"Jesús aceptó libremente su pasión y su muerte por amor a su Padre y a los hombres que el Padre quiere salvar. De ahí la soberana libertad que demuestra cuando se encamina resueltamente hacia Jerusalén, sabiendo que allí iba a morir, o cuando en Getsemaní sale el encuentro de los que lo van a prender. La obediencia no se opone a la libertad, obedecer voluntariamente es precisamente una manifestación de libertad (...) Cristo se entregó libre y voluntariamente a la pasión, por amor nuestro. Esto no significa en modo alguno que se matara a sí mismo, sino que no impidió la acción de los que lo ajusticiaron, aunque podía hacerlo (cf. Mt 26, 53)"Vicente Ferrer Barriendos
("Jesucristo, nuestro salvador. Iniciación a la cristología", Rialp, Madrid, 2002: 102)
Ilustración: Frere Yves.