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domingo, 15 de marzo de 2026

"... Para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos"

¿QUEREMOS VER... O NOS CONFORMAMOS CON CREER?

(San Juan, 9: 1-41)

Enrique Martínez Lozano

En el capítulo 9 del cuarto evangelio, se ofrece una catequesis cristológica, que trata de señalar todo el proceso de adhesión a la persona de Jesús, según los parámetros de las primeras comunidades joánicas.

Los elementos básicos de dicha catequesis parecen ser los siguientes:

• "ungido" = bautizado;

• Jesús, luz para las personas, "luz del mundo" (Jn 8,12);

• el hombre reconoce a Jesús como "profeta";

• persecución por parte de la autoridad judía y riesgo de excomunión (es lo que vivieron los miembros de la comunidad joánica, a partir de los años 80);

• discusión –catequética o apologética- con la autoridad judía;

• Jesús se vuelve a hacer presente en esa circunstancia de persecución;

• proclamación de fe: "Creo, Señor".... "Y se postró ante él";

Conclusión: el problema consiste en que, estando ciegos, pensamos que vemos.

El tema de la luz –y todos los relacionados con él: iluminación, visión, despertar...- ocupa un lugar absolutamente central en la literatura espiritual.

El motivo es simple: todo el proceso de crecimiento y transformación de la persona arranca con la comprensión de quienes somos. Solo a partir de esta claridad, es posible vivir coherentemente.

Así entendida, la comprensión –o la visión- es lo opuesto a la creencia. Esta última es apenas un "objeto mental" que, en el mejor de los casos, sirve únicamente para apuntar o señalar hacia la verdad mayor, que siempre escapará a cualquier razonamiento.

Con frecuencia, sin embargo, todavía es peor: la creencia –cualquier idea que podamos tener- se absolutiza y, de ese modo, se interpone e impide abrirse a la verdad.

La "visión" permanece oculta a la mente. Esta no es herramienta adecuada para tal fin. Su enorme capacidad funciona adecuadamente en el mundo de los objetos, pero se ciega ante todo lo que es inobjetivable, es decir, las realidades más importantes de la vida.

La mente puede acometer aún con éxito otra tarea: la de poner a prueba e incluso desenmascarar planteamientos o posturas irracionales y/o nocivos. Hablamos entonces de la "razón crítica", como un logro irrenunciable que necesitaremos cultivar.

Sin embargo, cuando se habla de "visión", no se está propugnando la irracionalidad, sino –es algo muy distinto- la transracionalidad. Se valora toda la función de la mente, pero se ha descubierto que existe otro modo de conocer que es previo y más "fundamental" que la razón. Es el conocimiento inmediato, experiencial, intuitivo... Lo que se ha llamado el "conocimiento místico".

Característica de esa forma de conocer es la no-dualidad. La mente es separadora; el conocimiento místico "ve" la no-separación de todo, advirtiendo la naturaleza última, común y compartida, de todo lo que es.

En esa visión, la persona capta el núcleo de lo real y, simultáneamente, comprende su verdadera identidad. A partir de ahí, podrá decir como decía Jesús en el cuarto evangelio –y como dice el propio ciego-: "Yo Soy". Nos hemos reencontrado en la Verdad de lo que somos, más allá de las ideas, creencias o juicios de cada cual. Por decirlo en lenguaje cristiano, hemos sido "ungidos", somos "otros Cristos", compartimos la misma visión de Jesús. Hemos pasado de "tener creencias" a "ver".

Sin embargo, a la autoridad religiosa únicamente le importa una cosa: que se actúe conforme a la ley. El relato de la investigación que llevan a cabo con el ciego y con sus padres pone de manifiesto un comportamiento patético: han perdido todo el interés por la persona del ciego, no les interesa si ve o no ve; se aferran solo a la posible alteración de la legalidad.

No es difícil advertir, detrás de ese comportamiento, la necesidad de mantener el poder, gracias a un control férreo sobre la norma. Suele ser el modo de funcionar autoritario: desinterés hacia las personas, exigencia legalista a ultranza.

Jesús se había situado justo en el extremo opuesto: "No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre" (Mc 2,27). Este es, sin duda, el "juicio para el que he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos".

No se trata de una amenaza, sino de una constatación: quienes creen ver, porque han identificado las cosas con sus pensamientos, en realidad permanecen ciegos; se pierden la verdad de lo que es. Por el contrario, quienes quieren ver, porque son conscientes y sufren a causa de su "ceguera", encuentran el camino de la visión.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/4781-queremos-ver-o-nos-conformamos-con-creer.html

Ilustración: Gioacchino Assereto.

Padre S. Martín: Actualidad comentada. ¿Competencia por el poder entre mujeres y sacerdotes:

https://www.youtube.com/watch?v=btW34Cg7vJs

León XIV:

https://www.youtube.com/watch?v=641WcY_pQec

https://www.youtube.com/watch?v=_u0CuIO0zBY

Cardenal Porras:

https://www.youtube.com/watch?v=vptqZbNG33E

Padre de Sousa: 

https://www.youtube.com/watch?v=xt5px0p0Tt4

J. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=9b1W_GD9BrU

Padre Savoia;

https://www.youtube.com/watch?v=KEbgDG1PoGU

Monseñor Munilla: 

https://www.youtube.com/watch?v=QIdORxTj_uQ

sábado, 18 de marzo de 2023

Untar con lodo

Domingo 4A Cuaresma 19 marzo 2023
“Creo, Señor” (Jn 9, 1-41)
(Diálogo sobre el Evangelio de hoy: Ciego de nacimiento)
José Martínez de Toda, SJ.

¿Puede un ciego recobrar la vista?
Un día iba Jesús caminando con sus discípulos, cuando pasó junto a un ciego de nacimiento. Inmediatamente sus discípulos ya suponen que el ciego lo es por su culpa o de sus padres. Y le preguntan a Jesús:
- “Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciese ciego?” (v. 2).
Jesús salta en defensa del que es acusado injustamente: “Ni este pecó, ni sus padres: él es ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él” (v. 3).
Jesús ve en el ciego, no a un pecador..., sino a un hombre necesitado de ayuda y de comprensión, destinado a la felicidad y llamado a ser objeto del amor de Dios. Inclusive ve en esta desgracia del ciego una oportunidad para que se manifieste en él la misericordia de Dios, pues no sólo quedará curado, sino que se convertirá en un proclamador de su gloria.
¿Cómo curó al ciego?
Utilizó la metodología curativa de entonces, haciendo lodo con la saliva, y untando con el lodo los ojos del ciego, pero añadiendo el poder curativo de Dios. Además le dijo:
-Ve, lávate en el estanque de Siloé . “Y fue, se lavó, y volvió viendo” (v. 7). Pero su curación causó revuelo en Jerusalén. Y hubo hasta cuatro interrogatorios sobre su caso.
¿Cuál fue el primero?
El primer interrogatorio es el de los vecinos, que al principio no acaban de creer en el milagro. Se dicen: “Pero, ¿no es éste el que mendigaba sentado?” .
Pero también piensan que sólo se le parece. Antes de la curación sus ojos estarían pálidos y sin vida. Ahora sus ojos están abiertos y llenos de luz. Está emocionado y asombrado. Eso cambia toda la fisonomía del que era ciego. Y él repite a todos:
-“Soy yo, el mismo, el que estaba ciego”.
Pero cuando explica que fue Jesús el que lo curó, no se quieren comprometer y llevan el caso a los poderosos Fariseos, que saben que no veían bien a Jesús.
¿Qué problema encontraban los fariseos en la curación de Jesús?
Los fariseos, después de hablar con el curado, ven que Jesús lo curó en sábado, día que ellos habían llenado de reglas, por las que no se podía hacer nada, ni siquiera curar a un enfermo. No se podía amasar ni hacer barro con saliva ni ponerlo barro sobre los ojos.
Por desgracia, la gran preocupación de los fariseos no es la salvación de las personas ni ayudar al necesitado, sino la estricta observancia de la ley. Son incapaces de alegrarse de que alguien que estaba enfermo desde su nacimiento ahora pueda tener una mejor calidad de vida. Por otra parte, no pueden explicarse cómo un ‘pecador’ como Jesús, pueda hacer este milagro, y estaban divididos sobre Jesús. Ante la duda, los fariseos tratan de buscar más información sobre el milagro, y preguntan a los padres del curado (3er interrogatorio).
Pero los padres, que eran judíos, tienen miedo de ser expulsados de la sinagoga, de la comunidad y separado de Dios. Por eso responden con mucha cautela:
- “Él tiene edad, pregúntenle á él” (v. 21).
Los fariseos vuelven al curado, a quien le hacen el 4to interrogatorio de esta historia, llamando a Jesús ‘pecador’. Pero el curado proclama:
-Si es pecador, no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
El dictamen final de los fariseos fue echar fuera al curado. No sabemos si simplemente lo echaron fuera de su presencia o si lo echaron realmente de la sinagoga, lo que para él resultaría algo catastrófico religiosa, social y económicamente.
¿Cómo reacciona Jesús ante las presiones contra aquel perseguido por su causa?
Oyó Jesús que le habían echado fuera, y fue a buscarlo para consolarlo, acompañarlo y darle fuerza. Recuerda la historia de las huellas en la playa:
<Siempre fueron juntas las de Jesús y las del amigo. Pero cuando sólo había las de uno, eran las de Jesús, que había cargado al amigo en los momentos de prueba.>
Y el curado responde a Jesús con una gran confesión de fe. Jesús le dice:
- “¿Crees tú en el Hijo de Dios?” (v. 35). Y él respondió: ‘Creo, Señor’, y lo adoró.
Se nota cómo ha avanzado en el conocimiento de la identidad de Jesús. Poco a poco le ha ido dando siete títulos a Jesús: Primero lo llama ‘el hombre’: ‘ese hombre’ (v.11). Después lo llama ‘Jesús’ (v.11), ‘profeta’ (v.17), ‘Cristo’ (v.22), ‘Hijo del hombre’ (v.35), ‘Revelador’ (“el que habla contigo”, v.37; cf. 4,26), y por fin ‘Señor’ (v.38).
Pero se nota que las reacciones ante el milagro son muy diversas.
Así es. Vemos que ante el milagro se notan las siguientes reacciones:
-los vecinos se sorprenden, pero dudan;
-los padres del curado se vuelven débiles por miedo a los fariseos;
-el curado experimenta un crecimiento en su fe hasta adorar a Jesús como a Dios; y
- los fariseos se van radicalizando enceguecidos cada vez más contra Jesús, tanto que Jesús comentó: “Para eso he venido a este mundo: para que los que no ven, vean”.
Pero Jesús no obliga a creer a nadie: ni al ciego ni a las autoridades. Permite escoger. El ciego responde creyendo, y las autoridades se niegan a creer.
¿Tiene este milagro alguna enseñanza para nosotros?
Hay muchas. Por ejemplo, la tenacidad y valentía del curado.
También Jesús proclama ante los discípulos antes de la curación:
Yo soy la luz del mundo”. Como luz del mundo, Jesús ha venido a iluminar y a enseñar a la gente sobre Dios. Este hombre le presenta la oportunidad de demostrar su misión de dar la luz. Jesús traerá la luz física a un hombre ciego, igual que traerá la luz espiritual al mundo.
También, el milagro se parece al bautismo. El ciego se lavó en las aguas de Siloé, y salió curado. Así también los que se bautizan quedan espiritualmente renovados y curados de la ceguera en la que nacieron. En el bautismo recibimos la Luz y la nueva Vida de hijos de Dios.
Además indica lo que significa ser cristiano. Ser cristiano no es simplemente seguir ciertas doctrinas y ritos. Es tener una relación íntima con Jesús, es tener profunda fe en Él. El que era ciego y pedía limosna, tiene ahora luz en sus ojos y fe en Jesús, y se dedica ahora a ser testigo de Él. Así seremos nosotros, si tenemos fe en Él.
Ilustración: El Greco.

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY