viernes, 1 de mayo de 2026

Persistencia de las grandes mayorías

DEL SOPORTE SOCIAL DE LA TRANSICIÓN

Luis Barragán

El rito celebracional del Día del Trabajo y de los Trabajadores que muchos supusieron expresión del gentilicio mismo de este socialismo del siglo, nos interpela más  allá de la presente coyuntura política vivida como una situación estacionaria, incierta y aparentemente irresoluble siendo diluvio el mismo gobierno y no lo que vendrá después de él.  La extrema flexibilización del mundo laboral ha contribuido a desarticularlo gremialmente, reducido el universo de sus reivindicaciones a las meras exigencias de un aumento nominal de sueldos, salarios y pensiones. Sin embargo, camino a su reconstrucción, es necesario que se haga parte activa del proceso de transición en Venezuela, o, mejor, como recientemente refiere un experto en la materia, John Magdaleno (https://www.youtube.com/watch?v=7RoL-Lf8djE), se haga de la oportunidad transicional para impulsar un metamovimiento social que ayude a abrirlo, caracterizarlo y consolidarlo.

Requerimos de canales organizativos e institucionales de agregación de factores e intereses también contrastantes que apunten a un consenso básico y necesario, dando pie a sendas coaliciones sociales acordadas o de hecho, esenciales o complementarias, pues, por una parte, existen ámbitos aparentemente contradictorios como el de los obreros y el de los docentes universitarios, pero éstos han asumido el discurso laboral venezolano impedido para aquéllos; y, por otra, son notables las diferencias entre el profesorado agremiado de la Universidad Central de Venezuela, anclado en el incremento nominal de los ingresos, y el agremiado de la Universidad Simón Bolívar que se ha apuntado en un distinto modelo económico para la reparación social y la indemnización económica del daño laboral. Y es que las instituciones y la institucionalidad deben explicar nuevamente, perfeccionándola, nuestra experiencia política al afrontar un reto de inaplazable sentido histórico de contar con el mundo del trabajo y los nuevos e insospechados movimientos sociales que también aporten un liderazgo que el azar no prodiga.

Advierten autores muy calificados, como Larry M. Bartels (“Unequal democracy”, Russell Sage Foundation / Princeton University Press, 2016), que el malestar social no se traduce automáticamente en acciones colectivas, mientras que Daron Acemoglu y James A. Robinson (“El pasillo estrecho: Estados, sociedades y cómo alcanzar la libertad”, Penguin Random House, 2019), sostienen que la ausencia de una sociedad organizada capaz de equilibrar el poder del Estado bloquea la propia posibilidad de una transformación efectiva, impidiendo así la conformación de una fuerza social capaz de pensar, construir y sostener el cambio más allá de una simulación (in)voluntaria. De acuerdo con ambos, la sociedad ha de organizarse y estructurarse para evitar o frenar toda deriva autoritaria que va agudizándose hasta que tarde o temprano llegue el colapso; por ello, importa crear y transitar un corredor que es estrecho para equilibrar los poderes y sostener la libertad. 

Nada halagüeña es la realidad  de los trabajadores, los que buscan trabajo, los jubilados y pensionados venezolanos, como consecuencia del ensayo reiterado de un modelo socialista por siempre improvisado que increíblemente arruinó a PDVSA y, a pesar de las advertencias, ha fracasado con las Zonas Económicas Especiales que levantaron expectativas solamente en la órbita estatal. Pesan más los efectos perversos de mediano y largo plazo del modelo, necesarios de revertir, que el exclusivo planteamiento salarial con omisión de las calamidades económicas que bien apenas enunció Carlos Ñáñez, días atrás  (https://www.youtube.com/live/ZiRu2yxr4hg), aunque sentimos que ya nadie tiene noticia del Avenimiento Obrero-Patronal de 1958, pero se creen en los tiempos del diálogo tripartito, las cuatro centrales obreras - una de ellas muy poderosa - en el país de la abundante renta de la centuria anterior.

La transición venezolana no ocurrirá por inercia ni por el simple agotamiento del poder, sino cuando el mundo del trabajo decida organizarse y disputar, junto a otros sectores, la conducción del cambio. Sin esa voluntad de articulación y poder, toda transición anunciada seguirá la senda de una simulación sin capacidad de transformar el orden existente, aunque las realidades no pueden esconderse tras las ramas.

Fotografías: La una, tomada de la red; y, la otra, LB, esquina de Municipal, Miércoles Santo (CCS, 01/04/26).

01/05/2026:


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