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domingo, 9 de febrero de 2025

Socialismo y anomia

LÓPEZ MAYA, EL SOCIALISMO Y SU LEVANTAMIENTO CATASTRAL

Luis Barragán (*)

Margarita López Maya ha considerado a fondo el período socialista del gobierno de Hugo Chávez [LÓPEZ MAYA, 2016: 17]. Experta en temas como el populismo y la democracia participativa, ha hecho una convincente caracterización del régimen todavía prevaleciente en Venezuela, respondiéndole de algún modo a autores que reclaman  la novedad del modelo, sentenciando: “La calificación simplista del chavismo como populista, demagógico y autoritario pasa por alto la considerable literatura académica sobre el fenómeno del populismo radical”, entre otros aspectos que enfatizan la dimensión socio-económica de una propuesta en curso, más allá de la personalidad que la propulsa [ELLNER, 2011: 153, 177, 178, 181]. No obstante, la autora ha planteado un fenómeno como el de la anomia que consideramos de una extraordinaria relevancia, lo que nos permite – en un breve ejercicio histórico -  colegir la existencia de un socialismo anómico, como causa y efecto del fenómeno de alcance nacional; como expresión que contradice una tradición de la izquierda marxista, y, curioso e inevitable, anómico frente a sí mismo, quizá, su definitiva cédula catastral.

1.-        Fundamentación anómica

El socialismo del siglo XXI, puede entenderse como una radicalización de la democracia participativa y protagónica, aunque cuenta con una importante influencia bolchevique que se traduce en el creciente cercenamiento de los derechos civiles y políticos, criminalizando toda oposición y disidencia  [LÓPEZ MAYA, 2016: 107 ss., 184 ss., 242; 2008,  69 ss.], por mucho tiempo en ejercicio monopólico de los símbolos de la nacionalidad [LÓPEZ MAYA, 2003: 107 ss.]. Además,  expone profundamente el esquema rentístico-petrolero, lo considera afín al capitalismo de Estado (sobre todo de cuño perecista), recentralizador,  estatizador de las grandes empresas, regulador económico, con una burocracia y élites que escapan del control ciudadano [Ibídem: 303 ss.].

Desmanteladas las instituciones de la democracia liberal, e impulsado el Estado Comunal, importa destacar la anomia social como fundamento de la experiencia de esta centuria: “Se conoce por anomia situaciones donde las normas de convivencia social, dejan de ser obedecidas, creándose condiciones de ingobernabilidad y violencia política” [LÓPEZ MAYA, 2016: 301].  Siendo así, por una parte, violentando la Constitución de 1999, el ejercicio del poder en Venezuela ha sido arbitrario, caprichoso y revanchista, fijando una normativa de hecho, cambiante según le convenga; y, por otra, bastando con ejemplificarla con la rutinaria violación de la Ley de Tránsito Terrestre en todos los sentidos, propiciando el desorden y la anarquía sociales que únicamente puede detener el gobierno nacional de acuerdo a sus más inmediatos y circunstanciales intereses.

El control absoluto de los medios de comunicación social de los cuales es titular el Estado, la (auto)censura y el bloqueo informativo de los medios del sector privado, al igual que el poderoso mito bolivariano y el culto a la personalidad presidencial, redujeron la vida ciudadana y específicamente política, a las vicisitudes del poder. El socialismo rentista se ha afincado en un discurso polarizador y descalificador de sus adversarios, pero – aun aceptando las derrotas electorales parciales – no ha escatimado esfuerzos por condicionar y hasta sabotear el triunfo y la gestión de sus oponentes, por ejemplo, al crear la figura inconstitucional e ilegal del “protector”, o judicializando el ámbito político    [LÓPEZ MAYA, 2016: 148, 303 ss.].

Vale decir, desmintiendo el componente de la democracia liberal establecido en la Constitución, y los principios representativos, frenos y controles, sin dudas, guarda correspondencia con una profundización de los procesos anómicos que revela la elevación de las tasas de homicidios, robos y secuestros, al igual que la corrupción y penetración del crimen organizado en el Estado, agravados al asumir Nicolás Maduro la presidencia de la República [LÓPEZ MAYA, 2016: 302, 310]. En una conferencia virtual, señaló que el descenso de las tasas delictivas sólo lo explica la pandemia, el confinamiento de las personas en sus hogares y la militarización de las ciudades [LÓPEZ MAYA,  2023],

2.-        Dimensión anómica de la política

Fiel manifestación de la aguda anomia social que nos aqueja, causa y efecto del fenómeno,  el socialismo apela a la “movilización de sectores anómicos en contra de las instituciones” [MADUEÑO, 2002: 56]. De título cauteloso, pues, luce ambiguo porque no sabemos si el ocaso referido es el del liderazgo y la proyección de Hugo Chávez, o de toda la experiencia del socialismo, López Maya describe en su obra de 2016 la naturaleza y características del principal partido de gobierno (PSUV), en reemplazo del MRB-200 y del MVR, movimiento netamente electoral que le dio el triunfo original, en 1998.

La derrota de la lucha armada en la década de los sesenta significó un intenso debate en torno a sus causas, y la naturaleza y características del socialismo que parecía lógico que se diera en el seno del PCV, partiendo de la necesidad o no de hacer la revolución burguesa en Venezuela, pero – a nuestro juicio – hubo resistencia en el resto de los sectores de la izquierda marxista, sobre todo en los aglutinados mucho tiempo atrás por el MIR, creyendo todavía posible el triunfo de la insurrección armada.  Más allá del componente generacional o de la estrategia maquiavélica de división del PCV [ELLNER, 1992: 55, 67, 72], hubo un proyecto socialista racional, discutible y discutido, que no se compadece con el socialismo del siglo XXI que ha analizado López Maya. Es más, “ni siquiera el propio Hugo Chávez, sabía explicar [lo]. con solidez teórica” [OLIVAR, 2017: 98], dejando todo a la imaginación, improvisación, piratería, mezcolanza al mejor estilo posmoderno.

Hay un imaginario social del cual da cuenta la literatura venezolana, y se infiere que “la izquierda de los sesenta en Venezuela estaba dormida, no extinguida”, siendo que la revolución bolivariana es “demostración de que la izquierda venezolana esperaba su oportunidad para hacer gala de su espíritu de refundación total del país, para mostrar un espíritu irredento de anacronismo político que impide una verdadera renovación de la izquierda y para reivindicar el militarismo rural y patriarcal” [KOZAK ROVERO, 2008: 74].

El consabido caso de Tareck El Aissami, ampliamente difundido por todos los medios noticiosos, incluyendo las escandalosas excentricidades de la denominada trama de la corrupción, apunta a la vida anómica de los distintos grupos y corrientes al interior del poder, pues, independientemente de los hechos delictivos señalados, ilustra que los líderes ayer ensalzados, hoy pueden ser objeto de una repentina, amplia y sobrevenida defenestración.  Las reglas no son las mismas que rigen al sistema dominado, por lo que el status quo ha de afrontar también los riesgos de la anomia en el propio ejercicio del poder.

3.-        Conclusiones

El socialismo ha sido causa y efecto del fenómeno de la anomia social, explicando el tan prolongado dominio sobre el país.  Margarita López Maya bien aporta a una caracterización que poco se compadece con la propuesta socialista que teórica e históricamente conocíamos, inexplicada por Hugo Chávez mismo su naturaleza y alcances.

En perspectiva, por las consecuencias de una crisis humanitaria compleja, la conformación de un Estado Criminal y el desconocimiento de los derechos humanos, sectores de la izquierda marxista podrán alegar que el de Chávez constituye un accidente histórico. Para mayor curiosidad e ironía, se entronizó bajo engaño después de la caída del muro de Berlín de lecciones muy pronto olvidadas.

Pendiente todavía, es necesario precisar aquellos criterios que permitan no sólo contrastar el fenómeno de la consabida anomia destructiva frente a la constructiva, excepcional e innovadora, sino hacer el adecuado levantamiento catastral de la experiencia vivida con el denominado socialismo del siglo XXI, trastocado en un raro modelo de exportación.  Reflexión que se ha antojado ociosa para muchos de lo que regularmente opinan en la materia,  cuya densidad es sólo de epítetos.

Referencias:

ELLNER, Steve (2011) “El fenómeno Chávez: sus orígenes e impacto”. Fondo Editorial Tropykos-Centro Nacional de Historia, Caracas.

ELLNER, Steve (1992) “De la derrota guerrillera a la política innovadora. El Movimiento al Socialismo (MAS)”. Monte Avila Editores, Caracas.

KOZAK ROVERO, Gisela (2008) “Venezuela, el país que siempre nace”. Editorial Alfa, Caracas.

LÓPEZ MAYA, Margarita (2003) “Hugo Chávez, su movimiento y presidencia”, en: ELLNER, Steve – HELLINGER, Daniel [Editores] (2003) “La política venezolana en la era de Chávez: clases, polarización y conflicto”. Universidad de Oriente – Nueva Sociedad, Caracas: 97-120.

LÓPEZ MAYA, Margarita (2016) “El ocaso del chavismo. Venezuela 2005-2015”. Editorial Alfa, Caracas.

LÓPEZ MAYA, Margarita (2023) Conferencia (Video), Caracas, 04/06, XI Diplomado de Historia de la Venezuela Contemporánea. Fundación Rómulo Betancourt-Universidad Pedagógica Experimental Libertador.

MADUEÑO, Luis (2002) “El populismo quiliástico en Venezuela. La satisfacción de los deseos y la mentalidad orgiástica”, en: RAMOS JIMÉNEZ, Alfredo (2002) “La transición venezolana. Aproximación al fenómeno Chávez”. Centro de Investigaciones de Política Comparada, Universidad de Los Andes, Mérida: 47-76.

OLIVAR, José Alberto (2017) “La revolución de los arteros y la mentira del socialismo del siglo XXI”, en: BUTTÓ, Luis Alberto – Olivar, José Alberto (2017) “El chavismo frente al espejo. El rostro de la mentira”. Negro Sobre Blanco, Caracas: 87-104.

(*) Trabajo presentado en el XI° Diplomado de Historia de la Venezuela Contemporánea / Fundación Rómulo Betancourt, bajo el título de "Socialismo y anomia (brevísimo ejercicio histórico)" (Caracas, 05/06/2023).

Fotografías: LB, lámina doblada de metal (2023), mural de Hugo Chávez en Quinta Crespo (CCS, 16/03/23), boceto de mural en Quinta Crespo (16/07/23), mural en una casa de La Vega (07/10/23), y mural avenida Universidad (14/10/23). 
10/02/2025:
11/02/2024: 


lunes, 21 de noviembre de 2022

Concupiscencia

HEDONISMO Y PODER

Luis Barragán

En los siglos precedentes, el poder siempre fue una promesa fundada e infundada de sacrificio, competencia y sobriedad que, ahora, ni siquiera es demandada como un deber moral. Simplemente,  es fruto de un forzado aprendizaje que necesitamos contrarrestar y superar con urgencia.

            Inolvidable, por el castigo cotidiano de aquellas cadenas radiotelevisivas nacionales, un buen día Chávez Frías tuvo el descaro de hablar en nombre de los hambrientos niños de la calle para justificar la venta del “camastrón”,  entendida como la demostración de su infinito desprendimiento respecto al estorbo del extremadamente lujoso avión presidencial que heredó de las administraciones anteriores. Poco después, el personaje adquirió un flamante Airbus de muchísimos millones de dólares, sin que obviamente resolviera el problema de nuestra infancia abandonada, agravándolo hasta lo imposible, para deleitarse con sus grandilocuentes y repetidas incursiones extranjeras.

            Así, quedó sellada una perversa pedagogía de quien(es) no se daba(n) por aludido(s), en las profundidades de nuestra memoria latente.  Impactado el imaginario colectivo, abonó a una novísima tradición política en repudio de la más vieja y sostenida que institucionalizó un modo de ser y de proceder, legando  una permanente y caprichosa ruptura que nunca tuvo ni tendrá solución de continuidad.  

Hemos  tenido también a mandatarios democráticos muy austeros en nuestra historia, e, incluso, cumplido el período constitucional, murieron empobrecidos;  y hasta feroces dictadores militares que procuraron administrar y minimizar el efecto público de sus excesos.  Todavía recordamos las quejas del sabaneteño por las prendas de vestir (y otras), que tanto le impresionaron al posesionarse de Miraflores y La Casona, aunque lució otras de prodigiosa confección y marca, atacando duramente a los predecesores que, por cierto,  hicieron públicas sus declaraciones de bienes, al ocupar y desocupar el solio presidencial, y pagaban el boleto aéreo de la esposa que acompañaba en un viaje de Estado.

Explotan los reprimidos deseos de la infancia, imponiéndose por encima de las responsabilidades de conducción que pronto se delegan en sus facetas más aburridas, complicadas y hasta tenebrosas, revolviendo las más elementales nociones de gobierno, gobernabilidad y gobernanza para  fundirlas en un ilimitado narcisismo que ha de darle identidad a la vasta clientela política cultivada. Opera el mito de una insostenible superioridad ética,  a través de un populismo cínico y extremo que llama a la resignación,  aceptación y silencio, explicándose como un fenómeno demasiado natural de reconocimiento al trepamiento económico y arribismo social de un alguien que no lo era en el inmenso paisaje de la pobreza pretérita del país que, por supuesto, versiona la maquinaria propagandística y publicitaria de la usurpación.

Muy antes, se hizo común el llamado a evitar o frenar la concupiscencia del poder, con sus placeres y bienestares inmediatos y sensoriales que lo aspiran como un ejercicio inagotable, por cuenta ajena: celebrada la tentación, hoy, la catástrofe humanitaria es el más elevado e inaudito costo que todavía pagamos, sin precedente alguno en nuestra biografía republicana, añadidas las escaramuzas y guerras intestinas que la marcaron. El renovado patrimonialismo de Estado permite conocer y ser conocido por las celebridades allende las fronteras, con  satisfacción por las imágenes, videos y titulares de la prensa que especulan en torno a una naciente amistad; pasearse por festivales de cine, estrechando la mano de los famosos, o recibiendo en palacio la sugestiva visita de una beldad;  la privilegiada asistencia a los grandes eventos deportivos, artísticos e, igualmente, gastronómicos, degustando un puro al mismo tiempo que el exquisito plato en un ambiente de humos encontrados; pagar para que los homenajeé los más cotizados cantantes del exterior, propagando el testimonio de las deidades del espectáculo, o, habituado al protocolo, hacer de sí una deidad que quedará sólo para sí y los síes que le acompañan, se ofrecen como ejemplo de lo lejos que hemos llegado, aunque tenemos la impresión de que, en el fondo, no hay vocación, sino lascivia económica de poder.

Maltrecha, sobrevive aún la infame ilusión óptica de una prosperidad colectiva, ahora, palpablemente reducida a la que pueda personalmente alcanzarse en el sorteo de las oportunidades que brinda el régimen, añadidos  los opositores dispuestos a “comprender” sus realidades, sensualizándose a través de los discursos y las metáforas fundadas en una política de la fe para las masas y en otra para modelar una suerte de mutua estafa respecto a aquellos que obscuramente enlazan con el oficialismo. El tribuno telegénico deviene político manufacturado que conforma una clase mediocre y autosuficiente para consagrar la brecha entre la producción intelectual y el compromiso político, fetichizando al gobernante, como expresara Luis Madueño en un ensayo de elocuente título, advertidos por la academia con sobrada anticipación [*].

[*]           “El populismo quiliástico en Venezuela. La satisfacción de los deseos y la mentalidad orgiástica”, en: Alfredo Ramos Jiménez (editor)  “La transición venezolana. Aproximación al fenómeno Chávez”, Centro de Investigaciones de Política Comparada – ULA, Mérida, 2002: 47-76.

Fotografías: Tomadas de la red. La segunda gráfica, aportada por Patricia Molina, coordinadora de las páginas de opinión de El Nacional, es de Prensa / Miraflores. La última es de Harold Escalona (EPA /REX/Shutterstock,  2008).

22/11/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/hedonismo-y-poder/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY