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domingo, 8 de febrero de 2026

Riesgos

VUELTA A LA PATRIA

Luis Barragán

Inmediatamente después de las consabidas jornadas del 23 de enero de 1958, salieron confiados de la peligrosísima clandestinidad y retornaron del amargo exilio, numerosos venezolanos. Por supuesto, conocedores de la historia, hoy los juramos no sólo confiados, sino superoptimistas y dispuestos a conquistar el mundo. Sin embargo, tratando de ubicarnos en aquella ya lejana coyuntura, sospechamos que hubo elementos para la desconfianza, la permanente vigilia, los reiterados riesgos, las inminentes amenazas.

No pasaron muchos días y se hizo multitudinario como festivo, el recibimiento de la dirigencia proveniente del exilio, por ejemplo. Todo parecía indicar que la situación estaba controlada, aunque sobraron los indicios de un retroceso sorpresivo, de un zarpazo inesperado, de una reacción calamitosa de las fuerzas y sectores desplazados del poder.

Para la primera quincena de febrero del citado año, ya habían pasado por Maiquetía Rafael Caldera, Jóvito Villalba y Rómulo Betancourt. La prensa de entonces, da noticias de un recibimiento popular extraordinario de aquellos que había llegado a un acuerdo unitario y unitarista en Nueva York, por cierto, discrepantes una década atrás.

A juzgar por el tormentoso año, en cualquier momento podía aflorar y afloraron las conspiraciones y, así, que se sepa, en julio y en septiembre de 1958 se alzó el ministro de la Defensa y un grupo de oficiales que produjeron una balacera terrible al pretender tomar a Miraflores respectivamente. Cualquier cosa y en cualquier momento podía ocurrir algo, dado el ambiente de continua agitación que tuvo un momento estelar y desafortunado con la visita de Nixon.

De modo que ese liderazgo no tenía ni podía tener póliza alguna de seguro, corriendo un riesgo gigantesco. Sencillamente, se vino, bregó, reconstruyó las instituciones. Y la coincidencia de Caldera y Villalba para recibir a Betancourt en el aeropuerto internacional, como lo refleja una gráfica de El Universal de aquellos días, le dijo muchísimo a la ciudadanía.

Reproducciones: El Universal, Caracas, 1° y 10/02/1958.

08/02/2025:

https://lapatilla.com/2026/02/08/luis-barragan-vuelta-a-la-patria/

jueves, 22 de enero de 2026

¡Libertad!

DEL 22 al 23 DE ENERO DE 1958

Arturo Álvarez D´ Armas

A mi amigo Ramón Alberto Rivero Blanco

El mes de enero de 1958 llega movido.  La primera clarinada contra el oprobioso régimen de Pérez Jiménez lo da Monseñor Rafael Arias Blanco, Arzobispo de Caracas, cuando el primero de mayo del 57, se lee en todas las iglesias de Venezuela la Carta Pastoral que hace tambalear la tiranía.                                                                                  

El país venía de huelgas, paros y muchos presos políticos. Los más entusiastas en esa lucha son los estudiantes de los liceos y las universidades, quienes salieron a las calles a combatir la dictadura el 21 de noviembre de 1957.                                                                                    

El 1° de enero del 58 se alza la aviación y algunos elementos del ejército bajo el mando del coronel Hugo Trejo. Ese fracaso hace creer que Marcos Evangelista es inamovible.                                                                  

Yo estudiaba primer grado en la Escuela Particular “José María Vargas”. Era el año escolar 1957-1958. Quedaba en Pro Patria y mis padres y hermanos vivíamos en el Bloque 9 D-2, de la Urbanización Simón Bolívar o Ciudad Tablita. Estábamos ubicados casi al frente de la gran cancha del Cuartel “General Rafael Urdaneta”. Solamente visitaba a mis padrinos en La Pastora los fines de semana por motivos de estudio y la situación del país.                 

Pasaba todo el día en la escuela, incluido mi almuerzo junto a la directora y su familia. Allí compartía con mi gran amiga de la infancia Rosa María Abenante Coronado. Uno era un niño de apenas 7 años, pero en las conversaciones de la familia Rondón (dueños del colegio) oíamos que fracasaron los alzados y se habían ido del país Pedro Estrada y Laureano Vallenilla Lanz, Laureanito.                                                      

Llega el miércoles 22 de enero y a la hora de dormir, mis padres ponen los colchones en el piso y nos dicen que por esa noche dormiremos de esa manera. Cerca de las 9 o 10 de la noche se oye movimiento en la calle. Los tanques acompañados de tropa van rumbo a la avenida Sucre para llegar a Miraflores. Para esa época el mayor poder de militares y armamento lo tenía el Cuartel Urdaneta. El ruido de los tanques me despierta y logro verlos por la ventana del cuarto principal. Nos acuestan nuevamente hasta que se oyen gritos de libertad. La gente sale de los apartamentos y a eso de las 2 de la madrugada del 23 de enero  todos gritan allí va La Vaca Sagrada. En la mañana de ese glorioso día me llevan a La Pastora, donde pase una semana de juegos en el patio de la casa de la Calle Ciega.

domingo, 2 de noviembre de 2025

Noticiero retrospectivo

- Sanín. “Palco de sombra: Venezuela saudita”. El Nacional, Caracas, 06/06/1978.

- Pedro Zalima. “Socialismo proletario”. Tribuna Popular, Caracas, 04/08/78.

-Wolfgang Larrazábal. “El 23 de enero”. Élite, Caracas, N° 2104 del 22/01/66.

- Juan Monasterios Malavé. “Venezolanos de segunda”. El Aragueño, Maracay, 08/10/90.

- Emeterio Gómez. “La empresa privada en la Unión Soviética”. El Diario de Caracas, 28/08/85.

Reproducción: José Rodríguez Iturbe. Semana, Caracas, 1969.

jueves, 23 de enero de 2025

"... Los amigos se vuelven enemigos en un momento dado"

Margott Pérez-Jiménez: 

EL 23 DE ENERO DE 1958 LO RECUERDO COMO UN CAMBIO BRUTAL

Williams Perdomo

El general Marcos Pérez Jiménez fue un dictador. Así lo reconoce sin titubeos su hija, Margott Pérez-Jiménez, que recuerda la noche del 23 de enero de 1958 como si ocurrió ayer a pesar de que solo era una niña cuando, junto a su padre, tuvo que salir de Venezuela por el fin del régimen. 

La hija de Pérez Jiménez describe esa noche como una en la que todo cambió. No sintió miedo, pero sí tuvo incertidumbre. No entendía lo que estaba pasando. Solo 24 horas antes su vida era una maravilla. “Mi mamá sí lloraba, pero porque mi papá le dijo que si él no llegaba al avión que nos fuéramos porque era que lo habían matado”, dijo en conversación con El Nacional. 

Uno de los momentos que la marcó aquella noche fue cuando al despedirse de varios militares, muchos de ellos le pedían al general Pérez Jiménez que no se fuera del país. Para su hija, eso era una demostración del respeto que le tenían. Insiste en que su padre abandonó el poder porque quiso. Además, asegura que su padre no tenía intenciones de mantenerse en el gobierno. Es enfática en afirmar que su intención era estar 10 años como presidente para cumplir su proyecto país: poner a Venezuela por encima de los países de la región en cuanto a desarrollo y economía. 

«Hay cosas que se te quedan en la memoria como sellos. Ver a hombres de bigote uniformados, llorando, diciéndole: ‘general no se vaya por favor, no se vaya’. Eso yo lo viví, lo sentí. Y me impresionó porque imagínate a una niña, que ve a un señor llorando, vestido de militar. La policía militar estaba ahí, llorando todos».

Sobre el desenlace de esa noche, no tiene dudas de que se dio por la traición. Señala que el fin del gobierno de su padre se dio por la ambición de Wolfgang Larrazábal y de Rómulo Fernández: «Yo he llegado a una conclusión en mi vida: mi papá no era político. Mi papá era un gran gestor y así a lo mejor no se puede andar por el mundo o no se podía andar. Él era un gestor que quería a Venezuela y que el país surgiera. Él decía que quería que Venezuela estuviera, como está geográficamente, a la cabeza de América en todos los sentidos».

Aquellos días en Venezuela quedaron en el recuerdo. Margot Pérez-Jiménez dice que el general murió con el anhelo de regresar a su país. Falleció en Alcobendas, España el 20 de septiembre de 2001 tras un ataque al corazón y el haber perdido la consciencia en sus últimas semanas.

Quiere también que los venezolanos recuerden un lado de su padre del que poco se habla: el del hombre familiar y comprometido con su nación: “Para el todo era su familia. Mi papá se desvivía por sus nietos. Mi padre yo lo describiría como un padre maravilloso. Mientras más pasa el tiempo y me hago más vieja, más lo entiendo”.

Sobre el presente, Margott Pérez-Jiménez señala que si su padre viera la situación actual de Venezuela «no la viviría. Se hubiera muerto. Él lo que quería era que Venezuela siguiera progresando y le dolía ver lo que se había perdido en el país y eso que no había visto lo que se está viendo ahora. Mi papá habrá sido lo que haya sido, pero quería a su país por sobre todas las cosas».

—¿Cómo recuerda la noche del 23 de enero de 1958?

—El 22 por la noche fue mi papá a hablar con mi mamá. No sabíamos qué estaba pasando. Veíamos que en la casa entraba y salía gente. Esa noche me impresionó mucho y me enseñó muchísimo en la vida. Por ejemplo, me enseñó que los amigos se vuelven enemigos en un momento dado. Yo creía que el mundo era Disney World, hasta ese 23 de enero que me di cuenta que no lo era. Él fue a hablar con mi mamá. Mi hermana y yo nos pegamos en la puerta a ver qué decían. Ahí le oímos decirle a mi mamá que él se tenía que ir a Miraflores, que él la llamaría a ella, para que cuando él o Pauli Chalbaud, jefe de la Casa Militar,  llamara, nos fuéramos a la embajada de Paraguay le dijo que de ahí la llamaba para que nos fuéramos a La Carlota. También le dijo: ‘Si yo no llego, quiere decir que me han matado en Miraflores, entonces coges a doña Angelina y a las niñas y sal de Venezuela’. Justo mi hermana y yo pensamos que nos habíamos salvado porque mi mamá tenía una colección de piedras duras, muy bonitas, y a nosotras se nos ocurrió nada más que poner una sábana en el suelo y tirar todas las piedras duras en la sabana, que se volvieron añicos. Entonces mi hermana y yo decíamos ‘que caiga el gobierno porque si el gobierno no cae, mi mamá nos mata’ (risas).

—¿Cómo describiría ese día?

—Como si el mundo está cambiando y tú no sabes por qué no entiendes nada. Lo que era una maravilla hacia 24 horas, se convertía en una cosa negativa. Eso para un niño no es fácil en su cabeza. Lo recuerdo como un cambio brutal.

—¿Cómo fue la salida de Venezuela?

—Ese día nos acostaron en la casa y como a la media hora de estar acostadas nos levantaron y salimos para la embajada de Paraguay. Llegamos y la esposa del embajador nos acostó a los niños en unas camas que tenían. Como a los 10 minutos o media hora nos levantaron. Me acuerdo en La Carlota estando mi mamá, mi abuela y nosotros en un Cadillac y mi mamá viendo la hora y llorando, hasta un momento que le dijo mi abuela: ‘Flor, tenemos que salir del carro’ y mi mamá iba a salir y de repente, no sé si fue el chofer que dijo ‘ahí vienen unas luces’ y se veían a lo lejos unas luces y ahí llegó mi papá con su escolta perfectamente. Por eso me da tanta rabia cuando dicen que salió huyendo de Venezuela. Es mentira. Se bajó todo el mundo y se formó como si fuera un viaje oficial para que él saliera.

—¿Sintió miedo?

—Miedo no. Por un momento incertidumbre. Mi mamá sí lloraba, pero porque mi papá le dijo que si él no llegaba al avión que nos fuéramos porque era que lo habían matado.

—Usted ha contado que había militares que le pedían que se quedará….

—Hay cosas que se te quedan en la memoria como sellos. Por ejemplo, ver a hombres de bigote uniformados, llorando, diciéndole: “general no se vaya por favor. No se vaya”. Eso yo lo viví, lo sentí. Me impresionó porque imagínate una niña, que ve a un señor llorando, vestido de militar. La policía militar estaba ahí, llorando todos y mi papá les dijo: “Me tengo que ir”.

—¿Cree que fue un error?

—Se lo pregunté más tarde, en una Navidad. Le pregunté por qué se fue de Venezuela si esos militares estaban llorando, y me respondió que se había alzado la Escuela Militar y que para quedarse hubiera tenido que fusilar un par de cadetes y él no quería tener en su consciencia sangre y sangre joven. Por eso salió de Venezuela. Yo le dije que estábamos en desacuerdo. Yo no dejo el poder. Yo creo que no se debe dejar cuando cuando estás colocado en un sitio y sobre todo mi papá que no quería perpetuarse en el poder. Él siempre lo dijo: él quería 10 años para hacer una Venezuela sólida y entregarla teniendo unas bases muy fuertes.

—Para nadie es un secreto que la economía de Venezuela en esa época creció y la mejor infraestructura del país se hizo durante ese gobierno, ¿por qué cree usted que cayó Pérez Jiménez?

—No sé mucho qué pasaba en el gobierno. Era una niña. Después después viendo las cosas y todo. Yo he llegado a una conclusión en mi vida, que mi papá no era político. Mi papá era un gran gestor y así a lo mejor no se puede andar por el mundo o no se podía andar. Él era un gestor que quería a Venezuela. Era un gran gestor que adoraba a su país.

—Pero hubo traición….

—De Wolfgang Larrazábal, de Rómulo Fernández, y de todos esos militaruchos, que vieron que Pérez Jiménez había llegado a donde había llegado, porque mi papá viene de lo más bajo. Eso yo lo admiro de él: nunca se le olvidó de dónde venía. Esos militaruchos que no surgieron porque no tenían la capacidad de surgir, eran unos mandados, pero ni siquiera fueron unos buenos mandados, se rebelaron contra eso. O sea, fue alguien que dijo “yo puedo más que este, yo me rebelo y a este hay que sacarlo”. Yo creo que fue basado en eso. Yo no sé si se unirían con los que estaban fuera, con los adecos y con la gente que estaba en el exilio, pero mi papá nunca habló de eso. Después ya de grande viendo y acordándome de Larrazábal y de Rómulo Fernández, cómo era. Era un pobre acomplejado. Estos, que yo llamo militaruchos que lo rodeaban, entre ellos estaba la semilla. Eso fue. Dijeron: “quitamos a Pérez Jiménez y nosotros llevamos el país como lo lleva este hombre”. Pero no lo hicieron igual que él.

—¿Cree que sea reconocido el rol de su padre en la historia de Venezuela?

—Yo creo que todavía no. Llegará, yo siempre digo, a lo mejor yo no lo veo ni mis hijos, pero a lo mejor dentro de 100 años. La historia tiene la manía de depurarse porque es así. Al principio la escriben los que ganan, los que tienen más. Pero la historia tiene la manía de depurarse y yo creo que pasados los años se reivindicará. Pero, ¿sabes lo que te da satisfacción? A mí por lo menos me da una grandísima satisfacción que yo sé la verdad verdadera. El otro día me preguntaron “¿y a ti no te molesta que le digan dictador?”. Yo digo: ¿a mí? Ni me molesta que digan que es un asesino, ni me molesta que digan que es un ladrón, es que verdaderamente me pasa por encima porque yo sé lo que era. Como yo sé lo que soy yo sé lo que era mi padre. A mi papá lo han calificado de todo, menos de maricón, de todo. A mí es que da igual, nunca me he sentido cohibida y te digo que tengo amigos que son de izquierda, me acuerdo un día en una discusión me dicen “pero tú…” y les digo “pero cómo voy a ser si tengo la sangre de un dictador por las venas, ¿qué quieres que sea? Yo soy como soy”.

—¿Es posible que alguien de la dinastía Pérez-Jiménez se involucre en la política?

—No creo. Son seres que se han criado fuera de Venezuela. Para ellos es un país del que saben lo que nosotros le hemos contado. Pero eso hay que llevarlo en la sangre. Lo que hizo mi papá tiene que llevarse en la sangre.

—¿Cómo viviría su padre la situación actual del país?

—No la viviría. Se hubiera muerto. Él lo que quería era que Venezuela siguiera progresando y le dolía ver lo que se había perdido en el país y eso que no había visto lo que se está viendo ahora. Mi papá habrá sido lo que haya sido, pero quería a su país por sobre todas las cosas.

—¿Cree que el país puede conquistar la libertad en la situación actual?

—Yo creo que sí. Pero siempre cuando me preguntan yo digo: le hace falta otro Pérez Jiménez. Le hace falta una mano dura, un hombre que quiera al país. Un hombre que construya las bases para que Venezuela surja y un hombre que limpie todo. Si Venezuela quiere llegar a ser lo que fue con Pérez Jiménez, tiene que buscarse otro Pérez Jiménez.

—¿Su padre fue un dictador?

—Yo creo que sí. Todo se hizo como él quería. Me da risa cuando algunos decían “hacíamos”. No. Ellos hacían lo que les decía mi papá. Mi papá tenía su proyecto mentalmente y era el que quería desarrollar en 10 años. No más porque él decía que eso no era vida y tenía razón.

Fotografía: Fundación Empresas Polar.

 23/01/2025:

https://www.elnacional.com/venezuela/margott-perez-jimenez-el-23-de-enero-de-1958-lo-recuerdo-como-un-cambio-brutal/#google_vignette

domingo, 22 de diciembre de 2024

Noticiero retrospectivo




-   Dossier: Dos caras del 23 de enero de 1958.  Últimas Noticias, Caracas, 28/01 y 18/02/2001. Suplemento Cultural. 

-    Marino González. "Margarita y la Zona Franca". El Universal, Caracas, 04/06/1966.

-    Dossier: 1968, año axial. Últimas Noticias, 25/04/98. Suplemento Cultural. 

-    Cien años de béisbol en Venezuela. Últimas Noticias, 27/08/95. 

-    Augusto de Venanzi. "Ética, trabajo y productividad". El Nacional, Caracas, 24/04/84. 

Reproducción:Luis Aparicio debuta profesionalmente con Gavilanes de Maracaibo, propiedad de su padre Luis Aparicio (1953). Fuente: Cuenta facebookeana del grupo Béisbol clásico. 

lunes, 5 de febrero de 2024

Ritual de siglo

DEL HARTAZGO FEBRERISTA

Luis Barragán

Certísimamente, en todo el presente siglo ha fracasado el intento de equiparar los consabidos eventos del 4 de febrero de 1992 (4-F), a una magna gesta de la patria.  Todo el poder material y simbólico del Estado se ha invertido para que la población lo acepte e internalice como un acontecimiento y  valor imborrable e imprescindible, y, faltando poco, se haga manifestación cabal de nuestra propia identidad nacional.

Desde principios del presente régimen, buena parte del esfuerzo propagandístico y publicitario consistió en resaltar la intentona golpista y sus actores, e, igualmente, consciente e inconscientemente, compararla con las jornadas históricas del 23 de enero de 1958 (23-E), suponiéndolas largamente superadas.  Fecha ésta, muchísimo más arraigada y que, ya se había integrado al calendario histórico como una conmemoración rutinaria, resurgió como un aniversario movilizador de la ciudadanía opositora que el antecesor y el sucesor intentaron e intentan atajar inútilmente.

En efecto, el problema del oficialismo estuvo en neutralizar infructuosamente el símbolo y la movilización que suscitaba, sabiendo cuan imposible era que la monopolizara, generando contradicciones entre sus más fervientes seguidores. Los festejos del 4-F, por muy de Estado que fuesen los actos, no calaban suficientemente, por lo que debían administrar una y otra ocasión lo mejor posible frente a los adversarios.

Además, es demasiado evidente el contraste entre la producción historiográfica que un fenómeno ha motivado ante el otro, guardadas las proporciones temporales. En el más distante, hay una riqueza de hechos y de consecuencias que no tienen equivalente en el más cercano, reducido inexorablemente a un hecho de fuerza que amalgamó a la izquierda marxista de entonces, militarizándola, y la condujo entusiastamente a la estafa de 1998.

El entonces senador vitalicio Rafael Caldera en su celebérrimo discurso del 4-F, se resistió a creer en el la tentativa de magnicidio, pero todo apuntó al hecho con el ataque a La Casona y el asedio constante a la familia presidencial al mismo tiempo que el presidente Pérez subía desde Maiquetía  hacia Miraflores. Un reciente testimonio de la señora Carolina Pérez revela la profundidad de un evento doloso que muy pocos antecedentes tuvo en nuestro historial republicano, si es que lo hubo alguno (https://www.youtube.com/watch?v=OcfTsyGs_Us).

No constituye, porque nunca constituyó, un sostenido sentimiento nacional de profundo calado. Provocó – eso, sí - una enorme confusión que prontamente disipó el gobierno inicial de Chávez Frías, transcurrido año y tanto, apagado el descontento con plomo y candela.

Ayer, Maduro Moros cumplió con un ritual de escasa asistencia (por ejemplo: https://twitter.com/jesusmedinae/status/1754186019841212576), porque hay tedio con cualesquiera motivos que invoqueel régimen dizque para legitimarse. Van muchísimos años de hartazgo frente al 4-F, en comparación con un 23-E actualizador de metas y propósitos al que tanto le temen.  

Fotografías: LB: Vidriera del CC Los Próceres (antes, IPSFA), Caracas, 31/01/2023; y oferta de bustos de bronce, CC Los Próceres, 05/11/23.

05/02/24:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/40696-del-hartazgo-febrerista

martes, 23 de enero de 2024

Novedosas circunstancias

23 DE ENERO DE 1958: GOLPE MILITAR Y REBELIÓN CIVIL

Gehard Cartay Ramírez

¿Cómo se llegó a aquel singular momento histórico? Podría decirse que tuvo unos prolegómenos muy breves en el tiempo.

A mediados de 1957 se presentan los primeros atisbos del destino final de la dictadura. Comienza a despertarse una sutil y tibia reacción en su contra y será nada menos que la Iglesia Católica la que tirará la primera piedra en mayo, cuando el Arzobispo de Caracas, monseñor Arias Blanco, publica su carta pastoral criticando la difícil situación de los trabajadores venezolanos y haciendo duras observaciones a la actitud del gobierno perezjimenista. El mes siguiente se constituye la llamada Junta Patriótica, promovida por dirigentes civiles de los partidos políticos que se oponen al régimen. En el frente económico también hay descontento: se han acumulado deudas millonarias a contratistas, comerciantes, industriales y proveedores en general y la mora del gobierno en cancelar tales obligaciones multiplica el malestar hacia otros sectores que dependen de aquellos.

Mientras tanto, la dictadura busca afanosamente una fórmula “constitucional” que le permita a Pérez Jiménez continuar en la Presidencia de la República en las elecciones de diciembre de 1957, algo que el tirano pretende evadir por su terror a contarse electoralmente. Los “juristas” del régimen deberán buscar una alternativa al respecto. La preocupación la acrecienta la caída reciente de otros dictadores amigos como Perón, Odría, Remón y Rojas Pinilla, mientras Batista se acerca a su fin en Cuba. Hay, sin duda, un mal ambiente para las tiranías latinoamericanas, algo impensable poco tiempo atrás cuando estaban en pleno apogeo.

La fórmula final adoptada por el régimen es la de celebrar un plebiscito, a fin de consultar a los venezolanos sobre la permanencia o no de Pérez Jiménez como presidente y también la de su Congreso. El plebiscito se celebrará el 15 de diciembre bajo absoluto control oficial y sus resultados, por tanto, fueron los que quiso MPJ, con lo cual quedaba ratificado como Presidente de la República para el período 1958-1963.

Pero a partir de este momento las cosas se complicarán para el régimen. La fórmula para “legitimar” la permanencia de aquel gobierno por más tiempo será, a la postre, la causa final de su caída a los pocos días. Producirá, en efecto, una reacción en cadena, cada vez más intensa, entre sus opositores, los cuales comienzan a organizarse y a realizar algunas acciones concretas, luego de varios años de calma. Y se produce también un hecho trascendental: la conspiración militar que inician los jóvenes tenientes, mayores y capitanes descontentos con la dictadura y decididos a participar en el cambio de rumbo que comienza a hacerse imprescindible en estos meses finales de 1957.

El primero de enero de 1958 estalla una rebelión militar encabezada por el mayor Hugo Trejo en Caracas. No tendrá éxito por su equivocada estrategia de movilización y a pesar del apoyo de la aviación de Maracay que sobrevuela ese día la ciudad capital, pero políticamente abrirá la brecha para lo que sobrevendrá después. Demostrará las profundas grietas que se han abierto entre las Fuerzas Armadas y Pérez Jiménez, las cuales se profundizarán en breves días de tal manera que conducirán a la caída del dictador. En efecto, cuatro días después son detenidos numerosos oficiales comprometidos en la conspiración que avanza ya resueltamente.

El mismo día Pérez Jiménez anuncia cambios en su gabinete, debido a la presión del Alto Mando Militar. El día siete se producen manifestaciones estudiantiles en varias partes del país. El día nueve zarpan del Puerto de La Guaira cinco destructores de la armada venezolana en abierto desafío al gobierno. El diez de enero vuelve a plantearse una nueva crisis ministerial y sale del gabinete Laureano Vallenilla y Pedro Estrada de la jefatura de la Seguridad Nacional, dos aliados de confianza del presidente. Ambos abandonarán entonces precipitadamente el país. El día quince Pérez Jiménez adopta la contraofensiva al asumir personalmente el Ministerio de la Defensa y ordenar la detención del ministro titular hasta entonces, general Rómulo Fernández, quien ha sido el portavoz de las exigencias de las Fuerzas Armadas. Inmediatamente lo envía en un avión militar hacia la República Dominicana.

La situación política se complica: centenares de detenidos políticos abarrotan las cárceles, los estudiantes manifiestan todos los días, los empresarios y los intelectuales comienzan también a protestar. El mundo se le viene entonces encima al dictador. Ha perdido ya, efectivamente, el control de la situación. Su caída es cuestión de días.

Sin embargo, Pérez Jiménez no se rinde tan rápidamente. Está dispuesto a resistir y continúa tomando decisiones al efecto: clausura liceos y universidades, reprime manifestaciones, ordena constantes purgas en el mundo militar, detiene a importantes líderes de la sociedad civil, en fin, persigue a sus enemigos en un desesperado intento por someterlos. Pero estos tampoco se amilanan.

La Junta Patriótica llama a la huelga general el 21 de enero. Ese día no circulan los periódicos en apoyo a la rebelión en marcha. La gente sale a las calles en Caracas y el gobierno decreta el toque de queda a las cinco de la tarde. En la noche del 22 de enero, la Marina y la guarnición militar de Caracas resuelven apoyar el golpe contra Pérez Jiménez, con lo cual se sella definitivamente el final de la dictadura. En las últimas horas de aquel día y en las primeras del siguiente, PJ apela a sus compañeros de armas, contacta a oficiales en puestos de comando, trata de revivir viejas lealtades, se aferra desesperadamente al poder. Pero al darse cuenta de que ya no cuenta con suficiente apoyo, resuelve huir por avión en horas de la madrugada hacia la República Dominicana.

Se dieron entonces simultáneamente dos circunstancias: un golpe militar y una rebelión civil, eventos que rara vez se combinan. Se cerraba así una etapa convulsa y compleja de la reciente historia venezolana. Y el hasta entonces hombre fuerte de aquellos años, el líder militar más destacado e influyente después de Juan Vicente Gómez, también comenzaría el destierro más largo vivido por venezolano alguno en nuestra historia.

Reproducción: Salutación de año nuevo del embajador francés en Caracas. El Nacional, Caracas, 02/01/1956.

23/01/2024:

https://www.lapatilla.com/2024/01/22/23-de-enero-de-1958-golpe-militar-y-rebelion-civica-por-gehard-cartay-ramirez/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY