la esperanza fiel de que compartiremos el encuentro final.

Por eso hoy deseamos decir, otra vez, lo que en anteriores oportunidades hemos expresado: Julio César, fuiste un gran líder, un gran dirigente, un gran organizador. Marcaste bien tu camino como un excelente conductor en todos los peldaños de dirección de la Democracia Cristiana, impulsado por un sólido compromiso político ideológico. Navegaste en todas las latitudes de la tarea parlamentaria durante varios lustros, con profundidad y deseos de servir al Bien Común. Fuiste el paradigma prolífico, audaz y perspicaz de un periodista concentrado en su tarea que analizaba con precisión y rigor, a lo largo de los años, los temas más relevantes de la política nacional y de la geopolítica Internacional.

Todas estas complejas y difíciles tareas las ejecutaste siempre encuadradas en un marco construido sobre cuatro fuertes columnas:

  • Tu esencial identificación con un compromiso político-ideológico sustentado en los principios permanentes de la Doctrina Social de la Iglesia que han sido adoptados por la Democracia Cristiana en muchos países de la tierra. El primero de esos principios, que es, a su vez, la sólida base sobre la que se desarrolla toda la concepción social cristiana de la sociedad y de su evolución y transformación, es el reconocimiento de la dignidad esencial que integra indisolublemente a cada una de las personas humanas que habitamos este planeta. Desde allí se desprende tu búsqueda incesante en la tarea de que la Democracia Cristiana de Venezuela comprendiera que el Ideal Histórico, según la propuesta de Mounier y de Maritain, debería constituirse en el compromiso programático de nuestra organización en la titánica tarea de transformar la sociedad venezolana.
  • Tu entrega decidida al Bien Común de la nación y de su pueblo está inspirada en los valores de un mundo que aspira a crear cada vez más fuertes lazos de vida comunitaria.
  • La corriente cálida y generosa, de prístina y potente amistad, que dirigías a raudales hacia todos aquellos a los cuales nos diste el honor de estimarnos como tus amigos cercanos y solidarios los cuales, por cierto, iban mucho más allá del universo social cristiano.
  • En este mismo campo inscribimos tu tierna y amorosa experiencia familiar con Maru y tus tres hijos Hilda Elena, César Humberto y Julio César Hijo; sólida, intensamente afectuosa e indoblegable.
  • Tu férrea decisión de aportar a la Democracia Cristiana tu talento, tu capacidad organizativa y tu lealtad con independencia de las coyunturas y circunstancias de la vida política en la cual transcurren infinidad de cambios y de ajustes de acuerdo con la marcha de los acontecimientos históricos.

A raíz de la dolorosa noticia de tu fallecimiento algunos compañeros, que hacen filas en nuestras recientes generaciones social cristianas, han desarrollado estupendas y sentidas semblanzas tuyas, Julio César, en las cuales nos presentan una visión certera sobre todos estos aspectos que conforman una personalidad tan compleja como la tuya, querido amigo del alma. Dentro de ellos podemos citar los artículos de Luis Barragán, César Pérez Vivas, Gehard Cartay, Eliécer Córdoba y Marcos Villasmil.

Julio César en la Jerusalén Celestial

Por eso hoy deseamos compartir contigo nuestra íntima fe, así como nuestra esperanza, de que ya estés en el Reino y que una legión de ángeles haya salido a recibirte para que te incorpores con plenitud a las moradas eternas del Padre.

Julio, estás hoy aquí compartiendo con nosotros y en este encuentro tenemos una magnífica plataforma para poder acceder con más claridad aún, que en otras oportunidades, al contenido esencial de las palabras de nuestro iluminado Pablo; por cierto, Julio, tengo la seguridad de que recuerdas en cuántas oportunidades hablamos de sus enseñanzas y de lo mucho que nos habían impactado. Por eso te pido que me permitas citarlo para que todos bebamos de su sapiencia y nos ilumine la eterna esperanza que ellas esparcen. Dice Pablo:

“Y cuando este corruptible se haya vestido de incorrupción, y este mortal se haya investido de inmortalidad entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu victoria? (1ª Corintios Cap. 15; 54.55).

 II

El debate ideológico en la JRC. Años de la década de 1960. Hacia la creación de la corriente de Avanzada

 Pero más allá de estas tristes, esperanzadoras y profundas reflexiones que la lectura de Pablo me ha inspirado sobre tu partida, me he animado a pergeñar, de manera breve, cómo fueron aquellos tiempos en que Julio y yo, entre otros jóvenes militantes, lanzamos la coordenada histórica de crear el movimiento Avanzado dentro de la JRC y de cómo surgió y se robusteció la indisoluble amistad que nos mantuvo unidos durante toda la vida.

Por eso deseo narrarles algunos hechos y coyunturas que ocurrieron en aquellos años en la JRC cuando Julio no era sino un joven liceísta, que empezaba su andadura en el combate político, y yo, un joven universitario, que ya cursaba el tercer año de economía en la amada UCV, y que estaba dando sus primeros y tímidos pasos en la absorbente y multifacética vida política nacional.

En cuanto a cómo fue nuestro encuentro personal, y el comienzo de nuestra amistad, no hay nada especial a lo cual hacer referencia. Basta decir que comenzamos a coincidir en una multitud de encuentros, de conferencias, de eventos, de actividades de la JRC tanto en Caracas como en el interior de la República. Hicimos innumerables viajes por carretera, y en algunos casos incluso a caballo, a las principales ciudades de la República, así como a sus aldeas y pueblos, distritos y municipios, a lo largo y ancho de toda la geografía nacional. En esos viajes conversábamos, explorábamos los alcances de las razones por las cuales participábamos en la política juvenil y social cristiana. Al calor de esas interminables carreteras, en el frío de las madrugadas andinas, en las olas de calor de Bolívar y Amazonas, en las vastas llanuras llaneras, en las orillas acogedoras del Mar Caribe, en las hermosas playas de Margarita, en las tibias mañanas del Lago y en los tórridos caños del Orinoco surgió nuestra amistad, nuestra conjunta identificación de la acción política como una causa de fe, como un proyecto de transformación estructural de Venezuela, como una propuesta para aplicar con justicia el poder del Estado a los cambios políticos, culturales, económicos y sociales que el país requería. Nuestra amistad nació fuerte desde el comienzo y, gracias al Señor, Julio me concedió el privilegio de contarme siempre entre sus amigos queridos hasta el último momento de su vida.

En los próximos párrafos voy a incorporar algunas concepciones importantes que están incluidas en un libro no publicado, que elaboramos Johnny Diaz Apitz y quien escribe, unos años atrás y que denominamos “Historia de la JRC. Una Juventud Victoriosa”.

Este libro constituye una fuente de referencia fundamental para acercarnos, mediante una crónica objetiva y breve, a cómo se gestó y desarrolló la interesante controversia ideológica que tuvo lugar en la JRC fundamentalmente a lo largo de la década de los sesenta del siglo pasado. Por supuesto que los elementos incluidos en el libro que acabamos de mencionar han sido adaptados al lenguaje familiar que utilizamos, reducidos en extensión y simplificados en este ensayo, pero, en lo fundamental, ellos contienen nuestra visión sobre aquellos hechos que constituyeron historia para el universo social cristiano de Venezuela.

El tema neurálgico, me parece, alrededor del cual se desarrolla el proceso de diferenciación entre las corrientes internas de la JRC, estuvo constituido por un esfuerzo notable para precisar sin dejar dudas y para escudriñar minuciosamente cuáles eran las características relevantes que deberían identificar la cosmovisión político-ideológica del Partido Social Cristiano COPEI de Venezuela.

La Cuarta Convención de la JRC, 29-31 de octubre de 1965, fue el escenario ideal para la presentación pública de las corrientes que configuraban en aquel momento la JRC y que se asentaban tanto en la juventud universitaria y liceísta, como en la política global del país. Su anclaje en la juventud era evidente para todos y en cuanto a su impacto sobre la política global se fundaba sobre el hecho de que, siendo todos hombres y mujeres muy jóvenes, comenzábamos a emitir opiniones sobre temas que trascendían la esfera juvenil y se dirigían a señalamientos amplios sobre cuestiones cruciales tales como la naturaleza de la democracia, la construcción de un nuevo orden social, la descentralización y renovación de las estructuras políticas, la lucha contra la marginalidad y la pobreza y el cabal aprovechamiento de los recursos naturales propiedad de la nación.

Una de estas corrientes se denominaba “Los Astronautas” y proponía una visión hacia la izquierda de la Iglesia, se identificada con la Teología de la Liberación, se acercaba a las propuestas del Arzobispo Helder Cámara sobre la justicia social y la liberación de los más pobres. Esta corriente, en el devenir de los años, se fue acercando a la cosmovisión marxista de la sociedad y de la historia.

El nombre de esta corriente, Los Astronautas, nos parece apuntaba certeramente a como se les percibía desde afuera: Lejanos de la realidad social palpitante del país y adscritos de manera ferviente y militante a teorías y doctrinas socio económicas lejanas e inapropiadas para las circunstancias entonces relevantes de la nación. Sin duda, era una visión heterodoxa que pretendía que la Democracia Cristiana reescribiera sus fundamentos sociales, económicos y políticos. Este sector contaba con un conjunto de líderes brillantes y prestigiosos como Joaquín Marta Sosa, Rafael Iribarren, Gustavo Escobar, Juan José Monsant, Oliver Belisario, Otto Maduro, Francisco Parra, Fernando Eurea, Pedro Luis Castellanos, Antonio Barroeta, Germán Arenshburg, etc.

Por otro lado, la corriente conservadora, conocida como “Los Araguatos”, quienes manifestaban una ortodoxia completa y sin excepciones con relación al Partido Social Cristiano COPEI, su liderazgo, su estructura, su adscripción doctrinaria y sus propuestas políticas de gobierno. Claro está que, dentro de estas aceptaciones, se incluía el reconocimiento, seguimiento y acatamiento, sin discrepancias ni reticencias, del liderazgo básico del Partido Social Cristiano a cuyo frente estaba la brillante personalidad de Rafael Caldera quien, para entonces, era el líder máximo de COPEI, como su Secretario General y como candidato en ciernes para las elecciones presidenciales que se aproximaban, y que se realizaron en diciembre del año 1968. Esta corriente incluía un grupo de jóvenes brillantes que, andando el tiempo, llegarían a ocupar posiciones claves en la política de Venezuela, tales como Gustavo Tarre Briceño, Oswaldo Álvarez Paz, Álvaro Páez Pumar, Rafael Peña, Naudy Suárez, Luis Betancourt Oteiza, José Rodríguez Iturbe, Hilarión Cardozo, Eduardo Fernández, etc.

La tercera de estas corrientes se denominaba “Los Avanzados”; a ella pertenece quien suscribe este ensayo y de la cual formó parte muy importante nuestro hermano Julio César. Representaba una corriente heterodoxa en el seno de COPEI y hasta en el más amplio encuadramiento de la política nacional. Su nombre apuntaba a la percepción que se tenía, desde otras esferas del espectro político nacional, así como del propio mundo social cristiano, de constituir un sector crítico con el Partido, con su estructura, con su liderazgo, pero que deseaban ir más allá, avanzar, desde las propuestas reiteradamente doctrinarias de COPEI hacia nuevos horizontes ideológicos; según Los Avanzados el cambio y la revolución había que hacerlos dentro de COPEI, nunca fuera de él.

Esta corriente proponía conducir al Partido hacia una definición más concreta en el plano histórico, basada sobre la concepción del Proyecto Histórico de Maritain, que se expresaba en la creación de un nuevo orden social que denominábamos Sociedad Comunitaria. Este nuevo orden comprendía, entre otros elementos claves, la construcción de una nueva economía, una de cuyas bases era la propiedad autogestionaria o comunitaria, para ir desarrollando desde ella un mundo de solidaridad, así como una sociedad respetuosa de la dignidad de la persona y ganada para el papel fundamental que debe desempeñar en la economía el trabajo como elemento esencial del proceso productivo. Aún más, esta corriente proponía incorporar, dentro de las ejecutorias de los programas de gobierno del Partido Social Cristiano, todos estos elementos claves en el proceso de transformación de la sociedad, tomando en cuenta la realidad imperante en el caso concreto de Venezuela tales como la transformación de la estructura política, la descentralización del poder nacional, la mejor utilización de los recursos naturales de la nación y la participación de la sociedad civil en las ejecutorias del gobierno en ejercicio. Todos estos elementos deberían ser recogidos en los programas de gobierno que, desde esa época, fueran ofrecidos por el Partido de manera que reflejaran aquella amplia visión doctrinal e ideológica.

En esta corriente participó un importante número de dirigentes universitarios, liceístas y del mundo del trabajo, militantes calificados y emergentes, de la JRC tales como Abdón Vivas Terán, Rubén Darío González, Adel Muhammad Tineo, Rafael Domínguez Daly, Julio César Moreno, José Ramón Solano, Milton Granados y Julio César Pineda, entre otros.

Dentro del Partido este sector de “Los Avanzados” estaba en cercanía al liderazgo político de Luis Herrera Campins, Rodolfo José Cárdenas, Valmore Acevedo Amaya y Hugo Briceño Salas, entre otros muy distinguidos dirigentes copeyanos, quienes también estaban en la búsqueda, en aquellas jornadas pletóricas de controversias y esperanzas, de una forma de articular armoniosamente una visión práctica y realizable de la acción política, con los principios y valores de la Democracia Cristiana pero que, además, mantenían con discreción la vista puesta en la posible renovación interna de las autoridades nacionales del Partido.

Dentro de las influencias que enmarcaron y estimularon el debate ideológico en el seno de la JRC en el año 1965, pero en particular los diálogos sostenidos con perseverancia hacia el interior de la corriente de los Avanzados, deseamos señalar el profundo impacto del Concilio Vaticano II y de Encíclicas como la «Mater et Magistra» y la “Pacen in Terris”, emitidas ambas por el Papa Juan XXIII, con fechas 15 de mayo de 1961 y 11 de abril de 1963, respectivamente, y la “Populorum Progressio» emitida por el Papa Pablo VI el 26 de marzo de 1967. A estos documentos debemos añadir toda la copiosa literatura y reflexión recogida en otras encíclicas sociales, desde la llamada Rerum Novarum del 5 de mayo de 1891.

Dada la enorme importancia que, para el mundo cristiano, tuvo el desarrollo del Concilio Vaticano II y, sin pretender entrar a un análisis siquiera somero de la copiosa y relevante documentación que este produjo, cosa que no corresponde al alcance de este sencillo trabajo, si vale la pena recordar que este Concilio Vaticano II fue una trascendental decisión tomada por el Papa Juan XXIII quien lo dirigió a poner en marcha de manera clara, profunda y directa un proceso que permitiera a la Iglesia avanzar en su aggiornamento en todos los terrenos, y en el entorno de la sociedad, en aquellos años de la década de los sesenta del Siglo XX.

En materia de influencias sobre las corrientes en controversia en el seno de la JRC, es indispensable referirse también al aporte clave de pensadores cristianos del siglo XX, -estos materiales impactaron más en las corrientes de Los Astronautas y de Los Avanzados que en la de Los Araguatos-, dentro de los cuales podemos citar a personajes de primera línea como Maritain, Mounier, Teilhard de Chardin, N Berdyaev, G Marcel, Lebret, M.F. Sciacca, Perroux, Lepp, La Pira, Silva Solar y J. Chonchol, Rodolfo José Cárdenas, Lacroix, Folliet, etc.

Otra expresión de las influencias político-ideológicas sobre la JRC debe verse en la producción intelectual de discursos, manifiestos, pronunciamientos, políticas elaboradas por la fuerte corriente de Partidos y de organizaciones internacionales Demócratas Cristianas en especial en Europa y en América Latina, así como la actuación de importantes liderazgos tales como los de Adenauer, Caldera, Frei, De Gásperi, etc.

En el caso de Los Avanzados quisiéramos añadir que concretamos una importante dirección de nuestra línea política, al proponer acercarnos integralmente al movimiento de jóvenes trabajadores y campesinos. De este esquema surgió la fórmula electoral que propusimos para la Secretaría y la Sub Secretaría Nacionales de la JRC en la jornada política que estamos analizando.

Durante el período que analizamos, al comienzo de la experiencia democrática de 1958, la JRC mantuvo su crecimiento y se convirtió en un sólido movimiento estudiantil que asumió la defensa de la experiencia democrática venezolana, surgida a raíz del derrocamiento de la dictadura del General Pérez Jiménez. Para ello no tuvo otra opción que enfrentrar en aulas, auditorios, jardines, cafetines, comedores y pasillos de liceos, institutos pedagógicos y universidades a las fuerzas de izquierda marxista expresadas en la juventud del Partido Comunista y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria quienes habían iniciado, desde el segundo año del gobierno del Presidente Betancourt, una lucha violenta contra las instituciones democráticas.

Esta defensa de la democracia se extendió en varios frentes. En el de las ideas con debates, seminarios, discusiones en clases y en auditorios sobre la pertinencia y validez de las ideas democráticas frente a las obsoletas, atrasadas, e inconvenientes que se derivaban de los principios marxistas. Otro frente de lucha se dio mediante numerosas y multitudinarias manifestaciones, marchas y desfiles juveniles, con preponderancia del mundo estudiantil, en las cuales la JRC se jugaba su papel de expresar con fuerza y gallardía su acerada defensa como agente activo en pro de la democracia, la libertad y el progreso.

Es decir, a la JRC le cupo jugar el papel de defensa de la experiencia democrática en los sectores juveniles del país, en la misma proporción en que las juventudes del PCV y del MIR actuaban, en toda la estructura estudiantil, como los representantes de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), que, apoyados por el Régimen de Cuba, deslumbrados por los sucesos de la Revolución Cubana y, a partir de una interpretación equivocada de la historia en aquella coyuntura de Venezuela, habían declarado una clara hostilidad a los gobiernos democráticos.

El documento Una Juventud para el Cambio, importante producto del universo Avanzado, causó un formidable impacto en el país. Se convirtió en una bandera de debates y de controversias a lo largo de todo el movimiento juvenil en liceos y universidades. Fue elaborado al unísono, pero por varias manos, a lo largo de visitas y reuniones de naturaleza política, mientras transcurría el tiempo de la campaña electoral interna, que concluiría con la reunión en Caracas de la IV Convención Nacional de la JRC. Por eso, el entorno en que tal texto se escribió no correspondía al ambiente apacible de bibliotecas y estudios, sino al ajetreo propio, continuo y extenuante de una campaña electoral. Algunos nombres que participaron en su redacción fueron Julio César Moreno, José Ramón Solano, Carlos Julio González, Adel Muhammad, Rafael Domínguez Daly, Milton Granados, Rubén Darío González y Abdón Vivas Terán, entre otros. El nombre del documento surgió de una propuesta concreta que Julio César nos hizo en una amplia reunión para decidir sobre el tema.

El texto Avanzado se inspiró a partir de dos consideraciones básicas. La primera era de naturaleza estrictamente política. Los Avanzados estimábamos que la democracia, inaugurada en Venezuela a partir de 1958, era una nueva coordenada para el afianzamiento del poder que reside en el pueblo y que este expresa a través del sufragio. Sin embargo, nos parecía que, luego de siete años en su ejercicio, ya habían comenzado a aflorar en la sociedad venezolana una serie de problemas económicos, sociales y políticos que no estaban siendo respondidos con las medidas rápidas y eficaces que sus graves consecuencias demandaban. En la enunciación de tales problemas tenían cabida temas tales como: aumento de la pobreza, aumento de la marginalidad, desigualdades crecientes en la distribución del ingreso, la riqueza y la propiedad, falta de atención a servicios vitales tales como vivienda, educación, sanidad, transporte y recreación, obsolescencia e ineficacia de la centralización del poder que disminuía el papel de órganos como los consejos municipales y las juntas locales, ineficiencia en el uso de los recursos naturales por parte de agentes extranjeros que abusaban de las riquezas minerales y petrolíferas de la nación etc. Concluíamos que la democracia representativa no tenía la potencia para emprender el amplio abanico de reformas estructurales que era indispensable poner en marcha para enfrentar tan vitales asuntos. Había que avanzar hacia otras formas de acción política que la complementaran y completaran.

La segunda consideración que inspira el texto Avanzado de Una Juventud para el Cambio mantiene con claridad una profunda imbricación con el tema doctrinal e ideológico. Se trata de que esta corriente interna de la JRC se sentía plenamente identificada con la adscripción doctrinal que contempla COPEI y que ha incorporado a su lucha política desde el principio mismo de su fundación. Este cuerpo doctrinal es, a su vez, tomado de la Doctrina Social de la Iglesia Católica la cual considera que tales principios deben guiar la conducta de los seres humanos en cualquier tiempo y lugar del devenir histórico civilizado.

Los Avanzados proponíamos, sin embargo, que el Partido estudiara, discutiera y elaborara una propuesta concreta de transformación estructural profunda del orden social que permitiera realizar, -en un tiempo histórico dado y en el cuadro de una situación económica, social y política concreta-, la construcción de una nueva sociedad. El mundo de los Avanzados no entendió nunca por qué razón el Partido no se atrevía a dar ese paso y, por su cuenta, concluyó que era necesario proponerle al partido sus líneas generales para incitarles a tomar decisiones en la expectativa difícil de que aquél aceptase sus planteamientos. Esa sociedad la denominamos Sociedad Comunitaria y la base sobre la cual ella desarrollaría su actividad productiva, le colocamos el nombre de la propiedad comunitaria.

Los Avanzados sosteníamos que la sociedad es comunitaria cuando reposa sobre la existencia de lazos profundos de solidaridad entre sus integrantes. De esta manera todos se sienten parte del conjunto global al compartir sueños, trabajos, ilusiones, tristezas y dolores. Se extiende a todas las comunidades intermedias y propicia sustituir el “tú y yo” por el “nosotros”.

La sociedad es comunitaria, y esto está en clara armonía con el punto anterior, cuando hace del Bien Común su fin propio y específico. Esta sociedad comunitaria es, complementariamente, un norte tendencial para adelantar acciones, políticas y proyectos de transformación. Resulta, en conclusión, que la sociedad comunitaria es el nombre propio y adecuado de la sociedad, que los Avanzados, nosotros jóvenes idealistas, proponíamos construir.

En cuanto al tema de la propiedad comunitaria se produjo un encendido debate alrededor de esta idea. Algunos sostenían que era tan solo un disfraz para ocultar un tipo de propiedad que se acercaba mucho al mismo que se utiliza en las economías capitalistas. Otros sostenían que ese tipo de propiedad era totalmente desalineado, heterodoxo, en relación con el concepto de propiedad privada que brotaba del derecho positivo y desde la tradición cristiana desde hace centurias atrás. Por nuestra parte, los Avanzados procuramos demostrar su legitimidad doctrinal amparándonos en la letra del Evangelio, en los aportes invaluables de la Patrística y en el aporte de pensadores cristianos modernos. Fue ampliamente positivo este trabajo que nos permitió acuñar un concepto de propiedad comunitaria que debería entenderse como aquel tipo de apropiación de los medios de producción en que el sujeto es la comunidad organizada de trabajadores la cual dispone del dominio sobre los activos de la empresa y su hacienda a través de una doble titularidad: la personal y la comunitaria. A partir de la primera cada trabajador obtiene los beneficios derivados de su trabajo, que dejarán de llamarse salario, y que, desde el momento de la puesta en marcha de este tipo de propiedad se reportarían como un mero adelanto sobre los beneficios a percibir por la empresa autogestionaria; estos beneficios los puede dedicar el trabajador, a su sustento, a su ahorro o a la adquisición de cualquier tipo de bienes dentro del marco legal establecido. Por la segunda, cada trabajador tiene propiedad sobre los bienes totales de la empresa y adquiere el derecho de administrarlos y el derecho de decisión sobre las políticas, sobre los temas de mercado y de tecnología de la empresa, facultad que solo podrá ejercerse colectivamente a través de los organismos gerenciales organizados y puestos en marcha por la comunidad de trabajadores en el marco del sistema legal operante en ese momento.

A los amables lectores, que hasta ahora nos han tenido paciencia, deseamos informarles que, si están interesados en ahondar sobre este tema de la propiedad comunitaria y de la creación de una economía autogestionaria, no duden en consultar la obra de Lino Rodríguez Arias Bustamante que lleva por nombre “De la propiedad privada a la propiedad comunitaria”, la cual tiene un prólogo de Abdón Vivas Terán dedicado al análisis del sistema autogestionario de producción, y que fue editada por Monte Ávila Ediciones en Caracas.

Todas estas materias esenciales se exponían en Una Juventud para el Cambio y se referían a la construcción de ese anhelado orden social nuevo, que incorporaba en su núcleo vital el desarrollo de una economía autogestionaria que se apartaba del capitalismo histórico y se presentaba en compañía de una serie de reformas estructurales que deberían ser emprendidas, paralelamente a aquellas, con el propósito de ir acelerando el paso de la sociedad venezolana existente hacia un estadio superior de justicia, equidad, igualdad y eficiencia.

Dentro de estas reformas estructurales el sector de Los Avanzados señalaba las siguientes: Proceso de descentralización del poder, nueva división político territorial del país, reestructuración organizativa profunda de los poderes del Estado, rescate de las materias primas naturales del país para ponerlas a producir en un esquema que promoviera una mejor utilización y provecho para los ciudadanos, nacionalización de la industria y el comercio de los hidrocarburos etc.

Este documento presentado por el grupo de los avanzados ante la IV Convención Nacional Juvenil, fue objeto de un concienzudo y político análisis por parte del Dr. Alfredo Tarre Murzi, quien, el dos de noviembre de 1965, publicó en el diario El Nacional un artículo titulado «La Rebelión Copeyana» donde expresa:

“En la reciente convención de la Juventud copeyana se discutió un documento que tiene todas las reformas de estructuras; ¿qué dicen los jóvenes copeyanos? Piden un cambio de estructuras por todo el cañón. Sin retóricas ni eufemismos. Solicitan una reforma de la propiedad privada, bajo el signo del comunitarismo y el solidarismo. Culpan al capitalismo de la crisis nacional. Piden un parlamento y cuerpos deliberantes que no sean una farsa y una mentira. Reclaman una Revolución que se salga de la teoría, una revolución que haga de verdad la reforma agraria. Piden medidas radicales contra la concentración de la propiedad privada y contra las estructuras arcaicas que frenan el progreso. He allí el esquema de la rebelión copeyana. El duro planteamiento de los muchachos socialcristianos».

Trayectoria de Julio Cesar en el Partido Social Cristiano COPEI

Debemos, ahora, volver a concentrarnos, con brevedad, en la compleja personalidad de Julio César con el propósito de destacar algunas facetas relevantes para acceder a una comprensión general de su elipse vital encuadrada siempre en un gran amor por Venezuela.

Julio César alcanzó, en su trayectoria en el seno del Partido Social Cristiano COPEI, una serie de hitos que lo proyectaron como un muy destacado líder histórico de la generación de 1958; veamos algunos de ellos:

  • Dirigente estudiantil en el Liceo Fermín Toro de la ciudad de Caracas. Siempre actuaba en defensa de la experiencia democrática recientemente establecida en Venezuela en 1958.
  • Secretario Nacional de Educación Media de la J.R.C. designado antes de la realización de la IV Convención Nacional de esta organización.
  • Propuesto por la corriente de Avanzados como integrante del Directorio Juvenil Nacional, que acompañaba a Abdón Vivas Terán y a Rubén Darío González, en la citada IV Convención que se celebró en Caracas del 29 al 31 de octubre de 1965.
  • Corredactor, a varias manos, del Documento presentado por la corriente Avanzada, ante la mencionada Convención de la JRC. el ya mencionado “Una Juventud para el Cambio”. Texto que, como ya referimos, desató un notable impacto en la sociedad venezolana lo que le confirió indubitable perfil histórico.
  • Miembro del Directorio Nacional de la JRC elegido en la Convención de San Felipe, Yaracuy, en 1968, en donde se eligió a José Ramón Solano como Secretario Nacional de la JRC.
  • Elegido Secretario Nacional de la JRC en la Convención Nacional celebrada en el año 1971.
  • En el año 1974 resultó elegido para formar parte del Comité Nacional del Partido Social Cristiano COPEI.
  • El Presidente Luis Herrera Campíns, elegido en el año 1979, tomó la decisión de designarlo en la función de Vice Ministro de la Juventud. Esta tarea la realizó con brillo, honradez, y eficiencia, dignas de tan elevada responsabilidad.
  • En 1984 resultó elegido como diputado por el Estado Trujillo ante la Cámara de Diputados y fue reelecto durante varios períodos. En su primer periodo fue escogido como Presidente de la Comisión de Medios de la Cámara, Comisión que acababa de ser creada, y que estaba a cargo de la defensa de la libertad de información, de medios, de expresión, de opinión, de reuniones etc. Desempeñó una muy significativa tarea durante los años que estuvo al frente de esta crucial responsabilidad. En esta actividad lo acompañaron los queridos hermanos Gehard Cartay y Marcos Villasmil como Vice Presidente y Secretario, respectivamente.
  • En 1993 decidió alejarse del Partido COPEI y acompañar la candidatura presidencial de Rafael Caldera para las elecciones de ese año. La situación interna del Partido COPEI era confusa, peligrosa y contradictoria y no podemos entrar a analizarla en detalle en esta oportunidad. En esta inesperada y nueva situación política formó parte de la Dirección Estratégica de la campaña del Pdte. Caldera y, el 7 de junio de ese año, el Comité Nacional de COPEI decidió borrar su nombre de los libros de inscripción. Esta sanción fue aplicada también, y en el mismo acto, al propio Presidente Caldera, al Dr. Edecio La Riva Araujo y a Abdón Vivas Terán.
  • El Presidente Caldera ganó aquellas elecciones del año 1993 y Julio César fue designado durante este período constitucional como embajador ante los Gobiernos de Chile y de Guatemala.
  • A partir de 1999 entró en un largo y combativo periodo de oponer resistencia cívica y democrática el régimen dictatorial del chavismo que se ha proclamado como Socialismo del Siglo XXI.
  • En el año 2021 es designado por la Organización Demócrata Cristiana América (ODCA) como integrante del Consejo Superior de la Democracia Cristiana en Venezuela (CSDC), cuyo fin primordial es servir de territorio de encuentro en nuestro país a personas, partidos, movimientos u organizaciones que tengan en sus tareas e inspiraciones la impronta, el sello, del Humanismo Cristiano.

 Julio César en el Ejercicio del Periodismo

 Por otra parte, él alcanzó logros muy notables en el ejercicio de su profesión de periodista ya que, desde muy joven, redactó artículos y ensayos a granel sobra una gran variedad de tópicos de política nacional y de geopolítica internacional con una elevada capacidad analítica y basado en fuentes muy confiables de información. Para esta etapa de su vida estamos trabajando en el propósito de elaborar una recopilación de sus obras que nos permita obtener la mayor cantidad posible de los artículos y ensayos que constituyen su obra primordial con vistas a una publicación ulterior. Por esto estamos actuando en varias direcciones:

  • Presentar una visión resumida de su producción intelectual. En esta tarea deberá jugar un papel muy importante Luis Barragán, noble amigo siempre cercano a Julio César, que, con sus archivos, sus habilidades de investigador pueda ir descubriendo en bibliotecas, y archivos de prensa una buena parte de la producción política e histórica de Julio César.
  • Hacer alusión a su más reciente y potente creación intelectual, que se estructuró a partir del año 2020 hasta la actualidad, período en el cual Julio muestra en sus ensayos una gran capacidad de análisis sobre temas históricos y políticos de relevancia significativa para la geopolítica internacional, en particular la latinoamericana, y para resaltar el perfil histórico de la política venezolana y de la comunidad.
  • En esta área específica hemos elaborado un primer inventario de 14 ensayos de Julio César en los cuales elabora sus ideas sobre temas claves.
  • La mayoría de estos ensayos han sido publicados, en especial, en la revista digital Encuentro Humanista, la cual dirigía Julio César acompañado por dos entrañables y estudiosos compañeros, Macky Arenas y Marcos Villasmil y, en la página web América 2.1. también dirigida por este último.
  • En esta oportunidad deseamos ofrecerles una referencia de, al menos cuatro, de esos 14 ensayos, que hemos seleccionado y que fueron publicados durante la época que mencionamos. Presentamos estas referencias para invitar a nuestros amables lectores a revisarlos y reflexionar sobre sus contenidos y, al mismo tiempo, para destacar la capacidad de Julio César para la investigación, así como su agudeza y profundidad, en su forma de analizar los acontecimientos históricos en perspectiva tanto como su pasión por el tratamiento de la coyuntura política y de su evolución en diferentes etapas de nuestra historia como nación independiente.

Los ensayos seleccionados, que recomendamos su lectura, se titulan

18 de Octubre de 1945: cuando Tumbaron al Presidente Medina. 23/10/2020.

Publicado en: https://pararescatarelporvenir.wordpress.com/

Eleazar López Contreras y la Invasión de los Tachirenses. Julio 16, 2025. Encuentro Humanista.

La Elección Primaria, María Corina y el Régimen. Oct 29, 2023 – Encuentro Humanista.

Colombia: la Peligrosa Incertidumbre y el Juicio al Presidente. Ene 18, 2024. Encuentro Humanista.

Fundación de Encuentro Humanista

A comienzos de la década de los años 20 del siglo XXI y, como si hubiese pretendido dejarnos un regalo final de su inquieto y creativo ciclo vital, Julio César nos entregó un importante espacio político creado en una estrecha y cálida relación con Macky Arenas, Marcos Villasmil y Milos Alcalay. Fundaron Encuentro Humanista, una plataforma moderna, una potente revista digital localizable a través de Internet. Por su agilidad y profundidad es especialmente adecuada para cultivar las ideas, las propuestas y las preocupaciones por Venezuela, por sus gentes, por el mundo y la humanidad misma.

Ha sido un árbol de muchos frutos, incluyendo los propios artículos y ensayos de Julio César, así como de otros distinguidos ciudadanos, allí publicados durante los últimos años. Tomando esto en cuenta me siento animado a proponer que Encuentro Humanista proceda a crear una sección que pudiese ser denominada «Cátedra de Pensamiento Humanista Julio César Moreno».

III

Palabras Finales

 Para acercarnos a la finalización de este ensayo, deseo narrarles una historia que me ha transmitido Marcos Villasmil, con lágrimas en los ojos, y que permite evaluar la enorme bondad humana que albergaba el corazón de Julio. Me cuenta Marcos que, en el momento de despedirse, mientras le realizaban una nebulización, Julio, de pronto, se dirige a él y le dice: «Marcos, estén pendientes de Abdón, cuidenlo, él es más frágil de lo que cree». Por eso en este momento debo decirle a Julio: Gracias hermano mío por tener ese corazón tan bueno y generoso y recordarme en esos últimos momentos de tu vida. Que el Señor te cuide y te proteja por toda la eternidad.

Bueno, Julio César, te entregamos un fraterno abrazo de despedida. Hermano del alma: ¡Qué te vaya bien! ¡Qué te vaya bueno! ¡Hasta la vista! ¡Hasta luego! ¡¡¡Hasta cuando el Señor decida llamarnos también a nosotros a su Reino!!!

Los amigos, que hoy te acompañamos, y que te seguiremos acompañando a través de lo que dure nuestra vida, te hemos reintegrado ya con exquisito cariño a la tierra de Venezuela de la cual provenimos, y a la que amaste tanto y por la que entregaste hasta tu último aliento. Julio César, todos a tu lado y en tu compañía, siempre fidelísimos, renovamos nuestra esperanza en la promesa del Hermano Mayor, en la confianza de la eternidad prometida en las moradas del Padre.

Julio César, permíteme que, por todo lo dicho anteriormente, y llegando al final de mis palabras, me dirija al Señor, -en quien tan profundamente creemos y esperamos-, y en nombre de todos los que estamos acá reunidos, -que compartimos un profundo sentimiento de cariño, afecto y amistad hacia ti-, usando la hermosa poesía de Francisco Luis Bernárdez, ese gigante de las letras castellanas, decirle al Señor: En Ti creemos y esperamos, Señor. Te pedimos que hayas ya recibido a Julio César en el Reino Celestial y te imploramos en versos de Bernárdez:

Perdónalo Señor!!!

Desde la tierra ya convivía en amistad contigo

Porque el cielo cercano

Es un amigo para los habitantes de la sierra.

Perdónalo Señor!!!

Concédele tu amor sin tasa

Y si no quieres concederle otros

Concédele este cielo de mi casa

Para que mire siempre por nosotros.

Para Maru, Hilda Elena, César Humberto, Julio César Jr. nietos, hermanos y sobrinos, nuestro abrazo que porta amor, afecto, amistad y solidaridad en estos tan difíciles tiempos para su familia y sus amigos ante el fallecimiento de Julio César.

15/12/2025:

https://encuentrohumanista.org/2025/12/12/julio-cesar-moreno-cenit-de-amor-por-venezuela/

jueves, 30 de octubre de 2025

Despliegue de una vocación

UNA JUVENTUD PARA EL CAMBIO 

Luis Barragán


Julio César Moreno León, in memoriam                                                                                            

Apenas, comenzábamos a cursar la primaria en la Venezuela que hizo muchísimo con el petróleo promediado en US $ 1,80 el barril, cuando concluyó el 31 de octubre de 1965, en Caracas, la IV Convención Nacional de la Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC). Lejos de todo afán proselitista, corriendo ya otras aguas por debajo de puentes muy distintos, nos inspira únicamente un interés histórico: el evento partidista tuvo una extraordinaria e inusitada trascendencia que convirtió al organismo funcional no sólo en la columna vertebral del partido desde la particularísima y arriesgada década de los sesenta, sino que definitivamente legitimó, reivindicó y jerarquizó a las juventudes política y socialmente más allá de las aulas.

Por entonces, la Guerra Fría igualmente llegaba a las inmediaciones del satélite lunar, extenuaba el proceso de descolonización africana que antes mostró mejores ímpetus, tropas estadounidenses invadían a República Dominicana, o, entre nosotros, se veía por vez primera en la televisión local a Los Beatles,  Edecio La Riva Araujo y Rodolfo José Cárdenas protagonizaban una pública y dura polémica aun perteneciendo a la misma entidad partidista, mientras que el también parlamentario – aunque independiente – Alfredo Tarre Murzi, denunciaba la existencia de una seria conspiración de derecha. Importado desde la temeraria dictadura cubana que había colocado al planeta en las fauces de una conflagración nuclear, el guerrillerismo había sido derrotado política y militarmente, y recién implementaban la línea táctica de “Paz Democrática” que aprobó el VII pleno del comité central del Partido Comunista de Venezuela tras su X congreso.

Una juventud esencial

La JRC empinaba su presencia cada vez más en la escena pública, gracias a las distintas condiciones en el orden teórico, social, partidista, mediático y místico que conjugó en medio del combate cívico. Los socialcristianos superaban con creces a la meritoria Juventud Comunista (JC) arrastrada por la insurrección armada, quedaba mutilada Acción Democrática (AD) al conformar su muchachada el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de un historial crecientemente caricaturesco, diluida lastimosamente Vanguardia Juvenil Urredista.

El compromiso jotarrecista de entonces, tradujo el formidable impacto generado por autores de inspiración cristiana (Sturzo, La Pira, Maritain, Mounier, Lepp, Lebret, entre otros), al igual que los planteamientos esgrimidos principalmente hacia el sur del continente por partidos afines en torno a una vía no capitalista al desarrollo; valga acotar, el Concilio Vaticano II concluirá mes y días después. La IV Convención de la JRC bien recoge el debate ideológico en curso, a través del documento denominado “JRC: una juventud para el cambio”, finalmente aprobado, presentado por los “avanzados” sin que tengamos evidencia del contenido y destino de otro documento, como el distinguido por los “astronautas” de largo título: “Materiales para una discusión que concluya en el trazamiento de una política correcta para la JRC”; será en la V Convención de 1968 que los “araguatos” presenten un documento de características semejantes al de sus adversarios.

Los jóvenes socialcristianos contaron con una sólida presencia y representación social que les garantizaba una mayor independencia e influencia política, pues, en numerosos liceos y universidades ganaban los comicios estudiantiles, forzando la unión de la JC y el MIR para impedir el triunfo de la JRC en la Central de Venezuela, por ejemplo; además, trataban de abrir camino propio entre los trabajadores. Esa presencia e influencia ejerció un peso importante al respaldar el puntofijismo que sobrevivió exitosamente a la violencia desatada de izquierda y derecha asombrosamente compaginadas.

La JRC actuó en un partido organizado, disciplinado y de vocación histórica que expuso un alto nivel de institucionalidad y democracia interna, celebrando regularmente sus elecciones, conformando y regulando las instancias de conducción capaces de deliberar y de decidir colegiadamente en el campo de sus competencias, con todos los errores, fallas e incomprensiones que pueden alegarse.  La juventud aportó al liderazgo del partido, nombres como el de Hilarión Cardozo, el dinamizador por excelencia de una experiencia compartida que, al mismo tiempo, demostrando madurez para un perfil novedoso, interiormente generó sendas tendencias como la de los “araguatos”, los ya mencionados “avanzados” y “astronautas”, ingeniosa denominación que presuntamente se le debe a Adel Muhammad.

Estupenda fuente de noticias, atrajo la atención de los periodistas especializados y, en no pocos casos, el conocimiento y trato personal de la dirigencia jotarrecista. Sin lugar a dudas, pivoteando a la entidad partidista y las aspiraciones presidenciales mismas de Rafael Caldera, hubo conmoción y polémica en la opinión pública un mes más tarde con la visita y la entrevista realizada al senador estadounidense Robert Kennedy en Caracas.

Tratamos de factores y condiciones que propulsaron a la JRC, la hicieron un elemento vital del partido y un referente ineludible en el movimiento estudiantil en defensa de la libertad y de la democracia. Y no era de extrañar el surgimiento de un poderoso sentido místico que supo manifestar Régulo Arias Moreno al darle letra a un espléndido himno de mil jornadas: “Juventud victoriosa”.

Democracia y vitalidad interna

Inevitable el crecimiento cuantitativo y cualitativo de la JRC, se hizo un organismo igualmente complejo como el partido, aparecidas las tendencias de una pugna que agudizaban los contrastes y las tonalidades reales y aparentes, interesadas o no,  respecto a lo ideológico y en relación a las autoridades partidistas adultas. Caldera se apersonó y, naturalmente, habló a los convencionistas en defensa del ideario demócrata-cristiano, haciendo precisiones, formulando consejos, con mucho aplomo y paciencia y cuidadosa severidad..

“JRC: una juventud para el cambio”, mecanografiado a varias manos,  analizó la situación política del país señalando la crisis de la democracia liberal burguesa, clamó por un cambio social inmediato, reivindicó la revolución personalista y comunitaria, denunciando la democracia formal, con propuestas – por entonces – muy osadas, como la de nacionalizar la industria petrolera y otras del sector energético, la reforma del Congreso Nacional y la eliminación de las Asambleas Legislativas, una audaz reforma agraria o la modificación de nuestra división político-territorial. Y, obviamente,  propuestas de acción administrativa, las relaciones internacionales, la política laboral, y el relacionamiento con el partido.  El documento fue propuesto por los “avanzados”: Abdón Vivas Terán, secretario general adjunto; Rubén Darío González, Julio César Pineda y Adel Muhammad, miembros del directorio nacional; José Ramón Solano, secretario nacional de Formación; Carlos Julio González, secretario nacional de Organización; Julio César Moreno León, secretario nacional de Educación Media; y Rafael Domínguez Daly, secretario nacional adjunto e Educación Media.

Pactaron los “avanzados” y “astronautas”, frente a los “araguatos”, y de la votación nominal y secreta de 169 de los 172 delegados principales, la dirección nacional juvenil quedó integrada por: Vivas Terán (secretario general) y González (subsecretario general), con 82 votos favorables, y un directorio de predominio “araguato” representado por Rafael Peña, Alfredo Rojas, Erick Becker, José González Puerta, Germán López Méndez, Carlos Rivas, Rafael Blanchard, Pedro Nikken, empatados en la novena vocalía Joaquín MartaSosa y Guillermo Betancourt. La “avanzada” propuso originalmente, además, a Adel Muhammad, José Ramón Solano, Miltón Granados, Carlos Julio González, Julio César Pineda, Julio César Moreno, Gema Belandia, Domínguez Daly y Oliver Belisario; los “araguatos” postularon a Alvaro Páez Pumar (secretario general) y a Oswaldo Alvarez Paz (subsecretario general), quienes obtuvieron 80 votos, y los “astronautas” nominaron originalmente a Marta Sosa (secretario general) y Saúl Rivas (subsecretario general), con Rafael Iribarren, Germán Ahrensburg, José Vitale, Gustavo Escobar, Pedro L. Castellanos, Antonio Barroeta, Ibrahím Sánchez, Alejandro Alfonzo y Rubén Colina.

De acuerdo a los datos reportados por Néstor Mora para El Nacional del 2 de noviembre de 1965, las fuerzas estuvieron equilibradas y la aparición de once votos nulos refuerza la tesis de la confusión; además, el informe del secretario juvenil saliente, Páez-Pumar, no fue aprobado. El resultado, paradójico al hacerse relativa la victoria de Vivas Terán y González (acotemos, líder laboral), frente a un directorio que le era adverso.

Algo más que una reminiscencia

Una aproximación histórica y sociológica, nos permite inferir la novedad de un acto institucional que se proyectó e influyó por varias décadas al partido que fue COPEI. Y permite también deducir las diferencias entre la presente época en relación a otras más remotas en torno a las juventudes políticamente organizadas y los partidos realmente existentes, la correspondiente política pública, las subculturas juveniles y, angustioso, las transformaciones demográficas que hemos experimentado en los últimos años.

Ir más allá de la reminiscencia, nos fuerza previamente a vivenciarla y a cruzar sus umbrales. Y, por ello, apelamos a los versos de don Fernando Paz Castillo, como una llave para abrir la puerta del recorrido faltante:

Un día ya no seremos todos …

Acaso bajo los árboles apacibles de una plaza

de pueblo bañada por el sol,

que se ha quedado dormido entre las ramas,

mientras los jóvenes de entonces se diviertan,

confidencialmente, casi sin decir palabras,

recordaremos nuestras vidas,                          

como quien recuerda por una nota, una estrofa olvidada”.

31/10/2025:

https://www.elnacional.com/2025/10/una-juventud-para-el-cambio

Cfr.  

https://memoriahistoricadcvenezuela.blogspot.com/2025/10/historia-dc-venezuela-jrc.html

Reproducciones: Escenas de la IV Convención JRC de 1965, según Molina para la revista Momento y Garrido para el diario El Nacional, ambos de Caracas. Portada original de lo que fue un folleto artesanal en 1980.

miércoles, 29 de octubre de 2025

Referentes

JULIO CÉSAR MORENO Y LUIS RIZEK

Luis Barragán

Convengamos, los científicos sociales nos deben una mejor nomenclatura para los partidos llamados históricos que efectivamente fueron partidos. Estos, internamente plurales y complejos, tendieron a la estabilidad bajo un mismo campanario doctrinario, se hicieron en buena medida escuela y tradición, e, inevitable, una comunidad de afecto a pesar de los naturales matices y diferencias ideológicas y políticas.

Agreguemos otra de las características que hicieron perfectible la institucionalidad partidista, fracasando unos y triunfando otros con el tiempo: formaron el liderazgo indispensable, comprometido y leal para gobernar y, en efecto, unos tuvieron la suerte de hacerlo, mientras que, otros, en la oposición o quedándose en el partido oficialista, no. Así, lejos de idealizarlos, versamos sobre la experiencia militante en partidos que explicaron también nuestra juventud y adultez, como la deportiva o la académica, por ejemplo, lo hicieron con otras personas.  

Por ello, el respeto y la admiración hacia aquellos líderes que marcaron a las generaciones siguientes que estuvieron preparados para ejercer sendas responsabilidades de Estado, con los cuales igualmente profesamos una amistad de largos años aunque fuesen otras las circunstancias, derroteros y ámbitos de actuación. En un caso, Luis Rizek fue un excelente abogado y estelar conductor de los socialcristianos en la ciudad capital e importante parlamentario nacional, organizador nato, decidido luchador con una gran sensibilidad social con el que no tuvimos ocasión de coincidir directamente en el trabajo político cotidiano, pero supo ganarse el reconocimiento de propios y extraños por su vocación popular, el conocimiento y la vivencia reales de las barriadas de la Caracas que comprendió cabalmente; y, el otro caso es el de Julio César Moreno, quien nos honró con su amistad y confianza desde los remotos tiempos de una juventud aguerrida, compartiendo la faena de un partido que fue difícil porque tenía vocación histórica. Ambos, el mismo día, fueron a encontrarse con Dios.

Julio César fue un combativo líder de la avanzada social que adscribimos con mucha emoción décadas atrás, en el amplio universo socialcristiano y tan sólo para dar un detalle, como parlamentario dio un inmenso ejemplo de combatividad que lo llevó a denunciar aquél caso de las municiones yugoeslavas, se apersonó en El Amparo cuando todos temían siquiera a pensar en una masacre, y defendió la libertad de expresión, siendo objeto de persecución a pesar de su inmunidad parlamentaria. En los últimos años, además de escribir en los portales noticiosos cuando lo juzgaba necesario, fueron numerosas las mañanas en las que coincidimos en las hemerotecas del Foro Libertador y de la Academia Nacional de Historia y, por supuesto, intercambiamos impresiones e igualmente discrepancias.

Por cierto, nos permitimos una queja sin rencor alguno: Julio conspiró con Edgar Barrios para sacarnos del muy selecto club de Amargos de Angostura que ambos lideraron. Y con humildad reconocemos que nunca reunimos los requisitos mínimos, fallando una y otra vez en nuestras peticiones de ingreso. Siempre lo entendimos.

Fotografías: Luis Rizek y Julio César Moreno, tomadas de https://lbarragan.blogspot.com/search?q=Julio+César+Moreno.  Particularmente, las dos últimas refieren el acto de lanzamiento de las candidaturas de Edgar Barrios y Lorenzo Tovar a la Secretaría y Subsecretaría generales y nacionales de la Juventud Revolucionaria Copeyana, en la Sala Plenaria de Parque Central a mediados o finales de 1979 (Caracas). 

29/10/2025:

https://lapatilla.com/2025/10/29/julio-cesar-moreno-y-luis-rizek-por-luis-barragan/

Cfr.

César Pérez Vivas

https://lapatilla.com/2025/10/28/julio-cesar-moreno-por-cesar-perez-vivas/

Gehard Cartay Ramírez:

https://lapatilla.com/2025/10/29/gehard-cartay-ramirez-julio-cesar-moreno-in-memoriam/

lunes, 19 de mayo de 2025

Breve ensayo radiográfico

EL VENIDERO 22 DE MAYO DE 1969

Luis Barragán

A Elías López Latorre,

in memoriam

Hay hechos que maceran lentamente para adquirir su más genuino sentido hasta hacerse definitivamente históricos,  aunque el impacto original haya sido de una distinta significación, como los acaecidos en la Universidad Central de Venezuela (UCV) en las postrimerías de los sesenta del veinte: la izquierda entusiastamente castroguevarista de entonces, que hizo de la casa de estudios su mejor y más segura trinchera con la absoluta aquiescencia del rector Jesús María Bianco, trató de impedir una legítima y masiva marcha de los sectores estudiantiles socialcristianos, repeliéndola con violencia.  Nuevamente, forzada la unidad de los militantes de la Juventud Comunista de Venezuela (JCV) y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) para rivalizar con la acreciente Juventud Revolucionaria Copeyana (JRC), perfilándose la candidatura de Elías López Latorre a la presidencia de la Federación de Centros Universitarios (FCU-UCV), la ocasión fue propicia para profundizar en el aspirado clima de desestabilización del país que evidencia la prensa escrita desde el inicio mismo del primer gobierno de Rafael Caldera, más allá de los muy específicos sucesos locales.  

Desde el anuncio mismo de la marcha, la febril contracampaña procura consagrarla como un acto de violación del recinto universitario y de agresión a la autonomía universitaria, tratando de reafirmar como patrimonio político exclusivo de esa izquierda a la universidad en la que ejercía un extraordinario dominio también administrativo y de imprenta; esto es, sometida a un pensamiento único en el marco de la derrota insurreccional que todavía no aceptaba. Desde temprana fecha, dirigentes jotarrecistas como Julio César Moreno, Delfín Sánchez y Orlando López, acusan al MIR de provocar los disturbios universitarios de Mérida con el propósito de extenderlos al resto del país para frustrar la política de pacificación, y, no por casualidad, en el curso de mayo de 1969, por una parte, se llama al paro de las universidades, liceos, escuelas técnicas e institutos de comercio; por otra, Valencia, Mérida, Maracaibo, Barinas, Puerto Cabello, Margarita, Cabimas, Carora, El Tigre, Los Teques, Coro, Barquisimeto, sufren de una orquestada alteración del orden público, por supuesto, añadida Caracas, donde el Palacio Legislativo es pintorreteado de consignas suscritas por el “FLN”; luego, el ministro de la Defensa refiere que todo coincide con la “interrupción de las actividades de los cuerpos armados irregulares”.

La marcha que tiene por los más decididos organizadores y propulsores a Elías López, Delfín Sánchez, Naudy Suárez, Gustavo Tarre, José Graterol, entre otros, fue esperada literalmente a tiros, concitando la presencia de una dirigencia que interpretaba el hastío y rechazo por el abusivo control de esa izquierda que mal interpretó y apostó por la coyuntura, pretendiendo débil y confundido al novísimo gobierno, pues, entre otros motivos, siempre fue un secreto a voces el arsenal y el personal guerilleros resguardados en el extenso territorio de las inmunidades en el que se convirtió la ciudadela de Villanueva. No obstante, aun siendo evidente el sabotaje de la actividad, la demoledora contrapropaganda victimizó al presidente en ejercicio de la FCU, Alexis Adam, quien recibió un disparo de muchísima gravedad, asegurando que fue “un intento de asesinato dirigido contra mí”, sospechosamente cerca de él, ya que fue a quemarropa; y, en medio de la refriega, gracias a una fortuita gráfica tomada a Gerardo Segovia, cuadro medio socialcristiano, en la que apela a un arma de fuego personal para encarar desde el suelo los centenares de disparos que llueven contra los marchistas, fue muy fácil estigmatizar al gobierno y a sus partidarios; además, el discurso pronunciado en las inmediaciones de la UCV por José Ramón Solano, secretario general de la JRC, pecó  de una ambigüedad que aprovechó esa izquierda para explotar los naturales matices ideológicos y las diferencias políticas entre los demócrata-cristianos, moldeando y apuntando a una facción que señaló, marcó y estereotipó como fascista, aunque resultaron todos detenidos por los hechos – en una jefatura caraqueña – así fuesen araguatos, astronautas, avanzados y auténticos de acuerdo a la jerga de entonces.

Desde “Deslinde”, órgano informativo del Partido Comunista, tienden a imponer una versión que es la del reinvento de una épica y un heroísmo que muy bien pudieron reclamar los agraviados, brutalmente atacados el jueves 22 de mayo; por cierto, épica y heroísmo como fórmula característica del foquismo a lo Régis Debray. Y es que Edgar Paredes y otros malheridos marchistas, no encontraron fácil cupo en las matrices de opinión que abrieron las puertas a la felizmente denominada renovación universitaria, descartada la expresión  revolución universitaria, que dio pie a la toma – claro está, por la fuerza – de la dirección de Cultura y la de la escuela de Filosofía para irradiar las ideas surgidas desde la escuela de Letras de la UCV, desenfundando el arma contra la reforma universitaria que acordaron principalmente Acción Democrática y COPEI en el archipiélago parlamentario, recordemos, por la fragmentación de las bancadas todavía lejano el bipartidismo.

La sola referencia y contextualización de aquél 22 de mayo, lo hace contrario al mentado e interesado 22 de mayo del poder ahora establecido en Venezuela: defensa de la universidad ante el enfermizo guerrillerismo que la hizo rehén, la posterior intervención que implicó su devolución a la vuelta de poco tiempo para que eligiese libremente a sus autoridades, la puntual asignación presupuestaria que permitía las exigencias de un aumento recurrente, la copiosa matriculación de los estudiantes de todo nivel y la estabilidad social del profesorado, entre otros elementos, contrastante con la idea de una burda gesta antifascista, tercamente preelaborada. Algo incomparable con la naturaleza y los alcances que hoy adquiere la defensa del recinto, la libertad de cátedra y la autonomía universitaria, agreguemos que la otrora dictadura puntofijista, hacia mayo de 1969, toleró la convocatoria a elecciones del Colegio de Farmacéuticos y de la Asociación Venezolana de Periodistas, la libertad de prensa y los correspondientes debates parlamentarios, el bautizo público de un libro del líder comunista Pedro Ortega Díaz,  los ataques de un vigoroso perejimenismo; comenzó a investigar el secuestro de la hija de una reconocida actriz de televisión, el tiroteo de la asociación de griegos en Venezuela luego de la visita del canciller Calvani, el dopaje de caballos de carrea; promovió la bienal internacional de pintura, inauguró el tramo de la autopista entre Antímano y Caricuao, lidió con el problema de la nacionalidad de un connotado dirigente del oficialismo, atestiguó la protesta de jóvenes judíos venezolanos frente a la sede de la embajada de Polonia, aceptó la postergación de la visita de Nelson Rockefeller al país.

¿Acaso, en la presente centuria, pueden expresarse libremente las organizaciones partidistas y de la sociedad civil?, ¿algún gremio universitario y colegio profesional pueden disponer de recursos para pagar avisos y remitidos efectivamente publicados?, ¿protestar vivamente desde el asfalto? Antes, a todo evento, hubo la recurrente celebración de sendas ruedas de prensa cubiertas por los especialistas de la fuente respectiva, con cronistas y reporteros capaces de escudriñar lo impensable, como corresponsales en el Palacio de Miraflores que detallaban la diaria agenda presidencial, dando cuenta aún de los más modestos visitantes.

A aquella izquierda la ocupó el presupuesto universitario, haciéndose del poder cultural y, tras el fracaso insurreccional, militarizando el marxismo, tuvo por el mejor aporte a su particular leninismo el de la infiltración de las Fuerzas Armadas a largo plazo que valoró el diputado Héctor Mujica en el debate de la cámara a propósito de las declaraciones emitidas por el general Martín García Villasmil, terminando el agitadísimo año. Y es otra y desacostumbrada la radiografía que ensayamos del 22 de mayo de 1969, la de una suerte de antropología política de bien ganada y densa perspectiva histórica.

20/12/2025:

https://www.elnacional.com/opinion/el-venidero-22-de-mayo-de-1969/

Cfr.

https://apuntaje.blogspot.com/2025/05/el-22-convencional-de-mayo.html

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY