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martes, 31 de marzo de 2026

Hay que pedalear para alcanzar una distinta mayoría

GRAMSCI Y LAS PULGAS DE QUINTA CRESPO

Luis Barragán

El todavía llamado socialismo del siglo XXI jamás fue objeto de una polémica seria y profunda en el país, tal como lo calcularon sus promotores. Algo insólito, incluso, respecto a sectores de la oposición que no tienen la reflexión precisamente por divisa y, mucho menos, saben de la útil perspectiva de análisis del marxismo que se debe ejercitar así no profesemos la escuela.

Aquella vieja y emblemática alianza bolchevique de obreros y campesinos, dio paso en Venezuela a una yunta cívico-militar a la que hoy suman las fuerzas policiales y los colectivos armados, reducida la fórmula a las castas burocráticas del Estado. A pesar de evidenciarse cada vez más lo contrario, toda la maquinaria gubernamental juró contar con el respaldo de una mayoría apabulladora de la población y hasta un ministro del despacho ejecutivo distinguió y proclamó a los cuatro vientos la existencia de una distinta vida republicana inspirada por un célebre autor italiano, nacido en Cerdeña, mentado Antonio Gramsci, el supuesto fiador teórico de la experiencia.

En efecto, el ilustre autor sardo apuntó a dos nociones fundamentales como la hegemonía social y el bloque histórico: la primera, refiere a la dirección cultural, moral y política irradiada por una clase sobre otras,  como el arraigo profundo de una sensibilidad política compartida; y, la segunda, versa en torno a la unidad orgánica de clases sostenida por un largo período, en nuestro caso, también sustentada por la renta petrolera.  Agreguemos que ambas facetas responden a una relación recíproca, compleja y dinámica entre la superestructura, esto es, el Estado, sus instituciones y la conciencia social, y el soporte material en modo y correlación, o (infra)estructura, si se la identifica particularmente con la producción y exportación del crudo que ya no sufre ninguna transformación industrial significativa por la ruina de PDVSA.

Fundados en tales premisas, tiempo atrás, apelamos al antiguo secretario general del Partido Comunista Italiano para replantear el problema de las mayorías adeptas al chavismo, apreciando los carteles y pendones, hoy desparecidos, colgados en lo que fue el edificio “Gustavo Zingg & Asociados” y en “Galerías Qta. Crespo”, adyacentes al popular mercado de víveres de la ciudad capital. Vistosos inmuebles de una privilegiada ubicación (uno de ellos, enarboló por muchos años una muda bandera que el viento hizo harapos), fueron objetos de la invasión y el establecimiento de grupos de buhoneros bajo el amparo y la protección oficiales, y, a raíz de un incendio, quizá ocurrido en 2013, por expresa recomendación de los bomberos, fue completamente desalojado el comercio informal del lugar.

Pudimos observar la persistente demanda de remodelación y generosa concesión o “liberación” de los edificios, o, al menos, uno de ellos, para el regreso triunfal del mercado de los corotos, como fue conocido, aduciendo los peticionarios que eran “326 hijos de Chávez” en representación de dos mil votos, recurriendo en consecuencia a Nicolás Maduro para solucionar el problema, no sin dictaminar en última instancia que ”Tenemos derecho al trabajo” [*]. Cuales elefantes blancos, excepto la instalación de un organismo policial en un pequeño local, los edificios en cuestión lucen aún abandonados, desperdiciando el espacio de un sector de la metrópoli también caracterizado por numerosas invasiones residenciales, permitiéndonos deducir que los buhoneros fracasaron totalmente en sus reclamos, lograron colocarse en otros ámbitos urbanos, abandonaron por razones de edad el oficio, se marcharon de la ciudad o del país, y sufragaron inexorablemente por Edmundo González.  

Así las cosas, tendemos a confundir la pretendida hegemonía social con el obsceno monopolio de los medios públicos y de los recursos simbólicos del Estado, la (auto)censura y la represión, aprovechándose de las masas desclasadas que penosamente orbitan en la burocracia o, muy simple, esperan concesiones de ella para sobrevivir, bajo un ya insufrible sentimentalismo populista. Y, en reemplazo del bloque histórico desde muy antes agotado, teniendo por eje el presupuesto público nacional, el régimen ha propiciado un descomunal clientelismo que únicamente autorizaba la sobreabundancia y la disposición discrecional de la renta.

Es demasiado obvio que los grupos sociales que operaban en Quinta Crespo, por voluntariosos que fueren, no obraron como agentes de ninguna transformación, sino dejaron notariado el resultado de un fracaso histórico para explicarse como las pulgas liberadoras según la ironía gramsciana: las pulgas no se mueven, porque solo lo hace el asno que ellas cabalgan. Cabe preguntarse si hay grupos sociales realmente estratégicos en esta hora venezolana, capaces de darle soporte a una nueva, espontánea y consecuente mayoría, una hegemonía y un bloque diferentes, distinguiendo lo orgánico de lo episódico, la suerte personal y la del país, lo importante de lo urgente.

[*] https://apuntaje.blogspot.com/2023/11/demandas-maduristas-que-envejecen.html.

Ilustración: Sarah Jacoby.

Fotografías: LB, Quinta Crespo, Caracas (domingo, 09/07/2023), añadida la intervenida gracias a ChatGPT.

31/03/2026:

https://www.elnacional.com/2026/03/gramsci-y-las-pulgas-de-quinta-crespo/

domingo, 29 de marzo de 2026

Caza de citas

“No existe una clase independiente de intelectuales, sino que todo grupo social tiene su propio sector intelectual o tiende a formarlo pero intelectuales de la clase históricamente (y de manera real) progresiva, en condiciones dadas, ejercitan un poder tal que termina, en último análisis, subordinando a los intelectuales de otros grupos sociales y creando, por ende, un sistema de solidaridad entre todos los intelectuales con vínculos de orden psicológico (vanidad, etc.) y, a menudo, de casta (técnico-jurídico, corporativo, etc.)”

Antonio Gramsci

(“El ´Risorgimento´”, Granica Editor, Buenos Aires, 1974: 98)

Ilustración: ChatGPT.

martes, 26 de marzo de 2024

¿Aforismo o fórmula?

BREVÍSIMO TRÁNSITO GRAMSCIANO

Luis Barragán

De tardía recepción y quizá despedida en Venezuela, por su flexibilidad y relativa novedad entre nosotros, la perspectiva de Antonio Gramsci constituye un aporte válido y consistente para interpretar el proceso devenido revolución socialista en un país que dijo no esperarla, aparentemente resignado a sus nefastas consecuencias. Nociones tan relevantes como hegemonía social, bloque histórico, consejo de fábrica, intelectual orgánico, príncipe moderno, entre otras, están – acaso, mecánicamente – integradas a la jerga de quienes, por un lado, respaldándolo, o, por el otro, adversándolo, explícita o implícitamente, pactaron en no debatir jamás en torno a la profunda vocación, propósito y sentimentalidad marxista de un proceso que dislocó el curso del presente siglo.

Mucho menos, ahora, en los inicios de una extravagante campaña electoral, sin las mínimas condiciones que digan autorizar un evento genuinamente competitivo, que promete la extrema banalización de las diferentes opciones oficialistas que redunde en el triunfo esperadísimo de la que genuina y ventajistamente lo es.   La metamorfosis del rentismo petrolero que todavía busca una generosa y estable fuente de ingresos, mediante las llamadas zonas económicas especiales, ha significado la emergencia de una lumpemburguesía cónsona con la lumpemproletarización de Venezuela, y, apelando a la expresión del autor sardo en torno al fascismo, útil para constatar el “resultado organizado de una descomposición social”.

Imposible concebir una hegemonía social y la consiguiente conformación de un sólido bloque histórico de cara a la realidad de los últimos años, cuando se evidencia un abierto y, faltando poco, argumentado rechazo frente al continuismo gubernamental, en todos los ámbitos; sólo existe un férreo y obsceno monopolio estatal de los medios de comunicación social, u ocho millones de venezolanos inconformes están fuera de su país, por citar algunos ejemplos. Predominando el uso de la violencia,  perdido el carácter de partido-dirigente de un oficialismo reminiscente de los antiguos y circunstanciales consensos que generó, mediante la polarización artificial e intensiva, la travesía gramsciana es por los parajes de un simple régimen de fuerza.

E, igualmente, el periplo advierte una debilidad creciente del liderazgo político en el poder, agotado, cansado y exasperado, al mismo tiempo que de la auténtica oposición que ha soportado los mil y un embates de las fuerzas obscurantistas también desesperadas por empujarla a los predios del fascismo. Por cierto, ésta es la respuesta que estimula el actual régimen en el entendido de que, si se jode, nos jodemos todos, según el aforismo que perdería garbo con una vanidosa traducción al latín.

Signo de los tiempos, demandamos vocación y destreza, talento y experiencia, para una convincente articulación política con arraigo social en la construcción de los nuevos consensos, aunque también exigimos la más adecuada y, en lo posible, acertada interpretación de las realidades en movimiento que desembocarán en otras ojalá distintas. Por ello, sepamos, que el intelectual orgánico no es precisamente el panfletario de conjuras y conjeturas que baña las redes saltando con garrocha de noticia en noticia, infundada.

Gráficas: LB (CCS, 24/03/2024).

26/03/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/brevisimo-transito-gramsciano/

domingo, 28 de enero de 2024

Lección preventiva

GRAMSCI Y EL RECETARIO ESTRATÉGICO

Luis Barragán

Pendiente todavía de concluir un extenso texto de Lawrence Freedman, como “Estrategia una historia”  (2016), reafirmamos nuestra convicción en torno a una materia, o, mejor, un oficio de difícil aprehensión para el no ejercitante: la política. En más de mil páginas que se nos han hecho difíciles por su formato (PDF), celebramos la claridad creciente del problema (y del análisis) estratégico, susceptible de una esquematización y desarrollo teórico de un enorme valor, pero también del extraordinario e indispensable papel del olfato político.

Ocurre en otros ámbitos y disciplinas del quehacer social, el asunto está muy asociado a la vocación y el talento naturales a desplegar en la búsqueda y conquista del poder. Por supuesto, importa el aprendizaje y, mucho, la experiencia acumulada, pero no bastando el deseo, el mero acto voluntario y el solo afán personal, por marcados que fuesen, nada se hace huérfanos de toda capacidad de oler las posibilidades, circunstancias y oportunidades que asomen y permitan profundizar en un camino acorde a nuestras metas y  propósitos.

La clave no está en inventar el agua tibia a todo trance, sino en descubrir inmediatamente el camino más adecuado, preverlo hasta donde sea posible, a sabiendas de una leal y desleal competencia de factores que no debemos jamás subestimar. Nadie puede celebrar un largo seminario, tedioso y complejo, cada vez que se ofrezca un problema en el curso real, constante, sonante y hasta peligroso del juego político: la inspiración personal, instantánea y gratuita, repentina y prometedora, varias veces ocurre, es de una crucial importancia.

Concierne directamente a los grandes decisores, incumbe a los que son verdaderamente actores en el proceso político, compromete a los que personalmente gozarán o sufrirán las consecuencias de sus dictámenes.  Con razón, Antonio Gramsci observaba: “La intuición política no se manifiesta en el artista, sino en el ´jefe´, y ha de entenderse por ´intuición´ no el ´conocimiento de los individuos´, sino la rapidez para conectar hechos aparentemente ajenos unos a otros y en concebir los medios adecuados al fin, para descubrir los intereses que están en juego y para suscitar las pasiones de los hombres y enderezarlas a una acción determinada” (“Antología”, 1978: 304).

Existen pautas y referentes consolidados en el tiempo, mas no recetarios estratégicos de escolar e infalible aplicación. Por ello, en la coyuntura actual, nos parece válida la opinión del sardo respecto a la jefatura y a la feliz intuición política, por supuesto, comprobadas.

28/01/2024:

https://www.lapatilla.com/2024/01/28/luis-barragan-gramsci-y-el-recetario-estrategico/

miércoles, 29 de noviembre de 2023

Esbozo gramsciano

URD, PARTIDO HISTÓRICO: EL DEL 30 DE NOVIEMBRE

Luis Barragán

Unión Republicana Democrática (URD), nació el 10 de diciembre de 1945, pero su fecha magna y por siempre celebrada fue la del 30 de noviembre de 1952, cuando gana contundentemente las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente. Desconocido el triunfo, perfeccionando así el golpe militar, los líderes de la entidad partidista fueron convocados por el ministro de Relaciones Interiores y, a las pocas horas, expulsados del país: a la dirección del partido la largaron en un avión especialmente fletado para tal fin.

Percatándonos de la fecha, creemos oportuno reflexionar brevemente sobre los partidos históricos a propósito de URD, porque realmente lo fue,  liberal a la venezolana, o de “centro-izquierda de neta concepción liberal”, como señaló Manuel Vicente Magallanes en su clásico “Los partidos políticos en la evolución histórica venezolana” [Ediciones Centauro, Caracas, 1983. 429]. Referido en muchas oportunidades, aunque Jóvito Villalba no lo fundó y tampoco estuvo en su equipo fundacional, a nadie le cabe la menor duda que desempeñó el liderazgo indiscutible de la organización hasta sus últimos días.

Una medida probablemente fiable de la importancia de un líder u organización, la ilustra una tendencia a la imitación por los más destacados comediantes televisivos. El sobresaliente actor de Radio Rochela,  José Antonio Gutiérrez, por cierto, comprometido secretamente en los remotos sesenta con la insurrección armada [http://rosogrimau.blogspot.com/2014/09/], apodado “El Telaraña”, gracias a un personaje que lo hizo famoso, imitó en numerosas ocasiones a Villalba de acuerdo a la prensa de la época.

URD fue un partido de vieja data que se hizo convincentemente histórico por el papel que jugó en nuestra contemporaneidad, el apoyo popular con el que contó y los roles de Estado que asumió. La primera constatación que hacemos es que fue partido, como propiamente pocos lo son hoy en nuestro país, y, siguiendo a un autor como Antonio Gramsci,  que expresó la suma de un elemento difuso, hombres comunes de participación leal que alguien centraliza, organiza y disciplina, aunado a un elemento principal de cohesión que está en el ámbito nacional, ambos debidamente articulados por líderes o capitanes que son tales.   

CONSISTENCIA Y DEBILIDAD

Prominente referencia desde finales de los años veinte, Villalba,  medinista fuera del medinismo derrocado en 1945, logró su inmediata reinserción política a través de URD, cuyos fundadores fueron casi inadvertidamente desplazados de la dirección en etapas tan difíciles como la de la dictadura perezjimenista y la del restablecimiento de la democracia representativa (Elías Toro, Isaac J. Pardo,  Andrés Germán Otero, entre otros).  El partido ostentó un importante caudal electoral [Jesús Sanoja Hernández: “Historia electoral de Venezuela (1810-1998)”, Los Libros de El Nacional, Caracas, 1998], como ahora pocos imaginan; tuvo un enorme arraigo popular en todo el país, siendo decisivo en importantes metrópolis; participó en importantes alianzas que de tradujo en sendas actuaciones ministeriales (Puntofijo y Ancha Base), contando con un descollante elenco parlamentario minimizado en las postrimerías de los setenta.

Partido de una mayor consistencia urbana, con una interesante más que importante penetración en el medio rural, contó con notables referencias como Mario Briceño Iragorry, Luis Hernández Solís, Dionisio López Orihuela, Andrés Germán Otero, Lola de Fuenmayor, Víctor Raffali, Humberto Bártoli, Raúl Díaz Legorburu, J. M. Domínguez Chacín, Manuel López Rivas, Alfredo Tarre Murzi, entre otros que luego mencionaremos, transitados varios momentos de una indiscutible crisis interna. Valga acotar a las nuevas generaciones, demostrado en el curso del presente siglo, nada fácil es conformar un equipo estable y creador de trabajo, además, numeroso, que vaya más allá del despliegue carismático del principal promotor de la organización y de sus circunstancias.

Acierta Gramsci al manifestar: “Un grupo social puede y hasta tiene que ser dirigente ya antes de conquistar el poder gubernativo (ésta es una de las condiciones principales para la conquista del poder); luego, cuando ejerce el poder y aunque lo tenga firmemente en sus manos, se hace dominante, pero tiene que seguir siendo también dirigente” [Antonio Gramsci: “Antología” (selección, traducción y notas de Manuel Sacristán), Siglo XXI Editores, México, 1978: 486]. Ergo, por una parte, valga la constatación sociológica, con su propia militancia, URD tuvo la capacidad de constituirse en gobierno, al igual que otros partidos con los que compitió, como no ha podido organización alguna hacerlo  en la última década y media del presente siglo; y, por otra, no dejó de ser partido-dirigente con el ejercicio de varias carteras ministeriales hasta que lo zarandeó definitivamente el bipartidismo hacia 1973, única solución para el archipiélago de partidos y personalidades que arriesgaron la gobernabilidad en el inmediato período post-perezjimenista.

La creciente debilidad de la entidad partidista posiblemente partió con la desaparición de Vanguardia Juvenil Urredista de un calibre que se aproximaba un poco al de la Juventud Revolucionaria Copeyana; la juventud de Acción Democrática, tempranamente dividida, y la Juventud Comunista de Venezuela. En el caso de los amarillos, color corporativo de URD que alguna vez fue marrón, se vio afectada por la lucha armada, ejemplificado por la conversión al maoísmo de Victor José Ochoa, el secretario juvenil nacional.  Por cierto, una particularidad ya olvidada, en una sociedad extremadamente machista, hubo partidos que exponían y daban altas responsabilidades políticas a mujeres de valía,  e Ismedia de Villalba y Vidalina Ramos [véase, la bien construida crónica de Milagros Socorro: https://elarchivo.org/vida-la-llamaban],  así lo prueba.

FALTARON LOS CAPITANES PARA MANTENER AL PARTIDO HISTÓRICO

Por muy poderosa que fuese la atracción gravitacional del liderazgo de Villalba (parecido al de Rómulo Betancourt, Rafael Caldera, Arturo Uslar Pietri que no, Gustavo Machado), era inevitable que URD contase con figuras de muy alto relieve, voceros de extraordinaria prestancia, y legítimamente competitivos en el seno del partido. Puede decirse, era el deber y clave de toda organización con una seria y comprobadísima vocación de poder, yendo muchísimo más allá del partido-espectáculo como modelo, solamente aventajado en sus movilizaciones de acceder total o parcialmente al erario público, como ocurre con el promedio actual de las entidades oficialistas, opositoras y sincréticas.

Villalba aparte, Enrique Betancourt y Galíndez, despuntó como uno de los diputados más locuaces y consistentes de los años sesenta, aunque otros – encandilados por el proceso cubano – desertaron con una asombrosa candidez, como Fabricio Ojeda, o trabajaron sistemáticamente para una opción ideológica que resultó muy distinta, como José Vicente Rangel y José Herrera Oropeza. Acusado de conspirador, a Luis Miquilena lo hicieron preso en 1964 para luego – en libertad -  retirarse de la actividad política a la que regresó insospechadamente exitoso  tres décadas después, y, antes, Ignacio Luis Arcaya dejó la cancillería de Betancourt, al defender al gobierno de La Habana, determinando la salida de la coalición puntofijista de gobierno para el partido amarillo, regresando a la llamada Ancha Base poco después, manejándose el partido con un evidente desacierto táctico en los eventos electorales posteriores que mermó su caudal de votos y lo hizo un socio indeciso y desconfiable en la izquierda con la que trató de desarrollar una política frentista.

El caso más conocido de un cisma partidista que no llegó a consumarse fue el de Alirio Ugarte Pelayo, cuyo suicidio asombró al país y, al mismo tiempo, generó un movimiento que logró colar posteriormente a uno que otro diputado o concejal, añadida su viuda. Ya en los ochenta no llegaron lejos las desavenencias con Leonardo Montiel Ortega, experto petrolero, conocido como el senador rebelde, quien no logró reelegirse siquiera; y, en las postrimerías de la década, fallece Villalba y veinte años más tarde su viuda, Ismenia de Villalba, la candidata presidencial de URD para 1988.

De no recordar mal, Ramón Tenorio Sifontes es el último diputado de URD, por lo menos, respecto al plantel de los dirigentes más rankeados, que no votó para condenar políticamente a Carlos Andrés Pérez al plantearse en el Congreso de la República el caso del Sierra Nevada, como hizo también José Vicente Rangel.  En todo caso, aunque URD no repitiera la votación que alcanzó con Wolfgang Larrazábal en 1958, mantuvo un piso mínimo y, los más importante, a los líderes capaces de sostener a la entidad partiendo del precepto gramsciano: “Se habla de capitanes sin ejército, pero en realidad es más fácil formar un ejército que formar capitanes” [Gramsci, 1978: 348]. Por consiguiente, faltaron los dirigentes formados, curtidos y experimentados para sostener al partido del 30 de noviembre de 1952.

EL PARTIDO ANTIHISTÓRICO

Lejos estamos de emitir algún juicio de valor en torno a quienes intentaron reflotar a URD en el presente siglo, cuya etapa antihistórica se evidenció por no contar con los mínimos elementos existenciales que hacen a un partido, como la militancia, la estructura, la organización, el mensaje, la estrategia. Si fuere el caso, ha faltado considerar si traduce y expresa a un determinado grupo social al agotar sus funciones en el marco de un bloque histórico que ya se desintegró [Gramsci, 1978: 488], propio de los esplendores del rentismo petrolero que está materialmente acabado.

Cierto, vivimos una transformación de la institucionalidad partidista que tiende a menoscabar o eliminar, precisamente, su naturaleza o carácter institucional, cónsono con el modelo de partido – en definitiva – presupuestario, forzado desde las más altas esferas del Estado que intenta así administrar las inevitables diferencias de sus camarillas.  Refirió el sardo que hay una propensión a “creer que lo que hoy existe ha existido siempre” [Antonio Gramsci, “El ¨Risorgimento¨”, Granica Editor, Buenos Aires, 1974: 67], tendiendo a confundir la noción misma de partido histórico, o, lo que es peor, sin que haga uso de la nomenclatura,  haciendo pasar por tal a los que pecan largamente de antihistóricos, oportunistas y desean hacerse partícipes del presupuesto público.

Por muchas diferencias políticas e ideológicas que tengamos con URD y con Gramsci mismo, es necesario recordar a los amarillos e invocar el prototipo ya olvidado de organización combativa, plural, sustentable y democrática que representó en el concierto de los partidos de la era democrático-representativa que luce muy superior a lo que hoy tenemos. Y es que tampoco un prototipo inmaculado, resaltamos con el autor italiano “… la paradoja de los que están perfectos y formados cuando no existen, o sea, cuando su existencia se ha hecho históricamente inútil” [Gramsci, 1978: 147].

Aparente pleonasmo, es nuestra la convicción de aquellos partidos que han sido  de tal vocación política e histórica y de un profundo arraigo social, como URD, que tardan en desparecer por veinte o más años, o que no toman consciencia de su desaparición, fugazmente aprovechados por aquellos a los que les falta un discurso y desean tomar los atajos que puede dispensar la nostalgia de los viejos tiempos. A lo mejor  sea pertinente concluir, parafraseando un segmento del discurso de despedida del general Douglas MacArthur ante el Congreso estadounidense, que los partidos históricos nunca mueren: sólo se desvanecen.

Composición gráfica: LB, con dos piezas de Jóvito Villalba, tomadas de la revista Élite, Caracas, 09/11/1963.

30/11/2023:

https://opinionynoticias.com/opinionhistoria/40391-urd-partido-historico-el-del-30-de-noviembre

domingo, 19 de noviembre de 2023

La izquierda desuniversalizadora

GRAMSCI EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

Luis Barragán

Naturalmente, numerosas personas siguieron por las redes el debate de la investidura: por lejano que pudiera parecer,  importa el destino de los ibéricos tan afectados por una izquierda estrafalaria que los coloca en una – antes – impensable situación de riesgo y peligro. La que conquista y retiene por siempre el poder a cualquier precio, reinventando constantemente las más disímiles banderas.

Entre nosotros, hubo también un sentimiento de sana envidia por aquellas libertades que todavía no ha  perdido el reino, valiendo el acento irónico para los republicanos que ha emboscado el reelegido. Acá, luce inevitable la reminiscencia en torno a un pasado de talentosos oradores, frecuentemente, hábiles e ingeniosos, que le dieron lustre al Congreso de la República que, no por casualidad, al desaparecer, marcó la pauta para que tuviera igual suerte la opinión pública organizada y que tan hazañosamente aún se resiste. Y siquitrillados por el más demócrata de los golpistas (contradictio in terminis, espeluznantemente legitimada por el barinés que hizo trizas la alternabilidad del poder),  es obvia toda angustia por los pasos que seguirá España.

Jamás conmovido el rostro blindado de Pedro Sánchez, ejecutó milimétricamente una calculada y eficaz pieza oratoria que no reparó en el gusto por las frutas de Díaz Ayuso, o en el gesto de Irene Montero, cuando le recordaron esta última sentada en la bancada oficialista tras la despedida de Podemos de los principales escenarios. Desde la tribuna, aquél soltó un par de carcajadas de burla y honda satisfacción en medio de la victoriosa refriega, como pocas veces o quizá nunca hemos visto, consciente de que estuvo en el deber de perder por completo las elecciones en razón de las objetivas condiciones que la apuntaban: una desastrosa gestión apaciguada por  la retórica y la más absoluta arbitrariedad, sin reparar en los daños institucionales ocasionados.  Empero, no olvidemos el dato esencial: las excentricidades de una postura.

En efecto, los compromisos asumidos con Carles Puigdemont y su gente,  e, igualmente, con los separatistas vascos que un novelista como Fernando Aramburu ha retratado tan magistralmente, rompen con la noción clásica, tradicional o bien macerada de progreso y progresismo. Y es que el Estado Nacional, la identidad y la integración nacional, y el gentilicio europeo fueron expresiones de progreso, progresividad y progresismo ante la fragmentariedad, el desperdigamiento y la dilución: la congregación nacional de los italianos y los alemanes, constituyó un avance importante.

Coincidiendo las circunstancias españolas con la relectura de un autor que nos permite escudriñar al marxismo, desde el marxismo mismo, como Antonio Gramsci   “El ´Risorgimento´” (Granica Editor, Buenos Aires, 1974), constatamos las transformaciones de una izquierda cada vez menos europeísta y más latinoamericana que ha perdido la brújula al desprenderse del propio Marx, en nombre de un radical pragmatismo, suma de las más inverosímiles estratagemas,  devota del erario público. Hoy, contrariado, el sardo celebró la unificación de la Italia dividida, entendiendo el resurgimiento como un proceso de formación de las “condiciones y de las relaciones internacionales” que le permitieron constituirse en nación y a las “fuerzas internacionales desarrollarse y expandirse” (66).

Hubo necesidad y consciencia de la unidad europea, dándole Gramsci un valor arqueológico a términos como “nacionalismo” y “municipalismo” (70), en tiempos de un gran conglomerado de pequeños y medianos  Estados en la península itálica,  tanto o más inviables que en otras latitudes. Salvando las distancias, América contó con el idioma como una extraordinaria herramienta de integración, limitados los localismos que no hubiesen permitido antener su propia independencia política.

En los tiempos que corren, a la España prácticamente confederada de hoy, puede seguirle la larga y amarga experiencia de un inacabable fraccionamiento, incluso, en el seno de las comunidades separatistas que no más tarde no podrían evitar el desprendimiento de provincias y comarcas. Una definitiva desintegración que puede darle alcance al resto del continente, tiene su origen en una izquierda extravagante capaz de descubrir o fabricar nacionalidades, donde no las hay, como lo osaron sus pares en el Chile de la afortunadamente fracasada constituyente de 2022.

Aventajados por una excesiva manipulación del lenguaje, luce inherente a los excéntricos progresistas de la hora, un conflicto propicio a la balcanización que se nos antoja en correspondencia a los intereses económicos y geopolíticos del obscurantismo anti-occidental. Y el separatismo cultivado, culmen de todos los esfuerzos antiguamente orientados a derrotar a la burguesía, a la larga no exhibe diferencias con los otros separatismos: por ejemplo, la prensa española informó en un mismo día, el desmantelamiento de organizaciones neonazis y yihadistas con pretensiones secesionistas (https://apuntaje.blogspot.com/2023/11/hechos-simultaneos.html).

A Gramsci también lo borraron de las actas de la sesión de investidura, y quizá sea investigado por quienes piden hacer lo propio con los jueces que apuntaron hacia Puigdemont y compañía. El progreso es otra cosa, añadido el cinismo de un triunfo por suplicada y expresa decisión de quienes contra la existencia misma de España.

Fotografía: LB.

19/11/2023:

https://www.lapatilla.com/2023/11/19/luis-barragan-gramsci-en-el-congreso-de-los-diputados/

Narrador

  https://www.youtube.com/watch?v=4SJWVmLKTlY