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domingo, 18 de febrero de 2024

Triunfar de todos los peligros

TENTACIÓN SIN TENTACIONES

(San Marcos, 1: 12-15)

José Luis Sicre

Volver a empezar

El primer domingo de Cuaresma, en cualquiera de los tres ciclos, se dedica siempre a recordar las tentaciones de Jesús. Eso supone que debemos dar marcha atrás, olvidarnos de que ya estaba recorriendo Galilea con sus discípulos y volver a empezar. Jesús acaba de bautizarse, ha recibido una misión de Dios. Pero antes de lanzarse a una actividad pública, el espíritu lo impulsa al desierto. Con este relato, muy simbólico y que no se presta a conclusiones piadosas, Marcos quiere plantearnos desde el comienzo el misterio de la persona de Jesús.

Un relato sin tentaciones

Si se hiciera una encuesta a los cristianos sobre las tentaciones de Jesús (suponiendo que hayan oído hablar de Jesús y de las tentaciones) algunos mencionarían la de convertir una piedra en pan; otros, que Satanás le ofreció toda la gloria y riqueza si lo adoraba; los más listos incluso recordarían lo de tirarse desde el pináculo del templo. Con eso, demostrarían conocer los relatos de las tentaciones que cuentan Mateo y Lucas. Pero Marcos no dice nada de eso. Con una brevedad pasmosa sólo dice que Jesús es impulsado por el Espíritu al desierto, tentado por Satanás, vive con las fieras y los ángeles le sirven. Más que un relato parece un guion con seis datos que el catequista deberá desarrollar.

El Espíritu. En la tradición bíblica, el Espíritu es el que impulsa a los Jueces y a los profetas a realizar la misión que Dios les encomienda: salvar al pueblo de sus enemigos o transmitir su palabra. En este caso, con notable diferencia, el Espíritu impulsa a Jesús al desierto.

El desierto es el lugar de la prueba, como lo fue para el pueblo de Israel cuando salió de Egipto, camino de la Tierra Prometida. Allí fue tentado, para ver si eran fieles. Y la inmensa mayoría sucumbió en la prueba, mostrándose un pueblo de corazón duro y obstinado. Jesús, en cambio, superará en el desierto la tentación.

Los cuarenta días equivalen a los cuarenta años que, según la tradición bíblica, pasó Israel en el desierto. Es número de plenitud, de tiempo redondo (recuérdense los cuarenta días del diluvio, los cuarenta días entre la resurrección de Jesús y la Ascensión, etc.).

Satanás. Nosotros hemos adornado este personaje con tantos elementos (incluidos cuernos y rabo) que conviene dejar claro cómo lo concibe Mc. El evangelista usa el nombre de Satanás en cinco ocasiones (1,13; 3,23.26; 4,15; 8,33), y desaparece en la segunda parte del evangelio (cc.9-16); curiosamente, la última vez que se menciona a Satanás no se refiere al demonio sino el apóstol Pedro, que quiere apartar a Jesús de la pasión y la cruz. Por consiguiente, Satanás es el símbolo de la oposición al plan de Dios. Satanás quiere apartar a Jesús del camino que Dios le ha trazado en el bautismo: hacer que se olvide de pobres y afligidos, dejar de consolar a los tristes, no anunciar la buena noticia. O, como hará Pedro más adelante, pedirle que cumpla su misión, pero sin pensar en cruz ni sufrimientos.

Fieras y ángeles. Esta curiosa mención está cargada de simbolismo. Los animales del desierto no son los que ve cualquier campesino galileo a su alrededor: mulos, vacas, ovejas... Son escorpiones, alacranes, etc. Y esto nos recuerda el Salmo 91,11-13, donde aparecen mencionados junto con los ángeles:

«A sus ángeles ha dado órdenes

para que te guarden en todos tus caminos;

te llevarán en sus palmas

para que tu pie no tropiece en la piedra;

caminarás sobre chacales y víboras,

pisotearás leones y dragones».

Jesús, en el desierto, sufre la tentación de Satanás. Pero Dios está a su lado, lo protege mediante sus ángeles, y hace que triunfe de todos los peligros.

Estos elementos (tentación, vivir con los animales, servicio de los ángeles) recuerdan al relato de Adán en el paraíso, tal como se contaba en las tradiciones rabínicas. De este modo, Mc presenta a Jesús como el nuevo Adán, que, a diferencia del primero, no sucumbe a la tentación, sino que la supera.

El recuerdo del bautismo

Desde antiguo, la celebración de la Pascua quedó vinculada con el bautismo de los catecúmenos el Sábado Santo, y eso ha influido en la selección de las lecturas de la Cuaresma, que pretenden recordar episodios que jugaron un gran papel simbólico en la preparación para el bautismo. La carta de Pedro (llamada así aunque no la escribió san Pedro) ve en el diluvio un simbolismo del bautismo: Noé y sus hijos se salvaron cruzando las aguas del diluvio, el cristiano se salva sumergiéndose en el agua bautismal. Menos clara es la relación de la lectura del Génesis con el bautismo; aunque también ella habla de Noé, todo se centra en la promesa de Dios de no volver a destruir la tierra. Es posible que se haya elegido el texto por la convivencia de hombre y animales, que recuerda a lo que dice el evangelio sobre Jesús viviendo con las fieras.

Jesús y nuestro bautismo

La presentación de Jesús como nuevo Adán está estrechamente relacionada con la nueva vida que comienza en el cristiano con el bautismo. La Cuaresma es el mejor momento para profundizar en este sacramento que, en la mayoría de los casos, recibimos sin ser conscientes de lo que recibíamos.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/5998-tentacion-sin-tentaciones.html

Cfr.
Ilustración: Sandro Botticelli.
Hoja Dominical: Presumimos que el texto sea del hermano Mogollón.
Actualidad católica: Padre Martín: https://www.youtube.com/watch?v=sAILoMwjiP8


Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=5nIv_peSQoc

sábado, 5 de marzo de 2022

Cuaresma

Domingo 1ABC-C Cuaresma

6 marzo 2022
“Conviértanse y crean la Buena Noticia” (Mc 1, 12-15)
(Diálogo sobre el Evangelio de hoy: Tentaciones)
José Martínez de Toda, S.J. (martodaj@gmail.com)
Este evangelio asusta: Jesús y el diablo frente a frente. ¿Qué pasó en realidad?
El relato evangélico de las tentaciones en el desierto no debe ser leído como una narración histórica, sino como un esquema teológico y un resumen, en tres momentos, de las principales pruebas que Jesús tuvo que superar a lo largo de toda su vida.
Según el evangelista Marcos, «el Espíritu empuja a Jesús al desierto». La vida de Jesús no va a ser un camino de éxito fácil; más bien le esperan pruebas, crisis, inseguridad y amenazas. Jesús necesita hablar con el Padre.
Y el «desierto» es el mejor lugar para escuchar, en silencio y soledad, la voz de Dios.
Hoy día el cristianismo está viviendo momentos difíciles... Tenemos crisissecularización, abandono de prácticas religiosas. <¿No será Dios quien nos está empujando a este «desierto»? ¿No necesitábamos algo de esto para liberarnos de tanta vanagloria, poder mundano, vanidad y falsos éxitos acumulados inconscientemente durante tantos siglos?... Sólo se nos pide rechazar con lucidez las tentaciones> (Pagola)
Estamos rodeados de tentaciones desde Adán y Eva.
¿Cuál fue la primera tentación?
El tentador ve a Jesús hambriento, y le dice: *“Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.” *Jesús responde al diablo: *Escrito está: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” *Como diciendo: “El alimento es importante, pero es más importante obedecer la palabra de Dios.” Y parte de la palabra de Dios es no aprovecharse de su poder para hacerse milagros, saciar su hambre y vivir cómodamente a cuenta de ellos: como ‘el hijo de papá’, que usa el carro de su padre para cualquier cosa. Es la tentación del cuerpo, del hambre, del poder.
Le dice ‘Hijo de Dios’, aludiendo a aquella voz de Dios Padre en su Bautismo: “Éste es mi Hijo”. El diablo le quiere hacer dudar, y le reta a que demuestre su divinidad.
Pero para Jesús, ser Hijo no tiene nada que ver con vivir cómodamente a cuenta de sus milagros. Más bien, ser Hijo es fiarse de Dios y de su Palabra incondicionalmente. En el evangelio de Juan (4,34), Jesús les dice a sus discípulos: Mi alimento es hacer la voluntad delque me ha enviado y realizar su obra”. Es decir, no le alimenta alardear ni hacer valer sus derechos. No “le engorda” ser poderoso.
¿Por qué es más importante la Palabra de Dios?
Porque esa Palabra de Dios no habla de egoísmo, sino de amor, de servicio al prójimo, de fidelidad, de valores que no se marchitan, de preocuparse por otros y menos por sí mismo. Por ejemplo, Jesús multiplicó los panes, pero fue para alimentar a los hambrientos. Por cierto, las tentaciones que tientan más no son las grandes, sino las que vienen envueltas en un lenguaje que suena obvio: convertir la piedra en pan, simplemente porque tengo hambre y lo puedo hacer.
‘Cuál es la segunda tentación?
La tentación de la soberbia: El diablo lleva a Jesús a las almenas del templo de Jerusalén.
Abajo está la multitud. El diablo le susurra a Jesús: “¡Qué momento tan bueno para presentarte ante todo el pueblo como Mesías! Así apareces ante todos a lo grande, a lo espectacular, como caído del cielo. Échate. Y descenderás sobre ellos suavemente. Vienes a salvar el mundo. Así rápidamente podrás conseguir muchos seguidores”.
Pero la estrategia de Jesús para llevar adelante su misión es distinta: **humildad, vivir con la gente, **hablar con ella, decirle que Dios es su Padre, que Dios es amor. Él repetirá: “Ámense los unos a los otros. Sean humildes, no jactanciosos, porque la soberbia lleva a todos los males. El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo”. No usa recursos psicológicos impulsivos, que disminuyen la libertad y el raciocinio. Jesús deja a la gente en libertad. ‘El fin no justifica los medios’. Y Jesús le respondió al diablo:
No tentarás al Señor, tu Dios” (Deuteronomio 6,16).
¿Y cuál es la última tentación?
La tentación de la riqueza: el diablo lo sube a** un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo**, sus ejércitos, su poder, sus riquezas, sus monumentos.
Y le dice: “Todo esto te daré, si me adoras”.
Pero Jesús se presenta soberanamente libre, íntegro e insobornable. Jesús responde: “Vete, Satanás, que escrito está: Al Señor tu Dios adorarás y á él solo servirás”.
Y he aquí que los ángeles llegaron y le servían.
Entonces, ¿son dos caminos distintos: el de Jesús y el del mundo?
S. Ignacio de Loyola pinta muy claramente estos dos caminos contrapuestos en sus “Ejercicios Espirituales” en la meditación de “Las dos Banderas”: la de Jesús y la del diablo (EE., 136-147).
El camino del mundo tiene tres pasos que nos enredan y nos deshumanizan: codicia de riqueza, búsqueda de honores y “crecida soberbia”, de la cual pueden venir todos los males. “La raíz de todos los males es el afán del dinero” (1 Timoteo 6,10).
El camino de Cristo, en cambio, es precisamente todo lo contrario:
Primero, la pobreza (o austeridad). Segundo, **aceptar las humillaciones. **Y, por fin, la humildad, que es la mejor disposición para todos los bienes, como el servicio y el amor.
Comenzamos la Cuaresma el pasado Miércoles de Ceniza. ¿Qué es la Cuaresma? - Tres pasos: 1. Arrepentimiento; 2. Cambio; 3. Seguir a Jesús. La Cuaresma es un período de 40 días para examinarnos si somos víctimas de las Tentaciones, que Jesús superó. Es un tiempo de conversión a los valores auténticamente humanos y cristianos.
La Cuaresma es el tiempo de cambiarme a mí, para cambiar este mundo de maldad.
La Cuaresma es como una vacuna. El niño tiene miedo a la aguja, porque no sabe que ese pinchazo le va a evitar muchas enfermedades. Nosotros estamos rodeados de antivalores y virus: a través de los MCS, de los egoísmos de la economía y de la política, etc.
Un periódico hizo esta pregunta a sus lectores: "¿Cuál es la causa de que haya tanto mal en el mundo?" Hubo miles de respuestas. G. K. Chesterton contestó: "Soy yo".
Ilustración: José Luis Castrillo.

Flechado

DEL INSILIO OLVIDADO Luis Barragán De la población desplazada hacia el exterior en búsqueda de un refugio seguro y estable, no hay cifra...