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lunes, 21 de abril de 2025

Instrucciones para recobrar el pasado

LECTURA DE ESTUPORES

Luis Barragán       

Ocurrió algo semejante a Cuba y todas sus posterioridades a partir de 1959: la demolición del pasado se convirtió en el único proyecto político realizado, mientras la inagotable retórica encubrió la quiebra definitiva de la industria azucarera y todavía lo intenta con los restos de una isla otrora promisoria. Acá, el antipuntofijismo se convirtió en escuela sagrada, aunque no logra impedir la sorpresa de las nuevas generaciones ante la Venezuela que despidió el siglo XX con un servicio diario, continuo y eficiente de agua potable y energía eléctrica, por ejemplo, como no acaece en el presente; semejante estupefacción produjo las gráficas que dieron la vuelta al mundo de las protestas escenificadas por 2017 en las magníficas autopistas hechas en la anterior centuria.

Todavía escasa la bibliografía que da cuenta de lo que hizo este país muy antes, fortalecida la tradición oral y gananciosas en audiencia las referencias digitales que ilustran aquella antigüedad y sus niveles de vida, apreciamos la reciente publicación de una obra de José Alberto Olivar de elocuente título: “Democracia y modernización en Venezuela (1958-1998)” (Universidad Monteávila, Caracas). Postergada desde 2019, dada la creciente precariedad del mercado editorial, ahora sale a la luz pública una pieza de riguroso soporte documental y de espléndida vocación didáctica que la hacen confiable e indispensable más allá de las aulas universitarias.

Individuo de número de la Academia Nacional de la Historia, son reconocidas las líneas de investigación del autor en torno a la historia regional y local, de las vías de comunicación y modernización, política y democracia, controversias territoriales, relaciones civiles-militares, y biografías. Productivo investigador y docente de una extraordinaria prudencia que es la que garantiza los juicios más severos y justos, nos entrega el aludido y lúcido breviario que seguramente asombrará a todos los afectados por la interesada peste del olvido respecto a las carreteras, autopistas, barriadas consolidadas, urbanizaciones, presas y represas, acueductos, centrales hidroeléctricas, puertos, aeropuertos, trenes subterráneos, siderúrgicas, agroindustrias, escuelas, universidades, hospitales, refinerías, etc., etc., construidas e inauguradas desde 1959 y que aún prestan en alguna medida sus servicios en el país, a pesar de la desinversión y del deterioro acumulado.

De la lectura de la obra en cuestión, por una parte, observamos, por muy alta y hasta violenta que fuese la conflictividad política, al mismo tiempo se gobernaba quedando el testimonio de la inauguración continua de obras y servicios para la ciudadanía, sobre todo la más desasistida; por otra, hubo orden e institucionalidad para acometer la vasta empresa evolucionando desde el insigne papel que cumplió el Ministerio de Obras Públicas (MOP) y el Banco Obrero (BO), a otras expresiones de un Estado más comedido de compararlo con el actual que, valga el detalle, no prestaba ni condicionaba al ocupante, sino que lo hacía propietario del apartamento de interés social; y, no menos importante, el acento otorgado a la edificación de centenares de escuelas, liceos, universidades y su equivalentes en materia de centros de salud, en los que prevaleció por varios años la calidad del servicio en favor del incremento no solo de su promedio de vida, sino de la movilidad social que fue baluarte de aquella democracia hoy tantas veces denostada. Luego, hubo rendición de cuentas de las inversiones realizadas, viéndosele los reales a las bonanzas petroleras, y el queso a la tostada de los recursos provenientes de los organismos internacionales. 

Un valor agregado del libro, lo representa la oportuna selección de sendos discursos presidenciales, en tiempos en que la memoria documental corre un serio peligro de desaparecer. Alocuciones que nos colocan en una radical perspectiva de sobriedad y sensatez con la que se encaraba el ejercicio presidencial y, entendemos, cada vez más son de una difícil localización y consulta, por no evocar los grandes beneficios que reportó la descentralización.

Acotemos, los datos aportados por Oliver para las distintas etapas o momentos considerados, son decididamente coherentes, como los fueron de relacionar las memorias y cuentas, las informaciones de prensa, los informes técnicos, los anuncios publicitarios de entonces. Tengamos en cuenta que, a la libertad de prensa, se sumaban los controles parlamentarios nacional y regionales, como municipales.

Concluyendo, asistimos a una lectura de necesarios estupores para la reconstrucción de una memoria tan golpeada por todos estos años.  Por lo menos, desmentirla costará demasiado trabajo.

22/04/2'25:

https://www.elnacional.com/opinion/lectura-de-estupores/

https://www.costadelsolfm.org/2025/04/23/luis-barragan-lectura-de-estupores/

domingo, 9 de febrero de 2025

Socialismo y anomia

LÓPEZ MAYA, EL SOCIALISMO Y SU LEVANTAMIENTO CATASTRAL

Luis Barragán (*)

Margarita López Maya ha considerado a fondo el período socialista del gobierno de Hugo Chávez [LÓPEZ MAYA, 2016: 17]. Experta en temas como el populismo y la democracia participativa, ha hecho una convincente caracterización del régimen todavía prevaleciente en Venezuela, respondiéndole de algún modo a autores que reclaman  la novedad del modelo, sentenciando: “La calificación simplista del chavismo como populista, demagógico y autoritario pasa por alto la considerable literatura académica sobre el fenómeno del populismo radical”, entre otros aspectos que enfatizan la dimensión socio-económica de una propuesta en curso, más allá de la personalidad que la propulsa [ELLNER, 2011: 153, 177, 178, 181]. No obstante, la autora ha planteado un fenómeno como el de la anomia que consideramos de una extraordinaria relevancia, lo que nos permite – en un breve ejercicio histórico -  colegir la existencia de un socialismo anómico, como causa y efecto del fenómeno de alcance nacional; como expresión que contradice una tradición de la izquierda marxista, y, curioso e inevitable, anómico frente a sí mismo, quizá, su definitiva cédula catastral.

1.-        Fundamentación anómica

El socialismo del siglo XXI, puede entenderse como una radicalización de la democracia participativa y protagónica, aunque cuenta con una importante influencia bolchevique que se traduce en el creciente cercenamiento de los derechos civiles y políticos, criminalizando toda oposición y disidencia  [LÓPEZ MAYA, 2016: 107 ss., 184 ss., 242; 2008,  69 ss.], por mucho tiempo en ejercicio monopólico de los símbolos de la nacionalidad [LÓPEZ MAYA, 2003: 107 ss.]. Además,  expone profundamente el esquema rentístico-petrolero, lo considera afín al capitalismo de Estado (sobre todo de cuño perecista), recentralizador,  estatizador de las grandes empresas, regulador económico, con una burocracia y élites que escapan del control ciudadano [Ibídem: 303 ss.].

Desmanteladas las instituciones de la democracia liberal, e impulsado el Estado Comunal, importa destacar la anomia social como fundamento de la experiencia de esta centuria: “Se conoce por anomia situaciones donde las normas de convivencia social, dejan de ser obedecidas, creándose condiciones de ingobernabilidad y violencia política” [LÓPEZ MAYA, 2016: 301].  Siendo así, por una parte, violentando la Constitución de 1999, el ejercicio del poder en Venezuela ha sido arbitrario, caprichoso y revanchista, fijando una normativa de hecho, cambiante según le convenga; y, por otra, bastando con ejemplificarla con la rutinaria violación de la Ley de Tránsito Terrestre en todos los sentidos, propiciando el desorden y la anarquía sociales que únicamente puede detener el gobierno nacional de acuerdo a sus más inmediatos y circunstanciales intereses.

