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domingo, 7 de septiembre de 2025

Cargar cada día la cruz

ANTI-CAMPAÑA ELECTORAL

(San Lucas, 14: 25-33)

José Luis Sicre

El político que comenzase su campaña electoral prometiendo bajar los salarios, subir los impuestos y aumentar el paro, difícilmente despertaría mucho entusiasmo. Si encima añade: “El que me vote, irá a la cárcel”, es probable que se quede completamente solo. Jesús llevo a cabo una campaña más loca aún que ésta. Para ser discípulo suyo exige posponer los amores más grandes (a la familia y a uno mismo), jugarse la fama y la vida, renunciar a todo. Es lógico es pensar que Jesús, poniendo esas condiciones, se quedaría sin un solo discípulos. ¿Ocurrió así?

El problema

El evangelio de hoy comienza hablando de la gran cantidad de gente que sigue a Jesús sin ser discípulos suyos. Es posible que por la mente de alguno de ellos pasase la idea de entrar a formar parte del grupo de los discípulos. Jesús, adelantándose a cualquier petición en este sentido, se dirige a todos e indica las condiciones.

Primera condición: renuncia a lo más querido

En el Antiguo Testamento, la tribu de Leví era el modelo de servicio radical a Dios. Las Bendiciones de Moisés comentan a propósito de ella:

Dijo a sus padres: No os hago caso;

a sus hermanos: No os reconozco;

a sus hijos: No os conozco.

Cumplieron tus mandatos

y guardaron tu alianza

(Deuteronomio 33,9)

Para los levitas, el cumplimiento de la voluntad de Dios está por encima del amor a padres, hermanos e hijos.

En línea parecida, pero más radical, formula Jesús su exigencia: para seguirle hay que posponer a su padre y a su madre // a su mujer y a sus hijos // a sus hermanos y a sus hermanas. La familia de la que uno procede (padre y madre), la familia que uno ha creado (mujer e hijos), el entorno familiar (hermanos y hermanas) simbolizan todo el mundo afectivo; colocarlos en segundo plano significa una gran renuncia. Pero Jesús añade un séptimo elemento, el más duro, que no se menciona a propósito de los levitas: hay que posponerse incluso a sí mismo.

Segunda condición: arriesgar la fama y la vida

Esta exigencia ya ha aparecido en el evangelio de Lucas, formulada de manera más radical aún, pero que aclara el sentido: Quien quiera seguirme, niéguese a sí, cargue con su cruz cada día y venga conmigo (9,23).

La imagen, durísima, equivaldría a decir hoy: “El que quiera seguirme, cargue con su silla eléctrica y venga conmigo”. Con la diferencia de que la silla eléctrica no es transportable, mientras que la cruz la llevaba cada condenado hasta el lugar donde iba a morir.

El hecho de que se hable de cargar con la cruz cada día demuestra que es algo distinto de estar dispuesto a morir. La muerte en cruz era considerada por los romanos la más cruel e ignominiosa, prevista para graves delitos contra el estado y la sociedad. Por consiguiente, cargar con la cruz cada día expresa la disposición de soportar la deshonra, el odio y desprecio de la sociedad, e incluso la muerte.

Una pausa para reflexionar y desanimar

Lo dicho basta para desanimar a gran parte del auditorio. Por si alguno no se ha enterado, Jesús propone dos comparaciones (la construcción de una torre y dar la batalla) que invitan a no tomar decisiones precipitadas con respecto a su seguimiento.

«Antes de querer convertirte en discípulo mío, párate a pensarlo. No sea que después fracases y hagas el ridículo.» Evidentemente, Jesús no se parecía en nada a esos directores espirituales que animaban a los y las jóvenes a entrar en el seminario o el noviciado sin pensarlo seriamente.

Tercera condición: renuncia a los bienes materiales

A la renuncia a los grandes afectos, al arriesgar la fama y la vida, Jesús añade en tercer lugar la renuncia a los bienes materiales. Es lo que dice al joven rico (aunque Lucas lo presenta como un jefe): Vende cuanto tienes, repártelo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; después sígueme. Este personaje no fue capaz de hacerlo. En cambio, Pedro, Andrés, Santiago y Juan, “dejándolo todo, lo siguieron” (5,11). También Leví, “dejándolo todo, se levantó y lo siguió” (5,28).

¿Exigencias para todos los cristianos?

En el libro de los Hechos, cuando se cuenta la expansión de la Iglesia, el término “discípulos” no designa ya a un grupo relativamente pequeño que acompaña a Jesús a todas partes sino a los cristianos de Damasco, Jerusalén, Jope, Antioquía, etc. ¿Se aplican a ellos las exigencias anteriores? ¿Son válidas, por tanto, para todos los cristianos actuales?

El caso que conocemos mejor es el de la tercera exigencia: la renuncia a los bienes materiales. Cuando Ananías y Safira, un matrimonio de Jerusalén, vendieron un campo, se quedaron con parte del dinero y pusieron el resto al servicio de la comunidad, pero fingiendo que lo entregaban todo. San Pedro les dice que no estaban obligados a entregar nada; lo malo era que intentaran engañar. Este ejemplo deja claro que para formar parte de la comunidad cristiana, para ser discípulo, no había que renunciar a todos los bienes materiales. De hecho, en las comunidades fundadas por Pablo, lo que él aconsejaba era compartir los bienes con los necesitados.

Las dos primeras exigencias, que nos resultan tan duras, posiblemente sí tuvieran que vivirlas bastante a menudo la mayoría de los cristianos. En una época de frecuentes persecuciones, y en la que los cristianos eran ridiculizados e insultados como criminales y enemigos del estado, hacerse discípulo de Jesús supuso en muchos casos la ruptura con los seres más queridos, la pérdida de la fama y la estima social, e incluso la muerte. La situación no es muy distinta en bastantes comunidades actuales de África y Asia, prescindiendo del desprestigio que supone en muchos ambientes occidentales el hecho de confesarse cristiano.

El misterio

Jesús no se quedó sin discípulos. Al contrario, cuanto más difíciles eran las circunstancias, más eran los que querían seguirle. Como escribió Tertuliano, que vivió entre los años 160-220: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”. Lo que desanima de seguir a Jesús no son sus grandes exigencias, sino la comodidad y vulgaridad de quienes lo seguimos.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/7941-anti-campana-electoral.html

Ilustraciones: Salvador Dalí, inicial, y Patrick Hayman, luego. 

Padre Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=GeyXSmixAJo


Padre Peraza:

https://www.facebook.com/arperaza/videos/1140457544810487

Papa León: Canonización.

https://www.youtube.com/watch?v=9hfZ80xYdzM

Monseñor Biord:

https://www.youtube.com/watch?v=MG2MwG4cyXQ&list=RDMG2MwG4cyXQ&start_radio=1

Monseñor Munilla: 

https://www.youtube.com/watch?v=pSET-BRMxJA

Fotografía: LB, Iglesia de la Coromoto, El Paraíso (Caracas, 07/09/2025). Comenzando la Misa, se cayó la conexión eléctrica del altar y sus alrededores, no así el equipo de sonido. Sirvió para tomar la gráfica sin la luminosidad artificial que la impide cercana al altar, pues, sólo entraba la luz natural.

sábado, 3 de septiembre de 2022

Pero, ¿Jesús nos pide aborrecer a nuestra familia?

 Domingo 23C TO  4 septiembre 2022

“El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío” (Lc 14, 25-33)

 (Diálogo sobre el Evangelio de hoy: Renuncia)

José Martínez de Toda, SJ.                                                              

¿Cuándo ocurrió este episodio del evangelio?

Jesús va subiendo a Jerusalén y a la cruz, pero muchos piensan que va a Jerusalén a coronarse rey.  Consideran a Jesús como un “ganador,” y le siguen para poder ganar ellos también.  Otros muchos lo siguen, pues les gusta lo que dice.

Pero Él trata de decirles que ser su discípulo es costoso. Porque Él está por encima inclusive de la familia de uno:

-        Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

Pero, ¿hay casos en que uno pasa por encima de su familia?


Eso pasó hace pocos años en tennis.

<Dos hermanas competían cara a cara en el Final de Mujeres del Tenis Abierto de EE.UU. en Flushing, New York, el 8 de septiembre de 2001. Eran Venus y Serena Williams.

Por primera vez en la historia del torneo, el mundo vio una competencia entre dos hermanas, que se aman tanto, que viven en la misma casa y comparten la misma habitación del hotel, cuando viajan.

Las dos buscaban el mismo sueño: ser campeona mundial, ponerse la corona mundial

Ganó Venus, la mayor. Pero ella no dio el salto acostumbrado de la victoria, sino que corrió a la red, y puso un brazo alrededor del hombro de su hermana, y le dijo: “Te quiero”.>

 

¡Cuántas veces en fútbol ocurre lo mismo! Hay jugadores muy amigos entre sí, pero están en equipos contrarios. No importa. Así es el deporte: lo importante es pelear, pero con honestidad. Lo demás es relativo.

Lo importante en el caso de Jesús es seguirlo y ser su discípulo. Lo demás es relativo: familia o riqueza, prosperidad o salud, placer o fama. Jesús debe estar en primer lugar en nuestras vidas.

Más aún, “Cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo(v. 27). 

Cuando Lucas escribe este evangelio, muchos cristianos eran crucificados, y, por lo tanto, sabían lo que significaba cargar una cruz. 

 

¿Cómo explica Jesús el ordenar nuestras prioridades?

            Jesús pone dos ejemplos:

<Si vas a construir una torre o una casa, calculas si tienes con qué, para no quedar en ridículo ante todos. – O un rey no declara la guerra a otro, si tiene un ejército inferior.>

La torre en el mundo antiguo era básicamente una estructura estratégica para la defensa de la ciudad en tiempo de guerra. Antes de comenzar, debemos saber si podemos.

Seguir a Jesús no es cuestión de un entusiasmo pasajero, de una súbita emoción, de una conversión superficial.

Jesús nos invita a reflexionar, a calcular los gastos, a aceptar el riesgo, a mantenernos firmes.

Desde el principio, Jesús nos avisa repetidas veces que el precio será alto y la puerta estrecha. Jesús exige compromiso

Es decir, planifica con cuidado para evitar desilusión y desastres.

Pero, ¿Jesús nos pide aborrecer a nuestra familia?

No. Esto es una hipérbole semítica o una exageración para causar efecto. 

Si Jesús nos dice que debemos amar a nuestros enemigos, ¿cómo nos va a pedir ofender a nuestra familia?

Lo que Jesús nos pide es comprometernos con Él por encima de todo. “Aborrecer” en este contexto no es odiar a la familia, sino guardar distancia de ella. Esto se repite también en el Antiguo Testamento refiriéndose a Dios (véase Proverbios 13:24; 2 Samuel 19:6; Génesis 29:30-33; Malaquías 1:2-3; Deuteronomio 21:15-17 – véase también Lucas 16:13).

Jesús también experimentó conflicto entre vocación y familia:

-        Cuando se queda en el Templo a los 12 años.

-        Cuando le dijeron que su madre y parientes querían verle, respondió, “Mi madre y mis parientes son los que oyen la palabra de Dios, y la ejecutan” (8:21).. 

¿Cuál es la recomendación final de Jesús?

            Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncia a todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.

Hacerse cristiano no es como el soldado que se da media vuelta ante el peligro.

Hacerse cristiano significa caminar derecho hacia Dios y rechazar cualquier preocupación por posesiones. Significa ser libres de las cosas de este mundo: 

<Érase una vez una mujer que, caminando por las montañas, encontró una piedra preciosa en un riachuelo.

Al día siguiente se encontró con un viajero hambriento. Nuestra mujer abrió su bolsa para compartir la comida.

Pero el viajero vio la piedra preciosa, y lleno de avaricia, se la pidió, y ella se la dio sin más.

El viajero siguió su camino feliz: sabía que esa piedra preciosa tenía mucho valor, y le iba a proporcionar mucho dinero.

Sin embargo, unos pocos días después, el viajero volvió, le devolvió la piedra a la mujer y le dijo:

-        “He estado pensando y vengo a devolverle su piedra, pero espero me dé algo mucho mejor. Deme lo que usted lleva dentro y le da ese poder de desprenderse, sin más, de esta piedra preciosa”.> (Félix Jiménez, escolapio)

 

Esta libertad e indiferencia, necesarias para seguir a Jesús, es un gran regalo de Dios.

Fuente: Correo electrónico (Román Mendoza). 

Ilustración:  Amanda Steel.

Misa Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=yTRu0cHVSJs



Reflexiones del P. Peraza: https://www.facebook.com/arperaza/videos/380944600901567


Caza de citas

“ Nadie se dio cuenta de este robo cuando publiqué la novela, quizá porque nadie leía a Barker, de la misma manera que no leían a King. Solo...