El control absoluto de los medios de comunicación social de los cuales es titular el Estado, la (auto)censura y el bloqueo informativo de los medios del sector privado, al igual que el poderoso mito bolivariano y el culto a la personalidad presidencial, redujeron la vida ciudadana y específicamente política, a las vicisitudes del poder. El socialismo rentista se ha afincado en un discurso polarizador y descalificador de sus adversarios, pero – aun aceptando las derrotas electorales parciales – no ha escatimado esfuerzos por condicionar y hasta sabotear el triunfo y la gestión de sus oponentes, por ejemplo, al crear la figura inconstitucional e ilegal del “protector”, o judicializando el ámbito político    [LÓPEZ MAYA, 2016: 148, 303 ss.].

Vale decir, desmintiendo el componente de la democracia liberal establecido en la Constitución, y los principios representativos, frenos y controles, sin dudas, guarda correspondencia con una profundización de los procesos anómicos que revela la elevación de las tasas de homicidios, robos y secuestros, al igual que la corrupción y penetración del crimen organizado en el Estado, agravados al asumir Nicolás Maduro la presidencia de la República [LÓPEZ MAYA, 2016: 302, 310]. En una conferencia virtual, señaló que el descenso de las tasas delictivas sólo lo explica la pandemia, el confinamiento de las personas en sus hogares y la militarización de las ciudades [LÓPEZ MAYA,  2023],

2.-        Dimensión anómica de la política

Fiel manifestación de la aguda anomia social que nos aqueja, causa y efecto del fenómeno,  el socialismo apela a la “movilización de sectores anómicos en contra de las instituciones” [MADUEÑO, 2002: 56]. De título cauteloso, pues, luce ambiguo porque no sabemos si el ocaso referido es el del liderazgo y la proyección de Hugo Chávez, o de toda la experiencia del socialismo, López Maya describe en su obra de 2016 la naturaleza y características del principal partido de gobierno (PSUV), en reemplazo del MRB-200 y del MVR, movimiento netamente electoral que le dio el triunfo original, en 1998.

La derrota de la lucha armada en la década de los sesenta significó un intenso debate en torno a sus causas, y la naturaleza y características del socialismo que parecía lógico que se diera en el seno del PCV, partiendo de la necesidad o no de hacer la revolución burguesa en Venezuela, pero – a nuestro juicio – hubo resistencia en el resto de los sectores de la izquierda marxista, sobre todo en los aglutinados mucho tiempo atrás por el MIR, creyendo todavía posible el triunfo de la insurrección armada.  Más allá del componente generacional o de la estrategia maquiavélica de división del PCV [ELLNER, 1992: 55, 67, 72], hubo un proyecto socialista racional, discutible y discutido, que no se compadece con el socialismo del siglo XXI que ha analizado López Maya. Es más, “ni siquiera el propio Hugo Chávez, sabía explicar [lo]. con solidez teórica” [OLIVAR, 2017: 98], dejando todo a la imaginación, improvisación, piratería, mezcolanza al mejor estilo posmoderno.

Hay un imaginario social del cual da cuenta la literatura venezolana, y se infiere que “la izquierda de los sesenta en Venezuela estaba dormida, no extinguida”, siendo que la revolución bolivariana es “demostración de que la izquierda venezolana esperaba su oportunidad para hacer gala de su espíritu de refundación total del país, para mostrar un espíritu irredento de anacronismo político que impide una verdadera renovación de la izquierda y para reivindicar el militarismo rural y patriarcal” [KOZAK ROVERO, 2008: 74].

El consabido caso de Tareck El Aissami, ampliamente difundido por todos los medios noticiosos, incluyendo las escandalosas excentricidades de la denominada trama de la corrupción, apunta a la vida anómica de los distintos grupos y corrientes al interior del poder, pues, independientemente de los hechos delictivos señalados, ilustra que los líderes ayer ensalzados, hoy pueden ser objeto de una repentina, amplia y sobrevenida defenestración.  Las reglas no son las mismas que rigen al sistema dominado, por lo que el status quo ha de afrontar también los riesgos de la anomia en el propio ejercicio del poder.

3.-        Conclusiones

El socialismo ha sido causa y efecto del fenómeno de la anomia social, explicando el tan prolongado dominio sobre el país.  Margarita López Maya bien aporta a una caracterización que poco se compadece con la propuesta socialista que teórica e históricamente conocíamos, inexplicada por Hugo Chávez mismo su naturaleza y alcances.

En perspectiva, por las consecuencias de una crisis humanitaria compleja, la conformación de un Estado Criminal y el desconocimiento de los derechos humanos, sectores de la izquierda marxista podrán alegar que el de Chávez constituye un accidente histórico. Para mayor curiosidad e ironía, se entronizó bajo engaño después de la caída del muro de Berlín de lecciones muy pronto olvidadas.

Pendiente todavía, es necesario precisar aquellos criterios que permitan no sólo contrastar el fenómeno de la consabida anomia destructiva frente a la constructiva, excepcional e innovadora, sino hacer el adecuado levantamiento catastral de la experiencia vivida con el denominado socialismo del siglo XXI, trastocado en un raro modelo de exportación.  Reflexión que se ha antojado ociosa para muchos de lo que regularmente opinan en la materia,  cuya densidad es sólo de epítetos.

Referencias:

ELLNER, Steve (2011) “El fenómeno Chávez: sus orígenes e impacto”. Fondo Editorial Tropykos-Centro Nacional de Historia, Caracas.

ELLNER, Steve (1992) “De la derrota guerrillera a la política innovadora. El Movimiento al Socialismo (MAS)”. Monte Avila Editores, Caracas.

KOZAK ROVERO, Gisela (2008) “Venezuela, el país que siempre nace”. Editorial Alfa, Caracas.

LÓPEZ MAYA, Margarita (2003) “Hugo Chávez, su movimiento y presidencia”, en: ELLNER, Steve – HELLINGER, Daniel [Editores] (2003) “La política venezolana en la era de Chávez: clases, polarización y conflicto”. Universidad de Oriente – Nueva Sociedad, Caracas: 97-120.

LÓPEZ MAYA, Margarita (2016) “El ocaso del chavismo. Venezuela 2005-2015”. Editorial Alfa, Caracas.

LÓPEZ MAYA, Margarita (2023) Conferencia (Video), Caracas, 04/06, XI Diplomado de Historia de la Venezuela Contemporánea. Fundación Rómulo Betancourt-Universidad Pedagógica Experimental Libertador.

MADUEÑO, Luis (2002) “El populismo quiliástico en Venezuela. La satisfacción de los deseos y la mentalidad orgiástica”, en: RAMOS JIMÉNEZ, Alfredo (2002) “La transición venezolana. Aproximación al fenómeno Chávez”. Centro de Investigaciones de Política Comparada, Universidad de Los Andes, Mérida: 47-76.

OLIVAR, José Alberto (2017) “La revolución de los arteros y la mentira del socialismo del siglo XXI”, en: BUTTÓ, Luis Alberto – Olivar, José Alberto (2017) “El chavismo frente al espejo. El rostro de la mentira”. Negro Sobre Blanco, Caracas: 87-104.

(*) Trabajo presentado en el XI° Diplomado de Historia de la Venezuela Contemporánea / Fundación Rómulo Betancourt, bajo el título de "Socialismo y anomia (brevísimo ejercicio histórico)" (Caracas, 05/06/2023).

Fotografías: LB, lámina doblada de metal (2023), mural de Hugo Chávez en Quinta Crespo (CCS, 16/03/23), boceto de mural en Quinta Crespo (16/07/23), mural en una casa de La Vega (07/10/23), y mural avenida Universidad (14/10/23). 
10/02/2025:
11/02/2024: 


lunes, 25 de noviembre de 2024

... Cualquier parecido con la época actual, no es simple coincidencia

JOSÉ ALBERTO OLIVAR Y LA PARÁBOLA HISTÓRICA

Luis Barragán

Nada casual, galopantemente, la sociedad venezolana ha perdido formalidad, compromiso, sobriedad y confianza en sus relaciones, y, por ello, esta incansable anomia que nos atormenta  y el predominio exagerado de la economía informal con sus consecuencias, disfrazada de entusiasta emprendimiento. Cualesquiera gestos y eventos significativos y solemnes, más aún, los actos académicos, llaman inmediata y poderosamente la atención y el respeto de propios y extraños; por cierto, significación y solemnidad que ha perdido por más de dos décadas el poder establecido trocado en espectáculo.

Muy recientemente, la Academia Nacional de la Historia, con 136 años a cuestas, una rareza para el país que prosigue su desinstitucionalización, efectivamente adscribió como numerario al Dr. José Alberto Olivar, cuyo discurso de incorporación de impecable e inspirada factura, añadido el de contestación, suscrito por el Dr. Edgardo Mondolfi, impresionó favorablemente a la audiencia, segura de encontrarse con tribunos de una macerada reflexión capaces de suscitar y orientar el debate, sin estridencias. Al transcurrir los días, hemos constatado el interés creciente de los lectores por la materia tratada: la entendemos como una eficaz parábola histórica que sólo surge de la curiosidad, el rigor extremo, la paciencia, el conocimiento acumulado, la inspiración, la severidad técnica, la humildad, la imaginación necesaria que ha de caracterizar al científico social.

La citada corporación que, valga recordar, es una legítima expresión sobreviviente del Estado, hizo una correcta calibración del novísimo numerario, cuyas credenciales lucen irrefutables, tal como se espera de toda la membresía afianzada por el estudio y la investigación, el ejercicio docente y los textos que perduran por su solvencia académica. Esto, en contraste con otros ámbitos del quehacer colectivo, la adscripción de todo individuo de número parte de exigentes requisitos, calibrada la trayectoria misma de los aspirantes, pues, de ocurrir lo contrario, la institución perdería credibilidad y ganaría en desprecio.

Historiador que ha privilegiado sendas líneas de investigación, como la vialidad en nuestro país, las relaciones civiles-militares, el Esequibo, preocupándole el futuro mismo de la universidad venezolana, aporta una perspectiva  inédita del pensamiento político venezolano con su trabajo de incorporación de título elocuente: “Una mirada al libro El Presidente de Rafael Fernando Seijas (1891). Entre la crisis del liberalismo amarillo y la promesa moralista”. Halando la punta del hilo, logra una importante e interesante interpretación de un período crítico de la vida republicana que da cuenta de una extraordinaria aspiración afincada en aquellos valores destruidos por la realidad política y sus actores, aunque perdurables en la misma medida que pueda comprenderse a cabalidad cada coyuntura, respondiendo en términos estratégicos así el denunciante, por ejemplo, finalmente no vea materializado sus sueños.

Nos consta, el amigo José Alberto desplegó todas sus habilidades detectivescas yendo más allá del citado ensayo, hasta dar con la fecha cierta del deceso del autor, para retratar una época que, aclaremos, cualquier parecido con la actual no es simple coincidencia. Así las cosas, concluimos que Olivar ha sido interpretado por Seijas y no al revés. 

Gráficas: Rafael Fernando Seijas y una vista del acto de incorporación. 

26/11/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/jose-alberto-olivar-y-la-parabola-historica/

domingo, 24 de noviembre de 2024

La noticia histórica

JOSÉ ALBERTO OLIVAR: "HAY ELEMENTOS QUE NOS RETROTRAEN A LO PEOR EL SIGLO XIX"

Para el nuevo integrante de la Academia Nacional de la Historia, minimizar el impacto histórico español en la evolución de Venezuela es un error deliberado, porque obedece a un proyecto político

Reyes Theis 

Como si la historia lo atrajera desde su llegada al mundo, José Alberto Olivar nació en la populosa parroquia Antímano de Caracas un 5 de julio hace 48 años, cuando se conmemoraba la firma del acta de la independencia venezolana.

Su origen es un testimonio de los cambios demográficos y sociales del país, sus padres eran hijos de campesinos del estado Sucre y Trujillo y se vinieron a la capital a buscar oportunidades. Allí el joven José Alberto se hizo profesor de Geografía e Historia, el primer peldaño de una impecable formación académica que lo llevó esta semana a ser incorporado a la Academia Nacional de la Historia para ocupar el sillón G, que ocupaba el fallecido José Rafael Lovera.

El académico accedió a conversar con Analítica sobre las diversas interpretaciones de la historia venezolana y se refirió al uso ideológico de su enseñanza.

–Hay una tendencia en Venezuela de levantar a los héroes militares por encima de los héroes civiles, hasta el punto de ser invisibilizados. Un ejemplo de ello es que el único estado que llevaba el apellido de un héroe civil (Vargas) le cambiaron el nombre para para dejarle un vocablo indígena (La Guaira). ¿Cómo ve usted este este tema de los héroes civiles versus los héroes militares?

–Es una tendencia que ha existido a lo largo de la historia republicana venezolana, sobre todo lo que tiene que ver con el proceso de realzar el predominio, la preeminencia, de las figuras militares que, sin duda, tuvieron una importante contribución en la época de la independencia. Pero al lado de esas figuras militares, hubo figuras civiles y no hay que olvidar que los momentos estelares iniciales de nuestro proceso de independencia estuvo protagonizado por una élite civil. Eran los llamados criollos o grandes propietarios de tierra, sí eran esclavistas, sí era el grupo dominante de la época, pero es que eso estaba de acuerdo con el contexto del momento y hay que entenderlo perfectamente porque era la lo que predominaba en esa coyuntura, que era la estructura que existía.

–En virtud de eso no podría extrañarnos que a estas alturas del siglo XXI, lo militar sigue teniendo tanta relevancia en el espacio político venezolano

–Sí, eso no causa extrañeza. Como le dije, porque no solamente está el caso de los nuestros héroes militares de la época de la independencia, sino cada proceso que se va a dar a lo largo del siglo XIX y el XX va a tener esa preeminencia, la figuración de los militares. Algunos con puestos muy bien labrados por su desempeño y otros por el ejercicio del poder de manera despótica, sobre todo en el siglo XX. El caso más emblemático, por supuesto es Juan Vicente Gómez, que marcó casi tres décadas de ejercicio del poder en esa visión de lo que significaba, como lo señaló José Luis (SIC) Fortoul, “el hombre fuerte y bueno que el país necesitaba en aquel momento”. Cosa que es  importante subrayar, porque era también otra coyuntura, pues buena parte de aquellos hombres notables consideraron que dada una tendencia de desaliento que había en ese intento de poder consolidar una república liberal en nuestro país con alguna institucionalidad, pareciera que no había más remedio, a finales del siglo XIX y principio del siglo XX, que buscar una mano dura, una mano fuerte, que impusiera la paz, para finalmente dejar a un lado las guerras civiles, la lucha intestinas y la proliferación de caudillos.

–Eso nos lleva al tema del caudillismo. Una constante en el siglo XIX pero también en el siglo XX. ¿Se puede decir que el caudillismo forma parte de la idiosincrasia del venezolano y una manera de percibir el ejercicio de la política?

–Bueno, desde el punto de vista teórico en el caso concreto de la sociedad venezolana, más allá de las distintas circunstancias y crisis que hemos tenido en los últimos 50 años, en líneas generales no es correcto definir la presencia de figuras caudillescas, por cuanto el caudillismo forma parte de un momento de la historia ya superado, caracterizado por el predominio de la sociedad rural, condicionada por la dependencia de productos primarios de carácter agropecuario. Como dice Ramón J. Velásquez, “una categoría que se acota más a un país palúdico, analfabeta y tuberculoso”. Si bien hoy tenemos elementos que nos retrotraen a esos momentos grotescos, lo peor del siglo XIX, sin duda que la Venezuela de hoy es totalmente distinta a esa Venezuela decimonónica y sí hay elementos que guardan analogía, pero no resulta correcto desde el punto de vista teórico calificar liderazgos de los últimos 20 o 30 años. Ni siquiera el mismo Rómulo Betancourt podemos calificarlo de caudillo, más allá de algunos elementos de rasgos personales. Entonces si partimos del punto de vista cronológico de figuras como Betancourt, Caldera que fueron líderes importantes, Jóvito Villalba, de hace 50 a 60 años atrás, por supuesto las figuras actuales no tienen tampoco esa condición de caudillo. Pueden tener otras denominaciones, otras interpretaciones, porque la situación del país no se presta para ello. Es otro contexto, es una Venezuela urbana.

–Pero definitivamente hay una tendencia o una inclinación por el hombre fuerte, por el mesianismo político. La figura que por encima de todo puede solucionar los problemas, como se evidenció en esta etapa histórica.

–Sin duda, con Hugo Chávez, pero yo no me atrevería bajo ningún concepto a llamarlo caudillo, para nada y esto no se trata de delegarle una posición de punto de vista histórico. Es que él no fue caudillo, más allá que él probablemente lo quiso ser, en su imaginario, en su pensamiento, en su lectura, pero no calzaba para nada, porque él fue un producto de esa Venezuela moderna de esa Venezuela urbana, un hombre que pudo salir del campo venezolano como muchos venezolanos, vinieron a la ciudad, con una importante movilización. Se puede decir que el 100% de la élite que dirige el país, que controla el estado venezolano, todos ellos son productos de esa Venezuela en transición que tuvimos del siglo XX hasta ese siglo XXI, todos ellos tuvieron la oportunidad de cursar estudios tanto de primaria, secundaria y universidades, gracias a las instituciones públicas educativas que creó el moderno Estado Venezolano, que indistintamente de los signos ideológicos de turno mantuvo inalterable el curso de asegurar que Venezuela fuese un país totalmente distinto, al menos en buena parte, de lo que fue el siglo XIX.

–Volviendo con el tema de las tendencias de la historia, nuestra educación formal, la de la escuela y el liceo, ponen principalmente el acento en el período posterior a la independencia y pareciera que el tema de la presencia española y el aporte de España a Venezuela fue muy poco, cuando claramente no fue así. ¿Cómo ve usted ese tema el tema de del de la presencia española en Venezuela y el impacto que se le atribuye desde el punto de vista educativo?

–Bueno, puedo hablar desde dos perspectivas y la que más predomina es mi desempeño como profesor de liceo que fui durante 10 años aproximadamente antes de ingresar al sector universitario. Entonces en ese desempeño que tuve en colegios públicos y privados me tocó impartir clases a adolescentes. Había una importante diferencia de lo que hoy tenemos el ámbito curricular. Había un importante estudio en líneas generales más o menos equilibrado y había esa revisión de los distintos momentos de la historia. Yo por ejemplo, como profesor recuerdo que mis clases dedicaba el primer lapso, que iba desde el inicio de año escolar hasta el mes de diciembre, más o menos dos meses, en explicar todo lo que tiene que ver con el tiempo prehispánico venezolano y el segundo lapso lo dedicaba desde enero hasta el mes de marzo completo, casi tres meses a explicar el tiempo colonial,  todas sus contradicciones,  los conflictos los avances, la conformación institucional del país y el tercer lapso que iba desde el mes de abril aproximadamente hasta junio al tiempo de la independencia, la discusión de las grandes ideas de las revoluciones liberales. Eso evidencia que a diferencia de este momento, había tiempo suficiente para tratar de la manera más equilibrada, el pasado histórico venezolano. Hoy por hoy, lo que he podido conversar con muchos colegas, es que ahora todo se ha reducido. Considera (la etapa precolombina) como un periodo que representa lo más negativo para la historia y solamente se toma en consideración de nuestro pasado colonial aquella gestas de insurrección contra esa estructura. También hay que enseñar la conformación del país, porque sobre esa base institucional es que se le va a dar pie a la instauración del futuro Estado independiente de Venezuela y muchos de esos elementos hoy por hoy se conservan. Por ejemplo, cuando se habla de la reclamación del Esequibo, el antecedente más remoto precisamente son los documentos que en tiempo de la colonia acreditaban la posesión de parte de la Corona española sobre ese territorio. Entonces ahí estamos utilizando y teniendo que reconocer la importancia de esos títulos que vienen de esa misma época y sin duda confirma la importancia de enseñar a nuestras nuevas generaciones esos elementos.

–Sobre la llegada de Colón a América hay diversas interpretaciones que lo llevan desde el encuentro de dos mundos o conmemorar la resistencia indígena. ¿Cómo sería la aproximación que se amolde más a lo que aconteció?

-Hemos pasado sin duda desde algunas visiones, si se quiere extremas en algunas partes del contexto latinoamericano, que algunos llaman visión idílica del hispanismo, a la visión idílica de lo que significó la lucha contra los grupos dominantes, donde por supuesto está presente un planteamiento ideológico y en esa visión de la historia, esa visión maniquea y reduccionista de la historia que es incorrecta, porque la historia es mucho más que eso y usted no se puede reducir a simplemente una especie de negro y blanco, porque  hay matices y esos matices son importantes. En nuestro caso, dejar de reconocer que Venezuela tuvo una importante evolución en su integración de su sociedad desde el punto de vista demográfico es un error, que la más de las veces no es por ignorancia, sino deliberado, porque obedece a un proyecto político.

-Hay unos estudios que hablan de la conformación de unos ciclos históricos en Venezuela que se cierran y dan lugar a otro cada 30 o 40 años…

-Sí, ese planteamiento lo formuló Tomás Polanco Alcántara que fue abogado e historiador y miembro de la Academia de la Historia y me hace recordar, tal como usted lo describe, una entrevista que él concedió a Marcel Granier en su programa Primer Plano, donde él explicó didácticamente lo que había escrito y en efecto, él decía que aproximadamente las generaciones que han gobernado en términos generales, la generación de la independencia, los generación de los procesos de la Federación, la generación del tiempo de Gómez, el tiempo de lo que significó los partidos políticos modernos del siglo XX,  aproximadamente cada ciclo duraba entre 35 y 40 años y hasta los momentos por fuerza probablemente de casualidad o de los factores internos, se ha cumplido ese elemento, no digamos como una especie determinismo histórico, pero sí tiene cierto asidero.

–Ahora una de las cosas que hacen los historiadores, además analizar los comportamientos históricos, es que pueden a partir de eso hacer prospectiva, analizar qué cosas pudieran pasar dependiendo de estos ciclos históricos. ¿Usted ve en este momento algunos elementos que nos permitan suponer que estamos al cierre de un ciclo histórico?

–Bueno, últimamente uno de los historiadores que ha cultivado esta línea de interpretativa de la historia de la visión prospectiva propiamente es el historiador Germán Carrera Damas, de hecho publicó hace dos años aproximadamente un libro de donde expuso su punto de vista. Yo considero que para cultivar esta línea hay que tener por supuesto horas de vuelo, como por supuesto lo tiene Don Germán. Una vasta experiencia, porque la historia no se trata de hacer una especie de pitoniso, de adivinar el futuro y por supuesto Don Germán tiene la experticia no para avizorar a manera de pronóstico, pero sí de trazar líneas de lo que corresponde a una agenda que tiene prevista la sociedad venezolana en ese marco de lo que él ha denominado la larga marcha hacia la democracia. En mi caso particular, en este aspecto tengo mis reservas, no porque no comparta propiamente el planteamiento, por ejemplo del caso de Don Germán Carrera Damas, sino porque es un poco, si se quiere aventurado, señalar qué puede pasar en un futuro. Lo que sí podemos precisar es que la historia nos da herramientas para conocer nuestro pasado, de modo de poder comprender nuestro presente y sobre todo poder verificar cuáles han sido las principales fallas para reparar errores. Pero mucho más importante, conocer nuestros aciertos para potenciarlos y de esa manera convertirlos en un eje transversal que nos permita seguir transitando hacia el futuro que esperamos construir, que sigue siendo incierto, pero que al menos nos da una hoja de ruta.

24/11/2024:

https://www.analitica.com/actualidad/jose-alberto-olivar-hay-elementos-que-nos-retrotraen-a-lo-peor-del-siglo-xix/

Fotografías: LB (CCS, 20/11/2024). Tres momento del acto de incorporación y del brindis en planta baja. Tercera gráfica, de izquierda a derecha: Freddy Marcano, LB, José Olivar, Luis Salamanca, Rosa Fuentes y Carlos Castañeda.

Cfr. https://www.youtube.com/watch?v=69Qu2vij63E

sábado, 23 de noviembre de 2024

Honra y hora histórica

OLIVAR: HISTORIA Y CONTUNDENCIA POLÍTICA EN LA ACADEMIA

William Anseume 

Las Academias Nacionales siguen indetenibles su contribución al país. En medio de la turbiedad, son un aliciente de pensamiento y acción. Esto debemos agradecerlo encarecidamente todos los ciudadanos venezolanos. 

Me honra la amistad de José Alberto Olivar. No es nueva. Son varios, largos, años de lucha en y desde la Universidad Simón Bolívar, donde nos conocimos. Ahora ingresó a la Academia de la Historia en calidad de Individuo de Número. Destacada función con reconocimiento mutuo, de él y de la propia Academia. 

No puedo dejar de expresar mi sorpresa por su brillante discurso de incorporación. Habíamos hablado largo, muchos días antes de su lectura de este miércoles. Estaba prácticamente decidido a expresarse sobre las vías de penetración en el país. Sus palabras en el histórico recinto me conmovieron, me sorprendieron, por su actualidad política insoslayable en tan crudos momentos de nuestras vivencias cotidianas. 

El de Olivar fue un acto político, más que académico. Allí nos congregamos para aplaudirlo más de cien personas. Su verbo sigue resonando en el palacio. Dedicó su alocución a la actualidad política del país, sin mencionarla siquiera. Tampoco esquivándola. Aprovechó para ello un engavetado y minúsculo texto revitalizado por él, intitulado El presidente (Madrid, 1891). Donde su autor, Rafael Fernando Seijas, disecciona la dictadura de Antonio Guzmán Blanco. En referencia a ellos, el libro, el autor y Guzmán, expresa Olivar: "Los estragos de la recurrente violencia política", "aunque fuera a costa de métodos autoritarios", "Su obra como gobernante y las tropelías de las que hizo gala", entre otras junturas de vocablos decidores de lo nuestro. 

Los concurrentes nos sentimos motivados, más allá de la absurda tentativa del autor decimonónico de contrariar alguna máxima irrefutable de Maquiavelo, a buscar y leer de primera mano el opúsculo de Seijas. Sin embargo, como lo expresó en su contestación el otro académico, Edgardo Mondolfi, la reactivación escrituraria del libro del XIX está en la corajuda lectura que de él realiza el profesor de la USB. 

Así pues, humildemente, recomiendo la lectura tan significativa del discurso de incorporación a la Academia de la Historia de José Alberto Olivar, e invito a que corramos, como él nos invita, a precisar nuestra realidad actual en El presidente de Seijas. Muy grato momento indeleble en el palacio de las Academias este miércoles. 

Fuentes fotográficas: Instagram. 

23/11/2024:

lunes, 19 de agosto de 2024

Una coyuntura artificialmente prolongada

LAS RELACIONES CIVILES MILITARES: DOMINGO IRWIN  

Luis Barragán

Hubo esfuerzos significativos por reasumir y comprender el papel político del sector militar venezolano a finales del XX y principios del presente siglo, en buena medida frustrados al abonar a una versión convencional de la ya lejana consolidación del Estado Nacional y la definitiva asimilación de la entidad castrense. Honrosas las excepciones,  el liderazgo político y de opinión resultó sorprendido ante un distinto relacionamiento de la entidad con el resto de la sociedad susceptible de una desinhibida y creciente militarización.

Liderazgo que tardó, o todavía tarda, en imponerse de los indispensables aportes de la academia que ha avanzado en distintas disciplinas, como la sociología militar y la más específica del poder militar, la historia militar y particularmente la de la guerra, y las relaciones civiles militares. Terreno éste en el que destacó e hizo extraordinarios aportes el profesor Domingo Irwin,  fue no sólo autor de numerosos y muy rigurosos textos, sino – en propiedad – creador de una escuela de interpretación que, afortunadamente, prosperó, e, incluso, influyó sustancialmente en nuestro trabajo parlamentario.

En efecto, ganamos una novedosa perspectiva en el esfuerzo de abordar una materia tan compleja y sencilla al mismo tiempo, gracias al testimonio bibliográfico y hemerográfico de un insigne investigador que no temió a los medios de comunicación que paulatinamente sufrieron de la (auto)censura y el sedicente bloqueo. Empero, recientemente cumplido el décimo aniversario de la triste noticia, murió prematuramente, a deshora, inoportunamente, aunque tuvo la fortuna de contar con talentosos discípulos directos, académicamente productivos que también privilegiaron la edición de libros colectivos para abaratar costos, e, igualmente, reivindicar las enseñanzas del maestro respecto a las tareas mancomunadas; valga acotar, destaca entre los discípulos que mantienen viva y activa la escuela irwiniana, José Alberto Olivar, recientemente elegido como individuo de número de la Academia Nacional de la Historia, comprobando el acierto del pedagogo que fundó una tradición académica y de amistad en medio del desarrollo de una crisis política del país que todavía no concluye.

En otras circunstancias, digamos de una mínima normalidad y de esenciales libertades públicas, Irwin y su escuela hubiesen sido un público, reiterado e ineludible referente de opinión, aportante a un sobrio debate nacional que actualizara y profundizara cabalmente en la institucionalidad castrense y el debido control civil. Tuvimos en suerte que pensara el país del futuro, hábito no apto para los influencers traganíqueles que se juran una alternativa para cuando todo esto pase, desde la colorida burbuja digital  de sus ocurrencias, por cierto, harto diferente a los serísimos maestros de las redes.

Además, convengamos, Domingo Irwin no es asunto exclusivo de sus especializados causahabientes, sino de la sociedad civil democrática (disculpen el pleonasmo), su liderazgo político y también del  virtual, todos prisioneros de una coyuntura artificialmente perpetuada, empecinados en la continuidad histórica de Venezuela, nada más y nada menos. Por ello, igualmente celebramos que Iván Méndez, director de opinionynoticias.com, hiciese suya la conmemoración del gran historiador o, mejor, intérprete de la historia que está por hacerse, ejemplificando la atención que suscitan los maestros que genuinamente lo son.

20/08/2024:

jueves, 15 de agosto de 2024

Meditador que se extraña

DOMINGO IRWIN Y LA DIALÉCTICA DEL CONTROL CIVIL

José Alberto Olivar  

Cuando se trataba de poner orden a la bibliografía vinculada con el tema militar y la línea de investigación referida a las relaciones civiles y militares,

Domingo Irwin, era taxativo en advertir la importancia de saber distinguir entre los textos de muy variada laya de aquellos que en realidad importan para los efectos de comprender a fondo este delicado tema de análisis histórico y político.

Fruto de su formación como profesor de historia y ciencias sociales en el antiguo Instituto Universitario Pedagógico de Caracas, Irwin, valoró la importancia de explicar en términos didácticos el complejo mundo militar desde una perspectiva de formación ciudadana para la democracia. Entendiéndose esta como la necesidad de fomentar un debate público sobre las implicaciones del sector civil de la sociedad en el diseño de planes estratégicos en materia de seguridad y defensa. Y su correlato, la subordinación del sector militar a la gerencia política del Estado ejercida única y exclusivamente por las autoridades legítimamente constituidas.

A tal efecto, desde principios de la década de los ochenta del siglo pasado, Irwin se dedicó con paciencia de labriego a arar en el terreno de la formación de profesionales civiles, concretamente educadores, que comprendieran en primera instancia la naturaleza del sector militar, en segundo lugar, la institucionalización del control civil democrático sobre los militares y en tercer lugar, el fomento de una conciencia democrática en la sociedad civil para hacer valer sus derechos y cumplir sus obligaciones legales.

En ese sentido, el profesor Irwin procuró destacar que esta tarea en lo absoluto resultaba un ejercicio de exotismo teorizante, muy por el contrario, se afincaba en la tradición liberal que había anidado la fundación de la república. A medida que el poder militar se fortalecía a causa de la guerra independentista, hubo voces que desde el campo civil no dudaron en denunciar los abusos del fuero militar en ciernes y alentaban a la representación nacional a establecer límites para no desnaturalizar el funcionamiento de las nuevas instituciones republicanas.

Tal llamado hubo de convertirse en una constante a lo largo de aquel complejo siglo, en el que no pocas líneas fueron vertidas a la opinión pública para intentar poner las cosas en su lugar, ergo, deslastrar el poder civil del influjo militarista.

Uno de esos llamados de atención, fue recogido por Irwin en la sistematización que hizo sobre la literatura que atañe a las relaciones civiles y militares en la Venezuela del siglo XIX. Se trata del libro El presidente, escrito por Rafael Fernando Seijas (1848-1917), publicado en Madrid en 1891.

En opinión de Irwin, la obra en cuestión no es una crónica guerrera y guerrerista de las revoluciones hasta entonces libradas en suelo venezolano, sino un agudo análisis que trae consigo una certera crítica al accionar de lo que se entendía en aquella época como la organización militar de la república.

Irwin como historiador, invitaba a revisar este libro que hasta la fecha había pasado inadvertido, porque resaltaba la convicción liberal de su autor, cuando destacaba que los guardianes del orden no deben actuar como instrumento político, obrando contra la vida, la libertad y la propiedad de las personas.

Para el autor decimonónico, no hay mayor atentado a la libertad que la existencia de leyes injustas y tiránicas, por cuando dan pretexto para perseguir arbitrariamente a los ciudadanos, aterrarlos, robarlos, ultrajarlos y condenarlos sin formula de juicio.

De tal modo que, frente a estos desmanes, era ingente propiciar la reforma de las costumbres individuales y sociales por medio de un buen sistema de educación, que instruya a civiles y militares, en el respeto de todos los derechos y todos los deberes ciudadanos.

Bajo esa premisa “sencillamente complicada” en palabras de Domingo Irwin, su empeño, lejos de resultar infructuoso, apostaba a una visión de largo plazo en el que prevaleciera una sociedad verdaderamente democrática, fundada en los sanos principios del control civil.

Diez años después de su desaparición física, su legado sigue más vigente que nunca.

14/08/2024:

https://opinionynoticias.com/opinionhistoria/41676-domingo-irwin-y-la-didactica-del-control-civil

DEL DISCURSO PARLAMENTARIO Y DOMINGO IRWIN   

Luis Barragán

Una tarde de 2005, entramos a la librería Macondo del Centro Comercial Chacaíto en la búsqueda de un título de vieja data que nos faltaba del autor más publicitado en década y tanta sobre la cuestión militar. Desde principios de siglo, nos había interesado la materia; sobre todo, a raíz del irrepetido y peculiar debate parlamentario del proyecto de Ley Orgánica de la Fuerza Armada que nos dejó inconformes.

El título de marras, no lo conseguimos. Sin embargo, atento, el librero, Pedro Pérez, proveniente de los mejores tiempos del pasillo de Ingeniería de la Universidad Central de Venezuela, nos enseñó la obra de un autor que no conocíamos, comentándola con sobriedad. Y, con Domingo Irwin, el autor, descubrimos la otra perspectiva de un problemario exigente e innovador para la centuria que todavía sorprende a propios y extraños.

Por entonces, comenzamos a conocer la escuela de reflexión creada por un Irwin de acreditados y  talentosos discípulos.  Además, en un país de empobrecido mercado editorial, agotaban sus mejores esfuerzos por publicar sus más rigurosos trabajos de investigación.

Ocupando una curul de la Asamblea Nacional electa en 2010, tanto o más riesgosa, difícil y peligrosa para la oposición que la de 2015, reglamentariamente nos destinaron a la Comisión Permanente de Cultura, iniciando nuestras labores con la lidia de una propuesta legal del oficialismo que no obstó para ventilar los asuntos castrenses. En efecto, muy controlados los debates en la cámara por la mayoría gubernamental, impidiendo tocar los temas más sensibles para la opinión pública, se vio obligada a procesar las copiosas solicitudes de crédito adicional y a admitir a uno o dos oradores de la bancada contraria a los dos o tres de los miraflorinos que abrían y cerraban la discusión; acotemos, en ocasiones, no dejaban intervenir a la oposición, o, en otras,  ésta no lo hacía quizá hastiada de repetir los argumentos y el rechazo, posiblemente reservados los más destacados oradores de la primera hora para los mejores y estelares temas que nunca llegaron,  por lo que optamos por participar también con el tema militar en la rutina crediticia.

Un día de 2013, surgió Irwin en la Asamblea Nacional contribuyendo  con nuestros alegatos para esa otra perspectiva tan necesaria y, faltando poco,  contrastante con la que se hizo hábito por más de cincuenta, cien y más años de parlamento.  Vale decir, con toda la modestia el mundo lo afirmamos, comenzó a variar el discurso asambleario sobre lo civil y lo militar respecto a las posturas tradicionales, afianzándose un poco más después de 2016 y que no terminó de hacerse una estable doctrinaria parlamentaria, comprendida y compartida por otras individualidades y bancadas, por un motivo fundamental e ineludible: la supervivencia de la oposición democrática y de la propia institución parlamentaria impidió la más pausada revisión de las antiguas posturas conceptuales y esquemas de análisis, privilegiado el tratamiento de las circunstancias específicas e inmediatas derivadas del absurdo desacato que esgrimió el oficialismo; acotemos, el suscrito compartió el panel con dos académicos asociados al ideario irwiniano al comenzar el período constitucional en un foro abierto realizado en el llamado Museo Boliviano, bajo la responsabilidad de la Dirección de Investigaciones de la Asamblea, ejemplificando así el camino que ya tomaba la difusión de la tesis.

Presumimos que avanzaba 2014, cuando nos contactaron los doctores José Alberto Olivar y Luis Buttó y, aceptando la invitación, convinimos en una conversación que fue larga y grata en la Universidad Católica Andrés Bello. Por ellos, supimos de la entusiasta reacción que tuvo el doctor Irwin al saber que sus tesis las pincelábamos en el hemiciclo, expuestas en apenas cinco minutos reglamentariamente establecidos de oportunidades que teníamos que cazar para intervenir, por cierto, con un Orden del Día que se conocía sólo al iniciarse las sesiones.

Lamentablemente, no hubo ocasión para conocer y compartir ideas personalmente con Domingo, fallecido mes y tanto antes de la reunión de la Católica, pero – como un tributo espontáneo a su  memoria – establecimos una importante y fructífera relación de trabajo entre parlamento y universidad, a propósito del desarrollo de temas como el de las relaciones civiles y militares, el Esequibo, y la defensa del aula superior en Venezuela. E, incluso, el salón Francisco de Miranda del Palacio Federal Legislativo fue escenario para la presentación del libro sobre el Estado Cuartel que presentamos junto al diputado Edgar Zambrano, por entonces, presidente de la Comisión Permanente de Defensa, y ayudamos a abrir canales con los medios de comunicación para el valioso grupo académico.

Normalizada la vida institucional del país, podrá calibrarse mejor el aporte del viejo Domingo al discurso parlamentario que necesariamente ha de completar su renovación, por lo menos, respecto al ámbito castrense.  Convengamos, el liderazgo democrático ha de actualizarse con urgencia.

La reciente y merecida designación del doctor Olivar como individuo de número de la Academia Nacional de la Historia, es una demostración de la valía de un maestro como el doctor Irwin. A diez años de su fallecimiento, lo recordamos con respeto y admiración.

14/08/2024:

https://opinionynoticias.com/opinionhistoria/41677-del-discurso-parlamentario-y-domingo-irwin

Cfr. Entrevista televisiva a Domingo Irwin, fecha imprecisa:

 https://www.dailymotion.com/video/xrcnqe

lunes, 22 de mayo de 2023

Fenómeno propio de los sesenta del veinte

DE UNA IMPORTANTE PRECISIÓN DE TÉRMINOS: EL (POST)PEREZJIMENISMO  (BREVE EJERCICIO HISTÓRICO)

Luis Barragán

La frecuente exaltación de los símbolos patrios y la vida militar, en la década de los cincuenta del siglo pasado, tiende a confundirnos en torno a la naturaleza del gobierno que la ocupó con pretensiones de extenderse.  Convocada una fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente que aproximadamente en cuatro meses elaboró y  sancionó la Constitución, no encontramos motivos valederos y, mucho menos, legítimos para decretar, como lo hizo,  la larga provisionalidad, comprendida entre 1953 y 1958, y, faltando poco, que la presumiera como un régimen institucional de las Fuerzas Armadas Nacionales, en realidad, exclusivamente personificado por Marcos Pérez Jiménez. El sobredimensionamiento de la corporación castrense, herederas directas del pasado glorioso [OLIVAR, 2012: 148 s.], contribuye a la confusión, obligando a emplear conceptos y categorías de índole histórica y politológica que permitan una mejor apreciación de la etapa, tal como se desprendió de la perspectiva adoptada   por José Alberto Olivar  en su conferencia virtual de fecha 18/03/2023.

1.-        Una rara transición política

El golpe militar del 24/11/1948 contra el presidente Galleos, no tardará en aclararse definitivamente con el asesinato de Carlos Delgado-Chalbaud el 13/11/50. Sustituido en la presidencia de la ahora Junta de Gobierno por el civil Germán Suárez Flamerich, sabrá de la convocatoria y fraudulenta celebración de una Asamblea Nacional Constituyente el 30/11/52 que derivará, aprobada la nueva Constitución en escasos meses, en un gobierno provisional encabezado por Marcos Pérez Jiménez para el período comprendido entre abril de 1953 y abril de 1958.

            Falsa provisionalidad, larga y curiosa transición hacia la realización de las elecciones directas, universales y secretas, abortadas desde las más altas cumbres del Estado al finalizar 1957, supuso el ejercicio  del poder por la institución castrense. Mera suposición, porque Marcos Pérez Jiménez fue realmente el beneficiario y único árbitro en la vida del país [OLIVAR, 2023].

            La entidad armada continuó el ritmo de su ya inevitable y paradójica modernización: “Pérez Jiménez incentivó la profesionalización castrense, con lo cual estaba abriendo la fosa de su propia tumba política”, pasando del personalismo de los caudillos decimonónicos a un pretorianismo autoritario-corporativo [IRWIN-MICETT, 2008: 202, 205].   Liquidados los partidos políticos tan contundentemente,  hubo una  atmósfera de prosperidad que pareció respirar todo el país de acuerdo a la prensa y a la literatura de la época, por cierto,  capaz de cuestionarla de un modo u otro;   no existirá rivalidad alguna para los altos personeros del régimen, aunque muertos, prisioneros o desterrados los líderes políticos de la oposición,  estaba consolidado en el imaginario local el estudiante como un héroe a favor de las mejores causas de la libertad y de la democracia [RIVAS, 2010: 113].

            Permitiéndonos una breve digresión, al ambiente y sólo ambiente marcial, se oponen los símbolos de la civilidad que calaron profundamente entre 1945 y 1948, única explicación para que no sólo sobreviviera teóricamente la fórmula de unas elecciones directas, universales y secretas, sino la propia idea de la Revolución de Octubre al conmemorarla el gobierno hasta el 18 de octubre de 1957. El estudiantado y la boina vasca que le dio identidad en 1928, por ejemplo,   persisten a la vez que el ejército ha ganado décadas de intranquilidades y reacomodos, pues, sólo hasta 1952 los “alzados victoriosos” dicen actuar en nombre de las Fuerzas Armadas  [CABALLERO, 1991: 112, 130 s.; CABALLERO, 1995: 286].

2.-        Régimen enmascarado

La marcialidad atmosférica o ambiental de los tiempos del perezjimenismo, suele engañar: cubre una etapa pretoriana que ha dejado atrás el caudillismo, pero que no conoció el Estado Cuartel en el marco de un régimen personalista y no de las Fuerzas Armadas, como quiso hacerlo ver el beneficiario principal [OLIVAR, 2023]. Tratamos de una extraordinaria habilidad propagandística y publicitaria al identificar al tachirense con la corporación armada y viceversa, engrandeciéndola para engrandecerse, con una notable inversión en armamentos [BUTTÓ, 2015: 92, 99, 130].

            El asunto requiere de elementales y necesarias precisiones: el régimen no será el de un  caudillo que habla de una estirpe de civiles armados que “se proclaman a sí mismos como militares  […] Pero la diferencia entre caudillo y dictador se establece, en el caso venezolano, en la existencia o no de un efectivo Ejército Nacional” (cursivas del autor) [IRWIN, 2006: 27, 145, 149]. Nos acercamos más al militarismo, el predominio del poder militar sobre el poder civil, aterrizando en el pretorianismo que constituye una influencia abusiva de los militares que ha de conocer algunas características distintas (oligárquico, de masas, etc.) [IRWIN, 2006: 20, 24 ss.].

            El otro dato indispensable, el de la dictadura, nos remite al control ilimitado, por encima del orden jurídico positivo, del Estado por un individuo, camarilla o grupo de militares que la hicieron o hacen posible, con o sin el concurso de los civiles, conjugando el despotismo, el autoritarismo, el personalismo  [PÉREZ CAMPOS, 1998: 51-59]. Y otro concepto o categoría al que suele apelarse, es el del Estado Cuartel, retrotraídos a la perspectiva de Harold Laswell (1941), trastocados los militares en factores dominantes de la sociedad industrial moderna  arrastrada a los conflictos y escenarios bélicos  [IRWIN-MICETT, 2008: 205 s.].

            Ahora bien, luce importante que, al calificar el gobierno de tan larga provisionalidad, como el de Pérez Jiménez, hagamos las precisiones necesarias, ya que, teniendo a las Fuerzas Armadas como base de sustentación, las utilizó y manipuló enmascarando un régimen netamente personalista que “hizo jugar a la policía política contra sus compañeros” [SCHAPOSNIK, 1985: 154 ss.]. No por casualidad, además del tachirense, adicionalmente fueron emblemáticas las muy detestadas figuras de Laureano Vallenilla-Lanz Planchart y Pedro Estrada, purgadas a lo largo de enero de 1958, cuando la dictadura intentó sobrevivir por todos los medios.

3.-        Conclusiones

La de Pérez Jiménez fue una dictadura de las que llaman personalista, pretoriana, autoritaria y despótica que no debemos confundir con un régimen institucional de las Fuerzas Armadas. Además, coincidimos con Irwin en que “el Estado venezolano del siglo pasado no ha sido nunca un Estado Cuartel o Estado Guarnición” [IRWIN-MICETT, 2008: 205], como lo hubo por un período relativamente corto a partir de 2016, militarizada la sociedad, los negocios mercantiles, la cultura y el patrimonialismo de Estado    [PEÑA, 2016].

            En atmósferas o ambientes dictatoriales y pretorianos, suelen sobrevivir los símbolos y el testimonio de lucha de la civilidad. Ojalá que no desaparezcan en el curso de los días que corren, por cierto.

4.-        Post-data

La versión que tenemos buena parte de los venezolanos en torno al denominado perezjimenismo, es propia de la década de los sesenta del veinte en la que experimentó una curiosa y espectacular, como injusta, reivindicación.  Creemos que se trata de un período de popularidad,  el último, no estudiado suficientemente y que extiende sus dividendos políticos con la invocación que hizo Chávez Frías de un modo francamente oportunista, incluyendo un ínfimo núcleo de simpatizantes entre el estudiantado ucevista de pocos años atrás: ahora, muy recientemente citado, cualquiera lo creería el adalid de las libertades y del progreso.

Referencias

BUTTÓ, Luis Alberto (2015) “¿Modernización de las Fuerzas Armadas?”, en: AVELEDO, Guillermo T. – OLIVAR, José Alberto [Compiladores] (2015) “Cuando las bayonetas hablan. Nuevas miradas sobre la dictadura militar 1948-1958”. Universidad Metropolitana – Universidad Católica Andrés Bello, Caracas: 87-138.

CABALLERO, Manuel (1991) “El poder brujo. Ensayos de polémica y otras tintas”. Monte Avila Editores, Caracas.

CABALLERO, Manuel (1995) “Ni Dios, ni Federación. Crítica de la historia política”. Editorial Planeta Venezolana, Caracas.

IRWIN, Domingo (2006) “Reflexiones sobre el control civil (Teoría y acción)” y “Caudillos, dictadores y democracia (pinceladas históricas)”, en: (2006) “Control civil y pretorianismo en Venezuela. Ilusiones y realidades históricas”. Universidad Pedagógica Experimental Libertador – Universidad Católica Andrés Bello, Caracas: 19-58 y 139-185.

IRWIN, Domingo – MICETT, Ingrid (2008) “Caudillos, militares y poder. Una historia del pretorianismo en Venezuela”. Universidad Católica Andrés Bello, Caracas.

OLIVAR, José Alberto (2012) “Prolegómenos de una dictadura militar y su filosofía de poder (1948-1958)”, en: BUTTÓ, Luis Alberto – MELÉNDEZ M., Raúl – OLIVAR, José Alberto [Coordinadores] (2012) “De la hueste indiana al pretorianismo del siglo XX: Relaciones civiles-militares en la historia de Venezuela”. Asociación de Profesores de la Universidad de Carabobo, Valencia: 139-165.

OLIVAR, José Alberto (2023) Conferencia (Video). XI Diplomado de Historia de la Venezuela Contemporánea de la Fundación Rómulo Betancourt - Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Caracas, 18/03.

PEÑA ANGULO, Jo-Ann (2016) “Aproximación teórica: la autoridad en el Estado Cuartel en Venezuela”, en: BUTTÓ, Luis Alberto – OLIVAR, José Alberto (2016) “El Estado Cuartel en Venezuela: Radiografía de un proyecto autoritario”. Negro Sobre Blanco, Caracas: 101-118.

PÉREZ CAMPOS, Magaly [Compiladora] (1998) “Glosario de términos de Ciencia Política”. Universidad Central de Venezuela, Caracas.

RIVAS ROJAS, Nancy (2010) “Narrar en dictadura. Renovación estética y fábulas de identidad en la Venezuela perezjimenista”. Fodo Editorial El Perro y La Rana, Caracas.

SCHAPOSNIK, Eduardo C. (1985) “Democratización de las Fuerzas Armadas venezolanas”. ILDIS – Fundación Gonzalo Barrios, Caracas.

Gráfica: Originalmente remasterizada y aportada por Luis Noguera para Caracas en Retrospectiva II. Se observan el coronel Fëlix Román Moreno Huérfano, Comandante de la Aviación; Germán Suárez Flamerich, presidente de la Junta de Gobierno;  coronel Marcos PérezJiménez, ministro de la Defensa; y probablemente el coronel Jesús María Castro León.  Base Aérea Mariscal Sucre de Boca del Río.  El avión más obscuro es “La Vaca Sagrada”, como luego de enero de 1958 se le conocerá.

(https://www.facebook.com/Hereditatis/photos/a.229705007181960/547898298695961).


22/05/2023:

https://opinionynoticias.com/opinionhistoria/39348-de-una-importante-precision-de-terminos-el-post-perezjimenismo

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY